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II
Corazón de Guerrero
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Luego de tan… interesante charla. Marin pasó a retirarse; Shaina se quedó un rato más antes de salir del agua y regresar con su ropa sucia a casa. Al abrir la puerta miró sin inmutarse a la figura masculina sentada que estaba sentada sobre su cama; aparentemente esperándola.
—Supongo que ya no es necesario que vaya hasta tu Casa a pedirte por favor que dejes de merodear tu solitario trasero por el Coliseo si no entrenarás —resopló Shaina sin emoción aparente, poniendo su ropa adentro de un cesto de la ropa sucia; dándose la vuelta para encarar al Santo que la veía sin reírse ni sonreír, cosa que le dijo a Shaina que él no estaba ahí de visita—. Ay hombre, ¿ahora qué hice? —suspiró con fastidio y puso los ojos en blanco.
Sin perderla de vista, Milo de Escorpio inhaló profundo y exhaló desanimado.
—Nada realmente —contestó.
—¿Entonces a qué viene esa cara de mierda? —preguntó de vuelta—. La usas sólo cuando vienes a recriminarme algo.
Inmutablemente, Shaina tomó del otro extremo del cuarto, un cepillo para el cabello que estaba sobre un pequeño buró, al igual que un frasco de aproximadamente 400ml de aceite natural color rosa transparente con olor a flores silvestres; que a veces ella después del baño se impregnaba en su piel y dormía bastante bien oliendo el suave aroma; lo que por supuesto la ponía de un excelente humor al día siguiente. Aunque su feminidad tuviese que ser dejada atrás nada le prohibía a Shaina consentirse de ese modo algunas veces.
—¿Crees que a eso vine? —él miró con atención el frasco de aceite.
—Sí —contestó ella fingiendo no darse cuenta de ello.
Luego se quitó la toalla sin pudor acercándose a la cama donde él seguía sentado y observándola; pero no fue hacia Milo directamente sino a un lado de él para dejar el cepillo ahí, montar uno de los pies al colchón y ahí proseguir a humectarse las piernas, luego las rodillas, las nalgas, y al final su torso y cuello con el aceite. El frasco, ella lo sostenía con una mano muy cuidadosamente mientras que con la otra se impregnaba con el dulce olor de las flores.
Le dio la espalda momentáneamente para dejar el frasco y volver para tomar el cepillo y proseguir con su cabello. En ningún momento se sentó junto a él, sólo se mantuvo de pie enfrente del hombre que curiosamente no la consideraba una mujer peligrosa.
Además, para cualquier otra pareja podría ser algo incómodo verse a las caras en completo silencio mientras la mujer está desnuda, cepillándose el húmedo cabello frente al atractivo hombre. Pero ese no era el caso de Milo y Shaina quienes no se mostraron nerviosos ni nada por el estilo.
Se puede decir que entre ellos nunca hubo tal cosa como la vergüenza.
—Deja de mirarme los pechos que no estoy de humor para abrirte las piernas hoy. Dime a qué otra cosa vienes —dijo Shaina con calma pero con una rudeza natural impresa en el fondo de sus palabras que a cualquier otro hombre o mujer hubiese asustado, pero no así a Milo, quien chasqueó la lengua.
—¿En qué clase de concepto me tienes? —puso los ojos en blanco por un rato, luego volvió a ella. Esta vez sí la miraba a los ojos.
—En uno que no te hayas ganado —su respuesta hizo reír al Santo—, ¿qué quieres? —insistió esta vez con más brusquedad.
—Sólo estaba aburrido —dijo él sin inmutarse u ofenderse.
Gruñendo, ella terminó de cepillar su cabello y lo empezó a sacudir con una de sus manos hasta que dejó el cepillo en el buró; volviendo a Milo quien pronto alzó la vista hacia su cara.
—¿Y yo soy un payaso o…?
—Quería verte —contestó él sin tapujos—, ¿qué hay de malo en ello?
Poniendo sus manos sobre la cintura, Shaina lo miró de lado.
—Conoces las reglas. Nuestras reglas —él no respondió, de hecho no hizo gesto alguno—. Habla, me inquieta que no lo hagas. ¿Acaso debo intuir que ya no puedes vivir sin mí? —preguntó burlona.
Ambos de cierto modo lo supieron, pero permanecieron callados.
—Por supuesto que sí —suspiró él con falsa agonía—, tú debes de saber que desde que te conocí no he puesto los ojos sobre nadie más.
No quiso reírse, pero Shaina terminó soltando una carcajada.
—¿Por qué te ríes? —fingió dolor—. Te estoy confesando mis más profundos sentimientos.
—Comienzas a preocuparme —dijo ella entre risas, acercándose a él sin sentir vergüenza porque literalmente la estuviese mirando con ese brillo depredador que Shaina conocía bastante bien—. ¿Qué te pasa?
Desde su posición, Milo de Escorpio sólo pudo mirarle el rostro. Sólo pudo apreciar sus ojos verdes, sus labios perfectos, y sus pálidas mejillas. El Santo sentía que veía una estrella en el cielo, una completamente inalcanzable para él. Pero sin decirle nada, Milo logró atraparla, abrazarla de su cintura con sus brazos y pegar la cara en su plano vientre.
Olió el aroma del aceite que acaba de echarse sin apresurarse, después de todo, su memoria era lo suficientemente buena para recordar esa delicada fragancia aun cuando la última vez que la olió fue hace un par de días en las sábanas de su propia cama.
—¿Milo?
Arqueando una ceja, Shaina no supo exactamente qué ocurría, pero no debía ser bueno si él en vez de intentar seducirla para tener sexo prefería abrazarla así.
Ella podía ser una mujer desalmada en las batallas (también fuera de ellas) y sin embargo no sentía la fuerza para apartarlo con violencia, exigiéndole una explicación. Pudo sentir la intranquilidad en el cosmos del Santo por lo que Shaina mejor que nadie sabía que en momentos así lo único que se buscaba era un poco de paz.
Ellos no debían buscar paz en el otro.
Pero al diablo con eso. Shaina tampoco pudo detenerse.
Con una suavidad que absolutamente nadie sabía que ella poseía, llevó sus pequeñas manos a la cabeza de Milo, peinando su larga cabellera rizada, apartándole el fleco del rostro.
Ya no era necesario que Milo le dijese el motivo por el cual había ido a verla.
Shaina no era estúpida y bastante bien conocía los riesgos a los que ambos estaban enfrentándose. Lo que podrían perder si se dejaban llevar más en esta situación en el que ambos encontraron una comodidad envidiable.
Ella sabía bien lo que iba ocasionar el permitirse este tipo de escenas, pero las tonterías de ambos ya habían sido dejadas de lado, el sexo había sido sólo el inicio; luego le siguieron las conversaciones y los comentarios sarcásticos cuando de casualidad se veían y tenían que fingir que no se veían más que para trabajar.
Tanto él como ella sabían que estaban cruzando una frontera peligrosa, casi prohibida para Santos como ellos, sin embargo ninguno había hecho nada por parar esa bola de nieve que ya estaba empezando a bajar estrepitosamente por la montaña, a punto de chocar contra una roca filosa.
Sin una armadura que les estorbase, el Santo se las arregló bastante bien para hacer que Shaina lo soltase brevemente para que se acostase junto con él en la cama. Ella lo permitió porque al parecer, él no tenía intenciones obtener nada más esta noche. Sólo el simple deseo anhelante de cerrar los ojos entre los brazos de una mujer.
Sin más bromas ni ironías.
El cansancio en el espíritu de Milo fue palpable para ella.
Tratando de calmarlo, de ofrecerle algo de confort, Shaina lo dejó acomodarse sobre sus senos como si fuese un niño pequeño y no un guerrero que ya había probado el sabor metálico de la muerte y regresado para contarlo.
Ella le permitió también abrazarla por la cintura, temblando un poco sobre su húmedo cuerpo. En esa postura Shaina siguió peinando su largo cabello, preguntándose por qué tampoco ella tenía ánimos de intimar con él hoy, sólo de permanecer así, quietos.
Dándose un reconfortante calor el uno al otro.
Shaina de Ofiuco y Milo de Escorpio eran amantes, peor, eso nadie lo sabía porque ellos dos habían logrado ocultarlo bastante bien, además de que siempre habían tenido en cuenta que sus relaciones sexuales no tenían por qué intervenir en sus vidas como Santos, por lo que jamás habían tenido discusiones por celos ni nada parecido.
Y aunque habían establecido que lo suyo sería algo pasajero y de mero placer carnal, nada les impidió tratarse como compañeros; con respeto y a veces hasta como amigos.
Ahora… ahora ya no había nada más por hacer. Eso los dos lo sabían.
Si fueron horas o minutos los que gastaron en intentar conciliar el suelo en medio del silencio, no lo supieron, lo que sí notaron fue esa metafórica bola de nieve chocando con la realidad, partiéndose en pedazos. El sonido de quiebre de la última barrara emocional que les faltaba por atravesar después de tanto tiempo fingiendo frente a todo el mundo no conocerse más allá de lo común mientras que en las sombras parecían ser amantes de toda una vida.
Esa barrera que marcaba un "antes" y un "después" en sus vidas. Una barrera que todavía no estaban seguros de querer traspasar y sin embargo ya lo habían hecho.
No hace mucho, en realidad, Shaina y Milo habían iniciado esta… relación, y sin embargo de algún modo u otro, se las apañaron para siempre buscar (con algún pretexto) un último refugio en los brazos del otro sin mezclar sentimientos ni responsabilidades. O al menos eso creían ellos.
Pero la cruda realidad era que se habían sentido demasiado cómodos el uno con el otro de tal manera que hicieron caso omiso a las advertencias que sus respectivos cerebros les hacían.
Ambos eran adultos solteros; sin compromisos que los retuviesen más allá de sus obligaciones como Santos, y por eso no sintieron culpa ni duda ante sus encuentros que cada vez se volvían más y más frecuentes. Porque todo estaba bajo la orden de no intentar buscar algo más allá de la satisfacción de la libido.
Sin embargo hoy, por primera vez, habían dormido estupendamente bien sin la necesidad de rodar por la cama con sus intimidades unidas. Y no les importó.
…
A la mañana siguiente, Milo de Escorpio abrió los ojos lentamente luego de inhalar de forma profunda como descansada, estirando sus brazos hacia arriba. Acostumbrado a recibir los rayos del sol directamente en su cara y teniendo cuidado de no cegarse a sí mismo como todos los días, abrió sus ojos lento hasta que se dio cuenta que la cama donde estaba se sentía diferente a la suya además de que era más pequeña, y el techo de madera, tampoco era de su casa, la cual era de piedra. Espabiló más rápido cuando su vista se enfocó bien y se dio cuenta de que él estaba en la cama y en la casa de Shaina.
Con ternura, miró a su alrededor viendo por primera vez cómo lucía este sitio de día y le pareció bastante hogareño, tranquilo, muy cómodo.
«Así que no me echaste después de todo» pensó algo aliviado, recordando una de sus tantas pláticas irónicas con Shaina.
Ella siempre hablando con cariño y respeto:
»Te lo advierto de una buena vez, si algún día piensas usar mi casa como usas la tuya, voy a lanzarte por la ventana sin importar quien carajos seas. Podremos tener sexo una o dos veces por semana pero tú vas a respetarme.
Milo suponía que más que su bella apariencia, era ese carácter de porquería (había que ser honestos) que ella todos los días llevaba encima lo que lo había cautivado realmente. Siempre tan fiera, inclemente y orgullosa que le hacía a él sentirse poderoso cada vez que los ojos verdes brillaban en su dirección, lo que quería decir que Shaina sucumbía a su cortejo y tenía vía libre para tocar sus labios así como el resto de su cuerpo cuando así él lo quisiese.
También notó, algo conmovido, que encima de él había una manta raída color gris, así como bastante pronto también se percató de que Shaina no se encontraba adentro de su hogar.
—¡Por favor, maestra! —oyó de pronto afuera de la casa, una voz chillante que hizo que Milo hiciese una mueca de dolor—. ¡Queríamos ir al Coliseo!
—¡¿Y para qué demonios quieren ir si son una vergüenza en los entrenamientos?! —explotó Shaina, Milo sonrió aliviado cuando la oyó—. ¡No prestan atención, sus ataques cada día empeoran y mejor ni hablemos de sus condiciones físicas! ¡Porque más que risa, dan asco a sus hermanas amazonas! ¡Todas ustedes son un hazmerreír! ¡Ir con ustedes es una vergüenza para mí ¡Una burla! ¡Todas y cada una de ustedes son tan mediocres que oírlas llamándome maestra es un insulto y me hace querer matarlas!
—¡Maestra, usted es cruel! —exclamó otra muy dolida como ofendida.
«Eso no se dice, linda» pensó Milo burlón, intuyendo lo que Shaina gritaría.
Lo gracioso fue que no se equivocó.
—¡¿Cruel?! ¡Eso díselo a tu enemigo, pedazo de estúpida! ¡Veamos cuánto tiempo logran sobrevivir contra un adversario realmente cruel! ¡Si piensan que yo soy cruel entonces vayan haciendo sus maletas y váyanse a la mierda! ¡No sirven para su propósito! —gritó sin tapujos.
Sí, esa era su Shaina.
Como si de dos mujeres distintas se tratase, Milo había visto ambos rostros y a ambos los apreciaba igual… era preocupante que admitiese eso para sí mismo pero era verdad. Él apreciaba tanto a la amazona estricta de afuera, como a la dulce y compasiva dama de ayer que (sin seguir preguntándole nada) lo acogió entre sus firmes brazos de guerrera y durmió a su lado.
—¡Y de todos modos! ¡¿A qué quieren ir realmente al Coliseo?!
Hubo un corto silencio, Milo lo usó para acostarse de nuevo sobre la cama con las manos tras su cabeza sirviéndole de almohada. Hoy no tenía tareas que hacer, una gran cantidad de ellas las había realizado ayer a la velocidad de la luz y su Ilustrísima le había cedido el día libre a menos que se suscitase una emergencia. El fin del mundo, por ejemplo.
—Pu-pues… verá…
—E-es… qué… ahí irán algunos Santos y…
—¡Oh poderoso Zeus, lánzame un rayo! ¡Plagas! ¡Pestes! ¡Lo que sea, menos a ustedes!
Diablos, Shaina debería estar al borde de morirse bajo la amenaza de que su cabeza explote. Sintió pena por ella, menos mal que él no tenía ese problema de hacerse cargo de discípulos; ya que bastante pronto su Ilustrísima supo que él no serviría para eso, cosa que Milo agradecía todos los días.
—¡Pero maestra! ¡¿Qué tiene de malo que queramos conocer a algunos Santos?!
«Como no la dejen en paz, van a sufrir» presagió Milo ensanchando más su burlona sonrisa.
—¿Santos, eh?
—Sí —chillaron las dos al unísono.
—Díganme, ¿quieren conocer a más Santos o es uno solo?
—¿De qué habla, maestra? —preguntó una de las chicas, nerviosa.
«No sé si sea bueno decírtelo, niña, pero Shaina huele el miedo» le quiso advertir a la pobre incauta, aguantando la risa.
—¿De qué habla, maestra? —remedó lo suficientemente gracioso como para que Milo se tapase la boca con una de sus manos, ahogando una carcajada que seguramente delataría a Shaina y a él mismo—. Hablo acerca del rumor estúpido que corre por estos lares.
—¿D-d-de qué rumor?
«Sí, ¿de qué rumor hablan?» se quitó la mano de la boca.
Por el tono de Shaina supo que esto era serio, pero Milo simplemente no podía evitar verle el lado hilarante a la situación.
—Hay un rumor bastante estúpido que dice que han visto al Santo de Escorpio merodeando por el Coliseo sólo porque busca a una amazona con la cual revolcarse, ¿o me equivoco?
Oh, oh.
De acuerdo, suficiente diversión. ¿Acaso Shaina no tenía una puerta trasera para auto-echarse de ahí? ¿U otra ventana de donde pudiese salir por su propia mano justamente como ella le había amenazado? Sinceramente había iniciado bien su mañana como para esperar a que ella entrase a la casa lanzando fuego por la boca para iniciar su interrogatorio respecto a eso.
Con resignación al darse cuenta de que no contaba con ventanas por donde su cuerpo cupiese y su salida fuese discreta, Milo no se movió de la cama por otras dos razones.
1.- Él se sentía demasiado cómodo en la cama.
2.- No tenía ningún sentido que empezase a cavar un hoyo donde enterrarse o buscar el modo de huir. Shaina de cualquier forma lo encontraría y le daría caza si estaba molesta con él por eso.
Por los dioses… bien, debía admitirlo. Fue un tanto ingenuo de su parte al creer que su presencia no sería tomada en cuenta.
Pero en serio quería verla; recrearse con sus ágiles movimientos en acción, delinear cada curva de su cuerpo con los ojos, imaginando que lo hacía con las manos. Babear como un perro por ese firme trasero que le encantaba apretar mientras ella lo montaba cuando la pasión los embargaba.
Qué intuitivas y boconas se habían vuelto algunas amazonas de Rodorio. No era tan raro que Shaina estuviese de ese humor.
—N-n-no… nosotras n-no queremos…
—Escuchen —ella bajó la voz pero no dejó de sonar seria—, porque las odio, pero en el fondo no quisiera lanzarlas al mar para saber si Poseidón las usaría como comida para sus peces, déjenme informarles algo sobre cómo son las cosas realmente con un Santo de Oro.
Arqueando una ceja, Milo se mostró muy interesado en oír su información.
—Ellos son cazadores, ustedes pequeñas estúpidas, son como esos pobres conejos que los ven y piensan, ¡qué imaginan! Qué el que les apunta con el cañón del arma no les hará daño. ¡Entonces bam!
Era muy encantador saber eso.
Ni él mismo lo había visto de ese modo.
—Les abren las piernas, luego el corazón, ¡ustedes se quitan la máscara y hacen una escena imbécil en la que les piden que se hagan responsables! Luego, oh sorpresa, se dan cuenta de que para ellos no han sido más que unas prostitutas a las que nunca les pagarán un solo centavo y con un simple ademán de mano pueden hacer que las echen del Santuario si son lo suficientemente estúpidas para creer lo contrario.
Eso era bastante cruel, y enfermo. Ni siquiera Death Mask hizo eso con quienes pasaron la noche con él, sólo fingía no conocerlas y asunto resuelto; o en los casos más problemáticos las amenazaba de muerte pero no llegaba más lejos.
O eso hasta que conoció a la bella Helena de Asgard y con esfuerzos logró conquistarla aprendiendo al fin a ser más humano. Un poco menos bestia de lo que era en realidad, y eso ya era mucho decir.
Ese sí que era un imbécil con suerte.
Por su lado, Milo sólo le enfadaba que algunas, en efecto, no entendiesen las diferencias entre el trabajo y el placer. O eso hasta que también chocó contra una pared con un nombre propio y un carácter de mierda que… lamentablemente no iba a quererlo a él como una mujer a un hombre. De eso Milo estaba seguro.
—Maestra… nosotras sólo buscábamos… algo de diversión.
—Sí —insistieron las otras.
—Ajá, no son ni las primeras y apuesto mi riñón a que tampoco serán las últimas taradas que me digan "ay, sólo busco sexo con él" y un par de minutos después vengan con sus imbecilidades de "oh, he encontrado a mi alma gemela" —sus remedos fueron una sorpresa para Milo.
Realmente ella lo había escuchado cuando le informó sobre ese detalle en sus propios encuentros antes de tenerla a ella a su lado. O lo que se pueda llamar a la "relación" que los dos tenían en la actualidad.
—Déjenme darles un consejo, si quieren tener sexo con alguien, ténganlo con algo de… su nivel. Algo así como una rama o una roca, ya un Santo de Oro no las usaría ni para calentar, ahora vayan a hacer mantenimiento a la zona de los caballos como les ordené o les juro por Hefestos que las mataré.
Las chicas se quejaron un poco más pero Shaina entró a la casa y les cerró la puerta en las caras.
Queriendo evitar dar explicaciones de esto y aquello, Milo prefirió cerrar sus ojos, acomodarse como antes lo había estado y esperar a que ella se quitase la máscara, relajando su cuello luego de tan cansina discusión.
—Si crees que no te oí riéndote entonces tenemos un severo problema —gruñó.
Él no respondió.
—Por amor a Eros —suspiró agobiada—, ¿qué clase de sueño has de tener para poner esa estúpida sonrisa en tu cara? Abre los ojos ya, idiota —le replicó.
—Perdona —se rio viéndola con sus manos en la cintura, viéndolo irritada—. No buscaba enfadarte más.
—Como sea, eres un holgazán —insultó yendo hacia la cama, se sentó para tomar el rostro de Milo entre sus manos para verlo amenazadoramente—. ¿Sabes lo que sigue ahora verdad?
Sabiendo bien a lo que se refería, ese horrible interrogatorio que Milo quería evitar, él prefirió no tensar más el ambiente.
—¿Un encuentro candente y desenfrenado que alivie nuestra libido? —ella le dio un suave golpe en la mejilla—, auch.
—No quería empezar diciendo que has sido descuidado, pero sí, ya lo hice.
—¿Te molesta?
—No, lo que me molesta es que distraigas a mis estúpidas pupilas.
—No puedo evitarlo, soy infernalmente sexy.
Aguantando las ganas de agarrarlo a puñetazos, Shaina hizo una mueca de desagrado.
—Creí que hablaba con Milo, ¿qué haces aquí Afrodita?
Soltando una carcajada, Milo tomó las manos de Shaina entre las suyas y la hizo soltarlo. Más no dejó libres sus dedos los cuales le gustaba sentir entre los suyos; tan diferentes a los de él.
—Si estuviese Afrodita aquí te diría "deberías agradecer que mi presencia ilumina tu casa, pequeña mortal carente del buen ojo para la belleza" y luego seguiría echando quejas sobre lo mal adornada que tienes tu casa —sonrió arrogante sabiendo que no se equivocaba—. Admite que tienes suerte de que yo sea yo.
—Sí, tanta como ser aplastada por un montón de rocas y sólo perder la movilidad de todo el cuerpo sin tener el derecho a la eutanasia. —Ella intentó alejarse pero él no se lo permitió, la tomó de la cintura y la llevó consigo a la cama—. ¡No! ¡Basta!
Milo la abrazó por su cintura, disfrutando de su compañía agresiva y malhablada. Era curioso, porque según las estadísticas generales decían que los hombres gustaban más de las chicas delicadas, tímidas, sumisas y educadas. Pero no él. Milo de Escorpio encontraba encantadora a esta peligrosa cobra de colmillos venenosos.
—Por favor, no me sueltes —musitó dramáticamente—. Tengo frío.
Ahogando un gruñido en su garganta, Shaina lo abrazó también, para su completa sorpresa.
—Lo único que tienes es aire en la cabeza y un buen cuerpo.
—¿Sólo bueno?
—¿Le haría bien a tu ego si te dijese que lo montaría hasta mañana?
—Claro que sí —pausó para luego sonreír pícaramente—, ¿lo harías?
—Lo estoy pensando… tengo mucho trabajo que hacer.
—Qué lo hagan las inútiles de tus alumnas —le propuso en un tono sugestivo.
Con gracia, Shaina se rio.
—¿En serio estás de ánimos? —le preguntó sintiéndolo moverse a modo de que ella pudiese notar un bulto creciendo bajo sus pantalones.
—Sólo si eres tú —le musitó ya dejándose de juegos.
Las manos femeninas fueron a donde sentía al palpitante miembro para acariciarlo sobre la ropa.
—Al fin estamos de acuerdo en algo —dijo Shaina aceptando que él la besara.
—¿Ah sí?
—Sí —ella lo besó de vuelta metiendo las manos adentro del pantalón de su amante, tomándolo y tratándolo como a él le gustaba—. Soy irresistible, eso ya lo sé. Dime, ¿cuándo vas al Coliseo lo haces con ideas pervertidas?
Milo se rio sin poner objeción a su afirmación o a su pregunta. Después de todo ella lo conocía.
Eso debería preocuparles a ambos pero no lo hacía.
—Sí —aceptó él sin vergüenza.
Shaina; accediendo a pasar un tiempo de caridad con él.
Apartándose momentáneamente para quitarle la manta y acomodarse mejor encima de Milo, restregando una vez su intimidad con la suya, ella lo miró atenta mientras ponía ambas manos y ambas rodillas de lado a lado de él mientras Milo abría desde el último hasta el primero de los botones de la blusa que llevaba en vez de su armadura y/o traje de entrenamiento.
Cuando el último botón fue desprendido y la prenda se abrió de par en par, la mirada de él pareció brillar cuando notó que no había ningún otro impedimento más que le impidiese llevarse uno de los grandes pechos a la boca.
Shaina cerró los ojos y se inclinó hacia adelante, echando la cabeza hacia atrás.
—Tienes alguna obsesión con mis pechos, ¿o es imaginación mía? —preguntó Shaina con cierta burla, aun con los ojos cerrados. Apretando los dientes y las sábanas bajo sus manos cuando Milo torturó su pezón con la lengua.
Él separó un rato la boca de su piel para responder en el mismo tono.
—No se pregunta lo que es evidente.
Casi con descaro, Milo pasó la lengua por el pezón que parecía rogar por su atención, luego con sus manos juntó ambos pechos; los masajeó por un rato y se llevó ambos pezones a su boca.
—Bien —suspiró—, no tengo problemas… con ello —respondió Shaina entre jadeos—, pero si me muerdes te voy a…
—Ya sé, ya sé —la interrumpió él cerrando sus labios sobre ambos pezones antes de volver a hablarle—, ya me disculpé por la otra vez —todavía chupándolos fuertemente, Milo apretó la piel que aún sobraba con las manos.
Con la mandíbula tensa para evitar gemir ante el trato rudo a sus pechos, Shaina bajó sus caderas y se aseguró de que él la sintiese sobre su miembro erecto. Luego, con un antebrazo se sostuvo mientras que con la mano que tuvo libre acarició la mejilla de Milo, viéndolo por un rato hasta que ella misma se separó; pero antes de que él pudiese replicar, ella lo besó como si no lo hubiesen hecho en años.
Shaina bajó un poco por encima de Milo hasta poder alcanzar con su mano el borde del pantalón que él llevaba; acarició por encima su miembro, él gruñó entre el beso, ambos se separaron un poco para respirar y volvieron a besarse. Poco después Shaina metió la mano adentro del pantalón para empezar a masturbarlo.
Cuando se separaron, ella desabrochó la prenda. Una vez que logró eso dejó que él se incorporase y le quitase la blusa con brusquedad, arrojándola lejos. Viéndose a los ojos, acordaron en silencio que no iban a perder más tiempo en estupideces por lo que se separaron el uno del otro y se desprendieron ellos mismos de lo que les hacía falta para volver a la cama.
Con las manos entre sus piernas, preparándose a sí misma, Shaina se acostó primero, cediéndole a él la oportunidad de meterse entre sus piernas.
—Eso es nuevo —notó él siendo que la postura favorita de Shaina era la Andrómaca.
—¿No lo harás?
—No dije eso —Milo se rio reuniéndose con ella.
—Entonces cállate —ordenó Shaina tomando el rostro de él entre sus manos para besarlo, esta vez metiendo la lengua en su boca.
Sonriendo, pero sin separarse o replicar por eso, Milo se sostuvo con una de sus manos mientras que la otra la deslizó sobre el costo derecho de Shaina, pasó por la cintura y la metió entre las piernas de la amazona; apartando las de ella como si quisiera enseñarle cómo hacerlo.
Ante eso, Shaina subió sus propias manos a los hombros de Milo; luego a su cabello para acercarlo más a su boca; luego a su cuello mientras él comprobaba la humedad entre sus piernas con una arrogancia típica de un Santo Dorado.
Más tarde, él separó sus dedos de la intimidad de Shaina, acomodó ambas manos sobre la cama: teniendo cuidado de no jalar el cabello de ella que se hallaba esparcido sobre la cabecera, y se abrió pasó para adentrarse en ella de un solo golpe.
El vigor de Milo hizo que Shaina inhalase profundo con los ojos fuertemente cerrados, inclinando la cabeza hacia atrás, pegando sus pies al colchón y tratando de encontrarse con el miembro de Milo mientras él se ocupaba de besar su cuello e ir profundamente en cada embestida.
—¿Fue cierto lo que les dijiste… a las mocosas de afuera? —preguntó él repentinamente en un gruñido cerca de su oreja, moviéndose más pausadamente pero golpeando con firmeza el interior de Shaina.
—¿El… qué?
—¿Los Santos Dorados… son tan crueles? —Milo se reincorporó para verla, deteniéndose por un momento y comprobar que las mejillas de Shaina se hallaban enteramente sonrojadas y su frente perlada por el sudor.
Dejándola pensar en la respuesta, él se arrodilló por un momento, sólo para tomar las piernas de Shaina y guiarlas sobre su cadera, volviendo a bajar; retomando sus movimientos. Shaina suspiraba y gemía, abrazándose de su espalda. Las uñas de ella se encajaron en su piel cuando el Santo decidió ir más profundo, golpeando su intimidad con más fuerza.
—¿Yo soy cruel? —preguntó está vez al notar que Shaina no planeaba responder.
—¿Cruel… tú? ¿Qué? —musitó ella entre dientes apretando el agarre de sus piernas casi inconscientemente.
—No recuerdo… haberte corrido nunca… de mi vista, al terminar —él mismo apretó los dientes cuando ella alzó su cadera en cada uno de sus encuentros, haciendo más intensas las acometidas.
—Lo sé —gimió aun con los ojos cerrados, haciendo una mueca de fastidio—, pero odio que esas… ¡estúpidas! Se hagan ilusiones… ¡Aahh! ¡Dioses!
—Ya veo —una vez saciada su curiosidad, Milo sonrió tomando las mejillas de Shaina, acariciándole el rostro, esforzándose en lo que estaba.
Pronunciando entre suspiros sus nombres, Shaina y Milo cambiarían de posiciones como ya estaban acostumbrados. Él le permitió montarlo justamente como ella había dicho que lo haría y como en el fondo había estado esperando que ocurriese primero.
Haciendo uso de los consejos que le dio a Marin ayer por la noche, Shaina se aseguró de que ambos pudiesen alcanzar el cielo con cada movimiento. Sus sentones eran rápidos y fuertes, tanto como su fortaleza amazónica se lo permitió. Cada vez sentía a Milo llenándola más y más pues el muy infame también se esmeraba en alzar su cintura al compás, haciendo sus golpes más intensos. El Santo obligaba a su carne amoldarse a él con una deliciosa fogosidad que arrancaba eróticos gemidos femeninos y guturales gruñidos masculinos.
Las manos de Milo subieron a los redondos pechos de Shaina, los apretó sin dejar de verla saltar duramente sobre él. Shaina también lo observaba a entre sus ojos a medio cerrar.
Él la notó aún más tentadora con su cabello largo alborotado que danzaba junto a su dueña, el sudor cubriendo cada centímetro del pecaminoso cuerpo que ahora le pertenecía, y su favorable delantera temblando bajo sus palmas mientras el delicado interior de aquella mujer lo acogía con humedad y calor.
Esos ojos verdes tan ardientes lo hacían sentirse como un hombre perfectamente realizado.
Milo, desde una edad muy temprana, siempre había estado satisfecho con su vida sexual; y aunque ni por asomo tenía a la gran cantidad de mujeres como la mayoría de los que lo conocían, se imaginaban, tampoco había estado nada mal. Su carisma y esa chispa de misterio que cargaba parecían ser un suficiente estimulante para varias féminas, cosa que él no desaprovechaba si es que la mujer en cuestión era de su interés.
Quisiera decir que Shaina era diferente. Qué ella movía algo en su interior que lo hacía sentirse más que atraído por su persona. Pero ni siquiera él estaba seguro de nada y no era su estilo apresurarse con ese tipo de cosas, menos si sabía lo que podría estar arriesgando. Lo malo era que a estas alturas, su unión con la amazona había dejado de ser algo pasajero; cosa que estaba dejándolo en vela por varias noches.
He aquí el motivo de su visita. Ayer él no había podido conciliar el sueño pues cada vez que lo intentaba cerrando los ojos, su mente traicioneramente pensaba en cómo estaría Shaina y si ella estaría pensando en él también; lo que ocasionaba que al abrir los párpados Milo quisiera arrancarse unos cuantos órganos pues sabía que si dejaba avanzar esos pensamientos, él iba a tener serios problemas si es que Shaina no había dejado de verlo únicamente como su amante. Su compañero de alcoba.
Ajena a los pensamientos de Milo, Shaina se centró más en las sensaciones que la recorrían mientras lo montaba. También le dejó manejar su cuerpo de tal modo que ambos se levantaron de la cama, y besándose, fueron a parar a una de las paredes (quien sabe cuál) donde el Santo la tomó de las piernas y la alzó sobre su cintura.
Él mismo se masturbó un poco, preparando a su miembro para más. Entonces se adentró nuevamente en la intimidad de su amante.
La vergüenza se había perdido entre ambos demasiado rápido. Las miradas incómodas, las preguntas indeseadas y las pláticas que debían ser un tabú entre un hombre y una mujer que no estaban prometidos… todo eso se había terminado bastante rápido. Por lo que ahora, envueltos en sudor, sin dejar de moverse ni de emitir gruñidos y gemidos, Shaina apresó su cintura fuertemente abrazándolo por el cuello, controlándose en no enterrarle las uñas en la espalda cuando alzó la mirada al techo, chillando ante su inminente orgasmo. Milo pegó la cabeza sobre el hombro de ella; entró y salió como pudo un par de veces pero no pudo salir por completo a tiempo, acabando adentro de Shaina, poco después se maldijo mentalmente al sentirse tan estúpido como satisfecho por haberse dejado llevar así.
—Eso fue… una estupidez —masculló llevando sus manos al rostro de la amazona, obligándolo a enfrentarlo; ambos aun recuperando el aliento—. ¿Sabías que podrías estar embarazada después de esto? —la reprendió.
Ella no se inmutó, no dijo nada, endureció su mirada y lo obligó a soltarla.
Shaina completamente desnuda se fue a la cama mientras él recogía sus pantalones. Al ponérselos, ajustárselos y darse vuelta, Milo se dio cuenta que Shaina se había sentado con las piernas cerradas; una de sus manos estaba entre ambas piernas.
—¿Qué haces? —quiso saber él limpiando el sudor de su frente.
—¿Estás ciego? —respondió casi con burla, sin interrumpir a su mano.
Poniendo los ojos en blanco, Milo negó con la cabeza pensando que ella bromeaba o estaba tratando de fastidiarlo.
—¿Qué? —preguntó Shaina—, ¿acaso crees que me da miedo ser madre?
—No —él se sentó junto a ella, ya acostumbrado a su comportamiento a veces extraño; a veces molesto—. Pero creo que al resto del Santuario sí.
—Me importa una verga lo que piense el Santuario.
—Y aun así lo proteges —no se escandalizó por el vocabulario de ella; ya estaba acostumbrado.
—No conozco nada más allá de esto —se sinceró. Milo lo sabía bien, después de todo él estaba en esa misma posición—. Siendo franca no me molestaría la idea de saber lo que se siente criar y ver crecer a una parte de…
Milo arqueó una ceja.
—¿De…?
—Sé que ser padre no es precisamente tu sueño así que lo dejaremos en "mí", ¿de acuerdo?
Eso lo ofendió profundamente como le terminó de fastidiar.
—Primero, creo que si vas a usar mi… —con ambas cejas arqueadas miró la entrepierna femenina y a la mano trabajando en ella—, colaboración. No es necesario que me desligues de ello; después de todo, si el bebé que pareces querer también sería mío no tendría nada de malo que me dejarás conocerlo al menos.
Aunque si él debía ser sincero, esperaba de corazón que Shaina no pensase en algo tan desquiciado como embarazarse de él cuando ambos apenas y eran amantes. Es decir, lo que pasaba por su cabeza en las noches era una cosa… la realidad era otra y en la realidad ellos dos no eran nada frente al mundo.
—¿Y decirle qué? —quiso saber Shaina.
—La verdad —respondió Milo levantándose de la cama, empezando a acomodarse las prendas sobre su cuerpo—. ¿De qué carajos serviría inventarle historias si al final lo sabrá todo? Lo que hay y habrá entre nosotros es sólo sexo y un respeto mutuo. Es todo.
Shaina sacó la mano de donde la tenía, centrando su atención en Milo.
—¿Le dirías eso a un niño o a una niña?
—Se lo diría si me lo preguntase —alzó los hombros, despreocupado. La amazona lo miró mal—, ¿qué? —preguntó no sabiendo que la había enfadado.
Así como él se sentía.
—Olvídalo —ella desvió su mirada—, es obvio que no serías un buen padre.
—Sería completamente honesto —terminó de ponerse el calzado—, ¿qué puede ser mejor que eso?
—Quizás un poco más de discreción y neuronas.
—Es decir que quieres que le mienta —se incorporó completamente vestido, echando su cabello para atrás—. Quieres qué le diga que nos amábamos profundamente y él, o ella, nació porque un pájaro loco lo trajo en una canasta en una noche de primavera. O que salió de la tierra como las flores.
—No digas estupideces —le espetó enojada—. Además ya hablas de alguien que ni siquiera existe.
—¿Pero quieres que exista? —Milo dio en el clavo.
Él la miró profundamente antes de sonreír casi triste ya que Milo conocía bien esa mirada en ella.
Dioses, Shaina iba en serio.
—No me veas sólo como un donador de espermatozoides, también tengo sentimientos.
Shaina suspiró sintiéndose derrotada, acostándose en la cama, dándole la espalda. Milo suspiró tratando de ocultar que estaba sintiendo vértigo.
¿Qué clase de conversación habían tenido?
¿Un bebé? ¿Shaina quería un bebé? ¿Un hijo de ambos y luego quería que él sencillamente se largase?
¿Acaso estaba bien de la cabeza?
Milo no supo qué pensar al respecto sobre la decisión de Shaina, o si ella sólo había estado intentando joderlo. Lo que sí supo, fue lo que sintió al ver la determinación en los ojos de esta cruel mujer y comprender por primera vez en su vida, lo que significaba "ser usado".
—CONTINUARÁ—
Perdón si se me fueron algunos fallos ortográficos o gramaticales pero estoy algo apurada y estoy en muchas cosas jaja.
Una vez más, aclaro que este fic tiene un lenguaje... un poco subido de tono; al menos más fuerte para lo que yo escribo normalmente. En cuanto al lemon... le hice algunas modificaciones, fue algo rápido y distinto a como lo tenía inicialmente pero espero que no haya quedado mal.
Por otro lado, ¿qué tal? Shaina quiere tener un bebé... ¿o no? ¿Será que sólo quería fastidiar a Milo?
¿Ustedes qué piensan? 7w7
Un dato extra: Yo francamente me divertí mucho escribiendo el regaño de Shaina hacia las aspirantes a amazonas; no sé por qué pero en esas aspirantes vi mucho a las escritoras que idealizan a los Santos Dorados y los unen a sus OC's como si éstos de la noche a la mañana fuesen príncipes de Disney jajaja, ¡no se ofendan! ¡No hablo de nadie en particular! Solo menciono que en Wattpad y Facebook uno lee cada cosa que mejor ni lo menciona jajaja. Nah! Perdonen el chiste malo. No se ofendan por favor.
¡Por el momento, de mi parte es todo por hoy!
¡Saludos y gracias por acompañarme en una nueva historia!
¡No olviden comentar!
¡Lo aprecio con el corazón!
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Muchas gracias por sus comentarios a:
foxsqueen y beauty-amazon.
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