Luces tenues y multicolores sin llegar a ser cegadoras iluminaban el recinto.
El banquete del Campeonato Mundial de ese año fue llevado a cabo en las instalaciones del hotel que los hospedó durante la competencia desde los días previos, la mayoría se iría en cuanto terminará la fiesta y otros se tomarán un par de días para descansar antes de regresar a sus naciones, después de todo la temporada había terminado.
Decenas de hombres y mujeres aún seguían disfrutando de la velada donde ellos eran los principales invitados.
Hermosos vestidos y finos trajes; joyas y perfume; colonias y accesorios.
Un evento de etiqueta y protocolo, además de negocios.
Suspiró dando otro sorbo a su bebida, era una simple gaseosa que le detenía de irse sobre el mesero que traía una botella de champán y mitigar un poco sus nervios.
No le gustaba asistir a este tipo de fiesta, la razón principal era porque muchos de sus conocidos aún recordaban —y tenían evidencia— de lo ocurrido en Sochi hace dos años.
La vergüenza volvió a invadirlo al recordarlo. Y eso que aún había un par de huecos que no lograba llenar en sus memorias.
Solo rogaba que no fuera algo en extremo vergonzoso.
–Sea quien sea que esté poniendo el ambiente deben contratarlo para los siguientes banquetes–. Su amigo Leo de la Iglesia envió su lado dando un gran suspiro a la vez que tomaba algo de su propia bebida, el cual había dejado abandonado por irse a la pista.
Yuuri sonrió y sorbiendo un poco de la suya para disimular, Leo le miró con reproche.
–Oh Yuuri, ¡anda hombre! No entiendo porque sigues aquí sentado– el moreno haló de su manga, pero el chico solo la retirada sonriéndole negando con la cabeza.
–No estoy de humor– el americano solo alzó las manos en señal de rendición, seguiría insistiendo en no ser porque conocía a su amigo lo suficiente y sabía que cuando un Yuri le presionó para hacer algo que no quisiera, esta era capaz de irse de la fiesta
–Bueno, sí cambias de opinión, estamos al otro lado–. palmeó su hombro amistosamente y se enfrentarán a la mesa para perderse entre la multitud.
Yuuri no quería verso como un amargado, pero en verdad, no tenía ánimos de estar celebrando.
Lo cual era irónico, ya que, necesitaría ser él quien celebrase al máximo.
Hemos ganado el oro en el Campeonato Mundial de Patinaje.
Ya había tenido su dosis de fama durante un par de días, empezando desde el primer día de su llegada a la ciudad de Boston, la sede en esa ocasión.
Quedó primero en el programa corto y la prensa se le fue encima.
Ganó el programa libre y casi muere asfixiado por todas las felicitaciones y estuvo en peligro de quedar un poco más dañado de la vista por tantas fotografías con flash.
Estaba realmente cansado, dudaba de que fuera capaz de asistir al banquete de ese año por lo apretada de su agenda nada más terminando el evento, pero milagrosamente, Viktor logró que lo hiciera.
Y ese era el problema.
Viktor
Aún seguía en una especie de shock por haber superado a su ídolo, dejándolo atrás con la plata en la última competencia de la temporada
Pero eso no afectale en lo mínimo y Yuuri estaba aliviado por eso.
El patinador ruso le había insistido en que habían asistido al banquete y divertirse, Yuuri aceptó de buena gana al principio, pero advirtiéndole que no probaría una gota de alcohol esa noche.
Sin embargo, el patinador ruso fue rápidamente asediado por empresarios y organizaciones que le pedían ser miembros de sus clubes para abrir campañas o centros de alto rendimiento de los atletas.
Con su nueva cara de entrenador, un peso de ser todavía un patinador activo, las personas reconocieron su futuro como un formador de jóvenes patinadores.
Y así, Yuuri se recluyó en la mesa como el cuidador oficial de chaquetas, bolsas y bebidas mientras sus amigos se divertían en la pista.
–Oye, Katsudon pásame mi chaqueta y la de Otabek.– La voz de Yuri le sacó de su trance y parpadeó confundido.
-¿What? ¿Ya te vas, Yurio? ¿Quieres que te acompañe a tu cuarto? El mencionado chasqueó la lengua mirándole fastidiado.
–No voy a mi cuarto, idiota, iré con Otabek a un club. Dice que un amigo de él le permitirá subirse a la cabina un par de horas– el japonés se alarmó ante la perspectiva de que el ruso se fuera siendo menor de edad.
–P — pero Yurio, ¡es peligroso! No conoces esta ciudad, además, mañana tenemos que tomar el avión a Moscú y ...
–Cállate, tu no me dices que hacer, además estaré con Otabek, él ya es mayor– alegó el rubio con exasperación y cruzado de brazos.
–Yurio, podrías meterlo en problemas. - advirtió el japonés tratando de verso serio, pero por el semblante del rubio, no le afectaba en lo más mínimo.
–Él insiste en que fuera! O algo así ...– Yuuri le siguió una mirada de reproche, el rubio se encogió de hombros.
–Bueno, tal vez le pedí ir ... pero lo que pasó en Barcelona, el cree que es mejor que vaya con él a lo que yo sigo sin saber dónde estoy parado- el japonés suspiro masajeando las sienes. Cómo ansiaba el mesero pasara a ofrecerle una bebida que le vendría bien en estos momentos.
–Solo ... cuídense, ¿de acuerdo? No tarden mucho–. El ruso soltó un gruñido, pero Yuuri detectó escuchar que le daba las gracias antes de colocar la chaqueta y tomar la de Otabek entre sus manos, enseguida se perdió entre la multitud.
Pasaron un par de canciones y el ritmo de la música cambio a uno extrañamente familiar.
–Vaya.– Esbozó una pequeña sonrisa al recordar la canción, si la conocía era porque Celestino las ponía en los entrenamientos cuando estaba en Detroit.
Dirigió su mirada al frente para buscar a su amigo, al cruzar miradas, este soltó una carcajada que no pudo escuchar y el moreno señaló hacia donde provenía la música; el chico siguió la señal y noto que su ex entrenador hablaba con el encargado de la cabina.
Al parecer la fiesta retrocedería casi cuarenta años ahora.
Movía un poco sus pies bajo la mesa, la música conocida le traía buenos recuerdos y comenzará a sentir ganas de unirse a la fiesta.
El problema era que no sabía cómo hacerlo. Casi deseaba que Leo o Pichit volvieran una insistencia, pero sabía que no lo harían.
–Qué remedio–. Se lamentó acomodándose mejor en la silla.
Entonces lo notó.
Su cabello platinado y hombros anchos moviéndose elegantemente en la pista.
Sus piernas siguiendo el compás de la melodía en turno.
El rostro, alegre y relajado. Disfrutando a plenitud de la música que nunca pasaría de moda.
Y también vio unas finas manos que rodean esos hombros.
Las manos fuertes de él sostenían la cintura de ella con la delicadeza de quién tenían una flor.
El cabello rojo quedaba perfectamente a tono con el despampanante vestido dorado que escogió para la ocasión.
Mila se vio realmente hermosa.
Y lucia perfecta entre los brazos de Viktor.
Yuuri negó con la cabeza parpadeando un par de veces mirando su vaso con sospecha, pues ese tipo de pensamientos solo podrían ser producto del alcohol.
Se terminó la gaseosa de un solo trago y bufó al no ver al mesero rondando por la zona.
Ya comenzaba a molestarse y el que Viktor ni siquiera habíamos vuelto a la mesa le enojaba más.
Yuuri no lo admitiría pero realmente le haría mucha ilusión compartir este último banquete de la temporada juntos, puesto que ya tuvieron contemplado no asistir al banquete del mundo por equipos por cuestiones de agenda.
Y aunque pareciera extraño, este había sido el primer banquete que ambos disfrutan sin ser asediados por la prensa o que uno estaba ausente.
Solo basta con recordar la Copa de China, su primera competencia previa al Gran Premio, Leo, Pichit y Guang Hong no lo soltaron en toda la noche.
Luego en Rusia, no participó en la Gala, mucho menos fue al banquete; sino que en cuanto hayan obtenido los resultados tomo el primer vuelo a Japón para comprobar que Maccachin estaría bien.
Y en el Gran Premio ambos fueron solicitados por los demás patinadores y patrocinadores que, en algún momento, Yuuri subió a su habitación totalmente agotada, dejó a Viktor lidiar con todo.
Con el regreso de Viktor para las nacionales, la agenda comenzó a ser más apretada para ambos, por lo que solamente Viktor asistió a Yuuri en Japón y en el evento, Minami fue el que no se le despegó en toda la velada.
Cosas similares sucedieron en el Campeonato Europeo y los Cuatro Continentes, tal como ya vinieron que ocurrirán lo mismo en ese, pero los organizadores establecieron un toque de queda para patrocinadores y los pocos corresponsales que asistieron al banquete.
Hace casi una hora de eso y Viktor todavía no podía regresar a su lado.
O algo así lo perdió. Después de todo, ahora mismo podríamos verlo bailar con su compañera de pista y no lo haría nada mal.
–Estoy siendo un idiota– se recuñó, sintiéndose patético, - él no tiene problema con divertirse, yo soy el que se quedó sentado aquí.
–¡Yuuri! - La voz de Chris le sacó de sus pensamientos, al girarse un poco, notó que el rubio sonreía de oreja a oreja y emanaba un fuerte olor afrutado, tal vez por esa bebida rosada que vio pedir una Sala antes de que se llevara Seung Gil a la pista pese a sus protestas y las de su hermano gemelo.
Yuuri regresó a buscar al mesero y de nuevo no tuvo éxito. ¿Estará bailando también?
–¿Qué ocurre Chris? - El rubio se sentó en la silla que había ocupado Leo y llevó su cabeza al respaldo.
–Me voy a arrepentir mañana de esto.– Yuuri asintió sin prestarle mucha atención, seguro el suizo solo estaba cansado y podría tener dudas de minutos antes de que volviera por donde vino.
–Hey Yuuri.– el mencionado se giró, notando sus ojos risueños con una pizca de picardía.
–Vamos a bailar, anda, Masumi tiene dos pies izquierdos.– se quejó de su pareja, Yuuri soltó una risilla pensando en lo irónico que sonaba determinado que era un ex bailarín de danza.
-No. Se lo que intentas y no habrá show en este banquete.– El suizo infló sus mejillas y le picoteó el abdomen.
–No sé de qué estás hablando ... yo solo quería bailar buena música con el campeón mundial.– Yuuri entorno los ojos.— Además así conseguirías que Viktor venga a ti. Se nota a leguas que quieres estar con él. - Yuuri se sonrojó a tal grado que podría parecer un semáforo, ahora solo rogaba que la mediana oscuridad le cubriera lo suficiente para que el suizo no lo notara.
–Estas borracho, Viktor no bailaría conmigo si está con Mila o Sala o alguna otra chica.
–Pero bailó contigo, ¿no? Creo que lo hicieron frente a miles de espectadores en las últimas galas ...
–Esa fue una presentación.
–... Y el banquete de Sochi.– Completó. Yuuri se golpeó la cabeza contra la mesa. A veces deseaba que ese día no hubiéramos ocurrido.
Pero luego recordaba que, de no haber pasado. Seguramente no estaría con Viktor. O el no viniera con la idea de ser su entrenador de buena a primeras.
Después de todo él se lo solicitó. Borracho, pero lo hizo.
–Eso no cuenta ... Aún tengo huecos en mi memoria.– Era una excusa barata pero era lo único que tenía, Chris soltó una risa burlona.
–Ajá ... Sabes que existen fotos y videos, ¿verdad? Además, ¡ahora estás sobrio y puedes hacerlo mejor! Solo di la palabra mágica y nos adueñaremos de la pista. Yuuri no quería seguir con eso, pero mientras más pronto se liberará del suizo, mejor. La oferta sonaba tentadora pero temía hacer el ridículo.
–¿Cuál es la palabra mágica? - Chris sonrió enigmáticamente.
–Pole dance.
–Cuida las cosas, Chris tengo que ir al baño –no se molestó en decirle que eran dos palabras, sino que se paró cual resorte de la mesa y se perdió por un pasillo.
Con ese ya sumaban tres intentos por parte del suizo de hacer un show no apto para menores de edad. ¡Aquí también estaban los juniors!
Al entrar no había nadie, por lo que pudo sentirse aliviado. Ni siquiera supo en qué momento comenzó a estresarse.
Fue hasta el lavabo y se enjuagó el rostro, mirando su reflejo en el espejo.
Había algo de cierto en todo lo que Chris había dicho.
"Quería estar con Viktor"
Esa es la era de la razón de todo esto.
Continúa mirándose, debatiendo en su mente las dificultades de éxito o fracaso así como la posible vergüenza.
–Si tan solo siente un trago ...
- "No, no Yuuri, el alcohol es malo. Repítelo. Alcohol malo." - Sabía que no tenía escapatoria a menos que subiera a su habitación y terminara con esto. Incluso si la otra parte nunca se enteró del embrollo que era su mente en esos momentos.
Pero sería como darse por vencido. Habían pasado por tanto como para no tener un poco de sosiego.
Yuuri solo quería disfrutar esa noche. Después de una ardua temporada, una de estas fiestas debe ser memorable. Sin que el demonio del alcohol nuble sus sentidos.
Sonrió a su reflejo y llevó su cabello hacia atrás, recordando su propio aspecto al realizar la rutina de su programa corto.
Y sin dar cabida a cualquier arrepentimiento. Salió a la pista.
La verdad, comenzó a arrepentirse en cuanto estuvo a cinco pasos de la pareja.
Llevó su mano al hombro de la pelirroja, ella se giró hacia para ver quién la llamaba, al darse cuenta de que era él, le sonrió con dulzura y se apartó un poco, solo que antes de irse, le susurró al oído:
–Ya te estabas tardando.– Yuuri respondió a sus mejillas calientes y no era por el lugar lleno de gente.
La chica desapareció entre la multitud, entonces volvió la vista al hombre que estaba buscando.
Viktor le sonrió de medio lado, un gesto que Yuuri sabía, derretía los corazones de sus admiradores.
El suyo incluido.
Pero había algo en ese gesto que era nuevo para Yuuri, o al menos, solo él logró percibirlo desde hace varias semanas o tal vez meses atrás.
Era la manera en que sus ojos parecían brillar al conectar sus miradas.
Su corazón latía desbocado ante ese gesto, pero lograba mantenerse en calma lo suficiente para no salir corriendo.
La canción que estaba en esos momentos ya había terminado y siguió otra del mismo estilo de las ochentas ... Yuuri sonrió al reconocerla.
Ahora he tenido el mejor momento de mi vida
No, nunca me sentí así antes
Extendió su mano, en un mudo gesto para invitarlo a bailar. Viktor la tomo acariciando su dorso y acercando sus cuerpos.
Rodeo sus hombros, sin soltar su mano, entrelazando sus dedos.
Yuuri se cohibió al darse cuenta de la posición, no es que tenía problemas con guiar el baile, pero Viktor era Viktor.
Al parecer, se dio cuenta de su indecisión y el mismo colocó la mano libre de Yuuri en su cadera.
–Demuéstrame que tan buen bailarín eres estando sobrio.– Los nervios de Yuuri desaparecieron y soltó una risilla de buen grado, por alguna razón, el que Viktor recordara eso no le molestaba.
Tal vez por qué para el parecía un buen recuerdo.
Yuuri en verdad se lamentaba solo tener pedazos de esa noche en su memoria.
He estado esperando tanto tiempo
Ahora finalmente encontré a alguien
Para estar a mi lado
Comenzaron a moverse al ritmo de la música, con una secuencia de pasos que eran el reflejo del otro.
–Creo que mucho mejor, o al menos no estaré exhibiéndome en un tubo sacado de quién sabe dónde– Viktor solo se rio inclinando un poco a su hombro, un peso de que le sacaba casi diez centímetros de altura, encajaban perfectamente.
Inhaló la suave colonia que aún permanecía pese a las decenas de perfumes ajenos que tenían impregnarse durante la velada.
–Tardaste mucho– el japonés le miró extrañado, Mila le había dicho algo similar pero no entendió porque.
–¿De qué hablas? - El ruso le miró divertido antes de responderle.
–En cuanto volví al salón, Mila y Pichit me atraparon en la entrada y dijeron que se estableció como un aguafiestas por no querer bailar.– Yuuri enrojeció e hizo nota mental de reclamarle a su amigo por ventilar su frustración, - así que decidí intervenir.
–¿Era tu idea repetir lo de Sochi o algo así? ¿Porque todos insisten con lo mismo? - ¡Eso era el colmo! Que hasta el propio Viktor se confabulara con sus amigos.
Viktor solo sonrió enigmáticamente.
–Solo quería bailar contigo.
–¿Y por eso establece bailando con Mila? "- quiso contradecirlo, pero se dio cuenta de lo que en verdad significa las palabras de su entrenador.
¿Bailar conmigo?
–¿Tu ... querías que te invita a bailar?
"Ay Viktor" Yuuri solo atinó a mirarlo complacido y sintiéndose un poco torpe.
"Ambos somos un par de tontos".
Pensó. Después de todo uno esperaba que el otro tomara la iniciativa. Por esta ocasión, Yuuri asumió la responsabilidad.
–No la tomes contra los chicos. - Pidió el ruso en tono tranquilo al mismo tiempo que giraban cada vez más alejados de su centro, pero aun así, logran conectar sus pasos con tal sincronía como si hubiesen ensayado durante semanas. Nada más alejado de la realidad.
–Ellos solo querían que tuvieras un poco de diversión, después de todo, eres la estrella de esta noche.– El japonés quiso negarlo, pero ya ni se molesta en hacerlo.
Al fin de cuentas, estaba con Viktor y nadie más.
Bailando en el banquete del Campeonato Mundial, si alguien necesita divertirse a lo grande esa noche era Yuuri.
–¿Así que divertirme? - Soltó a Viktor a mitad de la canción y se alejó un par de pasos sin quitarle la mirada de encima. Viktor sonrió complacido por lo que estaba a punto de hacer.
Hey bebe con mi cuerpo y alma
Te quiero más de lo que nunca sabrás
Comenzó a bailar solo, moviendo sus pies y brazos; disfrutando de la música, sintiéndola en cada poro de su piel.
Los hermosos vestidos y los finos trajes así como el roce accidental de los bailarines dejo de existir en esos momentos.
Solamente estaba la pista a su merced; las luces tenues y coloridas; la música que los envolvía en una atmósfera de agradable nostalgia ...
Y lo más importante, Viktor. Mirándolo intensa y cálidamente.
Yuuri tomo un nuevo ritmo y sin despegar la mirada de iris iris azules, bailando e invitando al ruso a seguir hasta el final.
Eres la única cosa
No puedo tener suficiente de
Entonces te diré algo
Esto podría ser amor porque ...
Viktor no lo perdió dos veces y fue hacia él, seguro y confiado.
Yuuri le alzó con los dos brazos, sonriendo con júbilo, sobre todo cuando lo giró un par de veces y, por el rostro de Viktor este no se lo esperaba y qué se apoyó en sus hombros para estabilizarse.
Yuuri pensó que era adorable. Jamás lo dejaría caer.
Lo bajo con cuidado cuando la melodía estaba en sus últimas notas.
Los brazos del contrario rodeando su cuello.
Sus frentes juntas. Mirando a los ojos del otro, perdiéndose en ellos. Sonriendo cómplices.
Porque he tenido el mejor momento de mi vida
Y he buscado por cada puerta abierta
Hasta que encontré la verdad
Y todo te lo debo a ti
Cuando la canción terminó, los aplausos y vítores los sacaron de su ensoñación.
Yuuri giró el rostro y lo primero que vio fue su mejor amigo con el celular en la mano, filmándolo.
Entonces cayó en cuenta que más personas los observaban con sonrisas curiosas y divertidas en sus rostros.
-"Oh no"-. Quería cavar un hoyo y esconderse hasta que identifique una calidez familiar.
Viktor apretó su mano suavemente y Yuuri sospechó, ya no había más que hacer que afrontar las consecuencias.
Después de todo era el campeón, ¿O no? Tenía el derecho a divertirse. Era su noche.
–¡Deja eso y ven aquí! - el tailandés abrió la boca en un gesto sorprendido, pero inmediatamente hizo lo que pidió, enseguida tomo a Leo, Guang Hong y Mila quien solo se reía y entrelazaba su brazo con el de Sala Crispino, uniéndose Emil Nekola y Michele Crispino, quien solo vigilaba que nadie bailara tan cerca de la italiana.
Yuuri no podía importarle menos, no cuando tenía a Viktor, riendo y bailando, solo con él.
La noche pasó como un maravilloso sueño, del cual ahora si pudimos recordar, ya que aparte de lo que sus amigos filmaban, Yuuri no podría olvidar nunca ese primer baile con Viktor.
"El tiempo de mi vida" y asi que lo era: gracias a Viktor estaba ahí y esperaba seguir estándolo durante el tiempo que sea posible.
Después de todo, aún quedaba un oro que ganar para hacer válida la promesa que los unió.
Y Yuuri sabía que con Viktor a su lado, nada era imposible.
Comentarios:
Aww tengo una sonrisa estúpida al terminar esto jajaja. Ya era hora que hiciera un Victuri feliz: D
Celebrando que terminó el Campeonato Mundial de este año, él traería este OS :) espero que lo hayan disfrutado.
Y si, Dirty Dancing fue mi inspiración jeje.
ver? v = WpmILPAcRQo
