- ¿Anna? - la llamó Elsa preocupada al ver que su hermana abría los ojos desde bañera sofocada.

- ¡Elsa! Tú… ¿Que… - la princesa seguía jadeando - ¿Desde cuando llevas ahí? - preguntó al fin.

- Oh, acabo de entrar - respondió la Reina con naturalidad - Llamé a tu puerta y como no respondías, entré. Te oí gritar, creo, y me acerqué hasta el baño.

- Ah, bien, bien - dijo Anna - ven, ayúdame: me he dado un golpe tratando de salir y me duele…

Elsa asintió enérgica y ofreció sus manos para estirar de Anna:

- Espera, si se mojan puedes volver a resbalar - dijo Elsa, dejando a Anna aun reposando en el agua. Mientras se quitaba los guantes Elsa se percató de la desnudez de su hermana y volteó discretamente el rostro para evitar ver nada inapropiado. Deseaba mirar, pero no así de forma indiscreta y aprovechando el momento descaradamente. Por suerte para ambas al alcance de la Reina estaban las toallas maravillosamente accesibles, así que posó sus guantes de satén junto a la ropa de la princesa y desplegó la primera toalla ante la vista de Anna:

- Vamos, ven - la invitó Elsa. Sostenía la toalla mientras mantenía su rostro girado y la mirada en sus guantes, que parecían tan tranquilos no como su respiración que se desbocaba por momentos.

- Sujétame, por favor - pidió la princesa. La Reina asintió y abrazó el cálido cuerpo de Anna en cuanto la princesa se puso de pie en la bañera. Anna trató de cerrar los ojos para olvidar que eran los brazos de Elsa lo que la envolvían y apretaban. Pero aun intentando huir de la situación vio algo que la descolocó: Elsa se mordía el labio inferior con sutiliza. Un detalle nimio o el farsante pico de un iceberg que ocultaba algo mucho más grande. Volviendo al momento, Anna asió la toalla con sus propias manos y avisó a Elsa de que ya estaba fuera de la bañera.

La Reina volvió a ponerse los guantes y sonrió tranquila al ver a Anna mejor compuesta y, sobretodo, tapada.

- Si gustas de hablar un momento, te esperaré fuera - le ofreció Elsa con suavidad.

Anna asintió con suavidad protegiéndose con la toalla mientras Elsa salía del baño y esperaba en su dormitorio.

Elsa aguardaba tranquilamente sentada en la cama de Anna, aun se sentía impresionada por el increíble verde profundo de los ojos de Anna. En el baño, la mirada de Anna y sus pupilas dilatadas habían anegado en niebla y vapor todo lo demás. Solo estaba ella desnuda en la bañera mirando a Elsa con una expresión desconocida pero placentera. Al evocar su imagen la reina sintió un hormigueo formándose que se deshizo al instante:

- Elsa - Anna estaba ya vestida, de negro y verde. Resaltando ella sobre toda la habitación. Elsa se puso de pie para recibirla.

- Oh, ya estás aquí.

- Sí, dime qué necesitas - ofreció la princesa y extendió una mano como invitación a volver a sentarse.

- Dímelo tú - respondió Elsa - no te he visto desde ayer por la mañana y no me parece que estés tan enferma - decía la Reina sonriendo con complicidad.

Anna rió y correspondió la complicidad:

- Bien, me has descubierto

- Te escucho - ofreció su hermana sentada pulcramente en su cama, cerca de la almohada donde Anna sabía que apoyaría la cabeza de ahora en adelante para dormir. Tenía las manos apoyadas en el regazo y los dedos entrelazados a la espera de una explicación. Anna se rindió finalmente y se sentó junto a ella:

- He de pensar una forma adecuada para romper con Kristoff

- ¿Romper?

- Bueno, es cierto que no me pidió nunca de manera formal…

- No, quiero decir, todos sabemos que vosotros, ya sabes - corrigió Elsa - pero creí que estabais bien.

Anna se levantó y caminó hasta la ventana, no quería dar la espalda a Elsa mientras hablaban pero era incapaz de permanecer quita a su lado:

- Él se adentró en la ventisca con buena intención y entonces lo dimos todo por supuesto pero yo no…

- Anna ¿acaso él…?

- No, que va - Anna se giró alarmada mirando a Elsa.

- ¿Entonces tú…?

- Para nada, Elsa

Anna estaba empezando a perder a la compostura ante la impotencia de expresarse. Elsa aguardó en silencio:

- Últimamente he sentido cosas que no he sentido antes estando con él

- Oh, bueno - la Reina se ruborizó - es normal que sentir algo nuevo asuste pero no debes alejarte de él por miedo, Anna

- No, no, no - enmendó la princesa - ese es el problema: no las sentí por él.

- Oh… - tras una larga pausa Elsa tomó aire y se atrevió - ¿No crees estar enamorada de Kristoff?

- No, no lo creo - la voz de Anna era un susurro, el mal de conciencia era visible en sus ojos. - Me siento ruin por dentro porque creo que él sí siente algo así por mí pero tampoco quiero sacrificarme para no hacerle daño. Elsa, no quiero pasarme la vida arrepintiendome o anhelando...

Las ultimas palabras de Anna sonaron casi quebradas en su voz y Elsa no pudo contenerse mas tiempo y se levantó para abrazarla en un rápido movimiento. Sujetó su espalda con una mano mientras acariciaba su pelo aun húmedo con la otra. Y se quedaron en silencio deseando que el instante fuera infinito. Elsa finalmente atrajo a Anna hasta la cama y se sentaron, en silencio todavía, la reina sujetó a Anna y la ayudó a acomodarse junto a ella. Elsa la abrazó y Anna sencillamente se dejó acoger por los cálidos brazos de la reina del hielo. Con la cabeza apoyada en el pecho de Elsa, Anna sintió como el pulso sosegado de su impasible hermana se iba acelerando poco a poco. Y aunque el ritmo era apresurado era también apaciguador y reconfortante. En un gesto inocuo Anna rodeó la cintura de Elsa. La princesa se sentía mejor y con cada acercamiento de Elsa sus pensamientos iban tomando una forma más clara y definida Dejar a Kristoff es lo mejor, no es justo para él y oh, un momento Anna detuvo en seco su monólogo interior. Se percató de que el pulso tan conciliador de Elsa se estaba acelerando demasiado y su respiración era desacompasada y jadeante. Entonces, la tardía epifanía por la que Anna rezaba en la bañera llegó de pronto: Elsa había acelerado su respiración cuando Anna pasó su brazo sobre su estómago. Cayó en la cuenta de que estaban abrazadas en la cama y de que la Reina estaba prácticamente jadeando. Y la princesa, reciente conocida de lo que el deseo había hecho con ella, en sus propias carnes, reconoció sus efectos en el cuerpo de su hermana; Elsa estaba excitada por haberla visto desnuda en la bañera y por estar tumbada a su lado en la cama. Incluso sus piernas estaban ligeramente abiertas:

- Elsa - dijo casi en un suspiro tratando de incorporarse para mirar los ojos de la Reina.

- ¿Su majestad, su alteza? - los nudillos de un sirviente contra la puerta del dormitorio de Anna resquebrajaron todo el ambiente.

- ¿Sí? - respondió Elsa apresuradamente intentando recobrar una postura menos indecorosa y rehuyendo la mirada de Anna.

- La comida va a servirse en seguida ¿la princesa Anna bajará al gran comedor o desea tal vez que se le acomode el servicio en su cuarto?

- Ah, Em - Anna tosió para aclararse la voz - Estoy mejor, bajaremos en seguida.

Elsa le sonrió ante esa afirmación y la ayudo a deshacer las arrugas de su vestido una vez ambas estuvieron de pie. Elsa fingía que no ocurría nada, que nada podía agitar el gélido humor de su alteza real, la reina del invierno.

- Anna - la llamó antes de abrir la puerta del dormitorio

- ¿Quieres ser más concisa con lo que sea que no te hace sentir Kristoff?

- Ahora mismo no - respondió llana y honestamente, se sentía más tranquila pero no tan confiada todavía - pero hablaremos de ello pronto

- De acuerdo - Elsa aceptó sin reproches y abrió la puerta cediendo el paso a la princesa.


Tras el breve momento de intimidad que habían compartido en los aposentos de Anna cada una retomó sus deberes individuales y lamentablemente para ambas, no volvieron a verse en lo que restaba de día. Anna debía retomar la seriedad de las reformas del castillo y Elsa tenía innumerables decisiones a las que enfrentarse que había postergado por la mañana. Anna partió en carruaje hasta las oficinas de la empresa constructora con quien había planeado trabajar y Elsa mandó reunirse a todo el consejo para ponerse al día de inmediato. Mientras salían del gran comedor en direcciones opuestas,la princesa lanzó una última mirada a la espalda de Elsa y tomó su firme decisión: Dejar a Kristoff sin preámbulos ni dudas y hacer suya a la Reina.

Si mi intuición es correcta, no habrá lugar en este castillo en el que te sientas casta…

Una vez todos se hubieron presentado en la sala de reuniones y la puerta se hubo cerrado presagiando una larga lista de cosas pendientes, Elsa tomó asiento a la cabecera de la mesa como solía hacerlo, el resto se dispusieron en torno a ella:

- Bien, comencemos

Todos ellos mostraron carpetas de documentos y sobres con sellos reales de otros reinos.

- Antes de empezar, me gustaría que todos los presentes me asegurasen de que no hay noticia alguna sobre las Islas del Sur

La mayoría miraron interrogantemente a la Reina pero Holsen y Lars lucharon por contener cierta sonrisa sobre esa tendencia desaprovatoria que tenía la Reina hacia todo lo que tuviese que ver con aquellas islas:

- Fastuoso - aprobóElsa. Aunque fuera una palabra cumplida el tono era más bien de sencilla aceptación de los hechos. - Adelante entonces

- Majestad, por mi parte - comenzó el ministro de economía - solo tengo por resolver algunos asuntos sobre el comercio con Weselton que no quedaron bien atados al acabar las negociaciones.

- Por la nuestra, solo son peticiones de reinos vecinos de índole comercial y tal vez turístico - terminó la exposición el consejero más serio y mayor de los que Elsa tenía delante.

- De acuerdo, empecemos por ahí - solicitó la Reina

Pasaron horas dilucidando cuanto beneficio iba a reportar permitir un turismo abierto en Aredelle teniendo en cuenta la geografía y qué reinos serían los más asiduos. Se discutieron grandes decisiones sobre aranceles para el comercios con dichos países así como los pequeños detalles y habladurías en los que la Reina no quería involucrar a Arendelle,que era un entorno pequeño y pacífico. Dejar abierto Arendelle al público en general era una gran decisión, la noticia de que la reina de Arendelle tenía un exótico poder glacial tan propio del norte y tan atractivo por su característica frialdad había llegado a todos los recónditos lugares de la tierra, pero Elsa no quería que la atención se centrara en ello. Sería una noticia pasajera y enfocar una rama de la economía en el turismo era un error fatal, desde su punto de vista. Después de aceptar y descartar opciones referente al comercio y turismo, aun quedaba Weselton como tema a tratar:

- El Duque de Weselton, majestad, solicita..

- ¡Santo Dios! ¿Qué querrá ahora?

En todas las reuniones había una o dos peticiones formales para reanudar su relación con Arendelle, relación que la reina ya había dado por muerta.

- Hace gala de perseverancia, majestad - concedió Holsen

- En realidad - prosiguió el ministro que hablaba - El duque de Weselton solicita su presencia en la unión de su hija con Robert V

- ¿Robert V? - preguntó la Reina ¿Dónde había oído ese nombre antes?

- El príncipe heredero de las Islas del Sur, majestad - respondió Lars con absoluta suavidad.

En ese mismo instante Anna que salía de su reunión y presumía poder volver al castillo a reunirse con Elsa, contenta como estaba por el resultado de sus negociaciones con la empresa, Anna sentía una paz y un júbilo insólito que la animó a correr hasta el carruaje hasta que tropezó con Kristoff. Ya había planeado seducir a su Reina, después de todo, ella no era una simple princesa de cuento de hadas, inútil sin un príncipe que la salvase, era Anna de Arendelle, la princesa que se sacrificó por la Reina y demostró al fiordo entero lo que era amor verdadero. Pero antes, debía de cumplir con su deber moral: Kristoff no debía seguir esperando nada de ella.

- Hola princesa - saludó él.

- Oh, buenas tardes Kristoff - respondió ella - ¿Tienes un momento? Tengo que hablar contigo…


A/N: Gracias por las visitas, favs y follows. Adoro leer vuestros reviews y sugerencias. Sois geniales, nos vemos en el siguiente capítulo.