Elsa se tomó la insinuación como la invitación que era y arremetió contra Anna cerrando la puerta tras de sí. De nuevo, la realidad quedaba fuera del dormitorio. Elsa encontró la boca de Anna y la besó con el mismo ímpetu con el que Anna había cabalgado sobre Perseo. Como si fuera la primera vez que respiraba tras un largo periodo de tiempo bajo el agua. Y Anna recibió a la Reina con la satisfacción de sentirse plena de nuevo al tenerla entre sus brazos:
- Espera, no te los quites - dijo Elsa sujetando sus manos. No era una petición, era un orden. Y al oír sus palabras, la princesa volvió a abrochar el botón que tenía entre las manos. Elsa no iba a confesarlo pero desde que había visto cómo le sentaban los pantalones de montar se había imaginado mil formas de poseer a su hermana.
La Reina, mientras besaba con hambre a la princesa, recorría sus piernas con las manos. Para Anna fue evidente que Elsa sentía adoración por sus muslos. Los acariciaba y los apretaba clavando sus uñas en el duro cuero, y le acudían a la mente de forma oportuna los recuerdos de la última vez que Elsa invadió sus piernas de esa forma. El calor en su vientre empezó a convertirse en llamas. Y el tacto de Elsa la acercaba a ese punto de excitación en el que no hay retorno. Pero no, esta vez Anna no iba a dejar que Elsa disfrutase a su antojo de sus carnosos labios y de sus torneados muslos, más bien iba a divertirse con el resultado de su provocación. Mordió la boca de la Reina haciendo que Elsa sintiese dolor y placer al mismo tiempo y apretó su cuerpo contra el de la Reina. La princesa quería comprobar hasta que punto la Reina podía contener sus deseos y lo que podría pasar si por fin se desatase. Anna deslizó sus labios hacia el oído de la Reina:
- Elsa - gimió Anna - Haz realidad tu amenaza.
La Reina se separó ligeramente de su hermana y abrió los ojos. En la mirada de Anna había algo que la acechaba, la sensualidad de Anna estaba reclamando que se deshiciera de todo lo que la mantenía atada. Y la Reina así lo hizo: empujó el cuerpo de Anna hasta dejarlo apoyado en la alfombra del suelo y dio la espalda a la princesa para cerrar la llave de la puerta. Esta vez lo dejó todo fuera, incluso su soberanía. Sin corona, solo era una mujer que iba a disfrutar de la compañía de su amante. Anna la miraba entre el asombro y el deleite desde el suelo. Su Reina avanzaba con decisión desde la puerta, y antes de inclinarse, se desnudó. Como la última vez, dejó al descubierto la mayoría de su blanca y fría piel, con la excepción de esa diminuta prenda de hilo que abrazaba su cadera. Esa prenda capturó los ojos de Anna y la princesa la siguió con la mirada hasta que vio la cadera de Elsa sobre la suya. Anna arqueó su espalda en un rápido espasmo al ver a su hermana subida en su cuerpo.
- Ah, Elsa - jadeó la princesa olvidando todo decoro - Móntame.
La respiración de la Reina ya era entrecortada y la voz tenue de Anna la empeoraba. Sentía que con cada palabra, con cada ruego de la princesa así pronunciado su mente se alejaba más de su cuerpo y el placer lo inundaba todo. Si Elsa hubiese intentando expeler hielo de sus manos, no habría podido. Su cuerpo nunca había sentido un calor semejante, incluso sentía ciertas gotas de sudor resbalando por su espalda y aun así, quería más. Comenzó un lento movimiento tratando de alcanzar el centro de Anna. Su respiración se volvió un jadeo y de pronto el vientre de Anna se le antojó terriblemente erótico. Acarició y palpó la blanquecina piel mientras seguía moviendo su pelvis sobre la cadera de Anna. La princesa, que no podía soportar la subida de temperatura, se desabrochó la camisa y expuso su torso solo abrigado por cierta prenda de encaje verde oscuro. Era delirante lo hermosa que era la piel de Anna y Elsa quería ver más y se lo demostró haciendo más intenso el movimiento, más rápido y más profundo. La Reina buscó apoyo en el torso de la princesa e hizo de su vaivén algo más rítmico.
- Oh, Anna - se quejaba la Reina en un sonido de frustración. Elsa estaba empezando a tener la necesidad de sentir a Anna más cerca, más adentro. Y llevada por su instinto arrancó el cierre del pantalón de Anna. Y desgarró la tela de tal manera con sus manos que la ropa interior de la princesa quedó expuesta. Anna gritó y contrajo su cuerpo al ver a la Reina deshacerse de sus pantalones de montar tan violentamente. Había algo en esa actitud de la Reina que la excitaba sobremanera, Elsa había llegado al límite y quería, no, demandaba ser poseída. Y de igual forma Anna quería tomarlo todo de ella.
Sujetó con sus manos la cadera de Elsa favoreciendo el roce que era ahora más cálido y húmedo sin el cuero de por medio. Anna obligó a Elsa a aumentar la velocidad tirando y empujando con sus manos.
- La trenza, Elsa - pidió Anna - desata la trenza.
Al escuchar el ruego de la princesa, la reina, que ya no era la Reina de Arendelle, sino la emperatriz del anhelo, le ofreció a Anna todo un espectáculo al deshacer su dorado trenzado y revolver su cabello con ambas manos mientras seguía cabalgando sobre ella.
- Mmh - Elsa no se contuvo en nada - ¿Te gusta más así, Anna?
El sonido de su voz tan grave y tan rota, y la cascada de cabello platino cayendo sobre sus hombros mostró a Anna una faceta desinhibida de la Reina que jamás habría imaginado. Para la princesa fue en exceso lo más lascivo y provocador que había visto en su vida y apoyando las manos en el suelo, correspondió el gesto de Elsa embistiendola desde abajo. La pelvis de Anna sabía exactamente cual era el punto de roce que Elsa estaba exigiendo e intentaba penetrar en el con cada golpe. El rostro de Elsa reflejaba de nuevo esa urgencia: la Reina quería más. Y Anna deshizo su apoyo para abrazar su cuerpo, se incorporó para tocar con sus propias manos el torso desnudo de Elsa, acariciar su costado y lamer su pecho. Elsa gimió al contacto deteniendo unos segundos su movimiento para volver a reanudarlo con más brío. Y Anna volvió a lamer y besar su pecho, su sabor era dulce por las perlas de sudor. Su lengua quería conocer cada rincón y pliegue de ese torso caliente y húmedo. Se deslizó desde sus clavículas, donde mordió a su presa hasta los pezones donde acarició y estimuló la piel hasta que éstos se pusieron erectos. Anna gimió de forma dulce al sentir la dureza de los pezones de la Reina entre sus labios. Elsa jadeaba cada vez más hundida en el deleite entre la cadera y la lengua de Anna y en un momento dado cerró sus ojos con fuerza y se agarró a los hombros de la princesa para no perder el equilibrio. Sus piernas no le permitían seguir montando a Anna tanto como ella lo deseaba y la necesidad iba creciendo cada segundo que pasaba. Anna siguió embistiendola y adulando su torso pero también quería más. Quería apoderarse de todo. Tenía hambre de la Reina. Y, entonces además de acariciar y palpar su desnudo torso, quiso tocarla.
Elsa gritó y convulsionó sobre Anna al roce de los dedos de la princesa. El placer se desataba en el interior de Elsa. Anna estaba acariciando, sobre la tela, la única parte de Elsa que no había conquistado todavía. La tela estaba tan húmeda que Anna no podía contener su hambre, lo que ahí había oculto estaba ardiendo y palpitando. Anna no pudo evitar sentirlo tierno al tacto. Elsa cediendo a sus impulsos una vez más y adivinando el pensamiento de su hermana, empujó el pecho de Anna con una mano hasta postrarla de nuevo con la espalda en el suelo. Y lentamente deslizó su cuerpo hacia delante como si reptase hasta dejar su pelvis a la altura de la boca de la princesa. Ya no se movía como si cabalgase furiosa sobre Anna, su movimiento era una invitación. Elsa la miraba suplicante, con una impaciencia impropia de una Reina. Anna abrió la boca insaciable y lamió con toda su lengua el exceso de humedad que desprendía la tela. Mantuvo sus labios adheridos a la tela haciendo que Elsa sintiese su aliento ahí a través de aquella maldita prenda que las separaba.
- Agh, Anna - sollozó la Reina - No pares, no pares - suplicó. Elsa estaba al borde del precipicio del placer y Anna lo sabía. Anna la empujaría.
El sabor de Elsa inundaba su boca y su sensual movimiento de cadera la tenía atrapada. Besó y acarició con la punta de su lengua todo lo que enmarcaban las ingles de Elsa. Dibujó al detalle cada pliegue de la Reina disfrutando de todo lo que su lengua estaba reconociendo y frotando. La Reina estaba más húmeda con cada roce y finalmente abrió más las piernas para acoger en su totalidad el rostro de Anna. La princesa abrazó la cintura de la reina haciéndola prisionera también de esa postura. Los brazos de Elsa se estiraban en busca de algo a lo que agarrarse en respuesta a los espasmos y sus ojos estaban en blanco sin poder fijar la vista en nada, solo sintiendo la lengua de su hermana en su centro.
- Así - gimió Elsa - hazlo, Anna.
La princesa no la torturó más, hundió su rostro todo lo que fue capaz y la embistió con su lengua a través de la tela. Con ese gesto la proclamaba suya pese la existencia de la prenda que las mantenía castas. No; todo lo que habían sentido y provocado iba más allá de la virtud y la pureza, todo lo que tocaban, acariciaban y besaban de sus cuerpos, lo que habían susurrado y gemido, y todo lo que estaban anhelando aun por hacer. ¿Castidad? Anna mató a la castidad al intentar penetrar en el interior de Elsa con su lengua.Y Elsa gimió de tal forma que podrían haberla escuchado en las Islas del Sur. Anna sintió ciertas convulsiones en la intimidad de la Reina. Fuertes espasmos que confirmaban que Elsa había sucumbido por completo. Se dejó caer a un lado y quedó abatida en el suelo liberando a Anna de entre sus piernas.
Una cruda satisfacción se apoderó de Anna al saberse ella dueña de la Reina. Estamos en paz, pensaba Anna, mi primera vez fue contigo en una fantasía y te he podido compensar. Se separó del cuerpo de su hermana para poder acercarse a su rostro. Elsa estaba recuperando el ritmo normal de su respiración y ahora miraba a los ojos de Anna desde el suelo. La princesa sonrió complacida y acarició el rostro de la Reina. Pero ésta agarró su mano despacio y en vez de permitir que acariciase su rostro se la llevo al pecho. No al pecho en sí mismo por querer empezar de nuevo un juego de provocaciones sino a la izquierda de su pecho, puso la mano de Anna en su corazón esperando que el mensaje fuese comprendido. Anna asintió y se tumbó junto a ella sin mover la mano de su recién otorgado sitio. Así ambas se quedaron dormidas antes de poder darse cuenta.
Despertaron con la caída de la tarde y gracias a las inoportunas preguntas de Gerda tras la puerta. La insistente ama de llaves no viviría tranquila hasta que recibiese respuesta. Gracias a Dios que la puerta estaba cerrada con llave. Habrían seguido durmiendo profundamente abrazadas en el suelo del dormitorio, sobre la alfombra de no ser por el mundo real las reclamaba.
- ¿Princesa Anna?¿Majestad?
A/N: ¡Adoro vuestros Reviews! Gracias a Lorenapineapple por el ánimo continuo y a CC: los reviews así valen x2 :) La historia no ha terminado, tengo hype para rato. Probablmente actualice a partir de ahora una vez por semana. Planeo que sea larga y a veces no tengo todo el tiempo que quisiera para escribir. Feliz lunes a todos y nos vemos en el siguiente :)
