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VI
Huracán Descontrolado
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—¿Me dejaste dormir aquí? —preguntó Shaina apenas abrió los ojos, descubriendo que estaba sobre la cama de Milo, y con él a su lado, sin verla a ella. Analizando el techo como si buscase algún defecto en él.
Ella estaba acostada de lado izquierdo viendo hacia el hombre, mientras que Milo permanecía de espalda contra el colchón con el brazo derecho como almohada.
El sol aun no alumbraba, afuera se oía la lluvia, y ambos a su modo habían estado cansados.
No. No habían tenido sexo; de hecho, era la primera vez que ella dormía en los aposentos de Milo de Escorpio y ambos estaban enteramente vestidos. A diferencia de que no poseían sus armaduras y Shaina no usaba la máscara.
Qué bueno sería si todo en sus vidas al tener que mirarse mutuamente fuese únicamente satisfacerse a sí mismos, ¿verdad? Pues no siempre sería así. Desde la tarde anterior, ella y él habían estado hasta revisando algunos documentos con información sobre nuevos reclutas, chicos y chicas, provenientes de otros países ubicados en las islas y centros de entrenamientos para ser caballeros o amazonas.
Bastarte tarde, Milo subió parpadeando lento, bostezando, por las casas que seguían hasta llegar con el Patriarca y dejar todo en orden en el estudio rodeado de libros, pergaminos, varios telescopios (algunos muy antiguos) entre otros tesoros más, ya que aún rejuvenecido, Shion también tenía su límite y como todo ser humano necesitaba dormir.
Al bajar de vuelta a su casa, Milo no pudo echar a Shaina quien se había quedado dormida sobre el escritorio.
—¿Querías que te hiciera dormir afuera con la lluvia que sigue cayendo desde anoche? —preguntó sin preocuparse en que Shaina viese su pecho desnudo apenas cubierto con la frazada.
Apartando los ojos de él, Shaina bufó.
—La lluvia no significa nada para mí —susurró negándose a aceptar que se sentía cómoda durmiendo ahí, de hecho, sus ojos amenazaban con volverse a cerrar dado a lo bien que se sentía.
—De eso no me cabe duda, eres una amazona; criada para no ser débil.
A ella le pareció extraño que él no quisiera tener ganas de hablar, se veía serio y concentrado en otros asuntos, sin dejar de mirar el techo, que no tenían nada que ver con ella. Por alguna razón, eso le fastidio un poco.
—Aun así —suspiró Shaina con falsa arrogancia; reacomodándose—, no tiene caso que salga ahora.
—Duerme más si quieres —luego de decir esa frase de un modo tan seco, Milo se levantó pasándose una mano por el cabello.
—¿A dónde vas?
—No muy lejos —respondió saliendo del cuarto sin verla ni una sola vez. Con sólo unos pantalones puestos.
Al escuchar la puerta cerrándose y dejar de ver su fornida espalda cubierta por su cabello azul, Shaina tuvo el impulso de levantarse de la cama para seguirlo y sacarle de un modo u otro la verdad… pero tuvo miedo.
Así es… por primera vez, la gran amazona tuvo miedo de enfrentarlo.
Tuvo miedo. Miedo de hacerlo hablar de algo profundo… miedo de sentir más empatía con él desde que Milo le habló un poco sobre su propia niñez aunque sólo se enfocase en su entrenamiento como Santo.
Miedo a sentir más por él de lo que le estaba permitido.
Aun así, Shaina lo esperó acostándose de lado opuesto sobre la cama. Ignoró el chillido de la puerta a los pocos minutos y se tragó el alivio que experimentó cuando Milo volvió a la cama, se acomodó debajo de las frazadas y luego de dudar por unos instantes, se atrevió a abrazarla por la espalda, posiblemente creyendo que ella dormía.
Shaina no se percató de que había sonreído levemente al sentir su calor acompañándola. Protegiéndola. Acunándola hasta que su cerebro volvió a desconectarse del mundo para enfocarse en él. En su aroma, en su cuerpo, en los latidos de su corazón… y en la forma en la que a él parecía gustarle pasar los dedos por encima de su cadera sin llegar a lo indebido.
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Contra todo pronóstico, Helena lo había logrado, la diosa Athena estaba al tanto de la situación, y haciendo gala de su inmensa bondad, habló con Shion para que se hiciera el viaje de Shaina a Japón sin demoras.
La idea de que Marin de Águila y Shaina de Ofiuco hayan sido llamadas inesperadamente por Athena para encontrarse con ella en el país sorprendió a todos sus allegados. Tanto a las amazonas novatas, que quedaron a cargo de la joven (y antes retirada) June de Camaleón, como varios de los Santos Dorados como Aioria, Aioros, Afrodita, Mū y por supuesto, Milo también.
Aioria fue notificado del verdadero motivo por el cual se marchaban, Marin se lo explicó de pies a cabeza todo el embrollo que claramente no los involucraba a ellos. Aun así al pobre hombre griego por poco le explotó la cabeza cuando se enteró del estado de Shaina, y quién era el tercer involucrado.
»¿Tú estarás bien? —le preguntó antes de dejarla partir.
Sería un largo tiempo sin verse.
»Te llamaré seguido —prometió Marin—, quizás puedas venir a visitarnos si su Ilustrísima y Athena dan su consentimiento.
»Ya veremos… y a todo esto, ¿es un hecho? ¿Piensan dejar a Milo fuera de esto?
Marin dejó clara su negatoria al respecto, pero Shaina se había puesto en un plan tan arrogante que prefirió dejar el tema por el bienestar del niño. Alterarla ahora podría ocasionarle dilemas o peor, un aborto involuntario. Aioria no se sintió mejor con ello, pues él conocía a Milo de toda una vida y sabía lo mucho que le afectaría si se llegaba a enterar de que su primogénito había sido concebido lejos de sus ojos y de su protección.
Al contrario de lo que muchos pensaban, Milo no era un imbécil ni mucho menos un hombre desobligado. Él era orgulloso, pero también poseía un instinto protector (incluso con sus propios compañeros) tan grande que le destruiría el alma si llegaba a saber sobre este desquiciado plan. Sólo había que ver el modo en el que se había entrometido en la batalla de Camus y su alumno para saber hasta qué extremos estaba dispuesto a llegar para evitarles el dolor a sus allegados.
»Será mejor que la hagas cambiar de opinión antes de que Milo se entere —sugirió Aioria preocupado—. No quiero imaginar lo que pasará si Shaina no acepta que él sepa lo que ocurre.
Abrazándolo fuertemente, Marin le habló de su preocupación al respecto. Ambos no supieron verse en esa situación tan horrible, siendo que se amaban entre ellos aún más que a sí mismos, no podían siquiera imaginar a Marin engendrando a un hijo lejos de Aioria y sin éste haberse enterado de ello al menos.
Lo que para su desgracia ignoraron, fue a un molesto pero sereno Santo de Acuario que no tardó en salir de las sombras.
»Milo se enterará y se enfadará cuando lo haga —dijo haciendo eco en la Casa de Leo, la pareja se separó viéndolo con sorpresa—. Entiendo que no sea asunto suyo y por eso crean que deben mantenerse al margen, pero sólo quiero recordarte Aioria, que Milo a veces, suele ser un tanto… impulsivo —los miró duramente—. No se preocupen por el bebé, dudo que dirija su furia hacia él, más bien preocúpense por Shaina, quien es la que le está ocultando esta valiosa información, y ustedes junto con ella.
Antes de que alguno de ellos pudiese responder, Camus volvió al ataque.
»Independientemente de lo que ella quiera, Milo es el padre del bebé que ella espera; él algún día lo sabrá, no por mí aún, y cuando lo haga no duden ni por un segundo que buscará a ese niño y a Shaina hasta por debajo de las rocas. ¿Sus intenciones? No podría preverlo. Pero sólo pónganse en el lugar de él por un momento y dejen volar su imaginación —empezó a caminar en línea recta con dirección a Virgo—. Ya es padre y ni siquiera lo sabe.
Con la promesa de Camus de que le daría poco tiempo a Marin para que convenciese a Shaina de poner al tanto a Milo de su condición antes de que decidiese hacerlo él mismo, la amazona se despidió de su amado y se marchó junto a Shaina al aeropuerto más cercano con dirección a Japón.
¿Había que mencionar que cada minuto fue una tortura para la mujer embarazada y (todavía más) su acompañante?
En Shaina los mareos aumentaron, tuvo que intentar relajarse viendo la película que estaba en la pantalla y se irritó al ver que estaba hablada en inglés, idioma que no dominaba, más tarde discutió con una de las azafatas por pisarle un pie por error y luego juró venganza por eso.
Marin pasaría de tener un pequeño dolor de cabeza a una potente migraña. Y eso fue en 2 horas de vuelo, faltaban muchos más para llegar a su destino.
Por suerte Shaina encontró una postura adecuada para su asiento y dormir un poco, luego de 20 minutos acomodándolo a su gusto, enfadando a más de un pasajero con sus gruñidos y quejas en voz alta por el espantoso sitio al que prometió no volver jamás, la amazona del Águila suspiró con alivio al verificar que su amiga se había quedado dormida.
Pero cuando apenas Marin lograba cerrar sus ojos y dejarse llevar por el sueño en medio de las pulsaciones que sentía penetrando su cráneo, su compañera se sentó rápido y arrancó de las manos de Marin la bolsa de mareos para desahogar su estómago con ella.
Marin se llevó las manos a la cara viendo a Shaina llevándose la bolsa al baño, encerrándose ahí por varios minutos que ella aprovechó para pedirle a una azafata un poco de agua fría para tomar con calma una pastilla contra el dolor de cabeza que no creía usar tan pronto.
Por suerte Shaina regresó después de que la azafata (a la que le juró arrancarle la cabeza si volvía a verla) le hubiese traído el agua. Se veía pálida y aún faltaban aproximadamente otras 2 horas de vuelo.
Fue una pesadilla para Marin cuando tuvo que entrar al baño con ella para ayudarla con su sesión de vomito. Cosa asombrosa porque la pobre Shaina no había comido nada desde que partieron al aeropuerto.
Con una cara pálida y cansada, Marin le sostuvo el cabello, mientras Shaina desahogaba el estómago en el apestoso retrete; se lavó la boca 9 veces cuanto mucho, antes de lograr llegar al destino.
—Dioses… hacer esto fue una mala idea —suspiró Marin con ojeras.
Ambas llevaban equipaje propio así que mientras Shaina volvía a vomitar en el baño del aeropuerto, Marin se encargó de recoger las maletas que ella cargaría.
Las mujeres caminaron por el pasillo que guiaba a la salida, donde Saori dijo que les esperaría su mayordomo llamado Tatsumi, no fue difícil hallarlo debido a su complexión y ese gran letrero hecho con cartulina verde fosforescente con sus nombres mal escritos en griego.
—Marin —suspiró Shaina luciendo bastante enferma—, quiero ir al hospital.
—También yo —masculló sabiendo que su amiga hablaba en serio. Menos mal que no tendrían que ir en taxi.
…
Desde que Helena de Asgard y Afrodita de Piscis hablaban como amigos en la Casa de Cáncer cuando Death Mask salía a alguna misión y le encargaba cuidar de su mujer, con la clara advertencia de que si le tocaba un solo cabello de manera indebida; iba a desollarlo vivo, el proclamado "Santo más hermoso", había aprendido a tomarle cariño a los débiles. Sí, porque incluso a los hermanitos de la joven les había agarrado un poco de estima.
Agradecía que Helena fuese una florista pues el tema de raras veces les aburría. Sin embargo no hace mucho ella, por error, se había sincerado con el tema que la había estado poniendo inquieta y nerviosa: el embarazo de Shaina de Ofiuco.
Alterada, Helena le había pedido discreción, cosa que Afrodita no tuvo problemas en prometer dado a que el asunto no le incumbía. Pero eso no quitaba que le hubiese dejado sorprendido por tal revelación.
»Entonces esos dos sí estaban relacionados —dijo en un tono burlón. Helena asintió sintiéndose culpable por haber soltado la lengua.
»Por favor, no se lo diga a nadie. Les prometí a las señoritas Marin y Shaina que no diría nada pero todavía no sé nada de ellas y estoy muy preocupada.
Afrodita calmó a Helena diciéndole que el secreto estaría a salvo con él, pero al igual que Camus, no consideraba justo que Shaina quisiera ocultarle algo como esto a Milo. Él y el Santo de Escorpio no tenían un lazo amistoso estrecho pero tampoco le deseaba un problema como aquel.
El día en cuestión pintaba para ser agradable. Con un clima templado y sus deberes atendidos, Afrodita de Piscis decidió hacerle una visita amistosa a su cuñada en Cáncer, pero pronto detuvo sus pasos cuando se encontró con una curiosa sorpresa en la Casa de Acuario.
El apuesto hombre sabía de lo unidos que eran Camus y Milo, desde niños se trataron más como hermanos que como colegas y por eso le sorprendió verlos gritarse el uno al otro con tanta euforia.
—¡Dime dónde está! —exclamó Milo a su impacientado compañero.
—¡Ya te dije que no soy su niñera! ¡Si tanto te cuesta preguntárselo a su Ilustrísima es tu problema!
—No… no quieras engañarme, ¡Camus! —se alteró más—. ¡Algo sabes! ¡Habla!
—¡Se más específico! —le espetó—. ¡¿Qué es lo que crees que sé?!
—¡No quieras mentirme! ¡Algo ocultas con respecto a ella!
—No me interesa lo que pienses —gruñó molesto—. Y por última vez, ¡no te oculto nada!
Tanto Afrodita como Milo pudieron detectar algo de mentira en esa última aclaración por lo que éste último se enojó el doble. El ambiente decayó todavía más debido a la baja temperatura que ya se percibía, lo que Afrodita consideró algo peligroso pues cuando Camus encendía su cosmos hasta el punto de enfriar todo a su alrededor sin darse cuenta quería decir que ya estaba al límite de su enorme paciencia.
—Ejem —se aclaró la garganta en el lapsus de tiempo que ambos tomaron para verse a los ojos.
Ambos lo vieron con las claras intenciones de arrancarle la cabeza. Afrodita casi se sintió intimidado.
—¿Piensan hacer la batalla de los cien días ahora o ya planean hablarse como la gente civilizada?
—Esto no te concierne. Piérdete, Afrodita —masculló Milo lo suficientemente enojado como para darle cuerda a la curiosidad del Santo de Piscis.
—No me malinterpretes —dijo con la elegancia que lo caracterizaba—. No planeo detenerlos, yo sólo pasaba por aquí intentando llegar hasta la Casa de Cáncer cuando presencie una obra teatral de mal gusto —sonrió burlón—, ¿qué es lo que tanto pelean? Ustedes usualmente no tienen tantas diferencias.
—Busca a alguien que no puede importarme menos —dijo Camus apartándose de Milo.
—Lo curioso es que Aioria me dijo algo parecido a pesar de que su prometida también está fuera con ella.
—¿Hablas de las amazonas que fueron llamadas por Athena? ¿O por una de ellas en especial? —quiso saber Afrodita, viendo que había metido la pata al darse cuenta de la mirada que Camus le mandó—. ¿Dije algo que no debía?
—¿Sabes algo al respecto?
Cansado de tener que aguantar este drama, Afrodita levantó los hombros.
—Escucha, Milo, te lo diré por tu bien. Aprende a respirar por la nariz y no expulsar fuego por la boca.
—¿Y eso qué carajos significa?
—Qué tener algo de contacto femenino no-sexual también tiene sus ventajas. Pues las cosas tienden a ser un poco más claras cuando no piensas con el pito —respondió sin tapujos—. El primer paso es ser honesto contigo mismo y admitir que lo que realmente te atormenta es no encontrar a esa mujer porque… por lo que puedo ver… fuiste lo suficientemente estúpido como para enamorarte de ella.
Siendo endemoniadamente observador, Camus alzó una ceja notando que Milo se había contraído en su sitio.
—Yo no me enamoré…
Afrodita le lanzó una mirada acusadora y sonriente, casi paternal. Le creería esa burrada de no haberse enamorado, de no ser porque él mismo había prestado atención a lo que le había dicho Helena respecto al tema, más las actitudes inquietas de Milo desde la partida de las amazonas, para luego sacar sus propias conclusiones.
—No lo hice —suspiró Milo, viendo el suelo.
—Lo hiciste —acertó el de Piscis—. No hay nada de malo en ello, sentir amor por alguien no es un crimen serio, sólo una gran estupidez.
Camus pasaba su mirada de uno al otro, no supo cómo, pero al parecer Afrodita estaba abordando un tema prohibido sin haber pisado mal ni una sola vez el terreno. Tuvo que darle crédito por eso.
—¿Tú sabes dónde está?
—¿Lo ves? Ya hablas como una persona normal y no como un perro buscando un hueso.
—¿Dónde? —bramó.
—Alto, respira. No vuelvas a la histeria —le pidió—. Buscas las respuestas sin siquiera saber por dónde empezar a buscar.
—No estoy de humor para tus estupideces filosóficas, si quisiera una clase de esas iría con Shaka —gruñó.
—Te estoy hablando y no oyes —espetó severo—. Cierra la boca y aprende a escuchar. ¿Qué te dice ese corazón, Milo? —quiso saber Afrodita—, ¿qué busques dónde y por qué? ¿Por qué quieres encontrarla? ¿Para decirle qué? ¿Para hacerle qué? Piensa bien antes de moverte a una dirección equivocada o podrías lamentarlo. Toma el consejo de alguien que ya ha visto ese oscuro terreno de sentirte tan estúpido que no puedes cargar ni con tu propia vergüenza.
Empezando a caminar, Afrodita dijo una última cosa antes de descender a Capricornio.
—El gritar solo demuestra lo asustado que estás, lo perdido que realmente te sientes por no saber qué hacer. Pero tienes una ventaja a tu favor y es que mientras ella viva podrás encontrarla, sólo es cuestión de tiempo y paciencia. Sobre todo paciencia —echó una última mirada a Camus diciendo en francés—: No lograran ocultarlo por mucho tiempo más.
Una verdadera pena que ese idioma no fuese entendible a los oídos de Milo, quien miró a su mejor amigo una vez más antes de irse a sentar a los escalones del templo, viendo la espalda de Afrodita.
Cuando Milo supo que Shaina y Marin habían partido a Japón no pudo evitar preocuparse, a los 2 meses de su separación se había hecho a la idea de que la amazona no le buscaría porque eventualmente no le servía para su propósito.
Durante los últimos días se dijo que no había valido la pena sentirse tan abatido, pero lo estuvo… y lo estaba ahora. Así que para aliviar su ira, soledad y tristeza, Milo enfocó su atención en los entrenamientos. Duramente, todos los días hasta quedar tan agotado que a su cerebro no le quedaría otra opción que evitar joderlo con los recuerdos del cuerpo de Shaina entre sus brazos. De lo bien que se sentía al oírla quejándose por alguna razón. Y de lo mucho que extrañaba abrazarla por las noches.
La añoraba, no podía negarlo más. Aún se despertaba abrazando una almohada como lo haría con ella.
Afrodita tenía razón.
El sujeto, que Milo pensó que no veía más que un espejo sin duda lo dejó mudo con sus palabras, como si lo conociese de toda la vida. Acertó cuando dijo que Milo se había enamorado, algo que ni siquiera el propio Santo se había admitido a sí mismo.
El primer paso es aceptar el problema. ¿Pero de verdad amarla era un problema? Bueno, considerando que estuvo a punto de sacarle la verdad a golpes a Aioria y luego fue (apartando groseramente a todos los que se le pusieran enfrente) con Camus a intentar lo mismo, quizás sí había un problema del qué preocuparse.
La conciencia le jugó sucio haciéndole recordar que Seiya estaba en Japón, en un estado deplorable, pero seguía respirando. Y aunque no le desease ningún mal al jovencito al que ya le había tomado aprecio, no pudo evitar que los celos lo consumiesen vivo.
Había tratado de llamar a la señorita Athena por medio de su Ilustrísima, bajo la excusa de estar aburrido y tener curiosidad por su llamado, pero como si algo le ocultasen, Athena sólo mandó a decirle que todo estaba bien y había llamado a las amazonas para hacerle algo de compañía.
¿Era en serio?
Si Afrodita pensaba que Milo no escuchaba a su corazón podría irse al diablo; éste le gritaba todos y cada uno de los días, desde que salió de la casa de Shaina hace meses, con el único fin de ponerlo de rodillas si era necesario. En definitiva el corazón de Milo se había quedado seco de dignidad, algo que ponía de mal humor al ego del hombre griego.
Una parte suya le decía que no se preocupase, que Marin estaba con ella, luego recordó lo fácil que sería incluso para él someter a ambas sin mucho esfuerzo y volvió a sentir el pánico embargándolo.
Le preguntó a Aioria si no estaba preocupado por Marin a lo que el joven le respondió que sí, pero tendría fe en que regresaría a salvo pues confiaba en sus habilidades como guerrera. Milo deseó tener esa misma confianza en Shaina. Pero algo no lo dejaba en paz, un presentimiento que lo orillaba a gritarle a su amigo Camus con tal de obtener respuestas que sabía (muy en el fondo de su lado racional), su amigo francés no tenía.
—Milo —suspiró Camus a su lado—, tienes que calmarte.
Lo sabía, maldita sea eso lo sabía bien.
—No puedo —masculló intentándolo—, ¿acaso nunca has sentido algo como esto? Una desesperación tan grande que deseas arrancarles los intestinos a todo el mundo para que sean igual de miserables que tú.
—¿Así es como te sientes? —Milo asintió—. En ese caso… te lo diré.
—¿El qué?
La mirada abatida de Milo le hizo replantear a Camus su decisión, pero ya habían pasado semanas desde que Marin se fue con la promesa de hacer entrar en razón a Shaina y no había dado señales de vida. Si no quería que su amigo se volviese completamente loco por la angustia que traía en el pecho, buscando a la amazona con la desesperación que decía sentir, le pondría al tanto de lo ocurrido aún si eso significaba abrir una Caja de Pandora.
Aun si eso significase empeorarlo todo.
Pero odiaba ocultarle la verdad a Milo. Más viéndolo tan angustiado como estaba ahora.
—¿Camus?
—Estoy pensando —masculló analítico—, pienso en cómo decírtelo sin hacer que pierdas la poca cordura que te queda.
—Por ahora estoy cansado de gritar y correr por todos lados como un alma en pena —inhaló profundo—. Quisiera decirte que estoy preparado para lo que sea que tengas que decirme… pero te diría una mentira.
—Entiendo —se tomó unos cortos minutos antes de soltarlo—. Shaina se fue a Japón con Marin para ser atendida médicamente allá.
Como era previsible, Milo se asustó.
—¿Está enferma?
—Quisiera decirte que sí y que morirá pronto —la mirada de Camus se tornó triste—, pero te diría una mentira.
—¿Entonces? —lo que dijo Camus no tuvo sentido para el Santo de Escorpio.
—Ella está embarazada —dijo esperando una reacción violenta o sorpresiva, pero sólo recibió un preocupante silencio.
Al verlo, Camus vio la misma cara de hace un momento, nada había cambiado en las facciones de Milo. No supo si eso era algo bueno o algo completamente opuesto.
—Es mío —susurró él.
—Sí.
—Y ella no me lo dijo porque… en el fondo… es aún más cruel que el mismo Hades.
—Eso no lo sé.
Camus era un nombre fuerte, íntegro y más que todo analítico; él peleaba más con la mente que con el corazón y aun así lo sintió arder por la forma en la que Milo estaba tomando las cosas. Se sintió parcialmente culpable por guardar ese secreto durante muchos días.
—¿Y todo está bien? Como dijo Athena… ¿ellos están bien? —susurró Milo, completamente ido.
—No lo sé —fue sincero—, lo que sí sé es que planean quedarse allá hasta que…
No tuvo el coraje necesario para decirle que Shaina planeaba evitar que Milo viese a su hijo cuando éste naciese. No estaba entre los planes de Camus ser padre algún día, pero no podía siquiera ponerse en el lugar de Milo sin sentir que el mundo había dejado de girar.
Al parecer era más sensible de lo que creía.
—Cómo desearía estrangular a esa bruja —bisbiseó Milo al cabo de un rato—, pero creo que Afrodita tenía razón. —Se levantó despacio y miró a su amigo una última vez con ese semblante perdido y vacío—. Gracias por decírmelo.
Camus no respondió, tampoco lo detuvo cuando lo vio bajar a la Casa de Capricornio, más bien se levantó también para ir en ascenso al Santuario pisando con fuerza el suelo. El Patriarca sabía lo ocurrido y aunque tampoco estaba de acuerdo en ocultarle la verdad a Milo por temor a su reacción, era imprescindible darle algo de alivio ahora que ya sabía lo que ocurría.
Hubiera preferido que Milo se pusiese a gritar en vez de darle las gracias con ese tono tan cansado.
Camus temía por él porque ante todo, ellos dos eran hermanos.
—CONTINUARÁ—
Primero que nada, lamento si los confundo con los cambios de tiempos jeje. Disculpen pero una división luego de la escena narrada es lo máximo a lo que mi creatividad puede dar en estos momentos jaja.
Por otro lado, ¿alguien se esperaba esta reacción de Milo? Francamente yo todavía no me creo que se quede quieto, pero bueno. Ya descubriremos sus siguientes movimientos en el siguiente capítulo.
Entiendo si lo del embarazo fue repentino, pero no quería hacer tanto drama con respecto a los síntomas y a las sospechas y etcétera, y sin embargo... ¿qué puedo decir? Jejeje, en mi defensa, esto como Milagrosa Piedad empezó como un one-shot que terminó por rebasar las 40,000 palabras jajaja. Así que de nuevo, disculpen si sienten todo muy apresurado.
¿Y qué tal Afrodita? Yo lo amé. Siento que puede ser un tipo arrogante y hasta cierto punto un dolor de cabeza, pero considero que es un buen sujeto. ¿O ustedes qué piensan?
¡Saludos y gracias por acompañarme en esta historia!
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¡Lo aprecio con el corazón!
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