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XII
Tormentosa Debilidad
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—¡Shaina! —gritó Milo a espaldas de la amazona, quien se hallaba sentada al borde del río con sus pies desnudos adentro del agua—, ¡Shaina!
Ella giró un poco su cabeza, pero no se molestó en verlo. Sus ojos se mantuvieron apartados de él, pero no por eso estaba prestándole menos atención.
—Qué escandaloso eres. Cállate —se quejó sin molestia.
Con un rostro cuya emoción pintada sobre ésta era la preocupación, Milo de Escorpio se acercó con pasos lentos hacia Shaina.
—Tú… estabas aquí… ¿oíste…? Te busqué… ¿o no lo oíste?
—Si no vas a hablar como una persona coherente, lárgate y deja de perturbar mi paz —musitó bastante calmada, echando su cabeza hacia atrás, recibiendo gustosamente una pequeña corriente de viento fresco. Su cabello se meció un poco.
Hoy era un día hermoso. El sol no quemaba, los pájaros cantaban, las nubes otorgaban sombras refrescantes, las hojas de los árboles y el pasto susurraban con el viento, al mismo tiempo que el agua tibia del río chocando con las rocas ocasionaba una melodía que nadie debería perderse en esta vida.
—Shaina… yo… —él apretó los puños—, yo no he tocado a ninguna otra mujer —inhaló profundo—. No sé de dónde salieron esos rumores, ¡pero lo juro por los dioses! Tú has sido… —iba a decir "la única", pero para entrar en detalles necesitaba más tiempo y por supuesto, la certeza de que Shaina no iba a cortarle el miembro con un cortaúñas para luego hacérselo comer.
Si debía ser honesto, Milo sí temía a la ira de Shaina. ¿Lo burlesco? Es que no tenía por qué sentirse amenazado.
Como Santo Dorado, Shaina no podría siquiera tocarle un cabello si peleaban en serio como guerreros. Pero… algo en el interior de Milo, algo que ninguna armadura cubría, se rompía en sangrientos pedazos ante su duda. Ante su repudio.
Una segunda corriente de viento trascurrió mientras Milo trataba de averiguar cómo explicarse mejor. Intentando averiguar cómo deshacer esa mentira que, con todas sus fuerzas, quería que desapareciese. Qué no existiese.
Cuando despertó pensó que hoy sería un buen día. Pero apenas, paseando por Rodorio, escuchó acerca los rumores sobre que se le vio coqueteando con una joven aspirante a amazona, que supuestamente ella juraba y juraba que su relación con él había continuado bajo una sábana, Milo calló a las cacatúas en cuestión (un par de mujeres civiles) y como alma que lleva el diablo buscó a Shaina.
La buscó con Marin, su supuesta mejor amiga, en el coliseo de entrenamiento, Shaina no estaba con ella, y él pudo irse sin alertar a la suspicaz amazona del águila. La buscó a la velocidad de la luz en su casa, pero tampoco estaba. Buscó y buscó hasta que Milo por fin sintió su cosmos cerca, pues fue obvio que Shaina quería ocultarse. Ella no quería qué nadie (sobre todo él) la molestasen ahí donde se encontraba.
Pero él deseaba, debía y necesitaba aclarar este error.
Y ahí estaba él, lejos de ella, mientras Shaina lavaba sus pies con el agua fresca.
—¿Eso era todo lo que venías a decirme? —al cabo de un rato Shaina sacó sus pies del río mientras Milo la veía maniobrar cada paso de su ascenso, todos ellos demasiado lentos—. ¿Es todo? —volvió a preguntar.
—Juro por Athena que todo lo que se oye son mentiras —dijo él más afectado de lo que hubiese querido mostrar. Milo de Escorpio, nunca, jamás, había explicado nada de este tipo a ninguna mujer. Pero se decía que siempre había una primera vez para todo.
Hubo una época en la que esa fama de mujeriego no le habría afectado, aunque no fuese del todo cierta ya que él no tomaba amantes cada semana como se creía, sino cada vez que le apetecía (que podría ser incluso un par ocasiones, cada tres o cuatro meses) y si se le daba la oportunidad. Porque claro, siempre había sido cuidadoso al elegir.
Pero cuando escuchó que ese supuesto encuentro había sido desde hace unas pocas semanas, él se alteró. Porque no era así. Su último encuentro sexual había sido hace dos (casi tres) semanas y su amante se hallaba ahí, de pie, enfrente de él.
¿Qué se creían los pueblerinos de las cercanías? ¿Qué tenía la libido elevada todos los malditos días del año o qué? ¿Qué era la reencarnación del maldito Príapo?
¿Acaso se pensaban que él no era un ser humano común lejos de su estatus como santo dorado? Él tenía responsabilidades, demasiadas. No todo en su cabeza era sexo y sus pasatiempos no se reducían a eso. Como santo dorado, y como hombre también, se sentía ofendido. Estaba harto de que le tuviesen como a un gigoló con el que cualquier chiquilla hormonal podía usarlo para ser el centro de atención.
Aunque… volviendo a su asunto con Shaina… no es como si él no fuese libre y ella tampoco. Así que cualquiera le diría que no era necesario que se sintiese tan aferrado a querer aclararle esto a alguien que no era su pareja de forma oficial.
Es sólo que… maldita sea. ¡Maldita sea!
¿Por qué se sentía tan desesperado por hacerle creer a su amante que él no había tocado a otra mujer después de ella? ¿Por qué esa necesidad de sentir que Shaina le creía a él y no a unas metiches con demasiado tiempo libre para esparcir rumores estúpidos? ¿Por qué sencillamente él no era capaz de siquiera ignorar esas habladurías sin antes hablarlo con ella?
—A mí no tienes que darme explicaciones de nada —su tono, aunque frío, iba cargado con pesado sentimiento de resentimiento. De odio hacia una traición que él no había cometido. Milo no fue estúpido, sintió la puñalada en esas palabras—. Sé muy bien cuáles son las cláusulas de este convenio. Así que respira tranquilo —le palmeó el hombro antes de irse a casa.
Completamente hecho piedra, como si los ojos de Shaina hubiesen sido de una gorgona letal, Milo se quedó ahí de pie sin saber cómo proseguir o qué más decir a pesar de que adentro de su cabeza estuviese un alma en pena gritando por su inocencia.
Si en algún momento, tanto Milo como Shaina, debieron haberse dado cuenta de que su relación (supuestamente pasajera) con el otro estaba saliéndose de su control, fue cuando Milo se vio a sí mismo desquitando su rabia cerca de Cabo Sunión con una gran cantidad de rocas gigantescas…
Y Shaina buscando sigilosamente como un tigre a la aspirante que propagó tal rumor (porque al final supo que eso había sido) para propiciarle la peor golpiza de su vida, con la excusa de que todo se llevó a cabo en un entrenamiento en el que la pobre aspirante no estaba preparada como debía.
Marin tuvo que intervenir para que Shaina no matase a la joven que después de aquello pasaría largos días en una camilla de hospital con varios huesos rotos.
Ninguno vio las señales. Para variar, si alguno las hubiese visto, de cualquier forma, las habría ignorado por no considerarlas lo suficientemente importantes.
Pero un mes aproximadamente posterior a ese último encuentro entre ellos dos, fue Shaina quien fue a visitarlo en Escorpio, una tarde de jueves.
Cuando Milo sintió su cosmos adentro de su casa, salió de sus aposentos (los cuales estaba ordenando) para darse cuenta de que no estaba alucinando. No pudo haberse quedado más mudo de lo que ya estaba cuando Shaina (con todas las probabilidades de quedar descubierta como su amante) se acercó para besarlo con fogosidad. Por supuesto, esa fase de inamovilidad se fue al cuerno cuando ella lo agarró de su trasero en medio del beso y le susurró:
—¿Acaso ya te aburriste de mí? —rozó sus labios con los de él, hubo un beso corto—. ¿Tan ocupado estás?
Todavía confundido, pero no dispuesto a detener nada por preguntas que podría hacer después, Milo masculló:
—Eh… ¿lo siento?
—Unas disculpas a medias no me bastan —mirándose a los ojos.
Ambos se encerraron en los aposentos de él hasta que esa necesidad que tenían de sentir al otro hubiese quedado saciada.
Lo que había diferenciado esa experiencia de las últimas, era que Shaina se había esmerado en controlar la situación, no es como si antes no lo hubiese intentado o no hubiese tenido el mando por un momento. Pero en esta ocasión fue tajante en su decisión de no permitirle a Milo estar encima.
En la cama, ella se sentó sobre él mientras lo besaba. Incluso hizo algo que hasta esos momentos únicamente Milo había hecho con Shaina, que era sujetarle de las muñecas para mantener las manos arriba de la cabeza mientras devoraba su boca.
Wow… ¡eso! (tuvo que admitir) no se lo esperaba.
Luego de un par de horas, Milo sintió que recuperaba algo de su sentido de la orientación.
Bastante agitado, pero con una cara pensativa y algo desubicada, Milo se mantuvo despierto, aunque Shaina se haya quedado dormida en su cama desde hace un rato. Ella se aferró a acostarse encima de su pecho, y él, sin darse cuenta, estaba jugando con su cabello mientras pensaba… pensaba en…
Ese cambio de aires fue…
Fue muy…
Interesante.
Placentero, también, no lo negaba. Pero…
Pero era la primera vez que él se sentía como un joven inexperto ante una poderosa (y muy, muy candente) fiera que no se detuvo hasta que consiguió lo que ella quería.
Ni siquiera cuando perdió la virginidad (a una edad muy corta) Milo se había comportado como un patético sumiso intimidado. Rogando por el cuerpo que deseaba. Gritando por clemencia. Sintiéndose como un buen chico al recibir lo que quería luego de ser prácticamente el juguete de su compañera, quien por primera vez desde que estaban juntos, fue muy dura al (prácticamente) obligarlo a enterar su lengua entre sus piernas… y no dejarlo salir de ahí hasta que fue ella la que encontró alivio.
Bastante cruel de su parte, más cuando le advirtió que si se tocaba a sí mismo, ella lo mandaría al diablo…
Ehm… ¿qué demonios le había picado a Milo para estar a merced de Shaina sin que ella se esforzase demasiado?
No es que le gustase ser el dominado… pero Shaina fue extremadamente… wow… más cuando lo premió por haber cumplido su palabra de no masturbarse mientras ella no lo veía. Fue algo… que dudaba poder olvidar durante lo que le quedaba de vida.
Mierda…
Llevándose su mano libre a la cara, sin dejar el cabello de Shaina, Milo inhaló profundo tratando de no golpear mucho su ego con lo que estaba pensando, pero quizás no le hiciese daño ser honesto consigo mismo al admitir que en el fondo, no le molestaría volver a repetir esa experiencia.
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—Es por aquí —indicó Aioros.
—No, es por acá —señaló Aioria un camino opuesto.
En medio de un vórtice de estrés, Milo de Escorpio quería arrancarse las orejas, los ojos, los sesos y botarlos a la basura con el único fin de calmar su ansiedad y enfado.
Sinceramente no sabía en qué demonios había estado pensando en el momento en el que pidió a su Ilustrísima con que fuesen los hermanos Aioros y Aioria los que lo acompañasen a Japón. Ninguno de los 3 hablaba japonés y lo peor es que tampoco estaban familiarizados con los aeropuertos. Vaya suerte la suya.
¿Y todo por qué? Milo sabía que Marin estaba con Shaina, y (estúpidamente) había querido hacerle un favor al gato pulgoso.
En cuanto a Aioros, Milo creyó que él mayor de todos los santos, sería lo suficientemente centrado como maduro a la hora de viajar con los niños que, prácticamente, cuidó durante algún tiempo.
Pero qué error poner a esos dos en un solo espacio. Donde uno opinaba una cosa, él otro le contradecía.
Con mucha suerte y luego de estar vagando de un lado a otro inútilmente por un par de horas con el fin de intentar "ubicarse" mejor; una señorita encargada del aeropuerto que hablaba italiano (en ese idioma) les indicó amablemente a los tres, a dónde tenían que ir para recoger sus equipajes y cuál era el procedimiento a seguir antes de dejar las instalaciones.
Durante todo ese tiempo Aioros había tenido que tolerar un par de preguntas personales como: ¿qué edad tienes? Y, ¿realmente eres griego?
Milo no lo supo hasta esos momentos, pero al parecer, ver tipos como ellos por este lado del mundo no era cosa de todos los días. Llamaban mucho la atención sobre todo con las mujeres. Curiosamente eso ya había dejado de importarle. Él había venido hasta Japón sólo a una cosa y no iba a permitir que ninguna tentación lo hiciese flaquear o distraerse. Podría arruinarlo todo, cosa que en verdad lo enfadaría en contra de sí mismo, claro está.
Por su parte, Aioros se comportó como un caballero con esa mujer, no fue un mentiroso y toleró bien cada cuestión que se le hacía, pero la señorita creyó que él la engañaba cuando éste le confesó que actualmente tendría que tener poco más de los 30 años siendo que su apariencia era igual de joven que la de su hermano menor, Aioria.
Éste también se vio envuelto en el interrogatorio cuando la chica lo vio y descubrió que los hermanos eran algo distintos entre ellos; pero a la vez muy parecidos, eso no tuvo sentido para Milo, a él no le parecían tan… interesantes.
Aioros sólo tenía cabello castaño y ojos azules mientras que Aioria era castaño casi rubio y con ojos verdes, fuera de ello parecían ser mellizos, casi gemelos. ¿Y qué? Milo ya había visto gemelos, trillizos, mellizos y etcétera, etcétera. Nada del otro mundo.
Pero de forma sabia, Milo prefirió mantenerse callado y dar la apariencia de querer matar a alguien con el único fin de que la jovencita no lo distrajese de sus pensamientos, los cuales ahora mismo se hallaban revueltos. Tan confundidos como indecisos sobre qué rumbo tomar. En el aeropuerto y en su propia vida personal.
Vaya momento para que sus inseguridades estuviesen cobrando vida. Se supone que ya había resuelto ese detalle antes de entrar en territorios japoneses.
—Su Ilustrísima dijo que el lacayo de la señorita Athena iba a esperarnos en la entrada —musitó Aioros.
—¿Cuál de todas? —Aioria miró con el ceño fruncido a sus alrededores.
Menos mal que la chica había tenido que dejarlos, y por supuesto que le preguntó a Aioros si tenía un número telefónico para mantenerse en contacto con él. Tanto Aioria como Milo pusieron los ojos en blanco al ver que Aioros no era muy observador cuando alguien estaba coqueteándole. Y de nuevo, con toda su infinita sinceridad; el Santo de Sagitario le dijo que no tenía ese tipo de cosas. Cuando la chica insistió por saber dónde se quedaría, él contestó qué sólo estaba visitando a sus familiares y luego volvería a Grecia. La muchacha insistió por saber dónde o cómo contactarlo.
Entonces Milo explotó diciéndole:
»Nena, éste tipo no batea para tu género. ¿No has entendido? Míralo, no tiene idea de lo que le dices, y aunque lo tuviese, él es fiel a sus… gustos —mandó la indirecta de que Aioros era gay. Afortunadamente el mayor no lo entendió a diferencia de Aioria, que, al ser cuestionado por la mirada de la chica, se rio asintiendo con la cabeza.
»Dejamos a su compañero en Grecia —le dijo abrazando a su hermano por el hombro, quien miraba confuso a Milo y Aioria—, lo estamos cuidando porque suele ser demasiado inocente. Y dudo que a él… le haga gracia enterarse de esto.
Lanzando una maldición en un suspiro desanimado, la chica se fue, deseándoles suerte en el viaje. Cuando Aioros preguntó qué había pasado, Aioria se partió de la risa junto con Milo. Aioros exigió saber lo que ocurría.
»No gracias, todavía quiero vivir, adelfos —se había reído Aioria—, pero en serio eres demasiado inocente.
Por más que Aioros insistió, ni Milo ni Aioria le dijeron nada. Luego de vagar un poco más, hacer una parada en los sanitarios y volver a dar vueltas en círculos, por fin ubicaron el sitio al que se supone, verían al sirviente de los Kido.
—¿Y es esta, adelfos? —lo cuestionó Aioria.
—Eh, no lo sé. ¿Acaso no son ustedes dos los que deberían saber de estas cosas modernas? —masculló Aioros con una mano sobre su maleta y otra sobre su nuca. Todavía teniendo en mente que algo no correcto habían hecho estos dos a sus espaldas y de alguna forma iba a descubrir lo que había sido.
—Oye —interrumpió Milo notando algo a su derecha—. Creo que a ese sujeto ya lo he visto antes.
Un grupo de personas esparcidas en lo que eran unas grandes ventanas y entre todos ellos al fondo un gran sujeto calvo con traje negro, sosteniendo un cartel amarillo fosforescente con sus nombres mal escritos en griego, se asomaba con insistencia mirando por todos lados.
Aioros, Milo y Aioria no eran tan intelectuales como Camus, Shaka o Mū (quizás Aioros sí) pero todos sabían escribir sus propios nombres y nunca se imaginaron quién podría hacerlo mal hasta hoy.
—Sí, debe ser él. ¿Alguno de ustedes recuerda cómo se llama este señor? —preguntó Aioros, queriendo ser cortés con el lacayo de Saori Kido.
—Ni idea —respondió Aioria sin pena ni temor en preguntar.
Por suerte el hombre sí hablaba griego de forma fluida, aunque su escritura diese nauseas. Les hizo una cordial reverencia invitándolos a seguirlo hasta un automóvil de buen aspecto, color negro. Aioria se sentó al frente con el hombre, quien se identificó como Tatsumi. Y Aioros junto a Milo se acomodaron en los asientos traseros.
Sus maletas fueron puestas sin problemas en el portaequipaje del auto.
Durante todo el camino Milo estuvo mirando por la ventana, pensando en qué haría una vez que volviese a ver a Shaina.
Se debatía mentalmente si sería conveniente demostrarle a ella lo mucho que había estado meditando sobre intentar criar a ese niño, ellos dos juntos por supuesto, o si simplemente dejar que esa mujer (cuya actitud actual desconocía) decidiese otra vez por ambos.
«No vine hasta acá sólo para que haga la misma estupidez» se retuvo de seguir pensando de forma tan permisible.
Él tenía su orgullo y no pasó días enteros liberándose del estrés limpiando armaduras junto con Mū, para nada.
Ya le había dado su espacio, el tiempo, le había dado también la oportunidad de pensárselo y evidentemente Milo se equivocó al creer que la amazona tenía mejor criterio o ya siquiera una mente madura para enfrentarlo diciéndole ella misma la noticia de su embarazo, sin involucrar a terceros.
Ahora él iba a ser el que llevase las riendas de esta situación.
«Nadie me alejará de mi hijo, ni siquiera tú, Shaina» se propuso ignorando lo más que puso la horrible música que había puesto Tatsumi en la radio del carro.
Bastante pronto, gracias a los dioses, llegaron a su destino.
—Wow, que linda casa —musitó Aioros, bajando del auto y abanicándose con ayuda de la camisa blanca que llevaba y le quedaba algo suelta.
La Mansión Kido era casi tan enorme como el mismo Santuario, con frondosos árboles y pastizales bien contados y recién regados. Aioria se había quitado la playera de manga larga dejándose una camiseta negra y Milo por su parte se dejó la playera de manga corta previendo bien que el clima en Japón no sería menos cálido y húmedo que en Grecia en estas fechas.
—¿Ellas están adentro? —preguntó Aioria a Tatsumi.
—La señorita Saori tuvo que salir a atender algunos asuntos de la Fundación Grand, sus compañeros, Kanon y Dohko, se fueron con ella —los invitó a pasar a la enorme mansión ordenando a algunos empleados llevar las maletas a los cuartos designados para ellos—. Las señoritas Marin, Shaina y Shun-Rei salieron de compras después de visitar a Seiya al hospital o eso me fue notificado.
Sin dejar de caminar, un tanto alejado de sus compañeros, los ojos de Milo brillaron peligrosamente, reaccionando ante el nombre del Caballero de Pegaso, pero no dijo nada.
Siendo lo más educado que pudo, continuó viendo al frente, el pasillo por el que Tatsumi los guiaba hasta entrar a un comedor donde les pidió sentarse. Luego llamó a algunas empleadas para que atendiesen a los invitados.
—Entonces… —masculló Aioros, retomando el tema—. ¿Seiya aún no…?
Con pésame, Tatsumi negó con la cabeza.
—Sigue sin despertar.
—¿Y los Santos de Bronce faltantes?
—Ejem —Tatsumi se aclaró la garganta. Una empleada llegó con un jarrón de agua y 4 vasos que llenó y entregó a los presentes—. Shiryū y Shun acompañaron a la señorita Marin y a las demás, después partirán a sus propias casas. Hyōga de Cisne partió al orfanato a hacer una visita (o eso dijo) así que no creo que le veamos pronto, e Ikki quién sabe dónde está —terminó, bebiendo el agua fresca.
—No me sorprende —interrumpió Aioria—, Ikki siempre ha sido así.
—Bueno, a veces él acompaña a la hermana de Seiya hasta el hospital cuando nadie más puede hacerlo.
—Cierto —recordó Aioria—, Seiya tiene una hermana. ¿Cómo se llama?
—Mi nombre es Seika, señor —respondió una joven dama desde la puerta que ellos habían usado antes para entrar.
Todos la miraron.
Como Milo y seguramente Aioros también, Aioria se sorprendió por el cierto parecido que Seika tenía con Marin, sólo que la amazona era pelirroja y Seika poseía el mismo cabello color castaño que su hermano, y sin embargo sus melenas eran rizadas por igual. Sus miradas también diferenciaban pues mientras que Marin usaba un semblante desafiante y severo en sus ojos curiosos color azul, plagada de seguridad, Seika permanecía con una ligera curva en sus labios con una mirada cálida y pacífica cuyo color era marrón.
—Saori me dijo que llegarían pronto… pero no creí que sería tan pronto —dijo sonriendo afablemente.
—Seika —la llamó Tatsumi, severo—, recuerda tus modales.
—Sí, sí —desligó la muchacha japonesa pidiéndoles a las empleadas que sirvieran el almuerzo.
—¡Pero la señorita Saori aún…!
—Mientras estaban afuera, ella llamó y dijo que no la esperásemos pues sus socios buscaban invitarla a tomar el té, se disculpa de antemano por no poder recibirlos, pero asegura que estará aquí para la cena —sin pedir permiso se sentó frente a los Caballeros, les miró y les sonrió de nuevo—. Lamento no haberles conocido en circunstancias más apropiadas.
—Esto debe ser un error, llamaré a la señorita ahora —decretó Tatsumi, desconfiando de las palabras de Seika.
—Como usted diga —canturreó viéndolo salir rápidamente y les miró de regreso a ellos con un poco de más timidez—. Saori me pidió que evitase que Tatsumi la llamara, pero no suele hacerme caso y… prefiero evitar conflictos innecesarios con él.
—Así que eres la hermana de Seiya —masculló el caballero mayor.
—Sí… lo soy —una joven empleada llegó con una jarra de jugo de naranja y sirvió un vaso para Seika.
—De verdad lo lamento —dijo Aioros refiriéndose a la condición del muchacho.
Ella asintió tristemente aceptando el sentimiento.
—Ruego todos los días porque me dejen volver a verlo, pero mi voz no puede alcanzarlo… ¿y cómo podría? Si ni siquiera escucha la voz de Saori. —Lentamente bebió el juego en su vaso—. ¿Y qué desean para comer?
—Lo que sea estará bien —dijo Aioria tratando de no desanimar más a la joven hablándole de Seiya.
Recuperando aquella sonrisa ya reconocida, Seika pidió a las chicas apresurarse antes de que Tatsumi regresase y las obligase a esperar 3 horas a que llegase Saori.
—Veo que Tatsumi y usted tienen ciertas diferencias —musitó Milo, apoyado de espaldas en el respaldo de la silla, con los brazos cruzados.
Los Caballeros notaron con facilidad, el modo en el que el hombre había estado hablando con ellos y de pronto cambió su tono al encarar a Seika.
—No son sólo diferencias. Al igual que mi hermano y todos los demás, yo no le agrado a Tatsumi; pero está bien —siguió sonriendo—, él tampoco me agrada a mí; nos toleramos sólo porque ambos vivimos aquí y porque Saori no gusta de ver pleitos entre nosotros. En respeto a ella, ambos procuramos tratarnos lo menos posible.
Los tres hombres comenzaron a pensar que esa sonrisa tenía que ser completamente falsa. Por muy hermosa que luciese. Esa cara en la joven no podía ser acorde a lo que decía, como si cada día practicase cada ceño de su rostro antes de salir de su alcoba y empezar a tratar a la gente que la rodeaba.
—¿Está usted bien? —preguntó Aioros, alzando una ceja.
—Por supuesto que sí, ¿por qué no habría de estarlo?
Milo estaba harto de ese comportamiento en las mujeres. Primero Shaina con su estúpida idea de ser madre y luego largarse del país con ¡su hijo! ¡Y sin decirle nada!
Calma… calma…
Ahora esta niña tonta tratando de verles las caras de idiotas, mintiéndoles descaradamente.
¿Quién demonios se creían?
Quiso levantarse, tomar a la imberbe de los hombros y sacudirla hasta despegarle el cerebro del cráneo, pero sabía que debía entender la presión por la que debería estar pasando. Tener a su hermano en el hospital junto a otro centenar de cosas que ninguno de ellos sabía, deberían estar haciéndole mucho daño emocionalmente, y por algún estúpido motivo que Milo no acababa de entender, Seika debía estarse obligando a sí misma a hacerles creer a todos a su alrededor que ella estaba bien cuando en realidad estaba muy lejos de ello.
Ante las miradas expectantes de los hombres sobre ella, Seika bajó la mirada a la mesa temiendo que hubiesen descubierto que no podría forzar más su sonrisa ante sus ojos.
Incómoda, carraspeó la garganta.
—Creo que Tatsumi regresará pronto así que me retiro. Fue un placer conocerles, y bienvenidos a Japón —de forma tradicional, hizo una ligera reverencia con la cabeza, luego de pararse se acercó a una de las empleadas que llevaba un plato sobre una bandeja y le susurró algo al oído en japonés, la chica la miró y asintió—. Les pido permiso —dijo haciendo una reverencia más pronunciada.
Los tres se vieron con la obligación de asentir, cada uno sintiéndose con una especie de deuda con Seiya que les impedía no sentirse con deseos de ayudar a la pobre muchacha. Seiya como su hermano más cercano, debía proteger a Seika, en su ausencia por una herida mortal, era inaudito que Seika estuviese tan… aislada.
Acorde a la creencia popular griega que regía a los 3 Santos Dorados que veían la situación sin poder hacer nada, Seiya debía ser quien cuidase a la muchacha siendo su hermano, hasta que ella consiguiese un marido que velase y muriese por su seguridad si era necesario; pero hasta entonces el Santo de Pegaso debería ser el que la protegiese de todos los males que asechaban, aun si ella era la hermana mayor.
Pero Seiya no estaba y claramente Seika lo necesitaba más de lo que quería mostrar.
Aioria y Milo se sintieron un poco mal por ambos. Era difícil sobrellevar una situación así con una sonrisa, lo que quería decir que Seika trataba de ser fuerte no solo por Seiya sino por todos los que la rodeaban. Eso algo sin duda digno de admirar.
De pronto, Aioros bostezó.
—Discúlpenme con el señor Tatsumi, pero… me muero de sueño y comer sólo me hará tener pesadillas —pidió levantándose.
—¿Qué? —masculló Aioria descubriendo, como Milo, que Aioros estaba mintiendo patéticamente.
Nunca fue bueno en ese campo, que alguno de los dos recordase.
—Cálmense y relájense un poco; y beban algo a mi salud —sin esperar reproches ni negatorios se fue tras Seika.
—¿Al menos sabes a dónde ir? —preguntó Aioria con suspicacia.
Ambos se giraron y vieron, con los ojos entrecerrados, cómo Aioros se apresuraba para alcanzar a Seika, para total asombro de ésta. Le dijo algo sonriéndole justamente como había hecho con aquella chica del aeropuerto, luego ambos desaparecieron del campo de visión de Aioria y Milo, quien suspiró.
—Como Seiya abra los ojos y se entere de esto es capaz de volver al coma y llevarse a Aioros con él —murmuró Milo.
Negando con la cabeza y con la misma cara irritada de Milo, Aioria no debatió.
—Adelfos —suspiró Aioria—. Ojalá sepa lo que hace; ya es lo suficientemente viejo como para cometer estupideces tan grandes —dijo refiriéndose a su hermano.
—Ojalá no te equivoques —deseó Milo sin muchas ganas de comer.
Milo, mejor que los hermanos, sabía de lo catastróficas que podían ser las consecuencias de meter la mano bajo la falda de una mujer con un rostro que terminarías por recordar hasta en tus sueños. Pero en fin, todos debían aprender a su modo.
―Señores, la señorita Seika nos ha pedido que llevemos sus equipajes a sus alcobas. Procederemos a ello, con permiso. ―Una de las empleadas les habló en japonés, pero dado a que ninguno de ellos sabía hablar ese idioma, simplemente asintieron esperando no haber accedido a algo inadecuado.
Milo vio el platillo de carne asada con desgano, pero aun así se dispuso a comer pues su política era no desperdiciar los alimentos. Aioria le secundó siguiendo la misma norma. En sus épocas como aprendices, el hambre fue una cruel compañera que hasta el día de hoy les recordaba que alimentarse apropiadamente quisieran ellos o no, era indispensable para sobrevivir.
Momentos después Tatsumi volvió buscando a Seika.
—Mi hermano se sentía muy cansado de su viaje y le pidió a la señorita Seika que lo guiase a su alcoba —respondió Aioria llevándose una copa de vino a los labios.
Tatsumi miró el pasillo casi con horror.
—No se preocupe —dijo Milo—, Aioros es un buen tipo. No buscará aprovecharse de la señorita Seika.
—Eso no es lo que me preocupa —masculló Tatsumi en japonés para que ninguno lo pudiese escuchar.
Aioria, a espaldas de todos (incluso de Milo) desde hace tiempo había estado pidiéndole a Marin algunas clases del idioma japonés, y gracias a éstas, él pudo comprender ciertas palabras que en definitiva no le gustaron.
—Siéntese y coma algo —pidió el santo de leo, limpiándose la boca con la servilleta, terminando su platillo—. Con su permiso, también me retiro. Fue un viaje largo.
Milo miró a su compañero de reojo antes de volver su atención en el mayordomo.
—También me retiro, le agradecemos sus atenciones y la comida —dijo acabándose el agua del vaso de un solo trago—. Pero le pediré otro favor.
—¿Sí?
—Qué Shaina no sepa que estamos aquí primero que la señorita Athena, necesito hablar con ella apenas llegue; antes que nadie más, ¿comprendió?
—E-eh supongo…
—Bien, gracias. Me retiro.
Milo no alcanzó a Aioria, quien tomó un camino distinto al que habían usado Aioros y Seika cuando se marcharon, pero él sí por lo que terminó subiendo unas escaleras grandes que guiaban a 2 pasillos distintos. Milo no sabía hablar japonés así que sería inútil pedirles a las empleadas que le mostrasen su habitación así que subiría al tejado de la mansión a despejar su mente. Ahí las posibilidades de encontrarse con Shaina antes de lo requerido disminuirían… o eso esperaba. Además de que al anochecer podría buscar a sus colegas por medio de sus cosmos y ahorrarse molestias.
Le costó un poco conseguir las escaleras que guiaban al último piso y cuando abrió la puerta que daba al techo se sorprendió de ver un jardín ahí. Con flores y algunas mesas con sombrillas.
Tomó asiento en una de las últimas de enfrente, tratando de descansar su mente luego de pensar y pensar en lo que haría apenas llegar a Japón. Lo malo es que había tardado tanto tiempo en meditar y no se le había ocurrido nada.
Ni siquiera sabía si lo primero que haría sería reprender a Shaina por alejarse sin decirle nada.
Irse con su hijo y un enorme fragmento de su corazón.
—FIN DE CAPÍTULO—
Mmmm primero que nada, quiero salirme un poco del fic y entrar a temas más... personales.
De ahora en adelante, sólo subiré mis fics completos sólo a esta página. Aunque también los publique en Ao3, FanficEs, FanficsLandia, Foros DZ, Wattpad entre otros sitios para evitar malos tragos con el plagio... he alcanzado mi límite, señores(as).
Para aquellos que no me sigan en WATTPAD pero tengan historias ahí, les aviso que esa página ha rebasado la línea del descaro.
No solo borra fics/novelas y hasta cuentas de años por razones estúpidas, sino que además, permite que varios perfiles con fics/novelas plagiadas sigan existiendo, hay una cuenta que me plagio un fic hace años que sigue vigente con otro fic plagiado en su haber. Les invito a buscar sus fics ahí por si acaso... ese sitio es el favorito de ese tipo de ladronzuelos.
Ahora trato de propagar la información de que tampoco protege las historias que se suben ahí.
Hace no mucho encontré una página espejo de ese sitio, en el cual te permite descargar y/o imprimir un fanfic o una novela que se haya publicado en Wattpad. Tal cual como está en esa página, te deja apoderarte de esa historia. Y esa página existe, sin que los escritores nos demos cuenta.
¿Saben el problema de eso? Se supone que Wattpad, como Fanfiction, tiene una app para celular en el que te permite guardar un fic sin necesidad de descargarte nada, para que puedas leerlo en caso de no tener internet, además de que eso se hace con el consentimiento de los usuarios. Esa otra página no lo hace hasta que los escritores se la encuentran y piensan que le están plagiando. ¿Comprenden mi indignación? Pues bien. Ese es el motivo por el cual sólo terminaré mis fics en esta página, la cual, con fallos y todo, al menos no hace sencilla la tarea de copiar y pegar.
Ejem...
Para verme rabiar más, les invito a seguirme en Facebook jejeje. Donde además estoy muy activa publicando uno que otro spoiler y subiendo "apuestas" para que publique más rápido un capítulo.
Ahora que ya dije lo que quería. Volvamos al capítulo.
¿Qué opinan de los recuerdos de Shaina y Milo? Este último, debo decir, es de mis favoritos. Creo que no es necesario que lo diga, pero no soy una autora que escriba romances acaramelados. Me gusta tocar los temas espinosos, las discusiones y los malentendidos, cosas por las que una pareja ordinaria pasa o pasará en algún momento de sus vidas.
Perdonen pero así es mi estilo jajaja.
Por otro lado, Aioros me está saliendo un poco OOC así que les pediré disculpas de antemano por eso. No pude controlarlo a tiempo jajaja.
En fin. Es todo de mi parte por hoy.
Por cierto, el virus del coronavirus está más fuerte que nunca. Hagan caso a las medidas de seguridad... y si yo dejo de publicar ya pueden darme por perdida jeje. Esperemos que todos sobrevivamos a este problemón.
Pero espero que les haya gustado el episodio. Agradezco el apoyo.
Saludos y hasta el próximo.
Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia:
camilo navas (no sé si toda Latinoamérica esté esperando ese momento, pero yo sí jejeje, les tengo preparado algo especial), Monse, foxsqueen (está bastante claro que ambos a su modo tenían que madurar por sí mismos y meditar en lo que habían hecho, a ver qué tal les va 7u7 pronto los veremos juntitos otra vez), ShainaCobra, Nyan-mx (bueeno, cabe mencionar que yo he lidiado con mi hermana embarazada así que más o menos me sé el padecimiento jajaja, algún día haré un fic completamente basado en nosotras jajas y todos amamos a Marin, afortunado Aioria ¿verdad? 7w7), Jungirl8 y Negaigotox (mucha fuerza, me alegra poder animarte en estos momentos tan difíciles, pero hey!, hay que sobrevivir para contarle esto a nuestros nietos jejeje saludos).
JA NE! ;)
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