Desde la cama, Anna podía escuchar los pasos de Elsa acercándose por el pasillo y en el último momento sintió dudas. ¿Y si sobrepasaba la línea al mostrarse así con ella y Elsa se alejaba o se asustaba? Ya era tarde para echarse atrás. La reina estaba casi junto al picaporte. Se dejó caer en la cama y abrió por la mitad el libro que había escogido. La princesa pretendía que su hermana la encontrase en una postura casual pero terriblemente seductora. Y en cuanto Elsa atravesó el umbral y cerró la puerta a sus espaldas Anna entendió que lo había conseguido. Su víctima luchaba por mantenerse erguida y solemne pero la lucha era en vano:

- ¡A-Anna! - dijo Elsa.

¡Agh!¡Dios! La misma Anna quiso gemir descontroladamente ante la expresión de la Reina. Tan impasible y a la vez tan vulnerable:

- Elsa…

-Mmh… - Y en respuesta, su Reina se mordió el labio para evitar el sonido.

Anna había caído en su propia trampa y ahora se encontraba doblegada a su deseo y sin el control de la situación. Ese sollozo que la Reina había intentado ocultar había provocado en Anna una explosión tras la que no podía pensar con claridad. Y aunque en su mente seguía luchando por levantarse con cuidado de la cama, impidiendo que el vestido mostrase las últimas partes de su cuerpo que Elsa no estaba viendo, no fue capaz. Quería deslizarse hasta la Reina y rogar por su compañía, sugerir que le leyese el libro en voz alta postradas las dos en la cama, o desnudarla ahí mismo y poseerla contra la puerta de madera. Pero no fue capaz. Y la Reina se recompuso y tomó ventaja del juego:

- Anna - la llamó con suavidad

- Sí - respondió la princesa

- A este juego, podemos jugar las dos… - sonrió con regia maldad y dejó entreabierta la puerta. Ahora era ella quien invitaba a Anna a acercarse. Y la princesa reaccionó y se levantó de la cama siguiendo lentamente el rastro de la capa de Elsa. La Reina no caminaba con prisa, al contrario, trataba de deleitarse sabiendo que su hermana la seguía, y aprovechando la situación se deshizo del broche de su capa y lo dejó caer al suelo. Detuvo sus pasos, consciente de que Anna solo se fijaba en ella y soltó del todo su capa azulada permitiendo que cayera lentamente al suelo dibujando su contorno al caer. Anna suspiró a sus espaldas y Elsa retomó su camino. A la capa le siguieron los guantes de satén tan propios de la Reina, que también acabaron adornando la moqueta del pasillo. Y finalmente tras el lento contoneo de la Reina, llegaron a los aposentos reales. Elsa abrió la puerta e invitó a Anna con un gesto. La Reina clausuró la habitación. Ese espacio sería ahora Tierra Santa y Elsa pretendía dejar todo lo demás fuera. Se acercó al rostro de Anna pero solo le cogió la mano y aprovechó el movimiento para rozar su cadera, para decepción de la princesa. Estiró de la mano de Anna y la condujo hasta la cama. Con su mano libre expelió una ráfaga de hielo que apagó las luces dejando la habitación en penumbra. Y empujó a la princesa con suavidad hasta dejarla sentada en la cama:

- Me has regalado la visión de cómo duerme la princesa de Arendelle - le dijo al oído en un susurro. - Voy a mostrarte como duerme la Reina.

Elsa se irguió frente a ella, solo alumbrada por la luz de un cielo despierto que se colaba discretamente por la ventana. Colocó sus manos a la espalda y desabrochó la cremallera que mantenía su vestido en el sitio. Y al igual que con la capa, lo dejó caer al suelo resbalando de una forma sutil y descarada por todas y cada una de las curvas de su cuerpo. La caída de la tela y la tenue luz que se filtraba reveló un cuerpo de piel blanca como la nieve. La Reina solo mostraba una discreta prenda de color oscuro que ocultaba su parte más intima y exhibía para embeleso de Anna, todo lo demás. Anna puso atención en el fino hilo negro que rodeaba la cadera de Elsa. Parecía fría y distante ahí erguida cual noble estatua de mármol, con la diferencia de que Anna podía sentir el calor. La Reina y ella estaban en llamas y la temperatura de la habitación era insoportable. Anna se llevó inconscientemente una mano a los labios, como si tratara de encontrar el sabor de la piel que veía, como si quisiera caer en la tentación de acercarse y probarla. Comenzó a respirar jadeantemente ante Elsa, pues su cuerpo era como el que imaginaba en la bañera y de pronto, la excitación fue tal que se le nubló la vista y cayó de espaldas a la cama.

- Anna - susurró Elsa mientras comenzó a acercarse. La princesa no podía responder, su cuerpo estaba agitado y su conciencia desaparecía.

Elsa se aproximó hasta la cama de la que todavía colgaban las piernas de su hermana y se inclinó sobre ella, acariciando primero sus piernas. Sus muslos blanquecinos y suaves. Elsa creyó que la caricia fue más placentera para ella que para la princesa, pero se equivocó y lo supo al oír a Anna:

- Ah, Elsa…

La Reina le sonreía maliciosa y dominante, su mirada dejaba claro que había abandonado toda cortesía fuera del dormitorio y que permitía que sus instintos gobernaran. Justo como había deseado Anna. Las manos de Elsa continuaron sus caricias por los muslos de la princesa, invadiendo y conquistándolo todo a su paso. Subió hasta rozar el encaje del vestido y deslizó sus dedos por debajo de la tela. Anna estiró la mano que no le cubría la boca para agarrarse con fuerza a la sábana.

- Agh, Sí… Así - gimió Anna con una voz ronca y desesperada.

Elsa concentró sus dos manos en una pierna para poder acariciar también el interior del muslo y Anna reaccionó abriendo ligeramente las piernas ofreciendo su permiso. La tela del vestido se replegó más y dejó al descubierto más piel por dominar. Territorio virgen por el que la Reina lo destruía todo a su paso. Anna sentía cada roce de sus dedos fríos como si fuera fuego y entonces algo se le clavó mas frío y mas fuerte, Elsa no utilizaba ya sus dedos para subyugar sus piernas, usaba sus labios para arrasar con la piel de su muslo. Anna gritó y arqueó su espalda cuando los labios de Elsa se acercaron demasiado a sus ingles.

- Anna

La princesa reconoció en la voz de su hermana que estaba haciendo un desmesurado esfuerzo por contenerse y no poseerla en ese instante. Como si le diera la oportunidad de retirarse en el momento o decidir sucumbir con ella al deseo. Anna se incorporó sentándose en la cama y se deshizo las trenzas. Elsa la miraba con encanto desde sus muslos y Anna aprovechó la ocasión para despojar a Elsa del control de la situación. Se levantó de la cama quedando frente a frente con la Reina. Verde contra azul se juzgaron y el verde salió ganando. La princesa, con un fiero manto rojo sobre los hombros y una expresión salvaje en la mirada se acercaba a la Reina recuperando el terreno perdido. Elsa, impresionada por el ímpetu de su hermana, retrocedió hasta dar con el sillón de su tocador. Quedó sentada bajo la presión de las manos de Anna en sus hombros, y una vez posada en el sillón, Anna se sentó sobre sus piernas a horcajadas. Anna hundió sus dedos en los hombros de Elsa al sentir como sus muslos se acomodaban en los de la Reina. El vestido se le había subido hasta la cintura al abrir las piernas y dejaba al descubierto una mínima prenda de ese mismo verde oscuro que precintaba el último rincón de su cuerpo. Elsa sujetó la cintura de Anna atrayendo su cálido cuerpo contra el suyo, quería sentir el pecho de Anna y rozarlo también con los labios. Anna se resistió al contacto ofreciéndole a Elsa una mirada de erótica desaprobación. Colocó las manos de la Reina en los reposabrazos pertinentes y le susurró al oído con una voz entre dulce y sensual:

- Ahora me toca a mí…

Entonces la princesa hizo con su cadera un movimiento violento hacia delante. Elsa recibió el golpe incluso en su interior y sintió como la humedad de Anna mojaba sus propias piernas. Anna se dejó guiar por su instinto y por el placer de esa primera fricción contra las piernas de la Reina y el choque contra su vientre, repitió seguidas veces el movimiento montando a Elsa mientras se apoyaba en sus hombros y le clavaba los dedos. En un intento por sentir más cerca a Elsa y fundirse con ella la abrazó, rodeando su cuello con los brazos sin dejar de moverse e inevitablemente la Reina pudo sentir el vaivén del pecho de la princesa contra su cuerpo.

- Ah, Elsa… Ah, Mmh - los gemidos agudos de Anna sugerían urgencia, estaba siendo impaciente.

Elsa respondió apretando su cintura y obligando a la princesa a hacer más lento ese delicioso movimiento. Quería hacer disfrutar a Anna unos segundos más con cada roce y alzó levemente una de sus piernas para que Anna sintiese con más intensidad cada movimiento de cadera. Elsa deseó que el momento fuera eterno para deleitarse de su hermana montándola mientras la melena cobriza lo cubría todo a su alrededor y solo existía Anna. Al ver que la princesa empezaba de nuevo a jadear de ansiedad y que perdía la conciencia por momentos, la Reina emprendió el ataque retomando la iniciativa y acercó su boca al cuello de Anna para besarlo y lamerlo a su antojo. Anna se estremeció y enfocó su atención en las sensaciones que sentía en la garganta y ralentizó su cadera todavía más, apretando su cuerpo contra el de Elsa. Buscando la forma desesperada de ser una con la Reina hasta que Elsa, al sentir la inquietud de Anna, movió sus manos desde la cintura hasta su espalda. Las deslizó suavemente hasta el trasero de la princesa y lo agarró con fuerza para embestirla de golpe.

- Aarrgh - Anna sintió un doloroso y placentero éxtasis que concluyó demasiado pronto. Todo había ocurrido tan rápido y despacio a la vez que Anna no supo con exactitud que había pasado, Elsa no la había poseído explícitamente y sin embargo Anna se sentía completamente suya.

No esperaba que la Reina pudiese ser tan activa de pronto, por así decirlo y tras el último golpe de placer dejó caer su cuerpo sobre el de Elsa. Estaba rendida de cansancio y mantuvo los ojos cerrados. La Reina la acogió en sus brazos mientras recuperaba la respiración de su cuerpo. Ver moverse y gemir a Anna de esa forma era lo que llevaba deseando desde el día en que asumió sus genuinos sentimientos por su hermana. Se quedaron abrazadas en aquel sillón por espacio de unos minutos, disfrutando del calor que aun ofrecían sus cuerpos. La Reina acariciaba la piel salpicada de pecas de su hermana mientras se permitía esa visita al reino que le había sido vetado, el reino en el que Anna y ella podían amarse sin consecuencias.

Elsa quería abandonarse al sueño ahí mismo con Anna sobre su regazo y sin ninguna prenda que separase sus cuerpos, pero al menos una de las dos debía volver a la realidad. Y dada la tenue respiración de Anna, la única que podía decidir era Elsa. Levantó las piernas de su hermana para sujetar bien su cuerpo y en brazos, la llevó hasta su cama. Cubrió su propio cuerpo con el vestido que aun se hallaba en el suelo y salió al oscuro pasillo en busca de todas sus prendas. Sonrió para sí misma al recoger la capa del suelo recordando detalles de su reciente intimidad con Anna. Negó a su mente la posibilidad de pensar en las consecuencias, tenía todo el día siguiente para mortificarse y recriminar su conducta pero aquella noche no, aquella noche perteneció solo a Anna.


N/A: Gracias de nuevo por el apoyo :)! Me encanta que leais ! Comentad lo que queráis y no os preocupeis, que aun queda mucho por contar.