[Capítulo 11]
•Género: Romance/Drama.
Los personajes de Naruto no me pertenecen.
¿Hacemos las paces?
Sonrió enternecida al ver a su pequeño reír y juguetear en la caja de arena que se encontraba en aquel parque. Le encantaba el sonido de su tierna risa, siempre hacía que algo en su interior se removiera agradablemente. Verlo feliz, le producía una especie de cosquilleo en el estómago.
—Buenas tardes, Hinata-san.
La aludida alzó la vista para encontrarse con la amable sonrisa de un chico albino que tomaba asiento junto a ella. Ella también le sonrió educadamente.
—Buenas tardes, Toneri-san.
—¿Donde a estado? Usted siempre viene cada dos días. Permítame recordarle que se ausento casi dos semanas enteras —le recordó con un tono de voz que se asemejaba al de un familiar preocupado. O bueno, eso fue lo que Hinata escuchó.
Sonrió apenada.
—Estuve algo enferma y por eso no había podido venir. No se preocupe, solo fue un simple resfriado — se apuró a decir cuando miro su mueca de preocupación.
Conocía a Toneri desde hacía tres meses. Aquella había sido su primera vez llevando a su pequeño a ese agradable parque. Se sentó en la misma banca en la que estaba sentada junto a él en ese momento, y minutos después apareció ese joven albino con un libro en sus manos y una bella sonrisa en su apuesto rostro. Había sido tan amigable que fue inevitable no entablar una conversación. Rápidamente se habían hecho buenos amigos y siempre se veían en aquel sitio.
—Pues me alegra que este mejor — sonrió ampliamente, sacándola de sus pensamientos. Antes de que el pudiera agregar algo más, el pequeño Daisuke los interrumpió.
—¡Toneri-san! — grito emocionado el niño mientras corría hasta los brazos del amigo de su madre.
—¡Daisuke-kun!— abrazo al niño que literalmente le había saltado encima —¿Cómo has estado?
—¡Muy bien! — respondió energéticamente —¿Y usted, Toneri-san?
Toneri sonrió sutilmente, mostrando su blanca dentadura.
—Perfectamente, Daisuke-kun.
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El tamboreo de los dedos de Hinata contra la mesa de madera se escuchaba como eco dentro de la habitación. Mantenía los ojos cerrados y su frente descansaba sobre su ya adormecida mano. No podía dejar de pensar en Gaara y su hijo a pesar de que estaba en horario de trabajo. Sabía que debía controlar sus emociones, que tenía mucho trabajo pendiente y que su cabeza explotaría si no dejaba de pensar… le era imposible.
Miró de reojo la foto de su hijo, en la cual salía saludando hacia la cámara mientras que sonreía jovialmente con las mejillas sonrosadas.
Ese niño era su adoración y alguien quería robarse a su adoración.
«—Basta, el no te lo robara. Entiende que solo quiere compartir la custodia.» Le había dicho Temari. Si, le había hablado desesperadamente a la hermana del pelirrojo para suplicarle ayuda por lo que Gaara le había dicho.
Sabía que Temari tenía toda la razón y que Gaara era incapaz de quitarle a su hijo, pero saber todo eso no la tranquilizaba. Más bien, saber todo eso no tranquilizaba a su egoísmo.
Hinata estaba muy asustada. Asustada a la reacción que su hijo tendría al saber todo. Al saber que ella lo había alejado de todos y de todo por miedo.
El solo imaginar un rechazo por parte de su pequeño… le partía el alma en un millón de trizas. No podría soportar tal dolor. Simplemente no podría. Por eso, estaba asustada, muy asustada.
Era consciente de que ella tenía que hablar primero con su pequeño hijo, sin embargo… eso también le daba miedo. Tenía miedo de que reaccionara mal, de que la juzgara por sus malas decisiones o de que se decepcionara de ella.
«—Carajo — había murmurado Kiba, pausando su hablar debido a un cigarrillo en sus labios. Lo encendió y prosiguió —. Es un niño, deja de preocuparte tanto.» Le dijo cuando le contó sobre sus inseguridades.
«—Un niño demasiado maduro, tan maduro que da miedo.» Le había respondido ella.
Y era cierto. Daisuke poseía una madurez colosal al igual que inocencia. Él sabía cómo mezclar ambas cosas y por muy loco que pareciese, ambas cosas parecían funcionar bien juntas. La reacción de su hijo le era completamente incierta, Daisuke podía reaccionar de tantísimas formas. Podía darle la razón a ella, podía darle la razón a él, podía darle la razón a ambos e incluso podía no dársela a ninguno. Así de incierta era su reacción para ella.
Suspiró y bajó la mirada.
—Vamos, deja de pensar en eso —murmuró —. Tienes trabajo que…—paro su hablar al escuchar su teléfono vibrar. Lo miro por unos segundos antes de tomarlo y ver la notificación nueva.
Era un mensaje de Gaara.
Trago saliva y apretó su celular.
Abrió el mensaje y leyó el contenido.
«Dejémonos de niñerías y hablemos como un par de adultos. Veámonos en el almuerzo, en el café que está cerca de tu trabajo.»
Sin pensarlo demasiado contestó una afirmativa para después revisar la hora que apuntaba el reloj de su celular. Eran las dos de la tarde, en quince minutos saldría a comer… con Gaara.
Matsuri miro el contendió del paquete una vez más y después miro a la mujer que tenía frente a ella. Sin duda, su plan estaba resultando perfectamente bien. Con esas pruebas falsas que tenía en sus manos no habría nada que hiciera que Gaara dudara de ella.
Si, sabía que el la consideraba ruin y mala, pero estaba segura de que jamás sospecharía de ella. El seguramente pensaba que ella no era capaz de tal acto vil. Además, él no sabía que ella era estéril y jamás lo sabría. Así que, si su plan seguía como hasta ese momento, todo saldría bien. El jamás se enteraría de su farsa.
—Ten —le extendió un sobre a la mujer, quien lo arrebato rápidamente de su mano y lo abrió para ver el contenido —. La cantidad que habíamos acordado. Ni un billete mas, ni un billete menos.
La mujer ojeo la faja de billetes una y otra vez hasta que la guardo nuevamente en el sobre para seguidamente guardar el sobre en su bolso.
—Sabes que el bebe costara mas que unas pruebas de embarazo, ¿cierto? —pregunto mientras sacaba un cigarro y trataba de encenderlo. Sin embargo, su cometido no se llevo a cabo ya que Matsuri le arrebato el cigarrillo y lo tiro lejos de ellas.
—Si él bebe no nace sano entonces no te daré ni la cuarta parte de lo que me pides por él.
Se había asegurado de encontrar a una mujer igual a ella, para que él bebe pudiese tener algo de ella. Al menos sus ojos, o sus labios, eso era lo de menos. Solo quería que todo fuese absolutamente creíble. Quería que su plan saliera perfecto.
—Si, si —contesto de mala gana la mujer mientras rodaba los ojos.
Esa mujer tenia unas semanas de embarazada. Uno de sus contactos la ayudo a encontrar a la candidata perfecta para su elaborada farsa, y ella era todo lo que buscaba. Alguien parecida fisicamente a ella y ademas que estaba embarazada de dos semanas. Justo el tiempo que había pasado desde que ella tuvo sexo con Gaara.
—Yo pagare tus citas medicas y tus vitaminas. Solo contáctame si tienes algún problema.
—Como sea —respondió, para después dar media vuelta y caminar por la desolada calle.
Matsuri sonrió de medio lado y abrió la bolsa de papel para observar nuevamente el primer objeto de su magnífico plan.
Las tres pruebas de embarazo que marcaban un positivo.
Shikamaru observó desde la esquina a su histérica mujer. Temari daba vueltas como leona mientras que murmuraba cosas que no llegaba a entender por lo rápido que las decía. El taconeo de sus zapatos no hacían más que molestarlo, pues él quería cerrar el ojo mientras que ella se dignara finalmente a decirle que era lo que tanto la agobiaba.
Estaba así desde hacía unos días y aún no le decía que era lo que tenía, cosa que le molestaba, pues se suponía que se tenían una muy abierta confianza. Era raro que Temari no le contara lo que le intranquilizaba.
—Temari —llamó, haciendo que la rubia se detuviera y lo mirara —¿vas a decirme qué pasa? Me esta molestando tu actitud.
Temari suspiro ruidosamente, calmando sus pensamientos con ese acto. Camino hasta su asiento tras su escritorio y se sentó en él delicadamente. Miró a Shikamaru y suspiro otra vez. Había estado atrasando el momento de contarle sobre lo que Hinata le había contado, pero no había tenido el valor ya que no quería manchar la imagen que Shikamaru tenía de Gaara. No justificaba la acción estúpida de su hermano menor, pero tampoco lo culpaba.
Eso si, Kankuro se las pagaría, de eso no había duda.
—Hinata me contactó hace unos días. Estaba muy alterada, podía escuchar su voz quebrantada a través de la línea — comenzó, observando el rostro impactado e intrigado de su pareja —. Me hablo para contarme lo que mi hermanito hizo —dijo con amargura —. Resulta que el cabezota de Naruto le comento a Gaara que harían una reunión entre amigos para conocer a Daisuke y a mi hermano se le ocurrió ir a dicha reunión. Se escondió por un rato para ver a Daisuke y cuando tuvo la oportunidad, se acercó a Hinata para hablar de Daisuke. Hinata confiesa que se alteró un poco y que esto ovacionó que Gaara le dijera que pelearía por la custodia de Daisuke —miró a Shikamaru para ver su reacción, la cual era envidiable. Mantenía su rostro apacible mientras su mirada calculadora la observaba con atención.
Inevitablemente, Temari se sonrojó un poco.
—Vaya, no le esperaba algo así —confesó Shikamaru mientras rascaba su barbilla —. ¿Qué mas te dijo Hinata?
—Me pidió ayuda. Yo le dije que era obvio que Gaara jamás se atrevería a quitarle a Daisuke… bueno, es lo que quiero pensar —murmuró, jugando con el borde de su falda —. Quiero hablar con él sobre el tema, pero no sé cómo acercarme. Admito que Gaara me da un poco de miedo.
Shikamaru soltó una pequeña risa.
—¿Y a quien no? No por nada tiene esa mirada y esa voz. Te aconsejo que vayas directo al grano, tarde o temprano tiene que compartir la información sobre la custodia de su hijo.
—Si, creo que tienes razón —soltó un suspiro y recargo los codos en el escritorio para dejar su barbilla descansar sobre el dorso de sus manos unidas —. Ahora lo que me preocupa es Matsuri. ¿Qué hará cuando se entere? Es obvio que ella no tomará muy bien la noticia.
—Lo sé, y no quiero preocuparte más, pero creo que la reacción de tu padre también es un asunto delicado.
—Maldita sea, había olvidado por completo la existencia de mi padre —masculló con irritación —. Gaara está en grandes aprietos y yo quiero ayudarlo, pero no sé cómo —hundió su cabeza entre sus brazos con aflicción. Escucho de pronto el rechinido de las patas de una silla arrastrándose por el suelo y después sintió la mano de Shikamaru sobre su hombro.
—Tranquila, ambos encontraremos una solución para todo este caos. Gaara estará bien, sabes que siempre se sale con la suya.
Temari sonrió de medio lado.
—Casi siempre —susurro.
Gaara observó al pequeño demonio que estaba trabajando con mala cara frente a sus narices. La tenia justo frente a él, firmando y revisando papeles sobre el otro lado de su escritorio, todo sin dirigirle palabra o mirada, con su ceño fruncido mientras murmuraba palabras que no llegaban a su comprensión.
El solo la miraba de reojo de vez en vez, cuidando no ser descubierto en el acto, pues si lo descubría viéndola, seguramente se echaría encima de él cuál leona para reclamarle. Realmente era cansado convivir con Hanabi Hyuga.
—¿No has acabado de revisar esos balances? —preguntó sin despegar su vista del documento que estaba revisando.
—¿Ahora vas a quejarte de mi eficiencia? Te dije que me tardaría mi tiempo, así que deja de molestar, ¿Quieres, Sabaku no? —le masculló, mirándolo por momentos y sin dejar de lado sus documentos.
—Te lo preguntaba por qué falta muy poco para que salgas a almorzar. No hay necesidad de ser tan agresiva.
—¡¿Me estás llamando agresiva?! —una gran vena creció en su cien mientras movía sus brazos frenéticamente de arriba hacia abajo —. Te golpearía si no estuviéramos en horario de trabajo, pero ahora que mencionas el almuerzo, mejor me voy. ¡Y me vale un carajo si faltan cinco minutos para que se cumpla mi horario de salida para almorzar! ¡Adiós! —se levantó bruscamente del asiento y camino a grandes zancadas hacia la puerta del despacho.
Lo último que Gaara escuchó proveniente de Hanabi fue el horrible azotón de puerta.
Gaara suspiró resignado. Al parecer, jamás tendría una buena relación con Hanabi.
—No se lo tome a mal Hiashi-san, pero de verdad espero que estos meses pasen rápido —murmuró mirando hacia el techo. Desvió su mirada hacia la pared y se topó con su reloj digital. Faltaban sólo cuatro minutos para el gran momento —. Y espero que salga algo bueno de mi encuentro con Hinata —murmuró de nuevo.
Termino de firmar los últimos papeles y recogió unos cuantos folder para dejarlos a su secretaria Sakura.
Camino fuera del despacho y se puso frente a su escritorio.
—Sakura, llama a los números que te deje ahí y pide una reunión a las empresas. Vamos a hablar sobre el nuevo producto. También saca copias del último folder.
Sakura, quien al parecer se preparaba para salir a almorzar, asintió sin siquiera verle.
—Sí, jefe.
Suspiro silenciosamente y asintió para caminar hacia el elevador. Al estar vacío sé miro en el espejo y acomodo discretamente su cabello y corbata, esperando lucir presentable. Hasta ese momento se dio cuenta sobre la ligera capa de sudor que tenía sobre su cuello, producto del poco notable nerviosismo que sentía.
Estaba sumamente nervioso. Sinceramente esperaba lo peor de ese encuentro, aún que debía de admitir que él fue el culpable pues él la citó a pesar de que había pasado poco desde su desafortunado encuentro. Seguramente aún se encontraba muy molesta con él y no podía culparla.
Él había actuado acorde al enojo que sentía en su interior, olvidando por completo que estás hablando con la persona a la cual aún amaba. Tenía que tener tacto, pues esa mujer era la mujer a quien lastimó años atrás. Era la mujer con la cual tenía un hijo.
Pero sin embargo, ya no era la misma.
Ella ahora era una mujer. Una que estaba dispuesta a todo por su hijo. Una mujer madura, responsable, aguerrida y segura de sí misma que no se la pondría nada fácil, así que debía de andar con cuidado si quería pisar cerca de su territorio.
Debía de ser cuidadoso si no quería caer en la tentación de sus carnosos labios, de sus proporcionadas curvas, de sus ojos únicos o de su fascinante aroma.
Tenía que tener cuidado, por qué a pesar de su inmenso amor hacia ella, el estaba casado y él era un hombre de palabra. Aun que no amara a Matsuri.e incluso solo la toleraba, tenía que respetarla. Tenía que respetar ese falso matrimonio.
Fue hasta que llegó a su auto que despertó de su letargo. Se montó en él y rápidamente lo encendió y arrancó para irse directo al restaurante donde había citado a la Hyuga mayor. Había mucho tránsito, así que se retrasó unos minutos en llegar hasta ahí.
—¿Tiene reservación?—preguntó el recepcionista con educación.
Gaara asintió.
—Soy Sabaku no Gaara.
El recepcionista asintió.
—Disculpe un segundo —observó la lista de reservaciones y asintió apuntando la libreta —. Sabaku no Gaara y Hinata Hyuga.
—¿Ya llegó la señorita Hyuga?
—Aún no, señor. Sígame, lo guiaré hasta su mesa.
—Gracias—se dio a la tarea de seguir al hombre que lo guiaba ágilmente entre el tumulto de mesas, las cuales la mayoría estaban desocupadas. Había escogido ese lugar por una simple razón; ahí Hinata y él tendrían que ser recatados y no tendrían más que mantenerse serenos. Si por el contrario, estaban en un parque, alejado de los ojos ajenos, tendrían más oportunidades de gritar y de hacer cosas que normalmente no harían estando en público. Solo por esa razón había escogido ese fino restaurante.
Para su agrado, llegaron hasta la mesa más lejana de todas. Él se sentó en la silla y asintió al hombre cuando este le preguntó que si le traía la carta de menú.
No tuvo que esperar mucho por la llegada de Hinata, porque en menos de lo que pensó, ella ya se encontraba caminado hasta la mesa. El mundo se detuvo unos segundos para verla, los cuales se le hicieron gratamente eternos.
Su cabello corto le adquirían un porte más maduro, sus ojos maquillados sutilmente atraían la atención de todos, sus labios carnosos eran llamativos y su cuerpo… dejó de pensar cuando miró su cuerpo.
¡Alto a los pensamientos impuros! Él estaba ahí por su hijo, no estaba para ver las perfectas curvas de la madre de este.
Se sobresaltó escasamente al escuchar la silla moverse.
—Hinata…—nombró cuando la miro sentada frente a él, luciendo un pequeño, casi insignificante sonrojo —. Hola, ¿cómo estás? —preguntó con un poco de nerviosismo, sin saber qué otra cosa decir.
—Bien —susurro Hinata, mirando hacia otro lado —. No sabía que habían convertido el café en un restaurante cinco estrellas. Podrías habérmelo dicho, tuve que preguntar en la calle sobre el café y parecer una tonta.
—Lo lamentó, tampoco lo sabía —Ignoró la mirada de Hinata, la cual le decía "no te creo" y se centró en el brillo de sus ojos. Obviamente era mentira, el sí que sabía que era un restaurante, pero había mentido a propósito pues sabía que Hinata se negaría a ir a un restaurante tan caro con el —. Verás —hablo, llamando la atención de la peli azul —, yo…
—Aquí tiene el menú, señor y señora.
Gaara fue cruelmente interrumpido por el empleado.
—Gracias.
—¿Gustan algo de beber?
Miró a Hinata, pidiendo una respuesta.
Ella no se lo pensó mucho.
—¿Cuál es su mejor vino?
Gaara la miró con impacto. ¿Desde cuando ella bebía? Aún que bueno, no debía de extrañarle. Ya habían pasado muchos años y en esos años habían pasado muchas cosas.
—Wine Spectator, señora.
—Traiga ese, por favor. Ah, y por cierto, a habido un error, no estoy casada —le enseñó su dedo anular —. No quiero que haya malos entendidos —miro a Gaara por el rabillo del ojo al decirlo.
—Disculpe mi error, señorita —hizo un asentimiento de cabeza —. Enseguida traigo su bebida.
—Gracias —después de eso se retiró. Hinata puso total atención en su menú, ignorando por completo la expresión de asombro que Gaara tenía en su rostro.
Mientras que Gaara tenía la mandíbula desencajada, Hinata trataba de que su acelerado corazón se calmara y que su sonrojo abandonara su rostro. Ella no sabía de dónde había sacado tanta osadía para comportarse así, pero estaba complacida de su logro. Todo se lo debía a esa plática que tuvo con Ino después del mensaje de Gaara. Ella fue quien le dijo cómo actuar frente a él para dejarle en claro que ella no era la misma chica inocente y sumisa de antes.
«—Demuéstrale lo decidida y fuerte que puedes ser por lo que amas. ¡No te dejes intimidar!»
Salió de sus pensamientos al escuchar el sonido del vino vertiéndose sobre su copa.
—¿Listos para ordenar?
—Ah, sí —dijo Gaara —. Costillas al horno con miel.
—¿Y usted, señorita?
Hinata salió de sus pensamientos nuevamente. Esta vez pensaba en que los gustos culinarios de Gaara aún no cambiaban en nada.
—Un filete Diane.
—Perfecto. Enseguida lo traigo, con permiso —dio una rápida reverencia y se marchó.
Hinata dejó descansar su cuerpo sobre la silla y tomó la copa de vino para darle un sorbo.
—Lamentó mi comportamiento del otro día —comenzó Hinata, impresionando a Gaara —. Sé que actúe ridículamente, que fue penoso todo lo que dije y…
—Yo no pienso nada de eso —interrumpió el peli rojo —. Estabas en todo tu derecho en enojarte y sentirte mal. No soy quien para juzgarte, tampoco para exigir nada, pero no sabes la ilusión que me hace conocer a mi hijo —cerró los ojos por un momento —. Lamento con toda mi alma que las cosas se hayan dado así, pero es lo que hay — «lamentablemente», quiso decir, pero no tuvo el valor.
—Comprendo —dijo de forma apresurada mientras se enderezaba sobre su silla —, ya pasó mucho tiempo. No deberíamos de seguir lamentándonos sobre cosas del pasado. Me gustaría… poder tener una tregua, por nuestro hijo.
—Me parece maravilloso —dijo de una forma casi alegre —. Nos llevará nuestro tiempo llevarnos mejor, pero…
—Trataremos —terminó por decir ella con media sonrisa.
Gaara asintió y desvió su mirada para no tener que ver esa bella sonrisa o de lo contrario adiós a su respeto hacia su matrimonio.
—De acuerdo.
Quedaron en un largo silencio una vez que el mesero trajo sus pedidos y ellos se dedicaron a comer. Mientras comía, cada quien pensaba en lo suyo. Mientras que Gaara pensaba en su posible infidelidad hacia Matsuri, Hinata pensaba en su hijo y en lo apuesto que seguía siendo Gaara.
—Bueno —Gaara limpio la comisura de sus labios —, hablemos de Daisuke. ¿Cuándo podré decirle que soy su padre?
Hinata casi se atraganta con la comida.
—Yo… pienso que aún es muy pronto. No puedo llegar y hablarle de ti, así como si nada. Preferiría… prepararlo para el momento.
—¿Cuánto supones que tarde en llegar ese "momento"? —preguntó un poco inconforme con su respuesta.
—No lo se… —jugueteó con su tenedor a pesar de que su madre siempre le dijo que no debía de jugar ni con la comida ni con los cubiertos — ¿Un año?
Ahora fue el turno de Gaara para atragantarse.
—¿Un año? —repitió la pregunta con incredulidad.
—Tengo que prepararlo bien para el momento —se excusó, provocando que Gaara frunciera el ceño.
—¿No será que la que debe de prepararse eres tú? Ese tiempo es para ti, no para Daisuke.
Hinata apretó disimuladamente su tenedor y Gaara fue consiente de ello al ver el temblor de su cuerpo. En ese momento, Gaara supo que Hinata tenía mucho miedo a lo que su hijo pudiese llegar a pensar de ella al momento de decirle que su padre no era un astronauta ni era un pirata. A Hinata le daba miedo decirle a su hijo la verdad y él no podía juzgarla.
—Lo lamentó, no debí de decir eso —se disculpó con rapidez, no queriendo dañar el pequeño avance que habían llegado a tener.
—No te preocupes —Hinata forzó una sonrisa, demostrándole a Gaara que había acertado con su pensamiento y comentario.
—Aún así, creo que debe de haber otra manera. No creo que Daisuke necesite tanto tiempo para asimilarlo. Quiero estar cerca de él lo más antes posible, y no —estiró su mano y fue a dar hasta la de Hinata. Le dio un apretón —mi intención no es quitarte a Daisuke. Jamás intentaría eso. Quiero compartir el tiempo de nuestro hijo.
«Nuestro hijo» resonó en la cabeza de Hinata. Si, tenía razón. Era el hijo de ambos, por mucho que ella lo hubiese cuidado solar. El también tenía derecho a estar con Daisuke y Daisuke tenía derecho de saber que tenía un padre. Pero, aun así, temía mucho por la reacción de su hijo.
—Se que tienes miedo, pero no debes de tenerlo. Seguramente él te ama y te amara a pesar de todo. Tu no hiciste nada mal, a contrario de mi. Si quieres tiempo, de acuerdo, pero por favor, no tardes.
Hinata lo miro con impacto y agradecimiento. Regresó el apretón de mano y asintió.
—Gracias. Haré que lo conozcas lo más pronto que pueda.
Gaara asintió agradecido.
Ambos tomaron el vino mientras charlaban de cosas triviales o sobre la empresa, sin saber que esa simple y llana plática avivaría sus sentimientos.
Sin saber que los labios de cada uno se veían apetitosos al hablar para el otro y que sus voces eran exquisitas para el oído. Sin saber que sus pequeñas risas cautivarían al otro y sin saber que sus miradas se toparían cientos de veces conforme hablaban.
—Dime, ¿Por qué le pusiste Daisuke? —preguntó, llevando su copa de vino hacia la boca.
Hinata río bajito y miró su copa de vino.
—Honestamente, lo mire en una telenovela.
—No puede ser —Gaara río roncamente y llevó su mano hasta la frente mientras que Hinata reía —. Nuestro hijo tiene nombre de galán de telenovela.
—No se lo puse enteramente por eso —dijo sin dejar de reír suavemente —. Me gusta el significado de su nombre.
—¿Grande ayuda? —cuestionó.
—Si. Para mí, Daisuke fue mi gran ayuda a seguir adelante —recargo su mejilla contra la palma de su mano mientras veía un punto lejano —. Él me dio las fuerzas y la determinación que necesitaba para seguir. Fue mi gran ayuda. Creo qué hay nombres con mejores significados, pero en ese momento fue el correcto y lo sigue siendo hasta hoy —sonrió dulcemente al pensar en su hijo, robándole el aliento a Gaara.
Ambos se sobresaltaron al escuchar un sonido proveniente del celular de Hinata.
—Dios mío, han pasado dos horas más de nuestro límite de almuerzo —comentó Hinata —. Creo que es hora de irnos.
—Si, tienes razón —se levantó y sacó su billetera.
—Espera, yo pagaré mi comida —dijo al ver sus intenciones.
—Oh no, yo te he citado así que yo pago.
—Al menos déjame pagar el vino, yo lo pedí — dijo alarmada y avergonzada, sacando su chequera de la bolsa que llevaba consigo.
—Te propongo un trato, ¿Qué tal si la próxima vez tú me invitas a la comida? Hoy va por mi —termino de decir para llamar al camarero mientras Hinata lo miraba con impresión y pena.
—De acuerdo —murmuró sonrojada, sin poder ver la sonrisa ladina de Gaara.
Cuando la cuenta estuvo pagada, ambos salieron juntos del local.
—Espero que podamos vernos pronto…—enmudeció unos segundos antes de hablar nuevamente —ya sabes, para ver a Daisuke —se apresuró a decir, a lo que Hinata asintió con una sonrisa.
—También espero eso.
Ambos se quedaron en medio del estacionamiento, mirándose fijamente, con mil palabras en la punta de la lengua, pero sin el valor para soltarlas.
—Fue un placer poder hablar contigo.
—Igualmente—dijo Gaara.
Ambos se dieron la mano lentamente y se quedaron así un buen rato antes de que algo inesperado pasara.
—Gaara, cariño.
La expresión de Gaara cambió rápidamente de una luminosa a un rostro amargado.
—Iba pasando y te mire —sonrió ampliamente y lo abrazo por el costado, provocando que el agarre de su mano con la de Hinata se deshiciera —. Oh, veo que tienes compañía. Hace muchísimo tiempo que no te veía, Hinata.
El rostro de Hinata era todo un poema.
Apretó su bolso y forzó una sonrisa.
—Matsuri-san, qué gusto —mintió —. Si me disculpan, tengo que irme. Es tarde —dio la vuelta para ir corriendo hacia su auto, pero fue bruscamente detenida por Matsuri.
—¡Espera, espera! Aprovechando que estás aquí, me gustaría que escucharas esto además de mi marido —dijo haciendo énfasis en la última oración —. Me da gusto dar a conocer frente a ti y a Gaara que…—hizo una pausa mientras sonreía ampliamente y los miraba a los dos —¡Vamos a ser papás!
—¿Qué? —dijo Gaara en un hilo de voz.
—Lo que escuchas amor, seremos padres al fin — llevo la mano hasta su vientre plano mientras sonreía de oreja a oreja, admirando felizmente por el rabillo del ojo la expresión afligida de Hinata.
—Vaya, en hora buena. Muchas felicidades, Matsuri y Gaara —miro al último con una sonrisa triste —. Que les vaya muy bien en esto de la paternidad, es todo un lío pero es hermoso. Me retiro, realmente es tarde. Adiós. —después de su apresurada despedida, casi corrió hasta su auto mientras que Matsuri se despedía con una gran sonrisa mientras agitaba su brazo.
Gaara estaba hecho piedra sobre su lugar, pensando en lo mucho que odiaba estar casado con Matsuri.
Ino y Sakura se miraron entre sí para después girar sus miradas hacia la peli azul que yacía sentada sobre el sofá. Su expresión era afligida, ni siquiera las veía a la cara. Mantenía su vista en un punto lejano y a penas había hablado después de relatarles lo que había sucedido con Gaara.
—No lo entiendo —murmuró Sakura —. Todo este tiempo se ha rumoreado en la empresa que Gaara no quiere a Matsuri. ¡Incluso él se quedaba a dormir en la empresa con tal de no regresar a su casa!
—Ya lo has dicho, solo son rumores —murmuró la Hyuga —. A-además, no le tomen tanta importancia al asunto. Él tiene derecho a tener cuantos hijos le plazca con Matsuri. No hay que escandalizarse. Ellos son marido y mujer, después de todo…
Ino la miró con tristeza.
—¿Y tú estás bien?
—¡Claro que estoy bien! ¿Por qué no debería de estarlo? Estoy contenta de que al fin Gaara y yo mantengamos las paces por Daisuke —sonrió forzadamente —. Ahora solo falta que encuentre el momento perfecto para hablar con mi hijo de su padre.
—Oye —Sakura alargó su mano para tomar la mano de Hinata —, tómate tu tiempo. Sé que Gaara quiere que sea pronto, pero más vale que medites bien las palabras que le dirás a Daisuke para explicarle que su padre quiere conocerlo. El es un niño muy lindo y tierno, un niño que te ama. Él entenderá y no se molestara.
Hinata devolvió el apretón.
—Eso espero.
Después de unos segundos de silencio, se pudo escuchar la puerta de la habitación siendo abierta.
—¿Mami?
—¡Daiuske! —nombró alarmada, pensando que quizá él había escuchado algo de su platica —¿Q-que pasa?
Daisuke sonrió hacia las tensas amigas de su madre y después caminó hasta ella.
—Solo quería verte —le dijo con las mejillas sonrojadas.
—¡Pero que mono! —exclamó Ino con corazones en sus ojos.
—Idéntico a su madre —dijo Sakura con una sonrisa.
Hinata sonrió aliviada y asintió hacia su hijo para extender sus brazos hasta el.
—De acuerdo, aún es temprano. Quédate aquí un rato y después a la cama porque tienes que levantarte muy temprano. ¿Estás contento de al fin poder entrar a la escuela?
—¡Si! —exclamó con una gran sonrisa —. Ya quiero que sea mañana. Estoy muy emocionado —confesó felizmente.
—¡Eso es muy bueno! Solo promete que serás igual de inteligente que yo y que sacaras las mejores notas. ¡Obtén muchas estrellas! ¿De acuerdo?
—Si, tía Ino —dijo Daisuke con decisión.
—Espera, cerda. ¿Cómo se te ocurre decirle al niño que sea tan inteligente como tú? ¡Tendrías que haber dicho que no sea igual de burra que tú!
—¿Cómo dices, frente de marquesina? ¡Mis notas eran buenas!
—Si, era buenas, pero por qué Hinata te ayudaba con tus tareas e incluso te ayudo un par de veces haciendo trampa en los exámenes. ¡Por eso no reprobaste! Le debes a Hinata tu carrera.
—¿De verdad tu hiciste eso mami? —preguntó sorprendido y curioso el niño a la nerviosa Hinata.
—Cla-claro que no, cariño —río nerviosa —. No escuches a tus tías —le tapo suavemente los oídos.
—¡Tu solo obtenias las mejores notas para que Sasuke te notara! Y aún así, ni siquiera volteo a verte de reojo.
—¡Calla! Que eso no es tan malo a comparación de lo que tú hiciste. ¡¿Crees que no recuerdo que te acostabas con Sai antes de que fueran novios para que te hiciera las tareas de arte y de historia?!
—Okay, esto es suficiente —levantó torpemente a su hijo entre sus brazos para comenzar a caminar hasta la salida de la habitación —. I-iré a acostar a Daisuke, no tardado y por favor, no destruyan el despacho —les pidió antes de salir y cerrar la puerta mientras de fondo se escuchaban los gritos de ambas —. Esas dos…
—Mami, ¿Qué tiene de malo que la tía Ino se acostara con el tío Sai?
Hinata miró con impacto y vergüenza a su hijo.
—¡Da-Daisuke..!
—Tu y yo nos acostamos en la misma cama y no pasa nada. A veces también me acuesto con mi abuela, con mi tía Hanabi y con mi tío Neji. También con mi tanuki.
Hinata sacó el aire retenido con alivio.
—No tiene nada de malo, Daisuke-kun.
Daisuke asintió y dejó que su madre lo recostara sobre su cama y que lo arropara con su edredón color azul cielo. Miró a su madre y sonrió con emoción.
—¿Crees que me vaya bien mañana?
—Te irá estupendo amor —le dio un beso en la frente —. Conocerás a nuevas personas y aprenderás nuevas cosas, aún que dudo que te enseñen algo que aún no sepas —acaricio su mejilla —. Descansa, mañana será un gran día.
—Buenas noches mami.
Hinata le dio otro beso y se encaminó hasta la puerta de la habitación de su hijo. Apago la luz, dejo encendida la lámpara y se despidió con una sonrisa.
—Hasta mañana.
La mañana había comenzado un poco ajetreada, pero no era nada que a Daisuke le asustara o incomodara. Hinata lo levantó y lo vistió con el uniforme escolar que Tenten le había dicho, le preparó un almuerzo y lo puso en su lonchera.
Daisuke iba bien vestido, peinado, con los dientes lavados y su rostro y cuerpo impecables.
Tanta fue la perfección, que Hinata apenas y tuvo tiempo para arreglarse a sí misma.
Lo llevo hasta su nueva escuela y entrego a su hijo a Tenten.
—Recuerda cariño, se educado y obediente. Tu tía Tenten se encargará de que estés bien. Si te sientes mal no dudes en decirle a ella y si algo pasa…
—Vamos, Hinata —Tenten le sonrió tranquilizadoramente —Daisuke estará en muy buenas manos.
—Y no lo dudo —le dijo Hinata —. Es solo que… ya sabes. Las primeras veces de nuestros hijos también son nuestras primeras veces. No puedo evitar sentir nerviosismo. En fin, adiós corazón.
—Adiós mamá —dejó que su madre lo besara sonoramente en la mejilla antes de que esta se fuera, siempre mirando hacia atrás.
—Bien, vamos a entrar. ¿Te parece?
Daisuke asintió lentamente mientras Tenten tomaba su mano.
—¿Sabes? Yo también estoy nerviosa, no olvides que es mi primer día aquí. Pero, no debemos de preocuparnos. Seguramente nos irá de maravilla.
—Si, tía Tenten —Daisuke sonrió más animadamente.
Después de que Tenten se presentara en la dirección, ambos se fueron directamente al aula donde Tenten seria maestra y Daisuke sería un nuevo alumno. Con tan solo parase frente a la puerta fueron capaces de escuchar los gritos y risas de los niños que estaban adentro.
Tenten suspiro y se dio ánimo mientras tomaba la mano de Daisuke y le transmitía el mismo ánimo que se estaba dando para entrar.
Cuando la puerta se abrió, todos los gritos cesaron y en cambio se pudieron escuchar los pasos apresurados de los pequeños niños que corrían hasta sus asientos.
Tenten asomo la cabeza y pudo ver con gracia a todos los infantes en sus respectivos lugares, aparentando ser ángeles.
Entro junto a Daisuke e hizo que se posicionara frente al pizarrón junto a ella.
—¡Buenos días, niños! Mi nombre es Tenten, seré su nueva profesora y este será su nuevo compañero; Daisuke.
Daisuke sonrió con nerviosismo, pero su sonrisa se borró poco a poco al captar entre los niños tres pares de ojos que no lo miraban con mucho gusto.
Continuará...
N/A: ¡Hola! ¿Como estan? Espero que muy bien. ¿Que les ha parecido el capítulo? ¿Que opinan de la tregua de Gaara y Hinata? ¿Y sobre el falso embarazo de Matsuri?
Respuestas:
Princesa del Tikal:Lo se, lo se. Pronto le daré a Hinata y Gaara un descansito de tanto drama ;)
aty: Muchas gracias y espero no haber tardado demasiado en actualizar :)
Rose101226: Creo que aún falta un poco para que ambos puedan estar completamente juntos. Aún falta por ver qué es lo que Gaara hará al saber que Matsuri está "embarazada".
Valerie Hyuga Senju: Yo tambien quiero que Gaara sufra un poco de celos, así que no te sorprendas si pronto pongo a Toneri y a Hinata en una situación comprometedora ;) Muchas gracias, Valerie. Espero que este capitulo te haya gustado :D
Kimiyu: Tenía muchas ganas de escribir sobre una Hinata más humana así que creo que lo estoy logrando. Ella es buena, pero comete errores como cualquier otra persona. Tu comentario está lleno de razon, Hinata tiene todas las de perder, pero ella no quiere darse cuenta de eso. Piensa que por el hecho de ser solo ella quien crió a Daisuke, tiene todo el derecho de decidir si Gaara lo ve o no. Muchisimas gracias por tu comentario, espero que este capitulo te haya dejado igual de cautivada :D
fran. sanchez: A mi tambien me da mucha pena, pero es lo que se ha buscado al cometer actos tan egoístas. Y si, asi somos los humanos, impredecibles, egoístas y con ideas que cambian de un dia para otro.
dagorfly: Muchas gracias ;) No me gustan mucho los triángulos amorosos, pero creo que es necesario en esta historia.
Uzumaki yosep: Muchas gracias :D
KattytoNebel: Si, los niños son los que sufren también en estas situaciones. Veamos si Hinata se da cuenta a tiempo del daño que le puede ocasionar a su hijo por tomar ese tipo de decisiones.
¡Muchísimas gracias por sus comentarios, los amo un monton!
¡Hasta luego!
