[Capítulo 12]

Género: Drama/Romance.

Los personajes de Naruto no son míos.


¡Prepárate para ser reconquistada por Gaara!


El ruido de las múltiples voces encerradas en aquel café tan pequeño hacía que la cien de Temari palpitara repetidas veces. No podía mantener sus ojos y cuerpo quietos, su mente estaba hecha un caos. Tenía una profunda ansiedad, no sabía que decir en un momento como ese.

En esos momentos le encantaría ser Shikamaru, una persona neutral ante cualquier situación, tanto que no debía de pensar muchos las palabras acertadas para cada situación.

Alzó sus ojos olivo lentamente y capturó una de las imágenes más tristes y deplorables de su hermano. Su rostro ponía más atención a la gran ventana que tenían a un lado de su mesa y sus ojos se veían mucho más opacos que de costumbre. Sin duda, su hermano estaba llegando al límite.

Bajó la mirada, sintiendo tristeza y culpabilidad cerniéndose dentro de ella.

Se maldijo a sí misma incontables veces en ese pequeño lapso. Se suponía que ella era la hermana mayor, la persona que debía de estar siempre al lado de sus hermanos para brindarles apoyo y soluciones, pero en ese momento se sentía la persona menos competente del mundo entero.

—¿Qué harás? —soltó, siendo eso lo mejor que pudo decir.

Lo observó suspirar levemente para después desviar sus muertos ojos hacia ella.

—¿Qué puedo hacer? Aceptar las cosas como ya están hechas.

Su hermano había acudido desesperadamente hacia ella para que le diera algún consejo. ¿Y que hacia ella? Ser una completa estúpida sin ninguna respuesta a sus problemas. Quería con toda su alma poder ayudar a su hermano pequeño, pero estaba en blanco. "¿Qué puedo hacer?" Fue la respuesta de Gaara y el mismo pensamiento que ella tenía.

—Yo... no creo que debas de aceptar algo que no te hace feliz —dijo tratando de que las buenas palabras fluyeran solas —. Sé que no amas a Matsuri, y sé que quieres estar con Hinata, deberías de divorciarte.

—Matsuri está embarazada de mí y la empresa está en juego. No puedo divorciarme por más que lo desee.

Temari aún no concebía el hecho de que su hermano hubiese sostenido relaciones sexuales con esa mujer a la que no podía ver ni en pintura, pero eso no le interesaba. Lo único que le importaba era que su hermano no siguiera atado a una persona y a un futuro tan triste.

—No seas anticuado, Gaara. Puedes divorciarte y hacerte cargo de tu hijo sin problemas fuera del matrimonio. Y la empresa, estoy segura de que podremos sacarla adelante sin el dinero de los padres de Matsuri. La empresa ya tiene suficientes ingresos por sí sola —dijo un poco animada ante lo ultimo, ya que eso era más que cierto. Los millones que su padre había perdido hace años estaban regresando poco a poco. Ciertamente no faltaba mucho para que la empresa no necesitará favores del dinero de la empresa de los padres de Matsuri.

Temari había esperado ver un cambio en el semblante de su hermano, tal vez un ápice de esperanza, pero no, su rostro seguía igual de afligido.

—Tal vez todo eso es posible, pero ¿Qué me asegura que Hinata regresará conmigo? Según tengo entendido, ella tiene un pretendiente.

—¿Te preocupas por un pretendiente? Gaara, eso se puede solucionar ¡Tu eres el amor de su vida! además, eres el padre de su hijo —alargó su brazo y tomó la mano de su hermano para darle un apretón —. Por favor, haz el intento. No renuncies a lo que quieres de verdad, mereces mas que nadie a ser feliz con esa mujer y mi sobrino.

Gaara levantó lentamente su mirada y se topó con los ojos olivo de su hermana, los cuales estaban acuosos.

Él no era tonto, él estaba consciente de lo muy culpable que se sentía Temari. Sabía que ella luchaba para darle los mejores consejos, luchaba para ser el mejor apoyo que pudiese tener. Luchaba constantemente por redimir su supuesta falla como hermana mayor.

Él no creía en esas chorradas de que los hermanos mayores siempre tenían que ser los que llevaran todas las cargas, o los que tuviesen que sacrificarse por los hermanos pequeños. No, él estaba seguro de que los hermanos menores podían ser como los hermanos mayores, así que ella no tenía que sentirse culpable de nada lo que estaba pasando, porque él había hecho eso porque amaba demasiado a su hermana a pesar de no decírselo constantemente.

Le devolvió el apretón, haciendo sobresaltar a Temari.

—Quiero volver a ser feliz, Temari —cerró los ojos — y creo que puedo lograrlo. ¿Podrías ayudar a tu hermano menor en este gran problema?

Temari lo miró con sorpresa durante varios segundos antes de sonreír ampliamente al mismo tiempo que tiraba lágrimas.

—Jamás volvería dejar solo a mi hermano menor cuando más me necesita en su vida.


Hinata pasó su ansiosa mirada por la amplia explanada de donde salían todos los niños hacia sus madres o padres. Por más que se parara de puntillas o se acercara hacia la salida del lugar no podía ver a su pequeño hijo.

Sabía que no debía de preocuparse, que Tenten estaba con él, pero no pudo evitar sentir miedo estúpidamente.

Se sobresaltó al sentir que dos pequeños brazos aprisionaban sus piernas descubiertas debido a la falda de la oficina. Bajó la mirada y sonrió con alivio.

—Daisuke-kun —exclamó contenta cuando lo vio alzar su feliz rostro —¿Cómo te fue en tu primer día? —cuestionó entre una mezcla de emoción y preocupación.

—Muy bien, okaa-san —respondió con una sonrisa gigantesca—. Hice un amigo nuevo, se llama Dauchi y tiene el cabello marrón. Es muy ruidoso, pero me cae muy bien.

—¿De verdad? —preguntó con entusiasmo y alegría al saber que su pequeño había tenido un buen primer día en la escuela.

Daisuke asintió.

—¡Es muy divertido! ¿Podemos invitarlo después a casa, mami?

—Por supuesto cariño — tomó la mano de su hijo y comenzó a caminar hacia su acto —. ¿Dónde está la tía Tenten?

—Ah, me dijo que no te preocuparas, que se quedaría a una junta de maestros.

Hinata asintió con tranquilidad.

—¡Hoy la tía Tenten nos contó un cuento y después escribimos nuestros nombres en kanji! Nunca había escrito mi nombre en japonés, pero me salió muy bien. ¡Me salió tan bien que le pregunte a tía Tenten que si podía quedarme con la hoja para que la puedas pegar con un imán en el refrigerador!

—¡Eso es fantástico! —exclamó, contagiada por el entusiasmo de su pequeño. Abrió la puerta trasera del auto y ayudó a su hijo a subir —. Tu primer trabajo de la escuela, estoy completamente segura de que tu abuela y tu tía estarán muy felices de ver tu trabajo —lo ayudó a abrochar el cinturón de seguridad.

—¡Lo sé! —soltó una pequeña sonrisa —. Me gustaría que el abuelo Hiashi también pudiese verlo.

Los movimientos de Hinata se congelaron lentamente y su mirada se tornó melancólica.

—¿Sabes? Creo que el puede verlo y seguro esta feliz de tener un nieto tan inteligente como tú.

—¿De verdad? —preguntó esperanzado el ojiverde.

—Claro que sí, amor —le dio una sonrisa y ladeó su cabeza —. ¿Sabes otra cosa? Creo que ha pasado el tiempo suficiente para que pueda llevarte a una parte.

—¿Qué parte? —preguntó entre curioso y ansioso el pequeño.

—Ya verás —le sonrió tiernamente y después rodeo el coche para subirse en el asiento del piloto. Encendió el motor y arranco el auto, manejando directamente al lugar donde su padre yacía enterrado.

Antes de llegar se aseguro de comprar unas flores para la tumba de su padre. No sabía cuales le gustaban, pues obviamente su padre no era de esos hombres que dijera que tipo de flores eran sus favoritas, así que escogió unas que significaran algo bello y especial.

Compró un bello ramo de rosas rojas. Si, rosas rojas. No era lo que cualquiera esperaría que alguien comprara para llevarle a un difunto, pero Hinata creía que esas eran especiales, que esas estaban bien. Con esas rosas le transmitiría a su padre toda la gratitud que siente hacia el después de haberle perdonado años de mentiras. Con esas rosas cerraría un doloroso ciclo que aún la seguía afectando. Debía de ver hacia adelante, por su familia, por ella y por su querido hijo.

—Entonces... el abuelo Hiashi está aquí —preguntó el pequeño, observando la lapida que tenía grabado el nombre de su abuelo y la fecha de su nacimiento y muerte.

—Sí, su cuerpo está aquí, cariño —le acarició sus cabellos y después se inclinó a dejar las rosas —. Sé que nunca has venido a un sitio como este, así que te diré que es lo que se hace aquí —tomó su pequeña mano e hizo que se arrodillara con ella —. Vamos a rezar por el reposo de las almas de nuestros ancestros y por el alma de tu abuelo. Cierra tus ojos y sólo di en tu mente lo que nazca de tu corazón.

Daisuke miró a su madre dudosamente unos segundos antes de asentir y hacer lo que ella le dictaba. Cerró sus ojos y juntó sus manos mientras su madre hacia lo mismo. Rápidamente

pudo sentirse relajado al comenzar a hablar con su abuelo sobre sus días sin él y sobre lo bien que le había ido en la escuela en su primer día.

Una vez terminada la oración, su madre le sonrió tiernamente.

—Cuando te sientas triste o solo puedes venir aquí a hablar con tu abuelo. Él siempre va a escucharte donde quiera que estés, pero yo siento que esta es la manera en que podemos estar más cerca de el de alguna forma.

—¿Puede escucharme?

Hinata asintió segura. No sólo daba una afirmativa a su pregunta porque fuera su hijo, sino porque realmente lo pensaba. Realmente sentía que su padre la escuchaba desde que se había ido.

"Padre, muchas gracias." sonrió sutilmente mientras una suave brisa acariciaba su rostro y cabellos.


La chica de ojos perlas alzó su mirada y se encontró con su amable secretaria con unos documentos en sus manos. Le sonrió y le indicó que pasara para después continuar tecleando su ordenador. Llevaba con la mirada puesta sobre la pantalla desde hacía casi dos horas sin parar. Sabía que a ese paso necesitaría anteojos muy pronto, porque de hecho ya se estaban presentando los estragos de forzar la vista sobre la luminosa pantalla y las pequeñas letras que aparecían al teclear.

—Se ve algo cansada Hinata-sama, ¿gusta un café?

—Me harías un gran favor, Meri —le sonrió agotada y agradecida.

La chica le sonrió y dejó los folders sobre su escritorio antes de dar la vuelta para caminar hasta la pequeña mesa que contenía su cafetera personal dentro de la oficina. Escuchó el sonido de su taza color azul cielo y el sonido del agua caliente vertiéndose.

Hinata despegó su mirada del ordenador para ver los documentos sobre su escritorio, los cuales estaban pulcramente acomodados. Tomó unos y comenzó a revisar las estadísticas. Si bien era cierto que ella había decidido seguir los pasos de su padre como empresaria, admitía que no era un trabajo fácil y mucho menos desde que fue nombrada una de las jefas de la gran empresa.

A penas llevaba dos meses trabajando ahí y ya deseaba unas vacaciones lejos de tantos papeles y del sonido de los teléfonos sonando a cada instante.

—Aquí tiene.

—Muchas gracias —aspiró el aroma de su café y soltó un suspiro de satisfacción.

—Ahora me retiro —le dirigió una corta reverencia y después se fue de la oficina.

Le dio un calmado sorbo a su humeante café, disfrutando del sabor que se esparcía por sus papilas gustativas.

Podría parecer una señora al decir eso, pero le fascinaba el café. Era su mayor fuente de energía y lo único que la mantenía de humor.

Dicho humor se agitó un poco al escuchar el sonido de su teléfono sonando y sacándola del dulce placer del letargo. Soltó un suspiro frustrado y dejó su taza sobre el pequeño plato de porcelana antes de tomar el teléfono para ponerlo en su oreja.

—¿Qué pasa, Meri?

—Hay una persona que quiere verla, Hinata-sama.

Hinata alzó una ceja con curiosidad. ¿Quién iría a verle en horarios de trabajo?

Ino era lo suficiente insensata como para hacerlo, pero dudaba que fuera ella ya que se encontraba trabajado en el hospital al igual que Sakura en la empresa de Gaara. Dudaba que alguno de sus otros amigos fuera a verle, ellos le avisarían antes, a menos de que fuera una emergencia.

Eso último la alarmó un poco.

—Hazlo pasar.

—Enseguida Hinata-sama.

Terminó la llamada y alzó su expectante vista mientras tomaba su taza de café para darle un trago.

No creía que fuese su primo o hermana ya que Meri los conocía, era obvio que los anunciaría por sus nombres.

Decidido dejar de pensar y esperar los cortos segundos que faltaban para que la persona entrara por esa puerta de frente. Dicha persona entró al mismo tiempo que ella dejaba su taza sobre el escritorio, cosa que agradeció mentalmente ya que, de haber sido de otra forma, probablemente hubiese soltado la taza debido al pequeño respingo que dio sobre su silla.

—Temari-san —nombró con impresión, observando a la incómoda rubia acercarse hasta su escritorio.

El silencio se propagó por toda la habitación antes de que Temari carraspeara de una manera casi inexistente.

—¿Puedo sentarme? —preguntó, a lo que ella asintió aún confundida. La rubia suspiró y tiró de la silla para sentarse como toda una dama. Alisó nerviosamente su falda color borgoña y después alzó sus ojos olivo —. Obviamente te preguntas porque vine aquí, es comprensible.

Hinata asintió, sin saber qué más decir.

—No me gusta meterme de más en lo que no me incumbe, pero resulta que esto si lo hace y mucho, aunque tú debes de pensar en que soy una loca entrometida. Eso también es comprensible —tragó saliva —. Sé todo lo que ha pasado entre mi hermano y tú, y déjame contarte que, mi hermano, jamás ha sido una persona especialmente abierta. Él no es muy fan de contar sus sentimientos y problemas, aunque creo que eso ya lo sabes, así que entenderás la magnitud del problema como para que Gaara se tenga que desahogar con su hermana mayor. Sé que has estado en contacto con él, sé que llegaron a un acuerdo y sé que te enteraste de que Matsuri, —se contuvo para no pronunciar su nombre de una forma despectiva — está embarazada.

Hinata estaba en completo shock. ¡No estaba entendiendo nada! Claro que sabía que Matsuri estaba embarazada, ella lo escuchó y, joder, dolía mucho recordar esa trágica escena después de haber tenido un almuerzo tan lindo con Gaara, pero así eran las cosas. ¿Para qué venia Temari a recordárselo nuevamente?

Temari suspiró y puso su mano sobre el escritorio de madera.

—Gaara aun te ama, te ama muchísimo. ¡No tienes una idea de cuanto!

Las cejas de Hinata subieron de la impresión y su boca se entreabrió.

Inevitablemente sus mejillas se sonrojaron.

—Él lo dice sin ningún tipo de pudor. Lo dice sin titubeos todo el tiempo. Te ama —cerró lentamente los ojos — y quiere estar contigo y con su hijo, pero para eso necesita que tú también estés dispuesta a estar con él.

—Él... él está casado —sus labios se fruncieron — Matsuri está esperando un bebé de él. No hay posibilidad de que yo acepte ser su querida.

—¡Él no te quiere como su querida! Él nunca ha amado a Matsuri, siempre ha estado con ella por culpa de... —apretó la mandíbula. Por culpa suya, era obvio, pero no tenía las agallas de decirlo. No quería que Hinata la odiara — sabes que nuestro padre lo obligó a casarse con ella —la miró a los ojos —. Él quedó muy afectado cuando te fuiste. Se encerró por semanas en su habitación y estoy segura de que lo escuche llorar muchas noches. Créeme, Hinata. Te ama mas que a nadie en el mundo, de eso estoy segura.

Y ella lo amaba a él. ¡Kami sabía cuánto lo amaba! De verdad que lo hacía, pero...

—Lo lamento, Temari. No puedo aceptar a Gaara de regreso en mi vida, no de esa forma —trató de hacerse la ruda, de no lagrimear, pero ya sentía los ojos húmedos —. Él está casado y espera un nuevo hijo.

—¡Está dispuesto a divorciarse de Matsuri!

—Ese niño merece tener una familia como la que Daisuke-kun no pudo tener —bajó su mirada —. No seré yo quien arruine el futuro de ese bebé. Lo lamento —alzó nuevamente su mirada —. Si es todo...

Temari frunció el ceño y se levantó bruscamente de la silla.

—Estás siendo muy egoísta. Tú también lo amas, puedo verlo en tus ojos. No me engañarás a mi —tomó fuertemente la correa de su bolso —. Escucha, esto no termina así. Gaara hará todo lo posible por recuperarte y yo voy a ayudarlo, así que prepárate Hinata —esta vez sonrió, desconcertando a la Hyuga —. Prepárate para ser reconquistada por Gaara —y una vez terminó de hablar, salió de la oficina, dejando a Hinata con el corazón acelerado y con las mejillas calientes.


—Como ya saben esta semana es la semana cultural y de actividades — Tenten se puso frente al pizarrón y comenzó a anotar sobre él —. Hoy todos trajeron a sus mascotas para presentarlas, cosa que ya fue cumplida con éxito —tachó eso del pizarrón —. Akemi trajo a su hámster, Yukiteru a su tortuga, Daisuke a su Komodo...

Todos los niños voltearon a ver a Daisuke, quien sonrió con nerviosismo mientras su Komodo descansaba perezosamente sobre su escritorio. En un principio había pensado que llevar Kiku a la escuela como su mascota sería demasiado raro ya que Kiku... era de todo menos común, pero era preferible llevar a su calmado Komodo que a su inquieto y energético perro gran danés.

Aunque nunca se imaginó que todos lo verían de esa forma tan rara.

Una gota de sudor escurrió por su nuca.

—Oye, creo que mi iguana se siente atraída por tu iguana gigante —susurró Dauchi, quien sostenía con fuerza a su iguana, la cual quería zafarse de su agarre para aparentemente saltar sobre Kiku.

—Kiku no es una "iguana mas grande". Es un dragón de Komodo —le respondió algo ofendido.

—Si, como digas —saco su lengua y después trato de tranquilizar a su enamoradiza mascota.

—...entonces mañana nuestra siguiente actividad será traer a su papá para que hable sobre su profesión.

Todos los niños comenzaron a hablar entre sí al escuchar cuál sería la siguiente actividad de esa semana. Todos, menos uno, quien era Daisuke. El pequeño se quedó en blanco, sin saber realmente que decir u opinar al respecto. Al parecer ahí todos tenían un padre y eso lo hacía sentir de alguna manera celoso y hasta... triste.

¿Por qué todos tenían un papá y él no lo tenía?

Mientras que Daisuke se encontraba cabizbajo, dos personas notaron lo triste que se veía.

Tenten, quien lo miraba con tristeza y otro niño, quien lo miraba con una ceja alzada y con cierto brillo de maldad en sus ojos azabaches.


Continuará...


N/A: Lamento que el capítulo quedará tan corto, prometo compensarlo en el próximo capítulo, al igual que prometo actualizar más pronto ;)

Agradecimientos a: Princesa del Tikal, PrincessMico, Dolunay, Valerie Hyuga Senju, Funimis, aty, fran. sanchez

¡Un agradecimiento especial a mi Beta, Valerie Hyuga Senju!

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