Eran horas de la noche en el pequeño apartamento de los Ardley, Eliza Leagan se había propuesto hacer algo raro en su vida que jamás haría ni en caso de emergencia, pero todo era para que Candy, su amante tuviese que ir desayunada al hospital donde trabajaba hasta horas de la noche.
La pelirroja se puso un delantal, sirvió agua en una olleta y le echó café instantáneo, puso un sartén sobre la estufa… Así es, Eliza Leagan, la villana indiscutible y por excelencia estaba en la cocina… Intentando cocinar… Ella, la hija de la alta sociedad que siempre tenía todo para ella, la que estaba encima de todos, la eterna rival de Candy como su amante en estos momentos, Eliza Leagan, la villana de la historia, cocinando.
¿Por qué?
Como siempre la pelirroja discutió- como siempre- con la rubia pecosa argumentando que ésta siempre hacía todo mejor que ella hasta cocinando un buen postre y ella, siendo muy superior en varias cuestiones siempre terminaba siendo inferior y que aquello era un colmo, quería demostrarle que si podía hacer algo por su propia cuenta.
Aunque también Eliza quería llevarse la carga de cuidar la casa como en hacer los quehaceres- Que por cierto se los enseñó Candy- y tratar de aprender a ser una amorosa ama de casa, Candy siempre trabajaba arduamente y no era justo que la pelirroja se quedase ahí sin ni siquiera hacer nada.
Esta mañana, sin más preámbulos y luego de unos berrinches por parte de la villana, ésta se desafió en cocinar algo, cualquier cosa aunque sea veneno.
-¡Ahora sí estoy lista! -dio su grito de guerra en la cocina. Se remangó los puños de la camisa, y sonrió sádicamente. Al parecer iba a degollar un cerdo o algo así. Pero no.
Totalmente emocionada, comenzó a cocinar
.
.
.
Más tarde…
Sin resultado…
-¡Ay, me quiero morir!- Gruñó
-Ya llegué a casa…
-¡Que tiene de buenos!- Gritó enfadada mientras Candy estaba detrás de ella
El escenario era igual que cuando se terminaba el día, la olla del café estaba sobre la estufa pero no estaba encendida, un sartén con aceite a fuego lento, un pack de huevos intacta… En realidad, como era de esperarse, Eliza no movió ni siquiera un dedo para preparar la cena, no hizo nada… De hecho, ella no sabía hacer nada, era de esperarse de una ricachona de pocas neuronas.
- ¿Cómo te va?- Preguntó la rubia pecosa con normalidad
-¡Mal! -Exclamó la pelirroja enojada
-Hey, cálmate. ¿No puedes cocinar?
La villana hizo un puchero tierno de enojo a lo que la protagonista suspiró pesadamente
- ¿Quieres que te ayude?
-¡Sí…!- Sus ojos se iluminaron y en menos de nada abrazó como una niña a su amante hasta se le ocurrió darle uno que otro pico en la mejilla a lo que Candy quedó sonrojada y sonriendo como tonta, se notaba que Eliza estaba totalmente emocionada como si la rubia pecosa fuera un ángel caído del cielo
La pelirroja, ya un poco animada con la presencia de su pareja, se pusieron de acuerdo en hacer una torta. Harina, manteca, azúcar, huevos, polvo de hornear, entre otros ingrediente en manos de ambas rivales, masajeando la masa en lento vals.
No obstante ese lindo momento fue destrozado por el griterío de Eliza
- ¡Pecosa idiota! ¡Es solo el contenido del huevo, no el huevo entero!
- ¡Cierra la boca imbécil! ¡Hazlo tú sola!
- ¡¿Sabes qué? ¡No te haré nada! ¡Púdrete en comer comida para ratones! -Gritó, y le lanzó harina en el rostro de la rubia pecosa. La villana se echó a reír a carcajadas-¡Pareces una anciana! ¡Te nieva la cabeza!
-Eres una malmalcriada, Eliza-moduló entre dientes. En modo de venganza, le aventó un huevo en la cabellera rizada de la pelirroja- Ríete ahora.
-… -Eliza estaba perpleja, no por mucho, obviamente, eso sería muy extraño de su persona- ¡Púdrete plebeya! -cogió un pote con la salsa de chocolate y se la lanzó.
-¡Hija de…! -acto seguido, Candy fue por la azúcar, más harina, huevos, más harina y así.
La pobre cocina era un caos total, Eliza se había esforzado tanto en limpiar esta mañana… Todo para esto. La rubia pecosa comenzó a lanzar almendras, la villana las esquivaba sin ningún problema. Las partículas de harina iban volando hacia el cuerpo de la ojiverde, y luego hacia la pelirroja.
Todo volaba, hasta una botella con bebida fue a para en la cabeza de Eliza. Todo terminó cuando una de ellas lanzó unas bolitas de dulces cayendo al suelo, dando así que se resbalaran.
Después de eso ambas mujeres se echaron a reírse entre ellas, de hecho nunca creyeron que una tonta discusión entre ellas desatara algo bonito y gracioso. Ambas estaban en el suelo cubierto de harina, salsa de chocolate y demás más cosas. Las dos chicas tuveron que detenerse, la risa las había dejado sin aliento y con toda la harina flotando, se hacía más difícil respirar.
Candy se miró su ropa blanca de enfermera toda manchada mientras Eliza debió la mirada a su amante
-Liz
-¿Qué…?
-Albert me va a matar cuando vea esto -Le dijo la rubia pecosa con algo de dificultad
-No te preocupes, mi amor -Dijo la pelirroja de igual forma- No por algo me enseñaste a limpiar la casa
-Es tu culpa, idiota -Sonrió
-Mira quién habla - Levantó una ceja, al parecer, la desafió
-Zorra
-Mugrosa
-Boba
-Estás muerta, Candy- La joven miraba coqueta el rostro de su amante a lo cual gateó hacia la contraria y la miró fijamente, muy de cerca, sonriendo sexy y traviesa
-¿Qué tanto miras idiota? -preguntó seria la rubia pecosa
Eliza únicamente pasó su dedo índice por la mejilla de la ojiverde, llevándolo a su boca.
-La salsa de chocolate no sabe mal en tu cara. -sonrió mostrando los dientes.
-Idiota- Candy estaba sonrojada
-Tengo una idea…- La villana rodeó el cuello de su rival mientras acercaba su rostro y ese tono seductor- Como estamos llenas de harina, dulces y chocolate… ¿Quieres?
-No. Me iré a dar un baño -Se levantó, pero las manos de la villana la devolvieron a su lugar, lanzándose sobre ella―. ¡Maldición Eliza, suéltame! ¡Estamos en la cocina!
Candy estaba de espalda al piso, y Eliza de bruces sobre ella, sus miradas estaban juntas. La rubia pecosa colocó sus manos en su cintura de la pelirroja y la atrajo su cuerpo, se veía hermosa desarreglada y con su cara llena de harina.
Su orbe esmeralda no se despegaba de los castaños. Sin embargo, cuando estaban a la distancia de un suspiro, Eliza cerró sus ojos y ladeo un poco su cabeza. Candy lo mismo, el aliento de la villana golpeó con fuerza la cara de la protagonista y después varios corazones aparecieron en toda la cocina producto de la pasión entre ambas, que estaban fuera de la realidad, violando cada ley de gravedad entre otras cosas.
