¡Konnichiwa! Y...¡Tara! El capítulo 13 ya está aquí, ¿Qué pasara después de ese duro golpe? ¿Kari se rendirá, o seguirá adelante? Pues eso ni yo lo sé, no, yo si lo sé, pero ustedes no buajajajaja. Gomen. Espero que disfruten este capítulo y ¡Feliz navidad! Muchas gracias por leer mi fanfic, aunque no me dejen un review :( me hace feliz que lo lean, porque sé que lo hacen. De verdad espero que disfruten este día, si no es con su familia por X, o Y razón, pues aunque sea con ustedes mismos viendo toda la primera temporada de Digimon (no es que yo lo haga), nuevamente ¡Feliz navidad! Y feliz año nuevo porque se acerca cada vez más Digimon Tri ¡kyaaaa!

CAPITULO 13

Un silencio incómodo y torturante opaco las risas de hace unos momentos. Sentí que en un instante todas mis ilusiones se habían resquebrajado, con las palabras de quien más amaba.

Aquellos ojos azules, que ahora me parecían extraños y difíciles de comprender, me observaban atentos, esperando ansiosamente una respuesta. Reprimí las lágrimas que sentía iban en aumento, tranquilice la fragilidad de mi voz, y reuniendo toda la fuerza que pude felicite a T.K con la mejor sonrisa que logre sacar. Las siguientes horas nos mantuvimos a una distancia considerable concentrados en nuestras libretas, hasta que mi hermano me llamo para irnos a casa, sentí un gran alivio al escuchar su voz para salir de ese agujero negro.

-Kari, ¿estás bien? te note muy callada- pregunto Tai cuando llegamos a casa.

En ese momento, sentí que un enorme peso cayó sobre mí debilitándome por completo y exponiendo los sentimientos que hasta ahora no dejaba salir. Una gran herida difícil de sanar se abrió en mi pecho dejándome caer sobre los brazos de mi hermano. A veces sollozaba tan fuerte que tontamente llegaba a pensar que T.K podría escucharme aun desde esta distancia. Tai no volvió a preguntar nada, se mantuvo sereno mientras me sostenía tiernamente, y simplemente se limitó a escuchar mis llantos que lo hacían estrecharme hacia él con más fuerza.

T.K ya no estaría nunca más a mi lado, por lo menos no como yo deseaba internamente, ni me protegería, no volvería a escuchar su voz diciendo mi nombre como el solía hacerlo. Ahora procuraría no borrar jamás la sonrisa de Ayumi, y a ella, solo a ella, le estrecharía la mano para nunca perderla, y le entregaría toda la calidez posible al mirarla. Pensar en cada una de esas cosas solo hacia crecer mi dolor, pero a la vez sentía mi corazón mucho más ligero.

Comencé a sentir mis ojos más pesados, y perdiendo la noción del tiempo que llevaba así borre todos los sentimientos melancólicos de mi mente, sumiéndome en un profundo sueño.

Al día siguiente sentí que me había deshecho de algo que me impedía avanzar al sacar las emociones que había decidido guardar solo para mí. Me vestí para ir a la escuela con una extraña alegría importándome muy poco la hinchazón de mis ojos. Alguien toco a mi puerta con delicadeza como si temiera que lo escucharan.

-Ya me voy a la escuela, regreso en la tarde- dijo mi hermano quedándose de pie en la entrada de mi cuarto.

-Ve con cuidado- le sonreí.

-Sabes Kari- dio unos cuantos pasos hasta sentarse a mi lado sobre la cama-, tú siempre me cuentas todo, y sé que esta vez, por alguna razón no lo hiciste, pero solo contéstame esto: ¿Tiene algo que ver con cierta persona que tú y yo conocemos, llamada Takeru?

El leve sonrojo en mi rostro fue una señal más que clara para él.

-Está bien, siempre sospeche que algo así pasaría- sonrío juguetonamente. Volvió a caminar hacia la puerta deteniéndose antes de salir-. T.K no es un mal chico, incluso podría llegar a decir que lo considero como un hermano menor después de lo que pasamos en aquel lugar, pero lo más importante es…que te ama. ¡Demonios! Que incomodo es decir esto- decía jalándose el cabello-, como sea, no te atrevas a rendirte Kari, no lo hagas, o te podrás arrepentir.

Huyo de la habitación antes de que yo pudiese hablar.

Recordé el día en que ocurrió algo similar, pero a la inversa. Tai acababa de entrar al instituto, apenas era el primer día, aquella tarde cuando llegue de la escuela corrí al cuarto de mi hermano para preguntarle cómo le había ido. Lo encontré recostado en su cama botando una pelota contra la pared, sabía que algo le ocurría. Sin decir nada me recosté a su lado observando como la pequeña pelota regresaba a sus manos. De repente escuche un sonido justo a mi lado, y divise una lágrima que resbalaba por su mejilla. Alargue mi mano para tomar la suya con fuerza mientras lloraba silenciosamente. Hasta esa tarde supe con certeza lo que mi hermano sentía por Sora, y lo mucho que le había afectado su relación con Matt. Ahora yo estaba en la misma situación. Sin darnos cuenta ambos continuábamos creciendo entre lágrimas y risas.

Durante las últimas semanas antes de las vacaciones de invierno T.K estaba todo el tiempo con Ayumi, aunque no me ignoraba, era como si lo hiciera. Saori se distancio un poco, al ver sus ojos lo que me mostraban no era rencor hacia mí, sino remordimiento, tal vez por la plática tan abrupta que sostuvimos días atrás. Por esa razón yo siempre me mantenía cerca de Davis y sus amigos, y después de todo aproveche ese tiempo a su lado cuando recordé que el próximo año escolar ya no estaría en esta escuela.

Estas vacaciones eran de las más lentas que había tenido en toda mi corta vida, incluso este día, veinticuatro de diciembre, lucia desolador. Rogaba porque algo, lo que fuera, me sacara de tal aburrimiento, entonces fue cuando algún ser, probablemente el dios del digimundo, me escucho, y mi digivice comenzó a sonar. Rápidamente me incorpore en el sillón, después escuche a mi hermano salir de su cuarto y correr a la sala para mostrarme el sonido del digivice en sus manos. Nos miramos con asombro. De un momento a otro ya habíamos tomado el metro para dirigirnos al lugar que señalaba el aparato; un parque cerca de la torre de Tokyo. No fue hasta que estábamos a escasos metros de la torre cuando recordamos a nuestros amigos, pero decidimos informarles hasta que llegáramos, nos sorprendimos al ver a Joe e Izzy junto a un árbol del parque. Poco a poco fueron llegando los demás; Sora, Mimi, Matt y T.K, Davis, Ken, Yolei, y Cody. Todos con una alegría en sus rostros difícil de expresar. Nos sentamos en círculo recordando viejos tiempos, y esperando ansiosamente que ocurriera algo.

Cuando el ánimo de todos empezaba a decaer observamos atónitos la luz amarilla que apunto al cielo repentinamente. El digivice de T.K, quien se encontraba sentado a mi lado, emanaba esa luz, fue el primero en brillar, le siguieron los demás, uno a uno hasta que todos lo hicieron. La luz se volvió enceguecedora en cuestión de segundos, luego se cortó y dejo de ascender a las estrellas. Observe aquel panorama arriba de mi con desolación, pero al bajar la mirada encontré frente a mí una esfera de luz que flotaba. La tome entre mis manos, busque algo dentro de ella, y no pude evitar alejar mi rostro cuando de la nada apareció la imagen de Gatomon saludándome. Escuchaba su voz muy lejana, así que pegue mi oído.

-Feliz navidad Kari, no podíamos quedarnos aquí son decírselos, por eso le pedimos ayuda al señor Gennai. Te quiero Kari, nos veremos muy pronto- dijo Gatomon con la voz que tanto extrañaba escuchar.

Sabía que ella me podía escuchar perfectamente, por ello hable tanto como pude, para decirle cuanto la quería y extrañaba. Velozmente eché un vistazo a mi alrededor, todos mis amigos poseían una esfera como la mía, aunque de distinto color. Algunos se rompían a carcajadas como T.K o Tai, y otros sonreían y lloraban al mismo tiempo como Mimi.

La imagen de Gatomon se volvía cada vez más borrosa, le suplique que se quedara más tiempo, leí en sus labios un gentil "lo siento" antes de que desapareciera por completo junto a la esfera. Las estrellas que posaban solo para nosotros en aquel cielo de invierno tomaron un brillo especial que tintineaba al ritmo de nuestros corazones.

-Kari…feliz navidad- dijo una suave voz que se levantó como una brisa.

-Feliz navidad T.K- respondí devolviéndole el gesto con la misma calidez.

つづく...