A los nuevos lectores Tilla, paulayjoaqui, Carmen, yolo xochil, Flakita, Estefany Lopez, MR752, bienvenidas a la historia, Nala Saotome, Rizzasm, Eliza, deliza22, Amy Saotome Tendo, Ikyta, Mina Ain0, Ranma x Akane, amigo y fan Ranma; gracias por sus mensajes y su paciencia.
Ranma ½ y sus personajes no me pertenecen son la creación de Rumiko Takahashi. Escribo esto por diversión y sin ningún fin de lucro.
Hace mucho que no estábamos en contacto, así que espero sus mensajes! Me encanta leerlos! Saludos!
18) El ultimo guardián
Al finalizar el entrenamiento de Iwao Ranma se había tomado un par de horas para bañarse, arreglarse y comer, después había regresado a su habitación y analizaba algunos de los papeles que Akane había dejado, en especial el mapa del castillo de Iga preguntándose si ella estaría bien, si su estancia allá sería cómoda o el heredero del clan rival la tendría como prisionera.
Si tan solo ese canalla se atreviera a ponerle un dedo encima, hacerle padecer algún tipo de incomodidad le haría pagar caro cada una de sus ofensas. De solo pensarlo se le revolvía el estómago y le entraban unas ansias tremendas de golpear algo.
Dobló y guardó el mapa, tomó entre sus manos la revista de sociales donde aparecía la fotografía de Kiko… ¿qué misterios ocultaba esa mujer? ¿por qué su prometida no había podido encontrar ningún dato sobre ella? y ese tatuaje… tenía un mal presentimiento sobre ella y lo que pudiera significar para que Akane regresara.
Guardo todo en la maleta que encontraron las prometidas en la biblioteca y se aseguró de esconderla bien entre sus cosas.
Bajo las escaleras hacia el salón principal, ahí se encontraban los maestros reunidos, era hora de que las chicas que enviaron a Iga dieran su reporte y esperaban que se comunicaran en cualquier momento. El chico se debatía en ir a los calabozos y averiguar por su cuenta lo que pudiera sobre el ataque o entrar con los maestros arriesgándose a que lo hicieran a un lado.
Estaba justo afuera del salón ensimismado en sus pensamientos, cuando la maestra Akima al percibir su presencia salió del mismo sorprendiéndolo.
-Ranma, estamos esperando noticias de Akane ¿te gustaría entrar y escuchar el reporte? -los maestros sabían que tenían que controlar al chico y sus ganas de salir corriendo al rescate de la pequeña heredera y habían pensado que la mejor forma de hacerlo era mantenerlo cerca de ellos e informarle cuanto supieran de la chica.
-si, por supuesto – aunque sorprendido por la oferta, no pensaba desaprovechar la oportunidad de enterarse de primera fuente lo que pasaba del otro lado de la montaña.
Ambos entraron al salón sentándose junto con los demás maestros alrededor de la gran mesa de roble rojo, minutos después las chicas en Iga llamaban para informar todo lo que habían podido averiguar.
Les explicaron con gran detalle que el ambiente en Iga era algo tenso por las rondas de los guerreros por todos lados, había toque de queda nocturno por seguridad de los habitantes porque temían que mandaran guerreros de Koga para llevarse a su princesa, pese a ello los habitantes solo hablaban de la llegada de la prometida de Aoky y de la salida que habían tenido desde temprano, de lo bien que se veían juntos, de lo hermosa que era la futura reina consorte y de la tan esperada boda.
Todos los presentes en el gran salón deseaban saber más sobre la supuesta salida de ambos; les platicaron que temprano en la mañana los vieron pasar por la aldea rumbo a las afueras de la misma, que no pudieron seguirlos más allá de los límites porque no querían levantar sospechas de la vigilancia, que les sorprendió verla con un cabestrillo en el brazo izquierdo pero en general se veía bien y a salvo, que entre la gente del lugar se rumoreaba que Aoky la trataba bien y que la salida era muestra de ello pues deseaba mostrarle las tierras de Iga, también les narraron la escena que protagonizaron a su regreso pues notaron la preocupación del chico pelirrojo al pasar a toda prisa y el semblante descompuesto de la chica.
Los maestros agradecieron la información y se despidieron de sus discípulas. Lo último de su relato les dejaba muchas dudas, no sabían si lo ocurrido era parte de la actuación de Akane o si le había pasado algo en el paseo, además Ranma se veía inquieto al saber sobre el cabestrillo en su brazo.
Llamaron a la abuela Sakura y a los demás integrantes de la familia y les trasmitieron la información recibida, intercambiaron algunas ideas e inquietudes.
Después de una larga charla la abuela y los maestros acordaron enviar un mensaje de tregua al heredero de Iga expresando que, como acto de buena voluntad Koga no tomarían ninguna acción en contra de ellos pese al ataque recibido el día del festival y a cambio lo único que solicitaban de su parte era su promesa de honor, de cuidar bien a su princesa y mantenerla a salvo de cualquier peligro hasta el día que cumpliera la mayoría de edad; y posterior a ello se acordara la fecha para realizar la ceremonia de compromiso.
Con esta acción querían garantizar la seguridad de Akane, pero estratégicamente también buscaban que Iga relajara la seguridad en su aldea y en los caminos para facilitar la vigilancia y dado el momento un contra ataque de ser necesario.
Escogieron a sus emisarios para enviar el mensaje, el encargado directo de la misión sería el mismo general que había protegido a Akane en el balcón el día de la presentación, el general Nanori; y junto con él seis guerreros más que debían partir al día siguiente muy temprano.
A Ranma le pasó por la mente la idea de incluirse secretamente en el plan, pero desistió de ello porque no quería arriesgarse a perder lo que había ganado en la aldea con los maestros y arruinar el plan con los primos y las prometidas.
Se limitó a agradecer a los maestros la atención de incluirlo en el informe, para luego retirarse del salón. Tenían poco tiempo para reunir toda la información para Akane así que debía concentrarse en ello.
/
Akane se alistó para dormir con una de las pijamas que Kyon le había comprado, era un juego de pantalón y sudadera lisa de color amarillo. Las horas pasaron y el silencio invadió el castillo, acostada en la comodidad de la cama, se le veía dormir tranquila y relajada por primera vez desde que llegó a Iga, el reloj de pared marcaba las tres y una leve campanada se dejó escuchar en las paredes de la habitación llegando a sus oídos, se movió cambiando de posición; enseguida un ruido conocido la sacó de golpe de su sueño… un rugido… él rugido de sus sueños.
Abrió los ojos y se incorporó de golpe en la cama algo asustada, miró a su alrededor solo para comprobar que estaba sola, llevó la mano a la cara con fastidio, se dejó caer de nuevo sobre la almohada para tratar de volver a dormir cuando el sonido se volvió a escuchar, tan nítido, tan cerca.
No era un sueño, lo había escuchado claramente. Saló de la cama, se dirigió al balcón y abrió las puertas justo en el momento en que el sonido se dejó oír de nuevo; lo que fuera estaba dentro de los límites del castillo.
Estuvo a punto de salir corriendo ella sola y averiguar que era, pero un golpe de cordura la hizo detenerse y usar la situación.
Se calzó, salió de su habitación y fue directo a la de Aoky, tocó a la puerta y le llamó un par de veces simulando algo de ansiedad, apenas escuchó una leve respuesta de su parte entró si más sorprendiendo al chico y dejando la puerta abierta.
-Akane que sucede? -Aún adormilado y haciendo un gran esfuerzo por abrir los ojos, por la luz que entraba del pasillo.
-escuchaste eso? – se había situado justo frente a las puertas de su balcón y se escondía detrás de las cortinas, mirando a la obscuridad.
- de que hablas pequeña? Tuviste una pesadilla? – se había levantado y caminado hacia el lugar donde ella se encontraba.
- No! No tuve una pesadilla, escuche un ruido muy raro y la verdad da algo de miedo. –seguía escudriñando la penumbra fuera del castillo.
Aoky respiro profundo armándose de toda la paciencia que podía tener a esas horas de la noche para tranquilizar a la chica miedosa -Mira pequeña, afuera no hay nada que pueda hacerte daño, aquí estas a salvo.
-yo lo oí! –se había cruzado de brazos y se mostraba molesta. –no lo estoy inventado.
- Akane es muy noche, ve a dormir… - involuntariamente bostezaba.
- NO!
- Akane no eres una niña pequeña como para tener miedos nocturnos… -en ese instante su pequeño discurso se vio interrumpido por el mismo sonido y la peliazul se abrazó al chico haciéndole creer que se había asustado.
- Lo escuchaste? Ves que no es un invento?
- Ahhh eso! –deshacía el abrazo y la tomaba por los hombros. – no tienes nada que temer, es la bestisa?
- La bestia?
-creo que será mejor que te lo muestre para que me dejes dormir… ven! –había tomado su bata de noche y se la había puesto a la chica para abrigarla, además se había puesto zapatos y la llevaba de la mano escaleras abajo.
Los guardias que se encontraban de servicio pensaron que algo malo ocurría e intentaron acercarse, pero el chico les hizo ver con una señal de su mano que todo estaba bien.
Anduvieron por los pasillos hasta llegar a la entrada, salieron por la puerta principal y caminaron varios metros hasta un pequeño edificio al otro lado de los establos, en el camino el mismo sonido se volvió a escuchar aunque más enérgico pero igual de agonizante.
Al llegar Aoky abrió la puerta y encendió las luces, el sitio estaba lleno de jaulas enormes como si de una perrera se tratara.
-que es este lugar? –la chica observaba con detenimiento el espacio en el que se encontraban.
- Antes era una especie de zoológico privado, a mi abuelo le gustaba tener animales exóticos; no se había usado en años, pero hace varias semanas en las cercanías de la aldea apareció lo que los pobladores bautizaron como "la bestia". Algunos encontraron huellas muy cerca de la entrada principal y otros aseguraron verlo en el poblado por las noches, así que por seguridad de todos decidí ir buscarlo y traerlo aquí. –Al escuchar el relato, Akane recordó el día que estando de incognito en Iga había conocido al chico, había sido semanas atrás cuando lo vio pasar a caballo con varios jinetes acompañándolo para ir de cacería.
Habían caminado por el lugar un par de minutos hasta llegar al fondo dónde se encontraba la jaula más grande, ahí en un rincón de aquella prisión observó un bulto enorme de pelo negro, el animal al sentir la presencia de los chicos cerca, giró su enorme cabeza y posó sus enormes ojos azules en ella.
-mi princesa, te presento a "la Bestia" – se había situado a un lado de la jaula a cierta distancia por seguridad y le extendía la mano a la chica para que fuera a él.
El corazón de Akane dio un vuelco, observó al gran animal con detenimiento y se acercó cautelosa a la jaula para observarlo mejor; era un león enorme, uno como nunca había visto, de pelaje negro en su totalidad y de ojos azules con unos destellos blanquecinos en ellos que la chica conocía muy bien.
El animal parecía enfermo y débil, se encontraba echado al fondo de la jaula, pero al observar que la chica se acercaba él también lo hizo, ella se arrodillo y quedaron uno frente al otro a solo un par de pasos de distancia separados por los barrotes.
Akane lo miraba expectante, el animal se mostraba sumiso con ella y no dejaba de mirarla; en un acto involuntario ella quiso tocarlo y levanto la mano para hacerlo, pero Aoky la detuvo alarmado por su proceder.
-no! Ten cuidado podría atacarte.
- no lo creo, parece muy enfermo… que es lo que tiene?
- no lo sabemos, así lo encontramos; el veterinario cree que ya es de edad avanzada, no sabemos cómo es que un animal así llegó a este lado de la montaña… tal vez escapo de un circo; pero no deberías confiarte y mucho menos acercarte tanto a él, sigue siendo un animal salvaje.
- no lo parece…
- bueno… ahora que sabes que es el ruido de tus pesadillas es hora de que regreses a la cama y me dejes dormir, anda! – había pasado un brazo por su espalda y la guiaba a la salida.
Ella se dejó llevar pero no pudo evitar regresar la mirada atrás y ver de nuevo al gran león que se mantenía de pie observándola.
Durante el trayecto de regreso ella no pronuncio palabra alguna, el chico la llevó hasta su cuarto para después despedirse de ella e irse a dormir.
Cuando se encontró a solas en su habitación corrió para salir al balcón, parada junto al pretil, dejando que la brisa alborotara su pelo volvió a escuchar el rugido y su corazón se oprimió nuevamente… ahora entendía.
Ese día durmió muy poco, necesitaba regresar a ese lugar, verlo nuevamente y hablar con él; no entendía que hacía ahí después de tantos años desaparecido.
Antes del amanecer se alistó con un traje deportivo y tenis, usaba el cabestrillo pues la mala noche hacía que sintiera más dolor en su hombro; salió de la habitación y notó que ya habían realizado el cambio de guardia, uno de los jóvenes guerreros la miró con algo de curiosidad y siguió su andar con algo de prisa, caminó hasta llegar a la mitad de la escalera cuando escuchó que alguien le llamaba.
-Señorita Akane! Señorita Akane! – se detuvo de golpe, maldiciendo su suerte, giro sobre sus pasos y trató de mostrarse serena.
-Mei! Qué ocurre? – Era la chica del servicio que le habían asignado de manera personal a Akane para que la asistiera.
La muchacha la saludaba con una gran y solemne reverencia. - Señorita se ha levantado muy temprano y se vistió sin haberme llamado. -La pobre chica se veía consternada y agitada por la carrera, era su obligación estar al pendiente de las necesidades de la nueva señora del castillo y si alguien se enteraba de lo sucedido temía que la reprimenda fuera severa.
La peliazul dedujo que el chico de la guardia al verla salir sola decidió ir a buscar a su asistente, ella no buscaba meter en aprietos a la chica, pero necesitaba salir a solas.
-si lo sé, pero es muy temprano y no quise despertarte, tú me has ayudado mucho desde que llegue y quería darte un respiro.
-señorita, pero es mi deber y si mi señor Aoky se entera…
-si se entera le diré que después de ayudarme a cambiar y antes de salir a dar un paseo te di instrucciones precisas de que nadie me molestara, además de que te ordené preparar el baño y un cambio de ropa para cuando regresara y estar lista y presentable para el desayuno. –su voz y el sentido de la misma era de complicidad, al terminar de hablar Akane le guiñó un ojo y giro para terminar de bajar las escaleras y seguir su camino.
Los ojos cafés de la chica la observaban aún tratado de analizar si era una orden o un pacto entre las dos.
-como ordene señorita. –contestó de manera automática, para después regresar y cumplir con su labor aunque aún no entendiera si lo que en verdad le estaba pidiendo era que la cubriera en su salida.
Al verse libre en los terrenos del castillo, dio un pequeño paseo por el lago y se dejó ver por algunos de los guardias que recién llegaban a su puesto, de esa forma no levantaría sospechas, después caminó sin aparente rumbo fijo para después correr rumbo al antiguo zoológico; entro teniendo cuidado de que ninguno de los trabajadores de las caballerizas la viera entrar.
Aseguró la puerta de entrada y anduvo con sigilo por los corredores previendo que hubiera alguna persona cuidando el lugar, pero al parecer no había nadie por ser muy temprano; caminó al final del edificio donde se encontraba la jaula más grande.
La chica se detuvo frente a los barrotes y sosteniéndose de uno de ellos con su mano libre se agachó tratando de no hacer ruido, el animal parecía dormido echado en medio de su prisión.
Por un instante solo se dedicó a contemplarlo, estaba segura que era él, en sus ojos tenía los mismos destellos blanquecinos que los otros guardianes; el gran animal se movió cambiando de posición y ahora podía contemplar su rostro con detenimiento.
Sin esperar más lo llamó para despertarlo.
-Yoshio!... Yoshio!
El león abrió los ojos de golpe y se incorporó lentamente sin dejar de mirar a la chica, que nuevamente tuvo oportunidad de observar esos ojos azules con ese especial matiz blanco.
-Eres tu verdad? Eres Yoshio! -el animal se desvaneció en una neblina azulosa para después tomar la forma de un chico, algo delgado, de piel blanca de un pálido enfermizo, muy alto, de cabello negro, largo y despeinado; y su rostro de rasgos angelicales. En un parpadeo estaba hincado frente a ella y sus manos sostenían la de la chica, que seguía sujeta a uno de los barrotes tomándola por sorpresa.
El chico tenía el torso desnudo, sus pies estaban descalzos y usaba tan solo un hakama negro algo desgastado y viejo; estaba muy sorprendido con la chica, la observaba a detalle sin soltar su mano como si necesitara tocarla para asegurarse que no estuviera alucinando.
La analizaba a detalle con la mirada, como si en la cara de la chica estuviera leyendo su historia y en sus ojos pudiera desentrañar los secretos de su alma; la expresión en el rostro de chico cambiaba constantemente del asombro al miedo, del miedo a la ira y de la tristeza a la felicidad pero no pronunciaba palabra alguna.
Un par de minutos después sus manos sujetaron con suavidad el rostro de la chica y la veía con infinita ternura, Akane no entendía que pasaba, pero suponía que se había dado cuenta quien era, tal y como lo habían hecho los otros guardianes.
-pequeña descendiente… tienes los mismos ojos que mi señora- su voz era muy varonil y suave. –que haces aquí pequeña?
Akane salía del estado hipnótico en el que la tenían los ojos del chico para poder contestar.
-vine a recuperar el collar- el chico abrió los ojos asombrado.
-no! Tu no pequeña, no tienes que sacrificarte… no debes. –sus manos habían pasado de su rostro a los barrotes.
-soy la única que puede hacerlo, no hay otra opción.- el chico pudo ver su determinación en su mirada. –no solo lo hago por mi gente, también por los guardianes… por ti; mírate estas enfermo. ¿Cómo es que llegaste aquí? ¿Por qué desapareciste?
-es una muy larga historia, pero en resumen es porque estoy ligado al collar, cuando mis energías se fueron debilitando necesité estar lo más cerca posible de la gema, con forme han pasado los años esa necesidad ha ido creciendo y ésta fue la única manera que encontré para ello; por esa razón no he podido regresar con mis hermanos.
-ahora entiendo, entonces tu sientes la presencia del collar? Podrías saber exactamente en qué lugar del castillo se encuentra si puedo hacer que entres en él. – Yoshio la miraba curioso.
-pequeña hime, tú también deberías sentirlo.
-no eh logrado sentir su presencia, lo eh intentado pero algo raro pasa conmigo.
-Lo sé! puedo sentirlo, hay un desequilibrio entre tu mente y tu corazón; pero no debería ser obstáculo para que puedas sentir la energía vital de la gema, porque es también parte de ti. - por un momento el guardín se quedó en silencio analizando a la chica. –desde el momento en que llegaste a estas tierras todo tu ser debió percibir la energía, envolverte de su poder y traerte paz, algo debe bloquear la conexión con nosotros.
-¿de que hablas? ¿A caso, podría haber algo que pudiera bloquearla?
-Sí, una esencia negativa; el collar ha permanecido en estas tierras por mucho tiempo y por generaciones los descendientes de Iga han alimentado su odio hacia nuestro clan generando energía negativa, tal vez eso sea lo que afecte su poder. Tal vez por eso tu brazo aún no ha sanado – ahora señalaba la extremidad de la chica.
Al escuchar eso, Akane recordó el relato de los guardianes sobre la historia de cuando fue robado el collar, que de haber continuado en Koga su bisabuela tal vez no hubiera muerto, por sus poderes sanadores.
-necesito tu ayuda, necesito de tus lecciones para completar mi entrenamiento y salir de aquí.
-Lo sé, hare todo lo que esté en mis manos por ayudarte, mi princesa. Ahora tienes que irte no falta mucho para que alguien venga.
La chica asintió con la cabeza y se incorporó para despedirse del chico.
-vendré a verte muy pronto y buscaré la manera de sacarte de aquí.
El guardián se había puesto de pie y hacia una reverencia de agradecimiento y despedida. Estaba a punto de volverse a transformar cuando se dio cuenta que le había faltado preguntarle algo importante.
-pequeña hime… ¿cuál es tu nombre?
-Akane, me llamo Akane. – ella le sonrió tiernamente y después comenzó su andar de regreso al castillo.
-te pareces tanto a ella –el chico se sorprendió a sí mismo sonriendo como en mucho tiempo no lo había hecho, poso su mano a la altura de su pecho donde se había instaurado una sensación de alivio y esperanza; un segundo después volvía a transformarse en la gran bestia.
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El amanecer en Koga había sido muy movido para los soldados y los maestros con los preparativos para enviar el mensaje de tregua, Ranma se mantuvo al margen aunque a distancia siempre estuvo al pendiente de todos y cada uno de los movimientos de los maestros.
El general Nanori y sus subordinados irían protegidos con sus armaduras y sus katanas; con el estandarte de Koga y una bandera blanca en solicitud dialogo y como símbolo de paz.
Los maestros habían preparado algunos regalos como símbolo de la aceptación del pacto entre los clanes: vino, telas, unas cuantas piedras preciosas, dulces e inciensos.
Todo había sido preparado y envuelto tal y como lo marcaban las tradiciones del clan, todas las cosas estaban siendo empacadas por los subordinados de Nanori, mientras que el general recibía de las manos de Akima un rollo con el mensaje de tregua dentro de un cilindro de madera tallada con las sakuras símbolo del clan.
Al tomarlo entre sus manos el general lo recibió de manera solemne y guardó entre sus ropas, jurando protegerlo con su vida y no regresar hasta obtener una respuesta a la misiva.
Los maestros daban las últimas indicaciones y se despedían, al tiempo que la guardia montaba a caballo.
En el último momento Ranma se acercó a ellos deteniendo el avance de Nanori.
-General espere! Akima y los otros se miraron entre sí, atentos a los movimientos del chico –espere por favor -Nanori jaló la rienda de su caballo para detenerse esperando saber lo que el chico quería.
-qué pasa joven Saotome? –observaba con una ceja alzada como al chico simplemente no le fluían las palabras.
-yo, quisiera… quiero… podría usted asegurarse de que ella este bien? – El general entendía cuan era el verdadero mensaje oculto en sus palabras, sabía la razón por la cual el chico pelinegro se encontraba en el clan, comprendía que lo que realmente quería era que le trasmitiera a su princesa el mensaje de que él la iba a esperar.
Nanori no perdió su postura marcial, pero asintió con la mirada y le respondió esperando que el muchacho comprendiera que el mensaje había sido captado.
-Así lo haré!
Todos los presentes los vieron partir con la esperanza de tener nuevamente con ellos muy pronto a la legitima líder del clan.
Nanori y sus soldados habían iniciado su viaje por el camino más directo a Iga; el camino que atravesaba las montañas, iban a un paso moderado, querían llegar antes de que el sol estuviera en su punto más alto.
Al tomar esa ruta y conociendo de ante mano que Iga había colocado puestos de vigilancia en el camino se aseguraban de que sus soldados vieran a la comitiva con la bandera blanca, y se apresuraran a llevar el mensaje sobre su inminente llegada a su monarca.
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Al salir de zoológico Akane dio un recorrido rápido por las cabellerizas, admiró algunos de los caballos, incluso le dio de comer al que reconoció como aquél que le pertenecía a Aoky y conversó con algunos de los trabajadores, así cuando regresara a ver a Yoshio no levantaría sospechas de su presencia por ese lado del recinto.
A su regreso el castillo estaba lleno de vida, con gente yendo y viniendo ocupándose de sus quehaceres, los que se percataron de su presencia se detenían a saludarla con respeto para luego seguir su camino.
La chica seguía preocupada por Yoshio, a diferencia de los otros guardianes él se veía realmente mal.
Caminaba por el pasillo principal para subir las escaleras cuando a lo lejos Dai se percató de su presencia y fue a darle alcance, le llamó en un par de ocasiones pero estaba tan concentrada que no le escucho y fue solo cuando la tomó de la mano que se dio cuenta de que el doctor le llamaba.
-Akane? Hola buenos días! – parecía que se alegraba de verla.
-hola! Perdón no te escuché.
-sí, me di cuenta –le sonreía -veo que saliste temprano… diste un paseo?
-sí, desperté de madrugada y ya no pude conciliar el sueño y preferí salir a caminar.
-me da gusto ver que te sientas con mayor confianza para salir. Y tu hombro?... Mejor?
-mejor, gracias a tus indicaciones y cuidados. –ahora era ella la que le sonreía.
-me alegro!, así podré regresar a mi trabajo en el hospital más tranquilo al saber que ya te encuentras casi recuperada. -La chica lo miro confundida, acaso se marchaba para no regresar.
-te irás?
-sí, mañana regreso a mi trabajo en el hospital central de Kioto, pero no te preocupes vendré en cuanto pueda. –el chico le guiñaba un ojo, como si le hubiera hecho una promesa.
La peliazul lo abrazó con verdadera sinceridad –gracias por todo Dai y estaré esperando tu regreso.
-muchas gracias; ahora creo que será mejor que subas y te cambies, Kion casi tiene listo el desayuno y pronto mandará por ti. – ella le sonrió y fue escaleras arriba rumbo a su habitación donde Mei ya la esperaba.
La chica parecía que respiraba con mayor tranquilidad desde el momento que la vio entrar a la habitación, Akane saludo y agradeció su discreción para después alistarse para bajar con su ayuda.
Mei terminaba de cepillar su cabellera cuando Aoky tocaba a la puerta para acompañar a Akane al comedor.
Al entrar la de ojos avellana pudo apreciar unas notables ojeras en su rostro, pese a ello se le veía sonriente e igual de atento con ella.
Bajaron juntos al comedor y se situaron en sus lugares junto a Kion y Dai; un instante después de haberse saludado Kiko entraba con su ya conocida expresión de desprecio para con su futura sobrina; hacía las atenciones correspondiente para con ella y su sobrino y se sentaba de mala gana en su nuevo puesto en la mesa.
Akane no supo si fue su molestia al saber que te tendría que soportar a la tía durante el desayuno o la angustia que se le había clavado en el corazón durante la breve platica con Yoshio pero volvió a sentir una gran punzada en su pecho; trató de disimular su malestar tomando un poco de thé, hasta que poco a poco fue desapareciendo.
Siempre que Kiko se hacía presente el ambiente se sentía tenso y pesado, pero Aoky siempre trataba que fuera lo más ameno posible para ella.
Casi era medio día, el resto de mañana había pasado sin más sobresaltos, Mei la acompañaba en la biblioteca, mientras leía un libro sobre la historia de Iga y de vez en cuando le hacía preguntas sobre la familia de Aoky.
Quería indagar más sobre el pacto, el misterio de Kiko y la muerte de los padres del señor del castillo mientras que éste encontraba encerrado en su despacho con sus concejeros.
Kion atendía sus obligaciones procurando que todo estuviera en orden y que el personal estuviera cumpliendo con sus deberes y Dai se encontraba en su habitación preparando sus maletas para regresar a su trabajo en el hospital.
Kiko iba y venía en el espacio de su habitación maldiciendo su suerte por no poder controlar a la prometida de su sobrino cuando escucho las alarmas del castillo sonar, sorprendida corrió al balcón principal donde vio entrar al casillo a un jinete de la guardia de Iga a toda velocidad.
En segundos todos en el castillo se movilizaron, Kión salió de inmediato y daba instrucciones al personal, algunas personas del servicio atendían al recién llegado, otro sostenía su caballo y lo llevaba a descansar en las caballerizas; uno de los guardias de la entrada por órdenes de la chica encargada corrió al despacho de Aoky y toco la puerta con premura en espera de poder pasar.
Aoky y sus consejeros al escuchar que alguien llamaba a la puerta suspendieron su plática y uno de ellos se levantó rápidamente para abrir a puerta y saber el motivo de la interrupción.
Cuando le indicaron que pasara el joven guardia hizo una reverencia a los presentes y les notificaba la llegada de uno de sus guardas encargado de la vigilancia en el camino de paso entre los clanes.
Todos se sorprendieron al escuchar a noticia y los concejeros miraban a señor del castillo en espera de sus órdenes. Aoky mantuvo la calma y pidió a mismo chico informar a sus generales, para después verlo salir a toda prisa.
El señor del castillo les pidió a los concejeros resguardan la información que tenían sobre la mesa y lo alcanzaran en el salón principal para recibir a su guardia.
Salió del despacho a toda prisa y en el camino se encontró con Kiko que balbuceaba algo sobre alguna advertencia que le había hecho y no se despegaba de su lado; ignorando a la mujer siguió su camino preguntando al personal donde se encontraba la peliazul hasta que una chicas le indicó que se encontraba en la biblioteca.
Kiko al ver que el muchacho no le prestaba atención detuvo su andar y dejo que se fuera solo; aceleró el paso hasta llegar a la puerta de la biblioteca donde entró sin miramientos cerrando con seguro la puerta.
Las mujeres se sobresaltaron con la interrupción, Akane se puso de pie pero Aoky con delicadeza le indicó que volviera a sentarse, al parecer no se había dado cuenta del revuelo que había afuera de esa habitación y prefería ser él quien le informara lo que estaba pasando.
Se sentó a su lado y tomó sus manos entre las suyas ante la atenta mirada de Mie y se dirigió a ella con toda la calma posible.
-Pequeña me acaban de informar que uno de mis guardias encargado de vigilar el camino principal entre los clanes acaba de llegar –Akane lo escuchaba con atención aún algo incrédula. –Eso significa una sola cosa… quiere decir que alguien de Koga se dirige aquí y no tardarán mucho en llegar.
Al escuchar aquello la chica se levantó de golpe sorprendida por la noticia…
Continuará...
