• Advertencias: Posible lenguaje soez.
• Género: Romance/Drama.
• Categoria: M
• Los personajes de Naruto no son míos.
Capítulo 8
Una estrella más
Hiashi no borraba su sonrisa. Hace años que no sentía ese tipo de felicidad tan inmensa y desbordante. Todos se daban cuenta de su nuevo estado de ánimo y a todos le agradaba ese gran y afortunado cambio.
El pequeño Daisuke no paraba de hacer más y más feliz a su furibundo abuelo, quien no podía sentirse mejor. Tal vez no físicamente, pero sentimentalmente se sentía la persona más sana del universo entero. Anhelaba que esos momentos no acabaran nunca y que pudiera quedarse más tiempo con su nieto, pero... sabía que no era posible.
La hora de Hiashi no tardaba en llegar, era consiente de esa gran y absoluta realidad.
Pero, aun que eso fuera así, él estaba satisfecho. Si moría en ese mismo momento el moriría feliz, con una suave sonrisa en su rostro. Se iría sabiendo que pudo conocer a ese niño tan maravilloso, se iría sabiendo que tuvo a las mejores hijas, al mejor sobrino, a los mejores amigos y a la mejor esposa. Moriría felizmente por que vivió feliz.
—Me da gusto que te haya gustado el regalo — acaricio la cabellera del niño mientras este le regalaba una sonrisa.
—¡Me encanto! — vocifero contento, observando con emoción su nuevo y flamante triciclo —¡Muchísimas gracias, abuelito!
Hiashi sonrió, acentuando sus arrugas.
Tras ellos, Hinata los observaba con una dulce sonrisa. Sus ojos se mantenían empañados, pero estos no impedían ver lo feliz que se veían su padre y su hijo.
Jamás había visto a su padre tan contento, tan lleno, tan cálido. Estaba feliz de saber que la causa de esa calidez y esa felicidad era su hijo. Le enternecía verlos juntos, riendo y jugando como si se conocieran de toda la vida, a pesar de que apenas tenían una semana de conocerse.
—Lo lamento, padre...— susurro, cerrando los ojos.
Ojalá jamás se hubiese ido.
—Hinata.
Abrió rápidamente los ojos y se dio la media vuelta.
Ahí estaba su madre, con quien no había hablado todo ese tiempo.
—Madre...
—Lo lamento — interrumpió bruscamente, sorprendiendo a Hinata —. No debí de alejarme de ti, no en este momento. Yo... estaba muy enojada. Solo podía pensar en ti, mintiéndome descaradamente y... me decepcione mucho.
Hinata bajo lentamente la mirada.
—Pero, no de ti solamente.
—¿Qué?
—Me decepcione de mí misma, Hinata. Pensar que mi propia hija no me tuviera la confianza suficiente me hizo replantearme si realmente soy una buena madre —Hikari ya estaba llorando con sutileza.
—¡Eres la mejor madre! —se acercó a su madre y tomo con fuerza sus dos manos —. Si no te lo dije fue porque temía tanto que te decepcionaras, que me rechazaras... la mala aquí soy yo. Yo soy la mala hija.
—No cariño — alzo su mano y limpio suavemente la mejilla de Hinata —, fuiste y eres la mejor hija del mundo. Me demostraste tu valor, tu amor por Daisuke, tu perseverancia. Eres la mejor hija y la mejor madre, Hinata.
—¿De verdad lo crees?
—No lo creo. Estoy completamente segura.
Al oír esas hermosas palabras provenir de su madre, Hinata no pudo más que sonreír ampliamente mientras lágrimas de felicidad escapaban por sus ojos. El gran vacío que se había apoderado de su interior hace una semana había desaparecido y el nudo en su garganta se había disuelto.
—Gracias madre...— sollozo.
Hikari no dudo ni un segundo para rodear a Hinata en un cálido y dulce abrazo maternal.
—¿Gaara? — Temari se cruzó de brazos y miro a su hermano con extrañeza.
Este se mantenía como ido, viendo ningún punto en específico y totalmente quieto. Si no fuese por su leve respiración, podría decir que estaba muerto.
—¿Huh?
—¿Qué te pasa? Has estado todo ido desde hace minutos. Bueno, en realidad has estado rarito desde que te dejamos en el restaurante — lo miro con suspicacia —¿Hay algo que quieras contarme?
Gaara, quien no se extrañó que su hermana descubriera lo muy pensativo que anduvo todos esos días, solo suspiro y miro por su gran ventanal. Desde el día en que vio a Hinata en el restaurante, su único pensamiento día y noche era ella y el supuesto hijo que tenía. No paraba de pensar e imaginar miles de situaciones con Hinata. Tantas preguntas y dudas que rondaban sin descanso por su mente.
Él no era un hombre abierto ni mucho menos le gustaba contar sus problemas, pero tenía que desahogarse.
—Si. Si hay algo que quiero contarte.
—Sabes que soy toda oídos.
Gaara suspiro de nuevo y se acomodó en su silla negra.
—En el restaurante... vi a Hinata en el restaurante.
Temari no tardo en abrir los ojos como dos grandes platos. ¿Había escuchado bien?
—¿Qué?
—La mire a unas mesas de distancia de nosotros. Estaban con todos los chicos, incluso... incluso con Naruto — dijo agriamente, imaginando que Naruto pudo haber sabido del paradero de Hinata todo ese tiempo. ¿Por qué su amigo no le había dicho nada a pesar de que él fue uno de los pocos que lo vieron en un pésimo estado a causa de la ausencia de Hinata? —. Y eso no es todo.
—¿Aún hay más? — pregunto incrédula, habiendo pensado que no podía haber cosa más impactante que el regreso de Hinata y una posible traición de Naruto.
—Escuche a Hinata decir que, la razón de su desaparición, fue porque se embarazo.
Ahora el rostro de Temari parecía el de un fantasma.
—¿Qu-que?
—Y todo indica que ese hijo es mío.
—¡¿Que estás diciendo, Gaara?! — exclamo alarmada y asustada, mirando a su hermano con incredulidad.
Gaara bajo la mirada.
—Fui a la mansión después de que me dejaran en el restaurante. Trate de hablar con ella, pero fue imposible. No quiere saber nada mas de mí.
—Pero si ella fue la que te dejo, Gaara. ¡Que descarada!
—Eso es lo que tú piensas.
—Pero...
—Nunca preguntaste que fue lo que en realidad paso —se levantó de su asiento y camino lentamente hasta el ventanal —. Yo... yo cause que ella se marchara. Ella se fue por mi culpa — mascullo sintiendo rabia y tristeza hacia el mismo.
—¿Por qué dices eso? ¿Qué fue lo que hiciste? —pregunto alarmada y un poco temerosa. Estaba demasiado confundida, ella siempre pensó que Hinata había abandonado a Gaara y que por eso su hermano había accedido a casarse con Matsuri. Y para rematarla, al parecer tenía un sobrino.
—Me acosté con ella estando borracho. Cuando me di cuenta de eso, le dije que había sido un error.
—¿Qué?
—Me arrepentí y quise recuperarla. Le dije a mi padre que de ninguna forma me casaría con Matsuri, pero fue inútil. Solo por eso no salí a buscarla en cada país y continente, solo por eso no fui tras ella.
Temari miro con tristeza a su hermano.
—Lo lamento, Gaara. Ojala hubiese sido yo la que...
—No — volteo abruptamente hacia ella — Jamás me perdonaría que hubieses tomado mi lugar. Ni tu ni Kankuro.
Temari bajo la mirada.
—¿Qué vas a hacer?
—No tengo ni idea — se volteo nuevamente, alborotando sus rojos cabellos —. Estoy casado con una mujer que a penas soporto y la mujer que amo tiene un hijo mío. En otras condiciones, no dudaría ni un segundo en divorciarme de Matsuri, pero es imposible sin que la empresa caiga sin el apoyo de los padres de Matsuri.
—Algo se podrá hacer — Temari se levantó de la silla —. Hablare con Shikamaru, idearemos un plan para no depender del dinero de Matsuri.
Gaara cerró los ojos.
—Aunque pueda divorciarme de Matsuri y aun que pueda hacer que la empresa no caiga sin ella, nada me garantiza que Hinata quiera volver a mi lado. No después de lo que le hice y de lo que sufrió por mi causa.
—¿Y qué? ¡Tienes que intentarlo! Tienes que recuperar tu felicidad, cueste lo que cueste.
Lo que más quería Temari en esos momentos era que su hermano recuperara la felicidad. Quería verlo radiante, sano, contento. No quería seguir viendo como su vida se desmoronaba lentamente por estar al lado de alguien a quien no amaba.
Si tenía que tirarse de un barranco para que Gaara fuese feliz, lo haría.
—No lo sé...
—Piénsalo, Gaara. Recuerda que ya no es solo Hinata, si no que ahora posiblemente eres padre.
Gaara pudo sentir a su corazón golpeando sus oídos cuando escucho lo que Temari había dicho.
Un hijo... suyo y de Hinata.
Irónico.
Su padre le pedía a gritos un nieto de Matsuri, sin embargo, tenía un nieto de Hinata.
El pelirrojo bajo la mirada y tomo una gran bocanada de aire.
—Creo que si necesitare tu ayuda.
La castaña miraba con impaciencia a una enfermera que tecleaba nerviosamente su ordenador.
Se notaba que la señorita de blanco estaba tensa debido a la pesada e incómoda mirada que Matsuri le estaba dando.
Matsuri estaba molesta, debido a que llevaba quince minutos esperando a que su doctor la atendiera. Quería que la atendieran lo más rápido posible pues la castaña odiaba los hospitales. Oler fuerte aroma de los desinfectantes y medicamentos solo la hacían sentir mareada y enferma. Además, tenía mejores cosas que hacer que estar esperando en ese lugar.
—Que poco profesionalismo. Yo agende mi cita, deberían de estarme atendiendo ya.
—Lo lamento señorita, pero el doctor tuvo un inconveniente de último minuto — respondió nerviosa la enfermera —. Espere un poco más, le aseguro que no tardara en recibirla.
Matsuri tiro aire por sus fosas nasales.
No le quedo más que esperar.
El taconeo de sus zapatillas ceso cuando llego a los asientos que estaban en la sala de espera. Dejo su costoso bolso a un lado de ella, se cruzó de piernas y tomo una revista de la pila que estaba encima de una mesita.
Sus ojos divagaron un rato por las páginas de la revista, todo lo veía con desinterés y aburrimiento hasta que se topó con algo que le trajo muchísimos recuerdos. Recuerdos dolorosos, recuerdos tristes y recuerdos que avivaron el odio que tenía a cierta persona.
Una hoja de la revista anunciaba la espectacular y mejor escuela de todo Japón, a la cual ella asistió.
Años atrás...
Matsuri observaba con encanto y embobamiento a cierto chico pelirrojo que entrenaba junto a unos chicos más. Sin duda todos eran demasiado a puestos, pero a Matsuri no le llamaba la atención nadie más que no fuera Sabaku no Gaara, el chico del que había estado enamorada desde que estaban en la primaria.
Tanto era su interés por él, que siempre quería tener las mejores calificaciones para ser aceptada en cualquier escuela a la que el entrara. Aun que, no de forma limpia y correcta, siempre lo logro.
Sin embargo, todos sus esfuerzos por ser vista por el eran totalmente nulos. Él siempre la veía como una buena amiga y nada más. Todo empeoro cuando una nueva alumna llego a medio ciclo escolar.
Hinata Hyuga.
—Matsuri, recuérdala. Esa chica es la rarita del salón, ella siempre ha estado entre nosotros. Incluso, creo que ha estado con los chicos desde que el jardín de niños — decía la amiga de la castaña.
—Es tan insignificante que no la recuerdo — había dicho con desdén mientras cerraba su casillero de un portazo.
No le había tomado nada de importancia al tema por un pequeño laxo de tiempo, hasta que algo inesperado paso.
—Dicen que a Gaara-senpai le gusta Hinata-san.
—Oh si, ya lo había escuchado. Pero, ¿Sabes que más escuche? Que a Gaara-senpai le ha gustado Hinata-san desde el jardín de niños.
—¡Ou! Que dulce...
Matsuri, quien había escuchado todo en el baño de la escuela, no pudo más que horrorizarse ante lo que había escuchado.
Todo su esfuerzo por sobresalir, todo su esfuerzo por llamar la atención de Gaara, todo su esfuerzo por gustarle, todo eso... ¿Fue en vano?
Un par de meses después su mundo termino de desmoronarse cuando se enteró de la nueva pareja del instituto.
Gaara y Hinata estaban saliendo juntos.
Matsuri no tardo en actuar, hizo de todo para separarlos, pero nada funcionaba, al contrario, solo parecía que la relación se fortalecía más y más y mucho más cada día.
Quiso seducir a Gaara, quiso hacer parecer que Gaara engañaba a Hinata con ella e incluso le pago a un grupo de chicas para que golpearan a Hinata. Nada funciono, todo fue en vano pues nada afectaba a la "perfecta pareja".
Se había dado por vencido, había querido dejar de luchar por Gaara pero una oportunidad toco a su puerta.
Su madre y su padre iban a cumplir su retorcido y enfermo capricho, obligando a Gaara a casarse con ella.
Lo había logrado, logro su objetivo y separo para siempre a Hinata de Gaara. Pensó que ambos serían muy felices, que el terminaría amándola tanto como ella lo amaba a él, que serían una feliz familia... no fue así.
Desgraciadamente para ella, no todo era color rosa.
Actualidad.
—¿Señorita?
Matsuri pestañeó repetidas veces, saliendo de sus pensamientos. Alzó la vista y observo a la enfermera, la cual aún la observaba con un poco de temor e incomodidad.
—¿Qué?
—El doctor ya puede atenderla, pase por favor.
Matsuri suspiro, se levantó del asiento y camino hasta el despacho del doctor. Abrió la puerta sin tocar y así como entro se sentó frente al escritorio, no queriendo perder más tiempo.
—Buenos di...
—Dígame ya, ¿Cuántas probabilidades hay de que quede embarazada? Quiero que sea lo más pronto posible.
El doctor miro a Matsuri con un poco de molestia debido a su falta de educación.
—Pues de salud está muy bien, señorita Matsuri, pero temo decirle que las probabilidades de que quede embarazada son escasas.
Matsuri frunció el ceño y sintió que comenzaba a sudar frio.
—¿Qué?
—Endometriosis, es un...
—¿Qué puedo hacer para quedar embarazada? — interrumpió nuevamente.
El doctor suspiro.
—Hay tratamientos pero no son cien por ciento efectivos. Podrías quedar embarazada hoy, mañana o en diez años. Lo lamento.
Y otro pedazo de su mundo se desmoronaba.
Hanabi le dio un sorbo a su lata de soda mientras observaba a su hermana mayor teclear su móvil, esperando una respuesta tras la otra línea que no fuera la contestadora.
—Se supone que Neji ya debería de haber llegado hace días.
—No desesperes, sabes que dijo que tardaría un poco más debido a las juntas de negocios — recordó la hermana menor.
—Lo sé — sobo el puente de su nariz, dejando a un lado su celular —. No sabes cuanta falta me hace un concejo de él. Necesito hablarle sobre Gaara, sobre nuestros amigos, sobre madre, sobre padre... necesito desahogarme con él.
—¿Es que acaso yo estoy pintada? Puedes desahogarte conmigo si lo deseas — recordó un poco ofendida.
Hinata sonrió sutilmente, mandándole una mirada de disculpa a su hermana.
—Lo sé, lo sé. Pero, entiéndeme. Neji ha sido mi concejero todos estos años, no sabes lo muchísimo que me ha ayudado todo este tiempo. Sus concejos, para mí, son muy buenos y siempre rinden frutos. Por eso necesito hablar con él, especialmente sobre Gaara y Daisuke.
Hanabi suspiro y miro hacia otro lado.
—Te recomiendo que le digas toda la verdad a Gaara y a Daisuke, merecen saberlo.
Hinata miro hacia otro lado de la cafetería a la que su hermana y ella habían ido para pasar tiempo juntas. Dicha cafetería estaba un poco sola, así que mostrar abiertamente sus sentimientos ante su hermana era más fácil.
—Me da mucho miedo lo que pueda pasar. ¿Qué tal si Gaara quiere quitarme a Daisuke? ¿Y si Daisuke me odia por haberle ocultado que tiene un padre? — sus ojos perlados comenzaron a mojarse ante esas horrorosas ideas —. No sé qué hare — tapo su rostro con ambas manos mientras Hanabi la miraba con tristeza.
—Se que no llevo conociendo mucho a Daisuke, pero con lo poco que lo he conocido puedo asegurarte de que es un niño sumamente inteligente y que, a pesar de su corta edad, ya tiene algo de madures. Otra cosa de la que estoy segura es de que ese niño te ama, Hinata — observo a Hinata destensarse mientras quitaba con lentitud ambas manos de su rostro.
—Pe-pero, Gaara...
—Ese sujeto puede ser un idiota en muchos aspectos, pero sé que no te haría eso, ni a ti ni a Daisuke.
Hinata soltó aire lentamente. Hanabi tenía razón, Gaara no haría tal cosa. Si que se enojaría con ella por haberle ocultado la verdad por tanto tiempo, pero no la haría sufrir más. O bueno, eso quería pensar.
Mientras Hinata estaba metida en sus pensamientos, Hanabi estaba debatiendo si decirle de una vez por todas a Hinata que estaba trabajando en la empresa de Gaara o callarse y no tomarle importancia. Había estado realmente tranquila durante esa semana ante el tema, pues su padre le había pedido a Gaara unos días para ella sin decirle a Gaara la razón del descanso. No pensaba todo el día sobre el tema, pero sí que la tenía nerviosa en algunas ocasiones.
—Dejare pasar un tiempo más y ya veré que sucede — murmuro Hinata, sacando a Hanabi de sus cavilaciones.
—Ah, si — rasco su mejilla —. Creo que será mejor que esperes un poco más, ya después veremos qué hacer.
Hinata asintió levemente, dándole un sorbo a su taza de café.
Justo cuando estaba por preguntarle a donde más quería ir, su móvil sonó.
Llevo su mano hasta su bolso y saco del su celular.
Pestañeo confundida cuando vio que era su madre quien llamaba.
—¿Madre? ¿Qué pasa?
Después de unos segundos, el rostro de Hinata se transformó en una mueca de angustia y temor.
—Vamos para haya — colgó con rapidez, tomo dinero de su cartera y lo aventó a la mesa antes de levantarse como un resorte del asiento.
—¿Qué pa...?
—Es p-papá.
Hikari movía su pie izquierdo de arriba hacia abajo mientras apretaba su mano contra la otra. No podía dejar de ver el reloj, sintiendo sus ojos picar.
Hacia una hora que Hiashi había comenzado a batallar para respirar. Se veía agitado, sudoroso y pálido.
No lo entendía, en la mañana todo estaba perfectamente bien. ¿Por qué tenía que pasar eso justo ahora que lo veía tan feliz y sereno?
Quiso llorar como un bebe, pero cierta presencia se lo impedía.
Daisuke se mantenía sentado en el suelo del living, mirando con tristeza y aburrimiento la ventana que estaba a su costado.
El pequeño quería estar con su abuelito, quería jugar con él y quería escuchar las historias de castillos y magia que siempre le contaba. El niño había escuchado que su abuelo estaba enfermo, se preguntaba si sería solo un resfriado o un dolor de panza. Si era así, él podía ayudarle pues cuando él se enfermaba, su mami lo curaba con jarabes y sopas calientes.
El pequeño azabache suspiro, echando su cabeza para adelante.
—¿Cuándo podre ver al abuelito Hiashi? — pregunto a su abuela, con la cual no había tenido oportunidad de convivir lo suficiente en esa semana.
Hikari salió de sus pensamientos para ver a su pequeño nieto.
Había sido una tonta, el niño no tenía culpa de nada. Debió de haberle hablado desde que lo vio, debió de haberlo mimado desde que sintió el fuerte deseo de abrazarlo y besarlo.
Lo llamo con una mano, haciendo que el niño se levantara del suelo y caminara hasta quedar frente a su abuela.
—Podrás verlo pronto, cariño — acaricio la mejilla del niño, sonriéndole sutilmente —. Lo quieres mucho, ¿verdad?
—¡Si! —exclamo con una amplia sonrisa —. Es el mejor abuelito del mundo.
—Claro que lo es — despeino su cabellera.
—Me aburro mucho si no estoy con el — hizo un puchero y se cruzó de brazos.
—Comprendo, tu abuelito es muy divertido. Yo no lo soy tanto, pero si me sé uno que otro cuento, ¿Quieres escuchar uno?
El niño asintió emocionado. No tardo en sentarse en el suelo, alzando sus ojos para ver expectante a su abuela.
—Bien, la historia comienza con un niño llamado Amaru. Amaru había oído a su abuelito contar aquella historia muchas veces:
"—El alma de cada uno de nosotros es un bicho inquieto. Siempre está buscando estar alegre y ser más feliz. ¿lo notas? esas ganas de sonreír, de pasarlo bien y ser feliz, son la señal de que tu alma siempre está buscando. Pero claro, como las almas no tienen patas, necesitan que les lleven de un sitio a otro para poder buscar, y por eso viven dentro de un cuerpecito como el tuyo y como el mío.
—¿Y nunca se escapan? — preguntaba siempre Amaru.
—¡Claro que sí! — decía el abuelo — Las almas llevan muy poquito tiempo dentro del cuerpo, cuando se dan cuenta de que el sitio en el que mejor se está es el Cielo. Así que desde que somos muy pequeñitos, nuestras almas sólo están pensando en ir al cielo y buscando la forma de llegar allí.
—¿Y cómo van al cielo? ¿volando?
— ¡Pues claro! —decía alegre el abuelito —Por eso tienen que cambiar de transporte, y en cuanto ven una estrella que va al cielo, pegan un gran salto y dejan el cuerpo tirado.
—¿Tirado? ¿Y ya no se mueve más?
—Ni un poquito. Aquí decimos que se ha muerto y nos da pena, porque son nuestras almas las que dan vida a los cuerpos y hacen que queramos a las personas. Pero ya te digo que son bichos muy inquietos, y por eso en cuanto encuentran su estrella se van sin preocuparse. Muchas almas tardan mucho tiempo en encontrarla, ¡fíjate yo qué viejecito soy! Mi alma lleva buscando su estrella muchísimos años, y aún no he tenido suerte. Pero algunas almas, las que hacen los niños más buenos o los mejores papás, también saben buscar mejor, y por eso encuentran su estrella mucho antes y nos dejan.
—¿Y yo tengo alma? ¿Está buscando su estrella?
—Sí Amaru. Tú eres tu alma. Y el día que encuentres tu estrella, te olvidarás de nosotros y te irás al cielo, a pasártelo genial con las almas de todos los que ya están allí.
Y entonces Amaru dejaba tranquilo al abuelo y se iba alegre a buscar una estrellita cerca del río, porque en toda la pradera no había mejor sitio para esconderse."
Por eso el día que el abuelo les dejó, Amaru lloró sólo un poquito. Le daba pena no volver a ver a su abuelito ni escuchar sus historias, pero se alegraba de que por fin el alma del abuelo hubiera tenido suerte, y hubiera encontrado su estrella después de tanto tiempo.
Y sonreía al pensar que la encontró mientras paseaba junto al río, donde tantas y tantas veces había buscado él la suya...
—Wow, ¡De verdad que es una gran historia! ¿todo eso es verdad? ¿Hay una estrella para mí, para ti y para...? Abuelita, ¿Por qué estás llorando?
Hikari no había podido retener sus lágrimas al terminar la historia. Puso una mano sobre sus ojos y sonrió temblorosamente.
—Porque es una historia hermosa, Daisuke-chan. Me da gusto de que te haya gustado y si, todo eso es verdad. Tarde o temprano encontraremos nuestras estrellas, y tu abuelito Hiashi ya está a punto de encontrarla. Prométeme que estarás bien cuando la encuentre, prométeme que no lloraras mucho y que lo recordaras siempre con alegría.
Daisuke pudo sentir la tristeza que desprendía su abuela, así que asintió, no queriendo ver llorar más a su abuelita.
—Lo prometo abuelita.
—Muy bien mi pequeño.
La atención de ambos se desvió al escuchar la puerta cerrarse de un portazo, seguido de unos acelerados y rápidos pasos que se dirigían hacia ellos.
—Madre —Hinata se recargo en el marco de la puerta. Su voz era agitada y sus ojos se mostraban rojos e irritados — ¿Dónde está papá?
Tras ella llego Hanabi, quien se encontraba igual o peor que ella.
—El doctor esta con el — se levantó del sillón y camino hasta sus hijas —. Está muy mal, no creo... no creo que resista mucho más tiempo — sus ojos comenzaron a tirar lagrimas mientras sentía su corazón comprimirse. Tapo su rostro con ambas manos, sintiendo como sus hijas la abrazaban con fuerza.
—Tranquila — le susurro Hanabi mientras sobaba su espalda —. Debemos de estar bien para acompañarlo hasta el final.
Hikari sollozo más fuerte.
Daisuke miraba todo sin entender, pero aun así sintiendo algo de angustia. Nunca le gusto a ver a nadie llorar, pero ver a su madre, su tía y su abuela hacerlo rompió un poco de su corazón. Sus ojos comenzaron a picar, y hubiera llorado también de no ser por una voz que alarmo a todos.
—Hikari-san.
—Doctor — la mujer seco sus lágrimas y se acercó con rapidez al hombre —, ¿Qué pasa? ¿Cómo está?
El mayor suspiro mientras guardaba su estetoscopio en el maletín de mano.
—Lo lamento — puso su mano sobre el hombro de Hikari —. Sera mejor que estén con él.
La mayor no evito un fuerte sollozo seguido de muchas lágrimas. Tapo su rostro con ambas manos y sintió los brazos de sus hijas rodearlas en un fuerte abrazo. Ambas también lloraban con ella, pero trataban de no hacerlo tanto como ella lo hacía. Hikari sabía que querían mantenerse fuertes para ella.
Hiashi sonrió con tanta sutileza que a penas y era perceptible la curva que formaban sus labios. Su tez era más pálida que de lo normal y su pecho subía y bajaba temblorosamente. El hombre estiro el brazo hasta Hikari, la cual no dudo ni un segundo en acercarse a él para tomarla.
Hikari se hinco a un lado de la gran cama, estiro su otro brazo y comenzó a acariciar el sudoroso rostro de Hiashi.
—No llores querida — le pedio en un musito que a penas ella pudo escuchar —. Todo está bien.
—¿Bien? — pregunto temblorosamente, no entendiendo a que se refería su esposo con eso. Estaba a punto de perderlo, ¿Cómo es que todo estaba bien si estaba por perder al amor de su vida?
—Quedas en buenas manos — sus pálidos ojos se dirigieron a sus dos hijas, quienes sollozaban tras Hikari —. Estuve el tiempo que dios quiso, es hora de que me vaya.
—Lo sé, lo sé — sollozaba agudamente, presionando su rostro contra el pecho de Hiashi.
El hombre acaricio la cabellera de su esposa, enredando torpemente sus dedos contra el sedoso cabello. Alzo nuevamente la vista, llamando con ella a sus dos hijas, quienes acudieron a el de inmediato.
—Ustedes son unas de las cosas más bellas que pudo darme su madre — les dijo, sonriendo tenuemente —. No saben lo orgulloso que estoy de ambas, de verdad no lo saben.
—Y nosotras de ti, papá — dijo Hanabi, tratando de que su voz no temblara.
—Discúlpenme por ser tan frio y estricto con ustedes en algunas ocasiones, yo solo lo hacía porque quería su bien. Solo quiero que no quepa duda de que las amo más que a mi vida.
—Nosotras también te amamos — dijo esta vez Hinata, llorando sin parar.
—Lo sé — susurro Hiashi. Sus ojos esta vez se dirigieron a Daisuke, quien se mantenía parado frente a la puerta, observando todo sin comprender que era lo que pasaba.
El niño trataba de comprender el por qué tía, su abuela y su madre estaban llorando tanto. Recordó vagamente que el haya llorado igual cuando cayó de un columpio y se hizo una gran herida. ¿Sería lo mismo?
—Daisuke, ven — estiro su brazo hasta el, observando a su nieto caminar lentamente hacia la cama donde estaba recostado —. Me ha encantado conocer a un príncipe tan valiente como tú. Fue divertido todo este tiempo que pasamos juntos, ¿sabes?
—Yo también pienso que fue muy divertido todo, abuelito —dijo con sinceridad, robándole una sonrisa al hombre.
—Y debido a todo lo que pasamos juntos, quiero pedirte un favor muy importante — alzo sus dedos y los movió para que se acercara. Daisuke no lo dudo y camino hasta estar delante del rostro de su abuelo, quien tomo una de sus manos —. Este castillo necesita un rey, un rey que cuide a estas doncellas. Yo ya no poder ser el rey, es hora de que me vaya...
—¿Irte? — pregunto preocupado y triste —¿A dónde iras? Acaso... ¿acaso encontraste tu estrella?
—Estrella...— susurro. Sus ojos captaron a su esposa levantando su cristalina mirada para verle y de inmediato supo que se trataba de ella —. Si, he encontrado mi estrella.
Daisuke bajo la mirada. Pensar en que no volvería a ver a su abuelo lo ponía bastante triste, de hecho, quería llorar. Pero le había hecho una promesa a su abuelita, le había dicho que no lloraría y que sería valiente.
Alzo sus ojos llorosos y miro a su abuelo.
—Qué bueno que hayas encontrado tu estrella, abuelito.
Hiashi asintió.
—Si, y por eso te pido que seas el rey de este lugar. ¿lo cuidaras? ¿Protegerás a tu abuela, tu tía y a tu madre?
Daisuke no tardo ni dos segundos en contestar.
—¡Si!
Hiashi sonrió contento y alzo su brazo para acariciar su cabellera.
—¿Sabes algo? A pesar que tener tan poco conociéndote puedo decir sin dudarlo que te amo, Daisuke.
Daisuke pestañeo un par de veces antes de sonreír sonrojado.
—También te amo, abuelito Hiashi.
No conocía dolor más desgarrador, más profundo, más intenso, más cruel que ese. Jamás había sentido un dolor parecido, ni siquiera cuando Daisuke nació. Y es que, prefería dar a luz mil veces a soportar el dolor de haber perdido a su padre.
Hinata se mantenía echa un olivo sobre su cama. No paraba de llorar ni de sollozar, hasta el punto de que su cabeza estaba cerca de explotar.
¿Cuánto tenía ahí?
Horas.
De no ser por Kiba y su gesto de llevarse a Daisuke, hubiese tenido que tragarse cada una de las lágrimas que salían de sus ojos.
Agradecía a Kiba por haber llegado en el momento indicado, o de lo contrario no sabía que estará haciendo en ese momento. Definitivamente no quería que Daisuke la viera así, tan rota, tan dolida y triste. No quería que su hijo la viera llorar con esa intensidad y ese sentimiento.
Hubiese querido estar a fuera, con su madre y hermana para apoyarlas, pero simplemente no podía. Hasta en ese aspecto era egoísta. Necesitaba tiempo para llorar en soledad, para pensar en todo el daño que le había causado a su padre.
Que mala hija.
Justo cuando estaba por levantase a tomar un pañuelo, sintió un peso extra en su cama. Suspiro al pensar que sería su hermana. Dispuesta a tener que ser fuerte para abrazarla y consolarla, se dio la vuelta para darse cuenta de su error.
—Neji — no tardo ni dos segundos en colgarse de su cuello para enterrar su rostro contra su pecho. Sus sollozos no tardaron en brotar de su garganta y el temblor en todo su cuerpo hizo que el deseo de Neji por protegerla solo se intensificara.
—Lo lamento — susurro abatido contra la coronilla de Hinata —. No estuve para ti cuando más me necesitaste.
—¿Qué dices? — tartamudeo levemente —. Llegaste para mí en el momento justo.
Neji releyó la hoja que tenía en su mano. No paraba de hacerlo, por más que la leyera una y mil veces no podía cansarse de leerla. Simplemente no daba crédito a lo que sus ojos captaban.
—Tío Hiashi me dejo una parte de la empresa — balbuceo.
—Hiashi siempre quiso hacerlo, Neji — Hikari paso por detrás de él y le dio un apretón en el hombro —. Desde antes de que el supiera que estaba enfermo, siempre me lo decía.
—Debe de haber una equivocación.
—¡Que no! — reitero Hanabi, observando a su primo con cansancio —. Padre sabía que merecías esa parte. Recuerda que te preparaste, te hiciste cargo de su lugar por muchos años e hiciste de la empresa lo que es ahora. No hay ninguna equivocación.
Neji se rasco la cien con nerviosísimo antes de mirar a su novia, a la cual había presentado a su tía y a Hanabi esa misma tarde. Ella le sonreía con dulzura, comprendiendo su nerviosismo e incredulidad.
—No sé qué decir.
—No digas nada hombre — Hanabi aleteo su mano y volteo hacia otra parte —. Solo asegúrate de ser tan bueno como siempre en la empresa.
—Hanabi, la responsabilidad no solo es de tu primo — regaño la mayor, cruzándose de brazos —. También es tu responsabilidad, y de Hinata también.
—Hinata — susurro Hanabi, poniéndose un poco cabizbaja al pensar en su hermana —. ¿qué te hace pensar que Hinata va a quedarse para asumir su responsabilidad con la parte de la empresa? Conociéndola, ella preferiría darme la parte que le corresponde.
Neji suspiro, dándole mudamente la razón a su prima. Conocía a Hinata. Sabía que ella no querría quedarse en ese lugar.
Hikari llevo una mano hacia el puente de su nariz. Comenzó a darle un feo dolor de cabeza que hiso hacerla sentarse en una de las sillas del comedor. Llevaba dos noches sin dormir. No paraba de pensar en el velorio, en Hiashi y en sus últimas palabras. Simplemente, no podía hacerse a la idea de que su esposo ya no estaba con ella.
Inevitablemente, el pensamiento hizo que un par de lágrimas se escaparan de sus ojos.
Los presentes la vieron con preocupación y tristeza.
Neji no dejo pasar tiempo. Se levanto de su silla y camino hacia su tía para arrodillarse frente a ella. Tomo sus manos y las apretó suavemente, llamando la atención de la cansada y triste mujer.
—Hablare con Hinata, tía. Nos quedaremos en Japón, no nos iremos de nuevo.
La mujer le sonrió temblorosamente a su sobrino. Soltó una de sus manos de la presión de Neji y la llevó hasta la mejilla de este.
—Gracias, cariño.
Neji le sonrió y asintió. Puso su mano sobre la de su tía y la apretó con suavidad. Se dijo a si mismo que tenía que convencer a Hinata, costara lo que costara. Sabía que no iba a ser fácil, pero no importaba. Recurriría a todos los medios para hacer que Hinata se quedara en Japón.
Continuará...
N/A: Sha shegue, sha estoy aqui :v después de mil años, me digno a actualizar. ¡Lo siento! tengo mis razones. pero en fin, espero que les haya gustado este capitulo. Ya saben que pueden preguntarme todo lo que quieran. Nos leemos en el siguiente cap, ¡Los quiero!
Agradecimientos: Rose101226, layill, KattytoNebel, uzumaki yosep, Valerie Hyuga Senju, Dolunay (¡feliz cumpleaños super atrasado!), Princesa del Tikal, Jossy95, .
