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XI
Ella lo Lastimó
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El fastidio y la exasperación de no poder dormir por las noches, eran el doble de molestos cuando había lluvia para empeorarlo todo, y ella, se veía en la necesidad de enfocarse en cerrar los ojos y no abrirlos hasta poco antes de que saliese el sol para empezar sus labores, con el mejor pie posible. Era irritante porque cuando había lluvia ni siquiera podría salir a entrenar, y aun con este clima, los puestos de guardias a lo ancho del Santuario y Rodorio, ya estaban completos. Con o sin lluvia, el deber era primero por lo que Shaina no se preocupaba porque alguien pudiese aprovecharse del clima para infiltrarse en territorio ateniense.
Con algo de bochorno, Shaina giró sobre sí misma en la cama.
Además, por otro lado, aunque pudiese salir a entrenar o vigilar que no se aproximasen criminales o enemigos de la diosa, ella personalmente no tenía ganas de hacer el trabajo de alguien más si no estaba obligada a hacerlo.
Otro giro sobre la cama. Esta vez inhaló profundo y soltó aire sonoramente.
Se volcó de cara contra la almohada tratando de dejar en blanco su mente, ¡pero no podía!
Estaba harta. Había tenido una tarde muy atareada y estresante, entrenando a esas idiotas aprendices que no dejaban de alardear sobre lo guapo que se veía ese o aquel santo que iba pasando por ahí o reforzando sus habilidades.
Tuvo que recordarse con cierta amargura, que los tiempos ya no eran los mismos.
Se negaba a seguir pensando con maldad, pero incluso Shaina aceptaba que durante el oscuro reinado de Saga (cuando fue corrompido por la oscuridad) había sido prácticamente la mejor época para entrenar nuevos guerreros. Azotar las espaldas de los rebeldes o respondones, y eliminar a los estorbos que buscaban huir, había sido mucho más fácil y rápido que intentar negociar con los bebés llorones, tratar de convencerlos de quedarse, y por supuesto, tener en mente que cualquiera de los que se iba podría volver siendo un enemigo del Santuario. Matar a los desertores, de cierto modo, no era un plan tan descabellado.
Pero los tiempos han cambiado.
Era difícil mantenerse por el camino correcto cuando la mayoría de los que quedaban en pie, luego del regreso legítimo de la diosa Athena, cuando todo lo que antes se había conocido era la crueldad y las malas formas. El deseo de romper a tu enemigo. Acatar las órdenes de eliminar a los que se interpongan.
No matar si no es necesario. ¿Qué clase de norma actual era esa? ¡Siempre era necesario matar a tu enemigo! ¿Para qué, en nombre de Ares, querrían vivo a un enemigo si no era para interrogarlo en medio de una sala oscura y tortuosa charla con ayuda de navajas y alfileres?
¿Acaso los Espectros o Marinas dudaban en matar a los santos o humanos comunes que se cruzaban por su camino? ¿Acaso alguno de esos miserables intentaba negociar contigo, tratando de reclutarte al lado del mal? ¡Por supuesto que no! Eso era una ridiculez. Claro, eso jamás lo diría frente a Athena.
Pero bueno, era la diosa quien mandaba. Se supone que ella era la diosa de la sabiduría, ¿no? Sus motivos, habrá de tener ella, para quitar o imponer reglas. Pero Shaina no todos los días (y por todos los infiernos) tampoco todas las noches, podía convencerse a sí misma de que la diosa estuviese exenta de cometer errores.
Cierra los ojos. Duerme ya.
Lo intentó varias veces durante los próximos minutos, quedarse sin pensamientos. Sin preocupaciones. ¡Pero de sólo recordar que mañana debía entrenar con esas mocosas hormonales, hacía que su sangre hirviese!
Se giró de nuevo sobre la cama, pero casi al mismo tiempo, escuchó la puerta de su casa siendo tocada.
Su malhumor se disparó, al mismo tiempo que su alarmismo ante un posible ataque sorpresa.
«Los malos nunca llaman a la puerta» se dijo, sentándose, escuchando otros 3 toques.
Rápido, se levantó sin importarle estar en paños menores, un camisón y nada de ropa interior, por supuesto. Con cautela, se acercó a la puerta cuando fue tocada otra vez.
—Sería muy amable de tu parte abrir de una buena vez —era él, ¿qué infiernos?—. ¿Sabes? La lluvia de hoy es demasiado… fría.
Recuperando un poco de tranquilidad (aunque no debería) Shaina puso los ojos en blanco, abriendo rápido la puerta para permitir que Milo de Escorpio, pasase. Él venía con una capa negra sobre su cabeza, aun así, estaba húmedo por debajo de ella. Y la lluvia atrás de él, era demasiado fuerte, además de que venía con viento por lo que Shaina no quería que su casa se llenase de agua.
—¡Pasa rápido! ¡Insensato! —le reclamó al temer que esta vez, sí pudiese ser visto por alguna otra amazona, a pesar de ser bueno ocultando su cosmos—. Diablos, mírate. Quítate eso ya —señaló la capa—, estás mojando el suelo.
—Lo siento —Milo hizo lo que ella le pidió, pero cuando las caras de ambos se encontraron por fin pues la capucha le cubría la mitad de esta, Shaina parpadeó lento—. ¿Qué? —le preguntó dejando la prenda colgada sobre el picaporte a falta de algún perchero.
Ella, permaneciendo en silencio, parpadeó con una expresión ida en su rostro.
—Nada —respondió deprisa despertando del estado de mutismo que le provocó verle tan atractivo con el cabello revuelto a la perfección junto a esos perfectos ojos azules. Respiró profundo mientras se giraba para ir por una toalla de su pequeño armario, y luego lanzarla para él—. ¿A qué vienes?
Agradeciendo el gesto, Milo tomó la toalla para secarse con ella, empezando por su cabeza; se tomó su tiempo para no dejar que su cabello gotease sobre el suelo de Shaina. Todo mientras ella lo miraba con atención, esperando su respuesta, y por supuesto, admirando algo tan simple como quien aprecia una pintura.
—¿Y bien? —lo apresuró ella al instante en que los ojos azules se posaron sobre su persona.
—Noticias del Patriarca, quiere que lo más pronto posible suplas a Remi en la guardia desde hoy hasta la próxima semana.
—Pero sabes que en pocas horas yo tengo entrenamiento con las aprendices, hoy y toda esta semana —Shaina se cruzó de brazos.
—Ya no, Marin te suplirá.
Queriendo no mostrarse feliz con la decisión de Shion (¡sí, libre de ese infierno!) porque lo estaba, Shaina alzó el mentón con cierta indignación.
—¿Y qué tenía que hacer Remi que era tan importante? ¿Eh?
—Al parecer su hermano, Aetos, sufrió un accidente en el último de sus entrenamientos.
—¿De qué tipo? ¿Fue muy grave? —preguntó ya más interesada en el tema.
A Remi no le conocía de casi nada, pero eran compañeros de armas, y por lo que ella sabía, el muchachito del que Milo hablaba era apenas un aprendiz de 10 años que Remi cuidaba luego de haber sido abandonados por su madre. El padre de ambos, jamás apareció. Así que los dos chicos estaban solos.
—Ayer por la tarde, pensaron que había sido un simple brazo roto por lo que ya sabes que aquí tenemos a un doctor para eso —Shaina asintió, atenta a lo que Milo decía—. Pero hace una hora el chiquillo comenzó a tener mucha fiebre y como el médico está muy ocupado con otros pacientes, Remi (por consejo del doctor) tuvo que llevarlo de urgencias al hospital ya que la fiebre no bajaba, así que antes de irse le pidió a un santo de plata, que le excusase con el Patriarca. Y heme aquí.
Shaina procesó todo lo que Milo le había dicho. Realmente esperaba que Remi y su hermano no tuviesen más dificultades y la fiebre bajase lo más pronto posible. Pero, ¿por qué cubrir a Remi durante toda una semana?
—Vaya, bueno… entiendo todo lo que me acabas de decir salvo por un par de cosas.
—Ajá —sacudió la toalla cuando la terminó de usar.
—¿Una semana?
—Todo ha estado muy tranquilo últimamente y Remi no tiene a nadie que cuide de su hermano, además de que el accidente fue muy reciente, así que nuestro amable Patriarca ha dictado el tiempo estimado para que Aetos esté mejor y Remi pueda volver a sus tareas. Mientras tanto, tú lo suplirás.
—De acuerdo —duda resulta si se tomaba en cuenta que el patriarca Shion era bien conocido por ser como un padre para todos los santos, fuesen del rango que fuesen—. Segunda pregunta, ¿por qué el Patriarca te manda a ti como mensajero? ¿Por qué no a otro santo de plata o al mismo con el que se contactó Remi?
—Siempre desconfiada, ¿verdad? Yo me ofrecí a venir —alzó los hombros.
—¿Por qué?
—Porque no todos los días soy un bastardo —gruñó por lo bajo. Shaina entrecerró sus ojos sobre él—. Verás, el santo de plata tiene que cruzar las doce casas. Cuando pasó por la mía, me explicó la situación. Así que me ofrecí a poner al tanto a Shion, y cuando él se preguntó por qué santo suplir a Remi, te nombré.
—¿Por qué? —alzó una ceja.
—¿Acaso no puedo hacerte un favor? —sonrió tendiéndole la toalla—, no has parado de hablar sobre lo harta que estás de tus aprendices. Así que pensé que esa era la mejor forma de darte un respiro. Remi permanece tranquilo cuidando a su hermano, tú descansas de las chiquillas y yo hice mi buena acción del día. ¿Algo hice mal?
Eso era lo malo él no hizo nada mal. Pero Shaina no quería reconocerle eso. Así que se mantuvo de brazos cruzados y con una cara dura que le impedía a Milo ver lo feliz que estaba en realidad. Es decir, no se alegraba de la desgracia de los hermanos, pero mierda, qué relajada se sentía de descansar de lo chillonas que eran las aspirantes a amazonas.
—¿Y bien? —preguntó Milo acercándose a ella con una sonrisa.
—¿Y bien, qué? —Shaina lo barrió con la mirada, ocultando bien que su corazón estaba desbocado ante su cercanía.
—Un "gracias" nunca está de más —sonriendo, levantó el mentón de Shaina con dos de sus dedos para que ella lo mirase y él finalmente pudiese admirar el sonrojo de sus mejillas—. Aunque hay muchas otras formas en la que puedes me demostrar tu gratitud.
—¿Te crees muy listo, no? —su fría máscara sentimental se vino abajo cuando él le sonrió burlón y sensual.
—Lo soy —susurró muy cerca de su rostro. Entonces la besó con una calma que a ella no le disgustó, es más, ni trató de rechazarlo.
Esa noche y las siguientes, Shaina no durmió debido a su temporal trabajo nocturno. Apenas Milo maldijo sobre sus labios porque sus deberes seguían quisiera él o no, por lo que debía irse a custodiar Escorpio, ella salió rápido de casa para suplir a Remi. Pero antes de eso, Milo la detuvo.
—Usa esta también —le tendió su propia capa.
—No la necesito —dijo ella ocultando bastante mal lo preocupada que se sentía de dejarlo a él sin abrigo—, ya tengo la mía.
—Créeme, la necesitarás —así que sin preguntarle más, Milo, como si no se arriesgase a enfermarse si salía así como estaba, le puso la prenda encima junto a la que Shaina se había puesto antes.
—¿Y tú qué? ¿Te vas así? —se bajó ambas capuchas para verlo.
—Estaré bien, no es tan lejos.
¿Acaso estaba loco?
Pero antes de que Shaina pudiese decir nada más, él se fue con la rapidez que identificaba a los santos dorados. Ella poco después comprendería a lo que él se refería con estar bajo la lluvia directamente pues el viento seguía siendo fuerte y una sola capa no era suficiente para mantenerse protegida.
Durante las siguientes noches de aquella semana, cada vez que alguien le preguntaba por aquella sonrisa que llevaba Shaina sobre su cara, inmediatamente ella la borraba y decía "no es asunto tuyo".
Y es que no era asunto de nadie.
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Luego de un día ajetreado en el que tuvo que fungir como un civil común y no como la guerrera que era, Marin estaba demasiado cansada. ¿Y quién diría que ir a un centro comercial para adquirir ropa para bebé y ropa de maternidad iba a ser tan agotador? Lo demencial era que ella no era la madre, pero acompañó a Shaina a elegir la ropa y a tolerar sus quejas sobre "no me queda esto" y "no pienso llevarme aquello". Afortunadamente, el esfuerzo había valido la pena porque ya incluso habían preparado un par de maletas con ropa, para cuando llegase el momento de dar a luz.
Sin embargo, casi a las 2 de la mañana, Marin saltó sobre su cama ante el llanto desconsolado que escuchó salir de la habitación de al lado.
¿Llegó la hora?
Se le cruzó esa idea por la cabeza de Marin. Así que creyendo que era eso o algo más que pudiese estarle pasando a Shaina, salió corriendo de la cama con dirección a la siguiente alcoba.
Abrió la puerta estrepitosamente encontrándose a su compañera de armas acostada de lado, llorando.
—¿Shaina? —encendió las luces para ver mejor su alrededor—. ¿Qué pasa? ¿Te duele algo? ¿Quieres que llame a Tatsumi? ¿A un doctor?
—Soy un monstruo… soy un monstruo…
Las alarmas de Marin se callaron como quien apaga una vela.
—¿Cómo dices? —quiso estar segura.
—Eso soy… soy un maldito monstruo —lloró.
—Entonces… no es nada por lo que deba despertar a todo el mundo aquí…
Shaina no le respondió mientras se desahogaba.
Negando con la cabeza, Marin se acercó a Shaina para acariciarle la cabeza.
—Tranquila —hizo una mueca de inseguridad—, no eres un monstruo.
—Sí —gimoteó ella—, lo soy. Soy un monstruo, un monstruo.
—¿Pero por qué un monstruo? —preguntó desde su irritación y cansancio—. ¿Por qué dices eso?
La cara hinchada de su amiga se ladeó a su dirección, más sus ojos, Ahsina los mantuvo cerrados.
—¿Cómo puedo hacerle esto? ¿Cómo puedo hacerles esto?
Luego de ir por unos pañuelos, cuya caja estaba en el tocador, Marin la ayudó a sentarse, la abrazó por el hombro y preguntó:
—¿A quiénes te refieres? —se puso la caja de pañuelos sobre su regazo.
—Milo y… —se llevó las manos a la cara, embargada por la tristeza inconsolable que sentía motivada por la culpa que la carcomía por dentro—. ¿Cómo puedo negarles conocerse? ¿Cómo puedo negarles lo se me negó a mí? ¿Cómo es que los dioses me permitieron ser madre? No lo merezco —tomando 2 pañuelos para limpiarse los ojos y la nariz, miró a Marin con sus ojos inyectados en rojo.
La amazona del Águila le acarició la mejilla, comprensivamente.
—¿Y esta revelación ya es algo seguro o en cinco minutos vas a "reaccionar" y justificarte más? —porque ya antes había pasado. Shaina se lamentaba por huir de Grecia sin decirle nada a Milo, y en un par de horas ya estaba lanzando excusas.
Negando con la cabeza, Shaina sonó realmente sincera.
—Cometí un grave error —dijo pasándose un pañuelo limpio por la nariz luego de haber arrojado los sucios a un bote de basura que estaba al lado.
Marin suspiró.
—Al fin te diste cuenta.
—¿De qué soy un monstruo? —preguntó Shaina. Marin sonrió, negando con la cabeza.
—De que aquí, fuiste tú la que te equivocaste al dejar a Milo fuera de esto —lentamente, la amazona usó un pañuelo propio para limpiarle a su amiga la mejilla derecha, de donde salió otra lágrima—. Escucha, es claro que lo que no te deja dormir es esta situación, así que, todavía no es tarde. Podemos pedirle a la señorita Athena que sea Milo quien venga…
—¿Y decirle qué? —musitó Shaina dolida sin saber que Milo ya estaba enterado de su condición y de los motivos por lo que se viajó a Japón—. ¿Con qué cara? No soy tan fría —tuvo miedo—, menos ahora que parezco llorar por cualquier cosa. Sólo haría el ridículo.
Todavía enfadada consigo misma, Shaina se apartó de Marin y sacudió del camisón que llevaba, las arrugas que se le habían hecho a la prenda. Luego se abrazó el vientre abultado.
—Debes hacerlo —apremió Marin dándole su espacio—. Has reconocido tu error a tiempo y eso es una bendición. Aún puedes decírselo y darle la oportunidad de elegir.
—Supongo… —meditó un poco más relajada-
—¿Pero y tú?
—¿Yo? —ambas se vieron a los ojos.
—¿Qué has elegido? ¿Estarías dispuesta a aceptar que él estuviese a tu lado si te lo propusiese?
Pensativa, Shaina acarició su vientre, buscando el apoyo que buscaba. Miró el techo atentamente sin dejar que la luz la interrumpiese.
—Quisiera… sí quisiera… pero no sé siquiera si él vaya a perdonarme esto. Incluso el maestro Dohko piensa que lo que le hice no tiene nombre —se dejó la barriga y se pasó las manos por la cara, inhalando profundo, encontrándose con su racionalidad y vergüenza—. Lo usé, Marin. Yo lo usé, y cuando ya no me sirvió más lo abandoné. Soy un monstruo.
Resoplando, sintiendo empatía con el dolor de Shaina, Marin puso una mano sobre el hombro de la mujer, demostrándole su entero compromiso por ayudarla en todo lo que estuviese a su alcance. A lo que Shaina respondió poniendo una mano sobre la suya.
—Todo estará bien —le dijo la japonesa—, confía en ello. Recuerda, eres muy fuerte. Y Milo no es precisamente un hombre frágil.
—No dudo que él lo sea —sonrió triste—. ¿Pero podrás creerme que yo ya no recuerdo cómo se siente ser fuerte? Me siento acabada. Débil. Demasiado débil.
—No estás acabada, y jamás has sido débil —aseguró Marin—. Sólo tienes que seguir, y yo estaré aquí para ti.
—Marin…
—¿Mmm?
Shaina le sonrió de una forma tan bella que cualquiera que hubiese conocido a la antigua amazona despiadada que fue alguna vez, no la habría reconocido. Marin solía decirse a sí misma que Shaina siempre había poseído la capacidad de sonreír así, pero dado a la vida dura que ambas habían sido obligadas a vivir, ninguna de las dos había sido bendecida con el permiso de hacerlo.
—Cuando Aioria y tú decidan ser padres también, tendrán que tener en cuenta eso de las hormonas descontroladas —suspiró con agobio—, son espantosas.
—Se lo diré —susurró noblemente, abrazándola con una fuerza cuidadosa, pues entre ellas había una vida valiosa escuchando y sintiéndolo todo, sobretodo el cambio que estaba cruzando la madre con cada mes que pasaba esperando su llegada—. Y él lo aceptará porque yo lo digo.
Aun en medio del abrazo, ambas rieron en complicidad.
Esa noche Marin por primera vez durmió al lado de una chica y era ni más ni menos que su ex enemiga. La mujer que sin compasión, alguna vez amenazó con acabar con su vida.
El mundo daba muchas vueltas.
Y más ahora que Shaina no sabía que Athena ya había concedido el permiso a Milo (¡qué ya estaba al tanto todo!) de viajar a Japón. Los dioses permitiesen que ambos padres tuviesen el mejor de los encuentros, ahora más que nunca pues la vida que ambos engendraron, estaba a poco tiempo de despertar y abrir sus ojos en este planeta demente, constantemente amenazado por Hades.
Marin, antes de cerrar los ojos, rogó porque todo al final saliese bien.
—CONTINUARÁ—
Por primera vez en este fic, el recuerdo fue más largo que el presente en sí. Espero no les moleste eso, pero necesitaba darle su momentito a Shaina y Milo *llll*
Por otro lado, lamento mucho la tardanza, peeerooo, en mi defensa, es un poco cansado tratar de mantener el ritmo entre este fic y la saga Decretos Divinos, para la cual, espero tener su secuela pronto. Además de que informo que desde hace poco estoy haciendo modificaciones y los últimos toques a un nuevo mini-fic Agafica para el cual espero que sea de su agrado, claro, si son fans de la pareja y de la saga TLC.
¡Pero volviendo al fic!
¿Cómo ven a Shaina? Jajajaja como diría el buen Will: "malévolo cucarachón se nos puso sentimental" jajajaja, nah! La amamos aun si está loca y con los sentimientos un poco revueltos. ¿Y ustedes qué creen? ¿Ya está lista para hablar con Milo (y él con ella) o tal vez ambos deberían darse más tiempo para tratarse como humanos civilizados?
No lo digo con frecuencia, pero en serio odio que en los fics donde en una situación (más o menos) como ésta, ambas partes se comporten como bestias (ya ni como animales) mordiéndose el uno al otro para que en el capítulo final se den cuenta que se aman. He ahí la razón de ser de los "recuerdos" de cada uno. Ya saben, yo floja, no quise expandir tanto el fic contando toda la historia entre Milo y Shaina desde el principio, principio, para concluir en esto, básicamente XD.
¡Qué nervios!
¡Nos acercamos al "arco final" del fic! No tienen idea del gusto que me dan sus reviews. ¡El animo que me dan con ellos no lo puedo pagar!
Pero espero que les haya gustado el episodio. Agradezco el apoyo.
Saludos y hasta el próximo.
Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia:
camilo navas, foxsqueen, Monsey Nyan (tampoco cuál es el afán de algunos hombres por darnos joyas, pero creo que eso se debe a que la joyería se le atribuye mucho a las mujeres. Y como Milo no es muy experimentado en "qué regalar a una dama" creo que le salió natural jajaja).
Agradezco de todo corazón su apoyo y sus mensajes de aliento.
¡Saludos y gracias nuevamente por leer!
JA NE! ;)
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