• ADVERTENCIA: Posible lenguaje soez.

•ACLARACIONES: Los personajes de Naruto no son míos.


Capítulo 5: El castillo de mis abuelos.


Pudo escuchar a lo lejos el eco de unas risas que al parecer provenían de un infante. Sin saber por que, se fue acercando poco a poco hacia dónde venían las carcajadas. Eran unas carcajadas tiernas, sutiles y podría decirse que hasta contagiosas. Llamaron poderosamente su curiosidad, quería saber de quién venia ese sonido.

En su camino hacia las risas, ni siquiera se detuvo un momento a observar a su alrededor. Ni siquiera recordó en el momento el hecho de que no sabía dónde se encontraba. Lo único que quería, y en lo que más estaba concentrado, era en encontrar al dueño de esas risas que lo intrigaban bastante.

Luego de lo que al parecer fueron minutos, pudo ver a lo lejos dos siluetas. Una era la de una mujer a quien no le podía ver el rostro y la otra era la de un pequeño niño que estaba de espaldas.

El brincoteaba y reía junto a la mujer, al parecer sin percatarse aún de su presencia.

Con una inmensa necesidad de saber quién eran aquellas dos personas, comenzó a caminar nuevamente pero esta vez hacia ellos. Por más que se acercara no podía distinguir el rostro de la mujer. Sintiendo el corazón latir a mil por hora, comenzó a trotar hasta ellos para después comenzar a correr cuando la desesperación comenzó a invadirlo.

Cada vez que él se acercaba más y más, solo podía ver que ellos se alejaban de él.

Quería alcanzarlos, quería saber quién era ese niño.

Mientras corría, por inercia estiro un brazo hasta el, como si el infante pudiese verlo y finalmente tomar su mano. Para su sorpresa, el infante volteo lentamente hasta él.

Sus ojos se abrieron desmesuradamente al ver de quien se trataba.

El niño tenía unos ojos color acua y su cabello era azul oscuro, casi llegando al negro.

Cuando el infante le vio, este le sonrió a Gaara, haciendo que el corazón del pelirrojo quisiera salir de su pecho. Se paró en medio de la nada al percibir su sonrisa, al sentir la calidez que lo invadió por completo.

De pronto la mujer que acompañaba al niño ya no estaba y este se fue acercando lentamente hasta el mayor, quien miraba con ojos temblorosos al pequeño.

—Oye —el pequeño se acercó e hizo una señal con su mano, indicando al mayor que se agachaba un poco.

Gaara lo hizo sin chistar, quedando a la altura del rostro del pequeño.

El niño se acercó hasta su oído y le susurro algo que lo dejó más impactado que antes.

Las lágrimas empezaron a brotar de los ojos de Gaara.

De inmediato volteo hacia donde se suponía que estaba el niño pero para su sorpresa, este ya no se encontraba ahí. Miro por todos lados con desespero, encontrándose solo en un fondo blanco y sin salida.

En completa soledad.


Se incorporó con rapidez sobre la cama, con la frente perlada del sudor y el corazón latiendo a mil por hora. Llevo sus manos hacia la cabeza y paso sus dedos por la cabellera roja, sintiendo como esta estaba mojada.

¿Por qué había soñado aquello y porque le afectó tanto? ¿Quién era ese niño y quien era esa mujer que lo acompañaba?

Miles de preguntas inundaron su cabeza más ninguna de estas tuvo alguna respuesta coherente. Ese niño se le hacía levemente conocido, presentía como si ya lo hubiese visto alguna vez pero no recordaba de dónde.

Suspiró entrecortadamente y después viro sus ojos hasta el despertador digital que había a un lado de su cama. No se sorprendió al ver la hora que indicaba ya que el siempre despertaba una hora antes de que sonara su despertador. Eran las cinco de la mañana y el sueño no quería volver así que le tocaría darse un largo baño para después irse a la empresa.


••


—¿Mami?

Hinata frunció el ceño al sentir como la sacudían ligeramente por el brazo. Sin hacerle caso a esa vocecita, se acomodó mejor sobre donde estaba recostada.

—¡Mami! — la vocecita se alzó más, haciendo que Hinata abriera los ojos con morriña.

Ladeo lentamente su cabeza para encontrarse con el rostro enojado de su pequeño hijo.

—Daisuke...— miro la hora en el reloj de la pared y se dio cuenta de que eran las siete de la mañana —Es temprano aun...— susurro para después soltar un gran bostezo.

—Si, pero yo quiero conocer a mis abuelos ya — demandó el pequeño mientras se cruzaba de brazos.

Ante el acto Hinata no pudo más que soltar una pequeña risa. Cuando fruncía el ceño le recordaba tanto a Gaara...

Sacudió la cabeza para disipar esos pensamientos, se incorporó lentamente sobre lo que parecía ser el sofá. Volteo hacia un lado, encontrándose a Sakura recostada junto a ella. Aun dormía profundamente, su respiración era tranquila y sus cabellos rosados estaban alborotados.

Sonrió tiernamente antes de acomodar unos cuantos.

—¿Qué tal si nos damos un baño, desayunamos y después vamos a la casa de tus abuelos? — pregunto tiernamente la Hyuga, a lo que el pequeño asintió con rapidez antes de tomar su mochila.

—¡Si! — exclamó contento mientras tomaba una muda de ropa y después se iba corriendo hasta el baño del apartamento.

Hinata sonrió al verlo. Había sido tan egoísta al privarle la verdad, al privarle el cariño de sus abuelos y su familia. Estaba tan emocionado que su cara irradiaba felicidad, una que pocas veces veía debido a lo serio que podía ser.

—¿Hinata...? — la nombrada volteo a ver como la peli rosada bostezaba largamente —. Creo que ayer nos pasamos de la hora.

Hinata asintió sonriéndole.— Terminamos dormidas alrededor de las tres de la madrugada.

—Santo cielo... no dormimos casi nada. Por cierto, ¿Qué hora es? — pregunto estirándose perezosamente.

—Son las siete y medi...—callo al ver como la oji jade volteaba a verle con impresión.

—¡No puede ser! ¡Llego tarde! — exclamó asustada la peli rosa antes de correr hacia su habitación, dejando sola a Hinata.

Hinata supuso que llegaba tarde al trabajo y se sintió culpable por eso. Se levanto del sofá y camino hasta la habitación de Sakura para tocar su puerta.—¿Sakura-chan?

—¡Pasa! — se escuchó tras la puerta antes de que Hinata la abriera y mirara como Sakura corría de un lado a otro mientras se ponía la ropa encima — Mierda, no podre ni darme un baño porque perderé tiempo — comento mientras abotonaba su camisa blanca y subía el cierre de su falda color jade. Tomo el peine y comenzó a cepillar sus hebras rosadas.

—Lamento mucho que llegues tarde por mi culpa, Sakura-chan —dijo Hinata mientras bajaba la cabeza con pena.

Sakura dejo de cepillarse para mirarle con impresión antes de sonreír tiernamente.— Este es el mejor retraso de mi vida Hinata, no te disculpes por hacerme la noche y el resto del día algo memorable y hermoso para mí.

—Sakura-chan...— susurro con impresión la Hyuga mientras sus ojos se aguaban.

Sakura le sonrió una vez más antes de tomar su bolso y esculcarlo. Sacó unas llaves y se las dio a Hinata.—Toma, esta es tu casa Hinata-chan. Cuando quieras irte solo cierra y llévate las llaves contigo por si acaso. Eso sí, necesito que vayas por mí al trabajo —se colgó la bolsa en el hombro una vez que le dio las llaves a Hinata, dejando hecha piedra a esta.

—¿A tu tra-trabajo?

—Si —respondió Sakura saliendo de la habitación, siendo seguida torpemente por la Hyuga.

—Pe-pero... mi coche no llega hasta mañana en la mañana y...

—Para eso está mi coche.

—¿Qué? No voy a quitarte tu coche solo porque yo no...

Calló cuando vio la mirada de Sakura, esa que usaba siempre que se mostraba determinada a una decisión.— Te llevas mi coche y ya Hinata, las llaves están en el llavero —sentenció tomando una fruta del refrigerador.

Hinata apretó las llaves.—No quería ser una molestia...

Sakura volvió a mirarle pero ahora su mirada reflejaba enojo.—No vuelvas a decir que eres una molestia porque no la eres, al contrario — suspiro y retomo su camino hasta la salida del apartamento —. Salgo a las ocho de la noche, pasa por mí a esa hora. Te diría que saliéramos a almorzar en mi hora de descanso pero tomaré esa hora extra. ¡Mucha suerte, nos vemos al rato! — exclamó antes de salir ante la vista de Hinata, dejándola en medio del recibidor.

Apretó nuevamente las llaves, esta vez sintiendo como las lágrimas corrían por sus mejillas. Sonrió tiernamente y después usó sus antebrazos para secar con rapidez las gotas salas que escurría por su piel.—Gracias, Sakura-chan.


••


Abrocho el cinturón de seguridad y después le mando una sonrisa. — ¿Emocionado?

—¡Mucho!— exclamó Daisuke, acomodándose bien en el asiento trasero del auto. El auto de Sakura era un Nissan Qashqai color plomo. Era un auto muy lindo y que al parecer de Hinata, combinaba mucho con su amiga.

Subió al auto y se puso el cinturón de seguridad. Una vez acomodados los espejos y su asiento, arranco el motor y dio marcha a su destino. La casa de sus padres.

Mientras manejaba por las calles de Tokio, una pregunta empezó a martillar su cabeza. ¿Cómo tomaría todo ese embrollo su madre? ¿La perdonaría? Lo que más le dolía era fallarle a sus padres y al parecer ya lo había hecho, pero ellos debían comprender que era necesario, que no podía dejar que Gaara se enterara de que tiene un hijo con ella.

Sin evitarlo, sus ojos se empezaron a cristalizar. No quería arruinar el matrimonio de Gaara, por muy enamorada que aun estuviera de él. No podía ser ese tipo de persona, además de que Gaara se lo había dejado muy claro esa última noche que estuvieron juntos.

"—Fue un error."

Sorbió su nariz y con meticulosidad borró con sus dedos las pequeñas lagrimas que salieron de sus orbes platinas.

Miro por el espejo y se dio cuenta que no era necesario ya que Daisuke estaba demasiado entretenido mirando por la ventana, observando con asombro las coloridas y maravillosas calles de Tokio.

Sonrió de medio lado al verlo tan contento y emocionado, estaba tan feliz de que pudiese conocer a sus abuelos antes de que...

Tuvo que contener con todas sus fuerzas un sollozo que quiso huir de sus labios. Su padre estaba al borde de la muerte y ella solo había estado preocupándose por si misma todo ese tiempo que estuvo en Inglaterra. Siempre se preocupó solo por el bien de Daisuke y el bien suyo, olvidando por completo que tenía una familia y unos amigos que había abandonado así sin más.

Era una muy mala persona.

— Mami — llamó Daisuke, sacándola de sus cavilaciones —, necesito usar el baño — musito con vergüenza y un tierno sonrojo.

Hinata sonrió al mirarlo por el retrovisor.—Tranquilo cariño, llegaré a la gasolinera que esta adelante.

El pequeño asintió de inmediato, estando de acuerdo.

Después de unos minutos más andando en el carro, Hinata entro a la que era la gasolinera que había nombrado. Aparco el auto a un lado de los baños y se bajó de este para ayudar a Daisuke a bajarse.

—¡No tardó!— grito el niño con rapidez antes de correr hacia el baño de hombres.

Hinata suspiro con una sonrisa. Se recargo en la puerta del coche para después sacar su móvil del bolsillo de su pantalón. Tecleo la contraseña y de inmediato se fijó en las llamadas entrantes, buscando alguna llamada o mensaje de su primo Neji o de la novia de este.

Sonaba cobarde pero deseaba mucho que Neji no tardará en llegar a Tokio. Enserio no quería enfrentar sola todo lo que venía. Se sentía insegura, atemorizada y con ganas de echarse a llorar. Quería correr de nuevo a Inglaterra y olvidarse de la situación pero era imposible, por más que lo deseara.

Quería estar con su padre, quería recuperar a su familia y amigos. Quería que Daisuke supiera que tenía una grande y hermosa familia.

—¿Hinata? Eres...¿Eres tú? —

Sus ojos se abrieron con impresión y con rapidez alzo la mirada al frente, encontrándose a dos personas que la miraban igual de impresionadas que ella.

—Shino-kun...Kiba-kun...—

Frente a ella se encontraban unas de las dos personas más importantes de su vida. Sus mejores amigos desde que tenía memoria, sus hermanos, sus protectores...

De inmediato sus ojos se llenaron de lágrimas.

Definitivamente era muy mala persona.


••


La migraña de nuevo estaba haciéndose presente. Suspiro y llevó a sus labios la taza de café que ayudaba un poco a mantenerlo con energías para el resto de ese día. Sus ojos estaban dilatados, cansados.

No había dormido muy bien, y todo por culpa de ese sueño que había abrumado sus horas de descanso. Se mantuvo despertándose continuamente durante la noche y apartar de las cuatro de la madrugada supo que ya no podría pegar el ojo.

¿Qué mierda había sido ese sueño? ¿Por qué había un... un niño diciéndole...?

—No lo recuerdo — musito entre el mismo, parando su mano unos momentos para ver ningún lugar en específico.

Recordaba absolutamente todo el sueño, desde el inicio hasta el final pero... ¿Por qué no recordaba eso que el niño le había susurrado al oído? Y además, ¿Por qué creía que ese susurro era extremadamente importante?

También quería recordar si había visto el rostro de la mujer pero por más que trataba no lograba recordar ninguna de sus facciones. No podía recordar absolutamente nada de ella. Lo único que sí sabía, era que ella era igual de importante que el niño que había invadido sus sueños.

Bufo largamente antes de echar sus cortos cabellos hacia atrás. No podía seguir pensando en un sueño, él tenía que seguir trabajando.

Se mantuvo firmando y leyendo propuestas de otras empresas, analizando gráficos, haciendo cálculos y revisando un centenar de expedientes. Cuando quiso estirarse sobre su silla tuvo que ser interrumpido por la mal educada entrada de Hanabi Hyuga.

—Sabaku no — llamó acercándose hasta el escritorio.

Contuvo un suspiro de fastidio y decidió olvidar la falta de respeto que la pequeña Hyuga había cometido.—¿Pasa algo, Hanabi-san?

—Mi padre me necesita en casa, dice que es urgente así que tengo que retirarme — aviso sin mirarle. Gaara percibía la preocupación que Hanabi tenía por su padre —. En cuanto el asunto sea resuelto volveré para seguir trabajando.

Gaara asintió sin pensarlo.—No se preocupe Hanabi-san, tómese su tiempo.

Hanabi suspiro antes de asentir.—Regreso en un rato — dijo finalmente para después dar la vuelta y salir por donde había entrado, dejando nuevamente solo a Gaara.

De todo corazón, esperaba que Hiashi estuviese bien y que esa llamada no hubiera sido por algo realmente alarmante.


••


—Así que Sakura te presto el auto — dijo Shino mientras tomaba un sorbo de su lata de refresco.

Después de que Hinata se abalanzará a sus amigos a darles un fuerte abrazo con los ojos inundados de lágrimas, el trío de viejos amigos estaban sentados en un parque que estaba cerca de la gasolinera en donde había sido su reencuentro. Hinata se dedicó a hablarles sobre su regreso y sobre en donde se había quedado esa noche, tratando de evadir las preguntas que aún no estaba preparada a enfrentar.

Hinata asintió.—Es muy amable de su parte.

—Eres una ingenua —acusó Kiba mirándola con una ceja alzada —. Es obvio que Sakura hizo eso para no dejarte escapar.

Hinata pestañeo con confusión. —¿De que hablas?

—Ella te lo presto para que no tuvieras escapatoria. Piensa que te iras de nuevo y quiere comprometerte con su auto. Conozco tan bien a Sakura que apuesto lo que sea.

—Kiba tiene razón. Ella fue una de las personas que más demostró sufrimiento y conmoción ante tu partida. Fuiste extremadamente egoísta al irte sin siquiera decir un "adiós"—dijo con sinceridad el Aburame mientras veía al pequeño Daisuke jugar y balancearse en un columpio.

—Lo sé. Se que fue egoísta de mi parte — dijo consciente de su acto. Bajo la mirada y apretó los puños —. Pero había una razón válida para irme de aquí.

—Aun no puedo creer que tengas un hijo —soltó Kiba mientras observaba al niño —. Me duele que no nos hayas dicho nada ni siquiera a nosotros. Se suponía que nos contábamos todo siempre. ¿Que cambio?

Los ojos de la chica comenzaron a abnegarse de lágrimas.—No sabía cómo decirles. Temía que me juzgaran...—susurro antes de vaciar sus ojos con fuerza.

—Se supone que nos conocemos lo suficiente como para saber que ninguno de nosotros haría eso. Pudimos apoyarte si lo pedias, Hinata. Pudimos haber guardado tu secreto por ti. Todos lo hubiésemos hecho. Kiba, Ino, Sakura y yo pudimos haberte apoyado.

—Lo-lo lamento — sollozo mientras cubría con ambas manos su rostro.

Kiba saco aire y paso su mano por la espalda de Hinata.—No llores tonta. A pesar de todo, te seguimos queriendo y nada cambiara entre nosotros. Seguirnos siendo los mismos contigo si tú eres la misma con nosotros.

Hinata alzo su llorosa mirada hasta el castaño. Paso su antebrazo sobre sus ojos y miro a Kiba con incredulidad.—¿De verdad?

Kiba sonrió al verla tan inocente. Esa era la Hinata que conocía.—Si — aseguro mientras alborotaba sus cabellos.

—Pero ahora no habrá ningún secreto de por medio — declaro Shino mientras la oteaba con seriedad —Así que dime, ¿El padre de Daisuke es Gaara?

Hinata se sobresaltó y le echó una mirada rápida a Daisuke, quien se encontraba concentrado en los juegos. No quería que su hijo llegase a escuchar algo de lo que estaban a punto de hablar.

—Debí de suponer que alguien como tu llegaría a saberlo — declaro mientras Kiba la miraba con una ceja alzada.

—¿Qué tratas de decir con eso?

—Que soy más inteligente y analítico que tu — respondió Shino sin tomarle atención a los comentarios despectivos que le mandaba.

Hinata rió sutilmente al ver que ambos no podían cambiar. Pasará el tiempo que pasará, ellos se llevarían igual y jamás dejarán de hablarse por eso.

—Si, Gaara es el padre de Daisuke —respondió —. Me fui porque Gaara iba a casarse y porque no quería decepcionar a mi padre.

—¿Gaara sabe sobre la existencia de su hijo?

—Por supuesto que no. No quería arruinar sus planes de boda —apretó los puños.

Kiba suspiró.—Nunca pensé que diría esto pero, creo que Gaara necesita saber la verdad.

Hinata lo miró incrédula.—No la sabrá, jamás.

—Hinata, no podrás ocultar el secreto por mucho tiempo y menos si estás aquí — opino Shino.

—¿Por qué tiene que saberlo? Él ahora está feliz mente casado y probablemente con hijos.

Shino y Kiba se miraron de reojo un momento.—Gaara no tiene hijos — dijo Kiba.

Hinata tragó saliva y miro hacia otro lado.—Probablemente quiere disfrutar su tiempo de casado y por eso no ha tenido hijos. Mas a delante los tendrá, ya verán.

—Yo lo dudo — dijo Shino —. Se rumorea que no tiene una buena relación con Matsuri. Sinceramente, pienso que no es solo otro rumor más.

—Sea lo que sea, Gaara no sabrá de la existencia de Daisuke —dijo decidida —. No merece conocerlo.

—Creo que estas actuando de acuerdo al rencor que le tienes a Gaara. Esta no eres tú, Hinata —dijo esta vez Kiba, mirando de reojo a su amiga. La conocía de toda la vida y sabía que esa faceta era una de las egoístas y rencorosas. Ella no era así, ella perdonaba con tanta facilidad pero en ese momento estaba tan dolida y rota que ahora estaba cegada.

—Solo hago lo que creo mejor —termino de decir para cerrar los ojos y soltar un suspiro —. Chicos, ¿Que tal si salimos después junto con las chicas y los demás?

—¡Seria genial! — exclamó entusiasta el Inuzuka.

—Como en los viejos tiempos —dijo Shino con una sonrisa ladina.

Hinata les sonrió sutilmente. Sacó su móvil de su bolsillo y lo desbloqueo. —Pasenme sus numeros para ponernos de acuerdo.

Ambos escribieron sus respectivos números en el celular de la Hyuga.

—Gracias chicos —dijo mientras guardaba de nuevo el celular —. Tengo que irme, aún tengo cosas que hacer —se levantó del banco y miró hacia los juegos —¡Daisuke-kun, es hora de irnos!

La Hyuga sonrió cuando vio a su pequeño correr hacia ella.

—Despídete, Daisuke-kun.

—Hasta luego, Kiba-san y Shino-san — hizo una pequeña reverencia a los adultos mientras ambos sonreían divertidos.

—Así que heredaste los mismos modales de tu madre, ¿Eh? —preguntó amistosamente el Inuzuka mientras revolvía los cabellos del pequeño, ocasionando que este se sonrojara.

—Definitivamente, tiene mucho de Hinata —opino Shino al verlo sonrojado. Recordó vagamente a su amiga sonrojándose por cualquier cosa.

—Con nosotros no tienes que ser formar, Daisuke — manifestó Kiba —. Puedes decirnos por nuestros nombres a secas o puedes decirnos tíos.

—¿Tío? — pregunto asombrado —. Madre, ¿Ellos son mis tíos? — preguntó ansiosamente mientras miraba a su madre.

Hinata sonrió con sutileza y asintió.—Kiba-kun y Shino-kun son como hermanos para mi así que si, son tus tíos.

Daisuke sonrió ampliamente y con emoción.—Pensé que solo tenía a mi tío Neji y a mi tía Tenten — susurro antes de ver con una gran sonrisa a los hombres frente a el —¡Hasta luego, tío Kiba y tío Shino!

Los mayores sonrieron al niño.

—Hasta luego, Daisuke — se despidió el Aburame.

—¡Adiós, enano! —le revolvió una vez más los cabellos antes de que Hinata tomara la mano del pequeño.

—Hasta luego chicos, prometo llamarles —prometió la Hyuga antes de irse a paso pausado hasta la camioneta.

Kiba suspiró y revolvió sus cabellos.—¿Crees que este bien?

Shino bajo la mirada y suspiró.—Esto apenas está empezando, pero ya creo que las cosas van a complicarse mucho.


••


—Dime, ¿Te cayeron bien Kiba y Shino? —pregunto Hinata con una sonrisa, mientras veía por el retrovisor a su hijo.

Daisuke asintió repetidas veces.—Todos me han caído muy bien, Okaa-chan. Sakura-san es muy bonita. Tío Kiba y tío Shino son muy divertidos — decía mientras balanceaba sus pies de enfrente hacia atrás —. Pero extraño al tío Neji y a mi tía Tenten. ¿Cuándo vendrán?

Hinata suspiro. Ella también quería que llegaran ya.— Pronto cariño.

—Genial.

Siguió manejando por la carretera mientras pensaba en su familia. Su padre, siempre tan estricto y rígido. Su madre, siempre tan dulce y alegre. Su hermana, tan orgullosa pero amorosa.

Definitivamente los extrañaba cada dia mas y hasta agradece por fin haber podido volver. Aunque hubiese deseado que la razón no fuera justamente la de ahora. Que su padre estuviera bien y que tuviera la energía como para levantarse y mirarla con ojos duros. Que pudiese regañarla y decirle que aun así la amaba. Que pudiera quedarse más tiempo con ellos para que viera a su nieto crecer.

Se arrepentía de tantas cosas pero esa era una de las que jamas iba a poder perdonarse por completo. Le quito a su hijo la oportunidad de tener un abuelo y le quito a su padre la oportunidad de tener un nieto.

Sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas y su garganta se cerró. Cielos, ¿cuántas veces iba a llorar ese día? Suponía que demasiadas.

Daisuke hizo una exclamación de asombro, ganándose la atención de Hinata y haciéndola volver al mundo real. Se había distraído tanto que ahora ya no sabía si había conducido por la dirección correcta.

— ¿En esa casa viven mis abuelos? ¡Parece castillo! — exclamó con emoción al ver por la ventana del coche. Jamás había visto una casa tan enorme y con un patio tan grande y lindo. Había césped, unos cuantos arbustos con flores y una linda fuente en medio. Era muy guay. Se sentía el caballero de una princesa.

Hinata parpadeo impresionada mientras viraba la cabeza hasta la casa. Ya había llegado y no se había dado cuenta. Trago saliva sintiendo como su cuerpo comenzaba a temblar justo como una gelatina. Condujo un poco más hasta llegar a la entrada de la casa. La gran reja estaba cerrada así que dedujo que su padre aun tenia a Ko ahí como guardia.

—Buenas tardes...—decía el hombre mientras salía de la casa para ver de quien se trataba. Al verla quedo impactado —. Señorita Hinata...¿Es usted?

Hinata sonrió temblorosamente.—Hola, Ko.

Ko estaba boquiabierto.—Dios mío, ¡Si es usted! —rio con emoción —. ¡Me da tanta alegría verla de nuevo, no sabe cuanta!

—A mí también me alegra muchísimo verte de nuevo Ko —dijo con sinceridad. Ko había trabajado ahí desde antes de que ella naciera así que ella lo veía como una especie de hermano mayor. Él era muy atento y amable. La hacía sentir muy bien y en sus primeros años fue su único amigo.

—¡Hiashi-sama no me dijo nada de su llegada pero pase! —exclamó antes de correr hasta el cerco para abrirlo. Al parecer no se había dado cuenta de que traía a un niño en la parte trasera.

Dio marcha nuevamente al auto y paso por un lado de Ko mientras este agitaba su mano alegremente.—¡Bienvenida!

Hinata le sonrió ampliamente antes de voltear hacia el frente para seguir conduciendo.

—¿Quién era él?—preguntó Daisuke con curiosidad.

—Él es un viejo amigo mío y de la familia. Trabaja aquí, cuidando la casa.

—¡Es el guardián del castillo! —exclamó aún más emocionado. —¿Cierto? —se preguntaba si también habían dragones ahí adentro.

Hinata rió divertida. —Si, Ko es un guardián del castillo —le respondió siguiéndole el juego.

Aparco el auto frente las puertas de la casa y lo apago. Se quedó unos segundos ahí, sentada. Preparándose mentalmente para lo que venía. Lanzo un suspiro y después se bajó del auto para abrirle la puerta a Daisuke, haciendo que este brincara del coche con energía.

—¡Seguro que el abuelo es el rey y que la abuela es la reina! —decía emocionado mientras bajaba su mochila y se la ponía en los hombros.

Hinata no puso atención pues se mantenía con los nervios de punta. Tomó la mano de su hijo parlanchín y comenzó a subir las escaleras de la entrada. Una vez estuvo frente a la gran puerta de madera, tragó saliva una vez más y tocó el timbre eléctrico.

—¿Mami? — observó que su madre bajaba la mirada para verle. Alzó una ceja mientras la veía — ¿Estas nerviosa? — sentía su mano tensa.

Hinata se sobresaltó ante lo dicho por su hijo y un pequeño rubor se implantaba en sus mejillas.—Un poco cariño, hace mucho que no veo a tus abuelos.

Daisuke asintió entendiendo.—¿Por qué nunca venimos a verlos antes?

Hinata abrió los ojos desmesuradamente. Antes de que pudiera decir algo, la puerta fue abierta. De inmediato se paró derecha y miró hacia el frente con los ojos bien abiertos.

—¿Señorita Hinata? —preguntó una mujer frente a ella. Era la ama de llaves, Miko —¡Santo cielo! —exclamó la señora con los ojos empañados de lágrimas.

Miko, al igual que Ko, había trabajado con sus padres desde antes de que ella naciera. Miko era como su nana así que si, la había extrañado mucho.

—Nana Miko —musito Hinata mientras le sonreía. Sus ojos ya estaban picando de nuevo, que lata.

—¡Mirate! Eres toda una mujer ahora, estas bellísima...—cayó al descubrir al pequeño de ojos color aqua. De inmediato supo que era lo que pasaba ahí —. Cariño...—dijo hacia Hinata, haciendo que la chica bajara la mirada. Miko suspiro y después bajo su mirada para sonreírle al niño —¡Que monada de niño! ¿Como te llamas corazón?

Daisuke se sonrojo ante el halago.—Daisuke Hyuga.

Miko asintió al oír el apellido. Hinata lo había tenido sola después de todo.—Mucho gusto pequeño. Yo me llamo Miko.

Daisuke hizo una pequeña reverencia con la cabeza.—Mucho gusto, Miko-san.

Miko soltó unas carcajadas.—Idéntico a tu madre — dijo mientras le acariciaba la cabeza —¿Te parece si me lo llevo a jugar un rato, Hinata-chan?

Hinata asintió. —Eso estaría bien —le respondió antes de ver a Daisuke —. Daisuke-kun, ¿quieres jugar con Miko en el patio?

Los ojos de Daisuke brillaron.—¿Deberás?

Hinata asintió mientras le sonreía.

—¡Si!— exclamo contento.

—Vendré por él en un rato —le aviso a Miko mientras esta asentía y tomaba la mano del pequeño.

—Claro querida.

—Pórtate bien —le pidió antes de entrar a la casa. De inmediato surgió la melancolía. Hace años que no entraba ahí y todo parecía igual salvo a unos cuadros y decoraciones.

Comenzó a caminar lentamente por el recibidor, encontrándose con las grandes escaleras que conducían a las habitaciones de arriba. Las paredes seguían tan blancas como al principio y el candelabro seguía mirándose hermoso.

Sus pies la condujeron lentamente hasta la cocina. Camino un poco más, pero un olor muy familiar hicieron que detuviera sus pasos. Su corazon comenzo a latir apresuradamente y su estómago cosquilleo.

Se recordó a si misma, corriendo hasta la cocina al reconocer ese tan familiar y delicioso. Siempre era regañada por correr en la casa pero eso no impedía comer las deliciosas galletas que ella siempre preparaba.

Camino lentamente, como si el tiempo se detuviera.

Cuando por fin llegó, detuvo sus pies para admirar la escena.

Una mujer de cabellos largos estaba dándole la espalda, moviendo un cucharón dentro de un bol. Ella tarareaba una melodía. Una que le solía cantar cuando iba a dormir.

Sus ojos comenzaron a soltar lágrimas al escuchar su hermosa voz de nuevo. Cubrió su boca, tratando de retener los sollozos. Se sostuvo en el marco de la puerta y cerró con fuerza los ojos. Hasta ese momento se dio cuenta de todo lo que había extrañado a esa mujer.

Abrió lentamente los ojos cuando la voz de su madre dejo de cantar repentinamente.

Frente a ella, su madre la miraba con asombro. Como si ella se tratase de un fantasma. Observo los ojos de su madre llenarse de lágrimas mientras ponía sus manos sobre su pecho.

—¿Hinata?— preguntó sintiéndose como en un sueño.

—Mamá — sollozó.

Hikari no se hizo de esperar y corrió hasta Hinata para envolverla en un fuerte abrazo. Hinata lo correspondió enseguida, ansiosa por sentir el calor que su madre proporcionaba al abrazar. Hinata sintió a su madre sollozar sobre su hombro sin dejar de apretarla con fuerza.

—Por fin —dijo Hikari en un hilo de voz. Cerró con fuerza los ojos, sintiendo como las lágrimas se deslizaban por sus mejillas.

—Estoy en casa — gimoteo y se aferró más a su madre.

Después de unos minutos apretando a la otra, Hikari se separó para tomar entre sus manos el rostro de su hija.

—¡Mira cuanto has crecido! — le decía entre lágrimas mientras secaba las gotas saladas que escurrían del rostro de Hinata —. Eres tan hermosa — dijo al verla con detalle. Era cierto que hablaban cada que podían por video chat pero verla ahí, en persona, solo hacía que su belleza se acentuará.

—Gracias madre —susurro mientras se dejaba llevar por las caricias de su madre.

—¡Hiashi no me dijo nada! Si hubiese sabido entonces hubiera hecho todas tus comidas favoritas, postres y bebidas. Ese hombre, siempre olvidando que tiene que avisarme con anticipo...—decía con el ceño fruncido sin dejar de abrazar a Hinata.

Hinata sonreía emocionada ante la voz de su madre. Le conmovía oír su voz tan cerca de nuevo, sentir su piel cremosa y su olor a flores. La había extrañado tantísimo.

—¡No importa! —exclamó mientras suspiraba —. Aún hay tiempo para hacer todas las comidas que te gustan —dijo con una gran sonrisa.

—Madre, no es necesario.

—¡Claro que lo es!— se separó de su hija y regreso a la cocina para abrir el refrigerador —. Si no tengo todos los ingredientes tendré que mandar a Miko a comprarlos. O podríamos ir tu y yo a comprarlos, juntas. Como lo hacíamos antes ¿Recuerdas? —decía con voz quebrada, pero aun así, trataba de mostrarse alegre.

Hinata entendió. Cerró los ojos y se recargo en una pared de la cocina mientras su madre se movía de un lado a otro.

—Hare sushi, onigiri, yakisoba, takoyaki y si en Inglaterra comiste algo que te fascina entonces lo hago también — decía mientras sacaba vegetales e ingredientes del refrigerador.

—Mamá...—musitó queriendo llamar su atención.

—Mientras no estuviste yo descubrí muchas recetas. Todas me salen deliciosas —ignoró el llamado de su hija sin dejar de hablar —. ¡Podemos invitar a todo el mundo para comer! le llamaré a Sakura-chan, a Ino-chan, a Kiba-kun, a Shino-kun y a Gaara...

Hinata frunció los labios y se puso tensa.—¿Como está mi padre?

Hikari dejó de moverse por la cocina y un tenso silencio se instaló en la habitación. Hinata se mantenía apacible, mirando como los hombros de su madre comenzaban a temblar.

La mujer comenzó a sollozar.— Tu padre cada día está peor — musito —. No parece que va-vaya a mejorar — dijo en un gimoteo.

Hinata respiró entrecortadamente y trato de limpiar sus lágrimas.—Quiero verlo.

Hikari asintió y también limpio sus lagrimas. Camino hasta su hija y le tomo la mano para guiarla fuera de la cocina. Subieron a la planta baja y caminaron unos largos pasillos antes de llegar a la habitación en la que se encontraba su padre reposando.

Hinata supo que su padre si estaba demasiado enfermo. Sabía que aunque su padre se sintiera de lo peor él siempre iba a estar en el despacho, firmando papeles y evaluando la empresa. Supo que realmente no había cómo ayudarlo.

—Entra, cariño — le animó su madre al verla mirando la puerta, dubitativa.

Hinata asintió, sintiendo como su cuerpo comenzaba a temblar con fiereza. Abrió con lentitud la puerta y le echó una última mirada a su madre. Esta la miraba con una sonrisa de apoyo. Se sintió más segura ante eso y se animó a entrar completamente a la habitación de sus padres. Cerro la puerta tras de si, con delicadeza, pues vio que su padre parecía dormir.

Ojeo un poco la habitación, encontrándose con la sorpresa de que muy pocas cosas habían cambiado. Caminó con lentitud hasta la amplia cama de sus padres y acerco lentamente, para no hacer ruido, una silla que estaba al costado. Se sentó en ella y centró su atención en el rostro de Hiashi.

Se miraba tan cansado a pesar de estar dormido, aparentaba ser más viejo de lo que era y su piel se miraba opaca. Se entretuvo dolorosamente mientras miraba su respiración. Tan entrecortada y forzada.

Sin poder evitarlo, las lágrimas salieron de nuevo. Cubrió su boca y cerró los ojos. Era tan doloroso ver a su padre postrado en esa cama. Ella no lo recordaba así. El Hiashi que recordaba era uno altivo y vanidoso. Pero, también cálido y sabio. Ella lo recordaba con el ceño fruncido mientras estaba tras su escritorio.

—Hinata.

Abrió los ojos con impresión al escuchar la voz ronca de su padre. Alzo la mirada de inmediato y lo miro mientras la veía con ojos apagados y cansados, pero sin embargo, con una sonrisa dibujada en su rostro.

—Pa-padre...

—Me alegra que estés aquí.

Hizo una mueca de dolor al no soportar verlo así. Sollozó con fuerza, sin importarle quedar en vergüenza frente a su poco tolerante padre.

—¡Lo-lo lamento! — sollozo antes de ponerse de rodillas a un lado de la cama —¡Soy ma-mala hija! — enterró su rostro en el colchón. Se mantuvo así por unos segundos mientras sollozaba con fuerza antes de que Hiashi acariciara su cabello. Alzo su mirada llorosa y enfoco su vista sobre su padre. El la miraba con... comprensión.

—Hinata, tranquila. Ahora estás aquí y es lo que importa. Verte me hace sentir mejor.

—Padre...—musitó sin dejar de llorar. Tomó la mano de Hiashi y la apretó con cariño.

—Estoy orgulloso de ti. Me alegra que te hayas válido por ti misma en Inglaterra y que hayas terminado tu carrera. Soy muy afortunado por tenerte como hija.

Hinata bajó la mirada, sintiendo culpa y sintiéndose indigna de sus hermosas palabras.

—No digas eso padre, soy una hija terrible — susurro con dolor —. Te he escondido un grande secreto durante estos largos años — su corazon comenzo a latir a mil por hora. Seguro ahora venía un gran grito de su padre y una mirada llena de decepción. Definitivamente era terrible.

—Por eso estoy orgulloso de ti.

Alzó la mirada lo más rápido que pudo, mirando a su padre con incredulidad y sorpresa. —¿Qué?

—¿Pensaste que podías ocultarme algo así, Hinata? — preguntó con una sonrisa y una ceja alzada.

—En-entonces ¿lo sabes?

—Si Hinata, sé que tengo un nieto y que se llama Daisuke.

Hinata cubrió su boca. Jamás pensó que algo similar pasaría. ¿Cómo pudo enterarse? Ella fue lo más cuidadosa posible. Hacia sus videollamadas con su familia cuando Daisuke no estaba. Jamás se le salio el nombre de su hijo al hablar por celular. No había forma de que él se enterara. Sería que, ¿Neji, Tsunade o Hanabi la habían delatado? No. Imposible.

—¿Co-cómo?

—Sospeche desde el principio. Fue raro para mi ver que cambiabas de opinión tan precipitadamente ante la propuesta de Inglaterra que te hice. También que no te hayas despedido de tus amigas ni de tu novio Gaara.

El corazón de Hinata se detuvo por unos segundos al oír ese nombre.

—También el hecho de que Neji regreso a casa con un ojo morado unos días antes de irse a Inglaterra. Todo me olía mal y me puse a investigar — relato —. Contrate a un detective y me informo de que estabas embarazada. Me envió unas fotos en la que sales con una barriga de unos tres meses. Cuando me entere, me enfurecí. Gracias al cielo no paso a mayores o habría terminado muerto.

Hinata bajo la mirada.

—Pero después te comprendí Hinata —apretó la mano de su la oji perla —. Eres mi hija, no importa lo que hayas hecho. Además, aprendí a amar a Daisuke a pesar de no conocerlo — soltó su mano un momento y la movió hasta una cajonera. Abrió un cajón de ella y tomó una caja de metal. Tomo de su cuello un collar que mantenía colgando una llave y con esta abrió la caja. Saco de ella un puño de fotos —. Aunque sabía que estabas embarazada y ya no había caso que descubrir, le segui pagando al investigador para que tomara fotos de Daisuke — decía mostrándole las fotos a Hinata. En efecto, todas las fotos eran de su hijo. Desde los primeros meses de edad hasta la edad que ahora tenía.

—¿De verdad no estas molesto conmigo? —le pregunto en un musito, con la mirada gacha.

—No, Hinata. Estoy orgulloso de ti, ya te lo dije. Te encargaste perfectamente de tu hijo sin dejar de estudiar. Terminaste tu carrera y Daisuke es un niño muy inteligente.

Hinata sollozo.—No-no sabes cuánto me alivia escuchar esto. Se que no merezco que me perdones pero me alivia escucharte así.

Hiashi la miró con cariño.—Pues ahora no debes preocuparte por mí, si no, de tu madre.

Hinata abrió los ojos.—¿Ella no sabe nada?

—Creí que tú deberías decírselo. A mí no me corresponde.

Hinata asintió levemente.—Se lo diré.

—Bien. Cuando se lo digas quiero que me presentes a mi nieto. Estoy ansioso por conocerlo.

—Él también lo está —sonrió dulcemente.


Continuará...


N/A: Espero que este capitulo les haya gustado. Siento que me tarde un poco pero pues, vale más tarde que nunca. El proximo capitulo estara mas largo y podrán ver en él la relación de Daisuke con sus nuevos familiares. Respecto a Matsuri, el tema de su venganza es algo que se verá más adelante. Lo único que puedo decir es que está muy dolida pero que nada de lo que diga es justificable. En fin, si les gusto ya saben que pueden dejarme un sensual review y si no les gusto, pues también.

Agradecimientos: Rose101226, Yona, Dolunay, Princesa del Tikal, , Konata811.