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IX
Cerrando un Ciclo
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Con cierto resquemor, Shaina miró a Milo dormir sobre su propia cama. Mantenía su postura firme y su ceño fruncido cuando se dijo que no podía dejarlo así.
No. No habían tenido sexo, pero habían estado cerca de eso. De no ser porque el escorpión había recibido un fuerte golpe sorpresa en su nuca que lo dejó inconsciente, ambos ahora mismo estarían rodando por la cama o pegados en alguna de las paredes, respirando entrecortadamente y recibiéndose mutuamente en sus respectivos cuerpos.
La razón del actuar de Shaina era sencilla, Milo acababa de llegar de una misión y su cuerpo entero estaba repleto de hematomas, cortadas entre otras heridas que lucían a punto de empezar a sangrar otra vez, y el labio inferior partido. Él aun así la había llamado hacia Escorpio para tratar unos asuntos confidenciales, sin embargo, cuando la amazona lo miró con detalle, quiso detenerse de inmediato.
El daño en el cuerpo del hombre no le fue indiferente, menos cuando rozó una herida y él se tensó.
»Estaré bien —trataba de desligar Milo besándola con la misma pasión de siempre, sobre la cama.
Maldita sea la hora en la que ella comenzó a pensar más en él que en su propio placer.
«Es un ser humano. Un compañero de armas, también» se dijo justificando su noble acto al dejarlo descansando sobre su cama. Incluso lo acostó bocarriba.
Luego de pensarlo decidió actuar. Fue por un poco de agua y aprovechó la inconsciencia de él para limpiar las heridas que comenzaban a sangrar por encima de la ropa.
Tenerlo desnudo no fue la gran cosa para ella. Tampoco había que malinterpretarla. Milo poseía un cuerpo que la calentaba en más de un sentido, firme y duro. Pero a la hora de tratar sus rasguños (cómo él los había llamado) fue muy útil la normalidad con la que Shaina le veía sin ropa. No hubo vergüenza ni sonrojos tiernos. Mucho menos hubo nerviosismo adolescente a la hora de pasar un algodón con alcohol por encima de su perfecto abdomen, llevándose un poco de la sangre de algunos cortes sobre su piel.
Los moretones no dejaron de aparecer. Había por encima de sus piernas, brazos, cuello y espalda.
No fue hasta que terminó de vendarle el pie derecho, el cual indudablemente había sido casi atravesado por algo filoso (una lanza quizás) y su armadura lo había salvado, que Shaina se apartó y buscó una manta con la cual taparlo y dejarlo dormir.
¿Cómo se le había ocurrido a este inconsciente tratar de acostarse con ella con un cuerpo tan mallugado?
«Estúpidos orgullos inútiles los que poseen los Santos de Oro». No era noticia para nadie el hecho de que los santos de esta época, les gustaba hacer alarde de su poder, y por supuesto, los 12 grandes no podían ser la excepción en cuanto a ego se refería. Desde Deathmask hasta Aioria. Todos ellos pecaban de soberbia y eso era un secreto a voces para todo aquel que viviese en el Santuario.
Pero ese pensamiento no la dejaba totalmente satisfecha en cuanto a su duda se refería.
¿Por qué Milo había querido hacer el am… es decir, tener sexo con ella si estaba hasta la corinilla de herido? ¿Por qué?
La herida de su pie, esa que seguramente le dejaría cicatriz, no debería ni siquiera dejarlo caminar.
¿Entonces por qué?
Shaina dejó sus dudas para después, salió de Escorpio y dio el informe al resto de Santos Dorados con los que se vio obligada a hablar, de que Milo estaba durmiendo y sólo había querido saber el estado de los nuevos aspirantes a santos. Incluso fingió fastidio a la hora de relatar que ella se había molestado con decirle cosas que no le incumbían.
Pocos días después de no verlo, la noticia llegó a Shaina porque Aioria había hablado con Marin y ella, confiando en la discreción de su amiga, le confió los detalles, pues eran… más que tristes, impactantes.
La misión de Milo había sido exterminio sigiloso. ¿Acaso eso era algo malo? No cuando la pequeña isla era un punto de encuentro entre pedófilos de todo el mundo, que aprovechaban la lejanía para compra y venta de esclavos sexuales. Obviamente, todos niños y niñas de entre 12 años y recién nacidos.
Milo había ido solo y cubierto bajo una falsa identidad para infiltrarse de incógnito, incluso se le dio un barco privado junto a un traje elegante que usaría para darle más camuflaje. Su personalidad sagaz y temple frío en situaciones como esta, le abrieron el camino fácilmente al círculo de depravados que debía eliminar. Fingió conocer a algunos miembros del grupo que no estuvieron presentes. Analizó rápido el perímetro, como debía hacer, buscó con la mirada los medios de escape que poseían los magnates y políticos para huir o defenderse de lo que sea.
Según contó Aioria a Marin, y luego ella a Shaina, fue que Milo lo que de verdad había estado buscando habían sido los grupos de esclavos, los cuales llegaron junto a un enorme barco pesquero, que, a simple vista, no pintaba para ser nada más sospechoso… o asquerosamente inmoral.
Los niños fueron bajados encadenados en fila, muchos niños y niñas que, según Milo informó; parecían haber sido drogados por la sumisión con la que obedecían a sus dueños. Luego vinieron un par de mujeres con lo que parecían ser carritos de súper mercado de 4 pisos. Todos con incubadoras y adentro, bebés de sexo indefinido, pues apenas vestían mamelucos blancos.
Siguiendo un plan ya antes formado, Milo soportó los comentarios sexuales de algunos de los socios, incluso uno que otro de ellos le preguntó a él qué tipo de pizza era más de su gusto.
»Mis gustos son exquisitos, la salsa hace la diferencia —se limitó a responder ya que detectó que el tipo que le había hecho esa pregunta, había usado un código con el que no estaba familiarizado. Pero apenas pronunció la palabra salsa, algunos le palmearon la espalda diciéndole que tenía la razón.
Sea lo que sea que debía significar, era horrible.
Esperó a que las puertas de la sala se cerrasen a cal y canto para actuar. Cuando tuvo a todos los malnacidos en su sólo sitio, listos para creerse los dioses de sus propios harems enfermizos.
Sin clemencia Milo de Escorpio atacó.
Poco antes, usando su velocidad máxima, se aseguró de matar entre las sombras a algunos peones que poseían armas de fuego, luego se las ingenió para acceder a la cámara de control donde se hallaban las cámaras de seguridad. Hizo que fallaran poco antes de la subasta. Mientras los otros peones estaban ciegos y sordos de lo que ocurría en la sala principal, Milo se dedicó a clavarles todas y cada una de las Agujas Escarlata para que sus presencias y tratos dejasen de contaminar al mundo más de lo que ya estaba.
—Tenía muchas heridas cuando volvió, ninguna fue por un arma de fuego —razonó Shaina en voz alta, confesándole a Marin que ella le había auxiliado con sus heridas.
—Eso es porque entre los compradores había miembros de un culto dedicado al dios Ares. No se previó, pero Milo tuvo un encuentro difícil contra varios adversarios.
—Ay no —rezongó Shaina tratando de no verse demasiado aliviada de que el idiota regresase caminando y no en pedazos.
—Sí —susurró Marin—, afortunadamente la operación fue un éxito. Los niños fueron auxiliados y la policía se encarga de devolverlos a sus familias.
—¿Segura que ninguno fue raptado de nuevo? Ya sabes que los cuerpos policiacos no siempre son confiables.
—Tranquila. Shaka ha confirmado el resto.
—Mmm. De acuerdo.
Al final, Shaina y Marin se despidieron, la amazona de ofiuco había vuelto a su hogar ya entrada la tarde, donde, sin predecirlo; ya le estaba esperando Milo.
Él estaba acostado bocarriba con los pies afuera de la cama mientras observaba el techo.
—Te atreviste a atacarme por la espalda —dijo serio, pero algo en su voz le hizo saber a ella que él no estaba molesto por eso.
—Tú ibas a mancharme de sangre, no te quejes —se defendió sin importarle mucho que él estuviese o no agradecido.
La risa de Milo le hizo saber que él en definitiva estaba muy agradecido. Luego de una corta charla donde él estuvo quejándose principalmente por los ungüentos hechos por Afrodita que tuvo que usar para que sus heridas sanasen rápido, Shaina lo sacó de su casa a patadas luego de que él le reclamara por haber sido tan fría al irse así de su casa cuando lo curó.
—Habría sido toda una experiencia poder agradecerte como se debe cuando desperté —su tono y mirada pícara al ser arrastrado hacia la salida, la hizo sonrojar.
—¡Lárgate de aquí! —entonces le cerró la puerta en la cara.
Esa noche Shaina no pudo quitarse dos cosas de la cabeza.
1.- Milo era un verdadero idiota.
2.- También… era un héroe.
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El sudor que le corría por el cuello, no era por el clima japonés. En Grecia el calor solía ser peor. No, la verdad es que Shaina estaba nerviosa.
Al llegar al hospital, ella no se esperó realmente que la dejarían entrar a visitar a Seiya. Luego de arribar en el pequeño país y durante los primeros meses de su visita, ella se esmeró en ir a visitarlo por lo menos una vez, pero Saori había dado órdenes explícitas al cuerpo médico y a Marin junto al resto de santos dorados, que sólo Seika, Marin y Saori misma, tenía ese derecho, nadie más, lo que por supuesto incluía a Shaina.
Apenas supo de la orden, Shaina se había sentido muy excluida pues hasta el señor Dohko había podido pasar a ver a Seiya. Sin embargo, por muy mal que Shaina se sintiese, las órdenes de Athena eran ley por lo que ella no debía siquiera intentar pasar de la vigilancia de los doctores o santos para intentar visitar a Seiya.
Le costó mucho tiempo de enojo y frustración aceptar que quizás no era su momento para verle, pero terminó por darse cuenta que el verdadero motivo por el cual no se le permitía mirar a Seiya era porque sus emociones se hallaban inestables. Sus pensamientos se encontraban muy confundidos y en un plan arrogante. Su cabeza, enteramente nublada por la irracionalidad y las hormonas. La estupidez. Junto a aquellos sentimientos tan negativos que el muchacho no necesitaba a su lado.
¿Pero a qué se debería este cambio de opinión? No se sentía menos explosiva que el día en el que llegó a Japón.
»Todo tiene un principio y un final.
¿Acaso sería lo que Shaina pensaba?
Dudosa, vio al médico y Marin asentirse con la cabeza al mismo tiempo mientras le permitían pasar a la habitación que Shaina había querido ver desde hace tiempo.
El espacio blanco y reluciente, la ventana abierta con las cortinas ondeando por el viento suave, la cama de hospital con un cuerpo sobre ella. Shaina tragó saliva cuando oyó la puerta cerrarse, mirando atrás se dio cuenta de que la habían dejado sola junto con él. Estaban dándole privacidad, ¿acaso no temían que hiciese algo estúpido y pusiesen en riesgo la vida de Seiya?
¿Qué habría pasado para que tanto la diosa como Marin confiasen en su juicio? No lo supo ni estaba completamente segura de querer saberlo, porque temía no ser lo que ellas creían.
Mientras caminaba a paso de tortuga hacia la cama de hospital ocupada, pensó en estos últimos meses. En lo insegura que había estado sobre tantas cosas que, ahora, prefería tomar con un poco más de calma. No apresurarse y por primera vez en su vida, avanzar sin furia hacia sus equivocaciones. Siguió avanzando tratando de no hacer ruido con sus sandalias sin tacón.
Luego de un corto camino que para Shaina fue tan largo como ver la puesta del sol, ella se acercó al joven que reposaba en la camilla con una intravenosa con suero en su brazo izquierdo y una mascarilla de oxígeno que tapaba su boca y nariz. La máquina que tomaba nota de sus latidos del corazón de Seiya causó un poco de curiosidad en Shaina, casi quiso salir y preguntar a los doctores si esas cosas eran confiables. Pero dado a que ella misma ya había sido monitoreada varias veces también y gracias a eso pudo oír los latidos de su propio bebé, Shaina decidió quedarse quieta.
Prestó atención a las respiraciones lentas y casi insonoras del muchacho. Sus ojos permanecían cerrados, su cabello castaño alborotado estaba tapándole la frente y parte de los párpados, pues le había crecido bastante durante su sueño. El pecho estaba subiendo y bajando sin prisas, como si hace tan solo casi un año no hubiese peleado contra un dios y sobrevivido para contarlo. Claro, en cuanto despertase.
Ella tragó saliva pesadamente, sentándose en el banco de metal que estaba ahí para quien lo visitase. Unas flores hermosas estaban en el florero que permanecía quieto sobre un buró blanco a un lado de él. Se preguntó quién se las había traído.
De haber sabido que realmente la dejarían visitarlo, Shaina habría traído unas flores también.
De pronto frunció el ceño y quiso darse una bofetada. ¿Ella dar flores? Bien, estaba enloqueciendo por completo.
Le tomó un segundo calmar su carácter y volver su mirada hacia él.
Seiya navegaba por un sueño en el que nadie podía entrar y traerlo de regreso. Hace poco se había dado la alivianada noticia de que su vida había dejado de correr peligro debido a sus heridas, los doctores estaban asombrados por la fuerza del chico pues hasta ellos habían perdido las esperanzas, pero a nadie más ni siquiera Seika, les extrañó que aún dormido Seiya tuviese la voluntad de luchar por su vida y ganar ese desafío también.
Las heridas hechas en su batalla habían empezado a sanar y él seguía sin abrir sus ojos.
Shaina acercó una mano temblorosa hacia él, pero, aun con centímetros de distancia entre sus dedos y la máscara de oxígeno que cubría su nariz y boca, ella se sentía lejana a él. Como una desconocida que lo admiraba en secreto. De amazona a santo.
Alejó su mano dejando que el viento que entraba a la habitación la ayudase a reencontrarse con su voz.
—Hola —habló ella en su idioma natal, el italiano.
Quería que esta conversación, Seiya pudiese oírla en donde sea que estuviese, y que sólo pudiese entenderlo él, aunque éste fuese un perfecto cabeza hueca, y nada de lo que escuchase le pareciese familiar ya que el muchacho hablaba sólo griego y japonés.
—No era mi intensión tardar tanto en visitarte, aunque dudo que tú hayas notado mi ausencia —intentó acercar su mano una vez más, esta vez logró apartarle con mucho cuidado el cabello de la frente más él no despertó—. Quería agradecerte… —agarró valor—, muchas cosas.
»Quería agradecerte por haber limpiado mis heridas. Por haberme oído y soportado. Por demostrarme que ni las razas ni los géneros importan para convertirse en caballeros de Athena. Por luchar contra mí y vencerme. También por no intentar aprovecharte de mí y la ley de las máscaras.
Inhaló sonoramente pues ya había empezado a llorar, de nuevo. Maldita sensibilidad que veía con este enano en su estómago.
—También quería agradecerte por hacer latir de nuevo este corazón, aunque no haya sido tu intención hacerlo —de forma delicada, le acarició la frente con sus temblorosos dedos—. Quiero darte las gracias por no haberme matado, teniendo la oportunidad de ello. Y en general, por todo lo que has hecho por mí sin siquiera notarlo.
Se levantó del asiento, se acercó al Santo y puso un beso casto sobre su frente. Luego se alejó antes de que sus lágrimas lo mojasen.
¿Por qué su corazón ya no latía igual que antes? ¿Será acaso porque él estaba dormido?
Era Seiya, el joven por quien puso su propia vida en riesgo varias veces y sin embargo nada fue suficiente para cautivarlo. ¿Sería probable que sin darse cuenta se había encargado de eliminar todo sentimiento romántico que una vez profesó hacia él?
¿Pudo hacerlo? ¿En qué momento?
Intentó sentir algo más que simpatía al pasar las yemas de sus dedos por encima de la frente de Seiya, pero como si su propia piel desconociese la textura y el calor que emanaba, Shaina se alejó sintiéndose mejor de lo que había esperado.
—Gracias Seiya. Gracias por permitirme amarte —le susurró sonriendo tristemente—. Y adiós.
Se alejó un par de pasos más de él sintiendo (irónicamente) que las distancias entre ambos finalmente habían tomado un estado normal.
Shaina se limpió las lágrimas y acarició su vientre, encontrando fortaleza en la vida que sentía descansar adentro de ella.
—Despierta inútil perezoso ―le musitó a Seiya—. Aún hay mucha gente que te quiere y desea verte pronto. Además, recuerda que tu misión es proteger a la mujer que realmente amas.
No dolió decirle eso. En lo absoluto.
Sonrió burlona.
Sólo un idiota no se habría dado cuenta del modo en el que Seiya protegía a Saori, ella misma debió haberlo supuesto cuando lo vio saltando en aquel precipicio con ella en sus brazos. No porque él quisiera proteger a Athena solamente, sino porque quería proteger a Saori Kido. Ignorante de que la chica era realmente la milenaria diosa griega a la que ambos servían.
Seiya había demostrado que eso no le importaba, pues diosa o no, él daría su vida por Saori una y mil veces de ser necesario. Pues tanto así amaba a su diosa, a la mujer que curiosamente ya no despertaba celos en Shaina, sólo admiración, respeto y lealtad; también una profunda gratitud por sus últimas atenciones hacia ella.
—Espero volver a patearte la cara pronto.
Con esas últimas palabras Shaina se acercó a la puerta con un dolor poco usual en su pecho, no miró atrás y salió de la recámara con la cara en alto, encontrándose con Seika quien pasó con un ramo de flores casi idéntico al que había visto antes.
Shaina le sonrió cariñosamente sin darse cuenta, viéndola partir, deseándole mejor suerte a la hora de hacer llegar su voz hacia su hermano. Marin se quedó afuera con ella un rato.
—¿Salió todo bien?
En respuesta sólo asintió cerrando sus ojos con resignación.
—¿Sabes? Siempre supe que su corazón jamás sería mío, ¿es posible que estar tan sediento de amor también sea una enfermedad?
—No creo —negó Marin ablandando su voz—, después de todo, aquí todos somos o fuimos alguna vez marginados. Desear cariño no tiene nada de malo en un mundo tan frío como en el que fuimos, y todavía estamos obligados a vivir —miró el vientre de Shaina—. Por eso reside en nosotros la responsabilidad de guiar a las futuras generaciones por un camino menos doloroso y sin tanto rencor. Dejar que los niños aprendan sin dejar de ser niños, permitirles volar y no cortarles las alas como hicieron con nosotros alguna vez. Nadie necesita sufrir tanto para aprender a sobrevivir en esta vida.
Estando completamente de acuerdo con Marin, Shaina le invitó un té afuera en un restaurante a unos pasos del hospital. Avisando a Seika de esto, ambas partieron con lentitud hacia el establecimiento.
«Gracias por todo, Seiya» pensó como último al poner un pie afuera del hospital.
—CONTINUARÁ—
Lamento haberme desaparecido por un buen de tiempo, pero continúa la historia en este nuevo año.
Mmmm, me parece que el capítulo quedó corto, pero voy a admitirles que en la primera versión, no había más de 1,000 palabras. ¿Ustedes qué piensan? ¿Estuvo bien incluir esta escena? La verdad tuve mis dudas sobre si debía siquiera seguir mencionando a Seiya. Pero una parte de mí dijo que Shaina tenía que deshacerse de sus propias ataduras. Del amor forzado que se vio a profesarle porque no quería matarlo.
Mmm, quizás sea por eso que no me gusta la pareja de Seiya x Shaina. Porque no siento que haya florecido por sí mismo sino porque una norma se lo impuso a nuestra amazona.
Bueno, mejor me callo jajaja.
Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia:
camilo navas, ShainaCobra, Monse, Guest (english hehe), Nyan (en el siguiente episodio veremos más de Milo, espero te agrade jeje) y Guest (español jeje).
Agradezco de todo corazón su apoyo y sus mensajes de aliento.
¡Saludos y gracias nuevamente por leer!
JA NE! ;)
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