Elsa habría obligado al corcel a volar de haber sido posible, le espoleaba y le rogaba en susurros que no se detuviese pese a que llevaban horas de viaje a toda velocidad. Habían dejado atrás el bosque de la Hondonada y ahora solo debía atravesar un desértico páramo pero los nervios y la ansiedad de la Reina jugaron una mala pasada al corcel que se afanaba por alcanzar Arendelle. Había empezado a nevar y la Reina vio venir el peligro, si la nieve se acumulaba demasiado rápido el caballo no podría atravesar el páramo. Al contrario, podría hacerse daño en las patas si le obligaba a seguir cabalgando sobre nieve helada sin estar preparado.

Mientras tanto, en el castillo, la princesa Anna corría por el pasillo a oscuras desesperadamente en busca de Gerda, el ama de llaves. No sabía con exactitud cómo se había producido ese ruido pero junto a un candelabro volcado en el pasillo había encontrado el cuerpo inconsciente de una chica del servicio que se encargaba de la limpieza. La había reconocido en seguida porque era la muchacha que limpiaba en su propia alcoba, y aparentemente solo estaba desmayada en el suelo pero conforme se acercó a ella y trató de despertarla se dio cuenta: la muchacha tenía el pelo teñido con sangre en un lateral de la cabeza. Un desmayo contra el candelabro dificilmente le habría producido semejante herida y no solo eso, sino que en la pared había sangre salpicada. Al descubrirlo Anna corrió pasillo abajo en busca de Gerda. No le era desconcertante por completo que alguien quisiese atentar contra la casa real de Arendelle, siendo monarca es normal sembrar enemistades, pero si le pareció extraño que alguien quisiese atentar justo el dia que la Reina no estaba en el castillo. Y aun con ese pensamiento la princesa no se planteó buscar su salvaguarda propia sino que pretendía desesperadamente encontrar a su mayordomo de confianza y alertar a la guardia, poner a salvo a todos los habitantes del castillo y dar caza del asesino que se había atrevido a pisar su casa. Tal era el valor de una princesa:

- ¡Gerda! - suspiró aliviada - al fin te encuentro - El ama de llaves estaba turbada.

- ¡Alteza! - la abrazó olvidando el protocolo - ¡Estáis bien! La guardia ha invadido el segundo piso buscándoos - le explicó - ha aparecido una de las cocineras inconsciente en la cocina. Alguien ha entrado en el castillo.

- ¡Oh dios! - se asustó Anna - cerca de la biblioteca también hay una chica inconsciente. Gerda, temo que se halle… muerta - Anna se aferraba a los brazos del ama de llaves. - ¡Los aposentos de la reina!

-¿Qué?

- En el antiguo dormitorio de Elsa hay un pasadizo para salir del castillo, el servicio que no haya sido evacuado podría salir por ahí sin ser visto.

- Los guardias han subido a buscaros, alteza - trataba Gerda de explicarle - si dan con alguien del castillo, lo pondrán a salvo. No tenéis que…

- Nadie sabe del pasaje más que la Reina y yo - sentenció - Gerda, avisa a Kai y salid inmediatamente del castillo. La Reina no tardará en llegar, detened el carruaje antes de que cruce el puente.

Y con la misma seguridad con la que pronunció esas palabras, se dio la vuelta y echó a correr como si su vida dependiese de ello. De hecho, así era. Pues era su castillo el que había sido invadido y pensar que había dos víctimas de su leal servicio le hacia hervir la sangre. Al llegar a la escalera dudó unos instantes, los candelabros estaban encendidos y gracias a la luz se veía mejor pero si el intruso se cobijaba en las sombras, ella también lo haría. ¿Pero qué estaba haciendo? No iba armada, su única ventaja era conocer cada recoveco del castillo incluso a oscuras pero contra un intruso capaz de matar, no sabía si sería suficiente.

En medio de la oscuridad del pasillo un haz de luz titilaba como una vela. Con forme Anna se acercó, paso a paso tratando de no hacer siquiera el menor ruido, se dio cuenta de que la luz provenía del dormitorio antiguo de la reina. Alguien en su interior debía de haber prendido una luz y ésta se filtraba bajo la puerta al pasillo. Quizá estaban adecentando la habitación sin saber que se hallaban en peligro, quizá nadie había avisado a esas chicas o no habían visto aún a la guardia que se suponía registrando el castillo. Fuera como fuere, Anna decidió aventurarse pues podría abrir el pasadizo de esa misma habitación y no volver a atravesar el oscuro corredor sin saber si cada paso nuevo iba a costarle la vida.

Elsa sintió que el pecho le ardía, no con esa urgencia placentera por pensamientos agradables de Anna. Le quemaba, le dolía como si alguien lacerase su fría piel llegando hasta los huesos. Se aferró de las bridas y espoleó al corcel tratando de disipar su mente y la tormenta. El salvaje animal en el que se había convertido el caballo que la llevaba sentía la desesperación de su señora hasta las entrañas y no se hizo de rogar para aumentar su paso pese al agotamiento.

Anna atajó hasta el dormitorio con firmes pasos y al cruzar el umbral y sentirse segura escuchó como la puerta se cerraba tras de sí. Para su sorpresa y decepción no había servicio al que salvar y quien había cerrado la puerta a su espalda no habría sido tomado por intruso asesino en el castillo:

- Hola Anna ¿me has echado de menos?

- Kristoff - el muchacho rubio se hallaba apoyado en la misma puerta de madera que acababa de cerrar.

- Por la cara sorpresa diría que ni se te había pasado por la cabeza que fuera yo...

- Qué es lo que estás haciendo - demandó Anna tratando de encontrar su autoridad en esa habitación.

- Lo que implica que no has pensando mucho en mí...

Era evidente, Kristoff debió de encontrar el pasaje oculto mientras ayudaba con la reforma de la madera del dormitorio. Nadie había entrado en el castillo de forma convencional y por eso los guardias no le habían detenido aún. Anna apostaba a que ni siquiera se habían acercado a este lado del pasillo pensando que era imposible que el intruso atravesase tanto corredor sin ser visto con la guardia dispersa. Que inteligente había sido él , y que estúpida se sentía ella:

- Entonces...

Anna no comprendía.

- ¿Lo podemos retomar donde lo dejamos?

Anna seguía sin comprender pero kristoff había empezado a acercarse a ella. La muchacha sólo pudo distinguir dos cosas: las manos manchadas de sangre y los ojos llenos de rabia.

- Lo dejamos en un punto muy interesante en esta habitación, ¿no lo recuerdas, Anna?

- En esta habitación - repitió ella tratando de recordar con urgencia. La princesa se retiraba a paso lento conforme se acercaba su agresor.

- Oh si - se deleitaba él ante el miedo de la princesa. - Antes de que la reina tuviese un ataque de histeria y reclamase tu atención por encima de mí.

El corazón de Anna se detuvo, comprendió lo que Kristoff había venido a buscar al castillo:

- Anna, no te retires - le decía él - no tengas miedo.

La princesa estaba aterrada. Trataba de alejarse de Kristoff pero era imposible correr hacia la puerta porque él bloqueaba el camino, y con auténtico pánico se dio cuenta de que había chocado con algo a sus espaldas. El borde de la cama de Elsa le impedía alejarse más:

- Si es tu hermana quien va a tener toda tu atención, yo reclamo para mi otra cosa - le dijo empujándola de golpe dejando a Anna postrada en la antigua cama de la Reina.

- Kristoff, detente - le pidió apelando a su buen corazón - tú no eres así.

El muchacho se rió con amargura:

- Claro que soy así, Anna - dijo él impidiéndole levantarse.

El muchacho forcejeaba con las piernas de la princesa luchando por poder situarse entre ellas. Anna se revolvía bajo el agarre de Kristoff para impedirle todo acceso hasta que empezó a dudar de sus propias fuerzas, no sabía cuánto tiempo podría seguir forcejeando contra un hombre que doblaba su tamaño y su peso:

- Es tarde ¿sabes? - trató de distraerle - lo que has venido a reclamar ya no puede ser tuyo.

Sus palabras habían funcionado momentáneamente. La fuerza con la que Kristoff la sujetaba había disminuido durante unos segundos:

- ¿Cómo dices?

La princesa rió con sorna y sintió de pronto frío. Sus hombros descubiertos por el cómodo vestido de noche estaban helados.

Elsa ya podía distinguir la silueta del castillo de Arendelle, y conforme más se acercaba más miedo sentía de lo que podría hallar a su llegada. Su corcel ya no podía correr más rápido y aun así sabiendo que estaban apunto de alcanzar la línea de meta se envalentonó y aceleró el galope hasta llegar al borde del fiordo. Elsa saltó con gracia del caballo y corrió sobre el agua con la misma desesperación y el mismo miedo que la última vez que los lagos se habían congelado.

- ¿Cómo dices? - repitió Kristoff sujetando las rodillas de Anna y acercándose a su rostro intentando imponer terror en los ojos de la princesa.

- Lo que has oído, Kristoff - se jactó Anna disfrutando de haberle arrebatado el triunfo - es más, ¿sabes a quien le regalé lo que tanto deseas?

Kristoff apretó su mandíbula, la princesa se estaba riendo abiertamente de él de nuevo. Como el día de su separación, la princesa Anna estaba diciendo cosas sin sentido y buscando excusas. Siempre pidiendo disculpas por tener que ofrecer su cuidado a la Reina antes que a él, desde el primer momento: en vez de llegar hasta él en la ventisca que casi la mata, corrió hasta Elsa. ¿cómo era posible semejante prioridad sobre un hombre que había cruzado el fiordo helado para besarla?

- A Elsa - dijo Anna firmando su propia sentencia. La princesa lo sabía, estaba escrito en los ojos de Kristoff que nada en la tierra le iba a doler y enfadar tanto como averiguar que la Reina le había vuelto a ganar, y ¡oh Dios! Además en ese íntimo aspecto.

Kristoff apretó sus dientes en respuesta y maldijo a la casa real de Arendelle. Sujetó con firmeza las piernas de Anna y las abrió de golpe. Apretaba tanto su agarre que los dedos de Kristoff se clavaban en los muslos de la princesa. El repentino valor de Anna se vino abajo al ver como su agresor trataba además de situarse sobre ella mientras ella tenía las piernas abiertas sin poder impedirlo.

- ¡Suéltame Kristoff!

- ¿Para qué? - ahora quien se jactaba era él. - Puedes aprovechar que no está Elsa y divertirte de verdad conmigo… - y dicho esto acercó su cintura al cuerpo de Anna para que la princesa pudiese sentir en su piel la dureza del juego que Kritoff proponía. Fue algo tan insólito y desagradable para Anna que no pudo contener su voz y gritó aterrada.

- ¡No grites, Anna! - ordenó el muchacho, y harto del comportamiento de lucha de la princesa alzó su mano con intención de abofetear a Anna y hacerla callar. Hacerla ceder. Pero para sorpresa de Kristoff la temperatura de la habitación había descendido de golpe e incluso él sentía un frío tan repentino y punzante que dolía. Las esquinas de las paredes habían empezado a criar escarcha que se extendía recubría la madera:

- ¡No te atrevas a bajar esa mano! - La Reina Elsa de Arendelle estaba en la puerta del dormitorio. Entró con un paso lento sopesando la situación, un paso en falso podría poner en peligro a Anna más allá de lo que ya estuviera ocurriendo. - Kristoff, en virtud de tus actos pasados puedes abandonar la habitación acompañado de la guardia y someterte a un juicio justo si te detienes ahora.

Elsa debía utilizar palabras claras y mostrar intenciones llanas hacia el muchacho, distraerlo de sus actos para alejarlo de Anna. Aunque en su corazón la Reina ansiaba matarle con sus propias y gélidas manos por el desesperado grito que había oído de los labios de Anna.

Kristoff detuvo su mano al oír a la Reina y supo que se le había complicado la noche mucho más de lo que había planeado. El reloj repicaba dando la medianoche y a lo lejos podía escucharse el griterío de los soldados que había nombrado Elsa.

- Entonces es cierto - afirmó el muchacho separándose de Anna. - Tu voz suena serena pero tus ojos… - Kristoff sonrió con malicia - ¡Vaya, vaya! La princesa Anna me dejó para acostarse con la Reina, su hermana.

Las palabras de Kristoff hicieron mella en Elsa cuya expresión tranquila había cambiado. La Reina cerró la puerta de la habitación. Lo que sea que fuera a ocurrir dentro se iba a quedar dentro de esa habitación hasta que la guardia llegase.


N/A: Mil disculpas por la semana de retraso, ojalá puedira detener el tiempo para escribir pero lamentablemente no puedo... todavía. Gracias, como siempre, a todos los que pasais y leeis :)