• ADVERTENCIA: Posible lenguaje soez.
•ACLARACIONES: Los personajes de Naruto no son míos.
Capítulo 6: El rey, la princesa y la bruja.
Su madre se mantenía con la vista distraída hacia el exterior de la gran ventana que tenía frente a ella. Su expresión era básicamente una estoica, mientras que su pose se mantenía erguida y sus brazos estaba cruzados contra su pecho.
Hinata suspiro, la conocía tan bien que apostaría su brazo entero a que su madre ya se había dado cuenta de su pequeño "secreto". Le dolía bastante decirlo de esa forma, pero es lo que era. Expulso el aire retenido y se puso recta, llevo sus manos hasta su espalda y las entrelazo, sintiéndose insegura y miedosa.
—Madre...— fue interrumpida bruscamente.
—¿Es enserio, Hinata? — pregunto con voz ahogada, manteniendo aun así su pose anterior — ¿Por eso te fuiste de casa por tantos años? — cuestiono incredulamente. Hinata solo se hundió en sus hombros y escondió su rostro tras su flequillo.
—Lo lamento mucho, de verdad, lo lamento.
—¿Lo lamentas? — ahora si volteo su cara con brusquedad para verle. Sus ojos estaban rojos y húmedos, había estado conteniendo sus lágrimas —. No Hinata, lo siento, pero no. No te comprendo, de verdad no entiendo por qué lo hiciste. ¡Nos ocultaste un hijo! — grito desgarradoramente, mandando a volar la compostura y echándose a llorar ante la mirada de culpabilidad de su hija.
—Lo sé...— susurro sin defenderse, sabiendo que esa batalla la tenía ganada su madre. No tenía como excusarse, sabía que había sido uno de sus más fatídicos errores, uno que no se podría perdonar jamás. Pero aun así quería explicarle todo a su madre, quería enmendar sus errores —. Lo hice porque tenía miedo, mama. Miedo a sus miradas de decepción, a sus reclamos... tenía mucho miedo —sollozo y cruzo uno de sus brazos sobre su vientre.
—¿Sabes algo, Hinata? — pregunto con voz más calmada, pero aun mirándola con los ojos abnegados de lágrimas —. Aun después de todo lo que hiciste, no pudiste evitar la decepción de mi parte.
El corazón de Hinata se rompió en mil pedazos al escuchar esa declaración por parte de su madre. De verdad, lo esperaba de todo el mundo, pero de la mujer que tenía enfrente... jamás lo había esperado. Aun que admitía con dolor que no podía culparla. Agacho la mirada, sintiendo las lágrimas escurrir por su cuello y mejillas.
Escucho un sollozo más de parte de su madre antes de escuchar el rápido taconeo que se hacía menos audible cada vez.
Se había ido y eso solo significaba una sola cosa; el enojo de su madre era demasiado enserio.
Temari suspiró con cansancio, pero aun así no dejo de teclear su computadora sin cesar. Apenas eran la una de la tarde y ya anhelaba salir del trabajo o al menos que la hora de almorzar llegará pronto. No sabía cómo su hermano Gaara era capaz de aguantar tantas horas en el trabajo y al parecer lo hacía con gusto.
—Deberías de pedirle unas vacaciones a Gaara — opino Shikamaru, sentado frente a el escritorio mientras la veia trabajar sin parar.
—Y tu deberías ir a tu oficina para seguir trabajando, Nara — le reclamo sin despegar la vista del ordenador. Escucho un resoplido seguida de una apagada y ronca risa.
—Yo ya terminé el trabajo del día, Temari.
Temari frunció el ceño, sintiendo envidia por el alto rendimiento de su esposo.
—Eres tan petulante.
—Y tu muy lenta — se burló, mirándola de forma socarrona.
Temari lo miro con seriedad y Shikamaru supo que no fue bueno jugar con fuego, siempre salía quemado.
—Hoy alguien dormirá en el sofá de la sala y esa no soy yo.
— Ya, ya — alzo ambas manos —, ¿Quieres que te eche una mano? Puedo revisar alguno de los informes que aún no revisas — propuso mientras Temari soltaba un suspiro y después asentía.
—Muchas gracias, cariño.
—Esto es problemático, pero prefiero complicarme yo a dejártelo todo a ti — se levantó y rodeo el escritorio para darle un suave beso en la frente mientras Temari sonreía con ternura.
Shikamaru podía ser el hombre más flojo en toda la faz de la tierra, pero también era el más lindo, atento y considerado.
—Ten — le extendió unas carpetas y el las tomo antes de volver a su asiento —. Enserio siento que el trabajo me consume.
—No me mientas a mi — abrió una carpeta y se dispuso a leerla —, yo sé que el trabajo no es lo único que te agobia — acuso ágilmente, conociendo demasiado a su prometida. Sabía que esas ojeras y ese extremo mal humor que cargaba no se debía solamente a su trabajo en la empresa.
Temari suspiro derrotada al verse descubierta por su inteligente compañero. Era imposible mentirle a Shikamaru, él siempre la descubría en el acto.
—Gaara — nombro con pesar —. Detesto verlo así, tan infeliz. De verdad me preocupa bastante ya que prefiere vivir encerrado en la empresa que regresar a su casa con... Matsuri — articulo agriamente. La esposa de su hermano no le caía para nada bien, ella siempre aparentaba ser una chica perfecta, pero Temari era bastante analítica y más si se trataba por el bienestar de su familia. Sabía que esa chica no era lo que decían y lo podía comprobar por la evidente repulsión que su hermano le tenía —. La detesto.
—A mí tampoco me cae muy bien — comento Shikamaru sin dejar de leer los papeles —, pero no podemos hacer nada y lo sabes.
—Claro que lo sé, de lo contrario yo ya habría hecho algo al respecto — mascullo molesta —. Nuestro padre es un... — respiro y exhalo, tratando de contener esos impulsos que solo querían gritar lo patán que era su padre —. De verdad no puedo creer que haya padres como él.
—Cariño, no te alteres — pidió preocupado —. Se que tu padre hizo muy mal en haber casado a Gaara por sus errores, pero sigue siendo tu padre. Sabes que él no era de esa manera.
—Desde que nuestra madre murió él se hizo tan cruel, tan antipático — comento en un susurro vago, recordando el fatídico día de la muerte de su madre. Ese fue el día más doloroso para la familia, pues su madre era para ellos la luz que lo iluminaba todo, hasta el oscuro corazón de su padre y el frio de su hermano.
Shikamaru suspiro y la miro con tristeza. Él había conocido a la madre de los Sabaku no antes de su muerte y en lo personal a él le parecía una mujer encantadora y amable. Rasa también era un buen hombre, tal vez un poco estricto y amargo, pero era bueno. Desgraciadamente la muerte de su esposa lo había podrido por dentro, haciéndolo cruel hasta con sus propios hijos. Él se encontraba seguro de que algún día se retractaría de todo lo que había hecho y que acabaría pidiendo perdón de rodillas a sus tres hijos.
—Mira, ¿Qué tal si invitamos a Gaara a cenar mañana a un buen restaurante? Invita a Kankuro y pasemos una buena velada los cuatro.
—Shikamaru, eso me parece una gran idea — manifestó emocionada ante el plan del moreno. Ella siempre veía a su pequeño hermano en la empresa, pero eso no bastaba, ya que a penas y hablaban de algo que no se relacionara al trabajo. Verlo fuera de las horas laborales le entusiasmaba pues quería más íntimo y cercano, quería sentir la misma alegría que sentía cuando toda su familia comía junta en el comedor. Cuando eran una familia perfecta y feliz. Sonrió melancólica y mando una mirada de agradecimiento a Shikamaru —. Gracias.
—Lo que sea para hacerte feliz — respondió el moreno mientras le sonreía flojamente.
Después de la "riña" con su madre prefirió salir de la casa ya que no quería toparse con ella en esos momentos. Se sentó en un escalón de la puerta principal y lloro todo lo que su corazón quiso. Pensó en tantas cosas que pudo haber hecho para que aquello no hubiese pasado. ¿Por qué no se quedó? ¿Por qué no dijo la verdad desde un principio? Pues eso era fácil, era porque fue una cobarde por mucho tiempo. Quiso ocultar una verdad gigantesca solo por miedo, solo por su bien, nunca pensó en los demás.
Sollozo por un largo rato, hasta que sus oídos captaron lo que fue un auto estacionándose un poco alejada de ella. El motor de dicho auto se apagó, pero aun así no se movió ni un ápice de centímetro. Sus manos aun tapaban sus ojos y su trasero aún estaba sobre una de las escaleras de la entrada de la mansión.
Siguió en lo suyo, ignorando por el momento esas pisadas sobre la tierra que cada vez se escuchaban más cercanas a ella. No pudo mantenerse más en esa posición, por más que lo hubiese querido, fue imposible no levantar la mirada con rapidez al escuchar esa voz que, a pesar de ahora ser diferente, siempre podría reconocer.
—Así que por fin volviste.
Sus ojos se empañaron más de lágrimas y una temblorosa sonrisa se dibujó en su rostro antes de que se levantara abruptamente del suelo, corrió hasta los brazos de su hermana menor, quien la esperaba con una tierna sonrisa y los brazos extendidos hacia ella.
—Hanabi...—logro articular mientras apretaba el cuerpo de su hermana contra el suyo, dándose cuenta al instante de que este ya alcanzaba su propia altura, o, a decir verdad, ya la rebasaba un poco.
—No sabes cuánto me hiciste falta — comenzó a sollozar, imitando el acto de Hinata —, a mí y a mama, también a papa. Joder, si supieras todo lo que hemos tenido que pasar.
—Tuviste que decírmelo.
—Nuestro padre prohibió rotundamente el avisarte sobre todo... sobre todo esto —se separó un poco, esnifo un poco y restregó su puño contra su ojo, queriendo desaparecer las gotas saladas que se negaban a dejar de fluir —. No quería que te desorientaras de tus estudios.
La peli azul apretó el puño y bajo la mirada, sintiéndose más culpable aún.
—Me siento una maldita, Hanabi. Soy la peor hija que puede existir, tanto que ahora nuestra madre seguro me odia por haber ocultado algo tan grande como esto.
—¿Qué? ¿Mama ya se dio cuenta? —cuestiono impactada.
—Si.
—¿Qué te dijo?
Hinata le conto todo a Hanabi, desde que llego a Japón hasta el momento en el que su madre supo la verdad sobre Daisuke. Hanabi escuchaba atenta y analítica, prestando suma atención para no pasar nada desapercibido. Después de unos asentimientos de cabeza y unos sollozos, ambas hermanas quedaron sentadas sobre las escaleras de la mansión, mirando el gran y deslumbrante sol.
—Nunca imagine que nuestro padre tenía algún conocimiento sobre la existencia de Daisuke. Joder, seguro hice algo mal... seguro yo tuve la culpa de que se enterara.
—¡No! Hanabi-chan, no fue tu culpa — Hinata la tomo del hombro, Hanabi miraba el suelo con pesar —. Ya te dije que fue lo que paso, y sin duda no fue tu culpa. Si lo hubiera sido, yo no estaría enojada porque sé que esto tarde o temprano tenía que salir a la luz. Además, esto no es tu responsabilidad.
Hanabi suspiro, no muy convencida.
—Quiero ver a Daisuke — pidió, cambiando de tema por el momento —¿Dónde está?
—Esta con nuestra nana — se levantó de la escalera y le extendió la mano a su hermana —, deben de estar jugando en el patio trasero.
Hanabi tomo su mano, se levantó del escalón y limpio su falda.
—Por cierto, ¿Qué haces vestida así? Pareces toda una oficinista — rio ante su comentario mientras ambas comenzaban a caminar hacia la parte trasera.
Hanabi inflo sus cachetes y frunció el ceño.
—Te lo contare después, cuando estés sentada.
—¡Joven Daisuke, cuidado!
—¡No corra tan rápido! ¡No se suba al árbol, espere! Agh.
—Ya-ya me canse. Pensé que esto de cuidar niños había terminado — lloriqueo la mujer al ver como el niño se columpiaba en la rama de un árbol. El niño reía a carcajadas mientras los miraba retadoramente. Hace tantísimo que no se divertía así.
—¡Alcáncenme si pueden! — exclamo sacando la lengua, sin dejar de columpiarse.
El árbol no era tan alto, pero, aun así, daba un poco de medio tan solo pensar que el niño podría caerse y lastimarse una rodilla, o peor aún, torcerse el tobillo.
—Bueno, tendré que ir yo —Ko soltó el aire con cansancio, comenzó a caminar hacia el árbol y antes de que comenzara a escalarlo, llego justo a tiempo su salvadora.
—¡Daisuke, bájate en este instante!
La cara de Daisuke se puso roja al oír la voz de su madre. Esta venia hacia el a grandes zancadas, con una mirada amenazadora y terrorífica que usaba solo cuando enserio estaba enfadada. Trago saliva y las manos comenzaron a sudar. Debido al nerviosismo y al sudor de sus manos, el pequeño niño resbalo y cayó al suelo de pompas.
—¡Daisuke! — Hinata corrio el tramo que faltaba para llegar a el. Rápidamente se puso a su altura y tomo sus hombros con preocupación —Cariño, ¿estás bien? ¿Qué te duele? —comenzó a revisarlo y a tocar cada parte de su cuerpo, asegurando que todo estuviera en su lugar.
El niño se quejó mientras trataba de levantarse con ayuda de su madre y de Ko. Comenzó a sobar su parte trasera y miro a su madre con algo de vergüenza. Odiaba verla preocupada.
—So-solo me lastime el trasero — susurro avergonzado, rojo hasta las orejas. Antes de que alguien pudiera decir otra cosa, pudo escuchar una fuerte risa provenir de un lado de ellos. Su rostro se encendió más al ver de quien se trataba.
Hanabi reía a carcajada suelta, sosteniendo su estómago y retorciéndose para adelante. Le haba causado tantísima gracia oír al niño decir que solo había sido su trasero y todo culmino al ver que se sonrojaba igual que su madre. Cuando las risas perdieron intensidad, quiso acercarse y presentarse ante su pequeño sobrino, pero fue interrumpida por este mismo.
—Una princesa...— susurro el niño, mirando a Hanabi con las mejillas sonrojadas y los ojos tan luminosos como dos estrellas.
Hanabi parpadeo con incredulidad mientras veía de un lado a otro.
—¿Qué?
—¡Si! Mami, ¿Ella es la princesa que vive en este castillo, verdad? —pregunto con impaciencia a su madre mientras le tomaba fuertemente la mano.
Hinata observo con sorpresa a su pequeño, el cual la veía con emoción impregnada en sus grandes y hermosos ojos de infante. Sonrió ante lo dicho por Daisuke, sorprendiéndose por lo inocente y maduro que podía ser a veces. Justo cuando iba a decirle que Hanabi no era nada más que su tía, la castaña la interrumpió.
—Si, soy una princesa — se acercó al pequeño que lo veía fascinado y se hinco a su altura — y soy tu tía.
—¡Wow! Entonces, ¿tengo una tía que es princesa?
—Si —Hanabi asintió y tomo su pequeña manita —, y eso significa que tú también eres de la realeza.
—Ósea que el joven Daisuke es un príncipe —siguió Miko, acercándose al niño para sonreírle con amabilidad, acariciando su cabellera.
—¡¿Soy un príncipe?! — interrogo con impacto. Recordó los cuentos que su madre leía para él. En un castillo siempre había caballeros, como Ko. También había personas que cuidaban de ti y te hacían sentir bien, como Miko. También había princesas y príncipes, como la princesa que estaba delante de él. Entonces, ¿Dónde estaban los reyes? ¿Dónde estaba el dragón? ¿Y su madre que era?
—Por supuesto.
—¿Y que es mami? — pregunto inocentemente, sin darse cuenta de los ojos llorosos de su madre ni de la sonrisa temblorosa que mantenía.
—Ella es una reina — le pico la punta de la nariz —, es la que ve por el bien de los demás y se sacrifica por sus seres amados.
—¡Si, es verdad! ¡Ella es justamente así! —exclamo con emoción mientras apretaba sus puños —. Una vez se me cayo mi helado al suelo y yo me puse triste, ¿Pero, sabes qué? Mami me dio el suyo, sin importarle que el helado sea uno de sus postres favoritos.
Hanabi sonrió lentamente y miro de soslayo a Hinata, quien ya no aguanto las lágrimas y se echó a llorar mientras ponía uno de sus brazos sobre su abdomen y con la otra mano tapaba su boca, tratando de retener los sollozos.
—Tu madre es la mejor reina que he conocido.
Daisuke sonrió ampliamente con las mejillas sonrojadas.
—Si hay una princesa, una reina, un guardián y una nana, ¿Dónde está el dragón? ¿Hay más príncipes o reyes? —pregunto entusiasmado y emocionado ante la idea de vivir en un castillo.
—¡Claro que los hay! De lo contrario no sería un castillo — se incorporó y tomo su mano —¿Vamos a conocerlos?
—¡Si!
—¿Vienes, Hinata?
Hinata se sobre salto, limpio con rapidez sus lágrimas y después negó.
—Ve y muéstrale primero al dragón, cuando vayan con los reyes me avisan para acompañarlos — sonrió forzadamente, a lo que Hanabi hizo una mueca de tristeza. Daisuke estaba demasiado emocionado como para darse cuenta del estado de ánimo de su madre.
—De acuerdo —contesto quedamente —. Vamos príncipe Daisuke, conocerás al dragón más feroz e implacable del mundo
—¡Genial! ¡Nos vemos mami!
Hinata sonrió y agito su mano, despidiéndose de su hijo. Cuando miro que este le respondió y comenzó a caminar a la par de Hanabi, pudo volver a soltar unas cuantas lagrimas ante las miradas de tristeza de Ko y de Miko.
—Cariño, no llores — Miko se acercó, y como toda buena nana la tomo entre sus brazos y la abrazo con fuerza. Hinata dejo descansar su cabeza sobre su pecho mientras se permitía sollozar, sintiendo las caricias de las manos de Miko sobre su cabeza —. Sh, sh. Todo saldrá bien pequeña, todo estará bien.
Ko bajo la mirada al oír los sollozos llenos de dolor de Hinata.
Daisuke ladeo la cabeza, mirando con confusión al "dragón" que su tía princesa Hanabi le había enseñado.
—No parece un dragón.
—¿Dudas de mi palabra? Claro que es un dragón — Hanabi se cruzó de brazos —. Se llama Kiku el dragón.
—Pues...— balbuceo el niño mientras miraba al frente con pose pensativa —, parece más bien un Komodo.
El animal frente a él era escamoso, de color negro y de ojos pequeños y aburridos. Sacaba de vez en vez su larga lengua mientras yacía recostado sobre una almohada color rojo. Estaba seguro de que era un Dragon, pero un Dragon de Komodo. Era un lagarto, de hecho, el lagarto más grande del mundo, y eso lo sabía gracias a uno de los libros de su madre.
—Lo que pasa es que este dragón aun es una cría — lo miro como si eso fuera lo más obvio del mundo —. Es un pequeño bebe.
—¿Enserio? ¿Dónde están sus padres? —pregunto con curiosidad.
Hanabi pestañeo ante la pregunta, sintiéndose impactada. Rio con nerviosismo.
—Ellos están en.… en... ¡En el trabajo, obviamente! Lamentablemente casi nunca están en casa y por eso nos dieron a su pequeño hijo para que cuidáramos de él. Kiku es muy feliz aquí —dijo sonriente, poniendo ambas manos sobre sus caderas. Bueno, de echo Kiku era su extravagante mascota, la cual ya no era una cría ya que tenía un año.
Daisuke alzo una ceja y miro al dragón que aún se mantenía en el mismo lugar, con la misma mirada y en la misma posición mientras su lengua salía de su boca cada cierto tiempo.
—Ah, sí.
—¿Quieres ver al caballo ahora? —pregunto entusiasmada ahora ella. Estaba tan feliz de tener a su sobrino con ella y por eso mismo quería jugar todo el tiempo posible con él, sin importarle su edad.
—¡Si!
—¡Vamos! — tomo su mano y comenzó a correr por el pasillo de la mansión. Bajaron con cuidado las escaleras y después corrieron de nuevo hacia el patio trasero. Corrieron un gran tramo hasta llegar a un extremo del jardín, el cual tenía una gran casa de perro color crema mientras que el techo era color rojo. Fuera de la casa había un gran plato plateado lleno de comida para perro y junto a él había un plato de agua.
Daisuke miro a su tía con confusión. ¿El caballo vivía en una casa de perro? ¿De qué tamaño sería el dichoso caballo? ¿Acaso sería un poni o algo por el estilo? Un caballo normal no podría caber en una casa tan pequeña, las únicas personas que podían caber en lugares pequeños sin importar sus tamaños eran los payasos. Una vez miro a diez payasos salir de un pequeño auto, uno en que solo alguien de su estatura podría caber.
—¡Demonio! — grito su tía, sacándolo de sus pensamientos reflexivos de niño pequeño.
Después de su grito, se pudo ver salir de la casa un gran, pero gran perro. Era delgado pero saludable, alto y largo, su pelaje brillaba, su cola era larga y sus ojos eran redondos y de color negro. El pelaje del gran animal era color blanco y sobre ese blanco había manchas color café.
Daisuke miraba con la boca entre abierta al gran y majestuoso can. Podía ser que ese no era el caballo que imaginaba, pero, aun así, no pudo evitar no sentirse impresionado ante un perro como ese. Jamás había visto a uno tan grande y hermoso como ese.
—Un perro...
—Si, es un perro y se llama Demonio. Se que no es un caballo, pero es lo más parecido que tengo —rasco su nuca, observando al can que movía su cola de un lado a otro mientras se acercaba al niño y lo olfateaba cuidadosamente.
—¿Qué tipo de perro es este? —pregunto antes de reír al sentir la húmeda nariz del can olfateando sus costillas.
—Pues... —pensó un poco para no perder el misticismo del asunto — antes era un perro común y corriente, pero una bruja llamada... Matsuri le aventó un hechizo. Ojos de gato, patas de rana, que no vuelva a ser pequeño, que se quede como...— rasco su cabeza con nerviosismo — ¿Un titan? Eso dijo ella. Ahora es un gran danés, así se les llama a los perros que tienen este hechizo encima.
—¿Qué? ¿Pero, por que hizo algo como eso? — pregunto con pena mientras acariciaba la cabeza del can que no paraba de mover la cola.
—Porque ella es mala y no le gusta ver a la gente feliz. Busca su propia felicidad, sin importar dañar a personas que no lo merecen para lograrlo — recordó a su hermana llorando en el baño de su habitación, la recordó el día que se fue a Inglaterra hecha trizas. Agito la cabeza y después volvió a su mueca juguetona —. Ella no quería que Demonio cupiera en las casas para perro y quería que se atorara entre las cosas pequeñas. Pero, aun así, ella no logro que Demonio fuera infeliz, de hecho, él es muy feliz siendo un gran danés.
—¿De verdad? —pregunto esperanzado, ignorando la tristeza que estuvo a punto de invadirlo ante la triste historia de Demonio.
—¡Si! Él es juguetón y tiene una gran casa. Además, le gusta que lo monten — tomo a Daisuke entre sus brazos y lo elevo hasta la espalda de Demonio —. Sostente bien.
—¡Si! —exclamo emocionado. El gran can ladro, como avisando que iba a empezar a caminar. Comenzó a andar lentamente mientras Daisuke reía feliz mente sobre él.
Hanabi solo sonreía conmovida, sintiéndose dichosa por tener finalmente a su sobrino. Había deseado tanto el poder conocerlo, el poder hablar con él, el poder abrazarlo. Enserio había soñado con la llegada de su hermana y de el por un largo tiempo, y se atrevía a decir, que todo era mejor de lo que soñó.
Todo iba bien, el can era feliz mientras Daisuke seguía riendo ante la diversión de estar sobre un "caballo". Todo hubiese seguido así, de no ser por la llegada de Hinata. Al ver a Hinata, Demonio no dudo para correr hacia ella con la velocidad de un leopardo.
Hinata abrió grande sus ojos y su boca al ver al gran perro correr hacia ella, y no solo eso, si no de que también venia su hijo sobre él. Quiso hacer algo al respecto, temerosa de que alguno de los tres pudiese salir lastimado ante la hiperactividad de demonio, pero todo fue demasiado rápido para ella.
—¡Kyaa! —grito al sentir la húmeda lengua de Demonio recorrer sus mejillas con efusividad. Sus patas estaban firmemente sobre sus hombros y su cola se movía de un lado para otro con suma rapidez. Se impresiono al verlo tan grande pues cuando ella se fue el solo era un cachorrito, ¡Ahora estaba de su altura!
Alarmada y preocupada por su hijo, viro el rostro hacia la espalda del gran can, ocasionando que u respiro de alivio saliera de sus labios. Hanabi había corrido tras ellos al ver la acción de Demonio, logrando tomar de la espalda al pequeño príncipe antes de que volviera a caer de nalgas contra el suelo. Sonrió tranquila y comenzó a acariciar la gran cabeza del animal.
—Pensé que me habías olvidado — le susurro mientras lo acariciaba, a lo que el can respondió con un gran ladrido —. Eres tan lindo, Demonio — apachurro con suavidad su rostro, enterneciéndose por lo lindo que era.
—¡Mami! Qué bueno que ya llegaste, ¡Quiero conocer a la reina y al rey del castillo! ¿podemos ir ya? —pregunto hacia Hanabi, jalando insistentemente su mano.
Hanabi asintió mientras reía.
—Por supuesto — tomo firmemente su mano y comenzó a caminar hacia la casa —¡Vamos Hinata!
Hinata suspiro y sintió que Demonio volvía a estar en cuatro patas. Era ahora o nunca. Comenzó a caminar tras Hanabi y Daisuke, sintiendo que su corazón quería salir de su pecho y mudarse a cualquier otra parte. Se preguntaba si su madre aceptaría a Daisuke, se preguntaba si ella quería conocerlo. Después de su plática con ella, ya no estaba segura de nada.
Entraron a la mansión, y para suerte de Hinata no se toparon con Hikari en ningún momento. Subieron las largas y amplias escaleras para después llegar a los pasillos donde se encontraban las habitaciones. Después de recorrer algunos pasillos y pasar por algunos cuartos, llegaron finalmente a la habitación de Hiashi.
Hanabi se aseguró de ser adecuada sin importar la situación y toco con su puño la puerta de madera. Después de un "adelante", la menor abrió la puerta, dejando ver a Daisuke la grande habitación del rey. El niño estaba fascinado, mirando con sus ojos grandes y brillosos los colores elegantes que había en la habitación. Sinceramente, esos tonos no eran de su preferencia pues sus colores favoritos eran el rojo, el azul y el morado, pero aun así no podía evitar sentirse en el lugar más bonito y elegante del mundo.
—Oh vaya, parece que por fin llego la persona a la que quería ver.
Daisuke alzo el rostro de inmediato ante la voz ronca y pastosa del hombre que se encontraba recostado sobre una grande cama. El señor tenia los mismos ojos que su madre, solo que estos eran más pequeños y más blancos. Su rostro tenía unas cuantas arrugas y sus labios se veían resecos, pero aun así mantenían una pequeña sonrisa.
—Acércate, pequeño— pidió Hiashi mientras se incorporaba lentamente sobre la cama. Su rostro hizo una pequeña mueca de dolor, una que solo fue percibida por Hanabi y Hinata, quienes quisieron correr hacia el para ayudarle, pero Hiashi las detuvo con un ademan de mano.
Daisuke obedeció al rey, y comenzó a caminar lentamente hacia él. Se sintió genial al escuchar que él era la persona a la que quería ver, sintió que era un gran privilegio el que el rey del gran castillo quisiera verlo especialmente a él. Camino un poco más hasta llegar al filo de la gran cama, observando atentamente al hombre que seguía sonriendo.
—Tu eres el pequeño Daisuke, ¿No?
Daisuke asintió con rapidez.
—He sabido mucho de ti — le dijo mientras los ojos del pequeño brillaban con intensidad —. Tienes cinco años, te gusta mucho el helado, amas jugar en el parque y tu madre es Hinata, ¿verdad?
—¡Wow! ¡Si, así es! ¿Cómo sabe tanto de mí? — cuestiono impresionado ante todo lo que el rey sabia de él. Además de rey, ¿sería psíquico?
Hiashi carcajeo suavemente.
—Pues porque soy tu abuelo, y los abuelos deben de saberlo todo sobre sus nietos.
Daisuke parpadeo aún más sorprendido que antes. ¿Entonces el rey del castillo era su abuelo?
—¿De verdad?
Hiashi asintió lentamente.
Hinata observaba todo en completo silencio, sintiendo que cada segundo que pasaba la hacían más y más egoísta y mala persona. Quiso llorar, lo admitía, era una llorona, pero tenía sus razones y eran completamente aceptables. Nadie quisiera estar en su lugar. ¿Por qué tomo esa mala decisión? ¿Por qué tuvo que hacer eso? ¿Por qué no se quedó? Si se hubiera quedado, le habría dado más tiempo a su padre con Daisuke. Definitivamente era una persona horrible.
—¡Tia Hanabi, soy el nieto del rey! — exclamo con emoción al voltearse a verla.
Hanabi asintió sonriente mientras Hiashi alzaba una ceja, sintiendo confusión. Al ver la expresión de su padre, se apresuró a hablar.
—¡Ah, sí! Es obvio pues yo soy tu tía princesa, ósea que soy hija del rey, y la reina Hinata también es hija del rey.
Hiashi medio comprendió al escuchar a su hija. Suponía que todo era un juego entre ellos y el con gusto les seguiría la corriente. Haria todo lo que estuviera en sus manos para hacer feliz a su pequeño nieto.
—Si, eres el nieto del rey.
—¡Esto es genial! — exclamo emocionado.
—Bien, tenemos mucho de qué hablar, ¿No te parece? — le pregunto con una sonrisa a lo que Daisuke asintió con rapidez —. Ven, siéntate a mi lado y conversemos.
—¡Si! —grito emocionado antes de correr hacia el lado desocupado para subirse con algo de dificultad en la cama. Se sentó a su lado mientras Hiashi pasaba su brazo tras su espalda, apegándolo hacia el en un abrazo. Daisuke no tardo en corresponder el abrazo con una enorme sonrisa y las mejillas sonrosadas.
—Hijas, quiero hablar en privado con el príncipe Daisuke —aviso a lo que Daisuke reía sonrojado al ser llamado de esa manera —. ¿No te molesta, Hinata?
—Para nada padre —se apresuró a contestar. Las dos mujeres salieron de la habitación y cerraron con lentitud la puerta. Hinata no soporto más y se desplomo en el suelo, llorando con sentimiento y dolor, sintiéndose culpable, sintiéndose la peor hija, la peor hermana y la peor madre.
Hanabi se apresuró en arrodillarse a su altura para atraparla en un fuerte abrazo. No pregunto nada, se mantuvo en silencio y a su lado todo el rato que estuvo llorando y sollozando, dejando que sus penas salieran tan siquiera un poco en formas de lágrimas.
Gaara suspiró ampliamente y miro el reloj que estaba colgado en su pared. Apuntaban las ocho, ya era hora de que se fuera a su "hogar". De verdad no quería hacerlo, no quería tener que soportar los intentos de Matsuri por querer seducirlo ni tampoco tener que recordar las palabras que Rasa le había dicho.
"Los padres de Matsuri quieren un nieto, o de lo contrario, la empresa caerá abajo."
Se negaba rotundamente a tener un hijo con Matsuri. No es que no quisiera tener descendencia, sino que, no quería quedar más atado a ella. Además, los hijos que el soñaba tenían que venir de Hinata. Que fueran idénticos a ella, que tuvieran hasta su carácter... esos eran sus hijos soñados.
Cerro su computadora portátil y la guardo en su mochila para eso mismo. Tomo algunos papeles y cuando estuvo a punto de abandonar la oficina, su hermana Temari apareció en ella.
—Temari — dijo impresionada al verla aun por la empresa —¿Pasa algo?
—Ah, no —negó con la cabeza —. Bueno, sí. Lo que pasa es que Shikamaru me pidió que te invitara a cenar y creo que es una excelente idea. Hasta le hable a Kankuro para que nos acompañe y el accedió.
Gaara la miro con extrañeza, hace mucho que sus hermanos no lo invitaban a convivir, pero tampoco es como si la idea le desagradara, de echo le caía como anillo al dedo ya que no quería regresar a casa aún.
Asintió con la cabeza.
—De acuerdo, solo dame un minuto para guardar unos papeles y nos vemos en el estacionamiento.
Temari estuvo a punto de chillar de felicidad. Gaara había aceptado y eso la hacía inmensamente feliz por qué significaba que tendrían ese tan ansiado momento familiar. Sabía que faltaban sus padres, pero en esas circunstancias, así estaba bien.
—¡De acuerdo! —exclamo alegre, dándose la media vuelta para salir del despacho.
Gaara sonrió levemente, se dispuso a guardar lo que faltaba en su maletín, acomodo lo que había desordenado, apago las luces y después salió del cuarto, sin esperarse que esa cena sería una de las más raras y sorprendentes de su vida.
Después de haber pasado casi la mayor parte de la tarde llorando sobre el hombro de su hermana menor, se dio cuenta de que ya eran las siete y media, ósea que ya casi llegaba la hora para ir por Sakura al trabajo.
Con los ánimos aun por los suelos y sintiendo un dolor de cabeza horrible, se levantó de la cama que antes era suya y salió de la habitación que antes ella ocupaba. Camino hasta la habitación de Hanabi y toco un par de veces la puerta, inmediatamente esa se abrió, dejando ver a su hermana ya vestida con el pijama.
—¿Cómo te sientes hermana? ¿Necesitas algo? —cuestiono con preocupación, mirándola fijamente con ojos inquietos e inseguros.
Hinata sonrió quebradamente y negó un poco con la cabeza.
—Solo quería pedirte un favor — cruzo un brazo sobre su vientre y apretó su otro brazo —. ¿Podrías cuidar de Daisuke en lo que vuelvo? Tardare unas horas.
—Oh, ¡Por supuesto! — exclamo de inmediato —. Aun esta con nuestro padre, por más que le insisto que necesita descansar él no quiere despegarse de Daisuke —comento, saliendo de la habitación y comenzando a caminar hacia la habitación de su padre.
Hinata le siguió el ritmo y se mantuvo callada.
—¿A dónde iras?
—Sakura me presto el auto así que necesita que vaya por ella al trabajo —susurro, observando como el cuerpo de su hermana se tensaba por completo.
—¿Sabes que Gaara trabaja ahí, cierto? —pregunto en un susurro, sobre saltando a la azabache.
—Si.
Hanabi saco el aire, sus pasos se hicieron más lentos y su mirada se tornó seria.
—¿Recuerdas hace rato que me dijiste que me veía como una empresaria?
—Si.
—Sobre eso... — balbuceo un poco, estando a punto de decirle a su hermana que ahora ella trabajaba para Sabaku no Gaara sin razón aparente y por orden de su padre. Lamentablemente –o afortunadamente-, Daisuke apareció tras un pasillo, corriendo felizmente hacia ellas.
—¡Tía princesa Hanabi, mama! —exclamo antes de lanzarse a los brazos de su madre. Alzo su vista hasta los dulces ojos de Hinata y con la sonrisa más bonita del mundo, comenzó a relatar el día que tuvo con su abuelito, el rey Hiashi —. ¡Me conto historias sobre príncipes y reyes de hace muchísimos años! ¡También me prometió que iríamos a un lugar donde hay caballos de verdad y que me compraría mi propio dragón!
—O cariño, eso suena fantástico — manifestó con voz dulce y contenta —. El rey Hiashi es muy bueno contigo, ¿no?
—¡Es el mejor! — grito con seguridad, sintiéndose sumamente afortunado por ser el nieto de un rey.
Hinata carcajeo suavemente, acariciando los cabellos de su pequeño hijo. Lo bajo al suelo y se hinco un poco para estar a su altura.
—Claro que lo es —le pellizco con ternura la nariz —. Cariño, saldré un rato y tú te quedaras con la tía Hanabi, ¿Esta bien?
—¡Si! — grito emocionado mientras Hanabi le sonreía abiertamente —. ¿Jugaras conmigo?
—Tengo videojuegos —comento de forma pensativa —. ¿Puede jugar?
—Claro, pero a las diez en la cama y con los dientes cepillados ¿Sí?
—¡Si mami! — le dio un rápido beso en la mejilla a su madre y después tomo la mano de Hanabi —. ¡Hasta luego! —grito antes de jalar de la mano de su tía, desapareciendo del pasillo entre risas y hablando de lo mucho que se divertirían.
Hinata suspiro y después se incorporó, echando a andar de nuevo. Salió de la mansión, preguntándose en donde se había metido su madre pues no la había visto en toda la tarde. Eso la tenía preocupada y triste, pues quería saber dónde estaba para hablar con ella. Quería que conociera a Daisuke y que le dejara explicarle todo lo que había pasado como para que se fuera de Japón.
Arranco el auto y salió de la mansión.
—Bueno, aun son las ocho con cinco—susurro Sakura al ver el reloj que portaba en su muñeca. Hacia quince minutos que había terminado con sus quehaceres así que había salido más temprano de lo acostumbrado. Se encontraba fuera del edificio, sentada en uno de los escalones de este, los cuales se encontraban un poco alejados de la entrada. Justo cuando pensó en sacar sus auriculares, escucho unas voces que no pudo pasar por alto.
—¿Viene o no? — preguntó la voz floja de Shikamaru, su antiguo compañero de escuela.
—¡Si! ¿Puedes creerlo? Lo acepto con tanta facilidad —exclamo orgullosa y contenta la chica rubia, llegando a los brazos de el moreno —. Estoy tan feliz — susurro, sintiendo picor en sus ojos.
Shikamaru sonrió con ternura.
—Lo se cariño — hizo que recostara su cabeza sobre su pecho y la abrazo por la cintura.
Sakura desvió su mirada hacia otro lado, sintiendo incomodidad por haber presenciado esa escena.
Desde lo que había pasado con Hinata, Temari había dejado de hablarles a Ino y a ella, pues sabía que eran mejores amigas de la azabache. Si Temari supiera lo que Gaara había hecho... seguro no estaría enojada porque Hinata lo había "abandonado".
Gruño sintiendo cólera.
El ruido de un auto estacionándose frente a ella la saco de sus pensamientos turbios, haciendo que un suspiro de alivio saliera de sus labios.
—¿Llegue tarde?
—Nop, justo a tiempo — se levantó del escalón y limpio su falda, camino hasta el asiento del copiloto y se introdujo en el coche. El coche arranco de nuevo, ocasionando que no pudieran apreciar el momento en el que Gaara salía del edificio.
—¿Cómo te ha ido?
—Normal —articulo mientras se ponía el cinturón de seguridad —¿Y a ti? ¿Qué tal te fue con tus padres?
Hinata suspiro, mantuvo la vista fija en la carretera y se dedicó a contarle hasta el último detalle. Para eso tuvieron que parar en un pequeño y solitario parque, en el cual se mantuvieron sentadas y balanceándose sobre unos columpios.
—Vaya, esto es impresionante — opino Sakura sin dejar de ver el suelo, analizando aun la información que Hinata le había dado —. Espero que las cosas se arreglen entre tú y tu madre.
—Yo también — dijo con pesar y en un pequeño susurro. De repente el celular de Hinata vibro dentro de la bolsa de su pantalón. Lo saco y tecleo la contraseña para darse cuenta de que era un mensaje de Kiba —. Vaya...
—¿Qué pasa?
—Quede con los chicos para comer y reunirnos todos, al parecer quieren que sea hoy en un restaurante que está a unos cuantos kilómetros, ¿Quieres venir?
—Ah, claro — asintió levantándose del viejo columpio color amarillo —. ¿Me veo bien? —poso "sexy" a lo que Hinata se tapó los labios para evitar reír.
—Por supuesto, como siempre.
—¡Por eso me hacías falta! — chillo aventándose hacia ella para abrazarla asfixiantemente —. Ino siempre me decía que la frente se me veía más grande y cosas por el estilo cuando le preguntaba, pero tu...
La azabache correspondió el abrazo y carcajeo con sutileza.
—A mí también me hacías falta... — musito acomodando su cabeza sobre el pecho de la ojiverde. Enserio le hacía falta momentos como esos, ahora solo esperaba que sus demás amigos pudieran perdonarla por haber escapado sin al menos decir adiós.
—Te digo que esa chica es la chica de mis sueños, es tan linda y tan simpática...—callo cuando Temari le propino un buen coscorrón en la cabeza.
—¡Cada vez que te pregunto sobre chicas siempre sales con lo mismo y hablando de diferente chica! — le regaño, sin importarle el gran chichón que había dejado en la cabeza de su hermano. Pensaba que ese chichón era más grande que el mismo cerebro de Kankuro.
—Pe-pero ella si es la indicada... —mascullo mientras lágrimas de cocodrilo salían de ambos ojos.
Temari bufo con fuerza. Eso ya lo había dicho con veinte chicas hace dos meses.
—Temari, tranquilízate estamos a punto de entrar a un lugar público y si oyen todo ese ruido nos sacaran del restaurante —trato de tranquilizar el Nara, caminando al lado de los hermanos Sabaku no.
—Es que este idiota me saca de mis casillas.
—¡Tu solita te sacas de onda, Temari!
—Ya, ya. Espantaran a Gaara si siguen.
El pelirrojo sonrió de medio lado al escuchar al moreno.
—No te preocupes por mí, ya estoy acostumbrado.
Entraron al restaurante llamado "K'suno", el restaurante favorito de los hermanos Sabaku no, un restaurante al que no asistían juntos hace mucho tiempo. Fueron atendidos con rapidez al reconocerlos pues ellos eran clientes muy habituales, por lo que "secretamente" se les daba un mejor servicio.
El restaurante no tenía muchos clientes, así que tenían de donde escoger para sentarse. Gaara prefirió el fondo del lugar, como siempre, cerca de una gran ventana que daba vista al cielo estrellado. El lugar se les fue concedido y les llevaron el menú para que ordenaran. Cada quien se tomó su tiempo para elegir lo que querían comer del restaurante conocido por ser el mejor de ese lugar.
Gaara pidió costillas en salsa BBQ, una comida que no era muy recomendable comer en la noche pero que igual quiso cumplir con ese antojo, sin importarle que probablemente tendría pesadillas. Kankuro pidió una hamburguesa grande, Shikamaru pidió un filete de pescado y Temari ordeno okonomiyaki.
El mesero apunto su orden, dio una sonrisa y reverencia, diciendo que las ordenes estarían en seguida, después de eso se marchó.
—Muero de hambre...—lloriqueo Kankuro mientras sobaba su tripa.
—Yo también —comento Temari mientras se echaba para atrás y se cruzaba de brazos —. Espero que haya valido la pena saltar el almuerzo para cenar aquí.
—Mujer, no deberías de hacer eso — regaño Shikamaru mientras la veía con el ceño levemente fruncido.
—Lo hice para comer más aquí, qué más da.
—Estas chicas y sus ideas locas para mantenerse flacas como estacas — mascullo Kankuro, esquivando el golpe que su hermana estuvo a punto de asestarle.
—¡Cállate, bolsa de patatas!
Comenzó una pequeña riña en la que Shikamaru tenía que ser el árbitro. "Dejen de gritar" "Maldita masa para tamal" "¡Temari, suelta mi cachete!" "Mujer problemática, contrólate".
Garaa se mantenía al margen, observando con gracia y añoro a sus hermanos pelear. Definitivamente extrañaba esas tardes en las que todos los días comían juntos. Extrañaba vivir con ellos y extrañaba dormir en la misma casa. Fue una lástima no haber apreciado esos momentos cuando los tuvo.
Por un segundo sus ojos se movieron para un lugar del restaurante y después volvieron hacia donde estaban sus hermanos. Pasó un segundo hasta que se dio cuenta de lo que vio...
Con rapidez e impresión volteo hacia donde había visto eso que lo asombro tanto. Y si, ella era algo por lo que cualquiera se asombraría de ver.
Ahí estaba, parada a unos metros de donde él y sus hermanos estaban. Ella lucia muy diferente, lucía otra persona, pero su radiante sonrisa seguía cautivandolo. Frente a él, se encontraba el amor de su vida, el amor que jamás iba a poder olvidar, el amor que recuperaria costara lo que costará recuperaría ese corazón y esa cálida sonrisa.
Continuará...
N/A: He aquí con un nuevo capitulo, espero que les haya gustado y espero poder actualizar lo más pronto que pueda. Saben que cualquier pregunta, petición o cualquier cosa que quieran hacerme pueden dejarla en un Review, o si gustan, en un mensaje privado. Sin más, espero que esten super bien. ¡Adiosito!
Agradecimientos: Princesa del Tikal, Rose101226, Dolunay, , Konata811.
