Hola gente hermosa que me hace el honor capítulo a capítulo de seguir esta ¡historia!

Gracias a los nuevos lectores que se suman a los seguidores a partir del capi 13 y se chutaron toda la historia hasta este punto y esperaban con ansias el siguiente.

Les dejo el capi 14, ¡espero sus comentarios!

Ranma ½ no me pertenecen son la creación de Rumiko Takahashi. La historia y algunos personajes extras son creación mía.

14) Empieza el juego!

Kyon había llegado al castillo después de hacer las compras por encargo de Aoky, iba apurada con un montón de bolsas que un par de asistentes le ayudaban a cargar, Kiko veía desde el balcón principal como bajaba de la camioneta todas las compras, con poco interés hizo una mueca de indiferencia y se retiró a su habitación a esperar la hora de la cena.

Al entrar al castillo le informaron a la joven administradora y amiga del monarca que la esperaba en su despacho, ésta se dirigió a su encuentro con los asistentes y todas las cosas que habían comprado.

Llamó y entro, seguida de los hombres a su cargo que dejaron los paquetes en el sofá para después salir y dejarlos solos para hablar.

El joven pelirrojo se encontraba pensativo mirando por la ventana el hermoso jardín que tenía de frente como vista principal y al fondo se extendía la barda que delimitaba el castillo con la fosa que lo rodeaba, el sol comenzaba a ocultarse por el horizonte regalándole al paisaje sus últimos rayos dorados.

Al escucharla entrar, giró para verla de frente y observar la cantidad de cosas que había traído, tenía curiosidad por ver el tipo de ropa que usaba la chica peliazul y darse una idea con ello de la edad que tenía.

-por fin llegas! ¿Encontraste todo? Dime que no se te olvidó lo que te encargué.

-tranquilo, la chica tiene gustos muy definidos y además refinados, le gustan ciertas marcas en específico y lo que si he de decirte que me llamó la atención es que al parecer le gusta hacer ejercicio porque me encargó una gran cantidad de ropa deportiva, tiene buen gusto… aunque las tiendas de ropa que frecuenta es para jovencitas, es de talla pequeña por lo que creo que tendrá unos 16 años más o menos… y sí encontré lo que me encargaste. -afirmaba mientras que de su bolso sacaba una caja envuelta para regalo y se lo daba en las manos.

-gracias Kyon, espero que con esto pueda acercarme más a ella y comience a confiar en mí… mmmmm… dijiste 16, eso me da más tiempo del que pensaba, mi tía no estará nada contenta.

-¿quieres que vaya a entregarle todo esto de una vez?

-¡no!, quiero hablar con ella primero, será mejor que lo lleves después de la cena y quiero que tú personalmente te hagas cargo de acomodar todo en su habitación, aprovecha para platicar con ella, quiero que confíe en ti, que se sienta segura de pedirte lo que necesite y tal vez te cuente algo más.

-está bien! Lo intentaré… aunque no creo que resulte, Dai no pudo sacarle nada.

-solo inténtalo ¿si? -con la mirada que le dirigió el pelirrojo a su amiga era difícil negarse ante cualquier cosa que él le pidiera, la chica solo emitió un gran suspiro y asintió afirmativamente con la cabeza.

-lo haré! ¡Qué más da! Pero no esperes que yo logre lo que Dai no pudo… voy a ver cómo va la cena y te mando avisar cuando esté lista.

-gracias Kyon, eres una muy buena amiga. -añadió antes de darle un beso en la mejilla y salir rumbo a la habitación donde descansaba la peliazul, con el regalo en las manos.

Subió por unas escaleras al segundo piso, camino por el pasillo pasando varias puertas hasta llegar a la indicada y previendo que la chica estuviera dormida llamó con delicadeza, al no recibir respuesta entró.

La vio dormir, tranquila y relajada; su cabello se extendía por el lado derecho de su rostro y su flequillo le cubría parte de sus ojos.

Se acercó después de cerrar la puerta con cuidado para no hacer ruido de más, encendió la lámpara, dejó por un momento el regalo que llevaba en la mesa de noche y se acercó para ver su rostro con detenimiento, con su mano hizo a un lado el cabello que caía sobre su cara y al tacto lo pudo sentir muy sedoso.

Acarició su mejilla con el dorso de su mano tratando de sacarla de su sueño y se acercó a ella para hablarle al oído suavemente.

-hey! Despierta princesa. -le dijo, para después besar su frente con un tierno y suave beso.

Al sentir sus labios en su piel una rara sensación recorrió su cuerpo, inevitablemente tuvo que dejar de fingir y abrió los ojos despacio simulando haber despertado, tratando de enfocar la vista en aquella persona que le hablaba.

-Hola! -le dedicaba una sonrisa y en sus ojos verdes de jade había un brillo peculiar que a ella le causaba curiosidad.

-hola -respondía tímidamente, su cercanía le ponía nerviosa, no estaba acostumbrada a que ningún chico se le acercara de esa manera.

-¿Cómo te sientes? ¿aún te duele? -le había tomado la mano izquierda, la del brazo lastimado y la acariciaba con sus dedos, su preocupación parecía sincera; ella no había hecho nada por alejarse se decía a si misma que era una oportunidad para hacerlo sentir culpable.

-un poco… -cerró los ojos e hizo un intento por incorporarse, quería hacerle reaccionar para que le asistiera y quedar sentada frente a él.

-con cuidado, deja que te ayude. -con una mano sostuvo su espalda y con la otra acomodó las almohadas; ella con su mano libre lo sostuvo del cuello manteniéndolo cerca, muy cerca de su rostro.

Cuando el chico terminó su labor la miró intensamente a los ojos por un instante y después se alejaron mientras que ella soltaba el agarre a su cuello muy lentamente dejando que su mano pasa libre por su piel casi en un acto involuntario que dejó ofuscado al de ojos verdes.

Un simpe movimiento, al parecer para ella sin importancia y sin intención lo había hecho tragar con dificultad, ella había bajado la mirada y se mostraba pensativa, aparentemente no se había dado cuenta de lo que había provocado en él cosa que el chico agradecía; pero internamente se decía a sí misma que había lograrlo ponerlo nervioso.

- Kyon ya regresó con tus cosas… -la chica le dedicó una fugaz mirada cuando lo escuchó hablar y después desvió la mirada al gravado del edredón sobre sus piernas y comenzó a delinearlo con los dedos para entretenerse. -… tal vez no sea suficiente, ¿te gustaría salir de compras cuando te sientas mejor? Así podrás escoger tu misma lo que te gusta.

-¿Salir? -peguntaba algo incrédula

-sí, salir… -tomaba su mano de nuevo entre las suyas, se sentía bien ese simple contacto, pero la chica se contuvo para que no lo notara, aunque lo miraba fijamente a los ojos. -…estás aquí como mi prometida Akane, no como mi prisionera; si ambos al final tenemos que cumplir el pacto para restaurar la alianza lo lógico es que comencemos por tratarnos y conocernos ¿no crees?

La chica no contestó, emitió un profundo y grande suspiro, retiró su mano de entre las suyas y desvió la mirada; trataba de poner la expresión más triste que pudiera sentir para descolocarlo, hacer que se arrepintiera de haberla llevado y tal vez comenzar a reconsiderar su decisión sobre el pacto.

-¿por qué no esperaste?… ¿por qué ahora? -su táctica surtía efecto, verla tan triste, tan indefensa hacía sentir mal al chico; sus preguntas se le clavaban como dagas en el pecho al recordar que su actuar había sido motivado por la ira e impotencia que sentía por una promesa a su padre, tomó aire antes de contestar tratando que no notara su nerviosismo.

-tu clan por tres generaciones ha ocultado a la heredera, no podía permitir que sucediera de nuevo, te confieso que las cosas no se dieron como las planee, jamás quise que salieras herida, mucho menos me imaginé que abandonaras la protección del castillo… pero lo importante es que estás aquí y quiero que te quedes… te pido que te quedes conmigo.

-ninguno de los dos tenemos opción… ¿cierto?... solo… pensé que… tal vez… tendría más tiempo… las cosas para mí nunca han sido como yo espero ¿sabes? -seguía con la mirada fija en la tela que la abrigaba y dejaba escapar intencionalmente un par de lágrimas que la humedecieron.

La aparente seguridad del chico se venía abajo viéndola llorar… no sabía qué hacer, no sabía que decir, se sentía como un verdadero canalla… era una niña… una pequeña mujer a la cual había despojado de su hogar… pero era cierto, ninguno de los dos tenía opción; él estaba atado a una promesa y ella tenía que cumplir una misión; ambos tenían sus razones, pero no lo confesarían, una lucha de motivos, una guerra de intenciones, ellos en medio de todo y al final solo uno de ellos saldría victorioso.

Secó el camino que sus lágrimas habían dejado en su pálido rostro con su mano y con delicadeza le tomó el mentón para que le viera a los ojos… sus ojos verdes, hermosos e intensos que buscaban trasmitirle seguridad.

-no podemos negar quienes somos y la responsabilidad que recae en nosotros… sé que aún tenemos que esperar a que cumplas la mayoría de edad y no me importa… esperaré… pero quiero que en ese tiempo te habitúes a mí y a lo que será tu nuevo hogar.

Ella no contestó, arrugaba la tela en su mano, esto sería más difícil de lo que pensaba… él chico tenía claro su objetivo y al parecer no optaría por la negociación.

-déjame ir… -pidió como en una súplica tenue de su voz, él la miró con ternura y su mano paso de su rostro a su hombro.

-y después que pasará… ¿sabes que esta situación podría acabar en otra guerra entre los clanes?... lo siento mi niña no puedo dejarte ir, tampoco es fácil para mi… te juro que si hubiera otra opción la tomaría, pero no es así… quiero evitar una desgracia.

Otro par de fingidas lágrimas caían de sus ojos humedeciendo sus mejillas, pero para ella no había pasado desapercibido el: "te juro que si hubiera otra opción la tomaría" y decidió probar suerte.

-yo también la quise evitar -hablo bajito… muy bajito como si el hacerlo le doliera, quería que entendiera su intención, quería que supiera que ella había dado el primer paso para evitar un conflicto mayor… quería que comprendiera que se había sacrificado por su clan y evitado una guerra mayor en la presentación.

El chico se mostró confundido, la veía esperando a que siguiera, pero solo vio como seguían corriendo lágrimas por su rostro mientras que intentaba esconderlas con su mano.

-¿Qué dices? ¿tú? Pero ¿cómo?

Con el rostro a medio ocultar de tras de su mano respondió con un hilo de voz, aparentando desolación en su hablar y en su actitud.

-por eso dejé el castillo… por eso nadie ha venido a buscarme… por eso nadie vendrá. -soltó a llorar ahora sin contenerse… listo! pensó para sí… la estocada final; faltaba ver su reacción.

El ojiverde se había quedado congelado, mudo ante la confesión, ¡lo sabía! ¡lo había intuido! ¡Ella se había entregado! ¡se había sacrificado por su clan! El chico ya no pudo mantenerse ecuánime, aquello lo sobrepasó y no pensó, solo hizo lo que su conciencia o tal vez su corazón le dictó.

-¡oh mi pequeña princesa… no solo eres hermosa, también eres muy buena! -se había abalanzado sobre ella para abrazarla, reconfortara, brindarle consuelo entre sus fuertes brazos protectores. -… te cuidaré, te protegeré, lo juro! -…mantenía su cabeza apoyada en su pecho alcanzando a humedecer su fina camisa, él la sujeta con ambos brazos hasta que ella emitió un leve quejido recordándole la lesión en su brazo. -lo siento, por un instante lo olvide.

Ella quedó sorprendida por lo sucedido… ¿tan indefensa la veía?... tal vez ese era el camino para controlarlo hasta encontrar un motivo, otra opción, algo que le devolviera la libertad.

Se separaron y momentáneamente cruzaron miradas.

Ella limpio su rostro tímidamente… seguía en su papel, lo observaba de reojo nervioso y ansioso a la vez.

Lo vio tomar el regalo de la mesa de noche y se lo entregó.

-toma, es para ti… espero que te guste. -la chica le regalo una pequeña sonrisa que él pelirrojo correspondió y le recibió el presente.

-¿qué es?

-una sorpresa…. ábrelo y lo verás! -desenvolvió el objeto entre sus manos para descubrir que era un perfume… pero no era cualquier perfume! ¡Era el suyo! El mismo que ella usaba, no pudo evitar sorprenderse.

-pero… tú… es que…

-es el que tú usas, lo sé -le respondía satisfecho por su reacción. -te dije que quería conocerte ¿no?

-¿pero cómo lo supiste?

-a mí también me gusta el aroma de las orquídeas y su esencia a ti te sienta muy bien. – su asombro fue mayor al darse cuenta que se había percatado de ese detalle en ella, era cierto, había usado su perfume para la presentación.

El momento fue interrumpido por una persona del servicio que les anunciaba que la cena estaba lista y Aoky aprovechaba para pedirle que le subiera a su "prometida" la comida, al escucharlo la peliazul no pudo evitar sonrojarse, la seguridad con que lo dijo, su tono y esa mirada que le dedicó fue algo especial; casi podía decirse que se sentía orgulloso de afirmar lo que en su clan ya se sabía… la futura esposa del monarca de Iga estaba ya a su lado.

-Tengo que irme, pero vendré después de la cena. -se puso de pie y se acercó a ella mirándola intensamente y rebasando su espacio personal besó su frente, ella no dijo nada se quedó en silencio procesando lo que acababa de pasar… nadie excepto su padre tenía ese contacto con ella.

Había pasado casi una hora de que Aoky la dejara sola en su habitación, le habían llevado la cena y se debatía entre seguir con hambre o comer y arriesgarse a que la volvieran a dormir… el dolor en su brazo no ayudaba, miraba de reojo el frasco que Dai le había dejado con las pastillas para aliviar su dolor, no podía confiarse, no podía saber con certeza que no fueran somníferos o alguna otra droga.

No sabía que esperar de él ni de su supuesta gente de confianza, su trato le confundía, parecía sincero, pero estaba entrenada para calcular el riesgo no podía dar pasos en falso que la retrasaran, de ahora en adelante cada movimiento tenía que estar calculado y empezaría con su tía.

Ya tenía planeado que hacer con Kiko, después de su inesperada intromisión en su habitación y si sus sospechas eran ciertas, si ella quería tener el control del clan a espaldas de Aoky la sacaría de quicio para que se expusiera y dejara ver tarde que temprano sus verdaderas intenciones, le dejaría muy en claro que había llegado la nueva señora del castillo de Iga.

Debía ser muy cautelosa, lo primero que haría sería un reconocimiento del castillo, debía observar y memorizar cada uno de los movimientos internos del castillo y localizar el lugar donde resguardaran el collar, necesitaba cuanto antes recuperarse, desbloquear sus sentidos y habilidades; por los guardianes sabía que tenía una conexión directa, casi íntima con el collar, pero para poder percibirlo necesitaba utilizar la habilidad sensorial que había aprendido con Thiyu.

Miraba la bandeja de comida a su lado, se estaba debilitando de más por la falta de alimento, dio un gran suspiro tenía que comer algo… arroz al curry, verduras al vapor, pescado y thé.

Al final comió un poco del pescado, apenas un par de bocados y unas cuantas verduras, evitaba el thé… sabia, por sus lecciones con la maestra Akima que en las bebidas se ponían comúnmente los venenos; así que prefería el agua simple de la jarra de la mesa de noche, por lo menos estaba segura que ese líquido no tenía nada porque Dai lo había probado antes que ella.

La noche había caído, había pasado todo el día en la habitación descansando, la luna había salido e iluminaba el castillo, miró las puertas del balcón y tuvo necesidad de salir y ver el panorama frente a él.

Retiró las cobijas que la arropaban y se sentó en la orilla de la cama, su brazo inmovilizado dolió, pero hizo un gran esfuerzo por aguantar, dejó pasar un momento para recuperarse y luego apoyó su mano sobre la mesa de noche para poder levantarse, caminó unos cuantos pasos hacia las puertas gemelas con moldura de manera y corazón de vidrio grabado; se apoyó en ellas y las abrió de par en par.

Respiró el aire que golpeaba su rostro alborotando su cabello y ondeaba libremente la tela de su camisón de seda color vino; caminó hasta el pretil para apoyarse, alzó la vista para observar a detalle lo que era la parte trasera de la edificación del castillo, un bello jardín con lago, árboles frondosos, algunas estatuas, un hermoso puente tradicional, una pagoda, en el muro 3 puestos de vigilancia y más allá de éste se veía la montaña, la misma que dividía las tierras de Iga de las de Koga.

Una sensación de soledad la invadió, su vista se nubló, las pocas fuerzas que tenia se desvanecieron y se dejó caer en el frio piso del balcón; un instante después sintió el calor de un par de brazos que la sujetaron y alzaron para llevarla de nuevo al interior de la habitación; detrás de ellos Kyon cerró las puertas y las cortinas.

Una mujer del servicio re-acomodó rápidamente la cama y las cobijas, Dai la recostó y volvió a cobijar.

Akane seguía algo aturdida, no escuchó en que momento habían entrado el joven doctor, Kyon y la muchacha del servicio que al verla en el suelo no dudaron en auxiliarla.

La chica que iba con los amigos del monarca tomó la bandeja de comida y salió de la habitación, pero no pasó desapercibido para el chico de lentes que la comida estaba casi intacta y miró con recelo sobre la mesa de noche el frasco de pastillas sin abrir.

-Akane! Akane!... me escuchas?... mírame! -le había tomado el rostro con las manos y analizaba su estado observando sus ojos, la peliazul solo movió la cabeza afirmativamente para dar a entender que lo escuchaba, pero se sentía tan débil que no podía responder.

El joven doctor tomó su maletín médico y sacó su instrumental para auscultarla.

-no debiste levantarte, por lo menos no sin ayuda. -terminó su revisión con esas palabras que para la chica sonó como una reprimenda.

-lo sé, lo siento… -decía a modo de disculpa con una vocecita tímida y la cabeza gacha, sabía que lo sucedido llegaría oídos de su ahora prometido y tenía que seguir actuando, incluso ante sus amigos. -…solo quería ver la vista desde el balcón, por favor no se lo digas.

Kyon y Dai intercambiaron miradas, sonrieron divertidos; hasta cierto punto a ambos les causaba ternura que actuara como niña regañada.

-Si necesitas algo tienes que llamar al servicio Akane… o a mí, para eso soy la encargada del personal del castillo, no tienes que sentir pena por hacerlo; sé que no nos conoces bien y tal vez aún no nos tienes confianza, pero créeme solo queremos ayudarte y hacerte sentir cómoda.

-además tienes que hacerle caso a tu doctor… -le alzaba el rostro para que lo viera de frente. -… no diremos nada si tú prometes comer más.

-lo prometo.

-y ¿tu brazo cómo va? ¿aún te duele?

-no, ya casi no me duele, estaré bien… gracias. -la chica evitó mirarlo a los ojos y ante su respuesta el de lentes alzó una ceja observándola, sabía que mentía, pero no entendía por qué.

-bueno si te sientes mal, o te duele algo llámame ¿sí? Mi habitación está a dos puertas.

-gracias Dai, lo haré.

El chico se despidió y dejó solas a las dos mujeres, Kion había llevado todo lo que compró para la chica y comenzaba acomodarlo para ella.

-todo es muy bonito, tienes muy buen gusto. -Kyon iniciaba una conversación con la peliazul, quería probar si la chica era igual de desconfiada con ella.

- gracias… son mis marcas favoritas. -observaba minuciosamente la expresión corporal de la chica, no era tonta sabía que buscaba sacarle información: no la veía a los ojos, alzaba los hombros como restándole importancia a la conversación, su tono era suave y ocultaba su rostro lo más que podía.

Ella daría el primer paso, si quería información se la daría, pero solo la que a ella le ayudara con sus planes de manipular a Aoky.

-Se ve que ustedes tres son muy buenos amigos, ¿se conocen desde hace mucho?

-si nos conocemos desde que éramos muy pequeños, crecimos juntos aquí en el castillo.

-¿en verdad?... entonces Tú y Dai debieron extrañarlo cuando lo enviaron a estudiar al extranjero. -parecía una plática cualquiera pero solo ella sabía que rumbo quería que tomara.

-sí… -la chica dejó escapar un gran suspiro, aunque no sacó la cara del armario de donde estaba acomodando la ropa, para la peliazul no pasó desapercibido. -…fue después de la muerte de su madre, ella era una mujer muy buena, Dai y yo no teníamos a nuestra madre con nosotros él nunca la conoció porque falleció cuando él nació y mi madre murió cuando yo tenía 5 años, era una mujer con una salud muy frágil; prácticamente la madre de Aoky nos adoptó, desde siempre vivimos en el castillo porque el padre de Dai es concejero del rey y mi padre es el primer general de la guardia; siempre estábamos juntos, así que cuando se fue lo extrañamos mucho.

-qué triste, es muy difícil no tener a tu madre a tu lado, no tenerla cerca para recurrir a ella cuando necesitas un consejo, que te consuele cuando te siente mal, con el tiempo uno olvida como sonaba su voz.

-hablas como si tú tampoco…- la chica se asomaba desde el armario, se veía sorprendida y curiosa por lo que había dicho la peliazul.

-mi madre murió cuando yo era muy pequeña, a veces me pregunto que hubiera sido de mi vida si ella estuviera a mi lado. -se encontraba con la cabeza gacha y procuraba no mirar a Kyon.

La chica se enterneció al escuchar aquello, se apresuró a terminar su labor, se acercó a la cama y se sentó en la orilla frente a ella; la peliazul analizaba sus pasos, sin duda buscaría un acercamiento y ella aprovecharía la oportunidad para buscar tenerla de su lado.

-creo que tenemos más cosas en común de lo que pensamos ¿no? te parece si Dai y yo también ¿te adoptamos como hermana? -había tomado tiernamente su mano entre las suyas y buscaba su mirada con la suya.

-sería lindo, gracias -no sabía si su acción era sincera, pero ella de igual manera aceptó su oferta, había levantado el rostro para regalarle una pequeña sonrisa que no alcanzó a ser más que una pequeña mueca símbolo de su fingida tristeza.

La chica no la soltó, la miraba de reojo y acariciaba su cabello; por un instante pensó en saber más sobre lo que los chicos le habían platicado en la biblioteca sobre sus "otros secuestros".

-Dai me contó que no es la primera vez que…bueno… a ti. –no sabía a bien cómo explicarse, pero para la de ojos avellana estaba más que claro lo que quería saber.

-que me secuestran? –la naturalidad y frialdad con lo que lo dijo a Kyon le causo nerviosismo. –sí, no es la primera vez; príncipes, guerreros y uno que otro loco; pero en esta ocasión es diferente, ahora nadie vendrá por mi… restablecer la alianza es más importante que yo… -una sombra de tristeza apareció en su rostro.

-estoy segura que eres una chica muy amada y me atrevería a decir que hasta popular, por eso las otras veces no dudaron en ir por ti ¿cierto?

-no lo sé, creo que más bien soy más valiosa que amada; Aoky tiene razón, no podemos negar lo que somos y mucho menos la responsabilidad que recae en nosotros… -su voz se empezó a quebrar y sus ojos se tornaron vidriosos, pero la veía directo a la cara. -…¿Qué se siente Kyon? ¿Cómo es salir con un chico, tener una cita, que te tomen de la mano… que te busquen porque les gustas… que te besen porque te quieren?

-¿Cómo? Porque lo preguntas, acaso tu no… nunca… nadie.

-no… nunca he tenido una cita, jamás he tenido novio, de hecho, casi no salgo del internado.

-Sé que, si no fuera por la alianza, ni tu ni él estarían es esta situación Akane, a él le costó mucho trabajo tomar la decisión de ir por ti, pero créeme él no es malo, es una persona muy dulce. -ahora era ella la que se veía completamente triste, le había costado mucho que sus palabras salieran con fluidez de su boca, como si no quisiera decirlo.

-gracias Kyon, por tus palabras y por tu amistad.

-bueno, ya es noche y de seguro tu estas cansada, duerme ya, mañana enviaré a alguien para que te ayude a cambiar y si te sientes mejor tal vez te guste bajar a desayunar con nosotros en el comedor. -la peliazul se limitó a asentir con un movimiento de cabeza, Kyon apago las luces del cuarto, dejando encendida solo la lámpara de la mesa de noche.

Cuando estuvo en el pasillo se encontró con Aoky, que estaba a punto de entrar a la habitación, aprovecho el momento para platicarle lo que la chica le había confesado; él no emitió comentario alguno, escucho en silencio el relato de su amiga, analizando o planeando que podría hacer con esa información.

Cuando se despidieron, él toco suavemente la puerta y cuando escucho del otro lado la voz de su ahora prometida entro.

-hola! -el chico se acercó a ella y se sentó a su lado abrazándola, percibiendo que la chica se estremeció, aunque trató de disimularlo.

-hola -no pudo evitar que su saludo sonara temeroso, había seguido con la mirada al chico desde que entró al cuarto y sin duda se veía condenadamente bien, con el pelo rojizo suelto, la camisa entreabierta, esos pantalones ajustados; que se le acercara de esa manera y la abrazara la hacía sentirse muy nerviosa, no sabía si permitirle… si permitirse también a ella misma ese tipo de contacto.

-¿te gustaron tus cosas?

-si, son muy lindas gracias.

-me da gusto oír eso, espero que pronto puedas salir y conocer todo… ¿estas cansada?

-si, un poco.

-bueno, entonces te dejo descansar solo quería darte las buenas noches. -tomo su mano, la beso y después besó también su frente. -ella solo tragó duro, tratando de disimular su nerviosismo.

-Buenas noches. -contestó casi como un reflejo y el chico sonrió para sí; se levantó y al abrir la puerta giró de nuevo para verla y giñarle un ojo.

Cuando se vio sola soltó el aire que había contenido desde que el chico invadiera la habitación; para ella estaba más que claro que sabía lo que habían platicado con su amiga minutos antes, aunque no esperaba que se lo dijera tan rápido; le quedaba claro que estaba más al pendiente de ella de lo que se había imaginado.

Afuera Aoky no pudo evitar reír por lo que había provocado en la chica, la información que le había dado Kyon le había sido de mucha utilidad.

/

En Koga los primos y las prometidas, terminaban de organizar sus cosas para regresar a Kioto, cada uno tenía bien definido lo que tenía que hacer para antes de contactar a Akane; Kakome había instalado un dispositivo de seguridad en cada uno de los celulares de los chicos, Ayane junto con Saky y Kosei se habían dado a la tarea de adelantar algunos detalles sobre la organización del concurso en el hípico y de le recepción, Kioshi y Kuma se dieron a la tarea de ayudar a Minami de buscar más información sobre las muertes de los padres de Aoky, todos confiaban en que Naviki consiguiera todo sobre la época en la Kiko desapareció.

Ranma por su parte estaba muy al pendiente de los movimientos de los maestros y la abuela, desde la tarde se habían encerrado en uno de los salones a ultimar detalles sobre la misión de las chicas que habían escogido para infiltrarse en Iga, él a diferencia de los chicos se quedaría en la aldea toda la semana; había llamado a su madre para que no se preocupara, diciéndole que entrenaría en la aldea para la competencia y que el fin de semana se presentaría para las eliminatorias de los niños y le pidió le enviara ropa con el señor Soun.

Como los chicos habían previsto la abuela les pidió se quedarán con ella para las vacaciones, internamente no se sentía bien al saber que su nieta más pequeña estaba sola en el castillo de Aoky enfrentando algo que por muchos años ella y Maiko intentaron deshacer; quería tener a sus nietos cerca de ella, su compañía le brindaba algo de tranquilidad.

Los maestros por su parte junto con los generales de la guardia habían endurecido la vigilancia, habían planeado interrogar de manera individual a cada uno de los prisioneros de Iga, para ellos el estado de emergencia no había terminado y no terminaría hasta que su hime regresara a casa.

Alrededor de las 10 de la noche Ranma entró a la habitación de los chicos donde todos se encontraban reunidos para informarles que las Kunoichis escogidas para la misión partirían al día siguiente y se instalarían en uno de los poblados cercanos a la aldea.

En el bosque los guardianes analizaban el punto cercano a la cascada donde Akane se había entregado, a los tres se les veía cansados y más pálidos de lo de costumbre; la energía utilizada en el ataque los había dejado muy débiles, transformarse les costaba trabajo y sin la piedra sus posibilidades de sobrevivir eran escasas.

Algo les inquietaba, la noche anterior Aoky se había mantenido oculto incluso cuando Akane había salido al balcón, solo observaba desde lejos la presentación y él no había emitido ninguna orden de ataque desde el punto donde él se encontraba, la estrategia de ataque inició con las flechas encendidas desde los árboles cercanos e internamente con el intento de tomar el castillo.

Buscaban algo que les aclarara cual había sido la táctica para llegar a ella, era imposible que supiera que la chica abandonaría el castillo y huyera para que la siguiera; además el tipo de bombas somníferas y sus efectos eran inusuales, ninguna otra bomba somnífera que ellos conocieran tenían ese efecto alucinante, habían sido testigos de ello en la gente de la aldea.

Tenían poco tiempo para averiguar lo que había sucedido y transmitírselo a los maestros, creían que era importante para Akane que supiera sobre sus sospechas, pero tenían que estar seguros primero.

Ranma se encontraba en su habitación, la habitación a lado de la de su prometida, veía por el balcón la luna en el punto más alto de la montaña, no podía dejar de pensar en ella y lo que estaría haciendo.

Llevó una mano a su pecho y apretó el objeto sujeto a la cadena que llevaba al cuello, para él no había diferencia, su corazón le pertenecía a ella y solo a ella; solo había un problema… ella no lo sabía.

Debía ser paciente, no bajar la guardia y hacer lo necesario para tener todo listo para el evento en el hípico, ahí tendría oportunidad de verla y tal vez también tendría oportunidad de decírselo.

Entró a la habitación, cerró las puertas del balcón y se tendió en la cama, no sabía cuánto más aguantaría sin saber de ella.

/

El sueño pese al dolor la había vencido, llevaba un par de horas durmiendo hasta que entre sueños escuchó que le llamaban, los sonidos de las bombas volvían a su mente para inquietarla, gritos, fuego, caos… de repente todo eso se vio acallado por un sonido mayor; un rugido ensordecedor que a la vez parecía un lamento, un rugido que la sacó de su sueño de golpe.

Abrió los ojos solo para verse envuelta en la obscuridad de lo que ahora era su habitación, algo agitada, recorrió el lugar con la mirada, pero no encontró nada, poco a poco recobró la calma y volvió a recostarse para tratar de volver a dormir.

Todo estaba en calma y en silencio, a veces le pasaba eso… los sueños la hacían sobresaltarse en medio de la noche, en el internado bastaba con tomar su móvil y buscar entre las fotografías una en especial, la de él, pensar en él siempre le traía paz; ahora tendría que conformarse con imaginarlo en su mente.

Continuará…

Mina Ain0 – no solo Akane utilizará sus encantos como te pudiste dar cuenta… espero que te haya gustado este capi. Y respecto a mi pierna vamos lento pero seguros, gracias por preguntar, te mando un abrazo!

Nala Saotome – que te parece Aoky? No es encantador?

RubD- Mi adorado Ranma tiene que hacer tripas corazón y aguantar, ahora le toca a él ser paciente.

Amy Saotome Tendo- todo puede pasar, no crees? A final de cuantas Akane está ávida de cariño; que tal te pareció el capi?

Rizzasm- no sabes lo bien que sientan tus consejos, eres un amorshhh… mil gracias saludos!