Cruzaron la puerta del castillo aun cogidas de la mano, Anna no quería admitir que ya podía soltar la mano de Elsa y la Reina a su vez luchaba por mantenerse despierta mientras caminaba guiada por la mano de la princesa. Decidió conducir a Elsa hacia su dormitorio y asegurarse de que entraba en la alcoba antes de soltar su mano y dirigirse al suyo. Pero no lo hizo, soltó su mano en cuanto el mayordomo se acercó a ellas:

- Su majestad, su alteza - se disculpó el mayordomo - sé que es tarde pero me temo que acaba de llegar esto tachado de urgente.

Elsa abrió los ojos al oír la voz del mayordomo.

- Te escuchó - concedió Elsa

- Ha llegado por correo urgente con expresa solicitud de enviar respuesta mediante el mismo mensajero que aguarda en el patio - dicho lo cual, el mayordomo alzó la bandeja de plata que portaba con un sobre reposando en el centro. El sello lacrado provenía de las Islas del Sur y de pronto todo el aire que había en el pasillo se esfumó.

Elsa solo tardó unos segundos en responder al mayordomo:

- Ofreced comida y cama al mensajero puesto que no va a recibir respuesta hasta mañana - lo dijo con toda la amabilidad que el sueño le permitía. El mayordomo asintió - Buenas noches

- Buenas noches, majestad - respondió el mayordomo antes de retirarse

- Vamos, Anna - le sugirió y la princesa sintió como su hermana aferraba su mano de nuevo y tiraba de ella en dirección al dormitorio. Dio gracias al cielo por no estar despierto aquella noche y permitir que su rostro quedara en penumbra. Elsa estaba adorablemente desinhibida cuando el sueño la atrapaba. Anna se durmió aquella noche sin dedicar un solo pensamiento a Kristoff solo pensaba en ese aspecto tan cálido y a la vez turbador de Elsa que no conocía. Parece que la Reina no es solo hielo después de todo.

A la mañana siguiente Elsa se levantó un poco antes que de costumbre y paseó hasta el comedor intentando organizar sus recuerdos del día anterior, había dormido tan profundamente que aun se sentía aletargada. Justo al final de la escalera, donde acaba la moqueta le esperaba Kristoff:

- Buenos días Kristoff - ¿Nos acompañas a desayunar?

- Buenos días, Elsa - respondió él - Sí, claro ¿Anna tardará en bajar?

- Muchacho - le advirtió el guardia que guardaba la puerta del comedor - debes referirte a la Reina en otros términos.

- Oh no - sonrió Elsa restando peso al malentendido - Él es cercano, no tiene importancia - acogió el brazo de Kristoff y le guió hasta el comedor donde le ofreció asiento a su izquierda dado que no iba a haber muchos más comensales.

- Anna bajará en seguida - le dijo.

- Bien - suspiró él - ¿Y qué tal? ¿Novedades en el reino?

- Las Islas del Sur tratan de agriarnos nuestro recién recuperado verano - suspiró la Reina

- Oh ¿Has abierto el sobre? - preguntó Anna a su espalda mientras dejaba reposar su cálida mano en el hombro derecho de Elsa. Fue un gesto tan natural e inocente que pasó desapercibido para todos los testigos presentes. Sin embargo ese valiente acto por parte de Anna hizo que Elsa se estremeciera y no precisamente por el susto.

- ¡Anna! - dijo Elsa de pronto - No me di cuenta de que habías entrado.

La Reina trató de hablar sin moverse para no dar lugar a que la mano de la princesa se moviese de donde estaba.

- Buenos días a los dos -respondió ella

- Buenos días, princesa - respondió Kristoff articulando cierto énfasis en la palabra "princesa".

- ¿Qué decías sobre las Islas del Sur?

- Explicaba las novedades palaciegas - respondió la Reina mientras Anna tomaba asiento a su diestra. Los sirvientes comenzaron a servir el desayuno.

Kristoff miró a Anna aun sin comprender:

- Nos invitan al juicio de Hans y el príncipe heredero pretende cortejar a Elsa

-¿Qué? - Kristoff abrió mucho los ojos para luego entrecerrarlos mostrando recelo

- Y anoche llegó una misiva urgente desde allí y aun no la he abierto - completó Elsa.

-¿Respondisteis a la invitación o al cortejo?

- ¡No! -gritó Anna casi levantándose de su asiento

- De ninguna manera - Respondió Elsa y miró a Anna ligeramente sorprendida por su entusiasmo

- Quiero decir, no quiero volver a ver a Hans aun si va a ser en un cepo en la plaza del pueblo - se excusó Anna volviendo a acomodarse y fijando su atención en la comida

- Abriré el sobre después de desayunar y daré una respuesta obtusa que no de lugar a más sorpresas por parte de las Islas del sur

Kristoff pareció satisfecho con la resolución y más aun con la perspectiva de tener a Anna libre tras el desayuno y a su hermana mayor ocupada. Cuando Elsa se disculpó para retirarse de la mesa, Anna la siguió con la mirada esperando cierto roce en la cintura que no se dio. Y al volver su rostro hacia delante se encontró de frente con los ojos de Kristoff.

- ¿Estas bien, princesa?

- Eh, sí - sonrió débilmente - sí, tranquilo. Kristoff ¿quieres ir a ver cómo ha quedado el antiguo dormitorio de Elsa?

- ¡Oh! El dormitorio - titubeó el muchacho - sí, claro.

Anna asintió complacida por no tener que abandonar el castillo, debía prestar algo de su tiempo a Kristoff que tuvo el detalle de acudir al desayuno para estar con ella pero no quería alejarse de Elsa mientras ese sobre siguiera sin abrirse.

Mientras tanto Elsa tomaba asiento en el interior de su despacho. Esta vez solo había requerido la presencia de Holsen, por su antiguedad y de Lars por simpatía. Que fuera la última elección que hizo su padre significaba, para Elsa, que debía de ser de confianza. El antiguo Rey de Arendelle era contundente como una bola de demolición y preciso como un bisturí quirúrgico. Confiaba ciegamente en lo que su padre había dictado y por tanto, Lars, le era de plena confianza.

- Caballeros - saludó en cuanto entraron por la puerta - disculpad que se os haya hecho venir tan temprano.

- Su majestad - saludaron ambos consejeros con una leve reverencia antes de tomar asiento.

Elsa puso sobre la mesa el sobre llegado la noche anterior:

- Se me informó ayer cerca de la medianoche de que este sobre vino con mensajero y urgía una respuesta mediante el mismo mensajero al que tuvimos que acoger. No se de qué trata ni qué puede ser tildado como urgencia en las Islas del Sur pero el tema empieza a colmar mi paciencia.

Holsen tomó el sobre del escritorio y previo permiso de la reina se dispuso a romper el sello de lacre. Extrajo el contenido y se aclaró la garganta:

"Se solicita cordialmente el permiso de desembarco en el puerto de Arendelle, a poder ser responda a la menor brevedad posiblepues el viaje ha sido largo y mis marineros necesitan un descanso.

Respetuosamente, Príncipe Robert V"

Esta vez Holsen no sondeó la mirada de nadie y miró directamente a la reina. Elsa se encontraba entre el enfado y el desconcierto y antes de poder emitir sonido alguno, Lars rompió el silencio por ambos:

- ¿Entiendo que el príncipe Robert se halla en un barco frente al puerto?

A este paso las Islas del Sur van a ser Islas hundidas, pensó Elsa.

- El príncipe se está tomando muchas molestias, majestad - comentó Lars apelando a las buenas maneras de la Reina

- El príncipe se está sobrepasando al obviar la ofensa tan deliberadamente

Holsen no ocultaba con su rostro que opinaba igual que la reina sobre el atrevimiento del príncipe, sin embargo trató de suavizar el ambiente ante la mirada de Lars. Elsa se dio cuenta de que sus consejeros se comunicaban entre miradas sin atreverse a decir palabra y se tranquilizó para no asustarlos.

- Majestad - comenzó a decir Lars - quizá debierais darle ejemplo al príncipe de lo que es la buena educación y permitirle bajar a tierra en un acto comprensivo.

Holsen atisbó en los ojos de la reina la negativa. La Reina era compasiva cuando se apelaba a su buen juicio pero en lo referente a las Islas del Sur no iba a ceder en nada:

- Me placearía ser una reina comprensiva pero han cruzado la raya al presentarse sin anuncio y exigir respuesta urgente para tan solemne tontería - dicho lo cual salió del despacho en dirección al pasillo. Elsa planeaba ser ella misma la que diera orden a la guardia de restringir la entrada de ese barco en el puerto, mediante cañones si era necesario.

Al mismo tiempo Anna, se encontraba con Kristoff en el dormitorio antiguo de la Reina y paseaba de forma nerviosa caminando entre la alfombra purpúrea y los tablones de madera. No encontraba motivo especifico para su nerviosismo pero se sentía incapaz de estarse quieta. Kristoff, por su parte, no se daba cuenta porque su atención se dispersaba por las vigas y las paredes de carga en busca de vetas de hielo o desperfectos pero tras un largo silencio en el que ya no había risas ni miradas de complicidad como las que solían compartir días atrás Kristoff se decidió a iniciar una conversación:

- Anna, parece que todo está bien - dijo él refiriéndose al famoso revestimiento - así que ¿te apetece hacer otra cosa?

- ¿Cómo dices? - Anna solo había escuchado palabras sueltas.

Entonces Kristoff se acercó a ella con paso firme pero lento hasta quedarse muy cerca del rostro de la princesa, asegurándose la máxima atención esta vez:

- Digo que si te apetece pasar el rato conmigo haciendo cualquier otra cosa…

- ¿Que? Eh ¡Oh! Entiendo - Anna se sintió de pronto acorralada e incomoda y se apartó discretamente de Kristoff - podríamos tal vez ¿dar un paseo por los establos? Asegurarnos de que Sven no necesita nada, ya me entiendes

- O tal vez podríamos… - Kristoff deshizo la distancia que Anna había trazado entre los dos con intención de abrazarla y justo cuando sus toscas manos iban a tocar su cintura Anna sintió que algo se turbaba. Una desagradable sensación velada recorrió su cuerpo:

Elsa.

Se apartó de Kristoff con una breve disculpa y salió de la habitación rápidamente. Aceleró su paso y empezó a correr como lo hacia de niña por el pasillo hasta llegar a la escalera y al encontrar el último peldaño corrió aun más deprisa hasta que vislumbró la erguida espalda de la Reina dirigiéndose con determinación a la puerta del castillo. Recorrió el breve espacio que faltaba y la abrazó por la espalda. Detuvo a la Reina de inmediato envolviendo sus hombros con su brazo derecho y sujetando su cintura y su vientre con el izquierdo. Sentía el cuerpo de Elsa desde los muslos hasta los hombros, toda esa regia espalda tan fría e impasible. Su rostro se había quedado tan cerca de su cuello que casi podía sentir el pulso de la Reina. Está tan fría.

- Anna - suspiró Elsa.

- Elsa, dime qué ocurre

Sin deshacer la posición Elsa le habló en susurros:

- El sobre es una petición para desembarcar en el puerto, llevan desde anoche esperando respuesta

- ¿Hay un embajador de las Islas del Sur en el puerto?

- El príncipe Robert, al parecer

-¿Qué ibas a hacer?

- Hundir el barco - respondió Elsa obtusamente. No era cierto pero se sentía tan contrariada que no pudo evitar contestar de esa forma.

- ¡Elsa! No puedes hacer eso

Elsa está entrando en calor Anna sintió el súbito cambio de temperatura en ambos cuerpos y se separó lentamente permitiéndose rodear a su hermana:

- Anna, Arendelle no es un puerto pirata donde cualquiera puede presentarse sin aviso y exigir permiso para nada y menos que nadie la corte de las Islas del Sur. Parece que no saben donde detenerse…

Anna entendió la magnitud de la ofensa que sentía la Reina y actuó en consecuencia:

- Dad orden de que el barco no se aproxime - demandó la princesa - es más, que eleven anclas sin perder momento. No habrá más respuesta puesto que la casa real de Arendelle ya ha recibido ofensa suficiente.

Los consejeros de Elsa, y Kristoff llegaban a la carrera por el pasillo y escucharon la orden tácita de la princesa. El mayordomo más cercano se acercó midiendo sus pasos:

- ¿Sus majestades…?

- ¡Ahora! - la princesa no consintió duda alguna. Su tono exigía obediencia inmediata y no había sido escuchado jamás por ningún habitante del castillo. Incluso Elsa se hubiera sentido cohibida de no ser porque Anna seguía manteniendo un cálido contacto con ella a través de las manos. Jamás pensé que detestaría tanto estos guantes

Tanto los consejeros como el servicio que había presenciado la escena dispusieron lo necesario para cumplir las ordenes de la princesa en nombre de la Reina. Kristoff que se hallaba descolocado en medio del pasillo y que no había comprendido lo ocurrido por su tardía llegada esperó con la vista fijada en Anna a que ésta le explicase lo ocurrido. La princesa sin embargo prefería de forma urgente mantener la compañía de su hermana y no ofrecer la debida atención a su novio. Los temidos pensamientos abandonados en la bañera también protestaban. Y ante los indicios de que Elsa iba a intentar huir se decidió:

- Ve a la terraza - pidió a Elsa, su tono no era autoritario pero si demandante.

- Kristoff quizá puede que ahora no sea un buen momento - empezó a decir Anna mientras la reina ya estaba alejándose. - Mi herman… La Reina está disgustada por temas de la corona, ya me entiendes, y debería…

- Sí, claro - dijo él en un intento lamentable de ocultar la decepción - avísame cuando podáis… o puedas, ya sabes.

Anna asintió sonriendo con cortesía y se alejó de allí también.