¿¡Actualizacion!? Ni yo misma me lo puedo creer! ¿Como estan? Aca, despues de tanto tiempos he vuelto con esta historia, esta vez con un estilo de narracion distinta (que en lo personal me parece mas llevadera) y mas detalles ¿Cuales seran? L s invito a leer y averiguarlo. De todo corazon espero que les guste, dejenme en los comentarios que les parecio y si se lo esperaban (solo hacefalta releer el capitulo anterior para comprender lo que sucede) Sin mas que decir ¡Que lo disfruten!

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Recuerden que Diabolik Lovers no me pertenece pero si el desvario que cree con el personaje de Ahome. Tambien le agradezco a Marce por arreglar mis desastres.

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CAPITULO 26

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El aroma de su sangre inundó sus fosas nasales de manera estrepitosa. Ella no era una persona que reaccionara lento, pero en esta ocasión, con Ruki desenfrenadamente bebiendo su sangre, no supo que hacer. Sintió como el joven pegó su cuerpo al de ella al recorrer con una de sus manos su cintura con unas lujuriosas ansias que intentó ignorar. En modo de respuestas empujó con fuerza el cuerpo contrario con ayuda de sus piernas, sintió arder su cuello ante tal desgarro sin embargo fue por cuestión de segundos. Actuó rápidamente y no permitió que su primo siquiera se levantase, de un golpe en un punto de presión volvió a dormirlo.

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Recostó el cuerpo del muchacho con cuidado en el piso para después echarle una mirada escrutadora a la habitación. No permitió que otros pensamientos inundaran su mente, comenzó a explorar el cuarto y a tratar de reconstruir los hechos. ¿Por qué Ruki estaba en la casa cuando debía estar en la escuela? Él era una persona sumamente responsable, lo que lo hacía más extraño.

Recorriendo el segundo piso se percató de un líquido viscoso que recorría la alfombra que llevaba al living, era muy leve pero visible. Recordó la herida de Ruki, su textura y profundidad, y empezó a atar cabos. Existían un par de animales que se le pasaron por la cabeza a la hora de juntar sus conjeturas, recordaba a un par de serpientes que pertenecían al mundo demoniaco que solían dejar aquellos asquerosos rastros. Eran utilizadas como Tsukaimas habitualmente, pero estas no tenían acceso al mundo humano a menos que su amo se los permitieran. Se caracterizaban por ser rápidas y sigilosas, perfecto para un ataque furtivo, una advertencia, o un saludo por parte su dueño.

Por la desprolijidad del ataque y las claras evidencias se percató de que era más un saludo que otra cosa. También, llegó a la conclusión de quien fuera que se estuviera haciendo presente quería que lo encuentren.

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—¡M-neko-chan! —escuchó a lo lejos que la llamaban, por lo que se giró con algo de inseguridad a ver al joven que se acercaba—. ¡Qué cruel eres! —exclamó el joven haciendo un mohín con su boca—, pasaste al lado mío y ni siquiera me miraste —finalizó cruzándose de brazos.

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—¡Oh! ¡Kou-kun, lo siento! —la rubia se disculpó con algo de vergüenza, estaba totalmente ida en sus pensamientos recordando momentos indecentes ocurridos en la casa de los lamentos.

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—Tu disculpa no me parece para nada sincera —sentenció acomodando su propio cabello con algo de molestia, para después reparar nuevamente en la muchacha—. ¿Esa es la forma de pedirme disculpas después de haberme ignorado? ¿A mí? — remarcó con énfasis.

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—Uhm, Yo… ya dije que lo sentía realmente… es que… —titubeó algo contrariada por sus sentimientos de culpa.

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—¿Uhm? ¿Ocurrió algo? —preguntó al inclinarse hasta su altura. Notó que Yui titubeaba más de lo normal por lo que la tomó de la mano y la atrajo hacia sí—. Ven conmigo —prácticamente se dedicó a arrastrarla por el pasillo para después meterse en la sala de expedientes la escuela. Esta era pequeña y contenía muchos libreros y estantes por lo que avanzó un poco más hasta llegar a una zona que los cubriera mejor—. ¡Bien! ¡Ahora dime qué ocurre! —insistió el ojis celestes a pesar de todas las protestas de la chica.

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—¡Kou-kun, nos perderemos las clases! —volvió a rechistar. El idol revoleó los ojos y colocó sus brazos a la altura de su cintura.

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—¡Eso no puede importarme menos! —declaró con descaro—. La que pierde tiempo eres tú —aclaro burlonamente—. Así que habla. ¿Qué es lo que te inquieta tanto, M-neko-chan? —musitó en un tomo más bajo para después apoyarse en uno de los estantes.

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Yui, obviamente se observó en una situación de desventaja y de posible ataque hacia su persona. No es que no estuviera acostumbrada, solo que en este instante se sentía tan contrariada y en mal estado que no podía ordenar sus ideas. Esperaba no sufrir más de esos "asaltos" por lo menos en horario de clases, por lo que suspiró y decidió no hacer esperar a Kou. Ya conocía su impaciencia y no quería probarla ese día.

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—Es… que yo… —musitó en voz baja mientras se abrazaba a sí misma. No podía decir lo que realmente pensaba, eso sería darles paso libre a los vampiros de aprovecharse de ella por lo que decidió mentir—. Me asusté mucho en la casa de los lamentos. —desvió su mirada del rubio, el cual se mostró inmutable—. Fue mucho para mí.

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Escuchó un pequeño carraspeo y cuando trato de dirigir su mirada al rubio ya lo tenía enfrente de ella. Su rostro era adornado por una cruel sonrisa y uno de sus ojos resplandecía en un bello tono rojo, fue tan hipnótico que no se percató que la hizo retroceder hacia una pared. Reaccionó cuando la luz de la habitación se fue, dejando solo el resplandor de la luna que se colaba entre las ventanas.

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—K-Kou-kun… —musitó temerosamente sabiendo lo que vendría.

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—Te lo dije muchas veces, M-neko-chan —vociferó en un tono áspero mientras la tomaba por los brazos—, detesto a la gente mentirosa. ¿Por qué me mientes, entonces? —preguntó afianzando su agarre.

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—¡No miento! —se defendió.

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—¡Oh! Por supuesto que sí lo haces —declaró oliendo su cuello y sonriendo al sentirla temblar—. Sientes placer de solo saber que esta situación va a darse; te encanta lo que vendrá, pero no eres sincera contigo misma.

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El rubio se detuvo en el lóbulo de su oreja y comenzó a lamerlo, jugueteando con él entre sus colmillos sin perforarlo aún, disfrutando el retumbar acelerado del pecho de la joven. Decidió que aún no tomaría su sangre, sino que jugaría un poco con ella, se apartó un poco y la sintió llamarlo, pero realmente no le prestó atención. Selló sus labios con un beso lento con la exclusiva intensión de enloquecerla, de despertar aquel lado latente en ella que pedía por él.

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Escuchó un leve jadeo cuando colocó una de sus piernas entre las de ella y un falso intento por apartarlo que solo realizaba para guardar apariencias. Hizo una leve presión con sus colmillos en sus labios como advertencia, realmente sentía que le dolían de las ansias que los recorrían, pero trataría de resistir un poco más. En cambio, introdujo su lengua en su boca y ante el estremecimiento que le recorrió el cuerpo comenzó a ser más demandante. Ya no había protestas de ningún tipo, ella se aferraba a él y lo aprovecharía. Abandonó sus labios y se dirigió directamente a su cuello, lo besó y humedeció para después perforarlo con sus colmillos. Volvió a escuchar quejidos, pero estos no eran de insatisfacción. Se apoyó más en ella y sintió como la sangre ardía en su boca.

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—¿Ves? —susurró—. Conmigo no debes fingir, ni avergonzarte —dijo en un suspiro acariciando su rostro—. No está mal perder la cordura juntos. ¿No se siente bien?

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El silencio de Yui le decía todo y al mismo tiempo le respondía así misma, la culpa la mortifico.

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—Es lo que siempre le digo, pero insiste en fingir, nfu —se escuchó una tercera voz en la habitación—. ¿No es así, Bitch-chan?

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—Laito-kun

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—Sakamaki —musitó Kou irguiéndose para observar al contrario mientras fruncía el ceño—. Estábamos en algo, vete.

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—¡Vamos, no seas tan frío! —dijo burlescamente mientras se acercaba a los dos—. Podemos divertirnos más los tres juntos y lo sabes.

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—¡Tsk! ¿Tú no sabes leer el ambiente? —recriminó el rubio—. Además, a mí no me gusta compartir, vete. —advirtió más molesto.

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—Me temo que eso no será posible, nfu —mencionó el castaño y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba junto a Yui—. Bitch-chan huele tan bien en este momento que no puedo evitarlo… —declaró en un tono meloso mientras olfateaba su cabello para después mirar fijamente a los ojos del rubio—. No me iré. Me entiendes, ¿verdad?

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El contrario se tensó, él tampoco quería dar el brazo a torcer, rodeó la cintura de la joven por detrás obligándola a sentarse sobre él, que se había apoyado en un estante. Sonrió aceptando el desafío. Mentiría si dijera que no estaba incomodo, pero era incluso más frustrante dejar que los Sakamaki se salieran con la suya. Quizás por esa razón, o por el embriagante aroma que estaba despidiendo la muchacha, no lo sabía muy bien pero no tardo en volver a posar sus colmillos en su blanquecina piel.

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—¡Espera! —musitó la joven alarmada—, K-kou -kun… —cerró uno de sus ojos al sentir la presión sobre su cuello y el firme amarre sobre su cintura.

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—No te resistas más, Bitch-chan… —canturreó Laito para agacharse y levantar de a poco su falda. En ello fue dejando un recorrido de besos y lamidas sin quitarle la mirada de encima. Yui, podía jurar que a veces, el castaño se abstraía en esos momentos y lo sentía más lejos que nunca. Sus ojos verdes eran un juramento a la perdición misma, advertían que, una vez cruzado el límite, no habría vuelta atrás y eso es lo que más le aterraba—. ¿Por qué no continuamos lo que comenzamos en la ducha? —preguntó melosamente despertando una señal de alerta en su mente—. ¿Recuerdas? —suspiró con añoranza y acarició su muslo a la par que levantaba su falda casi por completo—, lo bien que se sintió que te acariciara por aquí —exhaló profundamente y con premura clavó sus colmillos en su muslo interno, a unos centímetros de su entrepierna.

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—¡AH! ¡Laito-kun, por favor… —exclamó Yui con alarma sintiendo como su cuerpo era un mar de sensaciones que la aterraban por todo lo que significaban.

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—Por favor, ¿qué? —levantó su cabeza y la miró con firmeza—. Tú solo debes dejarte caer profundo —afirmó con un tono de voz grave.

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La rubia lo observó atónita sin saber que decir, y un repentino tirón de su ropa la trajo de vuelta a la realidad logrando que se percate de que uno de sus hombros se encontraba expuesto. Kou atrajo su barbilla con unas de sus manos desocupadas, la giró hasta a él y le dedicó una mirada llena de molestia. "Mírame" pudo jurar que escuchó en un susurro provenir de los labios contrarios antes de que volvieran a capturar los suyos con fiereza.

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—Ah… —exhaló Laito, sintiendo como ardía de a poco—. ¡Eso está bien! Esta imagen tan lujuriosa de Bitch-chan me excita tanto —declaró cantarinamente mientras acariciaba sus muslos—. ¿Ves por qué no tienes que negarte? Esto es lo que deseas, es lo que eres —murmuró paseando un poco su lengua por su piel—. ¿Sabes por qué no te creo cuando te resistes? —preguntó más para sí mismo que para ella.

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Kou en ese momento mordió sus labios arrancándole un quejido y logrando que su sangre inundara su propia boca para después ser bebida en el medio del juego de sus lenguas. Su mente estaba cada vez más ida y las palabras del castaño resonaban a lo lejos, quizás cerca de moral a la cual siempre hería con saña.

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—Porque no puedo creer que no te produzca placer tenernos de esta manera… —murmuró quedamente—. Buscándote, acorralándote, acariciándote de esta manera… —suspiró lentamente observando ese beso tan lujurioso—. En el fondo… te sientes poderosa, ¿verdad?

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Laito guardó silencio solo para morder el muslo contario, dejándose caer en un bucle sin fin por la cálida sangre que recorría su garganta. Por su parte, Kou, abrió sus ojos para comprobar la escena; concordaba con lo que había dicho el castaño, pero ello no significara que estuviera a gusto con su presencia. Estaba lleno de envidia y de un deseo profundamente egoísta, lo quería todo. En medio de la perdición y el calor busco desconectarse de aquel mundo tan cruel que conocía. ¿Estaba bien así? Él obtenía algo de ella y ella algo de él, entonces… ¿Por qué no se sentía satisfecho?

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Después de la escuela, los miembros restantes de la familia Mukami se percataron de la ausencia de Ruki y Ahome, preocupados volvieron rápidamente a su hogar. Allí se encontraron con un azabache inconsciente en su cama y a la joven cuidándolo. Rápidamente les explicó lo que creía que había sucedido y advirtiendo que a partir de ese momento debían de andarse con cuidado, además de asegurar la vigilancia con los tsukaimas que disponían.

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—¿Quién… pudo haber sido? —preguntó preocupado Azusa.

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—Quien sea quien haya sido no sabe con quién mierda se metió —exclamó con enojo Yuma.

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—¿Estás segura que Ruki está bien? —esbozó Kou algo confundido.

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—Por supuesto que sí, solo necesita dormir un poco. —respondió seriamente, obviamente no mencionando lo que había ocurrido entre los dos. El azabache mayor era la columna vertebral de la familia, se cargaba todas las responsabilidades encima, por lo que si el perdía la compostura los demás no tardarían en hacerlo también—. Mientras tanto debemos reforzar la vigilancia.

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En ese instante un tsukaima ingresó a la sala y le entregó una carta a la muchacha. El sello del sobre ya les indicaba de parte de quien era. Ahome le agradeció y tomó algo de distancia para escudriñarla bajo la vigilancia de sus primos.

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—Es de Karl Heinz-Sama —mencionó para afirmar sus sospechas—, quiere verme ahora —mencionó dirigiéndose a las escaleras que la llevarían a su cuarto. Antes de que pudiera seguir avanzando, Yuma la tomó de la muñeca. Cuando se giró a verlo lo comprendió todo, estaba inseguro y no podía mentir, ella también lo estaba. Temía que aquella persona volviera a separarlos.

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—Voy contigo —declaró firme. Ahome lo miró a los ojos con ternura y apoyó su mano libre sobre la de él, les dio una pequeña mirada a sus demás primos y sonrió.

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—Me solicitó solo a mí —aclaró—. Quédense tranquilos, volveré pronto.

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—¿Lo juras? —indago Kou.

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—Sí, lo juro —aseguró dedicándoles una mirada llena de amor, esperando poder cumplir con su palabra.

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Yuma, con un desgano descomunal, soltó su mano resignándose a la desconsiderada suerte, creyendo que quizás, esta estuviera de buen humor esa noche.

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En la mansión Sakamaki, la primera en retirarse a dormir fue Yui; luego del fogoso encuentro con Kou y Laito quedo completamente exhausta, mejor dicho, desmayada. El castaño la subió a la limosina completamente inconsciente, sus hermanos obviamente comenzaron con una contienda por la muchacha. La cuestión es que ella no despertaría hasta el día siguiente, y no habría nada que ellos pudieran hacer.

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Debido a que no solían compartir tiempo juntos no se percataron de la ausencia de un integrante más de la familia. Esa noche había llegado a la una carta, con solo observar el sello del sobre sabía que no podrían ser buenas noticias. En el mensaje indicaba explícitamente que su padre requería su presencia esa misma noche.

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Con desgano se cambió de ropas. Se colocó su traje azul marino con una corbata a juego y se dirigió hacia su objetivo. Sabía que no podía faltar sino eso traería consecuencias que en ese momento no estaba dispuesto a sufrir. Siempre era lo mismo, no podía evitar sentir la sensación de tensión naciendo desde su nuca, esta recorría todo su cuerpo y lo volvía más rígido que antes. Fingía que no le afectaba, pero, a decir verdad, sabia más de lo que expresaba y eso le pesaba cada vez más en aquella supuesta imperturbable conciencia.

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Desde la ventana del automóvil observó la gigante mansión de Karl Heinz en el mundo humano, aquellos ventanales enormes y oscuros ocultaban a más de un monstruo, sacrilegios y juramentos prohibidos. El esplendor físico solo era una fachada para la putrefacción que contenía. Trató de aplacar su ansiedad y se enderezó en el asiento.

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Cuando bajó del vehículo el sonido de las suelas de sus zapatos al chocar con el asfalto resonó claramente anunciando su llegada. Caminó a paso lento pero seguro por los pasillos, oía a lo lejos el aleteo de los tsukaimas y la música clásica que se escapaba del salón. Podía jurar que si prestaba un poco más de atención también escucharía los lamentos de quieres tuvieron la desgracia de no simpatizarle a su progenitor. La noche sería más larga de lo que imaginó en un comienzo.

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—Entra —escuchó la imponente voz de su padre en cuanto se colocó frente a la puerta por lo que, con pesar, empujó esta y se abrió paso—. Me alegra que hayas aceptado la invitación, hijo. —dijo con el elegante tono de voz que solía caracterizarlo, sin embargo, aun así, pudo detectar en él un deje de burla.

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—Padre —esbozó en un tono de voz claro—. ¿Qué es lo que precisa? —preguntó con la intención de ir al punto. El mayor sonrió lastimero para después suspirar.

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—¿Es que un padre no puede invitar a su hijo a cenar de vez en cuando? —ante el silencio del menor negó lentamente—. Me lástima pensar que pienses de mí de esa forma. —se inclinó sobre la mesa y le indicó con un gesto que tomara asiento—. Vamos, acompaña a tu padre a cenar.

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El joven, fingiendo indiferencia y haciendo uso de todos los modales adquiridos a lo largo de su extenuante disciplina, se acomodó en su silla y le dirigió una mirada expectante a su progenitor.

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—¡Ah! —esbozó Karl como si hubiera recordado un detalle pequeño—. Espero que no te moleste que alguien más nos acompañe —dijo cortésmente y ante el silencio del contrario sonrió—. Perfecto. Puedes pasar, querida.

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Con el anuncio se abrieron las puertas laterales dando paso al tercer invitado. No se giró a asegurarse de quien era, el leve sonido característico de los tacos contra el mármol le indicaron que era una mujer. Sintió como su padre se levantó por puro protocolo, él también lo hizo por inercia; luego el mayor movió la silla que se encontraba en frente de su posición para que la dama tomara asiento. Levantó la mirada por un momento y notó con algo de sorpresa que era la menor de los Mukami. En realidad, no era tan ilógico sabiendo que aquella familia fue creada prácticamente por algún extraño antojo del anfitrión. La muchacha llevaba puesto un vestido negro que dejaba al descubierto sus hombros, no poseía mangas, le llegaba un poco más debajo de las rodillas y tenía una terminación en campana. Tenía puestos unos tacos, su cabello estaba recogido en un elegante peinado con trenzas, un collar plateado y aretes a juego.

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En cuanto la mujer tomó asiento le dedicó una mirada cordial y apaciguadora, con algo más de falsa seguridad y complicidad evitó mostrar algún indicio de nerviosismo y la siguió en su fachada. Una vez ubicados, Karl Heinz los miró a ambos con una sonrisa que no traía buenos augurios. Tomó la mano de la joven con delicadeza y ella respondió el gesto con una inocente sonrisa. Volvió a dejarla en su lugar y aclaró sutilmente su garganta.

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—Entonces… —pronunció—, me imaginó que ustedes dos ya se conocen. ¿Verdad? —preguntó el rey de los vampiros. El joven solo asintió ante la mirada insistente de su padre.

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—Lo que usted dice es correcto —afirmó la muchacha atrayendo la mirada magenta sobre ella—. Tuve el placer de conocer a su hijo en la escuela nocturna.

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—¡Eso es espectacular! La verdad es que estaba algo preocupado de que tardaras en integrarte al ámbito educativo, cielo —confesó con falsa modestia.

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—He tenido suerte de encontrarme con las personas indicadas —contestó simplemente mirando a los ojos a quien le hablaba.

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—Me alegra oír eso —indicó mientras los tsukaimas servían algo de beber.

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—Agradezco sus buenos deseos, su hijo también me ayudó en ello.

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—¿Ah? —expresó con asombro—. Vaya, qué agradable sorpresa viniendo de ti, Shuu —remarcó haciendo énfasis en su nombre. El nombrado le dirigió una mirada a su padre que no tenía más intensiones que fastidiarlo al parecer. Tenía que admitir que la joven se desenvolvía con una gracia y templanza que no se reflejaban diariamente en su accionar. La calma de ella le señaló nuevamente que debía estar "tranquilo" aquella noche y un presentimiento le indicó que la única amenaza se encontraba en la punta de la mesa y que ninguno de los dos quería lidiar con las consecuencias. Si había mucho o nada por perder de parte del contrario, ninguno lo sabía. Estaban uno frente a otro por mero capricho de Karl Heinz.

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—Karl Heinz-sama —llamó la muchacha—, no sea cruel con Shuu-sama. Ha sido un buen guía —comentó la mujer con gracia y elegancia. El mayor la observó con cuidado fingiendo avergonzarse por lo que dijo, mientras que el ojiazul se percataba de que su única aliada esa noche sería quien tenía en frente.

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—Padre —dijo firmemente, pero con simpatía—, aunque no lo parezca, poseo habilidades sociales que me permiten desenvolverme con las demás personas.

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—¡Lo siento, hijo! Es que es inusual viniendo de ti —comentó con gracia.

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Shuu decidió mostrarse más participativo a pesar de la agobiante tensión que amenazaba con destrozarlo. Algo le indicaba que no era una buena idea tentar a su suerte con su padre esa noche; habitualmente lo ignoraría y estaría sentado sin mencionar palabra alguna mientras lo escuchaba y fingía concentrarse en su comida. Pero no era coincidencia que citara descuidadamente a alguien de la familia Mukami esa noche; lo sabía por la forma en que se comportaba Ahome. Si bien, el ambiente pareció relajarse en cuanto la joven comenzó a charlar animadamente con su padre sobre las costumbres escolares humanas, había algo de trasfondo latiendo con fuerza, esperando el momento justo para aparecerse y ponerlos en jaque.

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La muchacha no comentó nada acerca de los acercamientos que tuvo con sus demás hermanos y sus familiares. Todo era muy superficial, envuelto animadamente con detalles insignificantes. A él no le interesaba realmente si le ocurría algo, o al menos eso quería creer, sin embargo, en ese momento nada era casualidad. Se unió a la charla con comentarios esporádicos solo con el fin de que la reunión transcurriera más rápido mientras cenaban. Quizás sí, por esa ocasión, podía fingir que su historia no transcurrió como lo hizo, ocultando aún más todo ese odio que lo pudría por dentro, podría salir menos afectado. Quizás… si los dos fingían como lo estaban haciendo, las consecuencias no serían tan graves.

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Ya para el postre, los músicos de la sala, se retiraron por orden de su progenitor, los tsukaimas solo dejaron las bebidas y se retiraron dejándolos a los tres solos.

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—Qué noche más amena, ¿no lo creen? —preguntó el albino observando la luna por la venta.

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—Ciertamente no tiene desperdicio —contesto Shuu quedamente.

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—¡Realmente estoy más satisfecho de lo que creí! —exclamo el mayor con ánimo—. Estoy de muy buen humor para suerte de ambos —declaró dejando en claro que la tranquilidad se terminaría—, por eso esta noche no será tan extensa como tenía planificada. —Karl les dedicó una mirada conciliadora a los presentes demostrando un poco de su sobrevalorada bondad—. Por eso les daré un presente.

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La sonrisa de aquel hombre, por más simpática y llena de buenas intenciones que pareciera, no era más que una burla a ambos, fueron citados por un claro motivo para él sabiendo que lo que lograba era tensionarlos a niveles extremos. Se levantó lentamente de su lugar y le tendió la mano a Ahome que no dudo en tomarla con una sonrisa cortes, la guio hasta el próximo sofá de la sala e invitó a su hijo a seguirlo. El rubio se irguió y se detuvo a unos pasos de ellos, completamente expectante a lo que ocurriría.

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—Shuu, mi regalo para ti esta noche —anunció alegre—, es esta preciosa dama —mencionó colocando sus manos sobre los hombros desnudos de la joven que se mostraba imperturbable—. Tu buen comportamiento me sorprendió tanto que no me molesta entregarte su sangre por unas horas.

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El ojiazul observó con algo de sorpresa aquella tensionada imagen, su padre sonreía complacientemente mientras que la muchacha se hallaba serena en su sitio. El mayor acarició sutilmente la piel expuesta y prosiguió con su discurso.

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—No debes preocuparte, ella hace unos años era la novia sacrificada de su familia —aclaró—. Después su posición cambio, pero eso no representa ningún inconveniente, ¿verdad, querida? —indagó observándola, la ojis violeta se giró a verlo, sus labios se encorvaron con dulzura y enunciaron su sentencia.

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—Por supuesto que no, Karl Heinz-sama —respondió—. Será un honor poder saciar a uno de sus hijos.

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—¡Maravilloso! —exclamó el albino—. Porque esto es parte de tu obsequio, querida. —finalizó apartándose de a poco de ella. A ambos les pareció más un castigo que un regalo, el ambiente se los indicaba. El ojis magenta avanzó hasta donde se encontraba su hijo para detenerse a su lado, apoyó una de sus manos en su hombro con cuidado.

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—Disfrútalo, hijo —murmuró con un tono melodiosamente molesto, para después caminar lentamente hasta el umbral de las puertas de la sala. En cuanto estas se cerraron, el rubio exhaló lentamente un poco de aire. Cerró los ojos tratando de mitigar un poco el dolor de cabeza de lo agobiaba. No entendía por qué, pero no quería abrirlos de nuevo; no quería encontrarse con aquella persona de frente para seguir fingiendo.

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Levantó la mirada y caminó hasta el sofá, sentándose hacia un lado de ella. Su mente explotaba con preguntas y todo el odio que encarceló durante esas horas pareció amotinarse en su pecho. Odiaba actuar de esa manera; más bien de cualquier manera porque el resultado siempre era el mismo; él hacia lo que quería con ellos. Hubiera deseado apoyar su cabeza sobre sus manos y revolver sus cabellos para descargar un poco la frustración que sentía, pero no podía, de alguna forma se sentía completamente vigilado y sabía que más que un presentimiento era la realidad.

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Percibió como la muchacha apoyaba suavemente su mano sobre el mismo hombro que había tocado su padre y de alguna extraña manera la tensión en él bajó. Sus orbes azules se dirigieron directamente hacia sus ojos violáceos con frustración, descubriendo comprensión en su mirar, pero no lástima. No necesitó palabra alguna, quizás era porque en todo ese tiempo, de tanto fingir creyó que podía seguir simulando ser otra persona que no fuera él y eso se le antojó liberador. Quizás, si ambos dejaban de ser ellos mismos, si no existían caminos por recorrer, historias que recordar o perdidas que sufrir podrían solo estar uno al lado del otro por un instante.

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La habitación se tiñó en un tono misterioso que invitaba a la fantasía a ser la protagonista de una nueva serie de eventos que serían pisoteados por el tiempo. Tomó la mano de la muchacha con una delicadeza que no volvería a mostrar jamás, y estaba bien porque en ese momento se desconocía, ambos lo hacían. Lo único que sabían era una cosa; debían aceptar el obsequio del rey de los vampiros.

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Shuu recostó a la muchacha contra el respaldo del sofá, inclinándose un poco sobre ella en el proceso. Con su mano libre, Ahome, tomó la mejilla del contrario con suavidad sin dejar observarlo. Shuu soltó su extremidad y apoyó su dedo pulgar en los labios de la joven, luego descendió con este mismo hacia su barbilla, logrando que ella estire su cabeza hacia atrás mientras terminaba de recorrer su cuello con su dedo. Se sentía como hacerlo por primera vez.

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Acercó su nariz hacia ese punto y respiró hondamente el aroma de la mujer, rosando ocasionalmente sus labios con la piel expuesta. Era todo tan irreal e ilógico que le pareció un simple sueño descabellado. Se le escapó una leve risa de los labios mientras pensaba en lo patéticos que eran. ¿Se habían resignado a acatar nada más? Quizás.

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Shuu volvió a levantar su mirada y observó los ojos serenos de la joven, allí no había miedo, angustia o algo en particular. Por lo que decidió, que por lo menos, como desconocidos que eran en aquel momento, vivirían aquel instante efímero. Ahome bajó la mirada, encontrándose solo a unos centímetros de su rostro y solo atinó a tocar sus labios con las yemas de sus dedos. Paseándolos por aquella suave textura con la intención de, quizás, reconocer a la persona que se hallaba frente a ella.

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Eso le causó un cosquilleo a Shuu que lo hizo sonreír sin poder evitarlo, la joven lo imitó de igual forma por lo genuino de la acción. Eso era algo nuevo. El muchacho quito sutilmente su mano y depositó un suave beso sobre su frente, tal vez el más delicado que haya dado jamás. Y sin apuro, volvió a dirigirse al hueco de su cuello para besarlo con dedicación y así perforarlo con sus ardientes colmillos que no hacían más que doler de lo ansiosos que estaban.

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En la mansión Mukami, Ruki había despertado estrepitosamente en cuanto recordó lo ocurrido, se levantó para dirigirse rápidamente a la habitación de su prima. Y En el camino fue detenido por Yuma que le explicó la razón por la cual la muchacha no se encontraba.

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El azabache quedó un instante en silencio, procesando el enjambre de pensamientos que dominaban su mente sin sentido, sintiéndose culpable y preocupado a la vez. Aquellos sentimientos caóticos no lo dejaban pensar con claridad, sabía que si Karl-Heinz-sama solicitaba a alguien era por algo. Y teniendo en cuenta que no sabía realmente que fue de la joven todos esos años separados se mortifico aún más. Solo espera que volviera a casa con bien.

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Aclarar sus sentimientos no era para nada primordial, aunque realmente no sabía cuánto tiempo podría seguir así.

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Cualquier reprimenda física es insignificante ante este temor,

Este sentimiento descontrolado e impuro que me apresa desde hace años

Quisiera poder acorralarlo hasta los oscuros callejones del olvido,

Torturarlo con las inimaginables consecuencias que provocaría y apuñalarlo con la resignación.

Nada me es más amargo que tu desinteresada dulzura

Nada me es más indiferente que tu sonrisa ante las simplezas de la vida

Nada me es menos importante que el proteger tu figura

La desdeñosa lujuria que siento por ti no es más que la muestra de mi inutilidad para acallar mis demonios.

Mis palabras vacías y llenas de mentiras que nos mantiene unidos ¿Aun serán suficientes para mantenerte a mi lado?

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¡Fin del capitulo 26! ¿Que tal? Esta vez, para tranquilidad de todos, ya estoy trabajando en el siguiente capitulo. Eso significa que habra actualizacion pronto ¡OH YEAH!

Espero les haya gustado, recuerden dejarme sus hermosos comentarios :D ¡Nos leemos luego!