• Advertencias: Posible lenguaje soez.

• Género: Romance/Drama.

• Categoria: M

Los personajes de Naruto no son míos.


Capítulo 7

• Inseguridades y descubrimientos


Sakura miró de reojo a Hinata por un momento y volvió a poner su vista hacia la carretera en un segundo.

—Te ves preocupada — comentó sin dejar de conducir.

Hinata a su lado, dio un pequeño brinco al ser sacada de sus pensamientos. Viro sus ojos hacia Sakura.

—No es nada.

—Te conozco, sé que estás preocupada así que suéltalo. ¿Qué te pasa?

Al escuchar el tono que Sakura estaba usando, Hinata se sintió un poco intimidada. No sabía si se había dado cuenta porque ella era excesivamente transparente o porque, sin duda alguna, Sakura la conocía como si fuese la palma de su mano. Personalmente, ella prefería que fuera correcta su segunda opción.

—Me preocupa...— bacilo — lo que vayan a decir sobre mi ahora.

Silencio.

Hinata bajó la mirada y apretó sus manos.

—Es obvio que dirán y pensarán infinidad de cosas — empezó Sakura — pero, ¿Qué importa eso?

—Importa porque ustedes me importan. Me importa lo que piensen de mí — respondió un poco impactada.

—Lo sé, y a nosotros también nos importas — sonrió de medio lado —. Cuando desapareciste sin dejar rastro y sin una despedida tan siquiera, lo primero que hicimos fue preocuparnos. Después tratamos de encontrar una explicación lógica para que te hubieses ido así y después simplemente nos enojamos y entristecimos. Nuestra gran amiga se había ido sin despedirse, ¿tan malos fuimos con ella?

Hinata escuchaba las palabras de su amiga con atención, descubriendo los matices escondidos de su voz. Esos que quería ocultar para no delatar la amargura y tristeza que le provocaba hablar sobre el tema.

—Supongo que Ino y yo fuimos las más afectadas. Éramos tus mejores amigas y.… tu solo desapareciste. Te extrañamos por un gran tiempo, fue un sentimiento arrasador que hacía que el ánimo de ambas estuviera por los suelos casi todos los días. ¿Dónde estará? ¿Estará bien? ¿Nos necesitara? ¿Nos extraña? Eso era lo que siempre nos preguntamos. Al no obtener una respuesta, nos resignamos y decidimos seguir con nuestras vidas — sus manos apretaron el volante —. Aun así, tu siempre estabas en el fondo de nuestros corazones, atormentandonos con preguntas sin respuestas.

—Sakura..

—Pero aquí estas — interrumpió —. Años después de tu "desaparición", volviste y contestaste a todo lo que me atormentaba, dando a conocer una razón válida y comprensible para irte. Después de todo, supongo que valió la pena esperar.

Los ojos de Hinata estaban abnegados de lágrimas. Estaba boqueando, sin saber que decir, sin tener una respuesta a todo lo que Sakura le había narrado. Le había soltado cada uno de los sentimientos que tuvo al momento de su desaparición y ella... no tenía ni idea de que decir o demostrar. Podía decir un "lo siento" pero, ¿realmente eso iba a servir de algo?

—Bien — el motor dejó de sonar —, enfrentemos a nuestros amigos. Ah sí, enfrentemos. ¿Creíste que te dejaría sola?


Hiashi tenía la vista pegada en el perfil de su esposa, quien mantenía su vista serena y concentrada en un libro de Shakespeare. Se mantenía con total indiferencia ante el asunto, asombrando un poco al hombre que estaba recostado a su lado.

Suspiro.

—¿De verdad no dirás nada? — cuestionó incrédulo.

Hikari siguió en silencio y cambio una página del libro.

Hiashi la miraba insistente, renuente a dejar el tema así.

—Deberías dormir ya, supongo que tuviste un día agitado — dijo Hikari al sentir la penetrante mirada de su marido sobre ella.

—Fue agitado, pero también fue muy alegre — respondió —. Fue uno de mis mejores días.

Hikari apretó su libro.

—Dime, Hiashi — su voz sonaba baja y un poco temblorosa. Escondió su mirada, oscureciendo un poco la parte de su frente y ojos — tú, ¿Sabías lo de Hinata?

—Si — como siempre respondió sin tapujos, mostrando el hombre que siempre había sido.

Hikari contuvo una estúpida exclamación de sorpresa y se limitó a apretar un poco la mandíbula. Ella sabía que Hiashi estaba consciente de lo que Hinata había hecho, o de lo contrario, su esposo tal vez ya no estaría ahí con ella. Una impresión tan grande solo hubiese ocasionado un infarto.

—¿Por qué? — cuestionó con voz trémula y afligida. Sus manos temblaban y por ende el libro que sostenía también — ¿Por qué no me dijiste nada?

Hiashi cerró los ojos.

—No me correspondía.

Hikari soltó una pequeña exclamación de sorpresa y volteo a verle con impacto. Se sintió ignorada e insignificante al ver el rostro de absoluta calma que Hiashi exhibía.

—¡Soy tu esposa!

—Y Hinata es una adulta — contesto apacible.

Los ojos de Hikari se comenzaron a cubrir de lágrimas.

—No tenías derecho...— su voz comenzó a quebrarse — no tenías derecho a ocultarme algo así. Yo viví estos años pensando en que Hinata estaba estudiando para superarse...

—¿Y quién dijo que eso no fue así? A pesar de que estaba embarazada de Daisuke, ella pudo seguir estudiando y completar su carrera.

—¿Daisuke? — sus ojos voltearon a verle. Lo observó con impresión y quebranto — ¿Así se llama el hijo de Hinata?

—Así se llama nuestro nieto. Hijo de nuestra hija mayor, Hinata — le recordó, recalcando de quien se trataban esas dos personas.

Hikari agacho la mirada nuevamente. Las lágrimas comenzaron a salir con lentitud, resbalando por sus mejillas, cayendo de gota en gota sobre las hojas de su libro. Lentamente comenzó a comprender que ahora era abuela. Comprendió que ahora tenía un pequeño nieto, un descendiente de su propia hija. Lo que no entendió, fue el por qué su hija había actuado de una forma tan egoísta.

—Comprendo que estés enojada con nuestra hija, pero debes recordar que eso es; nuestra hija. Nosotros no podemos abandonarla, se supone que debemos de estar para ella para siempre. Sabes que es buena, jamás hizo esto con intenciones malas. Fue muy valiente — puso su mano sobre el hombro de su esposa y le dio un cariñoso apretón —. Se valiente también y perdónala.


—Ino, ¿Podrías dejar de mover así el pie? Ya me golpeaste con tu rodilla y de paso estas moviendo la mesa.

La ojiazul miró con el ceño fruncido a Kiba.

—Eres un insensible, chucho. ¿No ves que estoy sumamente nerviosa? No puedo evitarlo — confeso algo que ya era demasiado obvio. Respiro profundamente y saco el aire con lentitud.

—Ya se están tardando, ¿no? — comentó Karin, mirando el reloj de su móvil.

—Sakura llamó y dijo que pasaría a cambiarse — comentó Shino, dándole un trago a su bebida sin alcohol.

—¡Esa frentona es la culpable! Siempre tarda siglos arreglándose... — se quejó Ino.

—Pero si tú eres peor que Sakura en ese aspecto.

La rubia miro a su pareja con enojo.

—¡Sai!

Los demás en la mesa rieron ante lo boca floja que podía ser Sai.

—Yo solo quiero que lleguen ya, tengo hambre y quiero ver a Hinata-chan — Naruto sobo su estómago —. No he comido desde en la mañana.

—Yo también tengo hambre — secundo Chouji.

—Que novedad — Ino suspiro y miro por la ventana —. Ya chicos, ¿de verdad no van a decirme ni un poco de lo que Hinata les dijo cuando los vio?

Ambos negaron con la cabeza.

—No es algo que nos corresponda — dijo Shino.

—¡Vamos! Solo un poco — suplico Ino, a lo que ellos volvieron a negar —. Es mi mejor... era mi mejor amiga — bajo la mirada y apretó los puños —. Quiero saber por qué se fue, porque no se despidió...

—Y lo sabrás. Responderé a todo lo que tengas que preguntarme, Ino-chan.

Las respiraciones de todos se cortaron en ese mismo instante. Cuando escucharon su voz, cuando vieron su silueta, cuando olieron su fragancia, cuando vieron sus ojos tristes y llenos de culpabilidad.

Era Hinata Hyuga, la amiga rarita y tímida. La chica amable, dulce y servicial que había sido su amiga desde que tenían memoria.

La mirada de Ino comenzó a humedecerse y sus labios comenzaron a temblar.

—Ino... — musito Sai con preocupación. Puso la mano sobre el hombro de su novia al ver que estos temblaban ante los sollozos.

La rubia puso su mano sobre su boca, tratando de que ningún sollozo saliera de sus labios.

Sakura, quien estaba tras Hinata, solo pudo mirar hacia otro lado.

Y Hinata... Hinata no podía quitarle la vista de encima a Ino.

—Te dignaste a aparecer...— dijo Ino con voz trémula y afligida, ganándose así que los ojos de Hinata también comenzaran a abnegarse de lágrimas — Después de años sin saber de ti, volviste —sollozo —. Por un momento llegue a creer... llegue a creer...

—Ino-chan... — Hinata sollozo su nombre.

—… llegué a creer que estabas muerta. Pensé que solo así tu serias tan desconsiderada, tan egoísta, tan cabezota — apretó sus puños con fuerza, tanto que comenzaron a temblar —. Jamás pensé que fueras así.

Hinata bajó la mirada. A ese punto las lágrimas ya estaban escurriendo por su blanco cuello. Odiaba sentir las miradas de sus amigos, sentía que la miraban con recelo, con decepción, con dolor... ella jamás quiso causar ese tipo de sentimientos en nadie.

—Pero me alegra que solo hayan sido pensamientos. Me alegra saber que estés bien, que sigas viva y completa — sonrió temblorosamente al sentir la mirada de impresión que Hinata había puesto —. ¡No sabes cuánto te extrañe, idiota! —le gritó, sin importarle que hubiera unas cuantas personas en el lugar. No le importo nada y se levantó de la silla para correr hacia Hinata. Con lágrimas en los ojos y una temblorosa sonrisa, se lanzó a los brazos de su vieja amiga. La estrecho con fuerza y sintió que ella también estaba llorando y sollozando con la misma fuerza que ella lo hacía.

—Lo lamento tanto...

—Cállate —sollozo, escondiendo su rostro entre la curva del cuello de la peli azul —. Solo cállate...


Temari dejó de alegar cuando miro a su pequeño hermano.

—Gaara, ¿pasa algo? — preguntó con preocupación, observando una extraña expresión en el rostro de su hermano.

Gaara pareció salir de su estupor y viró su mirada hacia Temari. Trago saliva con fuerza al rememorar lo que acaba de ver. Era Hinata, el amor de su vida había aparecido de nuevo. Cuando la vio, quedó pasmado. Quiso levantarse, correr a ella y besarla, pero una parte del razono que le quedaba le había recordado que eso no era correcto. Aun así, se dedicó a observarla por un largo tiempo. Se preocupo al verla llorar y pudo escuchar a la perfección –aunque sus hermanos estaban gritando- el agudo grito de su vieja amiga Ino.

"—¡No sabes cuánto te extrañe, idiota! "

Al parecer, Hinata acababa de llegar.

—¡Gaara! — exclamó Temari, moviendo la mano delante de los ojos de su hermano.

Gaara reaccionó casi al instante y volteo a verle.

—¿Qué te pasa? Parece que viste a un fantasma — comento Kankuro cuando se dio cuenta del estado en el que se encontraba Gaara.

—No es nada... — musitó, tratando de no ver hacia donde estaba Hinata. Sentía su corazón latir de forma rápida y continua.

Bum... Bum... Bum...

—Necesito usar el baño, vuelvo rápido — mintió y se levantó del asiento.

—¡Okey! — dijo Kankuro restándole importancia al estado de su hermano, mientras que Temari y Shikamaru no estaban del todo convencidos.


—¡Te ves tan bien, Hinata-chan! — canturreo Karin.

Después del mar de lágrimas y de las palabras de Ino, las cosas se habían tranquilizado y ella había podido sentarse en la mesa junto a sus antiguos y queridos amigos.

—Tú también, Karin-chan — Hinata le sonrió con sutileza a la prima de su ex amor platónico.

—Si, tu nuevo corte es bonito — comentó Naruto amablemente antes de tomar un sorbo de té helado.

Hinata sonrió con gratitud.

—Vaya, de verdad no puedo creer que ya hayan pasado seis años — comentó Chouji con añoranza —. ¿Quién diría que estaríamos juntos después de tanto tiempo?

Todos estuvieron de acuerdo en silencio.

—Yo aún recuerdo cuando nos conocimos en el preescolar, mis primeros amigos fueron ustedes — Sakura sonrió sutilmente al recordar algo tan viejo.

—¿Qué dices? Si a nosotros nos conocieron en la primaria — corrigió el Inuzuka, refiriéndose a sí mismo y a Shino —. Además, quien se nos acercó primero fue Hinata.

—Cierto. Recuerdo que por tu culpa nuestro almuerzo se extravió y que, si no hubiese sido por que Hinata se acercó a nosotros para compartirnos del suyo, no hubiéramos almorzado —recordó Shino mientras Hinata bajaba la mirada.

—¡Oh, si! Se acercó a nosotros con el rostro tan rojo y además tartamudeando — Kiba soltó unas risotadas —. A pesar de eso me cayó bien en cuanto probé su comida —bromeó.

—Yo recuerdo también que Ino y yo comenzamos a hablarle porque...

—Creo que no estamos aquí para recordar cosas lindas sobre el pasado —interrumpió brusca y sorpresivamente la rubia.

—Ino...— pronuncio Sakura con sorpresa.

Hinata levantó la mirada y encaró a Ino.

La rubia se mantenía firme y también encaro a Hinata, demostrando su seriedad.

—Si... tienes razón — dijo Hinata para después suspirar con fuerza —. Yo desaparecí porque... —comenzó a sentir un miedo terrible. Miedo a ser juzgada, miedo a ser una decepción para sus amigos, miedo por enfrentarse a su error... se tranquilizó al sentir la mano de Sakura sobre la suya. Tomo aire nuevamente y lo saco con lentitud para continuar —. Quede embarazada y mi mejor idea fue huir. Me equivoque al tomar sin pensar esa decisión, pero ya no hay vuelta atrás.

—¿Em-embarazada? —tartamudeo Ino sin poder creer lo que había escuchado.

Los demás solo veían a Hinata boquiabiertos, sin creer lo que estaban escuchando.

Hinata asintió, tratando de ignorar esas bochornosas miradas.

—No quería que mi padre enfermara por mi culpa y.… me fui con la excusa de querer estudiar en Inglaterra. Pude entrar a la universidad, tuve que convencer a la directora y lo logre. Estudié, me gradué... y tuve a mi hijo, Daisuke. Fue difícil mantener todo en secreto, pero gracias al apoyo de Neji y de mi hermana, pude seguir adelante —apretó los puños —. Lamento con todo mi corazón no haberles avisado, pero... —las lágrimas comenzaron a escurrir de nuevo —, no tuve el valor para decir "adiós, tal vez no vuelva en un largo tiempo". No tuve el coraje para despedirme o para al menos decirle a mis mejores amigas la verdad. Los preocupe, los llene de dudas y de tristeza y.… Solo espero que puedan perdonarme.

Todos quedaron en silencio un buen rato. El silencio no se sentía tenso ni feo, más bien se sentía... agradable. A pesar de los leves sollozos de Hinata, el ambiente no era desagradable ni malo. Todos pensaron, analizaron y estudiaron la situación con delicadeza, pues se trataba de Hinata, una preciada amiga. No era una cosa que se podía tomar a la ligera.

—Si nos preocupaste mucho, Hinata-chan — comenzó Karin —. La verdad es que también nos enojamos contigo por desaparecer de esa manera, pero yo no estoy molesta contigo ni por cómo actuaste.

Hinata levantó su cristalina mirada hacia Karin. La miró con impresión unos segundos antes de sonreírle con agradecimiento.

—Gracias, Karin-chan.

—Concuerdo con Karin. No somos nadie para juzgarte y es de admirar lo que hiciste, Hinata. Si yo hubiese estado en tu lugar, ciertamente me hubiera vuelto loco y no hubiera podido hacer algo al respecto.

—¡Pero si tú eres hombre, Chouji! — renegó Kiba mientras los demás reían.

—Gracias, Chouji-kun — Hinata sonrió con más fuerza y limpio sus lágrimas.

—Tú sabes lo que nosotros pensamos, Hinata. No importa lo que haya pasado, nosotros seguiremos siendo tus amigos, hasta el final — dijo Shino, refiriéndose a Kiba y a él.

Hinata sonrió con sutileza hacia sus dos mejores amigos.

—A mí siempre me has caído bien, Hinata-san. Lo que hiciste fue por tu familia y por tu hijo, ¿no?

Hinata asintió hacia Sai, a quien también le regalo una sonrisa.

—Gracias, Sai-san.

Hinata volteo hacia Ino, pidiendo mudamente su opinión. No quería decirlo en voz alta, pero la opinión que más le importaba en ese momento era la de Ino. Quería saber si podría perdonarla, si podía volver a ser su mejor amiga.

La rubia solo mantenía su cabeza gacha. Después de una eternidad para Hinata, Ino levanto la cabeza y le sonrió, alargo su brazo y le tomo la mano para darle un leve apretón, haciendo que el corazón de Hinata palpitara con felicidad.

—Soy tía — musito con una sonrisa.

Hinata asintió, al borde de las lágrimas nuevamente.

Ino cerró los ojos y se mantuvo así por un rato, sintiendo que las lágrimas también comenzaban a descender lentamente por sus pómulos.

Nadie se había dado cuenta, pero cierto rubio había quedado en silencio y pensativo, mientras que, sin que nadie lo supiera, toda la escena fue presenciada por un hombre que estaba entre las sombras del restaurante. Dicha persona, mantenía los ojos abiertos como dos grandes platos.


La cena transcurrió amenamente, el tema no se volvió a tocar y hablaron sobre cosas y recuerdos que compartían. Toda la cena había transcurrido de maravilla y una vez acabada, todos se fueron a sus casas.

—¡Gracias por traerme, Sakura-chan! — agito su mano hacia su amiga.

Sakura sonrió y también la despidió con la mano antes de arrancar el carro y emprender camino hacia su hogar.

Hinata suspiro y camino hasta las escaleras de la entrada para comenzar a subirlas. Justo cuando su mano iba a tocar la perilla de la puerta para entrar...

—Hinata.

Su corazón dejó de latir.

No tuvo que escuchar más, ni tuvo que verlo para ponerse a llorar a mares de nuevo. ¿Por qué? ¿Por qué le pasaba eso? Dios seguro estaba enojado con ella y la estaba castigando con él.

Se mantuvo inmóvil, en la misma posición que la encontró, no quiso voltear, le parecía imposible decir o hacer algo. No quería verlo ni escucharlo, quería gritar que se marchara. Pero, ahora estaba, parada y quieta, solo imaginando el cómo lo echaba de su vida.

—¿No dirás nada?

¡Que no quería escucharlo, joder!

Volteo su cuerpo casi con furia, con los ojos empañados de lágrimas, los puños fuertemente cerrados y su ceño totalmente fruncido volvió a verlo. Frente a ella estaba el motivo de sus viejos desvelos, el motivo de preocupaciones, el motivo de dolor, pero también el motivo de mariposas en el estómago, el motivo por el cual comenzó a creer en el amor, el motivo que había hecho existir a Daisuke.

No quería verlo...

Pero lo vio.

Su cabello rojo, su piel blanca, sus marcadas ojeras y esos preciosos y profundos ojos color agua marina.

—Gaara — musitó quebradamente.

Gaara cerró los ojos al escuchar su voz.

—Pensé que estaba delirando, llegué a pensar que no eras real.

Hinata frunció sus labios.

—¿Qué haces aquí?

—Quería verte.

—¡Pero yo no! — sorpresivamente para él y para ella misma, Hinata alzo la voz. No fue un grito, estuvo lleno de autoridad y dolor — Qui-quiero que te largues — apuntó la salida con su dedo — ¡Vete!

A pesar de sentirse abrumado por los gritos de Hinata, Gaara se mantuvo firme delante de ella. No retrocedió en ningún momento.

—No me iré hasta hablar, espero que entiendas eso.

Hinata tenso su mandíbula y se recordó lo obstinado que podía ser Gaara. Ella pensaba que ellos dos no tenían nada de qué hablar, pensaba que lo mejor es que él se diera la media vuelta y que se marchara de su casa y de su vida... para siempre.

—No hablare con un hombre casado.

Las palabras de Hinata dejaron impactado al pelirrojo por un momento. Tanto, que le dieron oportunidad a Hinata de meterse a la casa, dejando solo y afectado a Gaara.

Hinata cerró de un portazo y no tardo en pegar su espalda en la puerta. Comenzó a sollozar con fuerza, sintiendo que sus piernas perdían fuerza, comenzó a deslizar su espalda hasta que cayó de nalgas al suelo. Sin levantarse por el golpe ni por el dolor, quedo en esa posición sin dejar de llorar con fuerza. Escondió su rostro entre sus piernas dobladas, y comenzó a pensar en el por qué Gaara había aparecido en ese momento.

Sabía que tarde o temprano eso iba a pasar, pero ¿porque en esos momentos? ¿por qué cuando su padre estaba al borde de la muerte? ¿Por qué justo cuando ella se encontraba en una etapa débil y difícil?

—La vida se me complica cada vez más.


Actuó normal durante la cena con sus hermanos y cuñado, trato de no pensar una y otra vez en ella, trato de no verla a lo lejos, trato de no pensar en esa conversación que había escuchado sin permiso.

"— Yo desaparecí porque... quede embarazada."

No era tonto, sabía que ese hijo era suyo. Hinata se había quedado embarazada de él.

Al salir del restaurante, les dijo a sus hermanos que se iría por su cuenta y mintió, diciendo que tenía algo que arreglar antes de irse a casa. Vio los rostros de disconformidad, pero aceptaron al recordar que después de todo, ya era un adulto.

Tomo su auto y manejo de tras de Sakura. Si, salieron un poco después de que Hinata y los demás salieran del restaurante. Pasaron diez minutos hasta que llego a la residencia Hyuga. Ese lugar que no había pisado hace años. El último lugar en donde vio a Hinata. Donde la hizo llorar...

Salió con rapidez del auto, lo dejo estacionado fuera de la mansión y por suerte Ko no estaba en la entrada. Corrió hacia adentro, se escondió del coche de Sakura y después corrió de nuevo. La vio. Vio de más cerca de Hinata y se dio cuenta de que su amor por ella seguía intacto, creciendo entre la obscuridad de su corazón.

—Hinata — hacía años que no decía ese nombre en voz alta, sin embargo, en su mente se repetía diario.

Los segundos transcurrían y ella seguía de espaldas, con la mano estirada hacia la perilla. No decía nada, ninguno de sus músculos se movía.

—¿No dirás nada? — se desesperó al no escuchar su voz.

Pudo observar el cómo volteaba hacia él. Parecía un enjambre de emociones vivo, furia, tristeza, desagrado y angustia fue lo que pudo ver.

—Gaara — musito quebradamente.

Gaara cerró los ojos al escuchar su voz.

Pensó que jamás iba a poder escuchar esa delicada y hermosa voz de nuevo. Oír su celestial voz, fue lo mejor que pudo haberle pasado en años.

—Pensé que estaba delirando, llegué a pensar que no eras real.

Hinata frunció sus labios.

—¿Qué haces aquí?

Su voz, sin embargo, no tenía el tono que a él le hubiera gustado escuchar. Sonaba llena de reproche, disgusto...quebrada.

—Quería verte — no supo que otra cosa responder.

—¡Pero yo no! — sorpresivamente para él, Hinata alzo la voz. No fue un grito, estuvo lleno de autoridad y dolor — Qui-quiero que te largues — apunto la salida con su dedo — ¡Vete!

A pesar de sentirse abrumado por los gritos de Hinata, Gaara se mantuvo firme delante de ella. No retrocedió en ningún momento.

—No me iré hasta hablar, espero que entiendas eso.

—No hablare con un hombre casado.

Y se introdujo a la casa, dejándolo boquiabierto y plantado en el lugar.

Si, era un hombre casado, era un hombre maldito y perverso que le había arrebatado la más hermosa sonrisa a un ser humano. Había hecho llorar a ese ángel y había hecho que su mirada demostrara un dolor tan inmenso como su propia alma.

¿Quién es el malo aquí, mi padre o yo? Se preguntó.

—Creo que esta vez fui yo.


Seis años nueve meses, y no había podido olvidarlo.

Se sentía tan patética, tan ilusa y tan estúpida.

¿Por qué amas tanto a alguien que te lastimo? ¿A caso no te importa lo que te rompió? ¡Eres una estúpida!

Simplemente era imposible comprender el por qué aun lo amaba tanto. No se explicaba el por qué, después de tantos años y de tantas lágrimas, ese amor aparentemente seguía... creciendo. Roto, magullado y herido, una parte de su corazón seguía latiendo por él.

Y, su coraje más grande, fue el descubrir que efectivamente era así. ¡Su corazón había brincado de emoción al verlo! Si, su corazón fue el que bailoteo de felicidad al ver ese par de ojos que hace unos –y actualmente- la derretía. Pero, su cerebro por otra parte tenía una alarma roja encendida.

El cerebro le avisaba cuando estaba en peligro, ya sea cuando estaba muy cerca del fuego o cuando había un riesgo para su vida. Pues en ese caso, su cerebro le avisaba que Gaara era un peligro.

Un hombre casado, quien había sido su novio y la había dejado embarazada era un problema.

Tonto corazón, bailando y brincoteado ingenuamente por alguien quien había abusado y jugado con él.

"Existe la dignidad, corazón."

A él no le importaba y, por ende, a ella tampoco. Gracias a dios, su cerebro le daba raciono. Solo por eso no se lanzó a los brazos de Gaara.

—Deja de llorar o despertaras a Daisuke.

Hinata alzó su llorosa vista hacia su hermana, encontrando su rostro ceñudo.

—Lo siento.

Hanabi suspiro profundamente.

—Ese idiota, ¿Cómo habrá logrado entrar?

—Cuando entramos, Ko nos abrió y dijo que regresaría enseguida para cerrar. Creo que fue al baño.

Hanabi asintió.

—Y, ¿Cómo se habrá enterado de tu llegada?

—No tengo ni la menor idea.

—Hinata, ¿Qué harás al respecto? — la pregunta sorprendió levemente a Hinata —. Sabes que ahora que Gaara sabe que estas aquí, las cosas se pondrán difíciles ¿no?

La peliazul asintió.

—Pensé en irme en cuanto antes cuando... — bajo la mirada de nuevo y apretó los puños.

Hanabi tenso la mandíbula y miro hacia otro lado.

—¿Te iras de nuevo?

—No tengo otra opción.

—Joder, Hinata — sonó enojada —¿Estás hablando enserio? ¿dejaras de nuevo a tu familia y amigos por él? ¿estas dispuesta a soportarlo?

Hinata se mordió el labio con fuerza. ¿Como decirle a su hermana que había peligro aun? ¿Cómo decirle que su estúpido corazón no paraba de sentir algo por Gaara? Hinata no quería dejar nuevamente a su familia, pero no había de otra. Gaara la seguiría atormentando, y si ella estaba cerca del seria mucho peor. Se negaba a sentir algo por él, y se negaba a decirle que tenían un hijo.

—¿Qué más podría hacer?

—Quedarte — Hanabi tomó la mano de su hermana —. Por favor, no vuelvas a irte.

Hinata se mantuvo en silencio un momento.

—Déjame pensar.

Después de eso, se fue a dormir.


Oscuridad, frío, pesadez...

Era lo único que percibía en aquel lúgubre sitio. No veía nada alrededor, eran como paredes negras sin fin. Caminaba y caminaba por el amplio lugar, pero seguía encontrándose con lo mismo, con nada.

Su respiración comenzó a agitarse, y en menos de lo que pensaba ya se encontraba corriendo por el oscuro lugar. ¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba Daisuke?

—¡Daisuke! — grito al vacío, esperanzada en que alguien contestara a su desesperado llamado —¡Hanabi! —nadie contestaba a sus suplicas, sus gritos parecían ser en vano —¡Neji! —su corazón latía a mil por hora mientras que sus ojos eran dos pozos de agua — ¡Mama, papa! ¡ALGUIEN!

Paro de inmediato al oír voces. Quiso agudizar su sentido del oído, pero simplemente no podía saber de dónde provenían todas las voces, parecía ser que estaban en todas partes. Puso atención a las voces, y al momento quedo impactada.

—¿Creíste que te perdonaría tan fácil?

Dio media vuelta sobre sus pies.

—¿Ino? — balbuceo impresionada al ver a su amiga rubia, la cual se encontraba parada frente a ella. Mantenía una expresión estoica, poco común de ella.

—Solo aparente que te perdonaba, es más que obvio que no te puedo perdonar

—Sa-sakura — musito sorprendida al verla ahora tras ella.

—Eres una mala persona, Hinata. Preocupaste a tus amigos y ahora vuelves, como si nada.

—Ki-kiba, no... — tapo su boca con ambas manos.

—Pensé que eras diferente.

—Shino...

—¡Eres una egoísta! —

De repente todos sus amigos aparecieron delante de ella, gritándole un sinfín de cosas que solo provocaron que comenzara a llorar con fuerza.

"Mala persona" "Egoísta" "Desconsiderada" "Insensible" "Mala amiga"

Esas palabras se escuchaban una y otra vez, taladrando su corazón y su cerebro.

Se tapo los odios con ambas manos, incluso gritó fuertemente con tal de no escuchar nada más, pero era imposible no oír todo lo que sus amigos le gritaban. Aunque, ella sabía que al final de cuentas, todo lo que ellos decían sobre ella, era verdad.

Después de lo que pareció ser una eternidad, las voces de sus amigos dejaron de sonar. Confundida y afectada, quito las manos de sus orejas y volteo a ver hacia el frente, dándose cuenta de que ellos ya no estaban ahí.

Justo cuando pensó en correr y encontrar una salida, algo paso en un simple parpadeo.

Ahora, frente a ella, se encontraba un hombre pelirrojo, quien la veía fríamente y con firmeza.

—Te llevaste a mi hijo, Hinata. ¿Qué clase de madre eres?

Asustada y con sudor perlando su frente, Hinata se sentó sobre su cama. Respirando agitadamente y sintiendo que el corazón iba a salirse por la garganta, la peli azul llevó su mano hacia su rostro, comprobando que, efectivamente, se encontraba llorando.

—Una pesadilla — susurró, para después comenzar a llorar de nuevo.


—Así que parece que tengo un hijo —rió suavemente y sin ganas mientras pasaba una mano por su cabellera —. Hace unos días juraba que mi vida era una basura y que nunca volvería a ver a Hinata, pero ahora vuelve, y con un hijo mío. Se que es mío, fui la última y la primera persona que hizo el amor con Hinata antes de que ella se fuera... al parecer soy padre —susurro con una sonrisa dibujándose en su rostro —. ¿Qué me aconsejarías en esta situación, madre?

La luz de la luna bañaba su cuerpo al igual que bañaba tenuemente la lápida de su madre.


Continuará...


N/A: ¡Hooola! ¿Como estan? Espero que super bien. Después de 84 años les traigo un nuevo capítulo. Espero que sea de su agrado ;) Si fue asi, regalenme un precioso review. Nos leemos pronto!

Agradecimientos: Princesa del Tikal, Rose101226, Guest, Valerie Hyuga Senju, Dolunay, KattytoNebel, uzumaki yosep, , layill, Jossy95, dagorfly.