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Desahogando las Penas
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Adentro de la octava casa del zodiaco, Milo se paseaba de un lado a otro como si fuese un animal enjaulado. Las botas de su armadura resonaban cada vez que iba de allá para acá, con aquella mirada seria en su cara. Y sus manos fuertemente cerradas.
—¿Todo bien? —preguntó de pronto Mū de Aries, quien subía desde su propia casa para ver a su maestro y darle su reporte de la semana. Mū se encontró a su compañero pasando por una posible crisis existencial, por lo que sintió que no sería mala idea intentar ayudarlo.
—¿Eh? Sí —dijo Milo delatándose con la mirada que mentía. Sus ojos azules se desviaron al piso y luego hacia el santo que le veía algo preocupado.
—¿Estás seguro? Sabes que puedes decirme lo que sea.
Estirando un poco su cuello hacia arriba, Milo sonrió un tanto nervioso.
—Ten cuidado con lo que ofreces, amigo —murmuró apenado—. No es nada grave, al menos nada que pueda destruir al mundo —se rio—. Estaré bien.
Todavía indeciso sobre si debería dejar a Milo hundirse sólo en lo que sea que estuviese molestándolo o angustiándolo, Mū asintió ya que su maestro debería estar esperándolo.
—Bien, pero estaré cerca si necesitas ayuda.
Conmovido por la oferta, Milo sonrió y asintió, dejando que su amigo se fuese hacia Sagitario. Una vez que Mū se hubiese ido, el santo de escorpio apretó una cajita negra adentro de su mano derecha hasta que la escuchó crujir.
¿En qué diablos había estado pensando?
Extendió los dedos y miró la cajita negra de joyería. Estaba avergonzado, ¿por qué había comprado algo semejante? ¿Qué diablos le picó a la hora de detenerse en aquella joyería en Francia hace 3 días?
Carajo, debió haber perdido la razón.
Pero ya era tarde para estar dudando. La joyería no tenía sistema de cambios y/o devoluciones además de que no tenía sentido intentar volver a París con tal de devolver… esta cosa. Abrió la cajita para encontrarse con un par de aretes de plata con diamantes rosas en el centro. Eran pequeños… pero costaron casi una fortuna.
En ese momento no vio aquello, de hecho, incluso pensó que esto no era lo mejor que podía ofrecer y debía adquirir algo más. ¿Un anillo? Afortunadamente desechó la idea.
»En definitiva, estos aretes van a ser del agrado de su esposa. ¿Regalo de aniversario? —le dijo el sonriente joyero en un presumido acento francés. Milo, que ya tenía perfecto conocimiento del idioma gracias mayormente a Camus, no le respondió al hombre. No supo qué decirle—. Estás maravillas parecen ser pequeños y nada llamativos, pero a veces las cosas más hermosas y valiosas no siempre son las que brillan a kilómetros. Estas joyas son elegantes y preciosas. —Entonces le dio a Milo lo que compró por 5,000 euros.
¡Por los dioses! ¿Cómo no se desmayó cuando se le dijo cuánto tenía que pagar para recibir dos objetos súper pequeños? ¿Cómo es que Milo no salió corriendo apenas le pidieron los billetes?
De vuelta a la realidad, Milo pegó su frente contra uno de los pilares que sostenían el enorme techo de escorpio.
Era un imbécil.
¿En qué diablos había estado pensando?
Ella, para empezar, no usaba este tipo de baratijas.
¿Por qué carajos miró el escaparate por casi 10 minutos, entró a la joyería, se tragó el discurso del joyero sobre los diamantes rosas y sacó dinero para adquirir estas…? ¡Éstas…!
Recuperando un poco de su calma y dignidad, Milo dejó de apretar la caja con los aretes, lo encerró en su habitación y salió a entrenar un poco en el coliseo.
Quizás después de soltar un par de golpes, las cosas se aclararían en su mente y podría pensar en cómo vender esas cositas increíblemente caras. ¿Afrodita las querría? Con lo raro que era, ojalá y pagarse por lo menos la mitad de lo que Milo había desembolsado de sus propias arcas de dinero.
Qué ridículo había sido al creer que Shaina iba aceptar llevar esas baratijas inservibles.
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Pensando en cómo desearía sentir la brisa de la playa más cercana al Santuario, Milo paró con lo que estaba haciendo.
—Mū… ¿sabes? En un principio esto era tierno, ¡y no es que desconfíe de tus métodos para ayudarme pero…! —entrecerró sus ojos—. ¿En serio esto es necesario? —Milo miró a su compañero con duda.
—Por supuesto que sí —dijo el hombre sin dejar sus labores—. El trabajo manual suele ser adecuado para descansar la mente y ayudarla a centrarse.
Milo estaba de acuerdo en eso, le había funcionado bastante bien en un principio. Tener siempre cosas en las cuales trabajar y pensar, le habían quitado la suficiente energía para poder dormir más horas sin tener que sentirse miserable con sus propios recuerdos y creer que sólo para él significaban algo… especial. Sin embargo… ahora realmente no estaba muy de humor para esta terapia.
—Supongo —respondió Milo en un soplido. Estaba algo aburrido por tanto silencio, ¡pero qué demonios! De todas formas, él no tenía ganas de regresar a su casa y deprimirse ahí. Así que puso más empeño en limpiar el peto de bronce que estaba sobre sus piernas cruzadas en V, usando el trapo viejo que ya había utilizado para limpiar otras armaduras anteriores.
Era curioso cómo es que él se sentía ahora a diferencia de los últimos meses. Y aunque en su interior todavía se hallaba un mar de sensaciones que le mantenían en vela por las noches, ya no se sentía a punto de estallar. Ya no se sentía lleno de ira o tristeza. Ambas emociones habían bajado considerablemente, pero no habían desaparecido todavía.
Se dice, que en medio de las adversidades miras quienes son tus verdaderos amigos, y durante las últimas semanas, Milo nunca se había sentido tan apoyado por sus colegas como hasta ahora. De hecho, hasta podía decir que estaba asombrado de que incluso Death Mask se uniese a la causa, pues el tipo junto a Afrodita lo llevaban a beber cerveza algunas noches.
Esos dos… le daba risa de sólo recordarlo, ya que podían negarlo todo lo que quisieran, pero eran dos tipos que se preocupaban por sus allegados.
Afrodita y Death Mask llegaban a su casa sin previo aviso, incluso si Milo estaba de malhumor y estuviese dispuesto a arrancarle la cabeza a alguien, tocaban furiosamente la puerta de sus aposentos y prácticamente lo sacaban de ahí arrastras quisiera o no. Una vez en el sitio de su elección, le impedían emborracharse mientras Death Mask los destrozaba jugando cartas.
Y es que las explícitas órdenes de Helena eran la nueva ley, y ella les amenazó a los 3 con asegurarse de que si llegaban ebrios lo primero que verían al abrir los ojos sería la luz del sol directamente sobre sus caras.
»Helena, por los dioses, ya soy un adulto —Afrodita y Milo no aguantaron las carcajadas al ver a Death Mask pidiéndole permiso a su mujer para emborracharse.
»Eres un adulto —eso sonó a ironía—, pero aquí también viven mis hermanos y no pienso dejar que los "malinfluencies" —había dijo aquello con un tono bastante maternal que nadie tuvo ganas de reírse por la última palabra.
Tan vergonzoso fue el regaño de Helena hacia su hombre, que Afrodita no dejó de fastidiar a Death Mask durante todo el camino hacia su cantina preferida, y aun dentro de ella siguió picándole el orgullo con chistes y bromas. A punto de soltar espuma por la boca, sabiendo bien que no debía golpear a Afrodita, Death Mask juró vengarse.
»Algún día te tocará a ti y yo estaré ahí para recordarte esto —le presagió, dejando una carta en la mesa y tomando otra del montón.
En pocas ocasiones, Milo o Afrodita lograban ganarle en las cartas, pero verlo jactándose como si tener una buena mano fuese algo de vida o muerte le ocasionaba grandes momentos de calidad al Santo de Escorpio.
A su manera, todos en las Casas del Zodiaco habían intentado levantarle el ánimo.
Shaka, por ejemplo, le había regalado un incienso para ayudar a relajar los nervios, él fue sincero y dijo que le ayudaría a pensar mejor las cosas. ¿Acaso el hombre budista también temía que Milo hiciese alguna estupidez guiado por su enfado? Milo no le preguntó, sólo le agradeció el detalle, que para su sorpresa lo ayudaba a meditar y dormir (cuando no podía hacerlo) justamente como Shaka dijo que pasaría.
Aioros, Aioria, Shura, Aldebarán y Saga se habían encargado de aliviar el estrés físico que había acumulado por medio de extensos entrenamientos y palizas que entre todos y por turnos se encargaban de darle. De no ser porque había un momento en el que se detenían, Milo habría pensado que querían matarlo.
»¡¿Acaso eso es todo?! ¡Yo aun puedo pelear más! —les decía cada vez que ya estaba a punto de besar el piso con la cara y se aferraba a seguir peleando. A algunos los había insultado para que no se contuviesen, o eso decía Camus.
Sea como sea, tuvo arduos combates disfrazados de entrenamientos, de los que él personalmente terminaba tan cansado y magullado que su cabeza no tenía energías para soñar en absolutamente nada. Y en un principio eso había sido su escape principal para no pensar en aquella bruja hasta que Mū llegó para hacerle limpiar armaduras junto con él.
Luego los entrenamientos… volvieron a ser entrenamientos. Por supuesto, Milo siempre se aseguraba de quedar extremadamente cansado, pero sin la necesidad de provocar a sus compañeros de armas para que lo ayudaran a llegar a ese punto.
A todo esto, ¿quién fue el responsable de callar los chismes entre las amazonas y ponerlas en cintura?
Milo no podía creer que el reemplazo de Shaina y Marin haya podido establecer una dura disciplina sin mucho esfuerzo en tan poco tiempo. No le cuadraba que aquella joven haya sido entrenada en el mismo sitio que el noble Shun y en tan poco tiempo haya logrado sembrar una reputación, qué si bien no era grande, era muy notable.
Varias de las aspirantes a amazonas ya habían dimitido, marchándose a sus países de origen, y las que quedaban en las filas guerreras eran más serias y centradas en sus entrenamientos que las anteriores. Milo no recordaba el nombre de aquella amazona pero se lo agradecía. Ya estaba hartándose de ser el centro de la atención de todas esas cacatúas molestas.
Poco a poco su vida recuperaba algo de sentido; a veces hablaba con Camus al respecto y en otras con Mū, quienes eran los más propensos a oírlo y darle algunas palabras de alivio como de razón.
Lo que iba sintiendo poco a poco con respecto a Shaina era una cosa. La que debía tener en mente con respecto a su hijo, era otra muy distinta. Por consejo de sus compañeros, se aferraba más a uno que a otro.
Él todavía sonreía al recordar el día en el que su Ilustrísima fue personalmente a su casa para entregarle un sobre amarillo con la primera ecografía del bebé. Esa que aún guardaba con cariño en la cómoda frente a su cama como el tesoro que era.
Una parte de su alma regresó a su cuerpo cuando destapó el sobre y con cuidado sacó la imagen en negro de su hijo. Temblando por el remolino de emociones que sentía, Milo delineó los bordes en gris y no escatimó ni en esfuerzos ni en palabras para asegurarse de que todos sus colegas, desde Aries hasta Piscis, lo admirasen.
Cuando llegó a Cáncer, chillando emocionada, Helena le quitó la enorme hoja negra y se la mostró a sus hermanitos, quienes se preguntaban si la cigüeña no tenía fotografías a color, causando la risa de los adultos presentes. Death Mask y Helena tardaron en parar la discusión entre los niños sobre qué sería, niño o niña, pero fuese lo que fuese Milo sólo esperaba que las cosas siguiesen bien.
Quería poder verle crecer y no sólo tener que mirar desde lejos su formación, imaginando desde lo lejos un futuro alterno donde ambos pudiesen convivir como una familia. Quería ser parte de la vida de su hijo. Aunque Shaina se había decidido a no estar en Grecia para no dejarle a él conocer a su hijo cuando éste naciese, cosa que Milo todavía no podía creer que haya sido capaz de algo semejante, él todavía no decía su última palabra y siendo que el bebé era tan suyo como de ella, Milo se aseguraría de llegar a un acuerdo que no incluyese el mantenerse lejos del niño… o la niña.
«Si ella no me quiere cerca suyo, está bien. Tardaré en aceptarlo, pero lo haré. Sin embargo, no permitiré que me impida conocerte» pensó severamente en la imagen de la radiografía sin dejar de limpiar con fuerza un brazo de una armadura desconocida.
…
Durante los próximos días Milo se sintió más pleno y tranquilo, su Ilustrísima le daba noticias de forma cada vez más constante de cómo iban las cosas, y al parecer todo estaba más que perfecto. Ninguna complicación hasta el momento del cual preocuparse. Eso aliviaba mucho al corazón de Milo, aunque no tuviese más imágenes de las posteriores ecografías de su hijo.
Odiaba pensar también en Shaina e imaginársela con una abultada barriga, usando vestidos holgados y el cabello amarado. Ya había pasado por la fase en la que la maldecía y se maldecía a sí mismo por haberla creído una mujer más sensata y empática. Por lo menos más humana o seria para hablar primero con él antes de tomar una decisión.
Incluso había pasado por el odioso camino de espinas donde permanecía lejos, encerrado, llorado sobre su cama como una Magdalena mientras creía que para Shaina, él fue más una maldición que un buen recuerdo.
Inhalaba profundo por las mañanas sólo deseándoles el bien. Sí… tanto a su hijo, como a Shaina.
Ambos estaban bien.
Eso era todo lo que importaba al final.
Sin embargo, esa noche, al llegar a su casa luego de pasar toda una tarde entera limpiando armaduras con Mū, Milo no se esperó encontrase con el Patriarca, sin máscara alguna cubriendo su cara seria.
El santo pocas veces lo veía así cuando no estaba Hades u otro dios problemático de por medio. La idea de que algo malo pudo haber pasado en Japón le golpeó con una fuerza brutal.
—¿Qué ocurrió? —le preguntó con el corazón en la garganta.
—Veo que las cosas se han aplacado aquí —musitó bastante tranquilo. Así se había sentido Milo hasta que lo vio con ese gesto, que poco a poco se fue ablandando.
—Supongo —dijo vagamente convencido.
—Hace unas pocas horas recibí un mensaje de la señorita Athena —Milo lo miró expectante—, considera que ya es hora de que Shaina y tú hablen al respecto.
El santo no ocultó su sorpresa.
—¿Quiere decir que puedo ir a Japón? —quiso asegurarse de que no había oído mal, como ya otras veces anteriores había ocurrido.
El Patriarca Shion sonrió con una tierna burla. Algo paternal.
—Eso fue claro, ¿no?
Descubriendo que este no era otro de sus alocados sueños o alucinaciones donde se le concedía tal permiso, Milo miró el suelo, parpadeando lento.
—No sé… —susurró indeciso. Por primera vez en su vida estaba dudando sobre algo que había ansiado—. ¿No dijo que sería peligroso que me viese ahora? —desvió dolorosamente su mirada.
Las primeras veces que él había intentado obtener el permiso para ir a Japón, Shion se había negado tajantemente. Por más que Milo intentó negociar, reclamar e incluso amenazar, recibía como respuesta "no", y la que lo detuvo por completo fue: "¡¿acaso quieres provocarle algún mal a tu hijo intranquilizando a Shaina?!".
Incluso Helena se sentó con él para decirle que, en medio de un embarazo, era necesario no hacer que Shaina se alterase de ningún modo. Ya que si se daba el caso de que su embarazo fuese de alto riesgo, discutir entre ellos provocaría la muerte del infante. Las posibilidades no siempre eran del 100% a la hora de sufrir un aborto involuntario.
»Por tu afán de querer descargar tu enfado, ¿estás dispuesto a arriesgar la vida de tu bebé? —la voz sentimental de Helena junto al significado de esa pregunta, pusieron punto y final a la insistencia de Milo por querer viajar a Japón.
Ahora no estaba seguro de encontrarse con Shaina. No quería ser el responsable de… lo que sea que pudiese pasar.
Pronto, Shion volvió a hablar.
—Al parecer Shaina recobró algo de sentido común. Pero como sabrás, por su estado no es conveniente que sea ella quien viaje.
«¿Y por eso debo hacerlo yo?» quiso replicar. Pero se detuvo a tiempo.
¿Ahora ya quería hablar con él?
¡¿Acaso estaba loca?!
Basta, basta… tenía que calmarse.
Milo apretó los puños, pero no dijo nada. En otras circunstancias podría ponerse en el mismo plan de Shaina que era el de evadir sus responsabilidades e ignorarla justamente como ella había hecho largándose por su cuenta a Japón, pero él era el adulto en esta situación y se encargaría de restregárselo en la cara. Admitía que eso último no era muy maduro de su parte, pero en serio, necesitaba su retribución.
¡Se lo había ganado limpiamente!
—¿Cuándo es propicio que viaje? —dijo por lo bajo.
—Mañana, hoy, ahora. Tú eliges.
Milo inhaló profundo. Respirando lento y profundo como Mū le había enseñado.
—¿Y quién cuidaría la casa de escorpio? ¿Camus?
—Las casas —le interrumpió Shion.
El hombre de azul arqueó una ceja.
—¿Casas?
—Las cuestionaran los que se queden, después de todo Athena está en Japón.
—Perdón, pero no entiendo.
—No pensaste que ibas a ir a Japón tú solo, ¿verdad?
Sonriendo decepcionado de sí mismo por no haberlo visto venir, Milo alzó los hombros.
—La verdad, sí. Por un segundo lo pensé. Pero está bien. ¿Quiénes vienen conmigo?
—Eso sí lo decidirás tú —concedió—. Pero tienen que ser dos.
Dándole las gracias con los ojos al mismo tiempo que ansiaba preguntarle si todavía no confiaba en él, Milo miró al Patriarca tomando una selección rápida.
―De acuerdo.
—FIN DE CAPÍTULO—
Okki Dokki.
¡A que no se esperaban que volviese tan pronto!
Bien, les explico.
En la página de Facebook (les recomiendo visitarme ahí ya que soy muy activa) expuse una imagen y una cantidad de reacciones para subir el siguiente capítulo. Se llegó a la meta y he aquí lo que prometí. Algunos me comentaron que tardé mucho en actualizar y les doy la razón. En serio me pasé, y quise redimirme.
La verdad es que tengo que decirles que llegados a este punto, es donde me cuesta mucho mantener el ritmo. Porque esto es un largo one-shot partido en pedazos, con algunas cosillas de más. Pero un one-shot al final y espero no me haya quedado tan soso la historia de Milo. No quise alargarlo ya que... bueno, mi cabeza no da para más jejeje. Lo siento. De verdad.
Pero espero que les haya gustado el episodio. Agradezco el apoyo.
Saludos y hasta el próximo.
Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia:
camilo navas, Touru Souma, Monse, Tatiana ayala, foxsqueen y Nyan (tienes razón, fue algo muy crudo, pero digamos que se da entender que los santos de Athena no sólo se dedican a detener a Hades sino a toda la maldad en sí... en cualquiera de sus formas).
Agradezco de todo corazón su apoyo y sus mensajes de aliento.
¡Saludos y gracias nuevamente por leer!
JA NE! ;)
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