XIV

Secretos en la Oscuridad


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Milo hacía muecas y quejidos mientras Shaina le curaba la espalda.

—Deja de quejarte. Pareces un niño —pasó el papel con alcohol por las líneas rojas—, ni que fuesen heridas graves.

—¿Acaso has perdido la razón, mujer? —rezongó indignado—, ¿no has visto las sábanas? Si no hubiese estado durmiendo aquí, yo diría que alguien cometió un homicidio en mi cama y ocultó el cadáver.

—Dramático. ¡Ya deja de moverte! —le pegó un manotazo sobre su hombro no lastimado.

—Pues… ¡auch! ¡Oye! Al menos esto sí… hazlo con… cariño —replicaba frunciendo el ceño.

—Soy una amazona, no una doctora. Hago lo que puedo —le jalo un mechón de cabello cuando él se separó instintivamente ante el dolor—. Compórtate como el santo dorado que eres, ¿quieres? Si no toleras el alcohol no sé por qué me despertaste.

—Porque… auch… tú me heriste, tú me curas. ¡Aayy! Mierda… esa fue profunda —musitó por lo bajo, entre dientes.

Dos dos estaban casi desnudos. Ella mantenía sólo las bragas y él los pantalones. Ambos estaban sobre la cama, ella de rodillas atrás de él quien se encontraba sentado y con la mirada fija e irritada sobre la pared.

Todavía era de noche, pero no hace mucho Milo se había despertado para orinar, y en el camino averiguó que, sin darse cuenta, Shaina en esta ocasión se había excedido con sus rasguños. La sangre incluso había manchado las sábanas, ¡su cama parecía haber sido testigo de una maldita escena del crimen!

—¿Qué tienen las mujeres por rasguñar, eh? —preguntó luego de tensarse ante un piquete de dolor que vino cuando Shaina aplastó el papel escurriendo impregnado de alcohol, sobre sus propios aruñazos.

—Hace un rato no te quejabas —Shaina puso los ojos en blanco, casi terminando de limpiar la sangre que, hasta ella debía admitir, era excesiva—, creí que a tu ego le encantaba.

—Pues podrías ser un poco menos agresiva, soy un ser humano no un rascador para gatos. Un poco más y me dejas con la vértebra al descubierto —le gruñó todavía enojado.

—Un quejido más y te arrojaré por la ventana —lanzó el papel enrojecido hacia el bote de basura del fondo—. ¿Te estoy curando o no? Ya cállate.

Milo, irritado y adolorido, esperó paciente hasta que Shaina hubiese terminado. Cuando ambos se separaron, Shaina le dijo que no se acostase.

—¿Ahora no puedo dormir? —se quejó—. Estoy cansado.

—No. Vas a ayudarme con esto —señaló las sábanas manchadas de sangre, la cual se había hecho oscura—. No voy a dormir aquí.

—Pues allá está la puerta, ya conoces el camino hacia tu casa. Yo quiero despertar hasta que salga el sol.

—Como voltee a ver y te encuentre acostado, los rasguños van a ser el menor de tus problemas —lo amenazó mientras buscaba sábanas limpias en el armario.

De cualquier forma, Milo terminó ayudando a Shaina a cambiar las sábanas por unas limpias. Las sucias él iba a lavarlas por la mañana y de eso Shaina (dijo que) iba a asegurarse.

—¿Cuál es el punto de tener doncellas si yo hago su trabajo? —murmuró con la cara sobre el colchón con la mejor intención de descansar.

—¿Acaso no dijiste que esas sábanas habían sido las testigos de un crimen? ¿Quieres arriesgarte a ser quien le cuente al Patriarca cómo fue que sucedió, si esas sirvientas con bocas grandes, se lo dicen?

—Sí, yo fui la víctima —pegó más su rostro hacia el colchón, poniéndose la almohada arriba de la cabeza.

—Ahora eres el criminal —Shaina le quitó la almohada.

—Déjame dormir —gruñó fastidiado.

—Pues duérmete ya, quejica —a pesar de que el insulto le ofendió mucho, Milo se vio imposibilitado de seguir discutiendo pues ella había comenzado a masajear su cabeza, peinando con cuidado su cabello sin jalárselo.

A la mañana siguiente, Milo se despertó primero que Shaina, que se había quedado dormida con la mano sobre su cabeza, para tomar él mismo las sábanas y tirarlas a la basura.

Las sábanas eran blancas, y ni de chiste iba a tardar horas en intentar quitar la sangre de ellas. Cuando volvió a su alcoba, Shaina seguía dormida.

Él, en vez de intentar despertarla o comenzar sus labores de hoy, volvió a la cama. Tomó la mano extendida de Shaina y la puso sobre su pecho para volver a cerrar los ojos. Las heridas ya no le dolían como ayer y seguramente no iban a dejarle cicatrices.


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Fue al ocaso cuando Shaina y Marin llegaron a la mansión Kido completamente agotadas. Shaina, algo pálida de la cara, y desubicada, declaró que iría a bañarse, y Marin a su vez le dijo que le pediría a Seika que la ayudase en esta ocasión con eso, pues ella misma buscaría a Tatsumi para notificarles de su llegada.

Marin no esperaba que el hombre calvo le dijese la noticia por la que se olvidaría de su agotamiento y correría a toda velocidad a una de las habitaciones para huéspedes, indicada por Tatsumi.

La amazona tocó la puerta encontrándose con Aioros quien, al verla, aflojó la radiante sonrisa que traía en la cara y que por un segundo la puso nerviosa.

Marin no estaba acostumbrada a ver sonreír así a su cuñado.

—Ah, hola hermanita —saludó el Santo de Sagitario oyéndose un poco decepcionado—. La habitación que buscas es una de esas dos —señaló la que tenía enfrente y la que tenía la derecha de la suya.

—Y-ya veo… gracias.

Aioros asintió con la cabeza permitiéndole a Marin seguir buscando a Aioria.

A la amazona se le hizo extraño su comportamiento.

«¿Estará esperando a alguien más?» se preguntó no pudiendo creer que esperase a Milo o a otra persona si es que habían llegado apenas y el Santo de Sagitario apenas la conocía a ella de poco tiempo.

Suspiró dejando el misterio por el momento.

Fue primero a la puerta de la derecha.

No se sorprendió tanto de que esta vez acertase al encontrar a Aioria, quien al verla, no le dijo nada, simplemente le tomó de las mejillas y la besó con ansiedad.

Marin no pudo creer lo viva que se sintió con eso.

Después de mucho tiempo soñando con este momento, finalmente estaba probando una vez el cielo. Había recuperado la sensación de estar volando. Su estrés y cansancio se habían transformado en confort puro.

Sólo entre los brazos de Aioria, ella era capaz de obtener tal estado de paz.

Sólo saboreando con sus propios labios y lengua aquella masculina esencia una vez más, Marin era completamente feliz.

A pesar de haber estado separados un largo tiempo, se abrazaron con la misma llama que habían incendiado años atrás. Como si cada día desde la partida de Marin a Japón hubiese sido un año entero sin verse. Estaban besándose sin tomar en cuenta a nada ni nadie, ni siquiera la metedura de pata que sería si Shaina (que podría estar cerca o en estado de alerta) descubriese a Aioria y por ende, supiese de la presencia de Milo, jodiendo así el plan de la diosa Athena.

Necesitaban control…

Algo de ese sentido común que ambos poseían como guerreros.

Pero era imposible, el fuego que entre ambos se encendió de nuevo apenas se vieron a los ojos fue incontenible dado a su fortalecido amor. Estaban quemándose y no les importaba.

Ella enterró sus dedos en la dorada cabellera, deleitándose con su suavidad, mientras que le dejaba a él pasar sus fuertes manos por toda su espalda. Los dedos de Aioria rozaron criminalmente sus nalgas, dándole a entender a Marin que él ansiaba celebrar su reencuentro como debía hacerse. Eso era lo que Marin también ansiaba. Lo extrañaba tanto.

Pero con todo el dolor de su corazón (y pulmones), ella sostuvo la cabeza de él cuando se dieron un respiro. Agitados y con las frentes unidas, rozando los labios del otro, Marin dejó que él la besase lento 3 veces en sus labios sin llegar a juntar sus bocas.

Entonces se abrazaron fuerte. Marin sonrió ante el hecho de que él (por su altura) tenía que agacharse para que ella pudiese rodearle el cuello con sus brazos sin problemas. Aioria podía mantener sus rodillas rectas y hacerla pegar la cabeza en su pecho como en otras ocasiones, pero él sabía perfectamente lo mucho que a Marin le gustaba abrazarlo así luego de muchos días sin verse. Lo mucho que le encantaba a ella meter la nariz entre su cabello y piel, respirando su perfume natural.

Se separaron momentáneamente para que Aioria pudiese incorporarse hacia arriba, entonces ella recargó su rostro sobre sus pectorales, abrazándolo con fuerza disfrutando de la sensación de estar a su lado otra vez. Se aferró a la espalda de su pareja, donde separó los dedos de sus manos para delinear cada músculo que estuviese a su alcance.

Un gran vigor recorrió a Marin cuando lo sintió estremecerse bajo sus caricias. Sólo ella podía causar eso en Aioria.

—Te extrañé —dijo él sonriendo, apretando a Marin un poco más hacia él. Acarició sus cabellos como siempre hacía después de hacer el amor, con el cuidado y sin prisas.

—Lo noté —suspiró ella con una sonrisa parecida a la de él.

El cómodo silencio en el que ambos se embarcaron duró muy poco, pues oyeron a alguien carraspear la garganta a su izquierda. Los amantes se asustaron al pensar inmediatamente en Aioros, pero al notar que no había nada ni nadie ahí, se voltearon instintivamente hacia la derecha.

Sin soltarse, Marin y Aioria se encontraron con Seika a unos pasos de ambos.

La chica lucía inmensamente incómoda y avergonzada, tanto que miraba el piso.

Marin… S-S-Shaina me ma-mandó… pre-preguntarte si has vi-visto "aquello" —dijo en japonés, tal vez sin darse cuenta.

Tratando de no verse ni sonar tan incómoda como ella, pues le era aún algo muy nuevo que terceros la viesen así con Aioria, la guerrera tragó saliva pesadamente antes de responder.

—¿Qué es "aquello"? —le preguntó en griego.

—Di-dijo que t-tú sabrías…

—Maldición… no recuerdo.

Se le había olvidado todo lo que alguna vez tuvo que ver con Shaina y el resto del día de hoy.

—Tú puedes —la animó Aioria, notablemente divertido—. Tienes buena memoria.

Ella lo miró con un avergonzado reproche.

—Sí, eso es algo que te conviene mantener en la tuya —lo amenazó, todavía muy avergonzada de ser atrapada en una situación así.

—Disculpa.

—Perdón… n-no quisiera ser…

—Espera —espetó Marin ya con su cara enrojecida, y el que Aioria le sonriese así… tan burlón y sensual, no la ayudaba en nada—. Ya… ya lo recuerdo, creo que está en mi alcoba… e-en mi tocador. Cajón superior derecho.

Sí, ahí Marin había dejado aquello antes ir a hablar con Tatsumi.

—S-sí… ¿y qué es "aquello"?

—Bueno… es un secreto —no se sintió segura de revelar algo que no era suyo.

Aunque, si Milo venía tan enojado como creían todas las damas de esta mansión, incluyendo a Shaina. Aquello podría aplacar su furia.

—Es un gran folder oscuro, no te confundirás —le respondió Marin a Seika, en japonés, con la evidente intención de no permitir que Aioria lo supiese.

—E-entiendo, b-bueno, me voy… disculpen mi interrupción —hizo una reverencia típica antes de marcharse corriendo.

Marin suspiró ya más aliviada.

Se vieron a los ojos mutuamente nuevamente con las claras intenciones de volver a lo suyo, pero…

—Oigan, tortolos.

Esta vez los dos sí saltaron en su sitio, sorprendidos, al escuchar la voz grave de Aioros.

—Me alegra que estén muy felices de volver a verse, de verdad. Me conmueven. Pero… como comprenderán los solteros tenemos que dormir. Así que, si quieren hacer bebés también, espero que no sea mucha molestia que me avisarán con la suficiente anticipación para que yo tenga tiempo de salir corriendo a refugiarme en algún sitio a prueba de ruidos… como golpeteos en la pared, por ejemplo.

Aioros no estaba afuera, ni tampoco gritaba que era lo más preocupante y decía mucho de la capacidad de las paredes por retener el sonido.

Oh diablos…

—Cómo pueden notar… —siguió hablando sin hacerse presente ni consideración a la cara pasmada de su cuñada—, no hay mucha privacidad por aquí. Disculpen, pero en serio hay cosas que no necesito saber, y el qué tan bien disfrutan de sus momentos íntimos es una de ellas.

Está vez Aioria se llevó una mano a la cara, si había algo que aún le daba mucha pena con respecto a Marin era tener que dejar que su hermano mayor estuviese al tanto de que tan bien o mal iba su relación.

Lo que quería decir que esto y la interrupción anterior de Seika fueron como un gran balde de agua fría para la libido de ambos.

—Quiero que sepan que no es que me guste molestar —se excusó Aioros.

—¡Ya cierra el pico! ¡No haremos nada! —gritó Aioria, esta vez sonrojado al igual que Marin, quien ya se había tapado la cara con ambas manos—. ¡¿Ya está tu frustrada soltería en paz?!

—Tampoco tienes que gritarme de ese modo, ya dije que no es necesario, ¡y tampoco tienes que ser tan irrespetuoso con tu hermano mayor, Aioria! ¡Pienso en ustedes! Y también le ahorro a mi querida hermanita política una horrorosa y bochornosa situación en la que les tenga que pedir a ambos que bajen el volumen, ¿cosa que no creo que puedan lograr, cierto?

Queriendo saber qué caras tenían Aioria y Marin ahora que estaban en silencio, Aioros, estando sobre su cama y usando sus manos como almohada estaba aguantándose la risa, esperó pacientemente a que su puerta se abriese y su hermanito estuviese dispuesto a matarlo de nuevo. Pero eso no pasó, sólo oyó un fuerte portazo al lado.

«Apuesto a que ya no te ríes» pensó viendo cumplida su venganza, «aprendan que para todo hay un sitio y un momento, par de mocosos».

Aioria y Marin estuvieron tan centrados en ellos mismos que no notaron que él había salido de su cuarto, sintiéndose lo suficientemente irritado como para ir e interrumpir su pasional encuentro importándole poco si su hermano menor se cabreaba y su cuñada se avergonzaba.

Y es que hace unos minutos por fin estaba empezando a conciliar el sueño hasta que Marin tocó a su puerta y entonces creyó que al encontrarse con Aioria simplemente habría el típico abrazo y lo dejarían dormir en paz.

No pudo llegar a la cama cuando de pronto su fino oído captó el sonido de sus bocas haciendo contacto, sus respiraciones y acaricias; ahí supo que las cosas no tardarían en salirse de control. A todo eso le agregábamos las paredes de mala calidad que realmente no retenían mucho los ruidos por lo que Aioros definitivamente no se arrepentía de nada.

Además, él vio a Seika cuando ella, como un conejito tanteando terreno desconocido, giró al pasillo y vio a los tres. Marin y Aioria demostrándose su amor, y a Aioros enfrente de ellos con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre su pecho.

Apenas el hombre griego la vio, en silencio y con su dedo índice le hizo un ademán para que se acercara; fue tierno verla negar con la cabeza en absoluto silencio, más él no claudicó y la siguió llamándola.

La pobre chica enrojeció de pies a cabeza cuando Aioros entró a su cuarto rápidamente no sin antes carraspear la garganta, llamando al par de lujuriosos que tenía como familia hacia su dirección.

Pobre Seika, la dejó sola… pero la vengó.

Se aseguraría de decírselo después con una disculpa adjunta.

«Ahora sí» satisfecho y en silencio, dejó escapar aire lentamente de sus narices, acomodándose lo mejor que pudo sobre la cama. «A descansar como un bebé».

Shaina se encontraba cepillando su cabello húmedo luego de que Seika la ayudase en la ducha de tina para lavar su espalda y, por piedad, le diese un suave masaje a sus pies hinchados.

Sinceramente ya había dejado atrás la época en la que le daba vergüenza que alguien además de sí misma (y Milo) la viese desnuda. Lo que le apenó ahora fue haber entretenido a la joven japonesa con el asunto de su ducha, pero Marin parecía estar muy cansada que no quería ocasionarle más molestias.

La amazona de ofiuco sonrió irónica.

Si hace solo 5 años alguien le hubiese dicho que ella y Marin habrían comenzado a tener una buena relación de compañerismo y amistad, Shaina de Ofiuco habría matado a ese alguien por demente.

Ahora la amazona estaba segura que daría la vida sin pensarlo por todos y cada uno de los que habitaban la Mansión Kido, fuesen conocidos o no, le agradasen mucho o le irritasen.

Con una delicadeza jamás vista en ella, se acarició su vientre pensando que esto al final había tenido un lado bueno. Uno hermoso lleno de sorpresas. Aunque si tenía que ser honesta consigo misma, también sentía algo miedo ante esto que era más que desconocido para ella, una nueva experiencia que salía de todo estándar impuesto por el típico entrenamiento amazónico. Cómo ser madre… eso no era algo que te enseñasen ni te dejasen aprender, pues, técnicamente las amazonas renunciaban a ese derecho divino al ponerse la máscara.

Lo peor es que, cuando menos se daba cuenta, sus pensamientos volvían a Milo. En lo que le había hecho.

Suspiró profundamente.

La puerta de su alcoba se abrió luego de dos toques, dando paso a Seika, quien se le veía roja de sus mejillas y sudorosa de su frente.

—No debiste correr —le dijo recibiendo entre sus manos el folder oscuro que buscaba, sin darse cuenta que el esfuerzo físico no había provocado ese estado en Seika—. No hay prisa.

De haber visto bien a la chica y no el sobre en sus manos, Shaina habría notado que el ejercicio no había tenido nada que ver en el aspecto actual de Seika sino el hecho de que sus ojos habían visto algo que la dejó muda.

—Y-yo…

—Te agradezco por traerlo, siéntate un rato y descansa —dijo sorprendiéndose a sí misma por su deseo de ayudar a Seika y demostrarle que estaba agradecida por su ayuda.

Aunque no fuesen familia (ese pensamiento al fin ya no le causaba ningún malestar) y sólo eran nuevas amigas, a Shaina la impactaba que tan maternal se sentía con aquella chica que tenía casi su edad. No quería verla herida, ni asustada ni mucho menos hambrienta o solitaria… no mientras ella estuviese ahí para molestarla un poco.

—Gracias —suspiró Seika, accediendo a tomar asiento en el borde de la cama.

—¿Marin dormía cuándo le preguntaste por el sobre? —dejó mentado el sobre sobre su regazo con mucho cuidado.

—Mmm… s-sí… ella estaba… muy cansada —su voz trémula entrecortada la atribuyó al agotamiento.

—Deberías ir a dormir tú también, te hará bien descansar en tu alcoba si lo deseas.

—¡Eh, no! ¡E-estaré bien! Además, aún tengo tareas que terminar…

—Hazlas mañana —dijo severa—, y si Tatsumi te dice lo contrario le informas que fui yo quien te mandó a dormir… ya veremos si viene a replicarme —continuó peinando su cabello.

Desviando sus ojos al piso, Seika se quedó callada.

A Shaina no le costó mucho saber qué tan mala era la relación entre Seika y el mayordomo de la diosa Athena, bastó con un día, de hecho, para ver con claridad que la joven no era del agrado de Tatsumi y viceversa. Y aunque Shaina, personalmente, no estaba en contra de la disciplina y el tener que pagar con la misma monera un favor, a la amazona se le hacía una estupidez que Tatsumi pusiese a Seika a trabajar después de todo lo que había hecho Seiya, por él y la diosa. Y por todo el mundo.

Pues no sólo a ambos hermanos les impidieron verse después de que Seiya hubiese terminado su preparación como Caballero (algo que seguía irritándola), sino que además Tatsumi se atrevía a ordenarle a Seika trabajar como sirvienta doméstica en la Mansión Kido como si ella les debiese algo más allá de dolor y una mente hecha pedazos que apenas estaba recuperándose del accidente que sufrió y le nubló años enteros de su vida.

—Ve a descansar —le ordenó una vez más al verla aún ahí—, si Tatsumi te molesta dile que aquí lo espero para negociar.

Inmensamente conmovida y agradecida, Seika le sonrió.

—No es necesario que se meta en problemas por culpa mía, señorita Shaina, además no me falta dorm…

—Dije que te fueras a dormir y no te pregunté nada —dijo cambiando su voz a una gélida y demandante que hizo a Seika mirarla con los ojos bien abiertos.

—Creo que ya me dio sueño —bostezó falsamente, estirando los brazos hacia arriba.

—¿Hora de dormir?

—Hora de dormir —canturreó Seika, divertida. Fue hasta la puerta, pero antes de marcharse agregó muy agradecida con tono suave—: Gracias, descanse usted también.

Por el espejo del tocador la vio cerrar la puerta lentamente.

Al verse sola de nuevo bajó el peine, se limpió el agua de sus manos en la parte superior del camisón y tomó entre sus manos el sobre; suspiró sacando con mucho cuidado un par de ecografías nuevas.

En el hospital, luego de visitar nuevamente a Seiya y dejarle flores nuevas en su habitación, Marin y Shaina habían acudido a una nueva cita propia donde, una vez, más vieron lo asombroso que era la tecnología actual para permitirles ver la vida en el interior de una mujer embarazada.

Sin embargo, al salir del hospital, Shaina se había negado a ver la ecografía como usualmente hacía, pues, embargada por su sentimiento de culpa y ofuscación, decidió hacerlo más tarde hasta que recuperase un poco el ánimo.

Marin se propuso a guardarla hasta que Shaina se sintiese lista para verla.

Y ella se sintió lista ahora.

Sonrió vivazmente al admirar nuevamente su interior.

Pasó varios minutos acariciando los bordes, su propio vientre, la hoja de la ecografía otra vez. Pasó algunos minutos admirando la imagen hasta que decidió no ensuciarla más con sus manos y prosiguió a guardarla.

De pronto se sintió acalorada en su alcoba y dado a que aún no era demasiado tarde y faltaba poco para la cena, Shaina se levantó metiendo las hojas de la ecografía con cuidado en el sobre, el cual dejó en la cama para evitar que algo le pasase.

Todas y cada una de las hojas de las ecografías anteriores, ella las conservaba con un amor. Un sentimiento tan grande que la ayudaba a seguir con el procedimiento sin quebrarse como un huevo ante sus inseguridades actuales.

«Estúpidas hormonas» torció un poco la boca, sacudiendo de nuevo su cabello.

Ignorando sus pies hinchados y su agotamiento mental al tener que hacer mucho el día de hoy, Shaina se acomodó el cabello. Sobre el camisón se puso un blanco vestido largo que se amoldó bien a su cuerpo. Se puso unas sandalias que no necesitaban abrocharse, más tarde, tomó también un suéter delgado color rosa y sin abrocharlo (no podría aunque quisiese) salió de su recámara apagando las luces.

Estaría abajo a tiempo para la cena. Según sus cálculos, faltaban 40 minutos para que se sirviese la comida. Entonces no había problemas en subir un rato al tejado y despejar su mente un poco, tenía suerte de que el calor estuviese en un punto aceptable para salir con el cabello húmedo a la azotea de la mansión.

—FIN DE CAPÍTULO—


El motivo por el cual quería subir el capítulo lo más pronto posible, es porque ya me había olvidado de lo malvada y dramática que soy a veces.

Les explico: soy malvada. No hay más.

Además, Aioria y Marin merecían un poco de protagonismo, ¿no creen? 7w7 Creo que Aioros tomó algo de mí jajaja, también me encanta romper el ambiente de los demás, como es el caso de hoy.

¡Muy pronto, otra apuesta para subir el siguiente episodio rápido!

No soy tan malvada ahora, ¿verdad? 7w7

Muchas gracias por leer, comentar y apoyar la historia.

Ahora, proseguiré a responder a sus reviews del capítulo anterior. 7u7

agusagus: uno intenta cuidarse, :( pero ando rogando por mi vida y la de mi familia últimamente. A nuestro alrededor hay demasiada gente irresponsable que se cree que estas son vacaciones y sale en manadas gigantescas, con abuelas y niños.

Si no saben nada de mí en mucho tiempo, ya sabrán a quienes culpar. 7_7

Se dice que el Aioka es vida! Es amor!

Tatiana ayala: el Agafica fue la pareja que me metió de llano en el fandom. Eso y que me han tratado muy bien desde que publiqué mi primer fic, el cual fue un MiloxShaina. El one-shot de esa pareja se lo debo a alguien 7w7 espero también sea de tu agrado.

Muchas gracias por comentar.

camilo navas: sigo siendo muy cruel al evitar lo que todos ansiamos leer, ¿verdad? Jajajaja ya veremos también qué pasa con Aioros y Seika 7w7 Gracias por comentar. ;)

ShainaCobra: mi manejo del francés da mucha pena todavía, así que sólo puedo decir que Seiya en efecto, va a volver al hospital en cuanto se entere de lo que piensa Seika de su antecesor y viceversa jajaja merci beaucoup por comentar jejeje

Monse: es triste que Aioros, en el canon, no haya tenido siquiera una novia, pero para eso estamos los fanfickers, ¿no? XD ¡muchas gracias por comentar!

Nyan-mx: créeme que también a mí me toma desprevenida el que Aioros y Seika hayan hecho clic en un segundo jajaja, ¿pero qué hago yo? Esos dos avanzan sin mí jajajaja

Me alegra que la interacción DM-Milo haya sido bien vista. Me agradan esos momentos de compañerismo puro sin yaoi jajajaja en serio siento que eso falta en el fandom jajaja

7w7 el título anterior no era tan engañoso, si se habla de Milo y Shaina sí, pero cuando pensamos en Aioros y Seika... muajájá...

No sé pueda hacerles algún día un fic a Shiryu y Shun-Rei, pero si algún día me llega la inspiración para ellos, prometo subir algo. :D

Me alegra muchísimo que el fic te esté gustando, es un placer saber eso. Ya muy pronto veremos el tan esperado reencuentro. ¡Saludos y hasta la próxima! Muchísimas gracias por comentar. Lo aprecio mucho.


JA NE! ;)


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