Los besos que no le di….
Ahora sentado en la parte trasera de mi auto y completamente vestido para lo que sería el evento del año…. Mi boda… Mi boda…. Dos palabras que he intentado asimilar y que aún se me hace imposible creer que este día ha llegado,
Miro a la ventana y siento como el frio de la ciudad hace que cada poro de mi piel se estremezca ante los sentimientos que hoy surgen.
La sabiduría clama en las calles,
Alza su voz en las plazas;
31 de diciembre, de entre tantas fechas tuvo que elegir esta. Sabía que llegaría este día y por mas que me he preparado para esto, debo ser sincero conmigo mismo, no lo estoy y nunca lo estaré.
Será este un sueño o más bien una pesadilla.
Como quisiera en este momento cerrar los ojos y comenzar nuevamente. Volver a ver tu sonrisa, tus monerías y tus ojos. Mi Tarzan con pecas…. Señorita pecosa. Como me hubiese gustado haberte convertido en mi señora.
Candy… Como quisiera dejarte de amar…
¿Por qué tuviste que enseñarme a amar? ¿Por qué tuviste que meterte tan dentro de mí? Sentí como una solitaria lágrima surcaba mis mejillas, pero no me importaba. Nadie más que mi chofer estaba conmigo y éste me había visto tantas veces en situaciones aún peores.
Por más que en estos años he intentado sacarte… Llevo en mis venas tu amor, tú, mi pecosa, quien soñé fuese mi mujer, la madre de mis hijos; esos que nunca llegaran, pues me resisto a que otra tenga aquellos hijos que un día soñé tener junto a ti.
No creo que mi corazón haya sido diseñado para soportar tanto dolor.
Candy… Tu eres por quién sufro sin poder entender cuando parara este dolor…. Duele. De verdad que duele.
Mi corazón sangra en silencio. Llora por el amor perdido. Llora por la luz que se ha apagado en mi ser y que jamás volverá.
Lo único que no puedo negar es que tú eres a quién amo, la única que es capaz de hacer mi corazón latir.
¿Por qué no te dije que te amaba? ¿Por que no te amarré a mí en esas escaleras?
Mi mayor error fue dejarte ir.
No haberte dicho cuanto te amaba y necesitaba ha sido uno de los más grandes errores que he cometido.
Ahora jamás podré darte aquellos besos que tanto soñé. Esos, los besos que no te di, estarán guardados hasta el día que mi vida dé su ultimo soplo de respiración y sólo ese día pueda decir a boca abierta que mi vida fue tuya.
No sabes las veces que te he imaginé siendo mi mujer, mi esposa, mi amiga… Mi todo.
El auto se detiene y siento que un peso aun mayor del que he cargado se sienta en mis hombros y sé que de hoy en adelante he perdido cualquier posibilidad de ser feliz. Perdí, debo reconocer que una vez más en el juego de la vida he perdido.
No tuve el valor, no luche por que esto fuese real. No luche por ti.
Candy… Mi Candy… Con cada paso que doy al altar una parte de mí muere.
Fuiste tú mi gran anhelo, mi mayor deseo, sólo tú.
Esa posibilidad de ser feliz y convertir mis días en verano para matar este frio invierno de mi ser se ha ido.
Ahora todo, simplemente todo me sabe a nada. Tú eres ese sol que calentaba mi existir. Tú mi pecosa eras ese cielo azul que hacia brillar mis días.
Nadie jamás podrá entender como este amor funciona… Nada, absolutamente nada y menos nadie podrá destruir lo que siento por ti….
Mi Candy… Hoy, uno mi vida a otra mujer, pero siempre, siempre seré tuyo.
Ahora ha llegado al fin de nuestro capitulo. Dónde tristemente quise ser feliz y la vida me mostró una vez más que no debí soñar tan alto.
Respiro fuertemente para llenarme de valor ante mi nueva realidad. Michael abre la puerta del auto. En los últimos años he adquirido una pequeña fortuna gracias a mi fuerte trabajo y debo decir que puedo darme lujos como este auto y la casa que acabo de comprar para vivir junto a ella.
Salgo sin mirar, ni escuchar los gritos de los reporteros y del público. Llaman mi nombre buscando mi atención, buscando un minuto de mi mirada, pero nada es importante en este momento.
He logrado en tan sólo 4 años convertirme en la estrella más cotizada de Broadway. Mi fama ha llegado a lugares del mundo que aún no conozco. Dejé ser aquel chiquillo que buscaba una oportunidad para demostrar que tenia el potencial y me he convertido en el actor que todos quieren tener. Sin embargo, debo decir que todo lo he hecho por ella. Mi mayor deseo es que en la más rotunda de las casualidades mi nombre sea escuchado por ella.
Entro a la capilla y debo decir que está bellamente adornada. Lo mejor de lo mejor hoy está sentado a la espera del evento del cual se hablará todo el año. No sé si esta es una obra que debo protagonizar o es parte de mi vida. Una que lo últimos años he protagonizado sin tener ningún otro sentimiento, más que la asfixia.
Susana tiene muy buen gusto no puedo negarle ese punto y espero que a partir de este día pueda ver las cosas buenas que ella tiene. Hasta su voz me irrita…
Camino hacia el altar sin mirar a nadie, debo decir que no me importan.
Mi alma llora con cada paso que doy. Mi corazón sigue partiéndose en mil pedazos mientras más me acerco a este, el altar, donde en poco se sellará mi vida junto a una mujer quien le debo estar vivo, pero quien me matará en vida. Por un segundo recuerdo aquella historia que nos contaron en el colegio sobre Abraham y cómo tuvo que llevar su hijo a aquel altar para sacrificarlo como ofrenda. El dolor de saber que perdería lo que más se ama, solo se compara al dolor que en estos momentos tiene mi alma.
Mis pasos me llevan al frente del altar y al mirar a las flores me detengo de golpe. Susana ha elegido narcisos amarillos y mil y un recuerdo llegan a mí.
Candy…. Nuestras flores hoy sellaran la unieron de lo que pudo haber sido mi final feliz.
Un recuerdo llega a mí. Escocia… Un beso.
Un sólo beso tomé de tus labios y hoy todos aquellos besos que note di morirán en el momento en que diga: Acepto.
¿Me habrás olvidado? Es la pregunta que día tras día me he hecho durante estos largos años.
Me coloco frente al altar en el lugar que estuvimos ensayando la noche anterior y sin voltear escucho como todos hacen ruido al escuchar cómo comienzan las notas musicales de la Marcha nupcial de Mendelssohn.
Respiro profundamente. Ha llegado la hora de mi boda. Escucho unos murmullos, pero sí soy sincero no me interesan. Sé que ella ha estado practicando con su prótesis para poder entrar caminando al altar, pero así fuese volando, la verdad me da igual.
No volteo a ver, no me interesa. Ella es bella, elegante, todo lo que quieran decir, pero no es mi pecosa. Le falta mucho. Y jamás podrá llegar a ocupar aquel lugar.
Siento como se acercan, pero no volteo. Ella se coloca junto a mí y la miro por la esquina de mis ojos sin mover un sólo músculo de mi cuerpo. Se veía linda, la cola del su vestido llegaba hasta mas allá del medio del pasillo. Pude notar que su cara estaba cubierta por un velo que no me permitía verla. Y la verdad, no me importaba verla.
El padre comenzó su larga y profunda charla sobre el matrimonio. Respiré profundamente y su olor llegó hasta mí. Algo era diferente… Aquel olor a rosas me envolvió y sentí que nuevamente volvía a caer en aquel pozo negro de donde jamás volvería a salir.
Los murmullos de las personal me trajeron de vuelta a mi realidad; no sé la verdad que había dicho el cura que todos murmuraban, pero no me importaba.
– ¿Señor Granchester acepta? –al parecer era la segunda o tercera vez que me preguntaba el obispo.
Ahora fue mi turno de responder si aceptaba y cerrando fuertemente los ojos di aquel si, con el que le decía adiós a mi ilusión de ser feliz. Adiós pecosa…
– Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Por la ley de la iglesia, los declaro mario y mujer. -Todos aplaudieron – Puede besar a la novia –besar a ella, no…. Respiré profundamente y por primera vez me gire a verla.
Cómo deseaba que esto no llegara. Lentamente levante su velo. Ya había dicho que sí. Debía terminar con esto y entonces de una y sin más subí aquel pedazo de tela hasta arriba de su cabeza.
Entonces… Todo mi mundo se paralizó.
Como si fuese un sueño, aquellas esmeraldas me miraban fijamente y de forma tímida.
– ¿Candy? – dije más preguntándome a mí mismo si estaba viendo un espejismo o era real
– Hola –fue la única palabra que salió de sus labios y sin más me lancé a ella y la abracé fuertemente. Si es un sueño, no quiero despertar jamás.
La tenia junto a mí a la dueña de mis noches, mis días y desvelos estaba aquí en mis brazos.
Entonces aquel olor, era su olor…. No fue una ilusión..
La abracé mucho más fuerte y de mi salieron lagrimas que por más que quise no pude contener. Ella también me abrazó y en este momento supe que jamás podría dejarla ir.
– Candy estás aquí– le susurré al oido – me alejé un poco para mirar su rostro y ella sonrió
– Hace rato que estoy junto a ti –me dijo y entonces me di cuenta que estaba vestida de novia. Que ocupaba el lugar que le tocaba a Susana y entonces pestañeé tratando de asimilar lo que había pasado. Ella sonrió tiernamente.
– Acabas de convertirme en la señora Granchester. –me dijo respondiéndome con siempre solo ella sabia hacer. Sonreí feliz. La mayor de las carcajadas que había hecho en año salió de mí y fue como si volviese a la via.
No entendía cómo era ella ahora la mujer que había unido su vida a la mía y la verdad tampoco me importaba en estos momentos…. Soy feliz.
Entonces ella, la que hasta hace unos minutos pensé seria mi carcelera, salido del costado del altar y se acercó a nosotros. Intuitivamente abracé a Candy. Tenia miedo de volver a perderla.
Lentamente caminó a nosotros y cuando estuvo frente a mí sonrió.
– Hace mucho tiempo que no te reír así Terrence. –sus palabras me molestaron pues sé que tienen un segundo sentido. –quiero pedirte disculpa por haber puesto a Candy en mi lugar, pero me amo demasiado como para estar junto alguien que nunca lo hará. –la miré sin entender. Hasta hace dos días me rogaba por un beso. Por que le demostrará aunque fuese un poco de amor – Espero entiendas que soy libre de hacer mi vida y que desde hoy y para nunca jamás nuestras vidas se volverán a cruzar. –sonríe levemente mirando ahora a Candy – Ahí lo tienes, como te dije jamás fue ni será mío, por que siempre ha sido tuyo.
Y con esas palabras comenzó a caminar lentamente por aquel pasillo. Fue un especie de despedida y no lo voy a negar, pero me siento libre.
Ni por un segundo dejé de abrazar a Candy y de olerla. Estaba junto a mí. Entonces ella se volteo y me miró a los ojos. – ¿Entonces señor Granchester…. No piensa besar a su esposa? –me dijo en un tono coqueto que jamás pensé ver en mi pecosa.
– Voy a darte todos los besos que no te di –le dije mientras me acercaba sus labios y los hacia completamente míos.
– Te amo pecosa…. Más que a nada en todo el mundo. –le dije con mis labios aún en su boca
– Te amo Terry… Más que a mi vida. –me respondió y con ello la luz volvió a llenar mi vida.
La abracé muy fuerte y me juré que no sólo le daría aquellos besos que no le di, sino que todo mi ser. Mi pecosa ahora era mi esposa…
La volví a besar sin importarme lo que dijeran los demás…. Soy feliz por que la dueña de mi vida esta junto a mi y es lo más importante para mí.
Luego de que las emociones bajaron se me explicó como Susana se había puesto en contacto con Albert hace un mes y como este fue la clave para que hoy yo sea el hombre más feliz del mundo.
Ahora en nuestra nueva casa, en nuestra habitación y mientras aún el sol duerme, como ella duerme en mis brazos puede volver a ver la luz y sentir que a alguien haya afuera le importo.
Acaricio su nariz y veo sus ojos abrir. Sonríe mientras se acerca aún más a mi.
– Te amo pecosa…
– Yo te amo aún más…
Fin!
