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III
Hermanos de Espíritu
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Mientras la observaba dormir, como las otras noches en las que había tenido la oportunidad de quedarse con ella después de alcanzar el clímax, Milo de Escorpio había aceptado que esto posiblemente no iba a terminar bien.
Para variar, él temía más que nada, que fuese ella quien se llevase la peor parte del castigo que seguramente recibirían los dos por tener una relación como esta. Sobre todo porque las amazonas, supuestamente, habían renunciado a su feminidad (y todo lo que esto conllevaba) para convertirse en guerreras al servicio de la diosa Athena.
Qué estupidez.
Lástima que nadie había pedido su opinión.
Esto no iba a concluir bien, de eso él ya se había dado cuenta. Y eso era porque antes de empezar a besarse, esta noche ella había preguntado con un tono bastante más ligero que el que usaba normalmente: "¿cómo fue todo?" Y él, muriendo de ganas por mostrar una sonrisa bobalicona, había respondido con su humor: "sigo vivo". Luego se habían mirado a los ojos durante unos segundos antes de acercarse y fundir sus cuerpos mientras la luna seguía iluminando el cielo.
Milo se aseguró de que fuese su nombre lo que saliese constantemente de los labios de Shaina mientras se aventuraba en su cuerpo. Disfrutó como nunca tocarla y probarla con la lengua; y llevarla al límite con su experiencia. Había que decirse algo importante que a la vez preocupaba mucho. Jamás antes, desde que los dos habían accedido a ser amantes frecuentes para aliviar sus tensiones en la cama, Milo y Shaina se sintieron interesados en saber cómo había ido el día del otro, o una misión de larga duración.
Al principio hablar más de lo normal fue algo incómodo, pero era algo necesario ya que al no tener modo de empezar una conexión, era difícil poder llevar a cabo un cortejo lo que evidentemente complicaba la idea de llegar al sexo.
Por eso, siempre, debía ser Milo quien se acercase completamente seguro de sí mismo, ansioso, hacia ella para dar pie a la noche establecida. A su prohibido acuerdo. Porque incluso ahora, con todo su fuego interior, Shaina en este campo específicamente… era una completa inexperta, un alma pura que Milo sentía que corrompía.
Ella podría negarlo todo lo que quisiera, pero Shaina aún conservaba algo de esa bella inocencia que a él le encantaba perturbar usando su cuerpo. Aunque en parte, él podría culpar a esa molesta actitud de guerrera soberbia, el que Shaina fuese renuente a ser sumisa a los deseos de Milo por mostrarle nuevas cosas, por eso él se sentía con la interesante labor de llevarla de la mano hacia nuevos horizontes con toda la paciencia posible. Hasta que defensas bajasen y pudiese disfrutar de sus encuentros tanto como lo hacía él.
Milo a veces se sentía culpable por haber sido el primero para ella cuando entre ambos no existía tal cosa como el amor, luego también como venía la culpa, luego ese culposo ápice de orgullo que le llenaba el pecho cada vez que ella aprendía algo nuevo y lo gozaba tanto que estaba dispuesta a repetirlo en otra ocasión.
Hoy, por ejemplo, ella por primera vez, había sido bastante complaciente. Milo no sabía por qué, pero no era como si en su momento hubiese podido (o querido) pararse a averiguarlo. Sin embargo ya con la llama de la pasión extinta, su mente pudo comenzar a trabajar con más libertad. Con frialdad, incluso.
¿Debían alejarse? ¿Debían hablar y establecer otras normas? ¿Algunas que les impidiesen ir más allá de lo que ellos mismos habían acordado? Eso ya sería algo que él mismo vería con Shaina en cuanto tuviese la oportunidad. Otra cosa que le preocupaba demasiado a Milo, era que esta noche, mientras se quedaba dormida, Shaina le había susurrado algo al borde del sueño.
»No te vayas —si ella recordaría eso por la mañana era algo que Milo no quería poner en duda. No estaba listo para conocer la respuesta.
Perfectamente, él sabía que no debía notar nada más allá de lo que le convenía con respecto a Shaina, pero, Milo hace unas semanas se había dado cuenta de que Shaina "de día" y Shaina "de noche" podrían pensar diferente. Hablar diferente y actuar diferente también. Pues mientras una le permitía hacerle sexo oral mientras sus pequeñas manos le revolvían el cabello y movía sus caderas al son que marcaba su lengua. La otra Shaina se escandalizaba por los recuerdos, los comentarios en susurros y berreaba en su contra al día siguiente o cualquier otro próximo si llegaba a verlo caminando a solas.
Por eso él siempre prefería dejarla con su vida apenas acabar y desaparecer de su visión por un par de días, sin embargo hoy… hoy estaban en Escorpio y no es como si él sencillamente pudiese cargar a la amazona y pasear con ella por los otros 7 templos.
"¿Por qué la llevo así? ¿Acaso no es evidente que acabamos de intimar?" sí, claro. Sería bueno decirles eso a todos sus compañeros. Sobre todo porque, el punto de mentirles a todos esta noche para verse, era para no dar sospechas de lo que había entre ellos.
La coartada que Milo y Shaina habían puesto en esta ocasión, para que ningún Santo Dorado y sobre todo, su Ilustrísima, se sintiesen extrañados por el cosmos de Shaina acompañándolo en su templo, era que ambos iban a permanecer en vela en Escorpio para revisar unos cuantos mapas y con ello tener un mejor control sobre todos los caminos que se pudiesen necesitar de patrullas de Santos, tanto nocturnas como diurnas.
Después de todo, Shaina era una respetada Amazona de Plata que usualmente lideraba las primeras caravanas de las novatas o novatos que ya debían empezar a desempeñarse como guardianes no solo del Santuario sino también de los pueblos aledaños a éste.
Se supone que mañana ella misma debería de partir con los mapas con el resto de Santos de Plata para que todos los guerreros tuviesen conocimiento de los nuevos caminos y rumbos por vigilar. Dónde debían enfocar mayor atención debido a avistamientos de presuntos ladrones u otro tipo de calaña. Y ahora que Milo lo pensaba… no habían hecho nada de eso.
Lo único que habían estado haciendo fue girarse mutuamente entre las sábanas para tomar el control del otro.
En esta ocasión Shaina fue muy buena combatiente, como debía esperarse de una mujer con tal fuego interior, pero su debilidad seguía siendo su cuello por lo que al atacar en ese punto, Milo, por supuesto, obtuvo la victoria; tomando exactamente lo que quería de la forma en la que lo deseaba.
Luego de verla dormir pacíficamente en su cama por un par de minutos, Milo se levantó con cierto fastidio y agotamiento. Sin duda, complacer a una amazona no era lo mismo que tener a una doncella o una prostituta, requería de más fuerza; y él todavía estaba algo cansado de su última misión… sin embargo debía hacer lo que dijo que haría antes de cerrar los ojos.
Odiando el frío que sentía, puso las sábanas sobre Shaina y salió de sus aposentos vistiendo una bata de ligera tela delgada, larga y de color negro que se arrastraba por el piso.
Con pasos lentos, Milo se puso en marcha hacia otra habitación donde se encontraban los mapas que hipócritamente le había pedido a Camus momentos antes, luego de ver que Shaina lo había ido a buscar a su casa por primera vez desde que iniciaron sus encuentros y no quería que nadie lo molestase por ello.
Además, la coartada fue de ella.
Dioses… necesitaba ayuda para controlarse. Y es que no pudo haber sido más sospechoso su apresuro sobre Camus para que éste le diese los jodidos mapas.
Para echar más tierra sobre el ataúd, en el fondo Milo supo la verdad apenas se encontró solo… el que se haya dado tanta prisa en ir y venir de Escorpio a Acuario y viceversa, no tenía mucho que ver con el sexo que iba a obtener, sino con el hecho de que él había llegado desganado a su casa… y se había alegrado de verla. Su corazón había dado un vuelco cuando la escuchó preguntándole cómo había ido su misión.
Qué los dioses los ayudasen.
Milo necesitaba evitar que esto avanzase.
Jamás se había sentido tan deseoso de compartir el lecho con una mujer en específico. Obvio, en el pasado hubo una que otra amante que había encendido su cuerpo, llevándolo de nuevo hacia ella, pero de ahí a que él tuviese tantas ansias por compartir su espacio con una chica que además estaba prohibida, sobre todo para él que era un Santo Dorado…
Esto no va a terminar bien.
Con ese pensamiento haciendo eco en su cabeza, Milo tuvo que empezar a temer.
Veía las luces rojas de alerta desde lo lejos. Porque no solo había sido esa diminuta conversación donde la pregunta de Shaina (y su tono) calentó su pecho, sino el hecho de que ambos no parecían estarse dando cuenta (o no querían) de lo extraordinariamente bien que se sentían el uno junto al otro cuando se supone que una vez terminado el sexo las cosas debían volver a ser frías como antes.
A donde él apenas la recordase como a una compañera, y ella ni siquiera se molestase en buscarlo con la mirada cuando su cosmos se aproximase al Coliseo mientras entrenaba con sus novatas. Desquiciándose con ellas.
Una que otra vez, mientras bajaba con Camus, Mū o Shura, al Coliseo, Milo había logrado captar en secreto, cómo Shaina a veces giraba la cabeza a su dirección cuando nadie, a excepción de él, se daba cuenta de que Milo de Escorpio para Shaina de Ofiuco había dejado de ser invisible. La máscara la ayudaba mucho a disimular su escrutinio, pero Milo siempre terminaba percatándose de su mirada sobre su persona.
Eso también le preocupaba porque el saber de ese detalle no debía de causarle ninguna impresión salvo un incremento a su orgullo y virilidad… como siempre al saberse un buen amante. En definitiva, el que Shaina a veces lo buscase con su mirada, no debía de hacer que su corazón latiese rápido o que se pusiese nervioso y temiese hacer algo estúpido que lo hiciera quedar mal frente a sus ojos.
Sus hermosos ojos.
—Maldición —gruñó entre dientes. Quiso golpear la mesa frente a él pero se maldijo a sí mismo nuevamente entre dientes cuando se dio cuenta de que el motivo por el cual mantenía silencio era porque no quería despertarla a ella con su escándalo.
¡Maldición!
Milo quería que el sueño de Shaina siguiese hasta mañana; que se sintiese cómoda donde ahora dormía y que al despertar lo hiciera con una sonrisa. Una sonrisa para él.
—Estoy jodido —con desgano, se llevó las manos a la cara, pasándolas hasta por su cabello tratando de calmar los inquietos latitos de su corazón.
Con ayuda de algunas velas que encendió sobre la mesa, a Milo le costó mucho concentrarse en los caminos que se supone, debían ya estar marcados en rojo, con ayuda de los informes de diversos Santos que anteriormente habían sido visitados por Shaina para que otorgasen reportes sobre algunos caminos peligrosos o puntos de alerta donde se haya notado el avistamiento de indeseados.
¡Era tan difícil centrarse en su trabajo! Sobre todo ahora que ella había estado tan fabulosa, tan candente y sensual. Tanto que a él le costaba horrores no volver a la cama con ella deseando repetir la noche, por la mañana, cuando ambos abriesen sus ojos.
Pero el día se aproximada y el tiempo se había acabado para ambos hasta que tuviesen otra oportunidad.
Lo más grave de todo, era que durante el tiempo que habían estado probando "esto" y "aquello", aunque no lo expusiesen, en el fondo Milo se temía que los dos por igual, debían estarse dando cuenta de que estaban traspasando límites peligrosos en su pacto.
Y si esto continuaba…
Si sus miradas se encontraban con más frecuencia o si antes de pensar siquiera en saciar la pasión, preferían sentarse a charlar, entonces ambos estarían perdidos. Porque luego, entre esas charlas vendría la empatía… la preocupación… los gustos afines… y después, quizás una atracción que rebasaría la del gusto físico y sexual.
Para más inri, lo que preocupaba a Milo hasta el punto de la paranoia, era que sólo a él… esto parecía inquietarle bastante.
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Actualmente, luego de dejar a Shaina (quien sin duda alguna había enloquecido) en su casa, Milo de Escorpio se había perdido por un rato no sólo en sus propios pensamientos sino en un bosque no muy lejano entre los pueblos, para tratar de encontrarse de nuevo su propia cordura. Al volver en sí mismo, regresó al Santuario, no sintiéndose mejor de lo que había estado momentos atrás.
Volvió a su lugar cuando la luz del sol comenzaba a bajar por el horizonte.
Al verlo aproximarse a la primera casa, Mū de Aries se extrañó en serio. No se había dado cuenta del momento en el que Milo se fue y aunque ambos no eran excelentes amigos, al menos cuando uno de ellos partía por órdenes de su Ilustrísima o por algún pendiente personal de las Doce Casas, solían avisarse por si alguna emergencia se suscitaba.
—¿Estabas fuera? —preguntó Mū con ese tono sereno que lo identificaba.
—Sí —masculló Milo.
Algo preocupado, Mū arqueó una ceja ante ese estado de ánimo que veía, sin esfuerzo alguno, en su compañero de armas. Milo de rara vez se veía tan decaído, y eso era porque cuando lo estaba procuraba ocultarlo. Aunque su porte podría decir que él estaba normal y nada estaba angustiándolo por dentro, los ojos del Santo de Escorpio no estaban dando ese mismo mensaje. Éstos se veían opacos y perdidos, lo que quería decir que Milo no estaba bien y el que no tratase de ocultarlo sólo aumentaba el nivel de curiosidad.
—Disculpa, no quisiera ser indiscreto pero…
—Déjame decirte una cosa amigo —lo interrumpió Milo con un aire de estrés enorme rodeándolo—, si planeas algún día darle un hermano menor a Kiki, primero asegúrate de buscar a una mujer que no te complique la existencia.
—¿Un hermano? —Mū se descolocó.
Haciendo una mueca, Milo se lamentó porque su compañero (con toda su supuesta sabiduría) no pudiese entender esas indirectas.
—Dime por Athena que no entendiste lo que te dije —farfulló, sentándose enfrente en las escaleras. Mū lo imitó.
—La verdad no —el joven de Jamir frunció el ceño—. ¿De qué hablas?
—¿En serio —resopló viéndolo de lado—, piensas vivir toda tu existencia en el celibato también, Mū?
—¿De qué hablas?
Intentando no perder la paciencia, Milo barajeó las posibilidades de hablar sobre esto con cualquier otro de sus colegas y cada una de las opciones le parecían peores que las anteriores. Incluso Camus no podría ayudarlo en esta ocasión, Milo sabía que su amigo francés sólo lo reprendería y le bajaría más la autoestima con sus pláticas llenas de lógica que al final no le llevarían a ninguna maldita parte.
¿Y qué mejor opción para recibir consejos que de un virgen sabio?
Evidentemente Mū pensaba más con la cabeza que con sus bolas, algo que Milo necesitaba desesperadamente. Además, a diferencia de Camus, Mū era un poco más sutil en sus regaños. Sabía que no estaba en posición de pedir piedad, pero en serio no quería tragarse un discurso de media hora sobre su evidente error al creer que saldría bien parado de una relación como la que había tenido con Shaina.
¿Acaso esto se había acabado? Milo no lo sabía. Pero esa pregunta, y su posible (lógica) respuesta estaba atormentándolo.
Sí, lo admitía. Milo estaba preocupado.
—Hablo de mujeres, Mū —dijo queriendo ser comprensivo y hablar claro—. Mujeres, ¿acaso en toda tu vida no te ha atraído ninguna?
En definitiva, Milo estaba preparado para salir corriendo a velocidad luz, inmensamente incómodo, si Mū le decía que no. Él era demasiado guapo y sexy como para poner en jaque la sexualidad de su colega.
—Por supuesto que sí —respondió Mū para el gran alivio del escorpión—, pero mis obligaciones están primero que cualquier placer efímero.
El hombre de cabello azul no supo cómo interpretar eso. ¿Sería una clase de fetiche con el deber? Porque eso era lo que él necesitaba tener ya mismo instalado en su cabeza.
—Entiendo… creo…
—¿Y quién es la mujer que te atormenta esta vez?
—Oye, oye, ¿acaso crees que cualquier mujer puede atormentarme?
—Cualquier mujer que tenga una vagina, un par de senos y una cara bonita que te atraiga. Sí.
Ante ese lenguaje y su claro acierto, Milo lo miró con los ojos entrecerrados.
—Déjame informarte que no es así.
—¿Ah no? ¿Entonces?
—¡Sólo quiero saber qué es lo que pasa con ellas! —admitió, mirando esta vez al horizonte—. He pasado varias noches entre esas creaciones divinas de los dioses —susurró con admiración—, y siento que ni viviendo mil vidas podría entenderlas. A ninguna —bufó algo exasperado.
—Las mujeres son creaciones extrañas, maravillosas y hermosas, pero extrañas. No intentes entenderlas como si fuesen libros que pueden ser leídos o te explotará la cabeza —ambos rieron un poco—. Milo, ellas son seres humanos y como tú o como yo, todas son distintas entre ellas. Sólo quiérelas y deja que ellas, por alguna extraña razón… —bisbiseó en broma—, te quieran a ti también.
—¿Has estado hablando mucho con Death Mask últimamente, cierto? —lo vio con aires de reproche.
—No, pero a veces olvido que no debo decir todo lo que pienso —alzó los hombros.
—Deja ya las bromas, estoy hablando en serio.
Siendo franco, Mū asintió.
―También yo.
Luego de una pequeña pausa en la conversación para asimilar lo dicho, una pequeña ventisca de aire le regresó a Milo un poco de su paz robada.
Ser querido.
¿Por Shaina? ¿Sería eso posible?
Milo ya le había dado algunas vueltas al asunto y había llegado a la terrorífica conclusión de que quizás Shaina estaba pasando por una fase de confusión donde sus sentimientos por Seiya (que era claro que los tenía todavía) y lo que sea que pudiese estar sintiendo hacia él mismo, podrían estarla haciendo actuar de una forma realmente lunática donde ser madre podría llegar a ser sólo un pasajero capricho imprudente. Algo que se le iría de la mente en cuanto recuperase el control sobre sus emociones.
Pero… ¿y si no era de ese modo? ¿Y qué tal si esa mujer realmente estuviese pensando en tener un bebé para luego volarlo a él de las vidas de ambos?
¡Hablaba de un infante! Una nueva vida.
Shaina, aun con toda su locura natural y su descontrolada vida sentimental, no podía llegar a ser tan insensible (y tonta) como para darle la vida a alguien solo por capricho. ¿O sí? ¿Sería capaz? El solo imaginar la posibilidad de algo así le daba escalofríos a Milo, porque aunque él se haya estado sintiendo muy atraído hacia ella durante algún tiempo, eso no bastaba a la hora de pensar en una tercera persona que además, terminaría enterándose (tarde o temprano) de las condiciones reales de su nacimiento.
¿Y en serio Shaina esperaba que él la ayudase a embarazarse y luego desapareciese? ¿Qué clase de mierda se había formado estado formando en su cabeza para pensar tal estupidez?
Sea como sea, él había estado pensando en todo esto seriamente. Ser padre o madre era opcional, venía con el libre albedrío que los dioses habían decretado para el ser humano, y nadie debía estar obligado u obligada a serlo.
Shaina no iba a usarlo así. Daba igual lo que él pudiese sentir por ella en estos momentos. Ser sólo su donante de esperma iba a ser algo que Milo decidiría así como Shaina decidió que Milo se convirtiese en su amante. En su primer hombre.
Era hora de un segundo round.
—Bien —suspiró—, lo intentaré de nuevo, pero si muero en ello… promete vengarme.
Con nerviosismo, Mū se rio mientras Milo se levantaba e iba de regreso abajo.
—¿A dónde vas ahora?
—Ya te dije, a intentarlo —sin dejar de caminar, hizo un ademán de despedida con la mano—, espero verte en esta vida o en el hades. Si muero por seguir tus consejos, te aseguro que me cabrearé contigo.
«¿Ahora en qué problemas estás medito?» pensó preocupado el Santo de Aries aún sin comprender muy bien de qué iba aquella conversación, aunque por lo que había oído, se estaba empezando a dar una idea.
…
Se suponía que a los dominios de las amazonas ningún caballero masculino debía entrar, estaba prohibido y si su Ilustrísima se enteraba de su forzada e injustificada intromisión luego del escape limpio que ejecutó exitosamente por la mañana, seguramente ni su papel como Santo Dorado le salvaría. Milo obtendría una gran sanción ejemplar que le dolería por semanas y ejercería presión sobre otros para no atreverse a imitarlo.
Pero no hubo miedo al futuro castigo que pudiese parar al soberbio escorpión, que avanzaba rápido en su camino sin detenerse a pensar en las consecuencias de su decisión.
Seguramente de haber sido un Santo de Bronce o incluso de Plata, Milo habría tenido muchos problemas con pasar de largo e ileso entre todas las féminas de la zona para lograr llegar hasta donde él quería; sin embargo aún con casi todas las miradas de las amazonas (con máscaras) sobre su imponente persona, Milo de Escorpio caminó con un rostro enojado que daba a entender que no quería ser molestado y quien fuese lo suficientemente estúpida para intentarlo que se atuviese a las consecuencias.
El Patriarca sin duda alguna iba a castigarlo si no jugaba bien sus cartas, y aun así Milo esperaba que su Ilustrísima, mínimo, al enterarse de esto lo castigase con algún tormento físico por entrar de este modo al campo de las amazonas. ¿Latigazos, tal vez?
Debía seguir avanzando.
Por otro lado, las amazonas no podrían siquiera hacerle un rasguño sin morir en el intento. Él era un caballero, en más de un sentido, y golpear a una dama sin motivos no estaba en su código; sin embargo esas mujeres no eran damas, eran adiestradas guerreras lo que las dejaba fuera de su lista blanca si alguna deseaba detenerlo usando la fuerza.
Aunque no poseyera su armadura, todas las chicas ahí sabían que él podía invocarla si eso quería y limpiar el piso con todas ellas si así se lo proponía, y sin sudar. Así que seguramente todas ellas hicieron caso a sus instintos (muy bien), dejarlo pasar entre los caminos que lo guiarían hasta la casa que él conocía tanto por dentro como por fuera.
Ninguna pobre tonta le detuvo o le habló siquiera.
Mejor así.
Al arribar a su destino, Milo vio a algunas chicas que discutían de nuevo con la mujer de Ofiuco; pero estas a diferencia de las primeras que encontró a su paso, no tenían nada cubriendo sus rostros, pero ni eso fue suficiente para obligarlo dar media vuelta y largarse de ahí.
Convivir con mujeres enmascaradas era más extraño para él que convivir con las que no cubrían su rostro. Sin embargo era de conocimiento público que para las amazonas era al revés. Mirar a cualquiera que no fuese una mujer, y de su rango, era casi como estar desnudas.
—¡¿Qué demonios?! —exclamó Shaina dignada cuando lo vio, más no pudo replicar más pues a la fuerza, fue empujada adentro de la casa con la mano del Santo de Oro—. ¡No…!
—Métete y espera ahí, que quiero hablar contigo —dijo echando un vistazo hacia las chicas—. Lo siento lindas, pero no voy a ser breve. Y si quieren conservar sus vidas les sugiero que piensen esto: "nadie me vio sin mi máscara".
Cerró la puerta ante la sorpresa atónita de todas ellas.
Adentro las cosas estaban todavía peor.
—¡¿Pero qué demonios te ocurre?! —preguntó Shaina furiosa—. ¡¿Crees que puedes venir como si nada y…?! ¡¿Y ahora qué carajos crees que haces?! —alzó más la voz cuando lo vio ir al cántaro de agua y servirse sin su permiso—. ¡Largo de aquí! ¡Ahora!
Después de tragar, Milo la observó con ese brillo en los ojos que daba entender que no estaba de ánimos para ser cacheteado ni violentado de ningún modo.
El instinto de Shaina lo sintió a la defensiva, cosa que hizo disminuir considerablemente su tono de voz.
—No puedes hacer esto —espetó, igual de molesta.
—¿Hacer qué? —quiso saber—. Ya he entrado a tu casa, nos hemos acostado en tu cama y en la mía, ¿y me reclamas por hacer caso omiso de tus subordinadas?
—Claro que sí —espetó ofendida, pero más que todo, preocupada—. ¿Acaso no estamos escondiéndonos? ¿No es eso lo que ambos acordamos? —ironizó, luego chasqueó la lengua—. Pero supongo que eso a ti no te ha de importar. Lo que le pase a mi reputación con esto, ¡te ha de parecer divertido! —se burló con enfado.
—¿Tu reputación?
Mierda…
—A diferencia de ti —decía entre dientes—, y todos los Santos que creen que es divertido revolcarse con una amazona… una mujer que cubre su rostro es denigrada por el simple hecho de ser vista sin su máscara.
Sintiéndose mal ante la verdad en eso, Milo casi se insultó a sí mismo. Lo había olvidado, a decir verdad todo ese rollo de las amazonas era tan lejano a él, que difícilmente recordaba por qué las guerreras femeninas se esmeraban en mantener sus máscaras cubriendo sus caras aun si con ello lograban poner en peligro sus propias vidas.
El asunto de que Seiya había sido el primer hombre en ver a Shaina sin su máscara, el que ella había decidido amar en vez de matar y recibir como pago un rechazo silencioso… ponía a Milo muy pensativo. Por no decir molesto. Y no precisamente contra el Santo de Pegaso a quien culposamente agradecía por no corresponder a los sentimientos de Shaina…
—Y mejor no hablemos de entregarse sin haber un compromiso —refunfuñó Shaina entre dientes, como si todo lo que habían estado haciendo fuese una denigración.
Eso dolió.
En poco tiempo y sin la menor consideración, Milo ya comenzaba a entender cómo se sentían las chicas que había tomado y luego desechado sin compasión alguna.
El karma era terrible… y la maldita perra atacaba con todo, cuando menos te lo esperabas.
—Tienes razón.
Shaina parpadeó confundida.
—¿Disculpa?
—Dije: tienes razón —bebió más agua; si no lo hacía, su voz no iba a salir de su garganta—, no entiendo lo que puedes estar pasando ahora por el simple hecho de que deseé hablar contigo a estas horas y sin tener cuidado de que no me viesen —la miró intensamente, luego hizo esa sonrisa cálida que al corazón de Shaina se ablandaba—. Te diría que ahora mismo saldría de aquí y amenazaría de muerte a toda esa bola de niñatas si hablan de esto pero sé que de todos modos lo harán y matarlas solo hará que el Patriarca me encierre en Cabo Sunión.
La mujer no dijo nada, al parecer seguía sin creerse lo que oía.
—Le he hecho un gran daño a tu reputación —continuó Milo—, y si pudiese hacer algo para remediarlo lo haría.
Prontamente, ella se sintió incapaz de seguir recriminándole, y también estaba un poco cansada fingir que estaba demasiado molesta con Milo por su insolente intrusión cuando hace tan solo unos momentos atrás, había querido que Zeus le mandase un rayo y no a sus chillonas discípulas que se quejaban por haber tenido que hacer trabajos de campesinos y no entrenamientos comunes.
¡Bah! Estupideces.
A pesar de que ella no bromeaba con respecto a su reputación, Shaina estaba segura de que podría lidiar con las boconas que lograse escuchar, haciéndolas pagar en los entrenamientos, por lo que, ante esa disculpa; ella desvió la mirada con lo poco que le quedaba de indignación.
No daría su brazo a torcer sólo porque él se haya disculpado.
—No hay caso —respondió aún molesta, pero ya no tanto como hace unos minutos—. Esa bola de boconas ya estarán repartiendo las noticias.
—Disculpa —repitió él para su completa sorpresa.
Frunciendo el ceño y soltando una profunda exhalación, ella lo miró como si se hubiese vuelto loco.
—¿Estás bien? —no pudo contener su duda.
—Sí, ¿por qué la pregunta?
—Eh, no sé —se puso un poco nerviosa—. Te has disculpado… varias veces… y no me has replicado nada.
—Porque no tengo nada qué replicarte, porque no me pediste que viniese, ¿o sí?
Más que extrañada por su comportamiento y sus palabras, Shaina comenzó a creer que ese no era Milo de Escorpio; con el que hablaba debía ser alguien más.
Pero sentía su cosmos arder en su pecho, él era el auténtico Milo.
Ella estaba muy confundida con su comportamiento… casi con vértigo.
—Déjalo ya. ¿Y qué querías de todos modos? —a pesar de sentirse mareada con la actitud de él, Shaina trató de no demostrar esa consternación.
—Ya te lo dije, quiero hablar.
—¿De lo idiota que puedes ser a veces? —chasqueó la lengua—. Hay mucho tiempo para eso.
—No, de eso ya hablaremos después… —pareció que iba a decir algo más pero no lo hizo—. Pensaba en qué podría pasar si realmente pudiésemos tener hijos. Y si hablabas en serio sobre eso.
En otras circunstancias ella pudo haberse reído en su cara y mandarlo al demonio, pero se oía lo suficientemente serio como para no ser tomado como un bufón cualquiera. Y sea como sea, él seguía siendo un Santo Dorado y ella una Amazona de Plata, la diferencia entre ambos era enorme y evidentemente hoy, él no estaba en su estado normal de Hombre Carismático sino más bien de uno que buscaba (como él dijo) hablar seriamente.
—¿Vienes a hablar de compromiso?
Él asintió. Sin muecas, sin burla. Sin nada.
—¿Y cuándo lo pensaste? ¿En menos de dos horas?
—Más o menos desde hace unas semanas —admitió. Ella no pudo notar la mentira en su voz ni en su cosmos.
Esto no podía ser cierto.
Simplemente no podía…
—¿Después de todas las bromas estúpidas de hoy?
—Sí, después de todas las bromas estúpidas de hoy. Porque estúpidamente pensé que eras tú la que estaba bromeando.
—¿Y por qué habría de hacerlo con ese tema? ¿Acaso no soy mujer? ¿Acaso no puedo desear ser madre antes de pudrirme en el hades?
—Puedes —dijo convencido—, pero no creí que lo quisieses. Es decir, desde hace años eres una amazona reconocida por tu compromiso al Santuario y al entrenamiento. Shaina de Ofiuco. Aunque no lo creas tu nombre no es desconocido aún entre los Santos de Oro.
Bien… saber eso le hizo bien al ego de Shaina, pero ella seguía sin entender nada. ¿Acaso él quería oficializar algo y… ser padre? Sonaba ridículo… pero tuvo que admitir que más ridículo había sonado que ella le expusiese de la nada un deseo que se había estado tragando como un corrosivo veneno desde hace años.
—No sé qué quieres decir exactamente —se desentendió a propósito.
—Lo que quiero decir es que soy un hombre, Shaina. Así que deja ya de tratarme como si fuese un muñeco de aparador o un idiota que no entiende lo que dices —espetó con firmeza—. Y de todas formas, ¿qué querías que te dijese esta mañana? ¿"Oh muy bien, asegúrate de alzar bien las piernas hasta tu cabeza para que no se escape ningún espermatozoide de tu vagina y puedas embarazarte pronto, pero eso sí, mi libertad me la dejas en intacta"? ¿Qué clase de imbécil crees que soy? El sólo hecho de que hayas pensado por un miserable segundo que yo diría algo así, me ofende —usando un tajante tono de seriedad, achicó su mirada sobre ella—. Hablabas de tener hijos no una mascota. Por eso creí que no hablabas en serio.
No quería reconocerlo, pero si lo pensaba con la cabeza fría, Shaina tuvo que darle crédito a Milo con eso. Habló repentinamente porque ella no creía que él estuviese considerando la seriedad de la situación. Sin embargo no se sintió tan mal como para pedir disculpas por ello, pues nunca le preguntó nada… porque en el fondo no contaba con su apoyo.
Ella engendraría al bebé y lo cuidaría sola si era necesario.
Pero que él llegase así… hasta su propia casa y frente a frente expusiese su punto de vista…
—¿Entonces? ¿Estás diciendo que…?
—Estoy diciendo que quiero que lleguemos a un acuerdo.
—¿Qué clase de acuerdo? —el corazón de Shaina dio un vertiginoso vuelco.
—Primero tengo que saber… —masculló en un tono de voz más grave que el que usaba de forma normal—. ¿De verdad quieres ser madre o esto es sólo un capricho tuyo?
Viéndolo a los ojos, Shaina lo pensó; tal como lo había pensado desde que la idea y el deseo le asaltaron el alma.
—Quiero ser madre —respondió siendo sincera. Y él como Santo debería ver la verdad en sus palabras.
—¿Y si yo te dijese que también quiero ser padre?
Shaina desvió la mirada, más porque ella, como Amazona… pudo sentir la determinación de Milo. No estaba jugando ni mintiendo, en serio estaba considerando la posibilidad de engendrar un hijo y cuidarlo como un padre.
—Mientes —se aferró a esa idea.
—¿Por qué aseguras eso? —preguntó él sin dejar de mirarla—. ¿Acaso un hombre no puede desear ser padre? ¿O un Santo Dorado no puede querer tener un hijo y criarlo también?
Touché.
Eso había sido exactamente lo que ella le había dicho esta mañana. Shaina comenzaba a sentirse atrapada entre cuatro gigantescos muros de concreto que se cerraban a su alrededor cada vez más.
Con cada palabra… con cada maldita pregunta.
—¿Y acaso quieres tenerlo conmigo? —preguntó Shaina mordaz.
Captando ese tono ofensivo y esquivo que a él lo fastidiaba bastante, Milo entrecerró sus ojos sobre ella ejerciendo con más intensidad su escrutinio bien afilado… tratando de no demostrar que su paciencia estaba finalmente hecha añicos.
—¿Y tú querías tenerlo conmigo, o con Seiya?
Touché… de nuevo. ¿Un momento, qué?
Shaina casi se atragantó con su propia saliva.
—¿Seiya? —el nombre salió de sus labios como un susurro lastimero, cosa que Milo no pudo evitar notar con una falsa sonrisa recriminatoria.
—Lo amas —dijo él sin tapujos—. No creas que nadie lo sabe. —Al fin dejó el vaso que usó justo donde lo encontró. Él no era un maleducado, hubiese lavado el trasto, sin embargo un nudo indeseado se formó en su garganta ante el silencio de Shaina.
Y pensar que hubo un tiempo donde él pensó (y se atormentó) que de esta relación secreta, la más lastimada iba a ser ella.
Qué ingenuo.
Él no quería seguir con esto por hoy. Nunca en su vida se había enfrentado a una situación así y se sentía en completa desventaja.
Por primera vez en su vida, Milo de Escorpio tuvo que retroceder. Porque si permanecía aquí a esperar la respuesta que en el fondo conocía, sabía que algo más que su orgullo iba a romperse.
—Piensa bien lo que quieres, Shaina de Ofiuco —la nombró con la frente en alto como lo haría un superior a su subordinado. Como si quisiera levantar una barrera entre ellos que le impidiese a Shaina herirlo más con su venenosa lengua—, y cuando lo hagas… búscame tú a mí —ordenó más como un guerrero que como un hombre al que habían lastimado profundamente.
El hombre atrás de la armadura estaba demasiado afectado por los ojos dudosos de la mujer como para seguir llevando la conversación. Debía irse.
—Y quiero que sepas —continuó soportando la firmeza de su propia voz—, de verdad lamento lo que le hice a tu reputación —finalizó ya bastante agotado como si ellos dos hubiesen discutido el tema por años y no por un par de horas.
Al salir de su casa y fingiendo no estarse desmoronando por dentro…
Ella ama a Seiya.
Milo apretó los puños, tragó saliva y se fue con la frente en alto sin prestar atención a los montones de chicas que se habían juntado alrededor de la casa de Shaina. Quizás intentando escuchar lo que habían estado diciendo.
«En serio lo siento» pensó sabiendo bien que le esperaban días difíciles a Shaina, y quizás a él también, pues como Santo de la élite ateniense sus responsabilidades eran tan, o más importantes, que cualquier amazona que no fuese un Santo Dorado.
La correa que estaba sobre el cuello de Milo apretaba mucho más de lo que cualquier podría imaginar. Aun así era la primera vez que él se sentía sin el aire suficiente para caminar con la seguridad de que todo estaría bien. No comprendió cómo había logrado salir de ahí sin perder la postura, pero lo hizo.
Milo sabía que las cosas no iban a estar bien por una muy larga temporada.
…
Por su lado, Shaina tuvo que ir y sentarse en la cama para no caer al piso.
«¿A qué vino todo eso?» se cuestionó en su mente porque no se sentía con la fuerza de seguir moviendo la lengua.
Puso las manos sobre sus rodillas, meditando en las intenciones reales de Milo para ir y soltarle toda aquella palabrería.
«¿Y por qué lo nombró a él?» sus ojos se cerraron fuertemente.
Durante todo el tiempo que se habían estado frecuentando, ellos jamás habían tocado el tema de Seiya, nunca fue necesario. Puesto que él, era como un tabú entre ambos, que preferían ignorar. El tópico prohibido.
Milo lo sacó a relucir como un arma de fuego disparando directamente al corazón de Shaina.
La forma en la que dijo esas palabras…
»Lo amas. No creas que nadie lo sabe.
Ese tono… rompió en pedazos nuevamente el corazón ya lastimado de la pobre amazona. Porque por una milésima de segundo ella tuvo la tonta ilusión de creer que Milo hablaba con su propio corazón en la mano. Pero aquello había sonado a reproche.
Tontamente creyó que a Milo le dolía hablar de Seiya tanto como a ella. Para poner las cosas peor, Shaina recordó que ahora mismo el valiente alumno de Marin estaba medio muerto, debatiéndose entre la vida y la muerte en un hospital japonés a horas de distancia, y ella a pesar de no ser una debilucha no podía teletransportarse a ningún lado.
Ni a Japón… ni a la Casa de Escorpio.
Se acostó sintiendo una presión fuertísima en su corazón y garganta. Nadie la estaba ahorcando y ella se hallaba con falta de aire. Pero por sobre todo lo demás, se sentía sola, perdida sin saber qué paso dar primero. Shaina se sentía atacada, atrapada y sin posibilidades de liberarse de las ataduras de la desesperación. La confusión. La incertidumbre.
Al intentar respirar profundo para calmarse, sólo logró empeorar, cuando exhaló soltó un gemido ahogado y notó sus ojos arder antes de humedecerse con rapidez.
No supo qué la impresionó más, sus lágrimas o que la imagen que las haya hecho salir fuese la de Milo saliendo de su casa mirándola fijamente con un extraño brillo, entre su cabello azulado.
Ella no sabía qué pensar. Se vio perdida.
Llevó una de sus manos a su vientre y acarició con suavidad.
"Quisiera ser madre", ese pensamiento llegó a su cabeza un par de días anteriores al inicio de la Guerra Santa en el que, paseando por Rodorio y a la vez haciendo una pequeña vigilancia, Shaina vio a un niño caminando de la mano con su mamá mientras reían juntos.
Esa imagen tan cotidiana y simple prendió (luego de años de haber sido apagado) un deseo tan grande en ella, que en esos instantes Shaina visualizó en su cabeza a un niño de cabello castaño y sonrisa frondosa, de piel color marrón y ojos delineados como los de él, agarrando su propia mano. Un niño parecido al hombre que por mucho tiempo, Shaina creyó firmemente amar con locura.
Para su desgracia, con el regreso de Athena y todos sus Santos, también llegó otro dilema del que no se desharía tan fácil.
El inicio de ello, sería la noche en la que Shaina bebió de más en su propia casa y sin medir las consecuencias salió borracha de su hogar para vagar un poco en soledad mientras se perdía en los delirios típicos de una mujer rechazada y angustiada.
Al final se sentó en quién sabe dónde con una mirada miserable y la botella de cerveza en la mano, no muy lejos del Santuario, según recordaba a medias. Pasó toda una tarde entera rezando por la salud de Seiya cayendo en cuenta de que lo que le había sido imposible a la diosa Athena lograr aun con todo su poder, mucho menos iba a poder conseguirlo ella con sus rezos a los dioses.
Ellos no iban a concederle un deseo imposible.
Aun así Shaina estuvo en los templos por muchos días, preocupadísima por él.
Ni en sus más alocados sueños, Shaina esperó encontrarse con la compañía del Santo de Escorpio. Quien en vez de ridiculizarla o reñirle por su estado, simplemente se sentó con ella haciendo caso omiso a las peticiones de Shaina porque se marchara. Él le arrebató la botella y bebió a su lado haciéndole compañía.
Esa noche ella abrió la boca de más; se emocionó de más y lloró frente al Santo.
Con mucha indignación, dolor y frustración, ella misma se quitó la máscara que, desalineada, le estorbaba para removerse las lágrimas de la cara. Y luego le explicó a Milo de Escorpio que sabía bien, que sobre sus sentimientos no correspondidos adjuntos a su odio por no poder entenderlo y dejarle ir para ser feliz con quien realmente él quería, estaban matándola… cosa que la molestaba enormemente pues también sabía que su deber como amazona debía ser su prioridad.
Luego de un corto silencio, Shaina lo oyó tan claramente que olvidó durante todo ese tiempo que aún tenía alcohol en su sistema haciendo estragos en su vista.
»Es complicado si hablábamos de sentimientos. Y es por eso que como Santos se nos obliga a olvidarlos o ignorarlos —dijo él sin reírse una sola vez, de hecho su semblante fue bastante estoico. Como si supiese por qué exactamente ella había estado llorando—. Es importante fortalecer el cuerpo, el carácter así como el corazón. Entiendo si es más difícil para ustedes las amazonas, pues no importa si cubren sus rostros… siguen siendo mujeres. Y las mujeres son seres mucho más sensibles en donde los hombres no lo somos.
»Nosotros los hombres estamos malditos: somos sordos, mudos, ciegos y estúpidos durante la mayor parte de nuestras vidas. Pero ustedes… ustedes las mujeres ven y oyen con el mayor don que se le puede otorgar a un ser vivo, y eso es una bendición —la miró sin recato, más tarde fue por la máscara y caminando hacia ella delineó con sus dedos los bordes de los ojos—. Aunque para ustedes las amazonas, esa bendición suele ser más una broma cruel de los dioses, pues en este trabajo tener un corazón es peligroso, más si posees uno fácil de herir, de quebrar o de confundir. A final del día, un hombre o una mujer con el corazón destruido es sólo un cadáver que respira y camina. Por eso es importante cuidarlo mucho. Protegerlo incluso más que al mismo cuerpo.
Cuando recibió su máscara de vuelta, Shaina por primera vez lo vio sonriendo a su dirección. No irónicamente; no con burla ni superioridad a pesar de que ella estaba en el suelo y él de pie. Vio en el rostro de Milo de Escorpio a un verdadero caballero, el que quiso tener a su lado en estos momentos tan difíciles.
Vio incluso… quizás… a un posible amigo.
»Es posible que los dioses se apiaden de ti, de tus ruegos y de los de Athena. Por ahora, alégrate de sentir correr esas lágrimas por tus mejillas, amazona, pues eso significa que aún tienes un corazón muy sano, algo que hoy en día no es nada normal por estos lares y en este oficio. A tu salud —bebió una vez más de la botella que había estado descansado al lado de Shaina, dispuesto a llevársela con él—. Nos veremos después. No te rindas.
Debido a los efectos del alcohol y la resaca del día siguiente, Shaina había olvidado aquella conversación. Había ignorado que él era un Santo al igual que ella; que Milo había sufrido tanto o más que ella debido a su posición; qué posiblemente él también haya amado como ella en un pasado lejano y haya tenido que ignorar esos sentimientos… precisamente por su posición.
¿Él habría amado a alguien… como ella a Seiya?
Y lo más importante de todo. ¿Acaso sería posible que ambos pudiesen ser buenos padres o sólo estaban tomando todo esto a la ligera embargados por las emociones del momento? Y es que todo había sucedido tan rápido.
¿Cuándo habían tenido ellos alguna charla seria? ¿En qué momento comenzaron a familiarizarse con el otro? ¿Desde qué preciso momento a ambos se les había hecho tan fácil hacerse bromas o hablarse como si una enorme barrera entre la posición de él como Santo Dorado y la suya como Amazona de Plata no los estuviese dividiendo?
Al principio Shaina creyó que si le decía que ella no tendría problemas en embarazarse y dejarlo a él ser libre de toda responsabilidad, todo estaría bien. Qué él se iría o le pediría no involucrarlo con nada en específico. Después de todo, Milo como era reconocido por ser un buen amante, también lo era como un hombre que se protegía de no enamorarse o dejarse enredar con algún embarazo no deseado.
El que haya venido a su casa para decirle en su cara que si ella quería un bebé suyo iban a hacerlo bien… le decía a Shaina que había estado juzgándolo muy mal.
Detuvo las caricias a su vientre, encontrándose con un inusual miedo.
«Un bebé mío… y suyo». Ella siempre había tenido claras sus metas. Todas y cada una de ellas, Shaina de Ofiuco las había puesto en marcha y sin importar el costo las había logrado. Todas excepto una, una que ahora se hallaba lejos de ella en Japón.
Con sentimientos encontrados cerró los ojos, viendo con una claridad tan hermosa como atemorizante la ilusoria imagen de un pequeño niño corriendo hacia ella extendiendo sus bracitos. Pero ahora donde había imaginado el cabello castaño era verde, y donde antes había unos preciosos ojos marrones ahora visualizaba un enigmático azul cobalto.
Shaina se cubrió la cara con las manos y se dejó vencer por las opuestas emociones que la atacaban una tras otra sin darle un solo respiro.
Ella sabía qué significaba esto: estaba volviendo a dudar.
—CONTINUARÁ—
Jejeje,¿en serio a Milo se le nota demasiado el "Kardia" que lleva adentro, LucyKae? Jajaja, si así es, lo siento jajaja, lo que pasa es que escribía esto casi al mismo ritmo que mis otros fics de The Lost Canvas así que uno que otro detalle se me pudieron haber pasado. Pero como puedes ver, acá como que él retomó un poco de su seriedad. Cosa que me hace amarlo XD.
Bueno, acá tienen todos el capítulo prometido.
¿Podrán creer que de principio esta parte contaba con poco más de 2,000 palabras en su inicio? Aclarando...
Agregué una parte del pasado de Milo y Shaina en este capítulo y a partir de acá, verán más de ello... como podrán notar, no es mucho lo que se relata. En un principio deseé poner episodios enteros que narrasen sus momentos, pero luego deseché la idea ya que no quería causar demasiada confusión entre el pasado y el presente.
UFFF! Luego de días y días editanto el episodio, creo que ya está. Quizás lo edite por X motivo así que mejor me aguardo comentarios al respecto jaja.
Por cierto, si se preguntan por qué tardo en actualizar... pues últimamente he tenido algunos asuntos, entre que mis mascotas se enferman, hasta que yo también me enfermé y durante un tiempo estuve fuera de ritmo hasta hace pocos días donde literalmente se me dio por saludable nuevamente.
¡Gracias a todos por su apoyo! Hacen que desee quedarme eternamente en este fandom.
Pero por el momento, este episodio es todo de mi parte por hoy.
¡Saludos y gracias por acompañarme en una nueva historia!
¡No olviden comentar!
¡Lo aprecio con el corazón!
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Muchas gracias por sus comentarios a:
beauty-amazon, camilo navas, foxsqueen, dianix96, LucyKae y hainaCobra.
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Para leer mi saga dedicada a Saint Seiya (TLC): "Decretos Divinos", les invito a pasar a mi cuenta dedicada a ellos llamada "Sagas de Adilay".
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