¡Buenas minna-san! Esta vez actualice mas rapido D: jejeej Espero les guste este nuevo capitulo del arco "The House of Laments" y que lo disfruten como yo lo hice al escribirlo.

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Muchas gracias a todos los que se toman un tiempo y leen mi historia y mas para los que me dejan sus opiniones ¡Las aprecio mucho! Espero sus reviews de este cap con ansias :)

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Disclaimer: Los personajes de diabolik lovers no me pertenecen, solo Ahome y el giro que le voy formando a su historia.

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CAPITULO 22

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Un joven corrió buscando un cuarto, en cuanto lo encontró se metió en el y cerró la puerta. Al entrar tan abruptamente no pudo evitar toparse con algunos objetos, que lo desconcentraron por un momento.

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-¿Qué diablos? ¿¡Ah!?

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Se sobresalto un poco y se puso a la defensiva al escuchar cómo se abría la puerta rápidamente. El nuevo habitante, entre jadeos por el cansancio, cerró la puerta con llave y se apoyo sobre esta. Luego de unos segundos intento moverse pero también se golpeo con lo que parecían ser cajas.

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-¿¡Que rayos es todo esto!? – Se quejo y al escuchar un resoplido se alerto - ¿Quién está ahí?

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-Ah… solo eres tú, Kou – murmuro el joven.

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-¿¡Subaru-kun!? –dijo sorprendido el rubio no pudiendo visualizarlo bien, pues era una habitación que estaba completamente a oscuras - ¿Por qué te quedaste callado todo este tiempo? – Refunfuño - ¡Cierto! ¿Hay alguien más contigo? ¿Por casualidad… -quiso seguir preguntando pero lo detuvo.

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-No, no hay nadie mas – contesto secamente totalmente frustrado por la situación.

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-¡arg! Entonces iré a buscarlos – sentenció decidido. Pues la incertidumbre por saber si sus hermanos y prima habían logrado tomar refugio lo estaban sofocando.

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En cuanto quiso girarse la marca de hora de un reloj comenzó a sonar con fuerza. No sabían de donde provenía, pero a los pocos segundos se detuvo dejando un silencio desolador en su lugar. Las dos horas habían empezado. Entonces, los dos, supieron muy bien que solamente les quedaba esperar que el tiempo transcurriese rápidamente.

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-¡TSK! ¡Maldición! – exclamo Subaru golpeando algo a ciegas.

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The House of Laments: Segunda parte.

"Déjà vu"

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El rubio murmuro algunos insultos y se paso la mano por el cabello con exasperación; todo era una porquería. Miro a sus costados sin poder visualizar nada en concreto.

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-Subaru-kun –llamo sin su cantarín tono usual - ¿Viste a alguien más en los pasillos? – pregunto y recibió un "no" por respuesta. –Lo suponía, yo también me separe de los demás al girar por esa esquina – lamento internamente – Bueno, de seguro Ruki-kun y los demás consiguieron refugio a tiempo.

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-Ja, eres bastante optimista –bufo el albino ganándose una mirada de odio que no podía "contemplar" – Por otra parte… ¿Dónde rayos estamos? Este lugar está repleto… ¡Ah! ¡Tsk! – se quejo al toparse con otra caja – ¡Estas porquerías!

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-Si sigues moviéndote a la ligera continuaras golpeándote~ - advirtió con cansancio – Espera… - se detuvo en seco. Ellos eran vampiros, podían ver muy bien en la oscuridad sin embargo… ahora no podían ver casi nada. – Caray… esto no es para nada bueno.

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-¿Eh?

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-¿Tu tampoco ves bien, verdad? – al no recibir respuesta hizo un puchero con la boca - ¡Si no hablas no podre saberlo! Por si no te has dado cuenta no puedo ver bien… - escucho un "¡Tks!" – y al parecer tu tampoco.

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-Tal vez haya un campo de energía o algo que suprima nuestros poderes – pensó en voz baja el ojis rojos- Arg ¡Maldición! –volvió a chocarse con algo – tiene que haber algo… - refunfuño buscando en sus bolsillos su celular. Intento prenderlo varias veces pero este no respondía, incluso estuvo por lanzarlo. -¡Kou! ¿Tu celular funciona?

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-¿Ah?~ eso fue lo primero que intente – comento con resignación- Vaya que eres lento, Subaru-kun. – dijo negando con resignación mientras lo escuchaba tropezarse con mas objetos.

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Intentaron moverse por el cuarto mientras buscaban alguna fuente de luz. Y después de mover, lo que probablemente eran cofres, Subaru visualizo un pequeño destello de luz. Le aviso al rubio que de inmediato lo ubico y se dirigieron a él.

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-Vaya, que originales – comento sarcástico el ojisrojos- ¿A quién se le ocurre poner una ventana justo ahí?

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Había una pequeña ventana redonda en el techo. Aunque la distancia entre ella y el techo, que divisaban ellos, era algo profunda. No existía la posibilidad de pasar a través de aquel pequeño cilindro ni de por casualidad. Los dos eran bastante "grandes" y aunque lo hicieran no podían volar para seguir impulsándose hasta alcanzar el vidrio.

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-Hm… -esbozo, Kou, observando el recuadro de esta. Aunque fuera más refinada, seguían siendo barrotes.

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Narra Kou:

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En cuanto la vi me sentí nuevamente en las alcantarillas. La distancia entre el techo y la ventana eran cortas pero aun así parecía tan lejana e inalcanzable. Intente fingir indiferencia pero un reflujo subió por mi garganta al recordar el sabor de esas aguas residuales que bebía a diario. "Ya no estoy ahí" me dije mentalmente y deje de prestarle atención. Con la poca luz que dada, intente encontrar algo que nos sirviera para iluminar la sala.

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-Subaru-kun – lo llame en cuanto recordé que no estaba solo – ve si puedes encontrar una vela o algo – prácticamente le ordene en cuanto comencé a buscar. Ignore su pequeño berrinche intentando alejar a los recuerdos que amenazaban por asomarse esa noche.

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Después de unos minutos, el albino encontró dos velas y casualmente a su lado unos fósforos. Y yo un candelabro muy antiguo. Separamos un poco las cajas que nos rodeaban y prendimos una. Al hacerlo, la luz se expandió con su calor. Mire hacia los costados y note muchas cajas, cofres y muebles; al parecer era una especie de depósito.

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-Generalmente los depósitos están en un subsuelo… -murmuro Subaru también escrutando con la vista el lugar, lo mejor que podía.

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-Si… es bastante raro… - dije y me gire a verlo – ¡Woow! – retrocedí un paso hacia atrás.

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-¿Qué? – pregunto algo alerta.

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-¡Realmente te ves terrible, Subaru-kun! – exclame y este revoleo los ojos para después fruncir su entrecejo. El albino estaba cubierto de polvo y con la ropa algo desordenada, sin mencionar su cabello.

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-¡Tsk! ¿Y eso qué? Además tu tampoco estas "impecable" – se bufo de mi señalando mi rostro. ¡Era injusto! No tenía ni un espejo para fijarme. Pase la mano por mi rostro y cuando la mire estaba llena de tierra. Una pequeña risa me advirtió que lo estaba divirtiendo. ¡Lo que faltaba! Bueno, prefería eso a sumirme en mis caóticos pensamientos.

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Luego de eso, nos hicimos más espacio y nos sentamos en el suelo uno en frente del otro. El Sakamaki menor uso de respaldo uno de los muebles y yo me senté en posición india; no quería tocar mas nada de ahí. Inmediatamente el silencio nos envolvió con todo lo que conllevaba eso. Me centre en la pequeña llama que generaba esa vela. Se mecía suavemente, de un lado a otro, hipnotizándome con su danza; me recordó a cuando incendie el cuarto del orfanato.

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Negué molesto intentando desterrar ese pensamiento de mi mente "¡Ya basta!" me recrimine intentado controlarme. Sin embargo el atento silencio parecía querer abrazarme aun más. Era un vampiro, se suponía que no debía sentir las bajas temperaturas y si lo hacía debía ser levemente. Supuse que mi cuerpo no olvido los años que pase como un humano y me lo hacía saber muy bien. Recordé el frio piso, como sentía que los dedos de mis manos y pies en cualquier momentos se quebrarían y la helada brisa quemándome por dentro en cada bocanada de aire.

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Sin darme cuenta cerré los ojos y me abrace a mi mismo intentando conservar el poco calor de mi cuerpo. Respire hondamente "deleitándome" con aquellos crueles recuerdos. Sentí como se me estrujo un poco el pecho y abrí los ojos desmesuradamente rápido. Apreté un poco mis manos para asegurarme que lo que estaba viviendo no era un sueño. Suspire sonoramente y mecí mi cabeza de un lado a otro intentando destensarme. Bien, también recordé que estaba acompañado. ¡Pero vaya compañía! El albino había contribuido a que ese silencio sepulcral me atormentara. Apreté mi puño fuerte y volví a mi posición inicial.

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-¡Si que eres terrible! – vocifere con el entrecejo fruncido y al fin se digno a mirarme. Todo ese tiempo se la había pasado con los ojos cerrados como si estuviera durmiendo.

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-¿Qué? – gruño prácticamente.

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-¡Eres un pesimo amigo! – me queje usando la palabra que el detestaba- No se como Aho-chan hace para soportarte– murmure haciendo un puchero con mi boca al final.

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-¿¡AH!?- se sobresalto indignado. ¡Bien! Si no se podía hablar con él, civilizadamente, así lo haría aunque terminara a los golpes. Prefería eso antes que dejar que el silencio me atormentara nuevamente. - ¿Qué ella me soporta? ¡Yo tengo que aguantármela en clases y encima en el receso! No tienes la menor idea de lo que es eso para mí.- mascullo sumamente irritado.

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-¿Cómo te atreves a hablar así de mi Aho-chan? ¡Eres un imbécil! – exclame algo molesto. Aunque mucho no podía defenderla, porque sabía muy bien cuáles eran sus mañas, no me gusto que hablase así de ella. Después de todo, el nos robaba bastante de su tiempo en la escuela – No tienes la mas mínima idea de la suerte que tienes, pero solo es eso "Suerte" – le aclare para que no se creyera mucho por eso. .

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-¿Acaso estas escuchando lo que dices? Yo no lo considero suerte – murmuro removiéndose en el piso – No tienes idea de cuánto me fastidia- dijo desviando su mirada.

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-Lo mismo digo – dije orgulloso – ¡Es mejor que sea así! Eso significa que no te interesa y que no le harás absolutamente nada- susurre sintiendo un gusto amargo en la garganta – Porque si le haces algo… tendría que matarte, Subaru-kun – declare clavando mi mirada seria en la suya.

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Me reí internamente al verlo desconcertado por un momento. ¿Con que tono lo habré dicho que se quedo así? Bueno, eso no me importaba, las palabras habían salido de mi boca sin ni siquiera pensarlas. Aunque no había mucho que pensar… Sin embargo creí que para poder seguir contrarrestando al silencio debía hablar.

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-¿Tu matarme a mí? ¡Como si eso fuera posible! – comento con el entrecejo aun mas fruncido- Además… no me interesa, así que no hace falta ese estúpido intento de amenaza –dijo algo apuradamente mientras bajaba su mirada otra vez.

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-Eres terrible mintiendo, Subaru-kun. –afirme sin querer, muy a mi pesar. El contrarío observo sorprendido la vela, cerro fuertemente los ojos y bufo exasperado. Luego me miro nuevamente con algo que parecía ser confusión e irritación. Y lo considere, podría usar los poderes de mi ojo derecho y quitarme todas las dudas de antemano. Solo sería un segundo y averiguaría todo lo que quisiera. Corrí un mechón de mi cabello y lo recordé; no podía hacerlo, nuestros poderes estaban limitados. Reí maliciosamente y acune mi rostro entre mis manos al apoyar los codos en las piernas.

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-Solo bromeaba~ - canturreé con burla – Aunque… no en la parte en la que te mataría si le haces algo. Así que ten cuidado~ –aclare para que no se le olvidase. El ojisrojos revoleo los ojos, otra vez, y murmuro algunas cuantas maldiciones.

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Un sentimiento de angustia se alojo abruptamente en mi pecho; esto no terminaría bien. Tanto las palabras como los recuerdos luchaban por tomar control sobre mí. Era sumamente frustrante. Debía recordarme una y otra vez que ya no estaba solo y que las cosas en realidad no eran como las planteaba, en ese momento, mi mente. Sin embargo era inútil.

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En el medio de mis cavilaciones escuche algo removerse por la habitación. Tanto yo como Subaru miramos a nuestro alrededor, cuanto nos permitió la luz de la vela. Un leve rasgar de uñas y un chirrido se oyó a lo lejos.

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-Uh… debe ser una rata o algo así –dijo el albino restándole importancia – es normal, viven en el medio de la porquería.

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Su comentario aunque pareciera normal, para mí no lo fue. Sabia identificar esos sonidos muy bien… tan bien que podía ignorarlo con facilidad. Trague grueso e intente no prestarle atención a los chirridos del roedor.

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-Tal vez es otra cosa… -murmuraron mis labios sin permiso.

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-No lo creo. Este lugar es como un almacén que está lleno de basura y esas criaturas prefieren estos lugares sucios para vivir. Como los basureros, sótanos, alcantarillas o casas abandonadas –comento sin saberlo bien- ¡Tsk! Qué repugnante.

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-En ese caso… - esboce observando fijamente el fuego - ¿Estás diciendo que cualquier cosa que viva en el medio de la basura es como una rata? – Los recuerdos tocaban la puerta de mi conciencia – Después de todo, solo ellas hacen un nido de esa porquería ¿no? Solo son basura ¿verdad? – pregunte apretando mis puños sobre mis piernas.

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-¿Eh? ¿Qué te pasa? – lo escuche decir. Pero aun no podía verlo; la llama de la vela era tan atrayente. - ¡Oye te estoy hablando, caray! –Refunfuño - ¡Solo no le hagas caso y se irá!

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-No… ella buscara comida por los alrededores, no se acercara demasiado pero nos tendrá en la mira por si tiramos algo que pueda servirle –conteste automáticamente- Si la echamos se irá pero volverá al rato.

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Me abrace a mis piernas y sentí asco. Era odioso que algunas costumbres no se me quitaran ni que olvidara esa información que antes era de importancia. Frote mi brazo por inercia y murmure "Detesto estar tanto tiempo sucio"

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-Subaru-kun… - esboce y sentí ese desagradable gusto en la boca - ¿Te gustaría escuchar un cuento? –Estaba por comenzar – Bueno, no es como si tuvieras algo mejor que hacer ¿verdad? ~

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¡Era totalmente patético! Pero… ¿Qué tenia de malo serlo? Mis frías manos y la angustia palpitante en mi pecho me lo advirtieron: Teníamos mas invitados rodeando la luz que proporcionaba la vela.

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Narración Normal:

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El rubio miro con anhelo el fuego y trago en seco. Mientras tanto, el Sakamaki menor, estaba confundido. No sabía que había dicho para que Kou estuviese en ese estado, pues al principio le pareció que estaba intentando provocarlo como siempre. Sin embargo… cuando se abrazo a sí mismo y se quedo embobado viendo la luz se alerto.

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A penas llegaron pensó que no hacía falta una luz o algo mas, debido a que solo debían esperar dos horas. Pero ante la insistente petición del rubio y como no tenía nada mejor que hacer se puso a buscar. En ese momento no había nada específico por lo cual discutir, creyó, además debían intentar tolerarse. A pesar de todo, nunca pensó que todo acabaría así.

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-Bien, empecemos~ - dijo con un tono cantarín distinto del usual – Había una vez un niño, muy pequeño, que vivía en las alcantarillas desde que tenía memoria. Aunque ese no era realmente el problema ¿Sabes? – Canturreo mirándolo con su mirada vacía – El estaba absolutamente solo. No tenia, específicamente, a nadie a quien recurrir cuando tenía hambre o se enfermaba. No, el debía asegurarse el frio piso apestoso donde vivía y dormía – esbozo el rubio y sintió un escalofrió recorrerle la espalda – Comía lo que encontraba, lo que arrojaban las personas de "arriba" y algunas plantas que crecían por ahí. A veces tenía que lidiar con las ratas para que no le robaran lo que tenia ¿No te parece asqueroso? Con tal de mantenerse vivo bebía el agua cloacal y usaba lo que podía para cubrirse y no morir de frio. – un desagradable reflujo paso por su garganta haciéndolo sentir mal – El periódico le servía muy bien para aislarse en las épocas invernales sin embargo se deterioraba muy rápido -

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Subaru no podía hacer más que escuchar. Se pregunto estúpidamente si era él, el niño de la historia, respondiéndose obviamente que sí. Incluso sintió algo de culpa por haber hablado tan despectivamente, pero él no lo sabía ¡No era su culpa! Bueno, tal vez no toda.

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-Quizás otro problema fue que todo lo que lo rodeaba era su mundo, nunca había salido de él. – prosiguió Kou – Aun así tenía algo, algo que lo anima a mantenerse con vida; La boca de la alcantarilla. – señalo haciendo circulo con sus dos manos. Centro su vista, a partir de este, en la llama de la vela. – Era tan reluciente, tan alto y parecía tan inalcanzable… sin embargo era suficiente para que él tuviera esperanza. La típica y cruel esperanza que mantienen los humanos. –Remarco bajando sus manos y sabiendo muy bien que él seguía manteniéndola- ¿Qué habría arriba? ¿Con que clase de gente se encontraría? ¿Encontraría un lugar al cual pertenecer? ¡Eran tantas preguntas las que se hacía! Y esas mismas le infundaban confusión e ilusión; una combinación muy peligrosa para cualquiera… y mas para un niño tan pequeño.

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-K-kou… - trato de llamarlo Subaru cuando noto, en la breve pausa que hizo, que sus ojos se volvieron más oscuros.

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-¡Pero no te preocupes! ¡El salió de ahí! ¡Sí que lo hizo! – exclamo con fuerza y estirando sus brazos hacia los costados. En cuanto lo hizo, los chirridos de los roedores se hicieron más cercanos y algunos raros mormullos se oyeron. El albino inmediatamente comenzó a ver a su alrededor ¿Había mas gente con ellos? El no entendía lo que decían pero al parecer… el rubio sí. Su rostro distorsionado por el disgusto se lo hizo saber. – Pero se llevo una gran sorpresa al darse cuenta de que era completamente diferente a lo que imagino. El era muy ingenuo.

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La luz de la vela comenzó a extinguirse a pesar de quedarle un gran tramo a consumir.

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-Fue muy irónico… una vez que tomo el valor suficiente para salir – murmuro mirando con intriga la pequeña llama- descubrió que el mundo exterior estaba más podrido que la alcantarilla.

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Kou se vio envuelto en un torbellino de emociones y sentimientos encontrados. Hacia frio y el hedor del licor y el cigarrillo, que sentía, hacia que se asfixiara. Miro sus propias manos como si no las conociera, se froto los brazos y cerró los ojos con fuerza ¿Estaba soñando? Acaso, en cuanto abriera los ojos, ¿Se encontraría nuevamente en la cama del orfanato? Se perdió por un momento en ese pensamiento, y en medio de todo eso recordó que le estaba contando una historia a alguien. Y sería muy grosero y cobarde de su parte no terminar con lo que el mismo comenzó. Recordó que una vez lo reprimieron justamente por eso, pero al parecer no podía recordar quién. Sonrió con angustia ante el llamado de su nombre.

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-Fue a parar a un lugar donde habían más niños abandonados como él. Sin embargo… le decían que él era diferente a ellos. Tenía rasgos y una piel más delicados que los demás…. Y al parecer eso era interesante.-Respiro entrecortadamente- El volvió a ser ingenuo. –dijo con un rastro de amargura.

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-K-kou no quiero interrumpirte pero las cosas… - espeto con cuidado el albino. La situación no era del todo buena y el rubio parecía estar completamente en otro mundo. Pensó en sacudirlo o hacer algo para que le prestase atención pero no quería alterarlo más de lo que estaba. ¿Y si lo dejaba inconsciente? Se pregunto y chasqueo la lengua ante la pésima idea. Después el tendría que estar llevándolo a cuestas. Quiso seguir hablándole pero lo interrumpieron.

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-Lo vistieron con preciosas ropas, le daban comida, una cama donde dormir… pero… - el deterioro de su voz fue más notable- No puedes esperar que te den tanto sin tener que dar algo a cambio también ¿verdad? Nada es gratis…

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La vela se apago completamente, dejando como única fuente de iluminación la ventana en el techo.

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-Y-y a pesar de que intento que toda la atención se desviara de él… había personas que pensaban que las cosas más hermosas eran las imperfectas.

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El estruendo de algunos muebles y cajas cayéndose hicieron que el albino se levantara de golpe. Y Kou tomo, con fuerza, su propia cabeza mientras negaba frenéticamente. Aquellos mormullos que Subaru no podía comprender el los oía y entendía a la perfección. Era desesperadamente repugnante.

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-¡Kou, vamos levántate! – intento tomarlo del brazo pero este se alejo rápidamente dando manotazos.

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-¡NO ME TOQUES! – grito con desesperación. Se alejo un poco y choco su espalda contra algunas cajas, cosa que lo sobresalto de sobre manera y lo hizo girar asustado.

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-¡Tsk! ¡Déjate de malditos caprichos y de moverte así! ¡Seguirás tirando cajas! – dijo desesperado. No sabía qué hacer, el ojisturquezas estaba totalmente fuera de sí. Y por más que aquella voz, dentro de el, le exigiera que lo dejara solo y buscara una salida, no pudo hacerlo.

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-¡Deténgase…! ¡Ya… déjenme en paz! – balbuceo el rubio aun con los ojos cerrados e ignorando al albino.

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Parecía que en cualquier momento se quebraría "No hay nada que puedas obtener sin dar algo a cambio" sintió que le susurraban al oído "Esa es la regla del mundo". Se abrazo mas a si mismo, intentando soportar aquel profundo mar de pesadillas y recuerdos que decidieron revivir y atormentarlo sin piedad aquella noche. "Parece que eres un buen chico" los ojos le escocían y los espasmos se hicieron presentes. "Vamos… ven aquí"

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-¡NO! ¡SUELTENME, YA DEJENME POR FAVOR! – Grito desesperadamente. Los mormullos se intensificaron tanto que lo aturdieron. Subaru intento, nuevamente, acercarse pero este otra vez retrocedió y tiro unas cajas que desparramaron su contenido por el piso. No supieron que era, el rubio se tropezó con eso y cayo justo debajo de la ventana del techo. No se había dado cuenta pero retrocedió lo suficiente para llegar al lugar de donde quería alejarse.

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Al parecer el golpe lo hizo reaccionar un poco, levanto su rostro y contemplo, como antaño, el cielo a través de un círculo. ¿Pero qué rayos era todo eso? Sintiéndose completamente frustrado golpeo el piso con fuerza y emitió un grito lleno de impotencia. "¿¡Por qué!?" exclamo con un hilo de voz. ¿Qué nada tenía sentido? ¿Todo había sido un maldito sueño o solo estaba alucinando?

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Al albino la paciencia ya se le había ido cuando lo levanto de la ropa. Lo coloco en frente de el, a pesar de todo el berrinche que este armaba. Palabras como "No me toques", "Suéltame, por favor" lo desesperaban. Claro que escucharlo de una novia sacrificada era distinto, había otro trato y motivo. Pero… la forma en la que el rubio lo alejaba, totalmente despavorido, le hacía recordar un poco a su madre.

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-¡Escúchame bien; soy yo Imbécil! – le grito. ¿Qué debía hacer? Parecía que en cualquier momento, el ojisturqueza, se desmayaría de un ataque de pánico. Sin embargo nada de lo que le decía surgía efecto. Tal vez era la forma en la que se lo decía o que le decía. Maldijo, nuevamente, su falta de tacto y decidió recurrir a la fuerza física. Un duro y conciso golpe resonó en el cuarto. Subaru le había dado un cabezazo a Kou, lo suficientemente fuerte como para atontarlo y hacer que dejara de gritar.

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-¡DUELE! – se quejo tomándose la cabeza. Luego, algo confundido, abrió los ojos y trato de enfocar con la vista al bruto que lo había golpeado. -¿Subaru-kun? Eras tú…-murmuro. No entendió muy bien lo que paso, pero el trance en el que había entrado fue demasiado confuso. Incluso, aun, escuchaba algunas voces pero no tantas como hace unos minutos. En cuanto, el albino, noto que estaba "moderadamente" normal lo soltó - ¡Eres un bruto! Mira que golpear en la cara a un idol es un crimen – dijo frotándose el área afectada.

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-¡Tsk! ¡Entonces no actúes raro! – refunfuño para después suspirar. Kou retrocedió un momento, con intenciones de observar su alrededor, y al hacerlo piso algo que crujió. Al levantar el pie, lo que quedaba de eso, reflejo la poca luz que le brindaba la ventana del techo. El ojis rojos al escuchar un gruñido disconforme exhalo con sorna – Si intentas que no te ocurra "eso" otra vez podemos buscar las velas – propuso ante el evidente malestar del contrario que tenia por esa ventana.

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Entre queja y queja comenzaron a buscar las velas que quedaron por el piso. En eso, el menor de los Sakamaki, se encontró con lo que piso el Mukami. Iba a aparatarlo cuando vio el reflejo de la luz en este. De inmediato aparto el vidrio restante y se acerco a la luz de la irritable ventana.

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-¿Subaru-kun? – pregunto aun confundido por el reciente golpe.

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El albino, giro el objeto y lo reviso reiteradas veces. No podía ser posible; ese espejo era de su madre. Era uno de sus preferidos, uno que le llevaba en cada visita que le hacía para que pudiera "arreglarse". Gran parte de su niñez se la paso observando a su madre detrás de los barrotes, sin poder hacer absolutamente nada. Por eso se esforzaba y cualquier gesto, por más pequeño que fuese, lo hacía. A ella por ejemplo le gustaba peinarse. Pero debido a que usaba, prácticamente, cualquier objeto para hacerse daño no tenía un espejo a disposición. Así que él, cada vez que podía, le sostenía ese en frente de la celda para que ella pudiera peinarse. Claro… eso solo lo hacía únicamente cuando se encontraba medianamente "bien".

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Aun así encontrárselo, todo destruido en ese lugar, hizo que algo desagradable se removiera dentro de el. Se sentía bastante incomodo.

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Narra Subaru:

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¡Tenía que ser una maldita broma! Primero Kou enloquecía, haciéndome recordar a uno de los ataques de pánico de Madre y ahora aparecía su espejo. ¿De dónde…? No me quede con la duda y me dirigí al sector donde lo había encontrado.

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-¡Subaru-kun! Encontré las velas~ - dijo el rubio prendiendo una y acercándose a mi - ¿Qué estás haciendo? – pregunto no de muy buena gana al verme revolver las cajas del lugar. No me importaba que estuviese molesto por el cabezazo que le había dado hace unos minutos. Estaba a punto de colapsar y fue lo único que se me ocurrió. Bueno, funciono y eso era lo que contaba.

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-¿Eh? – Me sorprendí al ver un cofre familiar- ¡Kou ilumina aquí! – le ordene y este se acerco - ¡Debe ser una maldita broma! – era uno de los cofres que tenia Madre en la torre, lo abrí y lo que encontré dentro me angustio.

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-¿Uh? ¿Un vestido?- esbozo pero lo ignore. ¿Por qué estaba su vestido ahí? Lo saque y empecé a revolver el contenido de aquel baúl. Encontré hojas en blanco, y otras con las palabras "Sucia" y "Muerte". Había joyas, peines, adornos y un libro. - ¿De quién es esto? – pregunto sin embargo seguí ignorándolo - ¡Hey! ¡Te estoy hablando! – se quejo.

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-¡Cállate! – le grite y tome el libro. – "Christa" – leí en voz baja la tapa. Con algo de incertidumbre lo abrí, encontrándome todas las hojas en blanco - ¡Tsk! – Lo sacudí un poco y de este cayo un papel. Lo levante descubriendo que era una vieja fotografía. Bueno, no era exactamente eso, parecía un pequeño retrato ya que la textura indicaba que había sido pintado. Pero lo que me llamo la atención de el era el contenido. Reconocí bien a Madre, al viejo y a Ritcher pero no a las otras dos personas que los acompañaban. Los rostros de la mujer y del hombre estaban totalmente despintados, era imposible tratar de reconocerlos. Di vuelta, la imagen, notando que tenía escrito la palabra "Traición" detrás. Ese tipo de letra… también era de Madre, no había duda alguna.

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Sentí como un nudo en mi garganta comenzó a formarse ¿Qué significaba todo eso? Con solo ver al viejo sonreír tan alegremente me sentía completamente asqueado, pero ver a mi progenitora tan ingenuamente feliz fue un golpe bajo. Mire con desagrado todas sus cosas ¿Por qué todo había terminado así? ¿Por qué le sonreía tan ciegamente al malnacido de Padre? ¿Por qué no era capaz de protegerla siquiera?

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Apreté mis puños con fuerza y rezongue una que otra maldición. La impotencia comenzó a correr por mi cuerpo llenándolo de decepción. Deje las cosas en el baúl excepto el espejo. Cada vez que ella se peinaba estaba tranquila, en otro mundo donde no hacían falta los gritos, ni había despreciables hijos de perra intentando corromperla más.

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-Esa no estaba ahí antes… - escuche que murmuro el rubio y lo mire con cansancio – No deberías estar mirándome – me dijo y señalo a una pared.

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Mis ojos se abrieron desmesuradamente cuando me percate de que había una nueva ventana. Nos acercamos rápidamente a ella notando que tenia barrotes, era pequeña y de forma redonda. Pero lo importante era lo que veíamos a través de ella; Un campo de flores blancas, uno idéntico desde donde solía observar a Madre. Sentí como mis manos comenzaron a cosquillear y mis piernas más pesadas. Trague en seco, intentando aminorar ese maldito nudo en la garganta que me estaba atormentando hasta hace poco. Bien, esto no era para nada bueno, en cualquier momento comenzaría a romper cosas si seguía encerrado. Apreté los dientes con fuerza y desvié mi mirada; debía calmarme.

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-¿Qué está pasando…? –murmuro sorprendido Kou. Me gire con cuidado y mi mente se quedo en blanco por un momento.

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En cuanto reaccione estaba pateando con furia, los barrotes de la celda que rodeaba el sector en el que estábamos. Algunas cajas habían desaparecido pero la ventana del techo y unos muebles seguían ahí. ¿Cómo rayos era eso posible? Solo nos giramos un momento. ¿Por qué? Era una celda como la de Madre.

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-baru! – escuche mientras seguía golpeando, desenfrenadamente, la reja. Luego de eso, el rubio intento detenerme pero no pudo. Estaba en una especie de torbellino donde todo lo que había vivido se mezclaba con la locura y la desesperación con la que cargaba.

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-¡MALDICION, MALDICION, MALDICION! ¿QUÉ DIABLOS CON ESTA PORQUERIA? – exclame aferrándome a los barrotes. ¿Qué sentido tenía? Nunca pude desligarme de ese pasado… ¿Por qué lo haría ahora?

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Siempre fui una innecesaria carga, por lo menos así siempre lo sentí. Crecí prácticamente solo, cuidaba de mi madre cada vez que me lo permitían y en mi aumento un gran rencor hacia el viejo. Era sumamente frustrante "¡NO ME TOQUES!" me decía cuando intentaba tocarla para calmarla "¡Esta sucio y quieres seguir ensuciándome!" sollozaba mientras no podía hacer más que quedarme a su lado y mirarla con gran tristeza. ¿Qué niño querría que su madre estuviera así? A veces ella misma me mandaba a llamar para reclamar mi ausencia, confundiéndome aun más de lo que estaba. En ocasiones… simplemente me escondía para llorar solo. Quería escapar de allí y después de todos esos años sigo sin poder hacerlo.

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Las cadenas del pasado son tan solidas que me amarran a un desesperanzador futuro. ¡Estaba tan pero tan molesto conmigo mismo! Odiaba no poder hacer nada, que me despreciaran y dejaran de lado. Por eso… por eso… no puedo dejar que nadie pase la línea, si lo hiciera mi propia ineptitud terminaría destruyendo a esa persona. ¡Es tan odioso! Pero es aun mas irritable saberlo y no hacer nada al respecto. ¿Qué rayos se puede esperar de una persona así? Ni siquiera pude proteger a mi propia madre, ni mantener la relación que tenia con algunos de mis hermanos de pequeño. ¿Qué me quedaba ahora? "Solo miseria" la inescrupulosa razón murmuro en mis oídos.

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A veces pensaba que la locura, como a mi progenitora, me tomaría también si seguía dejándome llevar por mis sentimientos. Por eso… prefiero alejarme antes de terminar destruyéndolo lo que quiero. "Es mejor no dejar que nadie pase la línea" me repetí una y otra vez, sabiendo perfectamente que últimamente estaba fallando con lo que me proponía.

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-¡Que porquería! – Exclame para después reír amargamente- Nada ha cambiado ¿Eh? – me hundía cada vez más en la cruel y descarada impotencia. ¿Habíamos ido a esa mandita mansión solo para eso? ¿Para notar que nada había cambiado en todos esos años? Eso era lo que quería ese maldito viejo hijo de perra ¿verdad? Exhale desterrando todo el aire de mis pulmones y por primera vez observe mis ensangrentadas manos. ¿Tanto había golpeado los barrotes? ¡Qué porquería!

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-Que mocoso mimado eres… - dijo Kou detrás de mí. Realmente no le había prestado ni un poco de atención.

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-Cállate si no quieres que vuelva a golpearte – murmure sintiendo mis músculos resentidos por los golpes que había dado.

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-¡Ahí está otra vez! No me sorprende de un maldito aristócrata – escupió con asco y me gire a verlo de muy mala gana. Si quería que lo golpeara lo haría. - ¿Por qué ese rostro tan dolido? ¿Qué te paso? ¿Te encerraron alguna vez en una celda así que enloqueciste? – Comento con desprecio en cada palabra- ¿Y aun así te quejas? – Iba a matarlo.

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-Escúchame bien maldito imbécil – exclame en voz baja – te lo advierto por última vez, si no quieres que te mate; cállate.

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-No te tengo miedo ni mucho menos me voy a callar ante un prepotente como tu – el rubio bajo el candelabro y me miro seriamente – Dime… ¿Alguna vez te falto algo? ¿Alguna vez temiste a no sobrevivir a la noche o no sabias donde dormirías? – pregunto con los brazos cruzados. En ese momento no podía comprenderlo bien, estaba muy molesto. ¿Quería hacerme sentir culpa? – ¡A ti nunca te falto nada que atentara contra tu vida y aun así vives quejándote!

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-¿¡Tu qué rayos sabes!? – exclame acercándome peligrosamente a él, ya había colmado mi paciencia - Yo también –

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-¡A ti nunca te trataron como mercancía o te golpearon hasta perder la conciencia! – grito con exasperación y me detuve.

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-Y-yo… -murmure desviando mi mirada.

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-¡Tu nada! – se quejo y apretó fuertemente sus puños. Resopló y volvió a mirarme – Tu… tuviste una familia desde el principio, una casa, ropa, comida, poder ¡Rayos, siempre supiste de donde viniste!

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-¿¡AH!? ¡NO ME JODAS! ¿¡Acaso nunca nos viste!? Sé que algo sabes de lo que paso- remarque con odio. Pues, el rubio, siempre acertaba en mis puntos débiles al provocarme. Me daba la sensación de que estaba bien informado de todo.

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-¡TU NO ME JODAS! ¡Te llevaras mal con ellos pero por lo menos los tienes! ¡No tienes idea de cuánto vale eso! – dijo con un deje de desesperación. Cerró los ojos con furia y luego se lanzo a darme un puñetazo - ¡AH! ¡Ya me cansaste! – el golpe me hizo tambalear. En cuanto encontré estabilidad me limpie, con el reverso de mi mano, el hilo de sangre que se escapaba por mis labios. Tal vez fue por la sorpresa o por sus acciones. Sé que pude haberlo esquivado, sin embargo no lo hice; muy en el fondo sentí que lo merecía. – Tú no eres como yo… yo… por suerte me encontré con Ruki-kun y los demás. Avanzamos todos pero aun así… - murmuro lastimero – sigo teniendo esas malditas pesadillas y soy desconfiado.

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Quizás el también estaba cansado, se lo veía fatigado, no podía decirlo muy bien por la poca luz que nos brindaba las ventas pero… ninguno de los dos queríamos pelear mas. Me sentí como un completo idiota, uno que vivía causando problemas. Entreabrí la boca con intensiones de hablar ¿Qué diría? Tenía muchos sentimientos encontrados y mi cabeza era un disparate, estaba actuando totalmente contra mi voluntad.

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-Es cierto… - susurre incorporándome de apoco mientras observaba el espejo de Madre, que se encontraba sobre el cofre – Yo no viví ni el cuarto de lo que te paso a ti – reconocí – Pero aun así… sé lo que es perder algo y nunca más recuperarlo o no tenerlo como antes – aclare esta vez mirándolo – O… destruir con mi propia torpeza lo que quiero.

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Realmente era cierto, como pasó con mi progenitora o con Shuu con el que pude entablar una especie de relación de hermanos de pequeños. Y aunque esta no duro mucho, por las peleas que mantenían nuestras madres, pude apreciar su compañía… Los cantos desgarradores de Kanato – que escuchaba en soledad- los esfuerzos de Reiji, el buen ánimo de Laito ante cualquier situación y la valentía de Ayato para hacerle frente a su madre. Eran todas cualidades que yo no poseía y admiraba desde lejos. A veces Shuu solía contarme de ellos y de lo que aprendía también, asegurándome que en un futuro todo cambiaria. Y tuvo razón; todo cambio, todos cambiaron ¿Dónde quede yo, entonces?

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Narración Normal

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Podían asegurar que ya estaban exhaustos, se habían; golpeado, insultado, denigrado y sincerado. Era demasiado para dos horas. Los sentimientos estaban a flor de piel, eran dos personas sumamente explosivas no era para nada recomendable que se hablaran si quiera. Pero ahí estaban, golpeados, sucios y cansados. Varados en un poso que no parecía tener fondo. El albino había bajado la vista mientras parecía hundirse en el dolor. "Me duele" se dijo con algo de gracia sin embargo no quería pensar más en eso, por el momento.

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-Tal vez… no seas tan niño mimado como creía, Subaru-kun – dijo Kou sentándose en el piso. La vela se estaba apagando pero aun así no la observo. El nombrado levanto su vista con incredulidad.

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-¡Tsk! – chasqueo la lengua y se sento. No tenía más ganas de discutir y haber hablado de algo tan personal con, prácticamente, un desconocido lo había hecho plantearse muchas dudas y aspectos de su vida. – Y tú no eres… tan "tu" como creía – dijo sin saber cómo catalogarlo.

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-¿Tan "Tu"? – Pregunto con un puchero en la boca – Realmente eres un desastre~

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-¿¡Eh!? Mira quién habla… -murmuro con algo de exasperación y el rubio rio.

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-Um~ - murmuro viéndolo con desaprobación el ojistruqueza.

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-¿Qué te pasa ahora? – Espeto algo cansado – Ya te dije que te golpearía si enloquecías otra vez – advirtió con el entrecejo fruncido.

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-¿Ah? ¡Eres un bruto! – se quejo recordando el cabezazo- Solo pensaba que… tu miedo es lo que aleja a la gente – pensó poniendo un dedo en sus labios de forma pensativa – Si sigues haciendo eso te quedaras solo – esbozo mas para el mismo que para el albino, que no hizo más que chasquear su lengua y mirar hacia un costado molesto.

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Subaru estaba sumamente consciente de eso y últimamente lo tenía muy presente ¿Sin embargo que podía hacer? Era frustrante pero no sabía tratar de otra forma a la gente. Su propia apariencia hacia que los demás se alejasen y tuvieran prejuicios. Simplemente… no podía mantener a algo o alguien junto a el por más tiempo porque terminaba dañándolo o destruyéndolo.

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-Pero ahora tienes alguien que te acompaña y no le importa eso– murmuro algo molesto el rubio.

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-¿Qué? – se sorprendió ante su comentario pero el contrario negó con fuerza. El temía destruir lo que tenia y justamente a Ahome… no le importaba que la lastimasen. Ella aceptaba a la gente tal cual era y más si le tenía cariño como al idiota que tenía en frente. Rezongo un poco molesto por haberse dado cuenta de eso y se juro hablar seriamente con ella cuando toda esa ridiculez se acabara.

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Resopló con cansancio, ya no le afectaba la presencia de aquella ventana ni los mormullos. Estaba arto de estar encadenado al pasado. Revivirlo solo le daban mas deseos de desligarse de el pero también… le hizo apreciar mas lo que tenia. Una pequeña sonrisa surco sus labios cuando recordó a su familia.

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-Tu… -dijo Subaru en voz baja – no tienes nada que envidiarle a nadie – miro sus manos por un momento y luego alzo su vista para toparse con la del Mukami – Ahora tienes todo lo que deseabas ¿verdad?

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En ese momento, Kou, se sintió más relajado; era cierto. Sonrió y se dijo "Lo tengo casi todo pero así está bien" Era inevitable, aquella parte humana aun latente en el, lo incitaba a desear mas y querer siempre estar un poco mejor.

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- Bueno~ - canturreo estirando sus manos – No estoy para nada mal y a pesar de las pesadillas… - comento mirando la única vela que quedaba – puedo vivir igual. – finalizo con una picara sonrisa.

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Realmente no odiaba los momentos como ese, después de todo sin "Eva" de por medio solo eran dos hombres dialogando tranquilamente. El sabia que el Sakamaki menor no era mala persona, sino su prima no le estaría tan encima. Solo era…. Un Tsundere tímido y con un muy mal carácter.

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De pronto se escucho la marca de hora de un reloj y los mormullos se intensificaron. La vela, que no utilizaron, se encendió y con ella algunas cajas de los costados de la reja. Inmediatamente se levantaron y comenzaron a forcejear con la reja; era inútil.

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-¡Maldicion! La llave esta fuera – señalo Kou la llave que estaba colgada en la pared. Debían apurarse sino querían quedar envueltos en el incendio.

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-¡Esta vieja choza esta así, porque debieron haber pasado las dos horas! – exclamo jadeante. Por mas que golpeara los barrotes no podía romperlos. Miro a sus costados y visualizó unos atizadores para chimenea ¡Perfecto! - ¡Hey! ¡Usemos eso como palanca para aflojar la puerta! – le ordeno prácticamente al rubio.

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Tomaron los atizadores, los posicionaron debajo de las bisagras y las presionaron con fuerza. El fuego, prácticamente, ya los estaba rodeando y asfixiando a su paso. Pero esa porquería era más dura de lo que pensaban. En ese momento no importaron las diferencias, si querían salir de allí debían ayudarse mutuamente.

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-¡VAMOS! – Grito el albino - ¡Solo un poco más! - Presionaron aun más y escucharon como la bisagra se rompió. Patearon con fuerza la puerta y terminaron de apartarla golpeándose un poco en el proceso.

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-¡Salgamos de aquí! – exclamo Kou y corrió las cajas en llamas que obstruían su paso. Al llegar a la puerta, de la habitación, tomo un pañuelo que llevaba consigo y giro el pomo.

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Salieron corriendo del cuarto, notando que los pasillos distorsionados iban normalizándose de a poco. Ahora solo hacía falta encontrar a los demás. Se detuvieron un momento y se miraron con algo de duda. Las habitaciones estaban mezcladas y donde se suponía que estaban Yuma, Shuu y Yui estaba vacío. "¡Rayos!" Kou pensó que por nada del mundo, se iría de esa maldita mansión sin encontrar a su familia primero. Y Subaru, a pesar de ser el hermano menor de los Sakamaki, sintió la urgente necesidad de buscarlos y ayudarlos a salir de ahí.

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¿Cómo iban a hacer para encontrar a todos en escasos minutos y salir de allí? No lo sabían, pero si no querían pasar por esas dos tortuosas horas encerrados, nuevamente, debían apurarse. Al pasar los segundos la desesperación iba aumentando y mas al no escuchar respuesta alguna a pesar de sus gritos.

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"La mansión alardeaba de sus nítidas y muy vividas ilusiones. Nunca asesinaría a alguno de sus invitados pero si los torturaría y los haría creer que estaban a punto de morir para adueñarse completamente de sus mentes. Ella les proponía jugar y les quedaba completamente a su juico aceptarla o no. Las señales eran claras como las reglas. Quedaba al criterio del invitado como interpretarlas.

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Otro par de jóvenes recorrían sus pasillos con desesperación, con el reloj siempre corriendo en su contra. Se sintió satisfecha por su trabajo realizado pero algo frustrada al no lograr retenerlos por más tiempos. Ella… intensificaría sus tácticas de ser necesario. Bueno, después de todo solo un limitado número de personas le daba la espalda pero, aun así, estas no negaban el empeño que ponía en darles una noche inolvidable".

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¡Fin del capitulo 22! ¡Que emoción! ¿Que les pareció? ¿Les va gustando este nuevo arco? Me gusta contar de paso las historias de los chicos para poder comprenderlos un poco mejor ewe Recuerden dejarme sus Reviews ;) ¡La verdad es que me animan muchisimo! Gracias por leer :)

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¡Nos leemos luego!