La Reina continuaba martirizándose con la idea que Anna viera en ella un monstruo capaz de asesinar y disfrutar de ello. Seguía sentada en el mismo asiento desde el que había presidido la reunión. Quizá tras haber dormido unas pocas horas y haber presenciado una reunión de urgencia, la princesa había recapacitado y analizado los hechos. Elsa dejó su cabeza reposar contra el respaldo y cerró los ojos, solo podía dejar pasar ante ella docenas de imágenes de los últimos acontecimientos: la insulsa boda, la interminable recepción, la tela rasgada de la falda de Anna, sus propias manos ensangrentadas apuñalando a Kristoff, ¿Y en la reunión? Ese mequetrefe del capitán había sugerido que la Reina había impedido que sucediera nada horrible, como si fuera una heroína de cuento, como si lo que hasta el momento había ocurrido no fuese horrible de por sí. Debía asegurarse de que su orden se cumplía a rajatabla, despeñaría ella misma la estatua de Kristoff desde la Montaña del Norte si era necesario, debía obliterar la posibilidad de que alguien reconociese la vulgar escultura.
Cerró los ojos de nuevo y vio las piernas magulladas de Anna y después a su hermana llorando contra su pecho sin querer soltar su agarre, muerta de miedo. Dios mio, Anna debe seguir muerta de miedo, he de ir a verla. Pensó de pronto Elsa alzándose rápidamente del sillón de su escritorio y caminando a paso firme. No vio el rostro de las personas con las que se cruzaba por los pasillos, no quería ver el miedo también en sus sirvientes, solo quería comprobar el estado de su hermana.
Llegó al dormitorio de la princesa y la puerta de madera que lo cerraba le pareció un pesado portón que anulaba la entrada de un castillo a parte. Pero cuando por fin se atrevió a entrar quedó gratamente sorprendida con lo que estaba ocurriendo. Al principio solo eran vagos sonidos procedentes del cuarto de baño pero conforme la Reina se acercaba con cautelosos pasos los sonidos vagos se transformaron en una respiración agitada, en jadeos. El ambiente era muy diferente al que Elsa imaginaba cuando había corrido a visitar el dormitorio de su hermana preocupada con todos esos pensamientos sobre cómo Anna la vería como un monstruo capaz de matar. Justo cuando llegó al umbral de la puerta del baño, escuchó la voz de Anna en un tono que no le era desconocido sino todo lo contrario, un tono que hizo que la Reina entrase en calor:
- ¿Otro golpe al salir de la bañera?
La Reina observaba a la princesa desde la puerta. Anna estaba acalorada y despeinada y no solo porque el agua de la bañera estuviese caliente, de hecho ya parecía estar incluso fría pese al ambiente. El blanquecino cuerpo de la princesa estaba expuesto bajo el agua y la Reina solo atisbaba a ver vagos retazos de piel que recordaba haber visto en otras ocasiones más.. ¿festivas?
- Si dijera que sí ¿lo creerías? - respondió Anna con una sonrisa de medio lado.
- Puede ser, no me imaginaba que estuvieses…
- ¿Como?
Pese a ser sorprendida con las manos en la masa, Anna estaba disfrutando el momento:
- Así
- ¿Así?
- ¡Anna! Así, con humor para…
La princesa detuvo el juego al ver que la Reina no encontraba las palabras. Era difícil no disfrutar de una situación que dejase a Elsa sin palabras:
- Elsa, no voy a sentir pánico cada vez que esté sola. Kristoff está en una celda congelado mientras se decide desde dónde lo van a despeñar - explicó la princesa. Se había incorporado y le había pedido a la Reina que se acercase a la bañera con un gesto. - Incluso aunque la estatua de Kristoff estuviese en el centro de mi dormitorio estaría tranquila sabiendo que está congelado por tu poder. Y ahora sé que tu poder, además de ser hermoso, nos protege; como tú.
- Mi poder también te congeló a ti una vez…
- Y por estar congelada la espada de Hans no nos hizo nada a ninguna de las dos - sentenció la princesa poniendo fin al debate. - ¿sabes? Imaginaba que ahora estarías en medio de una lucha interna sobre el alivio de haberme salvado y la culpabilidad de haber congelado a Kristoff.
- Oh, lo estoy , pero no es lo que más me atormenta - respondió Elsa con naturalidad. - Lamento lo ocurrido cuando recuerdo lo amable que era Kristoff pero cuando veo en mi mente lo que estaba ocurriendo en la habitación cuando llegué… - la Reina suspiró pesadamente - lo lamento menos.
- ¿Qué es entonces lo que más atormenta a su majestad?
- Que su alteza, la princesa, crea que es un monstruo capaz de matar y disfrutar de ello - respondió Elsa llana y sin temor alguno.
Anna no perdió el tiempo en su réplica, se acercó más a la Reina y agarrando con firmeza la tela del vestido de Elsa arrastró a la Reina hasta el borde de la bañera donde arrolló sus labios en un fuerte beso que hablaba de firmeza y compromiso. Y aunque el beso dijo muchas cosas, la princesa seguía desnuda en una bañera de agua tibia y el hielo de la Reina comenzaba a derretirse.
- Vale, ha llegado el momento de tener una conversación - dijo Elsa rompiendo el beso para poder respirar
LA conversación, pensó Anna.
- Estoy de acuerdo - repuso la princesa - pero lo adecuado sería tener la conversación vestida, por lo que he de pedirte que me esperes fuera
Tras el beso arrollador, a la Reina se le ocurrían innumerables replicas ocurrentes por las que debería quedarse en el interior del cuarto de baño pero su hermana tenía razón: una conversación apropiada debía de tenerse en condiciones apropiadas. La Reina salió del cuarto de baño y esperó a la princesa sentada en la cama del dormitorio. Trató de evitar los pensamientos lascivos relacionados con esa divina cama con dosel en la que Anna la sedujo la primera vez pero era verdaderamente difícil alejar la imagen de Anna y su vestido de encaje verde oscuro. Elsa volteó levemente el rostro para mirar el lugar exacto donde reposaba el cuerpo de Anna cuando la vio aquella noche:
- Elsa - la llamó Anna, pero la Reina seguía quedamente absorta en el recuerdo - Podemos comenzar cuando quieras
Y algo se estremeció en el cuerpo de la Reina. Quería hablar y aclarar las cosas con su hermana pero también daba gracias a Dios por la oportunidad de vivir su torrido romance. Quería explicarle a Anna todos sus temores y sus dudas pero a la vez anhelaba celebrar la victoria de la justicia y la oportunidad que les dio el destino de estar juntas, de haber llegado a tiempo la noche anterior, de salvarla a ella y también a sí misma pero no solo de Kritoff sino de una vida aletargada y aburrida. De una vida vacía. No, la conversación podía esperar y el raciocinio también pero el arrebato de pasión de su real majestad la Reina Elsa de Arendelle debía satisfacerse al momento. Por lo que se levantó de la cama rapidamente y estrechó a Anna contra su cuerpo buscando sus labios en un beso cargado de furia. Anna se doblegó de inmediato sin resistencia ante su fantasía hecha realidad: su majestuosa reina dominante.
Elsa la guió sin deshacer su beso hasta la cama y la postró en ella hasta quedar tumbada sobre la princesa. Las manos de la Reina que sujetaban a Anna por la cintura, se deslizaron hacia abajo en busca de las piernas de la princesa. Elsa ansiaba acariciar esos torneados muslos, los acarició mientras movía sus besos hacia el cuelo de la princesa adueñándose de todo lo que había a su paso. El beso al borde de la bañera había sido un gesto casto en comparación con la actitud de la Reina, pensaba Anna, mientras Elsa ya no solo besaba sino que también mordía su cuello:
- Aah sí, Elsa
Oh Señor! El maravilloso tono de voz de Anna había impulsado a Elsa más lejos todavía y la Reina luchaba por arrebatarle la falda del vestido a su hermana sin separar sus labios del cuello de Anna pero la frustración fue tal que tuvo que incorporarse y abandonar los besos. Incorporada sobre sus rodillas con Anna entre sus piernas Elsa, no solo se sentía regiamente poderosa sino que además lo parecía y Anna estaba fascinada ante tan magnifica estampa. Mientras la Reina se deshacía de la falda de su hermana, la princesa se sometía más y más ante la platónica imagen de Elsa en completa dominancia.
- Adoro tus piernas, Anna - le dijo entre suspiros mientras las agasajaba entre caricias y besos.
Anna trataba de relajar su respiración y contener los gemidos que se escapaban de su garganta pero le resultaba imposible cuando no veía con claridad lo que ocurría en sus muslos. Así que cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones que Elsa le regalaba. Sintió como la Reina acariciaba el interior de sus muslos mientras besaba su piel expuesta. Se sentía como si Elsa de verdad pudiese alimentarse de ella de esa forma y la sensación de ser deseada de esa manera superaba con creces lo que había leído en las novelas de amor. No estaba ocurriendo nada que no hubiese ocurrido ya con anterioridad pero la voz de su Reina al declarar su adoración por sus piernas había sido tan erótica que Anna estaba apunto de perder la conciencia. Entonces Elsa abrió sus piernas con autoridad pero con gentileza, sin aceptar posible resistencia a ello, y acarició esa última prenda sintiendo lo que había debajo.
- Mmmmh - Anna podía sentir sus propias pulsaciones latiendo bajo los dedos de Elsa que la acariciaban.
- Anna - gimió Elsa, la voz de su hermana la hacia perder el poco control que le quedaba
- Aaah Elsa, sigue
Esa dichosa tela que siempre mantenía a salvo un último rincón de piel aun sin dominar. Y, como habría hecho la Reina ante una idea de sublevación, la arrancó sin miramientos dejando a Anna completamente desnuda por primera vez. La princesa gritó ante el acto que proclamaba que ahora todo su cuerpo estaba expuesto y tenía dueña y soberana. Y Elsa se acostó entre las piernas de Anna y lamió con frenesí todo lo que manaba de aquel rincón que por fin era suyo. Rozó con sus labios cuanto pliegue se encontraba y frotó su lengua por todo el lugar de abajo a arriba provocando sensaciones en la princesa que nunca se habían visto. El cuerpo de Anna comenzó a moverse por espasmos y la Reina tuvo que sujetar con firmeza sus piernas para mantenerlas abiertas y seguir bebiendo y succionando todo lo que estaba al alcance su boca.
- Ah, más Elsa, quiero más - jadeaba Anna suplicante - dame más - rogaba mientras acariciaba el cabello rubio plata que asomaba entre sus muslos.
La Reina reaccionó a las súplicas de Anna introduciendo su lengua en el cuerpo de Anna como si fuese el portal a otro mundo, que lo era para Elsa. Y Anna gimió el nombre de su real majestad como si fuese la última y más lasciva de las palabras que jamás había pronunciado. Elsa perdió completamente la consciencia al oír su nombre de los sensuales labios de su hermana con semejante necesidad y empezó a jugar con su lengua por el interior de Anna. El sabor dulzón y ácido instaba a la Reina a seguir conquistando a su paso todo cuanto su lengua podía tocar y con cada intento de llegar más lejos aprisionaba más y más fuerte las piernas de la princesa con sus dedos.
- Podría hacerme adicta a ti, Anna - advirtió Elsa separando sus labios de entre las piernas de su hermana. Anna vio su gélida mirada penetrante pero con un matiz añadido, un ligero toque de tiranía. De regia posesión. Y Anna no lo soportó, levantó un poco su cuerpo para poder acariciar el rostro de Elsa con una mano y , como si alzase una bandera blanca dijo:
- Pues tómalo todo.
Y ante la sumisa petición de Anna, Elsa se incorporó de nuevo y volteó el cuerpo de Anna dejándola ahora postrada boca abajo en la cama. Para que no pudiese ver los planes de la Reina y solo se dedicase a sentir sin poner impedimento alguno. Elsa abrió las piernas de Anna de nuevo e introdujo sus dedos sin clemencia en el interior de una expuesta princesa que recibió la penetración de la Reina como la entrada al Valhalla. Elsa la había hecho suya absolutamente. La Reina movió experimentalmente sus dedos con suavidad entrando y saliendo y disfrutando de la sensación de sentir a Anna al completo, de alguna forma sabía que no estaba rozando el cuerpo de Anna solamente sino que ambas estaban abrazando el alma de la otra al compartir su cuerpo de aquella forma tan íntima. La cadera de Anna comenzó a reaccionar sin control y a moverse con ese cierto vaivén tan erótico que solo la princesa Anna podía hacer y Elsa aceleró su ritmo para acompasar al de la princesa y complacerla. Quería deleitarse con los movimientos y gemidos de Anna hasta que ésta no pudiese controlarse más y explotase en el cúmulo del placer. La Reina sentía sus dedos cada vez más húmedos y el movimiento de Anna cada vez más ansioso e insertó un tercer dedo en el interior de Anna haciendo que la princesa gimiese de desesperación. Ahora el ritmo era más pausado pero más intenso y la voz de Anna se había vuelto más aguda y lasciva que antes ¡Santo Dios si es que eso era posible! Esta vez era la princesa quien se encontraba al borde del precipicio del placer y sería la Reina quien la empujase sin duda alguna. Elsa comenzó a penetrar con más vigor y velocidad, y Anna sencillamente se dejó hacer ante la sensación de desfallecimiento que le estaba provocando tan intenso placer:
- No pares, no pares Elsa
- No voy a parar - respondió la Reina - Ahora eres mía - proclamó.
Anna alcanzó el orgásmico final de tal forma que sus andanzas en la bañera no tenían comparación. Probablemente debido a la proclama de la Reina. Las manos de Elsa no solo tenían el poder del hielo, también podían arrasarlo todo con un fuego desconocido e imposible de apagar. La princesa supo en ese momento que no habría vuelta atrás ¿cómo en la tierra iba a sobrevivir sin que Elsa la proclamase suya en cada amanecer y cada anochecer? Gritó y estiró sus músculos en un espasmo imposible que dejó su cuerpo aletargado y completamente sensible. La ola de placer que la había recorrido no se parecía a las que había sentido anteriormente, olas tranquilas que lo inundaban todo, no. Esta había sido un torrente intenso que lo había anegado todo con un placer violento.
Elsa se había retirado de la posición de posesión que mantenía y ahora descansaba al lado de Anna observando como su hermana, sin previo aviso, se estaba quedando dormida. Sonrió para sí misma y dejó a un lado aquella conversación tan importante que tenían que tener ¿qué podía ser más importante que contemplar a Anna durmiendo tan plácidamente?
