Amo a Ranma, pero no me pertenece, es la creación de Rumiko Takahashi. La historia y algunos personajes extras son creación mía. Hago esto por diversión y para los fans de la serie.

Gracias a todos por seguir leyendo, no desesperen todo se revelará en su momento Hasta ahora ¿qué les está pareciendo la historia? ¡Espero sus comentarios!

5) El pasado se revela: maestros y guardianes 1ra parte

Acababa de dejar el internado apenas unos pocos minutos, hacia cambios de velocidad y aceleraba sorteando los autos para lograr tomar la carretera lo más pronto posible; de ahí, se desviaría hacia la aldea por un camino alterno por el bosque rumbo a la montaña; solo tenía en mente el llegar para poder ir al río y ver a los guardianes y después hablar con los maestros en la aldea antes de que las demás prometidas llegaran.

Miraba de reojo su reloj, eran cerca de las tres de la tarde, para esa hora las demás prometidas irían a la mitad del camino y seguramente Saky ya habría terminado de capturar su parte del trabajo y la iría a buscar a su habitación; con algo de suerte tardaría una hora más en la impresión, entregar el trabajo y después arreglarse.

Se sentía mal por tomar la motocicleta de su amiga, de haber ocultado su plan a las prometidas, pero sobre todo por dejar plantado a Ranma… pero así tendría que ser; no le gustaba la idea de arriesgar a ninguna de sus amigas y mucho menos que se desatara un conflicto entre clanes y se vieran involucrados inocentes… ¡no!... la misión era solo de ella por herencia y no permitiría que otra generación fallara; lo había aceptado y tenía el tiempo contado para prepararse.

Estaba ya muy cerca de la desviación hacia el bosque, su corazón latía muy rápido y en su mente aparecían imágenes de ella cuando llegó a la aldea, de sus arduos entrenamientos, de momentos especiales vividos con sus amigas y primos, en aquel lugar que alguna vez fuera el refugio de su madre.

Flash back

En el salón de entrenamiento de la aldea se escuchaban el choque de las espadas y gritos de batalla; era otra clase de kenjutsu del maestro Washi con cierta terca y obstinada peli azul; llevaban toda la mañana entrenando y ni siquiera habían hecho una pausa para almorzar, parecía no cansarse, aunque sudaba mucho… se notaba en el brillo de su piel, su pelo mojado y en su juego deportivo: un top negro y unos leggings cortos grises; la tensión en sus músculos por las horas trabajadas era notoria, pero no desistía en lograr vencer al maestro, tenía que ser la mejor… hacía ya varias clases que al maestro le costaba trabajo medir y bloquear los ataques de la chica; era más veloz, fuerte, ágil pero sobretodo calculadora.

Mientras, en la ventana más alta del salón, un arrendajo más grande de lo normal, de plumas negras y marrones; de cola larga y pico blanco observaba detenidamente el combate que sostenía alumna y maestro, sus ojos enmarcados con una línea roja y sus iris de un color amarillento con jaspeadas líneas blancas hacían pensar en un ser sobrenatural al quien la viera… pero ahí estaba, inmóvil, observante y a la vez curiosa.

Los ojos negros del anciano maestro, observaba con detenimiento cada movimiento de su cuerpo mientras bloqueaba sus ataques, la soltura en sus manos… ambas sosteniendo un ninjató daba la visión que eran parte de ella, el control de sus piernas y pies, cada gesto de su rostro en busca de una pequeña reacción que le indicara un movimiento en falso, poco calculado… pero nada… simplemente no lo hallaba, su alumna era la mejor, incluso por sobre su propia madre.

Sin suda; cuando peleaba daba la impresión de entrar en un trance de la alta concentración que lograba, resultado de sus clases con la maestra Akima; en un ataque simultaneo las armas chocaron de frente haciéndolos retroceder a ambos, pausa que el maestro Washi aprovechó para dar por terminada la lección.

-Suficiente por hoy, pequeña hime… haz avanzado mucho, tu técnica es impecable, pero también es importante que descanses, no todo tiene que ser entrenamiento cuando vienes a la aldea ¿sabes?

Aunque molesta por el apodo y la suspensión de la lección, la peliazul soltó un largo suspiro y solo se limitó a agradecer la clase con una reverencia; que fue correspondida por el anciano frente a ella, un hombre de estatura similar a la de su padre, vestía un kimono en negro con gris, calvo de la coronilla, pero de pelo largo por detrás de la cabeza, de barba, patillas, bigote desarrollado y completamente blanco al igual que sus cejas; de ojos negros y con la piel arrugada por los años; que la veía con orgullo y aprobación.

-gracias maestro, creo que tomaré un descanso y veré que hacen las demás -mientras guardaba las armas en su soporte, observaba de reojo al arrendajo en la ventana mientras éste parecía saludarle con un leve movimiento de su cabeza para después salir volando al mismo tiempo que la peliazul salía del salón; acción que ella solo seguía con la mirada y un gesto de curiosidad.

Afuera del salón de entrenamiento, en el patio principal de la gran edificación, las demás prometidas practicaban con la maestra Kasuya, una anciana vestida con ropa tradicional en tono azul adornado con flores rojas, de estatura pequeña y menuda, su pelo grisáceo peinado en un chongo y sujeto con dos palillos cruzados; sus ojos de un azul muy tenue observaban con detenimiento, escudriñando cada movimiento de sus alumnas y las corregía de forma severa; mientras que sus amigas vestidas con ropa deportiva hacían su mejor esfuerzo.

Su especialidad; el combate con los Tessens, el arma favorita de Akane… cuando se acercó al grupo en clara intención de integrarse, la maestra; previendo la acción la peliazul se dirigió ella en tono seco y en forma de orden.

-Akane, no es una práctica para ti! Tú ya dominas esta arma… sería mejor que fueras con la maestra Akima tal vez necesite de tu ayuda. -sorprendida por la reacción y a la vez resignada solo atino a asentir con la cabeza para dar media vuelta y dirigirse al interior del antiguo palacio; edificio que había sido reconstruido y ahora era utilizado para las reuniones de clanes, albergar a los maestros y a los estudiantes que iban los fines de semana a entrenar y donde ahora se encontraba la maestra Akima.

Mientras caminaba por el patio principal y subía las escaleras a la entrada del palacio la maestra Kasuya pudo observar que un ave sobrevolaba a la altura por donde iba la peliazul, mientras que una pequeña sonrisa se dibujaba en su rostro.

Caminaba con desgano por lo que alguna vez fue la sala del trono, un espacio enorme de pisos brillantes y columnas de madera pintadas de rojo y grabadas con dragones, con bases en negro, lámparas redondas y enormes de tono amarillo y en las paredes tapices aterciopelados en rojo con bordados dorados de flores de sakuras; dio vuelta a la derecha para entrar el salón principal y ahí, en medio de la habitación se encontraba en meditación una mujer.

De espaldas a Akane, de cabello largo, negro canoso, suelto sobre su espalda, con un kimono en color crema adornado por bellas flores pequeñas en forma de enredadera de tono café, se encontraba la maestra Akima, una mujer de unos 90 años; su principal sensei en su formación como como Kunoichi nojutsu, ella la había instruido en su arma más poderosa… el ser mujer… en utilizar su belleza para engañar, sabotear, espiar e infiltrarse; también le había enseñado la utilización de distintos venenos y sus antídotos; su estilo de combate era la técnica Koppo, Akane aprendió con ella este estilo de pelea donde podía romper los huesos de su contrincante en una lucha cuerpo a cuerpo, con movimientos rápidos y precisos; haciendo presión en puntos claves del cuerpo; también había mejorado su concentración y el control del su aura de batalla gracias a ella y a que le incautara su leal mazo por considerarlo un arma poco digna de una mujer.

Se quedó de pie en la entrada del salón, no quería interrumpir su meditación; solo la observaba detenidamente… después de unos minutos se disponía a marcharse cuando la maestra la detuvo.

-¿tan rápido te vas? -preguntaba mientras volteaba para verla, su rostro era hermoso, sus facciones finas, sus ojos rasgados en las orillas, de tono miel, mostraban una mirada sincera y trasparente, su piel marcada por las líneas de la edad no le restaban belleza.

-no quería interrumpir su meditación

-dime, ¿por qué estás molesta?

Cerró los ojos con fastidio, sabía que estando con Akima tenía que controlar sus emociones o ella sería capaz de percibirlas, soltó un gran suspiro, la había pillado y no podía mentirle a su sensei… se acercó y se sentó de rodillas frente a ella… - maestra ¿usted cree que ya eh aprendido lo suficiente como para relajarme y ya no entrenar? O ¿es que los otros maestros ya no quieren hacerlo conmigo?

-Akane… mírame… -la peliazul no le quedó de otra que ver a su sensei directo a los ojos- una Kunoichi jamás termina su entrenamiento, es solo que tal vez los otros maestros consideran que ya no tienen más que enseñarte y tal vez… sea hora que tu aprendas por tu cuenta.

-¿Cómo dice?

-así es pequeña hime… -el rostro de la chica cambio al escuchar de nuevo el sobre nombre, frunció un poco el entrecejo y Akima se dio cuenta de ello; percibió su incomodidad, pero decidió seguir con su charla- te eh visto practicar esa técnica de las emociones y también sé que se las estás enseñando a las prometidas… desarrollas tus propios métodos de manera natural, eso no podemos enseñártelo nosotros, tú sola lo has aprendido.

-entonces… lo que trata de decirme es que ¿ustedes ya no me entrenaran?

-lo que trato de decirte es que con nosotros aprendiste a entrenar el cuerpo y la mente, es hora de que entrenes tu alma. -Akane no podía estar más confundida

-pero… ¿cómo haré eso? Si usted misma me está diciendo que ya no tienen más que enseñarme

-nosotros no… pero todo a su tiempo Akane… por lo pronto descansa y prepárate, porque mañana por la tarde tendrás una prueba de tus habilidades; -ente eso la chica sonrió, hacía mucho tiempo que quería medir sus avances.

-si maestra, así lo haré. -poniéndose de pie lista para salir

-Akane! Espera… -la chica se detuvo y giró para verla de frente. –…ésta prueba es solo para ti y no puedes comentarlo con nadie ¿entendido?

-Si maestra, descuide no lo comentaré. -cuando salía el maestro Iwao, otro de los maestros de la aldea entraba al salón; éste se le quedó mirando con curiosidad porque siempre la veía seria y concentrada, cuando iba a la aldea solo pensaba en entrenar, mientras que Akane solo echaba un vistazo rápido al anciano delante de ella, vestido con un kimono rojo, calvo sin barba ni bigote, de ojos café obscuro y nariz ancha, donde se sostenían unos lentes de armazón redondo; se detuvo a saludarlo con una reverencia y salió dando saltos de felicidad.

-valla! Se ve que la noticia la puso muy de buenas

-así es Iwao, sé que tiene un objetivo personal para esforzarse tanto… ignoro cuál sea y tampoco creo que nos lo diga; pero creo que ya es el momento de que hablemos con ella… antes que nada y por sobre cualquier cosa en la que ella esté pensando, esta su misión.

-¿crees que esté lista? -preguntaba mientras se sentaba frente a ella

-¿tú no? El fin de semana pasado me dijiste que había superado tus expectativas, que cada arma que le pusiste en frente la dominó, que tiene sus preferidas, sí, todos las tenemos… además de que hasta ahora ha sido la mejor alumna que has tenido para el Yobijutsi

-eso no te lo discuto Akima -sostenía su barbilla con los dedos tratando de organizar sus ideas. -memorizó cada uno de los puntos en el cuerpo donde puede atacar con las manos para inmovilizar, dañar, dormir y matar a un contrincante; hombre o mujer sin importar el peso o estatura, créeme que lo someterá fácilmente, pero me preocupan como a ti sus motivos, el que aún no domina por completo su ira y el hecho de que sea aún tan pequeña.

-lo sé… su marca no aparecerá hasta que cumpla la mayoría de edad, pero no falta mucho para eso; por lo demás sabemos que lo aprenderá pronto, Kasuya ha visto que los guardianes la observan y todos sabemos que no tardarán en hacerse presentes ante ella; por eso es que no debemos tardarnos más.

-y ¿cuándo consideras que sea prudente hacerlo?

-mañana mismo, después de su prueba

-¿Cómo crees que reaccione?

-no lo sé, pero tiene una sed enorme de probarse a sí misma que es la mejor, pareciera que en su mente no existiera otra cosa; recuerdo que su madre estaba muy sorprendida y se le veía asustada, sin embargo, estaba dispuesta a cumplir la misión.

-pero ella a final de cuentas no lo hizo… ahora será decisión de Akane; tengo el presentimiento que ella aceptará y eso no me preocupa… lo que si me preocupa son sus métodos, en las misiones sigue siendo algo impulsiva… aunque ha aprendido a improvisar calculando los riesgos y le ha funcionado, no quiere decir que siempre será así.

-tienes razón, pero siempre busca que nadie salga dañado, ha corregido errores de otras y siempre cumple con el objetivo.

-pero esta vez será diferente, esta vez será algo personal y sus propias emociones la pueden traicionar

-tenemos que confiar en ella, además estoy segura que los guardianes le enseñarán lo que necesita.

Afuera en el patio principal, las demás prometidas habían terminado su entrenamiento con la maestra Kasuya, estaban sentadas en las escaleras, tomaban agua, se secaban el sudor, sobaban sus dedos y giraban las muñecas en un intento vano por relajarlas cuando la vieron llegar.

-¿qué hay?

Ayane -en verdad Akane, no sé cómo le hiciste para dominar los Tessens en tan poco tiempo

Kakome -si… las muñecas me duelen horrores y me rompí tres uñas.

-no exageren! No es tan difícil cuando se acostumbran al peso y a los movimientos básicos.

Saky – la verdad pensé que exagerabas cuando tu tía te enseño, pero veo que me equivoqué, estas cosas son peligrosas para uno mismo si no las sabes manejar… mira! Yo misma me corte el brazo en un giro mal calculado.

-y a ti ¿cómo te fue Minami? -su amiga estaba tendida en uno de los escalones con los brazos cubriéndose la cara y respirando aún agitada; cuando su amiga le llamó se descubrió el rostro solo para dejar ver varias cortadas leves en sus mejillas, para sorpresa de la peliazul.

Minami – tu dímelo! Creo que soy la peor en esta técnica… soy una amenaza para mí misma; ¡no quiero que Kuma me vea así!

Todas rieron al ver su rostro, siempre encontraban un motivo para reír y divertirse, sin importar que fuera a costillas de una de ellas… al final de cuentas eso hacen las hermanas y así se sentían y se trataban cuando estaban juntas; cómplices y confidentes siempre estaban para apoyarse.

-No te preocupes, yo te enseño… practicaremos en las tardes después de clases -poniendo su mano en su hombro para animar a su amiga, aunque aún no paraba de reír

K -bueno será mejor que vallamos a bañarnos y cambiarnos antes de comer

A -si todas necesitamos un baño relajante y comer bien antes de la clase con el maestro Washi

Se incorporaban y tomaban sus cosas para ir a cambiarse cuando Kakome se percató que Akane observaba detenidamente el sendero rumbo al bosque.

A- ¿Vienes?

-no adelántense, yo quiero caminar un rato… además la clase de la tarde tampoco es para mí; Kasuya y Akima me van a torturar con otra clase de técnicas de reconocimiento para las misiones -contestaba sin voltear a ver a sus amigas mientras comenzaba a caminar a paso decidido rumbo al lugar que había observado; mientras que las demás se veían entre si algo confundidas.

M -Akane! ¡Toma! -le gritaba mientras le lanzaba un par de Tessens, mismos que Akane atrapó con una sola mano sin siquiera voltear, al mismo tiempo que los amarraba a su cintura y seguía caminando. -Por si los necesitas!

Observaba en el sendero, entre los árboles; a un animal de pelaje blanquizco y rostro rosado, se trataba de un macaco que brincaba por las ramas, se movía rápido y de vez en cuando volteaba a mirarla como si quisiera que lo siguiera, sus ojos pequeños y de un tono café claro, tenían unos destellos blancos muy similares a los del ave que había visto en el salón de entrenamiento, la chica saltó a las ramas altas de un árbol para seguirlo a su ritmo hasta que llegó a una zona donde la vegetación era más espesa y bajo para sondear el área.

El animal se posó en las ramas más altas de un árbol con follaje muy abundante; ella caminaba despacio para no asustarlo, conforme avanzaba los árboles eran más grandes y gruesos, las hierba a sus pies era suave y se percibía olor a humedad; estaba cerca del rio, se escuchaba el correr del agua con fuerza golpeando las rocas.

Se detuvo a observar al animal por un minuto, pero su atención se desvió por el ruido de la cascada y en un segundo se había perdido de la vista del macaco que sorprendido la buscaba con la mirada, pero sin poder hallarla.

Cuando llegó al rio se acercó a la orilla y tomando agua con sus manos se mojó la cara y el cuello para refrescarse, miro de reojo la cascada y la hilera de rocas cercanas a dónde los hilos de agua golpeaban uniéndose al cuse del rio y por donde se podía pasar al otro extremo, recordó el consejo del maestro Iwao para mejorar su equilibrio "en cualquier lugar y en cualquier escenario adáptate al ambiente".

Se quitó sus zapatillas y se desamarró de la cintura sus armas para dejarlas a la orilla en un lugar seco; después caminó sobre las rocas mojadas por la corriente del agua, posándose justo a la mitad, cerró los ojos, respiró profundo, alzó los brazos al mismo tiempo que elevaba su pierna derecha recargando la planta del pie a la altura de su rodilla izquierda y lentamente bajaba los brazos uniendo sus palmas y sosteniéndolas a la altura de su pecho con la espalda recta; lo hacía parecer sencillo, pero a la vez luchaba con la fuerza de la corriente, lo resbaloso de las rocas lisas y cubiertas de musgo viscoso y por mantenerse derecha sin perder la posición, llevaba unos 20 minutos así cuando de la cascada cayó un tronco que terminó golpeando su pierna haciéndola caer al agua.

Trataba de salir a flote, pero la corriente la arrastraba, hacia un gran esfuerzo por sacar la cabeza y jalar grandes bocanadas de aire, se golpeaba con las piedras, sentía en su rostro las oleadas de burbujas que ella misma provocaba con los movimientos desesperados de su cuerpo y en sus oídos; rugía el sonido de la corriente del agua que la arrastraba.

Se sentía cada vez más cansada, más desesperada, se maldecía por haber sido descuidada y por no haber aprendido a nadar… la abuela se lo había dicho," tus miedos se convierten en tu peor enemigo y te vuelven débil" ¡no! Ya no era esa pequeña niña que le temía al agua y mucho menos se consideraba débil; pataleaba, braceaba, trataba de recuperar la calma y sostenerse de algo para poder salir.

Comenzó a sentir que la fuerza de la corriente se debilitaba y la impulsaba hacia arriba permitiéndole mayor control de la situación, torpemente se mantuvo a flote, braceaba al mismo tiempo que movía las piernas logrando avanzar hasta que logró llegar a la orilla.

Cuando pudo asirse a las raíces de un árbol cercano a la orilla una salamandra de unos 50cm de largo apareció por su lado derecho, de piel escamosa y amarillenta; caminaba por la orilla escudriñando las raíces de dónde se sostenía, caminó por sobre de ellas y quedó justo enfrente de su rostro; la corriente volvía a cobrar fuerza.

Akane la pudo ver directo a los ojos, de color verde olivo tenía el mismo matiz blanco en los irises que el arrendajo que había visto en el salón de entrenamiento y que el macaco que siguió por el bosque.

-¡va a romperse! -escucho muy claro la advertencia pero no pudo identificar quien le hablaba. -¡va a romperse! ¡Sostente de la raíz más gruesa y sal ya del agua! -volvió a escuchar, pero se percató que la voz venía de su cabeza.

Haciendo caso de la advertencia, cambió sus manos a la raíz más gruesa y haciendo uso de la fuerza que le quedaba logró salir del agua y librarse de la corriente que la jalaba.

Tendida boca arriba en el piso húmedo cerró sus ojos y trataba de regular su respiración; algunas partes de su cuerpo ardían por los golpes y raspones que se había hecho con las piedras mientras trataba de mantenerse a flote y salir.

Después de unos minutos ladeo su cuerpo, con los ojos cerrados se puso en cuatro patas para apoyarse y tratar de incorporarse; cuando abrió los ojos tenia frente a ella a la salamandra que avanzaba lentamente, la miro directo a los ojos, sin desviar la mirada se puso de pie, pero casi al instante cayó sentada de la impresión… el pequeño anfibio se disolvió en una especie de vapor que se extendió hacia arriba dándole forma a un ser casi etéreo parecido a un fantasma; una mujer… una hermosa y joven mujer, su cabello, cuerpo y ropa eran de un tono azul suave y semitransparente; de pelo largo suelto a los lados de su rostro, vestida con un traje tradicional, de manos pequeñas y delgadas la veía con preocupación; algo en su interior le decía que no estaba en peligro… aquel ser hizo una gran reverencia a modo de saludo y después le habló mientras se agachaba a su altura y ponía una de sus vaporosas manos en su hombro izquierdo, acción que hizo temblar a la peliazul.

-¿te encuentras bien pequeña? -su voz era suave y dulce, como la de su hermana Kasumi, pero aún sentía miedo y no daba crédito a lo que sus ojos veían.

-Creo que sí… gra…gracias… -su voz temblaba al igual que su cuerpo.

-no debes temerme… me llamo Yagami y soy una guardiana del bosque, el agua es el elemento que protejo.

-¿tu hiciste eso? -señalándose la cabeza y tratando de recuperarse de la impresión ¿me hablaste aquí?

-sí, veras… no puedo hablar como los humanos estando en mi forma animal

- ¡valla!... bueno… es que yo pensaba que los yokai solo eran un mito

-quedamos muy pocos y no acostumbramos aparecernos ante cualquier persona… -antes de que pudiera preguntar otra cosa, la mujer se volvió a dirigir a ella -si te sientes mejor será que regreses a la aldea de seguro se preocuparan si te sigues tardando.

-si… creo que tienes razón -se levantaba un poco adolorida. -¿te volveré a ver?

-¡seguro que sí! -sonriéndole por la pregunta. -Pero por favor no le digas a nadie que me viste… anda!, sigue por la orilla del rio hacia arriba, llegarás más rápido.

-Gracias y descuida no diré nada. -se despedía con la mano y apresuraba el paso.

Cuando se alejó y quedó fuera de la vista de la guardiana, dos animales más llegaron al lugar; un macaco blanco que bajaba del árbol más cercano y un arrendajo del plumas negras y marrones que descendía de entre las copas de los árboles; se ubicaban a los lados de la chica materializándose en figuras humanas de la misma forma y con el mismo aspecto físico.

Continuará… flash back

En la casa de la abuela los primos trataban de que el tiempo fuera lo menos tortuoso para Ranma, lo habían llevado casi a rastras a gimnasio y prácticamente lo obligaron a aceptar una práctica… querían matar el tiempo, conocían a su prima, sabían que no llamaría hasta que dejara todo listo.

Se quitaron las camisas y zapatos, los primeros en enfrentarse serían Kosei y Ranma, ambos tomaron unos bó, los dos dominaban el arma a la perfección, comenzaron la práctica y los tres hermanos sentían que por fin el chico se relajaba, aunque en su mente solo tenía una cosa en que pensar.

Continuará….