Capítulo 20 FINAL: Una nueva vida que aprender.
Cuando nos volvamos a encontrar
No dejaré de contemplar la madrugada
No habrá más llanto regado sobre tu almohada
No habrá mañana que no te quiera abrazar
Cuando nos volvamos a encontrar
Ya no habrá tiempo para tristes despedidas
No habrá un instante que no adore de tu vida
No habrá una tarde que no te pase a buscar
Cuando nos volvamos a encontrar.
(Cuando nos volvamos a encontrar – Carlos Vives).
Un mes se hacía desde la batalla final con la ya extinta liga de villanos, aunque claramente no sería la última batalla de todas sus vidas, y es que así era la carrera de héroes. Apenas iban por sus diecisiete y dieciocho años, y ya habían atravesado por un horror, pero uno que sin dudas los dejó a todos más resilientes.
Solo se perdieron dos vidas aquella noche, en comparación a todas las perdidas en el bando contrario, pero esas dos vidas pesaban como si fueran diez o más.
Ahora, la UA estaba reconstruida como nueva, con un memorial especial sobre la batalla y para las víctimas. Se produjeron algunas bajas, puesto que el trauma había sido mayor. La prensa, los padres, intentaron criticar, pero siendo objetivos, habían sido victoriosos por mucho, no por pura suerte.
Aquella mañana fresca, con la brisa en su punto, Ochako la atrapaba en sus pulmones mientras jugaba con sus mechones. Su respiración era pausada y alternaba cerrando los ojos, recordando lo que estuvo a punto de hacer una noche de hace un mes atrás.
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Siendo la una de la mañana, entrando en la desesperación, se atrevió a abandonar la habitación y comenzar un andar apresurado, seguida por el amigo peliverde, a quien ella sentía inseguro sobre lo que llevarían a cabo, siendo primera vez que desprendía ese aura, pero en el fondo no haría lo contrario, puesto que añoraba su amistad.
Estaban por abandonar el edificio, cuando se encontraron frente a frente con los padres del rubio, siendo para Uraraka una visión el ver a la madre, quien tanto le recordaba a su amor.
''Ocha, Izu…¿Dónde van?'', interrogó la mujer.
''Por café'', Deku fue rápido y convincente.
''Y ustedes…'', a Ochako se le enredaban las palabras en la boca reseca por la adrenalina.
''Nos llamaron…Katsuki despertó'', añadió apacible Masaru. Los ojos castaños se encandilaron.
''Vamos'', agregó nuevamente Mitsuki y no se necesitó de más, puesto que los cuatro enfilaron directo hacia la habitación donde la gran consencuencia de todo se encontraba. Bakugo había despertado a la misma hora que solía abandonar la habitación de Ochako luego de intimar, hace casi un año atrás.
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Uraraka, regresando a su presente, ladeaba levemente su cabeza castaña de un lado a otro al pensar que estaba dispuesta a todo. Dispuesta a encarar a los pocos criminales que quedaban, sin saber exacto qué les diría, pero necesitaba sacar tanta rabia de su pecho. Creyó que al tener las ganas y la oportunidad, la cual buscaría, los podría someter a una especie de tortura improvisada, y si fuera necesario, matarlos. Ella no tenía idea sobre lo anterior, y nunca sintió ganas de llevar a cabo algo así, pero si le asesinaban a Bakugo, si le dejaban con alguna secuela permanente, ella debía cobrar la venganza. Él lo haría. Podía llevar sus dotes de pelea y kosei al límite, pero por sobre todo, contaba con el One for All a su favor.
Escuchó a lo lejos unas quejas, y sabía que era su tiempo de intervenir.
''Kacchan, debes usar ambas muletas, no solo una''.
''Cállate, maldito nerd. Puedo con una, de hecho, no usaría ninguna de no ser por…''
''¿Por qué?'', colocó sus brazos en sus caderas, adoptando postura interrogante.
''Por ti'', dijo apenas audible Bakugo con el rostro girado hacia un lado, casi haciendo un puchero de enojo.
La lesión más grande que había obtenido tenía relación con su rodilla derecha, por lo cual necesitó terapia física y utilizar muletas, todo durante algunos meses. Aunque ya al mes, Bakugo quería andar con una muleta; en realidad, sin muletas, pero le prometió a su novia que mantendría una siempre cerca, puesto que cojeaba levemente.
Hoy, en la graduación de la clase 1-A, él quería andar como si nada sucediera, pero no podía evitar levantar preocupación entre sus compañeros y amigos. Entre ellos, como siempre, Deku, a quien Katsuki toleraba cada vez más, puesto que le permitía mantenerse cerca y que le pasara las muletas. Uraraka, por su parte, no necesitaba más razones para perdonar a Deku.
Este último los dejó y la pareja comenzó a avanzar lentamente, sabiendo que Ochako se las podía arreglar con su don ante cualquier inconveniente.
En la ceremonia, la cual se encontraba repleta de personas y medios de comunicación, puesto que se graduaba una de las mejores generaciones: la generación prometida, como los habían tildado, ya que lograron llevar la paz, aunque sea temporal, al acabar con la liga de villanos.
Bakugo quiso seguir representando la imagen ruda y varonil de siempre, por lo cual se negó a subir al escenario con muleta alguna para recibir su condecoración, y colocó todo su esfuerzo en cojear lo menos posible. Ochako se sentía orgullosa, pero no pudo evitar molestarlo cuando notó que al llegar a su asiento, agarró ambas muletas esta vez.
''Eso debió doler'', se limitó a señalar. Katsuki calló, otorgándole razón.
Al finalizar el magno evento, las personas comenzaron a dispersarse, queriendo Ochako unirse a sus padres y suegros, debido a que todos irían juntos a comer para celebrar a los recién graduados.
Volteó para sujetar la mano de su novio, cuando lo vio allí frente a ella, pero arrodillado, en su rodilla izquierda.
''Qué haces…'', se atrevió a decir antes de ser callada.
''Sé que somos apenas unos jóvenes adultos…pubertos ante los ojos de nuestros padres…sé que apenas estamos comenzando a conseguir el mundo, pero definitivamente, Uraraka Ochako, tú eres mi mundo desde la noche en que decidiste…bueno, ya sabes…'', no quiso avergonzarla al verla ruborizada, pero ambos sabían exacto a qué se refería. ''En fin, y para no abusar más de mi excelente suerte, y de mi rodilla buena, necesito con todo mi ser, que aceptes convertirte en mi esposa…no ahora, pero sí en la promesa de un día no muy lejano''. La caja había sido grabada con distintivos de ambos, y el anillo era modesto, pero brillante, perfecto para un alma igual de modesta, pero resplandeciente como la que poseía la joven.
''Sí, acepto'', estaba tan dichosa que casi se abalanza sobre él, pero alcanzó a sujetarla, mientras afirmaba bien ambas rodillas. Sus padres, que regresaron por ellos al notar su demora, se encontraron con la escena, recibiéndola con agrado y sorpresa, al saber que los Bakugo-Uraraka se unirían, más de lo que ya lo estaban.
Finalmente, siempre estuvieron ligados, desde el momento en que decidieron perder sus virginidades juntos, hasta aquella relación tortuosa que intentaron llevar sin éxito, la defensa de la madre de Katsuki al padre de Ochako, y todos los destinos visitados por Deku en los cuales se encontraban.
En aquel momento, ellos no lo sabían, pero estaban tomando el camino necesario para llegar a aquel futuro que Deku tanto adoró presenciar, ese donde ambos poseían una vasta familia, caótica, pero feliz.
The End.
Dedicado a todo lector,
a todo fan kacchako,
todo aquel que desee iniciar su historia.
Mayormente dedicado a Dima: ahora es tiempo de escribir nuestra historia.
