XIII

Vórtice Pasional


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—Estoy bien… déjalo… ¡auch!

—Estabas gritando hace unos segundos. Déjate de necedades. Mira, se está inflamando. Vamos a ir a que te revisen ahora mismo —espetó Death Mask a Helena, quien se hallaba casi acostada sobre las escaleras que dividían Cáncer de la Casa de Leo, y se negaba a recibir atención médica porque según ella, ya tenían demasiados gastos como para agregar uno más a la lista.

Volviendo de su entrenamiento, Milo iba saliendo de la cuarta casa, cuando vio que la chica estaba siendo levantada en brazos por su compañero.

—¿Necesitan ayuda? —preguntó con las mejores intenciones. Después de todo, Helena le agradaba.

—No. La llevaré con el doctor —declinó rápido, Death Mask, mientras Helena sonreía con esfuerzos y con la cara bastante roja.

—¿Podrías por favor… si ves a mis hermanos, decirles que… estoy bien y… volveré a casa pro-pronto? —no se necesitaba ser un genio para notar que le dolía inmensamente el tobillo, y sabrán los dioses si se habría hecho daño en la cadera. Probablemente sí ya que era indiscutible que ella había resbalado.

—De acuerdo.

—Gr-gracias —masculló ella aguantando la agonía. Death Mask no agregó nada más, poniéndose en marcha escaleras abajo.

Con mucha atención, el Santo de Escorpio los miró hasta que desaparecieron de su vista. A veces le costaba creer que ese maniático de Cáncer estaba siendo una pareja respetable.

Él, al menos por su parte, no se creía de todo ese cuento de que Death Mask tuviese remedio en su locura. Es más, en silencio, Milo aguardaba el momento en el que ese pedazo de basura hiciese algo que dañase a Helena o alguno de sus hermanos, Milo incluso temía porque algún día aquella violenta conducta de Death Mask volviese y se atreviese a pegarle a Helena o serle infiel. Echarla de su casa alegando que ya no le importaba más.

Hasta ahora todo estaba en orden, de hecho, esa preocupación por Helena sonaba muy palpable; la había tomado con delicadeza y proseguido con cautela hacia el doctor. Y, por otro lado, los hermanitos de Helena le consideraban a él como parte de su familia, lo respetaban, incluso a veces lo llamaban "padre" sin darse cuenta…

O Death Mask realmente era bueno ocultando lo malo, o de manera sincera buscaba cambiar para bien.

Milo se mantenía escéptico, pero no intervenía si no era conveniente.

De pronto vio a un lado de las escaleras una hoja de papel. La basura era casi inexistente en las 12 Casas debido a la responsabilidad de cada Santo de mantener su respectivo sitio impecable, además de que las doncellas ayudaban mucho. Salvo por unas hojas de árboles, pasto, o polvo, no se avistaba casi nada más.

Con curiosidad, Milo agarró la hoja para leer lo que ponía. Tal vez y era de Helena.

Era un dibujo bastante infantil, pero era claro lo que ahí ponía. Una familia de 6 personas. Dos niños, dos niñas, una mujer con una gran sonrisa y un hombre que vestía de dorado. Atrás la Casa de Cáncer. Un sol, y muchos arbolitos imaginarios rodeándolos. Un cielo azul y nubes grandes, blancas.

Inhalando profundo; exhalando despacio, Milo dobló con cuidado la hoja de papel para luego descender a Cáncer donde esperaría a los mocosos y poder decirles que su hermana había salido durante un rato con Death Mask, no quiso preocuparlos dándoles detalles de su accidente. Ya más tarde, Helena y su pareja deberían hacerse cargo de eso.

Antes de irse, Milo dejó a Kiki a cargo de todos ellos, pues el aprendiz había estado jugando con los cuatro mocosos. Antes de marcharse, le devolvió el dibujo al niño que lo había hecho y reconocido. Milo le mintió diciéndole que lo había encontrado en la mesa de la cocina.

Hasta entonces, él por fin pudo retirarse a su casa a descansar.

A la mañana siguiente, Milo se enteró por uno de los niños que Helena se había torcido el tobillo derecho, pero no había una ruptura así que la zona afectada permanecía vendada con un poco de ungüento especial que Afrodita había preparado para la joven, la noche posterior al accidente. Pero debido a eso y al golpe en su cadera, el doctor le había recetado reposo absoluto por una semana junto a algunos medicamentos que debía tomar.

Milo nunca había visto a Death Mask siendo tan activo… como ama de casa.

Las mañanas, cuando Milo salía del Santuario para entrenar o hacer vigilancia, se encontraba con que el tipo iba persiguiendo a los chiquillos a modo de juego para que desayunaran antes de irse, o llevando una bandeja de madera con comida para Helena.

Esa misma noche, le tocó a Milo enterarse de que Death Mask no estaba siendo un mentiroso con respecto a su pasado.

Viéndose ignorado por los chiquillos que estaban, de dos en dos, de lado a lado de Death Mask, Milo escuchó cómo éste les contaba a los interesados muchachitos que él realmente era un tipo muy malo.

—¡Mientes! No puedes ser tan malo —le decían los niños, las niñas también.

—¡Qué sí puedo! —les exclamaba él, enfrascado en el ambiente infantil—, ¡soy uno de los hombres más malos que alguna vez puedan conocer!

—Pues sé malo ahora —le retaba el niño de ojos azules.

—Nadie me dice cuándo ser malo y cuándo no —Death Mask lo apuntó con el dedo, desafiante—. Luego no lloren si lo soy enfrente de ustedes.

—¡¿Ves?! ¡No eres malo!

—¡Sí lo soy! —de pronto Death Mask miró a Milo, qué hasta entonces, había tenido el ceño fruncido—. ¡Tú! ¡Diles qué tan malo soy!

—Eh…

Una de las niñas se le acercó.

—¿Verdad que nuestro hermano no es malo?

—Verán… —alzando su vista incómoda hacia el cielo, Milo ya estaba arrepintiéndose de no haberse ido cuando todavía lo ignoraban.

—¡Sí lo soy! ¡Diles, Milo!

—Si me lo preguntan…

—¡No es malo!

—¡Lo soy!

—Si me dejaran hablar…

—¡Qué es este escándalo! —exclamó la última persona que Milo esperaba encontrarse.

—¡¿Shaina?! —exclamó Milo.

—¿Tú qué haces aquí? —Death Mask se cruzó de brazos.

—Vine porque Marin me pidió que dejase esto con Helena —mostró una bolsa de plástico negra que llevaba en su mano derecha—. Creo que es ropa —no se oyó segura de eso.

—¿Ropa?

Death Mask alzó una ceja mientras los otros cuatro niños se olvidaban del tema anterior y se acercaban a Shaina para intentar averiguar lo que iba en esa bolsa.

—¡Quiero ver!

—¡No, yo quiero ver!

—¡Quítense!

—¡No me empujes!

—¡Basta! —Shaina gritó cuál banshee haciendo que los niños se quedasen quietos—. ¿Acaso alguno quiere rodar por las escaleras? —señaló éstas que iban hacia la Casa de Géminis—, ¿y qué se supone que hacen despiertos? ¡Largo a dormir!

—No eres mi mamá —espetó uno de los niños.

Shaina deformó su rostro a uno especialmente enojado.

—¡A dormir! Contaré hasta tres…

—No puedes hacernos nada, ¿verdad, hermano? —preguntó arrogante el pequeño niño de ojos azules a Death Mask

—Uno…

Death Mask sonrió malévolo.

—Creo que ya puedo ser malo. —Los niños se tensaron. De pronto miraron a Milo quien se hizo el desentendido.

—A mí no me metan en esto.

—Dos…

—¡Pues no me muevo! —el niño se cruzó de brazos. Los otros ya no se veían tan seguros, pero con toda claridad, era ese el mocoso que impulsaba a sus hermanos.

—Tres.

—No me intimidas —tembló el niño con sus hermanitos atrás de él. Death Mask en serio se estaba riendo.

Shaina subió otro escalón con las claras intenciones de agarrarlos a coscorrones.

—¿Pero qué pasa? —intervino otra vez, una más suave y delicada.

—¡Aahhh! ¡Escapen! ¡Corran! —los niños gritaron siguiendo a su hermano hacia el interior de Cáncer, sin percatarse de que su miedo había explotado por la voz de su hermana mayor, que iba con muletas a averiguar qué ocurría ahora que trataba de dormir.

Helena se quedó con una cara confusa mientras Milo y Death Mask reían a carcajadas mientras Shaina ponía los ojos en blanco.

—Deberías darles más disciplina a esos niños, Helena —le dijo ella a la joven—. ¿Dónde dejo esto?

—Ah, sí. Lo estaba esperando. Ven, sígueme.

Shaina no miró a Milo ni una sola vez, pero eso a él no le molestó ni le dolió en lo más mínimo.

Es más, gracias a esa noche, Milo y Death Mask pudieron, por primera vez en sus vidas, beber una cerveza juntos.

De esas bebidas que el santo mantenía bien guardadas (bajo candado) en una nevera propia que funcionaba gracias a un panel solar. De hecho, como todo lo electrónico del Santuario, y aprovechando el intenso sol que se sentía ahí casi todos los días del año, era con paneles solares qué lograban mantenerse actualizados, con energía eléctrica y no atorados en los siglos pasados donde la iluminación funcionaba con velas y la comida cocida se obtenía con fogatas.

Benditos sean los avances electrónicos… y las mujeres con mucho carácter también.

Ahora, cada vez que Death Mask quería asustar a sus hermanitos, solía usar a Shaina como motor principal.


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Permaneciendo en un (poco) incómodo silencio, Aioros llegó con Seika a su cuarto designado.

—Gracias —le dijo él—, no sé cómo hablar japonés y me hubiese costado mucho intentar pedirles indicaciones a las señoritas de abajo.

Seika se rio delicadamente. Al caballero no le costó detectar lo falso en esa expresión, era una pena que siendo tan agradable se le notase tan triste, intentando fingir que no lo estaba.

—Lo dije en serio.

—Tatsumi pudo haberle mostrado —dijo un poco avergonzada.

—Sí… pero el tipo me da escalofríos —y no mintió, no es que le desagradara el lacayo de su diosa, pero algo le impidió sentir simpatía hacia él. Esta vez la sonrisa de Seika fue un poco más convincente.

—Creo que muchos compartimos ese sentimiento —murmuró delicadamente.

—¿Sabe? Si no es muy inoportuno ni irrespetuoso de mi parte… me preguntaba si…

Al mirarlo a los ojos, el delicado rostro de Seika pareció enrojecer un poco, Aioros lo atribuyó al nerviosismo de tener a un extraño tan cerca de ella.

—Eh… no, mejor olvide lo que dije. Seguro debe estar muy ocupada y no quiero ocasionarle problemas con el señor Tatsumi.

Aioros abrió la puerta y luego de agradecerle nuevamente su compañía se adentró en la habitación.

Tragando saliva pesadamente, Seika se alejó del pasillo con pasos largos, sintiendo muy acalorada su cara.

«Tiene unos ojos muy bonitos» pensó recordando el brillo de estos, de un color un poco más oscuro que el mismo cielo y profundamente misteriosos.

Su mirada amistosa logró confundirla, por un segundo creyó infantilmente que le pediría algo no propio de dos extraños como una cita a cenar (qué boba), pero habiendo vivido en Grecia durante muchos años, Seika pudo darse cuenta que él no intentaba coquetear con ella en lo absoluto, sólo ser amable con la hermana del Caballero de Pegaso, por como seguramente la recordaría.

¿Entonces por qué se sintió tan pequeña a su lado? Tan intimidada.

Meditándolo en su cuarto lo supo.

Como hombre, el Santo era apuesto; con exquisita piel que le recordaba al caramelo, una melena rizada color chocolate sobre la que cualquier mujer desearía meter las manos únicamente agarrar esos rizos que se formaban hasta sus hombros y apretarlos entre los dedos. Alto y fornido debido a los duros entrenamientos que como guerrero debería hacer a diario, un mentón fuerte, nariz respingada y un par de ojos que ella personalmente admiraría hasta el anochecer. Sin duda, sentirse tan pequeña ante un hombre así tendría que ser algo natural además de que él debía medir por lo menos 1.87 mientras que ella rozaba los 1.68.

Aun si era muy joven, Seika no se avergonzaba de admirar la belleza masculina. Para ser honestas, de no tener en mente que el joven Aioria era el novio de la señorita Marin, tampoco tendría problemas en recordar los ojos verdes como las esmeraldas y el cabello rizado y rubio que enmarcaba su varonil rostro.

Y el señor Milo, vaya… debía admitir que la señorita Shaina tenía un buen gusto porque el hombre era un Adonis hecho de carne y hueso. Con una mirada azulada, desafiante y hasta malhumorada, una cabellera de un tono inusual azul cobalto y con una piel más pálida que la de sus colegas. Uno no podía sino preguntarse si uno de los requisitos para hacerse Santo de Athena era ser exquisitamente atractivo a la vista de cualquier mujer mortal.

Seika suspiró sobre su cama, regresando imaginativamente a aquella sonrisa amistosa que debería ser enmarcada o inmortalizada en alguna puntura, aunque dudaba que cualquier artista, por bueno que fuese, pudiese crear la imagen perfecta capaz de hacerle justicia.

Ese debía ser uno de los hombres más atractivos sobre los que Seika hubiese puesto los ojos.

Riéndose de sí misma se tapó la cara con las manos antes de escuchar unos golpes fuertes afuera de alcoba.

—¿Quién es? —masculló en voz alta sabiendo de sobra quién era, sólo había un ser capaz de llamar a su puerta de ese modo.

—¡Abre la puerta! —gritó Tatsumi molesto.

—No. Hable afuera —espetó.

No quería ser maleducada, en Grecia le habían enseñado buenos modales, pero no estaba de humor para tolerar las insolencias de Tatsumi simplemente porque no se agradaban mutuamente. El tipo no era (tan) malo, pero era un verdadero fastidio cuando comenzaba a gritar y su ego le impedía no comenzar a molestarla con el único fin de demostrarle que era él quien mantenía el orden en la casa.

—¡Abre!

—Dije que no —insistió, sentándose—. ¿Qué es lo que quiere?

—¡¿Por qué no me dijiste que la señorita Saori no quería ser molestada?! ¡¿Sabes el ridículo que monté llamándola?!

—¡Usted se fue sin dejarme terminar de hablar! ¡Es su problema!

—¡No! ¡Es tu problema!

Ante esa tontería, Seika rodó los ojos.

—No lo es —rezongó no tan alto para ser un grito.

—¡Sí lo es! ¡Y por tu osadía y tus descuidos te ordeno que limpies todas las escaleras!

«¿Eso también va para tu incompetencia?» Seika se tragó el insulto como pudo.

—¡¿Me oíste?! ¡Aquí no eres más que un gato callejero que la señorita Saori recogió por lo que Seiya hizo por ella! ¡Pero eso no te da el derecho de vivir aquí sin hacer nada! ¡Así que más te vale que esas escaleras brillen antes de que la señora llegue! ¡Holgazana!

Soltando aire caliente proveniente de su cerebro echando fuego por no haberle respondido como se merecía, Seika se levantó dispuesta a cambiarse de ropa.

Aunque se sentía molesta, no pudo encontrar palabras para replicar.

En teoría podía elegir entre hacer caso o no a las palabras de Tatsumi, Saori no la reprendía por holgazanear, pero de cierto modo lo que decía el calvo era verdad.

Era Saori quien pagaba las cuentas de hospital de Seiya y la comida en la mesa de Seika junto a otras cosas necesarias en su canasta básica personal como perfumes, cremas, zapatos, ropa, toallas sanitarias entre otras cosas que Seika no conseguiría tan fácilmente sin su ayuda y sin, por lo menos, dos empleos. Además, por el otro lado, se aburría si no hacía nada útil salvo cuidar a Shaina mientras Marin salía de la mansión, lo que de rara vez pasaba… como hoy.

Lo meditó un poco con la cabeza más fría.

—Nada te cuesta ser un poco más amable al pedir ese tipo cosas, grandísimo patán —gruñó Seika poniéndose un camisón negro sin mangas por encima del pantalón pescador de licra azul cielo, se puso unos tenis antiderrapantes y se amarró el cabello en una coleta alta que dejaba escapar algunos mechones rebeldes.

Desde que no se había cortado el cabello en meses, las puntas de este ya lograban rozar media espalda.

Seika lo decidió. Bajaría y limpiaría, le llevaría aproximadament horas terminar la tarea dada la longitud, el número y el tamaño de las escaleras esparcidas por la mansión, pero, no se le caerían las manos. En un antaño había tenido que cargar cubetas con agua durante todo un día y luego preparar una cena.

Esto-no-era-nada. Nada.

Sólo temía por su autoestima si alguno de los invitados la viese trabajando como una empleada más, cosa que presagiaba desde ese momento si limpiaría las escaleras por horas.

«Tampoco es como si yo les hubiese atraído» se desalentó ella sola.

Estar con Marin y Shaina era tan pacífico como deprimente para Seika, pues ambas lucían tan preciosas e inalcanzables en todo momento, que ella no podía evitar sentirse como un sapo alrededor de muchas flores aromáticas y resplandecientes. Un ser que no destacaba no por error a su lado.

Era como si diesen a entender que el motivo por el cual las amazonas usaban máscaras era para evitar tentar a sus compañeros debido a que, como los Santos que antes Seika había visto, ellas eran agraciadas como las ninfas.

A pesar de sus naturalezas guerreras era algo indiscutible que Marin y Shaina eran hermosas como mujeres.

Marin, por ejemplo, tenía unas piernas y un trasero por el que muchas matarían o desfallecerían en el gimnasio por obtener, sus brazos, aunque fuertes, también eran femeninos, y su piel permanecía pálida a pesar de haber estado bajo el sol durante horas entrenando arduamente.

«¿Usará bloqueador solar?» se cuestionó Seika, «¿de qué tipo? Yo quisiera uno».

Y luego estaba Shaina, que con o sin embarazo era la personificación de la belleza en dos pies. Curvilínea antes de ser madre y seguramente después de serlo también. Los pechos de la italiana eran la envidia pura pues se habían agrandado con su estado alcanzando la talla de copa 36-C. El cabello verde ondulado relucía bajo el sol y sus ojos grandes eran hermosos, más aún con las pobladas y largas pestañas.

¿Y qué tenía Seika? Era una chica japonesa con altura promedio, peso promedio y características físicas promedias, cabello reseco y con orzuela, manos maltratadas por los trabajos manuales antes de ser encontrada por Marin (y después también) y una piel llena de cicatrices que no tenían nada de heroicas. Pies pequeños y cenizos, ojos color marrón sin nada de particular y unos labios resecos y pequeños sobre los que ni el hombre más feo del mundo pondría los suyos.

Sí, la misión de desalentar cualquier intensión estúpida de ganarse las miradas de los hombres había sido un éxito. Concluyó sus deprimentes pensamientos sobre en lo mucho que le hubiese gustado ser un pájaro.

Cuando salió de su alcoba para ir al sótano por los instrumentos necesarios, no esperó encontrarse con el señor Aioria.

—Ah, Seika. Hola, es un gusto verte, ¿sabes por casualidad dónde está mi hermano?

Sí, definitivamente ningún hombre como ese iba a posar los ojos sobre ella para otro motivo salvo para pedir indicaciones a habitaciones ajenas.

—Por supuesto, es por aquí.

Sin decir nada entre ambos, pues no había nada que tratar, Seika acompañó a Aioria hasta el cuarto de Aioros.

—Este de al lado es el suyo y el de enfrente es el del señor Milo, sus pertenencias ya deberían estar adentro, ¿podría decírselo si lo ve?

—Claro, muchas gracias.

—Con permiso. —Seika hizo una reverencia corta antes de marcharse. «Como desearía ser un ave» pensó otra vez, suspirando con desánimo.

Mientras tanto Aioria tocó la puerta un par de veces antes de que esta fuese abierta abruptamente (el Santo dio un paso atrás) por su animado hermano, que al verlo borró la sonrisa, bajó los hombros y le dio el paso libre sin decirle nada.

―Aioria ―suspiró con desgano.

—¿Decepcionado de que fuese yo? —preguntó Aioria entrando, cerrando la puerta, viendo a su hermano.

—¿Honestamente? Sí.

El santo de leo puso los ojos en blanco.

—Dime por los dioses que no esperabas que fuese Seika —masculló Aioria—, porque… la acabas de conocer.

—En realidad no, la conozco de antes —informó Aioros sentándose en la cama.

Activando todas sus alertas rojas, Aioria vio negativamente el hecho de que su hermano no hubiese desmentido lo primero.

El mayor ya se había cambiado por unos pantalones de lona blancos y una camiseta gris. Iba descalzo.

—No te creo.

—Te digo la verdad —insistió cual adolescente—, la conocí cuando se marchó con la señorita Athena, los otros dos, los Santos de Bronce y Seiya. Lo recuerdo bien, yo le dije "oye, ¿necesitas ayuda con eso?" Cuando la vi cargando un costal que supuse serían sus pertenencias, ella me dijo "claro, muchas gracias" y después de ayudarla con ello la dejé entrar al coche y la vi marcharse. Demonios, adelfos, ¿acaso no puedes soportar que tu hermano mayor sostenga un romance también?

—Sos-sos… ¿sostener qué? —Aioria se descolocó por completo—. ¡¿De qué carajos hablas?!

Aioros se rio ya más seriamente al ver cumplir su objetivo de irritar a su hermanito.

—Relájate, no sostengo nada con nadie —se apoyó en la cama usando sus manos—. El motivo por el cual esperaba que fuese Seika es porque la oí a un lado de la puerta.

—¿Y acaso no me oíste a mí también?

—Sí, pero supuse que te habías ido a tu alcoba.

—Ajá —la mirada de reproche no desapareció—. ¿No intentarás cortejar a Seika, verdad?

—No, claro que no. Suficiente drama hacen Milo y tú como para que a mí me entren ganas de enrollarme ni más ni menos que con la hermana mayor de mi sucesor. ¿Acaso crees que no tengo moral?

—Más te vale, lo último que necesita Seiya al despertar es saber que te has aprovechado de su ausencia para seducir a su hermana.

—Ya te dije que bromeaba —lo miró cansado—, además, ¿tú acaso no tienes a una mujer a la cual sorprender con una cama llena de pétalos de rosas y una botella de vino?

Tratando de recordarse que eso de la resurrección había devuelto a Aioros con una mentalidad bastante típica de un adolescente que, él intencionalmente sacaba a la luz como un dragón de su cueva, cuando un dios no amenazaba al mundo, Aioria se llevó una mano a su cara sonrojada.

—Deja de hablar de mi intimidad con tanta libertad.

—¿Qué? Sólo intentaba recordarte que no sería mala idea sorprender a tu mujer así. Y dado a que tú me das clases de qué no debo hacer, yo te lo regreso sobre lo que deberías hacer para tener una relación romántica más fortalecida.

Con muchas ganas de ir por una botella de vino, pero para azotarla sobre la dura cabeza de Aioros, Aioria se revolvió el cabello.

—Escucha, iré a dormir. No salgas de aquí hasta que Milo haya hablado con Shaina, recuerda que no deben saber que estamos aquí hasta que eso pase.

—Ahora me siento estúpido por no haber comido hace un rato.

—Déjalo, me iré a encerrar a mi alcoba. Trata de no hacer lo de las flores y el vino con Seika, ¿quieres?

—No es mi intención echar raíces en Japón, adelfos, ese es tu territorio.

Aioria se rio antes de marcharse.

Aioros se acostó en la cama sintiendo el viento fresco colarse por la ventana, aunque lo que le había dicho a su hermano pequeño con respecto a mantenerse lejos de Seika era cierto, no podía evitar que sus pensamientos (dignos de un adolescente precoz) divagaran un poco.

Dado a que su vida antes de ser tachado como traidor era ya de por sí bastante solitaria, no le quedaba ánimo de pasar su nueva fase de juventud en el mismo camino. Siempre serio, siempre responsable y evitar hacer locuras. Algo revivió con él junto a su cuerpo. Las ansias incontenibles de probar lo que hasta su propio hermanito ya tenía y merecía.

¿Cómo se sentiría abrazar un cuerpo más pequeño y menudo que el suyo? Más delicado, cálido y ligero; ¿cómo olería el cabello húmedo de una mujer al salir de la ducha? ¿Cómo podría ser el sentir unos dulces y suaves pechos apretándose sobre su espalda?

¿Acaso él no tenía el derecho de fantasear también?

Como se dijo antes, cuando fue joven (y era raro decirlo ya que su cuerpo era le mismo de hace años) nunca había tenido el tiempo de saborear una tarde como esta. Siempre alerta a cualquier peligro y saber que tenía que cuidarse las espaldas hasta de sus propios camaradas. Estaba cansado de eso y viendo la paz que por el momento se respiraba, Aioros consideraba que podía llevar las cosas con más calma en esta nueva oportunidad de vivir.

Fue cierta la anécdota que le contó a Aioria sobre Seika, pero le faltó decir una pequeña parte. Y es que le era difícil describir la impotencia que lo embargó al verla llorar amargamente por el estado de Seiya. Ella quizás no lo recordaba porque su mente vagaba en la herida mortal que ponía en riesgo la vida de Pegaso, pero Aioros en esos momentos se juró no olvidarla, ni a ella ni tampoco la promesa solemne y silenciosa que le hizo a su futuro sucesor, al verla marchándose con él a Japón.

Si por azares del destino su camino volvía a unirse al de Seika, él mismo se aseguraría de protegerla contra cualquier mal, hasta que Seiya abriese los ojos y estuviesen juntos de nuevo.

Aioros nunca rompía una promesa, aunque tuviese que esperar hasta que Milo terminase el asunto que los había traído hasta este país en primer lugar. Al muchacho, le deseó toda la suerte del mundo.

Mientras tanto, el antiguo caballero miró el techo con atención y se permitió una última falta de respeto hacia tan tierno e inocente ser. Sus dedos acariciaron suavemente las sábanas de la cama mientras en su cabeza imaginaba que era el fino rostro de aquella indefensa criatura. Tan pequeña, solitaria y adolorida; cansada… y sumamente bella.

Se llevó una mano a la cara tratando de arrancarse la última imagen que había tenido de ella, mirándolo con ese gesto inocente que pedía a gritos que lo borrase con sus labios.

«Cometiste un error al haberme escogido esta vez… Shion» pensó girando en la cama.

¿Acaso estaría condenado a ser seducido también por una musa terrenal? ¿Sería este el camino que las crueles Destinos habían escogido para él? ¿Cómo hicieron con Aioria, Death Mask y Milo?

En tan poco tiempo de haber inhalado la delicada fragancia que desprendía el cuello de Seika y él ya estaba imaginando cosas tan perversas que, seguramente si ella supiese cuáles eran, lo agarraría a cachetadas sin compasión.

¿Dónde estaba un acantilado para arrojarse de cabeza, cuando se le necesitaba?

—FIN DE CAPÍTULO—


Creo que es el título de capítulo más engañoso que he subido, pero... nahh! No me arrepiento de nada jajaja! Además, creo que algo más se está cociendo por acá, ¿no creen? 7w7

Ahora respondamos a una duda que seguro algunos se estarán haciendo: ¿habrá Aioka (Aioros x Seika) en el fic? Pueeees, la verdad es que no la tenía planeada... ¿pero qué puedo decir? Es muy probable. Y agárrense!

Francamente, al inicio del fic, pensaba en tomar a nuestro dragoncito y Shun-Rei para ser la tercera pareja, pero hasta ahora me estoy dando cuenta que apenas la he mencionado. :0 No pues, deshonor para mí y mis gatos jajaja.

Otra cosa, no sé si se note mucho, pero me encanta escribir escenas de compañerismo entre los doraditos. Mejor acostumbrémonos a eso jajaja.

A propósito, ¿qué opinan de Death Mask y su aparente redención en SOG? Yo ya lo dije, pero hubo muchas cosas que no me agradaron de esa saga (ese Loki y que quitarán a mi poderosísima Hilda para hacer fanservice de una aparecida y Aioria... mmm aunque Lifya no me cae mal) pero dentro de las cosas que sí me gustaron, fue la importancia que se les dio a Afrodita y Death Mask. Éste último entendiendo el valor de la vida y lo que es perder la que más te importa que sobreviva. ¿Ustedes qué piensan de él y Helena como pareja?

Uffff, ya casi, el gran momento. Sólo un poquito más y veremos cómo les irá a Milo y Shaina. No desesperemos. :D

Pero espero que les haya gustado el episodio. Agradezco el apoyo.

Saludos y hasta el próximo.

Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia.

Ahora, proseguiré a responder a sus reviews del capítulo anterior. 7u7

agusagus: lamentablemente soy una de esas personas que debe trabajar en un negocio propio, y cuarentena o no; debo ganarme el pan, así que muchas actualizaciones no puedo prometer :( sólo las que me sean posibles. Gracias por seguirme en mis historias.

camilo navas: bueno, considerando que todos sirven a una diosa griega, yo digo que el idioma que todos los santos (independientemente de su nacionalidad) deben manejar por ley es el griego, además de que es ese país donde se encuentra el Santuario, como sería lo natural. Para mí, Aioria apenas sabe algo de japonés por Seiya y Marin, pero el resto... siento yo que el idioma oficial sería el griego, pero se habla en japonés porque... pues el mankaga es japonés jajaja. O quizás me esté haciendo yo sola ideas jajas.

Mmmm, por otro laod, no creo que debas confiarte. Yo estoy completamente segura, que esa página espejo de Wattpad, tiene todas las obras subidas ahí. Absolutamente todas. Y pues, yo por eso mejor me evito corajes y no termino mis fics ahí.

Saludos y gracias por comentar.

Jungirl8: es un placer escribir. Gracias por leer y el apoyo. :D Menos mal que los personajes no están quedando OOC, eso es un alivio, de verdad.

Monse: nuestro arquerito está creciendo, dejémoslo volar jajaja. Me alegra que te esté gustando el fic. Saludos.

Tatiana ayala: todo un placer ser tu autora favorita, de verdad es algo que valoro mucho. Bueno, la verdad ahorita no tengo planes de subir otro long-fic Shaina x Milo, pero sí hay planes de un one-shot. Esperemos que sea de tu agrado. ;) Saludos

Nyan-mx: tengo que confesar que si hay algo que a mí me desagrada a la hora de buscar fics para leer, es encontrar uno y leer a alguno de mis santitos dorados haciendo de asno imbécil con el p1to erecto eterno que sólo busca follar y trata a una dama como si fuese su muñeca inflable para que al final tenga que humillarse y hacer un mil cosas para conseguir el perdón. Entiendo el OOC y no lo juzgo, pero al menos yo en mis fics, no puedo hacer eso jajaja.

En el caso de Milo, me gusta creer que fue un hombre con una vida sexual nada inactiva pero por obvias razones; nada de eso se expone en el manga o el anime, sin embargo un hombre muy ocupado al final de cuentas con su deber como guerrero, latente en su pecho. Responsable y consiente de sus acciones. Un digno santo dorado, maldición! Me gusta imaginar que en una relación como ésta (clandestina pero duradera) su sentido del compromiso le haya jugado mal y le haya hecho caer en una red emotiva invisible sin que él lo viese venir.

Me agrada abordar eso del nacimiento de nuevos sentimientos sin que los propios personajes se den cuenta de eso, no gastar 'papel' con diálogos tipo '¿qué es esto que estoy sintiendo?' cuando ni Milo ni Shaina son tan bobos como para no reconocer los celos o la preocupación cuando los tienen enfrente, pero sí lo suficientemente ingenuos como para creer que no se enamorarían luego de reconocer que entre ambos había química más allá de la sexual.

Jejejeje, la verdad nunca planeé que Mu o Camus fuesen los que acompañasen a Milo a Japón. Mu tiene mucho trabajo y Camus también como para dejar al Patriarca casi solo con Death Mask y los hermanitos de Helena jajaja. Me alegra que el detalle te haya gustado jajaja.

Creo que todos ya imaginamos qué pasará con Milo y Shaina cuando se vuelvan a ver, ¿verdad? Jejejeje, rezemos porque les vaya mejor de lo que se apuesta. :D

Saludos y ojalá te haya gustado este episodio.

foxsqueen: pues, ¿qué puedo decir? Los sentimientos no tienen cerebro... y a veces tampoco vergüenza a la hora de que son heridos. Milo está todavía un poco resentido con Shaina, además de que ya sacó mucho de su coraje inicial, no puede simplemente dejar el tema ya que él todavía no sabe qué hará ella cuando se vuelvan a ver por lo que su postura es más defensiva que cualquier otra cosa.

Jajajaja, siento que Aioria y Milo habrían sido buenos amigos. Y me gusta crear escenarios donde ellos se traten como buenos colegas, aun si para eso, la heterosexualidad de un tercero (en este caso, nuestro Aioros) se ve afectada jajajaja.

Saludos y gracias por comentar.

Negaigotox: paciencia jejeje Aioria y Marin tendrán sus momentitos 7w7 pero dejemos que el drama de Milo y Shaina siga fluyendo jajaja. A ver qué nos espera más adelante con esta historia.

Jajaja pobres Shaina y Milo, no vieron venir el comienzo de todo. Esa bola de nieve que dejaron que rodara y se estrellase contra ellos cuando ya era demasiado grande jajaja. Esperemos que actúen como adultos y sepan responder por sus respectivos sentimientos. :D

Y sin problemas jeje, no me afecta lo de la página espejo. Además, todos los usuarios veteranos sabemos que Wattpad es una porquería que lamentablemente tiene muchos lectores potenciales. Yo por eso escribo ahí, porque si no subo mis fics YO en esa página, lo hará un "buen samaritano" que se lave las manos con su p3ndejo cartel de "este fic no es mío, lo subo acá para compartirlo".

Mira que cuando ya estaba escribiendo en Wattpad hubo dos personas distintas que me plagiaron. Un fic de Happy Tree Friends y otro fic de Naruto. Y la de una eternidad que se tardaron los administradores en borrar mis fics. Para variar, ambas cuentas ladronas siguen vigentes.

Pues a ver hasta donde le llega su reputación a Wattpad con tal mierda en sus zapatos. Ojalá no mucha porque cada joyita que sale de ahí para ser una película de Netflix, deja mucho que desear.

En fin, gracias por comentar. Saludos y hasta la próxima.


JA NE! ;)


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