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VIII
Nacido de la Compasión
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—Nada mal —Milo de Escorpio se sacudió la tierra de su pantalón luego de haberse levantado.
El ataque de Shaina esta vez había dado en el blanco y luego de mucho entrenar, ella estaba alcanzando nuevos niveles en su poder. Muy pronto, dejaría de ser solo una amazona de plata.
—¿Acaso te burlas? —Shaina se cruzó de brazos, sacándose la máscara.
Milo no sabía por qué ella siempre tomaba sus halagos como burlas disfrazadas. No estaban en el campo de entrenamiento que todos (y sobre todo los novatos) usaban, sino que estaban en un páramo rocoso algo cerca del mar. Escuchando las olas golpeando contra las rocas luego de mecerse de un lado a otro a merced del viento.
—Nada de eso —dijo él acercándose, quitándose un hilo de sangre que salió de una cortada sobre su labio—, realmente estoy orgulloso de tus avances.
—Por supuesto que he avanzado —Shaina inhaló profundo, sacudiendo su cabello—. No he vivo para relajarme ni un solo día. Como debe ser.
—Pues deberías relajarte un poco —le aconsejó Milo con sus mejores intenciones—, recuerda que algunas enfermedades vienen también del trabajo en exceso. Todo extremo es malo —le avisó porque en serio no quería que ella se hiciese algún daño—, da igual qué trabajo sea.
—Cállate —espetó ella al cabo de un rato—. Eso ya lo sé.
—Por supuesto —él sonrió burlón, rascando su cabeza, disponiéndose a volver al Santuario.
—¿Y…?
—¿Y qué? —Milo no disminuyó su paso pero daba igual ya que Shaina logró alanzarle.
—Sabes qué día es hoy —gruñó por lo bajo. Shaina supo que el sonrojo en sus mejillas ahora se debía a la conciencia de que Milo iba a hacerla "decir" qué día era hoy.
—No sé… ¿miércoles?
—Milo —lo reprendió, amenazando con arrancarle cierta parte de su anatomía masculina con sus largas uñas moradas.
—Oh vamos —la miró con coquetería—, dilo para mí.
Shaina sintió que un tic sobre su pómulo izquierdo. El rojo de ambas mejillas se incrementó.
—¡Arg! ¡Olvídalo! —Shaina caminó más rápido, tratando de alejarse de él, pero demasiado pronto Milo con su velocidad superior la alcanzó, abrazándola de la cintura.
Ambos se quedaron dónde estaban. Shaina puso sus manos sobre las de él, que se enlazaban sobre su vientre y aunque hizo el ademán de querer soltarse. Su fuerza era tanta como la de un bebé recién nacido.
Lo que a ella más la alarmó, fue que supo que Milo no iba a obligarla a quedarse con él. Qué si ella realmente quería irse, él no iba hacer nada para disuadirla. Lo que a Shaina más le preocupó fue que ella tampoco quería que Milo la soltase.
No quería que él la dejase ir… ni hoy, ni nunca.
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Con una mirada cristalina que traspiraba lo pensativa que estaba, Shaina acarició su abultado vientre de 4 meses mientras miraba al frente en dirección a los jardines de la mansión Kido; los árboles y los arbustos adornados con bellísimas flores de diversos colores. Sobre ella, la sombra de una sombrilla hacía perfecto el clima, y aunque el viento soplaba, éste no venía con frío sino con frescura.
Shaina inhaló profundo, ya era tiempo de madurar y dar el paso decisivo. Ella, también, sería la primera en decir lo difícil que fue para Marin hacer un hueco en su cabeza e introducirle la razón, la lucidez que necesitaba para poner sus ideas en orden y comenzar a planear lo que haría y posiblemente, lo que pasaría con las vidas de… ella y su hijo.
Luego de varias noches en vela por la incomodidad física entre algunos sentimientos encontrados que vinieron de uno en uno para empeorar su estado de ánimo por momentos, más los cambios de temperatura corporal (qué no sabía que tan molestos podían ser o por lo menos que existiesen), las sesiones de vómito y hambre a altas horas de la noche… después de todo eso, Shaina por fin estaba empezando a escuchar razones.
Lograr sobrellevar diversas fases de su embarazo lo mejor posible con compañía sin duda había sido un regalo divino. Y hablando de eso, la mismísima diosa Athena constantemente le ayudaba a calmar sus nervios con sus charlas comprensivas y sonrisas afables. Ella al igual que Marin, le aconsejaba, le ayudaba también a verle lo bueno a su condición y aferrarse a ello.
Lo mejor de su embarazo, si lo pensaba con detenimiento, era la sensación de sentir cómo la vida en su interior crecía y crecía sin complicaciones. Escuchar al doctor decir "todo va perfectamente" era un profundo alivio.
Luego estaban los cómodos vestidos de faldas largas y las prendas sueltas que contrarrestaban radicalmente con su anterior atuendo de combate. Los zapatos sin tacones eran una bendición para sus hinchados pies. También tenía que admitir que le había agarrado un insano cariño a los postres, en especial a los pastelillos con fresas y mucha crema sobre ellos, y las gelatinas de agua, especialmente las de sabor naranja y durazno.
Sólo los dioses sabrían cómo es que Shaina todavía no había engordado los 200 kilos que se merecía o tenido complicaciones con tal alimentación, algo que ya se tenía en la mira pues Marin, notando el consumo anormal en pastelillos, se había encargado de que en la mansión no hubiesen tantos postres altos en azúcar que Shaina pudiese llevarse a la boca. Por otro lado, había personas cuidando que ella no escapase por su cuenta para ir a comprar nada. Órdenes de Athena.
Aun con su menú controlado, Shaina sonrió sabiendo que hasta el momento todo estaba yendo bien. Al menos físicamente, porque mentalmente, todavía tenía ciertas dudas.
En la Mansión Kido, gracias a Marin, Shun-Rei (la prometida de Shiryū de Dragón) y Seika en compañía de Athena, el "ambiente femenino" era completamente palpable y ameno, lo suficiente como para que Shaina se recordase a sí misma que también era una mujer además de guerrera.
A su modo, todas ellas habían estado ansiosas por el nacimiento. Incluso, a petición de la diosa, todas las mujeres hicieron una pequeña celebración entre ellas donde se divirtieron mucho poniéndole pañales a bebés de plástico, haciéndose preguntas indiscretas, dándole regalos a Shaina para el futuro (chupones, ropita, juguetes, biberones) y jugar a alimentarse entre ellas con papilla con los ojos vendados, entre otro tipo de actividades.
Había que mencionar que tanto los Santos de Bronce, como Kanon de Géminis y Dohko de Libra, se sorprendieron enormemente al ver a la amazona encinta, viviendo con Saori y el resto en la mansión. Era claro que algún día lo sabrían mas no preguntaron al respecto. Por órdenes de Saori, ambos Santos Dorados también tenían que cuidarla a ella, a pesar de que Shaina se negó profundamente a ser protegida no pudo evitar demostrar respeto hacia el Santo de Libra y un poco de tolerancia hacia el gemelo de Saga.
Y hablando del diablo…
—¿Estás bien? —le preguntó paternalmente Dohko de Libra.
Menos mal era él y no Kanon, con quien Shaina no tenía una buena comunicación. No es que se odiasen, pero el tipo era demasiado serio para el bien de ambos así que Shaina trataba de evitar estar a solas con él.
—Claro —respondió correspondiendo a su amabilidad—, aunque a veces me cuesta respirar… sobre todo cuando me acuesto, y la panza me da mucha comezón. Las mañanas son un infierno por los mareos, las náuseas y me cuesta no vomitar cada vez que veo comida en la mesa… pero fuera de eso todo bien.
Para aliviar esa incomodidad de la picazón, Saori le había recomendado a Shaina usar un aceite especial que funcionaba de maravilla, pero cuando su piel terminaba de absorberlo (que era demasiado pronto) debía ponerse más o la comezón sería insoportable, motivo por el cual tenía el frasco en su buró, el que estaba a un lado de la cama.
—¿Y qué ha dicho el doctor de la visita de hoy?
Él venía con una copa de vodka, y cuando se sentó frente a ella, la dejó sobre la mesa. Shaina por su lado tenía un vaso con jugo de arándanos naturales medio lleno.
—Todo en orden, el médico me ha recetado algunas vitaminas y una dieta especial que no me permite comer tantos dulces.
—Pero al menos te dejó la gelatina.
Shaina se negó a reír al escuchar tal cosa, pero la risa del Santo fue contagiosa.
En las pocas semanas que habían estado hablando entre ellos, Shaina había aprendido a verlo como una figura paterna y sabia con la cual podía hablar sin sentirse menos que nadie. Actualmente, Dohko era no de los pocos hombres con el cual no temía mostrase débil, y el único al que ella se dirigía de "usted".
—Suena mal no poder comer todo lo que se antoja, pero viéndolo por el otro lado, si le haces caso al doctor y moderas tu dieta, es posible que no haya complicaciones al momento del parto.
—Eso espero —masculló Shaina dudosa.
—Todo irá bien, ten confianza —le sonrió.
Ambos bebieron de sus correspondientes bebidas, guardaron silencio más no se sintieron incómodos con ello.
—¿Puedo… preguntarle algo? —susurró Shaina tomando el vaso mas no alzándolo.
—Claro.
—¿Usted jamás pensó en tener una esposa? —miró el jugo con atención, casi con pena—. ¿Una familia?
Dohko le sonrió cariñosamente.
—Esposa nunca tuve, pero sí disfruté de mi antigua juventud como mejor pude —se rio bastante nervioso—. Pero la vida de todos no tiene que ser la misma. Tengo una hija a quien amo, un hijo al que amo y si tengo suerte viviré para ser abuelo.
—Ya veo…
—¿Ahora puedo yo preguntarte algo?
—Sí.
—¿Por qué tu pregunta?
Shaina le miró sin entender.
—¿Por qué me preguntaste eso? —quiso Dohko saber, repitiendo su duda.
—Digamos que los días en Japón pasan más rápido que en Grecia —suspiró sabiendo el sinsentido de lo que acababa de decir—, y aun así… siento que pensé más claramente las cosas estando aquí, lejos de todo lo que me atormentaba.
—¿Ese todo incluye al padre? —Dohko señaló con su mirada el vientre de la mujer oculto por la mesa de metal.
Ninguno de los caballeros en Japón sabía de la identidad del progenitor, y aunque Dohko no tenía intenciones de desvelarlo, tuvo que sacar a colación el tema. La misma Athena le expuso su preocupación al respecto y su propia personalidad le impedía a Dohko mantenerse del todo al margen si él podía ofrecer su ayuda.
—Ese todo, en su mayoría lo incluye a él.
—¿Era tan despreciable? —preguntó ya más serio.
—No…
—¿Violento? —Shaina negó con la cabeza—, ¿te acosaba?
Ella se rio sin poder evitarlo.
—¿Y eso qué quiere decir? —Dohko la miró con extrañeza.
—Qué no sé cómo responder a eso —sonrió ella tristemente—. Sólo me visitaba sin que me diese cuenta en el Coliseo… pero yo nunca me daba cuenta de que estaba ahí.
—Es un Santo —acertó Dohko.
—Sí.
—Entiendo, bueno, no sé si le conozco o no así que sólo puedo decir que sea lo que sea, tienes mi apoyo.
—¿Por qué? —susurró Shaina—, apenas me conoce.
—Ya te lo dije, a pesar de que no es mi hija biológica Shun-Rei es mi familia, y pensar en que posiblemente en otras circunstancias de la vida ella hubiese podido estar en tu lugar… abre mi mente hacia qué tan sola puede sentirse una mujer sin apoyo, sobre todo una mujer embarazada. No puedo evitarlo, podré parecer joven otra vez pero mi mente sigue siendo la de un viejo que no puede resistir a verlos a todos ustedes como unos hijos.
Mirándolo con un agradecimiento silencioso, Shaina trató de retener las lágrimas que se asomaban por sus ojos. Desde que se había aclimatado a Japón, sus emociones se descontrolaban más que de costumbre. El doctor había dicho que eso era normal debido a las hormonas pero Shaina en el fondo sabía que las hormonas no eran las únicas culpables en su estado de ánimo ni en sus preocupaciones.
—Él no es un mal sujeto —dijo ella sintiéndose lo suficientemente valiente y en confianza para buscar nuevamente otra opinión aparte de la que todavía tenía aferrándose en su cabeza—. Pero nunca acordamos nada, ni una relación ni siquiera una charla casual para conocernos mejor —al fin lo dijo sin que sonase como un reclamo.
Porque finalmente había entendido que esa "falta de comunicación" también se debía a que ella misma había levantado sus propias barreras y evitar que Milo las atravesase con su sentido del humor y carácter fácil de tratar… fácil de querer.
—Es difícil, ¿no?
—¿Mmm?
—El tener que frecuentar a alguien que conoces de poco y sin embargo haya algo que siempre te lleve a su lado.
—Sí —suspiró ella—. ¿Sabe? Durante mucho tiempo viví pensando que si me lo proponía, Seiya podría fijarse en mí algún día.
—Él te vio sin tu máscara, ¿no es así? —y no se veía nada incómodo con que ahora Shaina no la portase.
—Fue el primero en hacerlo y no le importó.
—¿Entonces por qué de tu insistencia en hacer que se fijase en ti? ¿Lo amabas antes del incidente de la máscara?
No. Lo había odiado, tanto, que de algún modo su cerebro colapsó cuando Pegaso la vio sin su máscara, convirtiendo todo sentimiento negativo en positivo. Entonces ella vio el otro lado del muchacho escandaloso que había perseguido con tanto rencor por obtener la Armadura de Pegaso en lugar de su alumno Casios. Un chico cálido, amable y muy valiente.
—¿Shaina?
—No ―contestó siendo sincera―, de hecho lo odié en un principio por eso.
—Ya veo, ¿y qué pasó?
Contándole sobre todas las hazañas que ella había intentado hacer por él desde entonces, hasta su regreso en estado deplorable y luego su encuentro con el hombre que haría que su vida diese otro vuelco mucho mayor al primero. Al final del relato y sin revelarle a Dohko el nombre de Milo, Shaina se limpió las lágrimas de la cara, tratando de recuperar el control de su voz pues se había tambaleado un poco al llegar al punto en el que, por primera vez, ella y Milo habían dormido juntos sin haber tenido sexo.
—No se oye tan malo como creí que sería. De hecho, parece que me hablas de un buen hombre —masculló Dohko, "no se oía tan malo", por no decir que el tipo no era lo absoluto lo que él se había imaginado, un tipo al que valía la pena dejar en Grecia, lejos de una mujer embarazada—. ¿Él en algún momento te faltó el respeto? —insistió—, ¿te dañó?
Shaina negó con la cabeza.
No.
Cuando ella le entregó su virginidad poco o nada le dolió luego de los magistrales masajes que Milo ejerció sobre su cuerpo, con paciencia y tratos suaves, la ayudasen a desprenderse de la vergüenza y la incomodidad. En sus siguientes encuentros, él le enseñó a amar su propio cuerpo en la intimidad y sin apresurarse en penetrarla.
En todo momento, Milo se comportó como un caballero a pesar de que no había emociones secundarias en sus acciones.
—No —se sinceró; tragó saliva y sacó por fin su más grande pesar—, la que falló fui yo.
Manteniendo el nombre de Milo en secreto, Shaina le relató el resto de la historia a Dohko. Desde su deseo por ser madre, su pleito consigo misma ante la creencia de que Milo no querría tomar responsabilidades, hasta el momento en el que Shaina se vio obligada a marcharse para tratar su embarazo lejos de sus ojos.
—¿No se lo dijiste? —preguntó Dohko sorprendido de que Shaina se haya ido de Grecia sin decirle nada a Milo sobre su embarazo.
—No quise hacerlo.
Ella lo vio negar con decepción.
—Eso no se hace —dijo él levemente decepcionado.
—Lo sé.
—Y aun así lo hiciste.
Oh no, las lágrimas de nuevo.
—Tuve miedo —susurró limpiándolas, aguantando el ardor de su garganta lo mejor que pudo—. Tengo miedo.
Levantándose de su sitio, Dohko fue hasta Shaina.
—Es enteramente comprensible que lo tengas —acarició su cabeza tratando de calmarla—. Pero fue cruel de tu parte irte sin decírselo, muy cruel.
—¿Usted lo cree?
—No sé si estaré en lo correcto o no pero… —tomó de la mesita su copa de vodka—, por lo que me dices él no parece ser de los tipos que pueden embarazar a mil mujeres a la vez y no preocuparse por ello.
—Quizás tenga razón y Milo no sea como creí que era —musitó sin darse cuenta de la revelación que acababa de hacer luego de estar teniendo muchísimo cuidado con no decir su nombre.
Casi ahogándose con su trago, Dohko miró a Shaina.
—¿Milo? —susurró esperando equivocarse y no estar hablando del mismo hombre.
Viéndose atrapada, ella le otorgó una mirada triste.
—Milo de Escorpio.
Haciendo una O con su boca, Dohko dejó la copa en la mesa para mirarla con asombro.
—¿En serio? —preguntó muy feliz, luego en un parpadeó miró su vientre con dolor—. Eso es… asombroso… y sorpresivo —suspiró regresando a su sitio. Notó que Shaina estaba muy triste así que algo se le ocurrió—. Si me lo permites, te contaré una historia.
—¿Una historia?
Dohko asintió con la cabeza esbozando una suave sonrisa y luego prosiguió.
—Fue hace algunos años. Debido a que tuve otra tarea lejos del Santuario al terminar la anterior Guerra Santa, no pude conocer bien a los niños que ocuparían los lugares de Santos Dorados después de la lucha en la que sólo sobrevivimos Shion y yo. Pero, a veces algunos de esos mocosos tenían la costumbre de pedirle ayuda a Mū para transportarse de Grecia a China sin que Shion se diese cuenta —se rio con nostalgia—, y lo hacían únicamente para quejarse de lo malo que a veces era Shion con ellos.
»Todos esos niños, huérfanos o con padres abandonitos, les conocí como un grupo de chiquillos escandalosos que hoy en día recuerdo con mucho cariño. Incluso Death Mask fue un niño travieso que una vez comió hongos venenosos y por poco murió por eso —tanto Shaina como él se rieron con las imágenes mentales del hecho—. Si no es que tenía el remedio cerca para atenderlo, ahí mismo habría muerto. Y todo por ser tan impaciente y querer comer a la hora que quería hacerlo.
Negando con la cabeza, sonriendo por recordar tan memorables hechos del pasado, Dohko se terminó el contenido de la copa. Cuando el vidrio hizo contacto con el metal, volvió a hablar.
—Así que el padre es Milo —la miró sin una emoción en particular—. Me siento feliz… y triste a la vez. Por ti, por él, por ambos. Podría decir que a la edad que ustedes tienen fue irresponsable no evadir esta situación, sin embargo una vida es una vida y los Destinos sabrán por qué decretaron su existencia —dijo mirando hacia el frente, como si viese algo en el aire que ella no.
—Acepto mi culpa —dijo Shaina—, mi insistencia y poco sentido común me nublaron la cabeza y le puse a él en una situación que no se esperó.
—Eso ya no importa, lo que importa es saber cómo se lo dirás.
—Claro, y cuando lo haga, lo primero que hará será gritar —la mirada de ella tembló, ocultando la cara con sus manos—. Se enojará, estoy segura.
—Estabas segura que no querría hacerse responsable de tu embarazo y…
—Peleamos por eso.
—Y eso quiere decir… —la ayudó a llegar a la conclusión.
—¿Qué no siempre tengo la razón?
—Qué no siempre tienes la razón —asintió con la cabeza—. Exacto.
Shaina bebió de su vaso de jugo para aclararse la garganta.
—¿Cree que deba ir a Grecia?
—Mmm, no, creo que él debe venir acá. Sería peligroso para ti viajar en tu estado.
De sólo recordar su vuelo a Japón, Shaina le dio la razón a Dohko.
—¿Y qué pasará si él no lo acepta? —le preguntó, todavía con dudas sobre el comportamiento de Milo al enterarse de su embarazo.
Dohko se puso pensativo por un rato, pero luego una revelación le llegó.
—¿Sabes? Hace algunos años, hubo una vez hubo un niño que me visitó a los Cinco Picos —relató saliéndose vertiginosamente del tema—. Mientras jugaba por los alrededores, el niño se encontró arriba de un árbol, un nido de pájaros sólo con los huevos. Más tarde, aunque Shion le reprendió duramente por haberse desaparecido durante todo un día y media noche, el niño dijo con orgullo que se había quedado a defender los huevos porque sus padres no estaban, y él no quería dejarlos desprotegidos.
Dohko sonrió con cariño.
—Hubieses visto la cara de Shion cuando ese niño le dijo: "Maté a un par de serpientes, una rata enorme y gorda, y una pequeña araña que querían comerse los huevos. Me quedé cerca hasta que regresaron sus papás". Ese niño aceptó sin vergüenza alguna que eso había hecho en ese lapsus de tiempo en el que ni yo pude hallarlo. Y aunque Shion lo castigó por su falta, él dijo que no se arrepentía de nada. —La miró cálidamente—. ¿Sabes quién era ese niño?
Sí.
No era necesario que Dohko se lo dijese, Shaina lo sabía, incluso ese dialogo sonaba tan suyo que no pudo poner en duda el relato del viejo maestro. Ese niño del relato, al crecer, se convertiría en un hombre gentil y protector.
Ella se acarició el vientre.
—Lo que temo ahora es que él ya lo sepa —interrumpió Dohko mirando la sombrilla, rompiendo la burbuja soñadora de Shaina.
—¿Podría saberlo ya?
—Como tú misma lo dijiste, el tiempo aquí pasa rápido, pero allá pasa lento —le recordó con el mayor tacto posible—; lo suficiente como para investigar ciertas cosas. Si Milo no ha cambiado ese lado suyo desde que era un niño, entonces puedo asegurarte de que ya está enterado de todo y ahora sabe que no le queda más que seguir esperándote.
…
Pasaron dos días más desde aquella charla en la que Dohko le había pedido a Shaina que se pensase bien lo que le diría a Milo cuando lo volviese a ver, cosa que ella hizo. Por las noches pensaba mucho en ese asunto, tanto que incluso ya había soñado con ese famoso encuentro en el que él la miraría con enfado por haberle ocultado algo de tal relevancia.
El Milo de su último sueño, incluso le había llamado "escoria" antes de alejarse con su bebé en brazos mientras Shaina se hundía en la tierra bajo sus pies, gritando por no ser dejada ahí sola sin su hijo. Cuando despertó, se halló a sí misma agarrándose el vientre abultado, respirando más aliviada por todavía tenerlo.
En el día tres, varias veces Shaina se había visto caminando hacia el despacho de Saori con el fin de pedirle como favor, hablar con su Ilustrísima y saber algo sobre Milo. ¿Cómo estaba? ¿Se habría visto afectado por su ausencia?
¿Ya sabría lo del embarazo? Y si así era, ¿estaba molesto, triste, ofendido? ¿Cómo podría pedirle a su Ilustrísima y Athena que le permitiesen al Santo venir a Japón antes de que el bebé naciese, si es que Milo quería conocerle y estar presente durante el parto. Además, hoy se cumplían 5 meses de gestación. Casi seis desde que ella y Milo dejaron de hablar.
¿Suficiente tiempo para que él la olvidase o la terminase de odiar por pensar en usarlo como donante de esperma?
Shaina inhaló profundo, dándose valor, y finalmente tocó la puerta.
Una vez adentro del espacio, pidió permiso para hablar con Athena, quien, maravillosamente atractiva y reluciente, la joven diosa todavía se encontraba charlando con Seika, quien se levantó del asiento frente al escritorio. Saori al ver a Shaina aproximándose, le pidió a Seika que las dejase solas.
Seguro la chica partiría con Marin al hospital para ver a Seiya. Según Shaina, hoy tocaba visitarle.
Apenas Seika partió, Shaina se sintió segura de hablar.
—Yo…
—¿Estás lista? —interrumpiéndole, Saori sonrió benevolente.
—¿Lista?
—Al fin estás dispuesta a hablar con Milo, ¿no es así?
—¿Cómo lo…? —Shaina soltó un respingo.
—Sólo lo sé —respondió sonriendo todavía—. Pero antes de que Milo sea notificado, quisiera que tú acompañaras a Seika y Marin al hospital.
Shaina no pudo extrañarse más por la orden.
—¿Para qué? Hoy no es mi cita.
—No me refiero a eso —la miró intensamente—. Shaina, hay algo que debes hacer antes que cualquier otra cosa.
Cuando escuchó la puerta abriéndose, Shaina se dio la vuelta para mirar a Seika y Marin esperándola, luego regresó su mirada a Saori quien le dijo como si le respondiese a una pregunta que Shaina no había siquiera formulado en su cabeza:
—Todo en esta vida tiene un principio y un final —dijo la diosa—. Actualmente hay algo más que te impide seguir con tu vida, y hasta que no dejes concluida esa parte de tu pasado, no podrás seguir adelante con esto. —Saori le sonrió apremiándola a acompañar a ambas mujeres—. Estoy segura de que ya falta poco para que seas completamente libre —musitó cuando la puerta se cerró atrás de Shaina, Marin y Seika.
—CONTINUARÁ—
Les agradezco muchísimo que hayan leído!.
¡WOW! ¡Estamos a punto de terminar el año! ¡A unos días!
Shaina al fin está recobrando el sentido y finalmente quiere hablar con Milo, ¿que creen que pase después de tanto tiempo alejados el uno del otro? ¿Cómo estará Milo? ¿Aceptará hablar con Shaina en Japón?
¡Muy pronto las respuestas! 7u7
Mmmm, la verdad es que me hubiese gustado terminar el fic antes de concluir el 2019, pero hay varios capítulos todavía en borrador y todos serán subidos a su tiempo.
¡Y por favor! No olviden que después de haber concluido este fic, seguiremos con la saga Decretos Divinos, la cual, hasta el momento en el que escribo esta nota; tiene ya 3 fics contemplados a futuro y un par de escritos extra inéditos.
¡Saludos y gracias por acompañarme en esta historia!
¡No olviden comentar!
¡Lo aprecio con el corazón!
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Muchas gracias por sus comentarios a:
camilo navas, agusagus, Sereia85br, Tatiana ayala, Dama de los hielos y Nyan, Guest.
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