V

Alimentando al Desastre


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Cualquiera que los viese, diría que estaban entrenando como cualquier Santo y Amazona del Santuario. ¿Y cómo no hacerlo? Intercambiaban golpes, si uno caía (que en general era ella) se levantaba y volvía al ataque, y cuando terminaron, ambos hicieron ademanes con sus cabezas para retirarse a ocuparse de otros asuntos.

Ella: de sus alumnas que llegaban desganadas apenas con los rayos del sol apareciendo por el horizonte.

Él: visualizando a un motivado Aldebarán, para seguir entrenando.

—Hoy te ves muy feliz, Milo. ¿Puedo saber por qué? —quiso saber el Santo de Tauro realmente interesado.

Y es que, desde que habían vuelto al Santuario y muchas cosas entre Santos Dorados habían tenido que ser arregladas para mantener el respeto y un cariño casi fraternal avivado, Milo de Escorpio solía pasearse por todos lados con una seriedad que empezaba a preocupar incluso a Camus de Acuario.

—Por nada en especial —respondió.

Incluso el tono se oía distinto. Más aliviado, más motivado, tal vez, incluso más decidido a vivir su nueva existencia con la frente en alto a diferencia de otros días pasados donde se le veía algo apagado y serio.

—Vamos, Aldebarán —invitó—. ¿Te apetece enfrentarme?

Alzando la cara, Aldebarán se rio con su tono fuerte pero amigable que agradaba a todos los vecinos de las Doce Casas.

—Espero que esa sonrisa te dure, Milo, porque vas a necesitarla.

Lo que Aldebarán de Tauro por cuestiones obvias no sabía, era que el motivo por el cual Milo llevaba esa sonrisa en la cara aun cuando el gran brasileño le dejó un moretón grande en su costado derecho luego de llevar su entrenamiento a algo más serio, era porque momentos antes Milo había hecho una apuesta contra Shaina.

»¿Qué harás si gano? —había preguntado Shaina ante la oferta de Milo por entrenar juntos.

»En un entrenamiento no hay ganadores, por algo se llaman "entrenamientos" —respondió él tratando de ser cordial con su bella compañera, la cual en el fondo llevaba su máscara lo que le ocasionaba cierta incomodidad ya que estaba demasiado acostumbrado a verla sin esa cosa puesta.

»Pues que sea un encuentro oficial, y ya.

»Si eso quieres…

»Pero si yo gano… me comprarás un collar de perlas.

»¿Un qué? —con la cara congelada, Milo soltó aire como si le hubiesen dado un puñetazo en el estómago.

»Un collar de perlas… ¿o quizás sea demasiado riesgo para ti?

»¿Y si yo gano? —entrecerró sus ojos sobre ella, comenzando a tomarse el desafío como algo personal en su contra. O más bien, contra su economía la cual si bien no era mala tampoco era millonaria como para apostar algo tan costoso.

»Tú dilo —confiada, Shaina alzó los hombros.

Milo lo pensó por un rato. ¿Un maldito collar de perlas? Tenía que insistir, no es como si el dinero le faltase… pero tampoco era como si le sobrase tanto como para ir por el mundo ofreciendo o apostando ese tipo de cosas. Más sin embargo una idea maquiavélicamente perversa se le cruzó por la cabeza; si así Shaina quería jugar…

Ya habían pasado un par de semanas desde la última vez que se vieron a las afueras del templo donde habían tenido su primer encuentro (y los que les siguieron no estuvieron nada mal) y él luego de su misión en Irlanda de donde llegó con un tic bajo el ojo derecho para dar su reporte a su Ilustrísima, necesitaba destensar su cuerpo.

El horrible hotel donde se había quedado había sido malísimo y además costoso hasta decir "pero qué mierdas" se había decidido en sacarlo de quicio con una recepcionista vieja y huraña que no escatimó en palabras para quejarse sobre Grecia en general… como si Milo hubiese comandado todas y cada una de las guerras del pasado que quizás la anciana había vivido dado a su decrépito estado y nula capacidad de escuchar cuando alguien sólo quería pagar una cantidad injusta de dinero e irse.

»Si yo gano… vas a hacerme sexo oral, esta noche.

No necesitó de nada para saber que Shaina se había sonrojado violentamente bajo la máscara. Todavía fue más notoria su vergüenza cuando se impuso, después de todo, ellos jamás habían probado algo así y Milo dudaba que Shaina alguna vez lo hubiese hecho con algún hombre antes. Y ese curioso como gracioso tono rosado en su cuello la delataba perfectamente.

»Si crees que un collar de perlas me costaría cinco minutos de trabajo ganarlo, créeme cuando te digo que no es así. Al igual que tú, yo voy a misiones donde puedo perder la vida: dioses molestos, trinidades, mafias… no es tan sencillo. —Dignamente se cruzó de brazos sin preguntarle por qué diablos quería algo así si jamás se le había visto portando ese tipo de objetos. Aun si la curiosidad le mataba—. Tómalo o déjalo.

Le había sorprendido mucho que Shaina aceptase, y le había sorprendido todavía más cuando aceptó su derrota luego de 10 caídas versus una de su parte, que Milo le concedió casi amablemente, porque sus rodillas habían tocado el piso y Shaina insistió en que era válido.

De cualquier forma él había ganado y esta noche iba a reclamar su premio. La citó en Escorpio esta noche, él iba a poner la excusa de que la llamaría para saber del rendimiento de las Amazonas dado a que su Ilustrísima estaba muy ocupado y no tenía todo el tiempo del mundo para ir mandando por nadie salvo por alguno de los guerreros más cercanos a él. Shaina dijo que era ridículo ya que eran anotaciones muy importantes que sólo su Ilustrísima debería ver a lo que Milo la mandó a callar diciendo que si Shion se molestaba por ello, él iba a recibir el regaño.

Estaba seguro que valdría la pena.

»Y no llegues tarde, por favor —le dio seriamente dándole la espalda, tratando de reprimir su enorme sonrisa.

Por eso a Milo, no le importó que Aldebarán le hiciera ese horrible moretón en su costado, porque supo de manera instintiva que Shaina iba a cumplir con su palabra al pie de la letra, o mejor dicho, al pie de su cama.

Había tantas cosas que Milo quería hacer con ella, y por fin, una de sus tantas fantasías más candentes (una que lo había torturado por un par de noches, había que mencionar) iba a hacerse realidad. E iba a disfrutarlo mucho.


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Al principio pasaron los días… luego las semanas… un mes, luego dos meses, y nadie dejaba de hablar acerca del presunto romance que podría haber entre la Amazona de Plata, Shaina de Ofiuco y el Santo de Oro, Milo de Escorpio.

—Yo no los he visto… juntos, quiero decir —declaraban algunos.

—Pues yo les he visto besándose en sitios no aptos para esas escenitas.

—Tengo la seguridad de que lo único que hacen es esconderse —mentían otros.

—Es lindo que hasta ellos puedan enamorarse —soñaban algunos más.

Pero nada de eso había ocurrido, quizás salvo lo primero.

Desde que se vio a Milo entrando en la casa de Shaina (por última vez) nada raro se había suscitado entre ambos. Los dos Santos habían retomado sus labores haciendo caso omiso a las habladurías; sin llegar a verse ni por error. Ambos parecían haber recuperado los hilos de sus vidas luego de esa abrupta separación.

Marin y Aioria habían seguido el caso de cerca sin dar indicios a los demás de ello; no porque les gustase entrometerse en las vidas de sus colegas, sino porque sentían en los tuétanos que algo no andaba bien con ellos aunque quisieran aparentar normalidad. Y cuando Camus una vez le preguntó a Aioria sobre algo que le hubiese podido ocurrir a su amigo, éste decidió hacerse el desentendido y negar cualquier cosa que sí supiese.

Según lo que el joven griego le contaba a su mujer, Milo no había mostrado anormalidad alguna, ni antes ni después de los chismes que corrían hacia él.

»Dice que los pueblerinos tienen su derecho a fantasear —informó Aioria.

Llevándose una gran llamada de atención por parte del Patriarca Shion por haber irrumpido en el recinto de las amazonas sin haberlo consultado antes con él, Milo había dado la sólida cuartada de que había ido a visitar a Shaina por un malentendido que lo molestó, no dio detalles puesto que admitió haberse tomado las cosas demasiado personales y que al final habían llegado a un acuerdo. Obvio, el Patriarca le castigó con hacerlo ponerse de rodillas frente a la estatua de la diosa Athena durante todo un soleado día y con las manos arriba sosteniendo 30 bloques enormes de ladrillo, pero a palabras de Milo, Shion había sido amable.

Por otro lado, todos conocían la actitud de Shaina, y considerando lo poco tolerante que era Milo con la indisciplina, entre Santos Dorados se habían creído que lo que decía su colega podría ser la verdad. Convencer a Death Mask de ello fue una salvación bastante acertada, porque desde que había vuelto a frecuentar las cantinas concurridas, esa coartada fue la verdad de casi todo el pueblo. Y como era de esperar, los rumores fueron parando con forme los meses iban corriendo y nada anormal se suscitaba.

A finales del segundo mes del incidente, eran muy pocos los que insistían con el tema.

Debido a que el Santo, Death Mask había llevado a vivir consigo a su prometida asgardiana, Helena, junto a sus cuatro hermanos menores, cuando se le veía a ella por el pueblo realizando las compras y/o paseando con sus hermanos, algunas mujeres o amazonas detenían a la pobre chica para preguntarle sobre el asunto.

»Pues… el señor Milo no ha hecho nada raro —respondía con timidez—. Como todos, él sale a entrenar y regresa, a veces le toca vigilar la seguridad del pueblo pero no sé qué más decirles, él es… muy dedicado a su trabajo.

La tierna voz de Helena pesaba mucho, pues como una mujer normal comprometida con un Santo Dorado bien podría ver algo raro que otros a su alrededor no pudiesen por los metros de distancia entre ellos y la Casa de Escorpio.

Lo que nadie sabía era que Helena ya había charlado antes con Marin sobre el asunto, lo que demostró ser un dolor de cabeza para la joven de Asgard, pues tuvo que ser una de las primeras en enterarse de algo que puso patas arriba los mundos de ambas mujeres.

Ese buen día, Marin y Helena salieron del Santuario, con el consentimiento de Aioria, durante todo un día, diciéndole a Death Mask que sería un viaje de amigas lo que en un principio no le gustó nada al voluble Caballero. Sin embargo usaron la persuasión de Helena, quien se disfrazó en un pueblo vecino y partió a la farmacia más cercana para comprar una prueba de embarazo.

No sólo fue el hecho de que Shaina en esos últimos días, estaba más pálida y cansada de lo habitual, lo que llamó la atención de la Amazona del Águila, sino también fueron sus arranques de ira insostenibles en los que por lo menos se llevaba entre los pies a una o dos pobres novatas que cometían el error de respirar en su dirección.

La última pobre tipa había tenido que ser hospitalizada y quién sabe si los doctores habían logrado hacer algo con esa nariz rota.

Otra cosa a tomar en cuenta fue el asco que Shaina le había agarrado a las carnes rojas crudas y el calor insufrible que decía tener todo el tiempo. Luego llegó la intolerancia al café y a la comida irritante, el vómito cada vez que detectaba olores fuertes aunque para los demás no lo fuesen, como por ejemplo un exquisito perfume que Helena solía usar y por consideración a la amazona había decidido aguardar.

Y también estaba su curioso estado de ánimo; muy cambiante.

En ningún momento Shaina se había desmayado ni vomitado sin razón, algo que les ayudó mucho a la hora de ocultar el (verdadero) estado preocupante de ella. El resto de las amazonas sabían por Marin, que la Amazona de Ofiuco había comido algo que le había hecho mucho daño y necesitaba medicamentos para estar mejor, por lo mientras la japonesa instruyó a las novatas para el alivio de estas pobres almas a punto de quebrarse como huevos bajo los puños imparables de su instructora.

Cuando Marin y Helena regresaron de aquel pueblo, peleando antes con Shaina para que ésta se efectuase la prueba como era debido y sin renegar, las tres mujeres tuvieron que aceptarlo apenas vieron los resultados de la dichosa prueba luego de esperar en silencio unos cuantos minutos.

Shaina no iba a recuperarse pronto.

De hecho todo pintaba perfecto para empeorar.

Para estar más seguras, luego de una rabieta talla mundial de Shaina por no confiar en esos inútiles aparatos modernos; ni en los evidentes resultados, Marin extrajo cuidadosamente un poco de la sangre de Shaina con una jeringa que consiguió en una farmacia en Rodorio (no levantó sospechas), y en esa ocasión fue ella misma quien llevó a velocidad record, adentro de una hielera, dicha muestra a los laboratorios médicos de otro pueblo vecino que ya contaba con sistemas más modernos.

Sin disfraz alguno y con su máscara puesta, Marin consideró que no tenía tiempo para estupideces. No le dio información al médico encargado del laboratorio, simplemente le extendió la hielera donde conservaba la sangre sin calentar por el sol y le ordenó analizarla inmediatamente.

Los resultados fueron absolutos.

Al llegar de vuelta al Santuario, Marin pateó la puerta de la casa Shaina para ingresar mientras leía lo que ponía en los estudios. Llegando hasta enfrente de la cama, apretó las hojas con fuerza mientras alzaba la vista hacia su amiga.

—Positivo —le espetó lanzándole los resultados a la cara a Shaina, la cual no tenía máscara; la suya propia se la quitó después con enfado—. Dime si todavía vas a seguir diciendo que no tienes nada. A estas alturas ya deberías estarte haciendo exámenes médicos —alzó la voz con severidad.

Helena, quien se había quedado sentada en la cama con Shaina en espera de los resultados, suspiró triste. Cuando Marín arrojó el folder y la hoja, ella se cubrió el rostro a pesar de que estos no la tocaron.

La joven asgardiana ya se había convencido de la realidad cuando, estando ellas dos solas, le pidió a la amazona que le hablase de sus síntomas… más tarde le pidió que se descubriese el estómago para verlo. Se había abultado un poco por la parte baja del vientre, era algo casi imperceptible. Si se observaba desde lo lejos era lógico que no se notase nada raro de inmediato, pero Helena bien conocía la diferencia entre subir unos kilos o comer algo en mal estado de un bebé en camino. Después de todo había visto el crecimiento de sus cuatro hermanos menores, tanto adentro como afuera del vientre de su madre.

Era curioso que siendo Aioria y Marin junto a ella misma y Death Mask las parejas oficiales del Santuario o no tanto… en el caso de los primeros, fuesen precisamente Milo y Shaina los que estaban esperando un bebé en camino.

A Helena se le partió el corazón cuando vio a Shaina tomar lentamente la hoja traída del laboratorio para verlo sin expresión alguna. Puede que no se viese a simple vista, pero adentro de los ojos verdes, la amazona parecía estarse volviendo loca. Más de lo que ya estaba.

Ese miedo que corría por el cuerpo de la pobre asgardiana no era ni la mitad de lo que invadía el pecho de Shaina, pues ella misma se había convencido de que no había nada de qué preocuparse, de que Milo y ella habían acabado con todo sin llegar a nada, realmente. Qué ingenua había sido.

Pero a menos de que Marin haya descubierto un sentido del humor bastante retorcido y hasta enfermo, o el médico haya sido lo suficientemente estúpido como para equivocarse al dar este tipo de resultados, Shaina debía aceptar su destino. Uno que ella misma se buscó con tanto ahínco y ahora no estaba tan segura de continuar.

Con una actitud demasiado dudosa, Shaina se lamió los labios intentando hablar, pero no pudo encontrar las palabras adecuadas. Ni en su idioma natal (el italiano) ni en griego que lograsen expresar lo que sentía. El miedo que estaba atormentándola. La indecisión que la rodeaba.

Dejó la hoja a un lado suyo en la cama y se aferró a las sábanas con ambas manos, inclinándose hacia atrás sin dejarse caer completamente al colchón.

Esto había sido lo que había deseado durante mucho tiempo… ¿entonces por qué se sentía con la suficiente miseria como para saltar desde un barranco?

»¿Querías tenerlo conmigo o con Seiya?

Shaina quiso llevarse las manos al estómago, pero no tuvo el valor. Se sintió indigna de hacerlo.

Dejando mostrar en su rostro lo incómoda y preocupada que estaba, Helena se fue a sentar a una silla frente a Shaina mientras que Marin dejaba su sitio en la puerta para sentarse junto a su compañera, no sin antes asegurarse de que no había curiosas cerca de la casa; asegurando la entrada, dejando su máscara en el colchón, y tomando de vuelta la hoja para no aplastarla.

Luego la sostuvo con fuerza, leyendo los resultados una vez más porque no terminaba de convencerse.

—No sé si darte mis felicitaciones —masculló con los ojos puestos sobre las letras impresas—, o un puñetazo.

Shaina ya había encontrado algo qué decir.

—¿Esa es tu reacción ante las buenas noticias?

—¿Buenas noticias? ¿Yo? —Marin la miró con reproche—, perdona pero no fui yo quien entró en un colapso nervioso de negación cuando vi la primera prueba.

—Pudo haberse equivocado —farfulló Shaina—, ya sabes que esos juguetes modernos no son confiables.

—¿Y qué dices de este? —sostuvo la hoja cerca de su cara.

Hubo un sepulcral silencio.

—Creo que no deberían pelear ahora —interrumpió Helena en un tono suave de cuidado—, no es bueno para el bebé.

¿Cómo demonios había sido posible que Death Mask haya logrado cautivar a una mujer tan bondadosa como Helena? Esa duda seguía siendo un misterio tal como: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina?

—Tienes razón —suspiró Marin—, ahora lo importante es llevarte con algún médico y ver cómo está…

—Espera —la interrumpió Shaina de forma brusca—, ¿qué? ¿Te refieres a visitar a un hospital?

—¿Acaso te volviste sorda? —espetó Marin con brusquedad.

—No iré a ningún hospital.

—No te estoy haciendo una pregunta ni te estoy pidiendo tu opinión. Lo importante ahora es concretar una cita con un médico y verificar que todo vaya bien.

—No es necesario.

—Claro que lo es —respondió severamente—. No sé si sepas leer; pero aquí pone que tienes dos meses de gestión, ¡dos malditos meses! —dejó la hoja a un lado de su máscara para ver a Shaina fijamente—. Los suficientes como para que lo mates en una de tus locuras.

—¿Cómo cuál?

—Como por ejemplo seguir entrenando del modo en el que lo haces —Marin se paró, tomándose la cabeza entre las manos—. No puedes seguir haciéndolo, sería peligroso y no sólo para él.

Apoyando a Marin, Helena asintió.

—Marin no se equivoca, señorita Shaina —masculló—, debo decir que me sorprende que siga vivo si es que no ha dejado de entrenar por muy mal que se sintiese.

—Un bebé a diferencia de ti, psicótica loca, no es de metal —insultó Marin saliendo por un momento de su seriedad común—. ¿No te das cuenta? Cualquier tontería que hagas puede ser mortal para él. ¿Así que podrías dejar de pensar en alguien que no seas tú misma por un maldito segundo y hacerme caso a lo que te digo?

Mirándola con un enfado previsto, Shaina dejó escapar aire en un intento de calmarse.

—Bien, concreta la estúpida cita —espetó desviando la mirada—. ¿Feliz?

—Lo haré yo —se ofreció Helena—. Después de todo, sería extraño que Marin siendo aún una amazona lo haga.

Marin lanzó un suspiro irritado.

—¿Ahora qué? —rezongó Shaina.

—Qué aquí hay otro problema —Marin miró secamente a su compañera—, si Helena pisa un hospital cerca de Rodorio y concreta una cita para revisar el proceso de un embarazo no duden en que podría prestarse para malos entendidos.

Las tres mujeres guardaron silencio por un corto tiempo, pensando en ello.

—Te refieres a que…

—Shaina, si Death Mask se entera de que Helena ha ido a un hospital, ¿tú crees que se quedará quieto? —cuestionó como si le hablase a un niño—, ese hombre desde que la conoció no la pierde de vista ni una sola vez.

Con un asentimiento de cabeza, su mirada y un gesto, Helena dio crédito a esas palabras.

—Y él no se destaca por ser un completo idiota todo el tiempo, sin ofender Helena —la asgardiana con una débil sonrisa hizo un ademán con la cabeza restando importancia—. Él no se quedará quieto y si piensa que el bebé es suyo, no atraeremos más que dilemas.

—¡¿Y qué sugieres entonces?! —explotó Shaina—. No podré salir de Rodorio cada vez que quiera.

—Ni tampoco podrá ocultar su estado durante más tiempo; el bebé crecerá y lo quiera o no, su vientre se agrandará con él —razonó Helena, muy pensativa—. ¿Y será acaso que no podemos usar la ayuda de una tercera persona?

—¿Quién? —masculló Marin, pensativa también.

—La única persona con la autoridad suficiente como para permitir que Shaina parta a un sitio lejos de Rodorio durante el suficiente tiempo… hasta que el bebé nazca.

Ambas amazonas se miraron a los ojos.

—Es una locura —musitó Shaina negando con la cabeza.

—Shaina está en lo correcto, es una locura pensar que su Ilustrísima de su…

—No hablaba del señor Shion —interrumpió Helena—. Hay alguien más con la suficiente autoridad y comprensión para permitirle a la señorita Shaina un… tiempo de descanso.

Captando la idea, Marin exhaló sorprendida.

—¿La señorita Athena?

Con una cara de preocupación, obviamente dirigido hacia Shaina, Helena asintió esperando con el corazón no estarse equivocando.

—Fue ella quien nos permitió a Death Mask, a mis hermanos y a mí quedarnos en la Casa de Cáncer, abogó por mí ante la Dama Hilda hace tiempo para que mi florería y casa fueran vendidas —dijo rememorando una época más tranquila que ella en su momento sintió ajetreada—. Creo que si le explicamos bien la situación podríamos conseguirle a la señorita Shaina el espacio y tiempo que necesita. Lo importante ahora es la seguridad del bebé.

La Amazona de Ofiuco meditó la propuesta. Se acarició el estómago justamente donde presentía que se hallaba el individuo que tanto anheló y ahora estaba con ella, causando caos en su vida. Por culpa suya, había que decir.

—Insisto, esto es una locura —suspiró Marin sentándose de vuelta en la cama.

—De hecho… aún quedan muchas cosas para que sea una locura completa.

—¿Más? —preguntó Marin con ironía.

—Sí —respondió mirando el suelo—. No es una mala idea, Helena.

Cuando los ojos verdes se alzaron, Marin y Shaina se sostuvieron las miradas.

—¿Y… quién llamará a Japón? —quiso saber Helena. Cuando ambas mujeres la vieron con esos gestos, la chica supo que había abierto la boca de más—. De acuerdo, lo haré yo. Más vale estar preparadas por si no es posible este favor —susurró sintiendo agobio y no era ella quien tenía cientos de problemas a cuestas.

—Por favor, Helena, trata de convencerla —pidió Marin.

—Lo haré.

Cuando las amazonas se volvieron a ver, Marin no pudo retener el reproche.

—¿Y qué? ¿Se lo dirás ya?

—¿Decirle qué a quién?

Sintiendo el estómago revuelto, Helena se encontró con la mirada de Marin quien al parecer necesitaba de su apoyo para no encestarle una cachetada a Shaina; siendo el golpe menos peligroso que podría darle.

—Él va a enterarse —dijo Helena en apoyo a Marin—. No va a poder ocultárselo para siempre.

—No lo quiero cerca de mí —espetó Shaina sin enloquecer porque Helena ya supiese lo ocurrido entre ella y Milo por boca de Marin—. Y tampoco quiero que se lo digan. Ninguna-de-ustedes —les espetó.

—¿Entonces qué? Será padre —enfatizó Marin en el mismo tono—. No importa si te gusta la idea o no, usaste a Milo de Escorpio para embarazarte. Ya estás embarazada —Marin entrecerró sus ojos con una mirada severa—. ¿Y no se lo dirás?

—No lo quiero jodiéndome.

—No empieces con esas estupideces… —gruñía la poderosa águila amenazando con lanzarse sobre la cobra y tragársela entera de un bocado.

—¡Basta! —exclamó Helena—, nada ganarán con pelear. Señorita Marin, basta ya.

Apretando los puños, Marin le pidió a Helena que la acompañara afuera, apretó un poco la puerta y poniéndose la máscara, le advirtió una última cosa a Shaina con toda la intención de tocarle una fibra sensible; si es que la tenía.

—Por tu bien, espero que sepas qué le vas a decir cuando lo veas otra vez.

Entonces salió y azotó la puerta dejando a Shaina en la oscuridad completa.

—CONTINUARÁ—


Seguimos con los recuerdos de Milo, principalmente, en el inicio de los capítulos.

Disculpen si los confundo.

Por otro lado, ¿cómo ven la situación actual?

Como algunos debieron habérselo imaginado o ya lo esperaban, Shaina ya está embarazada, ahora el problema es que en efecto, el padre es Milo... y él no lo sabe, y cuando Shaina se lo planteó no estaba muy de acuerdo con ello.

¿Qué pasará ahora? :O

¡Saludos y gracias por acompañarme en una nueva historia!

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¡Lo aprecio con el corazón!

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