LA VIE IN BLEU
Capítulo único
Ahí estaba, delante del edificio viejo donde sólo habitaban su joven profesor y su hiperactivo compañero. Extrañada caminó dentro intentando resolver la interrogante de su mente ¿Por qué Okumura Rin la había citado en su dormitorio? Está bien, eso sonaba muy mal
Se golpeó la frente con su mano por llevar sus pensamientos por el rumbo equívoco. Suspiró entrando al lugar escaneado todo, las cosas seguían igual que la última vez dónde puso sus pies en el edificio —¿Okumura?— saludó al aire sin recibir respuesta —Por favor— bufó creyendo que todo había sido una broma del chico. Porque definitivamente él no iba a declararse o algo por el estilo "No tengo tanta suerte"
Dispuesta a darle una lección se adentró más llegando al comedor, sin embargo sólo el silencio vagaba. Hasta que oyó una voz masculina reír despacio
¡La cocina!
A pasos largos llegó a su destino con el ceño fruncido, le daría a ese cretino algo de qué reírse por haberla engañado para ir con quién sabe qué fin. Sin embargo su ira se vió sustituida por confusión cuando lo encontró de espaldas a la barra decorando una tarta que sinceramente olía delicioso. Ese condenado híbrido buen cocinero
El chico murmuró algo de "espero le guste" Y "Ojalá venga" Entonces intentó procesar la situación ¿Hablaba de ella? Se acercó despacio abriendo la puerta que separaba la barra dispensadora y la cocina en sí, al parecer Rin estaba tan concentrado en decorar la tarta con cuidado que ni siquiera notó cuando Izumo estuvo a un metro de él
Tarareando una canción el chico se giró en la dirección opuesta dándole la espalda a ella y aún sin notar su presencia sacó una dulla de corazónes comenzando a esparcir mermelada roja sobre el blanco chantilly —Listo— contempló su trabajo sonriendo —Izumo— suspiró su nombre con ilusión y una sonrisa boba adornando su cara
—Dime— contestó la aludida sorprendiendo al chico. Al instante el mitad demonio abrió los ojos viendola de frente —¿Qué?— le preguntó la joven comenzando a irritarse porque no decía nada
—Viniste— la sorpresa cambió a alegría inmediatamente mientras su cola se meneaba de un lado a otro con emoción —Siéntate— le dijo llevándola de la mano a una mesa —Espera un poco— Rin desapareció por el pasillo y unos segundos después regresó sin el delantal. Llevó la tarta delante de Kamiki, un pequeño florero con una rara flor —Te dije que vinieras bonita— le recriminó con un puchero, aunque ella no lo iba a admitir abiertamente le pareció tierno —Bueno tu siempre te ves bonita
El corazón de Izumo comenzó a latir rápidamente. El momento se estaba tornando muy extraño —¿Para qué me llamaste?— preguntó queriendo tener la respuesta de una vez por todas
—¡Ta-ra!— señaló la tarta que tenía una velita en el centro —Es tu cumpleaños— le dijo como si fuera obvia la celebración. A la chica se le formó un nudo en la garganta ¿Cómo lo recordaba? Ah claro seguro era una de esas fiestas sorpresas que ella no autorizó
—¿Y los demás?— preguntó un poco hastiada y desilusionada
—No vendrán— resolvió el Okumura mayor —Ellos tendrán su oportunidad después, pero es nuestro momento
—¿N-Nuestro?— habló confundida al tiempo que él asentía enfusivo. Se quedó observando la velita mientras él la encendía en una llama azul, se sorprendió por su nuevo control
—Feliz cumpleaños a tí, feliz cumpleaños a tí— comenzó a entonar con alegría
Kamiki no pudo evitar sonreír de manera tenue. Nunca imaginó que algo como eso le pasara, sobre todo por el hecho de que Okumura la invitara solo a ella, cuando terminó de cantar preguntó aún con dudas —¿El pastel no va a explotar ni tiene algún sabor extraño como broma?
—No— dijo completamente seguro y sorprendido por la cuestión —Cejas...— la llamó. Ante el apelativo inmediatamente frunció el ceño con molestia
—Cuantas veces te he dicho que no me llames así— recalcó cruzando los brazos —Si solo me llamaste para burlarte puedes quedarte con tu pastel— se levantó de la silla azotando las manos en la mesa dispuesta a irse
Contra todo pronóstico Rin se molestó por su actitud —¡Eres imposible!— le gritó de vuelta tomándola por sorpresa. Aunque estaba muy lejos de admitirlo, le dolió su comentario y que en cierto modo tenía razón
Nunca tuvo más amigos que Paku, todo el mundo le decía que era extraña, se alejaban y debido a eso se enfocó en los estudios, desarrolló una actitud altanera con quien considerara menos habilidoso que ella para protegerse de los insultos
Sin embargo, que alguien tan considerado como Rin le dijera esas palabras le removió un poco la emociones. Y no es que fuera la primera vez que se gritaban
Hubo infinidad de veces donde se dijeron cosas incluso peores, no obstante sus sentimientos por él no eran confusos, no tenía esa sensación de ser lastimada por lo que pudiera pensar de ella
Indignada hasta el último de sus cabellos y quizá herida decidió dar por terminada la discusión, sólo iba a desgastar sus palabras igual que otras veces —Haz lo que quieras— clamó entonces comenzando a caminar
—Izumo—escuchó su nombre. Fue tan impresionante que detuvo su andar, las mejillas sintieron calor de inmediato —Si no quieres que te llame cejas entonces voy a llamarte por tu nombre ¿Te parece?
No podía negarle que deseaba dejar de oír ese ridículo apodo. Pero por encima de todo quería oír su nombre pronunciado por él —Haz lo que quieras— repitió
—Bien— de nuevo la arrastró a la silla para servirle una porción de tarta —Espero que te guste, la verdad solo practiqué la receta dos veces
Izumo probó el postre: como era de esperarse sabía delicioso. Aunque no lo fuera a reconocer le tenía admiración por cocinar de manera tan sabrosa. La mayoría de los alumnos no sabían ni lavar sus platos
—¿Qué te parece?— preguntó entonces
—Está bien— sonrió de lado en un gesto simple. Sin altanería o burla
—Puedes llevartelo a tu dormitorio
—¿De verdad?
—Si, Yukio no está y no puedo terminarlo solo. Además tu tienes más amigos en el dormitorio— le animó a aceptar su presente
Entonces Kamiki lo supo. Ellos eran iguales, aunque muy distintos a la vez. Los dos tuvieron infancias difíciles y solitarias, fueron prejuiciados por la gente y tachados de monstruos
No obstante, sus defensas ante las adversidades eran diferentes. Rin tomaba los riesgos sin mirar mientras ella le temía a lo desconocido ¿Era por eso que no se atrevió nunca a profundizar su amistad con el muchacho?
Ella siempre estuvo para apoyarlo aunque a su manera esquiva por profundizar su relación como compañeros
Lo que no supo es que al evitar ese desarrollo de amistad, se generaron sentimientos más grandes en él ¿A caso también se siente igual? Quizo explorar —No digas tonterías, mi única miga es Paku
—Bueno, puedes compartirlo con ella. Es tu regalo de cumpleaños—
—Gracias— dijo sincera —Creo que tengo que irme— la verdad no quería irse, quería quedarse a platicar más pero no debía saltar a lo desconocido. Tomó el pastel en sus manos y se encaminaron a la salida —Nos veremos en clases
—Oye, Izumo— la detuvo —Estaré probando recetas nuevas y mi hermano no está para decirme si saben bien ¿Te importaría ayudarme con eso?— preguntó mirando a la derecha. Se veía ¿Apenado...? —Pero si no quieres no hay problema, puedo invitar a Shiemi...
—Mañana saliendo de clases— respondió la joven de manera rápida ¿Invitar a Moriyama? No delante suyo —Nos vemos
—Claro, hasta mañana— se despidió feliz, como un niño al que se le concede su capricho
En la noche no podía dejar se pensar en su encuentro. Aunque recibió mensajes por el resto de la clase felicitandola ninguno podía suprimir esa emoción que creció en su pecho cuando Okumura la llamó bonita, cuando supo que le cocinó solo a ella y que quería de alguna forma pasar más tiempo juntos. Mañana saliendo de clases
Al día siguiente acudió al dormitorio viejo nuevamente, esta vez encontrándolo en la entrada —Llegaste— sonrió él —No quería empezar a cocinar todavía
Así ocurrió todos los días de esa semana. Después de clases se reunían para descubrir juntos nuevas recetas y nuevos sentimientos, se volvieron más cercanos, bromearon e incluso Kamiki se volvió su asistente de cocina. Era un espacio solo para ellos
Hasta que un día Rin lavando los platos interrumpió su tarea —Yukio regresa mañana— informó a la joven
—Ya tendrás nuevamente a tu catador— bromeó con un poco de tristeza
—No es por eso, quiero decir. Si a tí no te molesta que Yukio nos vea juntos, puedes seguir viniendo— ofreció. Ella giró el rostro para mirarlo de frente. Se acercaron mutuamente hasta darse un beso tímido —¿Qué opinas?— volvió a preguntar
Ambos estaban en el mismo camino ahora, se habían compensado de una u otra forma. Él la defendía del peligro y ella lo defendía de los rumores. Comenzando a ver la vida en azul, a través de esas temibles llamas que en realidad eran inofensivas
Ante su mutismo la abrazó alzandola del suelo y hablando contra su cuello la cuestionó una vez más —¿Vendrás?
—Mañana saliendo de clases...
