Nota inicial: a partir de aquí, ya no hay recuerdos.
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XVII
Mucho en qué Pensar
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Cuando la noche llegó a la mansión Kido, Aioria y Marin bajaron desde sus respectivas alcobas con atuendos distintos a los que traían antes, él llevaba un pantalón oscuro, unos zapatos deportivos blancos y una playera de manga larga con cuello V bastante abierto, de modo que parte de su varonil pecho quedaba al descubierto. Marin sólo portaba un ligero y sencillo vestido rojo con tirantes, la falda cubría debajo de sus rodillas y sus zapatos eran negros, con tacón bajo.
La pareja se encontró con la sorpresa de que aún nadie estaba en el comedor, incluso pensaron que habían llegado temprano, pero los relojes que iban encontrando en su camino les confirmaron que dentro de poco se serviría la cena.
Marin teorizó que posiblemente Seika y Shaina ya se habían ido a dormir (como en otras ocasiones) y Aioros y Milo deberían seguir donde se supone que estarían. Milo en el techo. Y en cuanto a Aioros… bueno, el mayor no había sido visto desde que arruinó la partida perfecta de Aioria, y a partir de ahí, el pobre león comenzó una larga línea de derrotas a manos de su pareja, que llevaron al Santo Dorado (rápido) a la ducha fría antes de que buscase otra vez a su hermano mayor y no precisamente para darle un abrazo.
Ambos tuvieron que sentarse solos en la mesa, dispuestos a esperar. Mientras tanto, hablaban sobre algunos puntos de interés que Aioria podría visitar de forma turística.
A los 10 minutos llegó Athena, escoltada por Kanon y Dohko.
Ambos santos iban portando elegantes trajes negros iguales, con camisas blancas, chalecos y corbatas. Aparentemente fungían como los guardaespaldas de Saori.
Kanon se quitó los lentes oscuros y los miró algo sorprendido por verlos ahí. Él estaba usando la camisa con las mangas remangadas hasta sus codos y el chaleco en su sitio, cargando el saco sobre su hombro. Por su parte, Dohko se quitó de la cabeza un sombrero tirolés del mismo color de su traje y les sonrió. Él a diferencia de Kanon estaba usando el saco abierto, la corbata desacomodada y unos cuantos botones de la camisa desprendidos, se notaba que vestir formar no era lo suyo.
Algo más raro que ver a Kanon usando lentes, era ver al maestro de Libra usando un sombrero como aquel. Para Marin no fue la gran sorpresa como para Aioria, quien se le quedó viendo al accesorio por un rato.
—¡Hey, niño! —exclamó Dohko acercándose al joven de Leo, le tendió la mano.
—Maestro —saludó, luego este vio a Kanon a quien sólo le hizo un saludo con la cabeza. Kanon respondió del mismo modo silencioso, ocupando un sitio en el comedor un poco lejos del resto. Indiferente a todos pues así era él y nadie buscaría hacerlo cambiar.
Athena, tan bella y jovial como si no hubiese estado trabajando toda la tarde, usaba un traje femenino elegante pero ajustado color rojo de una falda roja que cubría hasta sus rodillas, unas zapatillas blancas junto un abrigo ligero rojo a juego con la falda y una blusa de manga corta blanca.
—Aioria, bienvenido.
—Mi señora —saludó respetuosamente el joven esperando a que la dama se sentase en la cabecilla de la mesa para él también secundarla. Atrás de ellos iba Tatsumi, que seguramente esperó a Saori afuera de la mansión hasta que ella llegase, y quien tomó asiento al lado de Dohko, frente a Marin.
El hombre calvo no parecía nada feliz.
—¿Y Milo y Aioros? Supe que ellos también están aquí —dijo Saori.
—Milo dijo que estaría en la azotea. Él quería pensar un poco y tomar algo de aire —explicó Aioria basándose en lo último que su compañero le había dicho antes de dejarlo.
—¿Y Aioros?
—Mi hermano… —Aioria no supo qué responderle.
—Debe estar en su alcoba —salvó Marin sin mentir—, aunque no estamos seguros ya que no le hemos visto.
—Entiendo —masculló Saori—. Aunque no quisiera que se quedasen sin cenar. Tatsumi, busca a los dos.
—Como usted diga, señorita. Pero antes, iré a ver qué la cena esté preparada.
—Bien —dijo Saori.
El hombre, recto de la espalda, fue a la cocina para apresurar todo. Al darse cuenta de que faltaba un elemento entre las sirvientas, Tatsumi apretó los dientes.
—¿Y dónde está Seika? —les exclamó a las empleadas, teniendo cuidado con que su tono de voz no saliese de la cocina y molestase a Saori y sus santos.
—Se fue a dormir, señor —respondió una de ellas con el debido respeto.
Tatsumi estuvo a punto de estallar.
¡¿Durmiendo?!
Así que por eso la holgazana no estaba al pendiente de sus tareas.
Luego de apresurar las cosas en la cocina, Tatsumi volvió con Saori diciéndole que todo estaba bien y pronto se servirían los alimentos.
—Buscaré a los señores Milo y Aioros. Con permiso.
Saori asintió, charlando con Aioria sobre la situación en el Santuario, la cual estaba bastante tranquila.
Sin embargo, en lugar de buscar a los otros Santos; como dijo que haría, Tatsumi pero tomó un rumbo diferente al mencionado: el pasillo que lo guiaría a la alcoba de Seika.
Esto era inaceptable.
El hombre no esperó ni un segundo afuera de la puerta, pues pensó, que la muy vaga debería estar durmiendo, haciendo caso omiso de sus obligaciones para con la señorita Kido.
¿Acaso nadie sabía tocar las puertas?
Al abrir de golpe la puerta de la habitación, se congeló en su sitio y Tatsumi se ahogó con su propia lengua.
Parpadeó varias veces tratando de ubicar en la oscuridad algo que le dijese que estaba alucinando.
No. No estaba alucinando. Tampoco se había equivocado de cuarto.
Tatsumi miró anonadado una figura masculina apenas iluminada por la luz de la luna que se colaba a través de la ventana.
Esa persona, estaba dándole la espalda, la cual estaba desnuda… y evidentemente era musculosa. La cintura del (evidente) hombre, que ahí descansaba, se hallaba cubierta con la sábana verde de la cama. Además, él tenía entrelazados sus pies con otros más pequeños que seguramente eran los de Seika.
El enmudecido mayordomo se vio ante una peligrosa (casi lunática) encrucijada.
Él no conocía de nada al Santo que estaba seguro; por esa cabellera, era Aioros de Sagitario. No sabía cómo sería su actuar al despertar ni tampoco qué le había orillado al compartir la cama con aquella holgazana. Lo que sí sabía es que tenía enfrente al dueño original de la Armadura de Sagitario (esa que tantos problemas les trajo) y el salvador de la vida de su señora en antaño.
Este hombre era un héroe en más de un sentido, ¿y se había enrollado con Seika?
¡¿Qué había hecho esa idiota?!
¡Esto era inaceptable!
¿Cómo se atrevía a seducir descaradamente al Santo que muchos a su alrededor, respetaban y admiraban? ¿Cómo rayos, consiguió que él la notase siquiera? ¿Drogándolo acaso?
—Escucha.
Tatsumi se tensó horriblemente cuando oyó a Aioros sin que él se moviese.
—No tienes idea de lo mucho que me irrita cuando alguien busca perturbar el sueño ajeno. No te odio, pero Seika está muy cansada y ahora duerme pacíficamente —el joven griego movió un poco su mirada para mirarlo a través de su ojo derecho, el cual pareció haberle vuelto rojo—. Largo. Y recuerda: tú no has visto nada, ¿me oíste?
—C-como ustedes diga…
—Y una cosa más. Si me entero que vuelves a entrar de ese modo a la habitación de esta señorita, no habrá sitio que te oculte de mí.
Aquella amenaza fue fría y seria, agresiva incluso. Este personaje, nada tuvo que ver con aquel jovial hombre que el mayordomo recibió en el aeropuerto esta tarde. Además, sus palabras vinieron con una clara advertencia no dicha: "he matado a muchos por menos".
Tatsumi, sintiendo el inminente peligro, asintió.
—S-sí… señor… —susurró sudando frío.
—Shuuu —chitó reacomodándose de vuelta con la joven—, vete ya. Y si alguien te pregunta, estoy dormido en mi alcoba.
Asintiendo múltiples veces, Tatsumi salió lento de la habitación. Sólo cuando cerró la puerta sin hacer el más mínimo ruido se sintió seguro para salir corriendo de regreso al comedor con el mensaje de Aioros para la señorita Athena.
Él no vio nada. Aunque sí lo haya hecho.
Maldición.
¿Debería buscar al señor Milo también?
…
Al dejar de escuchar los pasos del tipo que acababa de entrar aquí como si esta habitación fuese suya, Aioros dejó de abrazar a Seika sobreprotectoramente para admirarla mejor. Ella estaba agotada y aún sonrojada por haber intentado seguir su ritmo, el cual, debido a su extenso y agresivo entrenamiento de caballero, no era ni mínimamente igual. Ahora la muchacha descansaba, tan tranquila, desnuda entre sus brazos.
Aioros se reprendía por haberse dejado llevar. No tenía excusa para lo que acababa de pasar, y de cierto modo, no se sentía tan mal como debería.
Se acababa de relacionar sexualmente con la hermana de su sucesor a pocas horas de haberse conocido oficialmente. Los dioses deberían estarse divirtiendo a su costa. Para peor, Aioros no se sentía tan mal consigo mismo.
Él no la había forzado, ni ella lo había forzado a él. Por otro lado, ni uno ni otro había jurado amor eterno, y el santo de sagitario dudaba que después de esta noche, sentimentalismos como esos surgiesen de ambos. ¿Deberían hablar de eso más tarde? Aioros sentía que debía dejar las cosas claras con Seika y evitar malentendidos.
Y haciendo énfasis en que todo entre ellos había quedado en una sola noche de sexo, Aioros tuvo el suficiente control de sí mismo para terminar afuera de ella, más precisamente sobre su vientre. Las posibilidades de que Seika terminase embarazada de este encuentro eran poco menos que cero, pero si por azares del destino se equivocaba, Aioros asumiría toda la responsabilidad. De cualquier forma, ambos no tenían compromisos con otras personas, y por lo antes asegurado, Aioros no se sentía temeroso de que esta noche pudiese costarles a ambos algo más allá de miradas incómodas y una profunda pena (por su parte) con Seiya.
Dioses…
—No puedo creer que esto haya pasado —admitió en un susurro, ella no lo oía, pero eso estaba bien. Mientras pensaba en lo ocurrido, él mismo todavía se sentía en un sueño extraño del que pronto despertaría.
Aioros miró apasionadamente el cabello de Seika esparciéndose por la almohada y contuvo las ganas de hundir el rostro en su frágil y suave cuello.
—No es que sepa mucho del tema, pero no me siento enamorado —susurró, pensando en voz "alta"—, quizás Aioria tenga razón y mis años de soledad me estén cobrando factura sin que me dé cuenta —con los dedos de su mano derecha delineó sus labios hinchados por su brusquedad pasada, subió a su frente quitándole el fleco—. Estoy volviéndome loco —continuó sonriendo un poco—, y Seiya va a enfadarse muchísimo conmigo si se entera de esto. Y no lo culparía. Eres demasiado valiosa.
Cariñosamente tocó la nariz de ella con la suya debatiéndose entre quedarse con ella o partir a su habitación.
No quería ser hostigado por Aioria en la mañana ni tampoco tenía ánimos de tolerar interrogatorios cuando el asunto de Milo y Shaina había sido lo que los había llevado a Japón en primer lugar.
Sintiendo un duro pesar Aioros se alejó de Seika con cuidado para no despertarla, su cuerpo extrañó aquel dulce calor en el acto. Bajó de la cama con lentitud y se dispuso a vestirse no sin antes mirar por última vez el cuerpo desnudo de aquella musa terrenal que sin hacer nada en específico, lo hizo sentirse un hombre normal, entre sus delicados brazos.
Aioros encontró un momento memorable en su trato amable, en sus besos inocentes y su deseo apenas despertado. Despertado por él.
Con Seika, Aioros no se sintió como un Santo o un animal satisfaciendo sus tentaciones, ni tampoco como un ser humano que apenas había sido vuelto a la vida por la benevolencia de la Diosa de la Guerra. Sólo era un hombre que compartió el poco calor que llevaba consigo con una dama herida que necesitaba mucha ayuda.
No veía a Seika como una damisela en apuros, pudo ver y sentir su gran fortaleza física y espiritual, sólo se sentía con el deseo de cuidarla… o al menos hasta que Seiya despertase y lo matase a él por haberse aprovechado del estado emocional en declive de Seika por su estado en el hospital.
La culpa finalmente se abrió paso entre su corazón recordando también que si él no hubiese muerto a la edad de 14 años y revivido con una edad mayor (20), actualmente debería tener posiblemente la misma edad que Tatsumi… ¿más de 30 años?
Él, al revivir, ya no le importaba llevar la cuenta del número exacto, pero ahora, Aioros no podía sacarse las cuentas de su cabeza.
¿Desde cuándo eso se había vuelto tan importante?
Miró a Seika otra vez, se sintió repentinamente como un maniático al que debían mantener encerrado por la seguridad de ella.
—Perdóname —susurró sintiéndose muy culpable—, no debí tocarte.
Aioros terminó de vestirse. Luego, lo más silencioso que pudo, buscó entre las cosas de Seika algún papel y una pluma para escribirle una carta en griego. Pudo el papel en la pared cercana a la ventana para ayudarse con la luz lunar. No quería encender ningún interruptor y despertarla a ella.
Rayó eufóricamente "Querida".
Seika.
Lamento no haber podido despertar a tu lado, sin embargo, temí que no fueses a aceptarlo o arriesgarnos a que alguien nos descubriese y atraer a ti problemas que no necesitas. También quisiera decirte que lamento querer repetir lo de esta noche. pues no deseo ofenderte con mi contaminada mentalidad.
Entiendo si para ti esto fue sólo un desliz o algo que prefieras olvidar (lo entiendo de verdad), sin embargo, te pido que no olvides que a pesar de todo puedes contar conmigo cuando necesites ayuda.
Quiero aclararte también, que no veo en ti a una mujer que pueda olvidar o ignorar, tampoco pienso en ti como una mala mujer. Eres una valiosa hermana para Seiya y te respeto más allá de eso.
Rayó varias despedidas: "gracias por…", "nos veremos mañana", "ojalá podamos vernos pronto" y al final se quedó con un seco:
Ojalá hayas descansado bien.
Aioros.
P.D: Takuki abrió la puerta de tu alcoba y nos vio. Bueno, me vio a mí. No te preocupes, le pedí amablemente que no hablase de esto con nadie… y si lo hace, por favor no temas en decírmelo.
Dobló la hoja en dos y decidió ponerla en encima del buró a un lado de la cama.
Mañana no planeaba pasearse por esta mansión. Necesitaba aire fresco y saber por sí mismo cómo estaba Seiya.
La realidad es que también le daba un poco de nervios saber cómo sería la actitud de Seika por la mañana.
Afrodita decía que usualmente él dejaba rosas para sus amantes y con ello aplacaba cualquier intento de ser insultarlo por aprovecharse, pero Aioros no tenía flores a la mano ni tampoco podía asaltar el jardín de su diosa para ello. Además, regresar aquí era peligroso.
Simplemente besó la frente de Seika antes de cubrirla bien con la sábana y marcharse no sin antes asegurarse por medio de su cosmos que Milo y Aioria, ahora también Kanon y Dohko, estuviesen lo más lejos posible de él.
Giró su vista para verla dormir por última vez, cerrando la puerta con cuidado y activando el seguro por dentro para asegurarse de que nadie intentaría colarse en su alcoba como había hecho aquel hombre.
«¿Hará eso a menudo?» el sólo pensar en ello le hizo querer regresar, abrazar con fuerza y cuidar de Seika hasta el amanecer. O simple y llanamente quedarse dormido afuera de su puerta.
Pero tenía que admitir que eso sería raro incluso para él.
Con resignación confiaría en que su petición a Takuni por no volver a entrar a la habitación de Seika y el seguro de la puerta no serían ignorados o evadidos. Suspirando, se marchó a su alcoba, sintiéndose muy cansado mentalmente.
…
Antes de empezada la cena, Tatsumi llegó con noticias de Aioros.
»N-no se preocupe, m-mi señora. El señor Aioros está durmiendo e-en su alcoba.
Aioria y Marin se miraron las caras, el de Leo alzó la vista hacia arriba detectando el tono nervioso del mayordomo. Nadie le preguntó por eso, ni siquiera Athena quien tampoco pasó por alto ese tic nervioso en la ceja del hombre.
Kanon por su parte sonrió por lo bajo tratando de descifrar qué había hecho el robusto japonés para molestar a Aioros hasta el punto en el que evidentemente estuvo dispuesto a arrancarle la cabeza y he ahí ese comportamiento tan temeroso.
Tatsumi no pudo encontrar a Milo, dijo que no estaba en su alcoba ni en la terraza; tocó la puerta de Shaina y ella le lanzó un zapato (como siempre) pidiéndole dejarla dormir.
La cena se llevó acabo sin ellos.
»¿Y Seika? —preguntó Athena, esta vez Marin respondió al ver que Tatsumi alzó los hombros, aun sudando de la frente.
»Estaba muy cansada la última vez que la vi; seguramente se quedó dormida.
»Entiendo.
Saori despachó a todos a sus habitaciones (incluso a Tatsumi) mientras ella iba a su despacho a revisar el papeleo. Gracias a su percepción del cosmos, ella pudo encontrar eficazmente la ubicación de Milo.
Abrió la puerta sin alterarse por la presencia del hombre sentado enfrente del escritorio. Respetando el sitio de cabecera que su abuelo Mitsumasa le había dejado como heredera de su legado, el cual estaba vacío para ella.
—Hola Milo —saludó—, bienvenido a Japón.
Este se levantó e hizo una reverencia respetuosa.
—Es un honor que me haya permitido venir.
—Sentémonos —dijo ella haciendo un ademán con la mano derecha—. Parece que tienes algo importante qué decirme.
Esperó a que ella se sentase para él secundarla como había hecho Aioria antes.
—Así es, primero que nada, debo decirle que debido a ciertos errores de cálculo me he encontrado con Shaina antes de lo previsto.
Milo recargó su espalda en la silla.
—¿Y ella cómo está? Supe por Tatsumi que estaba durmiendo.
—Me disculpo por eso, la entretuve mucho tiempo.
—Ya veo, ¿alguna complicación?
—Sólo un detalle que preferí tratar con usted personalmente.
—¿Y es?
Más intranquilo de lo que Saori pensaba que debería estar, Milo inhaló profundo.
—Son gemelos, mi señora.
Comprensiva, Saori asintió mirando a dónde iba el asunto. Ya se lo había esperado.
—Y no quisiera sonar arrogante —continuó él—, pues ese no es mi objetivo. Como tampoco es mi intención dejar a mis hijos nacer y tener que mirar de lejos cómo por leyes que se han aplicados por años en este tipo de casos, se ejercen sobre ellos también.
—¿Te refieres a la separación?
—Sí.
—Pero, Milo, esa cláusula es cuando su constelación guía es géminis —trató de calmarle, aunque ni Saori misma estaba segura que los pequeños no nacerían entre mayo y junio. Meses consagrados al tercer signo zodiacal.
—Tampoco quiero que uno de mis hijos tenga que competir eternamente contra el otro —dijo revelando su verdadero temor—. Yo sé bien cómo es esto, y usted también. Aun si no nacen bajo el signo de géminis, el simple hecho de ser gemelos los hará ser comparados por todos los que los rodeen y eso podría generar conflictos innecesarios también entre ellos.
—Es difícil cuando el libre albedrío ha hecho que mis propios caballeros crean que los gemelos deben siempre demostrar ser uno más fuerte que el otro —opinó Saori con lamento.
—Sí —musitó Milo.
Asintiendo varias veces, comprendiendo el malestar de su caballero, a Saori ya le había parecido raro que, desde que Shaina supo que serían gemelos, no le comunicase nada al respecto. Incluso así, ella ya había meditado mucho al respecto, incluso había hablado con Shion para tener una segunda opinión. También había buscado la palabra de un tercero.
Saori, personalmente, ya había visto las tragedias que causaba dividir a dos hermanos tan unidos por cosas tan vanas que, ahora que tiempos de paz efímera trascurrían, se veía algo muy de más, seguir ejerciendo ese tipo de tradiciones que ella misma en otra época, había consentido, y por ende, muchas desgracias ocurrieron entre sus filas armadas.
—¿Tienes una petición? —preguntó ella.
Le dio tiempo para pensar, claramente Milo seguía debatiéndose la respuesta a una pregunta esperada anticipadamente.
—No era mi deseo que mis hijos fuesen entrenados como caballeros.
—¿Pero?
—Fue lo único por lo que discutimos Shaina y yo hoy —admitió volviendo a verla a los ojos—. Ella dice que no quiere que sean "niños débiles". Desea entrenarlos y mostrarles el honor que es estar al frente de la batalla por la humanidad y por usted.
—¿Y tu único inconveniente es la división de los gemelos y los prejuicios que se han originado al respecto por tantos siglos?
Él asintió mirando fijamente el escritorio.
—Cambiar normas y tradiciones no es fácil —dijo ella con seriedad—, conlleva tiempo y una gran cadena de quejas por parte de terceros. Muchos caballeros aún siguen manteniendo mentes cerradas con costumbres arraigadas… por muy retrodatas que sean.
El Santo no dijo nada. Saori sonrió cerrando sus ojos.
—Pero incluso yo, estoy harta de ver a mi gente sufrir sin poder hacer nada al respecto —se levantó del escritorio y fue hasta un ventanal grande a la izquierda—. Estoy cansada de no poder hacer nada por ustedes sin intervenir en su libre albedrío. Tus hijos, en este caso no han nacido y aún después de ello son ustedes (Shaina y tú) los responsables de guiarlos por el camino de la vida hasta que hayan alcanzado la mayoría de edad. Hasta entonces sus hijos no están en posición de decidir por sí mismos.
Milo estaba expectante, estaba preparado para lo peor. Ya veía la negatoria con una disculpa adjunta.
—Los hijos de un Santo Dorado y una de mis mejores Amazonas. No quisiera decirlo pero alejarlos del campo de la batalla no podría ser lo más sensato si se tiene en cuenta que el deseo por pelear contra el mal trascurrirá por sus venas. Tus hijos poseerán sangre guerrera ateniense, y eso es algo con lo que no podrás luchar.
—Entiendo.
—Desde que supe qué serían gemelos, hablé con alguien al respecto —Saori se separó de la ventana para volver al escritorio—. Y ese alguien me aconsejó una solución.
—¿Alguien? —Saori asintió.
—Las tradiciones dictan varias cosas y sin embargo con el paso del tiempo se han ido modificando a conveniencia de la causa. En este caso lo he pensado y si Shaina y tú están de acuerdo, así se hará.
Una pequeña chispa de esperanza se avivó dentro del pecho de Milo.
—¿Y es?
—Primero que nada se les permitirá nacer aquí, si tú estás de acuerdo.
—Shaina no puede viajar en ese estado, no pienso arriesgarlos sólo para que otros idiotas digan que son griegos o no —recuperó el control de sí mismo, reacomodándose en la silla—. Disculpe mi lenguaje.
—Eso quería oír —aceptó Saori sonriendo—. Segundo, ¿han hablado al respecto de su crianza? ¿Están de acuerdo en compartir las responsabilidades? ¿Tanto de cuidarlos, como educarlos y amarlos por igual aún si ustedes tienen diferencias personales?
—No ahondamos en ese tema… pero Shaina dejó en claro que no me apartaría de ellos.
—Bien —ella sonrió aliviada—, eso lo discutiremos profundamente más tarde. Y tercero, a ambos niños a los siete años se les hará una evaluación como al resto, para designar su camino. No hablo de separarlos y decirles que el otro murió… o algo parecido —se apresuró por aclarar—, sólo se les dará un camino lejos del otro hasta que sus correspondientes entrenamientos hayan terminado y como el resto, puedan volverse a ver. Pero antes, tú y Shaina deberán dejarles bien en claro que, el que los dos sean parecidos en aspecto físico, no los tiene que hacer rivales.
Eso Milo ya lo habría previsto, como todo guerrero los niños deberían ser seleccionados y puestos en las vías correctas para su formación como Santos. Eso era muy importante si se consideraba que una mala formación podría hacer a un Santo inútil. Por otro lado, esperaba con el alma no fallarles y darles a ambos la misma seguridad en sí mismos para que los celos y las disputas se mantuviesen lejos de ellos.
Shaina estaría dando saltos de gusto ahora mismo con las palabras de Athena, pero bastante temprano ella lo había echado del cuarto cuando él intentó explicarle el por qué no quería que sus hijos fuesen criados como guerreros como la amazona lo deseaba.
Ya que la misma Saori le planteaba la situación con esos detalles, las cosas parecían acomodarse un poco mejor. Así que, aceptando el decreto de su diosa, Milo se levantó pidiéndole un último favor:
—Me alegra mucho su comprensión, no tengo palabras para decirle lo mucho que me alivian sus palabras —dijo con real gratitud—. Ehm, ¿cree que podríamos hablar más de esto por la mañana? Y si no es mucha molestia, ¿podría usted hablarle, de lo que cree del tema, a Shaina? —preguntó dudoso; llevándose una mano atrás de su cabeza—. En serio no quisiera pedirle esto, pero no creo que ella quiera hablar conmigo hoy o mañana. En verdad se ha vuelto más sensible.
Sonriendo, Saori asintió con calidez, viéndolo marcharse.
Definitivamente, Shaina, Milo y ella tenían mucho de qué hablar antes de que ellos y sus hijos volviesen a Grecia.
…
Más tarde esa misma noche Milo saboteó la seguridad de la cocina en busca de pan y leche fría, no esperó encontrarse con Aioros devorando un pollo asado, sentado en el piso no muy lejos del refrigerador con una botella de whisky a un lado.
—¿Acaso no cenaste? —le preguntó Milo abriendo la puerta del refrigerador, sacando de ahí una olla grande con arroz blanco.
—¿Y tú? —Aioros le devolvió la pregunta empinándose un gran trago del licor.
Negando con la cabeza, sabiendo que nadie guardaba mejor sus secretos que Aioros de Sagitario, Milo tomó de una alacena un cucharón y se sentó a un lado de su compañero.
No era la primera vez que hacían este tipo de cosas (comer a deshoras) en casas ajenas, pero sí desde que habían madurado, crecido y aprendido que había cosas que no podías seguir haciendo al hacerse adulto.
Hoy era un asunto de vida o muerte, en verdad tenían hambre.
Manteniendo su silencio, Milo le quitó a Aioros una pierna del pollo, acompañándolo con el arroz.
Aioros sin pedirle permiso metió la mano en la olla y agarró un puñado del alimento para meterlo de llano en su boca.
En vez de whisky, Milo sacó un jarrón de leche el cual vació justamente como Aioros hizo con la botella del licor.
Una vez que terminaron, los huesos del pollo fueron depositados en la basura y la olla vacía del arroz, Milo la lavó mientras Aioros iba en búsqueda de una escoba para barrer lo que de casualidad se les había escapado de las bocas. Y así como Aioros terminó de barrer, se apresuró a devolver el artefacto a su lugar.
Sin decirse mucho Milo y Aioros se despidieron para volver a sus alcobas, pero ninguno pudo dormir bien. Ni siquiera lo intentaron.
Cada uno pensaba en algo distinto. O más bien, en mujeres y futuros distintos con o sin ellas.
Como conclusión unánime, ambos insultaron a Aioria por poder dormir cómodamente con Marin mientras ellos estaban condenados a tener que lidiar con los problemas ocasionados por amoríos imposibles y probablemente no correspondidos.
Qué equivocados estaban.
…
—Aioria… quiero ir a dormir —mascullaba Marin cabeceando, sentada en el piso con un camisón largo cubriendo su entrepierna y parte de sus piernas.
Con una irritación más que palpable y dispuesto a volar toda la pobre mansión con su potente cosmos, Aioria miraba aquella maldita torre de madera enfrente de él y por fin ubicó al que en definitiva le daría la victoria si es que el resto de bastardos no caían en esta ocasión.
―Aioria ―insistió Marin.
—¡Espera! ―espetó impaciente―. Sé que estoy por recuperar mi honor.
Inhalando profundo, la amazona convocó toda la paciencia que pudo recaudar para no estrangular a su amado; como el Santo le pidió. Ella esperó mientras apretaba los dientes recordando que lo amaba más vivo que muerto; cuando al fin su pareja logró, con pulso de cirujano, sacar aquel maldito pedazo de madera. La chica alzó la vista al techo rogando a los dioses por una salida rápida a esto.
Si no fuese porque Aioria se enfadaría más de lo que ya estaba y no levantaría el culo del suelo hasta haber ganado limpiamente, ella misma habría tirado todas las piezas adrede para irse ya a dormir.
Pero por el bien de las corduras de ambos y su relación, Marin optó inteligentemente por mirar ese estúpido juego por un rato como si pensase en qué hacer para evitar el inexorable derrumbe (Aioria sonreía malévolamente) y sacó la pieza.
Para la absoluta sorpresa de ambos la pila se mantuvo firme.
Ambos alzaron las cejas, mirándose con los ojos entrecerrados.
El joven estuvo a punto de soltar una palabrota pero lo guardó en lo más profundo de su estómago. Marin quiso reírse, pero hasta para eso estaba muy cansada.
Apenas Aioria acercó su mano y tocó suavemente con su uña el siguiente bloque de madera, la torre se vino abajo.
—¿Ya podemos irnos a dormir? —preguntó la mujer viendo la cara pálida de su novio ante lo que acababa de ocurrir.
—Eehh… sí. Creo que ya tengo suficiente —masculló con una cara lamentable.
Con algo ayuda psicológica ("estabas cansado, mañana seguro ganas") Marin llevó a Aioria a costarse junto a ella; literalmente gracias a Aioros, eso harían ellos dos toda la noche, dormir y para variar eso no les hacía tan infelices como debería.
—FIN DE CAPÍTULO—
¡Wow! ¡Más de 100 reviews! En serio estoy muy feliz. Es mi segundo long-fic en este fandom, y el segundo que acumula más de 100 reviews. Le ha ganado a Milagrosa Piedad, el cual, en esta cuenta tiene 110. Acá ya vamos por los 120. ¡Qué alegría me dan!
Para alguien que ama tener muchos reviews, créanme que esto es como navidad jajaja.
Pero bueno, pasemos a algo más serio y creo que dejaré caer el balde de agua fría para no dar tantas vueltas.
El siguiente capítulo, es el final.
Sí, sí, ¿apresurado? Un poco, lo sé. ¿Pero qué puedo hacerle? Les recuerdo que este fic inició como un one-shot de casi 20,000 palabras. Un one-shot el cual fui alimentando con más escenas, cambios de diálogos y agregación de recuerdos que fungían como el aperitivo de cada episodio. Además, nunca fue mi intención alargar demasiado este fic ya que no suelo mantenerme interesada en solo una historia por mucho tiempo lo que me hace tener bloqueos creativos a menudo.
Como quisiera agregar más cosas al fic, como el proceso completo del embarazo de Shaina, pero siento que si hago eso, caeré en hiatus y... lo siento pero no puedo darme ese lujo. Me conozco bien y mi cabeza no da para tanto.
¿Cómo se va a llevar el embarazo de Shaina? No sé si no se habrá visto ya, pero no es mi intención tampoco narrar todo el proceso. QUIZÁS, si es que me llega la inspiración, haga un OMAKE al respecto, un one-shot que muestre todo el proceso, pero no prometo nada y el omake sería en caso de que yo pueda hacerlo. De otro modo, el siguiente episodio, será todo de mi parte para con esta historia.
Espero no se molesten mucho conmigo por eso. :(
Pasando a temas menos tristes, hubo quienes me recordaron ciertas cosas con respecto a los gemelos nacidos en el Santuario, pero como les dije, el fic se basa en lo que yo imagino. Ciertas cosas son canon y otras no tanto jejeje. De cualquier forma, se les agradece las intenciones y el hecho de que me orienten para no salirme mucho del universo original de SS.
Ahora...
Estoy un poco sorprendida y confundida con respecto a las reacciones que ha causado la pareja de Aioros x Seika, hubo a quienes les gustó y hubo a quienes no les gustó. Yo comprendo que fue una ship que naaaadie vio venir, y la cual tuvo un capítulo entero de puro lemon jajaja pero no puedo decir nada que no haya dicho antes... mi musa a veces trabaja de formas misteriosas además de que ya tenía muchas ganas de escribir algo relacionado a esa ship. Se me dio la oportunidad en este fic y quién sabe, quizás se me ocurra algo más adelante para estos dos.
¡Por el momento es todo de mi parte! Cuídense mucho en esta difícil situación de pandemia y espero que, una vez termine, todos nosotros y nuestros familiares y amigos sigamos aquí para contarle esto a nuestros nietos.
¡Hasta la próxima!
Muchas gracias por leer y comentar a:
agusagus, Camus de Escorpio202013, dianix96, ShainaCobra, Jungirl8, camilo navas, Monse, Tatiana avila, Negaigotox, Guest, Dama de los hielos y Nyan-mx.
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