Un nuevo comienzo
Y sucedió. Después de tanto rencor, desprecio y finalmente algo de aceptación sucedió lo que muchos deseaban pero pocos se atrevían a pensar se haría realidad: Sesshomaru tuvo dos hijas y para más colmo con una hermosa mujer humana.
Rin.
Una posee el semblante sereno, casi carente de emociones característico de su padre y a la otra por el contrario se le resalta la viveza en el rostro, como a su madre. Respectivamente sus nombres son Setsuna y Towa. Son distintas tanto en apariencia como en personalidad, quizá debido a lo quisquillosa que puede resultar la naturaleza o quizá para imitar las profundas diferencias que unieron a sus progenitores en un amor que siempre estuvo destinado a evolucionar.
Desde su concepción han transcurrido cuatro años que les parecieron a todos los más cortos del mundo, porque cuando se es realmente feliz el tiempo pasa como una caricia que se agradece y no solo como cambios y circunstancias que aceleran el envejecimiento.
Inuyasha y Kagome tuvieron a su hija casi simultáneamente, y su nombre es Moroha. Es una muchachita de aspecto simpático, mirada atrevida y unas adorables e inconfundibles orejitas de perro. Las primas hanyou todavía no se conocen y además desconocen el hecho de que tengan parientes contemporáneos pues sus padres no se han visto en algún tiempo.
A la inevitable muerte de Kaede le siguió la decisión de Rin de finalmente irse de la aldea en compañía de Sesshomaru. Él incluso observó desde una distancia segura el pequeño acto fúnebre que se realizó en conmemoración a la honorable anciana y no estaba muy seguro de por qué. Probablemente sentía la necesidad de presentar respeto a la persona que se encargó de cuidar a Rin por tantos años. Aunque era humana ella había desarrollado instintos casi animales y supo que él se encontraba cerca. No tardó demasiado en dar con su paradero y después de un instante dubitativo asintió en su dirección y él le correspondió. No era necesario decir nada, Sesshomaru entendió que había llegado el momento.
El resto es historia. Cosas pasaron, el amor trascendió y dio lugar a sus adorables pequeñas. Rin se sentía ya impaciente por ir a visitar a Kagome e Inuyasha y ver qué había sido de sus vidas. Ellos definitivamente se sorprenderían al saber lo que le había deparado su destino.
Por su parte Sesshomaru se sentía resignado. Su esposa tenía años insistiéndole para efectuar la visita y no entendía por qué después de tantos años yendo casi religiosamente a la aldea ya no toleraba ni la idea de acercarse. Naturalmente era porque ella era la única razón para ir a ese lugar y porque se sentía consciente de que apenas pusiese un pie en el pueblo y se enteraran de su amplia familia no cesarían las bromas.
En su defensa, a veces las personas cometían errores. O en su caso particular a veces hacían las cosas bien.
- Niñas, ¿Están listas? - preguntó Rin de forma amorosa a sus hijas, aunque siguieron jugando como si no hubiesen escuchado nada.
- Recojan sus cosas que salimos pronto para ver a los tíos – insistió, empezando a perder un poco la paciencia. Si bien se caracterizaba por tener una actitud amable eso no significaba que toleraba descaros, ni de sus hijas ni de su propio marido.
Intuyendo que ni el tono amenazante de su mamá iba a aplacar las ganas de diversión inmediata de las niñas, Sesshomaru no tuvo más remedio que dirigirles una de sus inconfundibles miradas de molestia. Lo hizo sin que Rin observara el gesto y sin infundir mucho enojo; quería que sus hijas quisieran seguir estando con él. Inmediatamente empezaron a comportarse como angelitos y a alistarse sin rechistar.
Satisfecha consigo misma y con su destreza para imponer el orden Rin se sonrió, y el demonio pudo observar una vez más una de las razones por las que se enamoró de ella.
Aunque eran hanyou las niñas heredaron la habilidad de volar, cosa que secretamente enorgullecía a Sesshomaru. Rin no podía volar pero era algo que no le fastidiaba en lo absoluto, dado que así podía viajar sobre los brazos de su amado. Se acomodó y reposó la cabeza sobre su pecho mientras él la sostenía fuertemente. Ella levantó furtivamente la mirada para encontrarse con esos ojos dorados que le quitaban el aliento y sin pensárselo ni un instante Sesshomaru le dio un beso fugaz en los labios. Rin se sobresaltó y su corazón empezó a palpitar notablemente, todavía después de tanto tiempo le seguía pasando. Se sonrojó y le sonrió tímidamente a modo de excusa. Siempre lo hacía.
- Llegamos – anunció el yokai con su acostumbrada voz sensual.
No pasó mucho tiempo para que Inuyasha reparara en su aroma y siguiera el rastro, acompañado de una curiosa Kagome. Sin tener que acercarse demasiado vieron la pintoresca escena: dos niñas pequeñas que guardaban una semejanza increíble con Sesshomaru y Rin, los cuales seguían prácticamente abrazados.
- ¿Será posible… - empezó a decir Kagome con incredulidad.
- … que estos dos … - continuó Inuyasha.
- … sean pareja y esas sean sus hijas?! - terminó de decir o más bien gritar la sacerdotisa.
Casi a la par ambos empezaron a reír; él con una risa estruendosa y ella de una forma nerviosa que rápidamente fue suplantada por una igual o quizá aun más ruidosa que la de su pareja.
Sesshomaru comenzó a dar una media vuelta para largarse pero Rin lo agarró firmemente del brazo y lo contuvo. Finalmente se compuso y dio unos pasos seguros en dirección a su hermano y le preguntó de la manera más amenazante que pudo:
- De qué te ríes.
- Ay hermano – exclamó Inuyasha con aire de suficiencia – siempre supe que el karma te atacaría de la peor forma posibl…
No pudo terminar de hablar porque recibió un golpe en la cabeza que casi lo derriba.
- ¡Abajo! ¡Abajo! ¡ABAJO!
Con cada grito el pobre hanyou parecía enterrarse más y más en la tierra. Ya satisfecha Kagome se acercó a Rin y se dieron un largo abrazo, se habían extrañado un montón. Rin se aseguró de posicionarse entre los dos hermanos para tratar de evitar una futura pelea y comprendió todos los sacrificios que Sesshomaru había hecho para poder estar con ella, como dejar ir una gran parte de su orgullo. Darse cuenta de esto le hizo amarlo aun más.
Se dirigieron a una de las cabañas donde tuvo lugar la presentación de las primas. Con la inocencia que cabe esperar se miraron un rato extrañadas mas súbitamente se pusieron a jugar. Pasada la tensión del inesperado encuentro los adultos se pusieron al día, o más bien las mujeres lo hicieron mientras los papás se entretenían observando el juego de las niñas.
- ¡Ah! ¿Qué tal si llevamos a nuestras hijas al campo de flores que está cerca? - insinuó Rin.
Si nadie hubiese estado presente quizá Sesshomaru habría sonreído. Tenía la certeza de que el interés por ir a ver las flores no era precisamente para que sólo las niñas las admiraran.
A Kagome se le iluminaron los ojos pero de repente se le ensombreció la mirada, como acordándose de algo.
- Me encantaría acompañarlos pero tengo que atender un exorcismo…
- Los alcanzaremos en un rato – sugirió Inuyasha y así se hizo.
Aproximadamente unos quince minutos más tarde el grupo incompleto se encontraba en el campo. Al mismo tiempo un poco más lejos Kagome recibió la noticia del atraso del exorcismo y asumió una actitud pensativa. La intriga comenzó a apoderarse de ella y decidió que echar un vistazo a la inesperada pareja tratando de que no la avistasen podría ser una buena idea. Necesitaba ver por si misma si Rin había caído en buenas manos.
Con ayuda de unos binoculares (traídos del tiempo actual hace tiempo) Kagome se ocultó lo mejor que pudo y la vigilancia empezó. Primero vio en dirección a su hija y la encontró hablando con las demás. No alcanzaba a escuchar nada pero la expresión en su rostro era suficiente para saber que estaba feliz. Luego se concentró en su objetivo principal y fue testigo de algo que la dejó anonadada. Rin estaba en profunda contemplación de unas flores de diversos colores y sin darse cuenta Sesshomaru había agarrado una de las más brillantes y bonitas y se la colocó delicadamente sobre el cabello. Pasado un rato la humana se acercó a un arroyo a beber agua y se detuvo a mitad de camino, admirando el bonito gesto. Acto seguido se incorporó y le mandó un beso por el aire. Él no pareció inmutarse pero desde la distancia Kagome pudo apreciar el ligero tinte en sus mejillas.
Su relación estaba repleta de ese tipo de detalles en vez de palabras amorosas que a veces pueden resultar ser vacías. Sin querer la sacerdotisa pasó de sentir curiosidad a sentir el asomo de unos celos femeninos. Inuyasha era tierno a su manera pero definitivamente no se comportaba así con ella. Teniendo cuidado de no hacer ruido se acercó, quería escuchar un poco más.
Quizá refiriéndose a lo que acababa de presenciar o a algo nuevo que habìa acontecido mientras ella se sumía en sus pensamientos amargos, Rin exclamó:
- Eres el mejor esposo del mundo.
Lo dijo con una ternura infinita que se evidenciaba también en sus ojos y Sesshomaru no tardó en aproximarse a ella y sumirla en un profundo abrazo.
Para Kagome esto fue la gota que derramó el vaso. Ella pasó años, A Ñ O S, lanzándole indirectas a Inuyasha para que le propusiera matrimonio hasta que prácticamente lo tuvo que obligar. No parecía el caso de aquellos a los que estaba observando.
- Oye, ¿Qué estás haciendo?
Kagome se volteó y vio que su esposo a la fuerza la estaba acompañando pero sin tratar de encubrir su presencia.
- Shh, Shh! - susurró ella, implorándole con la mirada que no hiciera ruido.
El no le hizo caso y siguió hablándole, incluso la cuestionó al enterarse que estaba espiando a su medio hermano..
- Quería asegurarme de que está tratando bien a Rin – empezó a decir con falsa calma – pero me di cuenta de que Sesshomaru la trata…
Con cada palabra que pronunciaba se le notaba más molesta e Inuyasha parecía empequeñecer en forma proporcional.
- … ¡MUCHO MEJOR DE LO QUE ME TRATAS A MI! - terminó de decir completamente furibunda, sin darse cuenta de que su intento de vigilancia se había arruinado.
Desconcertados por el estruendo Sesshomaru y Rin no tardaron en toparse con ellos y pasaron un buen rato escuchando el drama de Kagome. El demonio sabía desde el primer momento que la humana no se encontraba lejos pero no se esperaba esta clase de espectáculo.
Los hermanos de pronto empezaron a olfatear el aire y dijeron casi al unísono:
- Fuego
Ambas mujeres se llevaron las manos a la boca en señal de preocupación y gritaron:
- ¡Las niñas!
Se separaron en parejas para efectuar la búsqueda y notaron que algo no andaba bien. Aunque el olor a humo no había sido tan potente el incendio que estaban presenciando sí que lo era.
¿Cómo era posible que el bosque agarrara fuego a esa velocidad?
Con el corazón en la garganta siguieron buscando, gritando desesperadamente el nombre de sus hijas mientras sus pulmones se llenaban de humo. Preferirían la muerte antes que rendirse pero su destino sería mucho más incierto.
El origen del incendio no había sido natural. Era mágico.
En el lugar en el que se encontraban cada uno empezó a adormecerse, hasta que cayeron al suelo y sus mentes se desvanecieron. Él último pensamiento de todos estuvo dedicado a sus hijas y estuvo lleno de dolor.
Mas no murieron. En el instante en el que se quedaron dormidos el fuego desapareció, ya había cumplido su propósito. Todos los demás que fueron expuestos al humo sufrieron de una amnesia selectiva que no les permitiría recordar a Inuyasha, Kagome, Rin y Sesshomaru.
Sus vidas dieron un giro repentino ese día y quedaría en las manos de Setsuna, Towa y Moroha crecer sanas y fuertes para poder descubrir qué había sido de sus padres y recuperar sus recuerdos.
Una nueva historia acababa de empezar.
Bueno, han pasado varios años desde la última vez que publiqué algo, incluso desde que me metí por última vez a la página. Me encuentro muy feliz por el anuncio de que se continuará la historia y este es una especie de prólogo que quise hacerle. Es mi interpretación de la poca información que nos han soltado y espero les agrade.
