¡Konniiiiiiichiwa! Fua, fua, regrese con capitulo doble, si no lo cortaba el capítulo quedaría muy largo, y tendría que omitir muchas partes que no quería, además ya no los quiero mortificar más con la relación de Ayumi y Takeru. Así que… ¡A leer!

CAPITULO 16

-Se me ve muy bien este uniforme, ¿no crees Takeru?- dijo Davis con aires de grandeza.

-Claro, claro, ahora date prisa que las porristas están por terminar.

-Está bien, solo te advierto que Kari se va impresionar cuando me vea jugar- me lanzo una mirada desafiante-. ¿Tienes miedo?

-No seas infantil- lo tome del cuello y lo jale afuera de los vestidores-. Ni en mil años podrías superarme.

Le sonreí a mi amigo, cosa que no le agrado mucho. Una vez que llegamos el show de presentación ya había terminado, así que corrimos rápidamente con nuestro equipo para incorporarnos a ellos y tomar nuestro lugar. Un silbatazo, y el partido inicio. Siempre que jugaba basquetbol mi mente solo se podía concentrar en correr y dar pases adecuados en los momentos indicados, y cuando tenía la oportunidad de encestar lo hacía sin vacilar. Para mi sorpresa Davis contribuyo bastante, no anoto ningún punto, pero es como si lo hubiera hecho. Cuando tenía el balón buscaba a quien fuera para dárselo, aunque la mayoría de las veces apuntaba con su mirada hacia mí. Si no fuera por el habríamos perdido. El marcador nos favoreció rápidamente, aumentado así los gritos de nuestra clase.

Faltando el último cuarto mi concentración se desconectó un breve instante, voltee hacia las gradas y la vi, esos ojos café que siempre he observado, no me veían a mí, lo veían a él, a Davis. Seguí con la pelota en la mano, tratando de ordenar de nuevo mi mente, pero no funciono, en un segundo vi que Davis corrió en mi dirección desenfrenadamente, y delante estaba un chico que me provoco susto por un momento, era el mismo que había molestado a Kari. De la nada saco una pequeña navaja y se acercó con furia. Lo último que recuerdo haber visto fue la mano de mi amigo interponerse, después todo fue borroso, caí al suelo y solo podía escuchar los gritos de mi hermano.

Al abrir los ojos note que no estaba en un lugar conocido, ¿Qué lugar es? Nunca lo había visto, y sé que no es el Digimundo, tampoco el mar oscuro. ¿Cuánto tiempo dormí? Quizá miles de años. Sin rumbo fijo comienzo a caminar por el denso bosque que me rodea, no escucho ningún ruido, ni siquiera de animales, el cielo azul es lo único que parece real. A lo lejos veo una tenue luz que me indica la salida, corro sin pensarlo, pero al salir no me encuentro con ninguna salida, solo era un pequeño faro, detrás de el hay un laberinto, tal vez si entro pueda encontrar la salida. Mis pies caminan con cierta inseguridad, el silencio me aturde, por lo menos me gustaría escuchar el aire. Sin darme cuenta llego al que parece ser el centro del laberinto, de repente escucho una pequeña voz que por un momento confundo con el viento. Su pequeño cuerpo se hace más grande hasta que lo alcanzo a ver por completo.

-Patamon- digo acercándome a él.

Sin embargo es como si no me escuchara, agitando sus alas pasa a un lado de mí, sonríe y sigue su camino hasta desaparecer.

-Patamon, ¿Dónde estás?, no te vayas.

Resignado continúo mi camino. Las paredes que me rodeaban se desvanecen, siendo sustituidas por un enorme campo lleno de flores blancas. Un árbol se alza estoicamente entre las plantas, debajo hay una persona. Su cabello castaño es inconfundible. Esta recargada grácilmente contra el frondoso árbol, tiene un vestido blanco que se agita con el viento que aún no logro escuchar. Su rostro gira para encontrarse con el mío, esbozando una sonrisa que refleja todo su ser.

-Kari…

Mis piernas se quedan paralizadas, no me puedo mover. No me puedo acercar a ella. El árbol empieza a marchitarse ante mi impotencia, pero Kari sigue allí, inmóvil, parece estar esperando a alguien, ¿Seré yo?

-¡Kari!

-Tranquilo, Kari está ahí, ¿ves?- dice Sora con delicadeza.

La chica permanece acostada a un lado de mí. Todo fue un sueño, con seguridad sé que este no lo es, por una simple razón, percibo la calidez de su cuerpo.

-¿Te sientes mareado?- pregunta Joe, el futuro medico.

Solo asiento.

-Matt casi mata a ese chico, es bueno que la herida no fue tan grave como todos pensábamos. Davis estuvo aquí hace un momento, pero seguías durmiendo- exclamo Izzy mientras jugaba con el control de la televisión en la enfermería.

-Si no fuera por el tu estarías perdido ¿sabes? Aunque Kari estaba muy enojada y…

-¡Mimi!- reprimió la pelirroja.

-¿Qué hizo Kari?- pregunte, sin darme cuenta toque mi cabeza por una pequeña punzada.

-Nada, es solo que, ella se alteró, y comenzó a gritarle diciendo que él te había lastimado.

-No fue Davis.

-Lo sabemos, pero es mejor que tú hables de eso con ella, por ahora nosotros ya debemos irnos. ¡Matt, ya puedes dejar pasar a Tai!

Con las palabras de Joe, Izzy y Sora se despidieron de mí regalándome una cálida sonrisa.

-Has despertado T.K, tuve que salir porque Tai estaba haciendo mucho ruido. Bien, debemos irnos- dijo mi hermano dándole una palmada en la espalda a su amigo.

-Lo sé, lo sé… y Takeru, más te vale que no vuelves a decir algo así y si lo haces tienes que pedir primero su mano.

-¡Taichi! Deja de molestarlo, despídete bien y ya vámonos- mi hermano golpeo con suavidad mi frente y se marchó. El moreno tardo un poco más, le dio un beso a su hermana antes de salir, y volvió a mirarme como si quisiera matarme.

No sé lo que dije mientras dormía, pero supongo que no fue nada bueno, al menos para Tai. Mis amigos se fueron, dejándome a solas con quien dormía a mi lado, lentamente comenzó a abrir los ojos, observo la ventana y parecía estar desorientada.

-Dormiste más que yo- dije débilmente para que se diera cuenta del lugar en el que estaba.

-T.K, ¿estás bien?

-No te asustes, solo me duele un poco, ese chico esta demente.

-¿Quién fue?- esa era la pregunta que esperaba, pero no pensé que llegara tan rápido.

-Oh, sí, mientras tu dormías vinieron Izzy, Mimi, Sora y Joe, me contaron lo que le dijiste a Davis, pero no fue el, jamás lo haría, fue el chico que te había molestado, de la nada se acercó a mí y saco una pequeña navaja que ocultaba, de no ser por Davis que interpuso su mano quien sabe si seguiría yo aquí.

Bajo la vista, consternada por lo que acababa de contarle, el movimiento ansioso de sus manos delataba la culpa por su pequeño desliz, que seguramente hirió de una forma grave a mi amigo. Opte por cambiar de tema y preguntarle acerca de lo que me había dicho Tai, pero ella tampoco lo sabía. Después, con la ayuda de Kari, bajamos al patio central para ver la fogata. Todos ahí estaban realmente contentos, se miraban unos a otros con inseguridad, entonces recordé una leyenda que me comento un compañero de la clase. Sonreí discretamente, una idea cruzo por mi cabeza, pero fui interrumpido por Izzy y Mimi.

La música comenzó a sonar haciendo que todos en breves momentos estuvieran alrededor del fuego, el pensamiento que había perdido volvió a mí al ver el rostro de Kari iluminado por las llamas, sus ojos tomaron un curioso color rojo que me hizo estremecer por un instante, para luego contemplarlo como siempre lo hacía. Estaba decidió a preguntar, pero nuevamente fui interrumpido.

-Takeru, ¿podemos hablar?

-¿Ah?, por supuesto…Kari, nos vemos.

Mi plan se arruino en cuestión de segundos. Me aleje, dejando a la persona que momentos atrás me tenía embelesado.

-¿Te encuentras bien, Takeru?

-Si…sí, estoy bien, no fue nada grave.

-Que bien- resoplo con alegría-. Estuviste fantástico en el partido, felicidades.

-Gracias Ichinose, pero no lo hice yo solo- desvié la vista al lugar en el que había dejado a Kari, ya no estaba sola, Davis estaba con ella-. ¿De qué querías hablarme?

-¡Ah!, eso, pues veras es algo trivial…

¿Por qué siempre la tengo que dejar sola? No importa lo que haga siempre es lo mismo, yo me alejo, y él llega como todo un héroe a rescatarla. Siempre…siempre será así.

-¿Takeru?- una mano atraviesa mi vista.

-Lo siento, estaba distraído, ¿Qué decías?

Ichinose nota el aturdimiento en mis ojos, voltea a la fogata y vuelve a posar la vista en mí esbozando una sonrisa forzada.

-Nada, nada, después te digo, por ahora vamos a bailar ¿sí?

Sin escuchar mi respuesta me toma de la muñeca jalándome hacia el mar de parejas. Busco instintivamente una cabellera castaña y noto que ya no está por ningún lado. Mi cuerpo se crispa al escuchar la voz de Davis detrás de mí, y después la de Kari. Al parecer la gran fogata ha surtido efecto en nuestros corazones, pero no de la manera que yo esperaba.

El día por fin ha terminado. Espere a que llegaran por Ichinose para que pudiera irme yo. Al salir de la escuela me doy cuenta de que todos cambiamos. Veo lágrimas, escucho risas, nada es seguro en la vida, eso dicen los susurros de mi interior.

-Bienvenido, ¿Cómo te fue?- escucho la voz de mi madre al entrar a casa. Sale de su recamara para recibirme pero se queda paralizada al ver la venda que rodea parte de mi cabeza-, ¿Qué…te paso?

-Me caí durante el partido.

-Pero que despistado, de seguro te distrajiste por ver a Hikari.

-¡Mamá, no fue por eso!- sentí como me sonrojaba, provocándole una risa incontrolable-. Estoy muy cansado, me voy a dormir, buenas noches.

Deje atrás la risa de mi rubia madre para adentrarme en mi recamara. Me tumbe en la cama olvidándome de la herida sobre mi nuca, no era nada en comparación al extraño desasosiego que se formaba en mi pecho al recordar la imagen de Kari y Davis bailando. De una forma imperceptible, sentía como nuestros destinos se iban separando, ¿hacia dónde irían?