¡Konnichiwa! Ya regrese con el capítulo 4 (Yeiiii) esta vez sí tarde más que las veces anteriores así que ¡Gomen! Les agradezco a quienes se tomaron la molestia de dejarme un review (arigatou) y para los que aún siguen en las sombras, de verdad me gustaría escuchar su opinión :D Bueno ahora sí, a leer.
CAPITULO 4
Al abrir los ojos los rayos del sol a través de la ventana hicieron que los volviera a cerrar. Estire mi cuerpo y, una vez más comencé con la rutina de casi todas las mañanas. Me puse el uniforme, acomode mi mochila, y salí de mi recamara para ir a la cocina.
-Kari, ¿Podrías por favor despertar a tu hermano? Lo llame hace unos minutos pero no me hizo caso- mi madre se quejaba, sin embargo, no perdía el control de la comida que preparaba.
-Está bien mamá.
Entre sigilosamente al cuarto de Tai, escuche sus fuertes ronquidos. Moví su cuerpo tantas veces que su profundo sueño se me estaba contagiando. Decidí rendirme y dejar que una de las diez alarmas que colocaba mi madre en la habitación de mi hermano terminara por despertarlo.
Regrese a la cocina, me ti el desayuno que siempre me preparaba mi papá antes de irse al trabajo, y salí de casa, no sin antes despedirme de mi madre.
El aire fresco de la mañana apaciguo mi mente. Camine tranquila, tal vez porque era muy temprano, o tal vez, la razón era que ahora en el salón lo primero que vería al entrar, serian ese par de ojos color zafiro, tan profundos y claros como el mar.
-Buenos días- salude a mis dos o tres compañeros que ya se encontraban en el aula.
Avance a mi lugar, el cual amaba tanto por estar junto a la ventana. Revisaba algunos apuntes que no comprendía muy bien cuando, escuche que alguien cerraba la puerta del salón.
-Hola Kari- T.K se dirigió directamente a mí después de haber entrado.
-Hola, T.K ¿comprendiste esto?- señale la libreta.
-Mmm…veamos- observo la hoja llena de garabatos-. Simplemente utiliza esta fórmula, Kari.
-Al ver mi rostro en total confusión, tomo una banca y se sentó frente a mí. T.K comenzó a explicarme paciente y detalladamente cada problema de matemáticas. Pero de repente escuchamos un par de zapatos que corrían por los pasillos provocando un gran alboroto.
-¡T.K!- dijeron al unísono un par de voces abriendo bruscamente la puerta.
Se trataba de Mimi e Izzy que llegaban apresuradamente.
-Hola chicos, pensé que se habían olvidado de mí- respondió T.K levantándose de la butaca para saludar a los invasores.
-Eso jamás, no podríamos olvidarnos de ti. El día de ayer te buscamos por toda la escuela en cuanto nos enteramos por Matt que te transferirían a esta escuela, pero no encontramos- contesto con gran energía una Mimi que había corrido por largos pasillos, solo para ver a un viejo amigo.
Me acerque a ellos, que se encontraban en la entrada. Salude a mis amigos, y recibí, como siempre, una respuesta amigable.
-¿Qué les parece si vamos a comer a la salida? Para celebrar el regreso de T.K- pregunto Izzy.
-Eso suena perfecto, yo conozco un lugar, suelo ir mucho allí con mis padres- comento Mimi-. Pero, ¿ustedes están de acuerdo?
-Claro, no hay problema. Sera grandioso salir con ustedes después de mucho tiempo.
-¿Y tú Kari?- me interrogo Izzy.
-Creo que, no tengo nada que hacer- me detuve para indagar en mis pensamientos, y desafortunadamente, llego algo-. Oh…chicos, lo siento. Acabo de recordar que el día de hoy yo preparare la cena.
-Está bien, descuida, podemos ir mañana, o pasado mañana o la semana siguiente- trato de animarme Mimi.
-No se preocupen por mí, vayan ustedes, además yo ya he platicado miles de vece con T.K, y ustedes no.
-Kari, ¿estas segura?, Izzy y yo podemos venir después.
-De verdad, salgan ustedes tres- sonreí.
-Bien, aceptaremos solo porque no hemos visto al pequeño T.K en más de un año.
De esta forma la idea que Izzy había propuesto se dio por finalizada. Después de sonar la campana los chicos regresaron a sus clases y nosotros entramos de nuevo al aula.
No fue hasta la tercer hora, la de inglés, que me di cuenta de la ausencia de Davis. Recordé la forma tan precipitada en la que se había despedido el día de ayer, y por algún motivo me sentí mal, después de todo él era mi fiel amigo.
De nuevo sonó el timbre anunciando el fin de las clases. Acompañe a T.K, Mimi e Izzy hasta la salida y después tomamos caminos diferentes. Camine hasta un pequeño supermercado cerca de la escuela para comprar los ingredientes de la cena, y aunque solo compraría lo necesario, termine comprando más de lo que contemple. Salí de ahí con cinco bolsas en mano, más mi mochila. Estuve a punto de tropezar, aunque no lo hice, pero dos bolsas estaban en el suelo.
-Debe tener más cuidado, señorita. Dijo una extraña voz. Era un joven de mi escuela, y de un grado mayor, de tercero exactamente, lo supe por el color de su corbata.
-Sí, lo siento mucho- alce la mano para que me devolviera la bolsa, pero no la soltaba.
-No seas tan ansiosa, niña, primero dime ¿Cómo te llamas?
-No creo que sea necesario, le agradezco su amabilidad, pero devuélvame mis cosas, por favor- replique con toda la tranquilidad posible.
-Eres de primer año, ¿cierto?- trato de tocar mi mejilla.
-Necesito llegar a mi casa, de lo contrario me regañaran.
-En ese caso, te acompañare para que no te castiguen- sonrió de una manera chocante.
-Disculpa, pero yo la acompañare.
Esa voz…
-¿Tú quién eres mocoso?
-¿Mi nombre? Takaishi Takeru, ahora vete.
Era T.K, estaba justo enfrente de mí, y me tomaba de la mano. Sin darme cuenta había zafado la bolsa del brazo del rufián.
-¿Pero quién te crees que…
-Dije que te fueras- alzo la voz sin inmutarse mientras continuaba viendo al sujeto.
Observe en T.K una madurez que emanaba de sus ojos, su voz, de todo su cuerpo, una madurez que no había notado, hasta ese día, en ese momento.
-No quiero problemas por golpear a un niño- el chico giro en dirección contraria a la nuestra y se perdió entre las calles.
-Tranquila- susurro T.K recuperando su habitual tono de voz-, deja de temblar.
Es cierto, no me había percatado, un ligero temblor controlaba mi cuerpo. Giro hábilmente hacia mí, y me otorgo un cálido abrazo, haciéndome soltar el montón de bolsas que cargaba.
-Descuida, yo…nunca soltare la mano que sostengo.
Al oír esas palabras mis ojos comenzaron a derramas lágrimas silenciosas. No sabía el porqué, tal vez era por miedo, tal vez era de felicidad o, probablemente, era culpa del sentimiento que presionaba mi pecho con tanta fuerza, siempre que pensaba o estaba cerca de T.K, sentimiento que se hacía más inmenso, como el azul del cielo, como el azul de sus ojos donde almacenaba mis recuerdos.
つづく...
