La Reina abandonó a la la aun durmiente princesa en su cama en cuanto llegó el amanecer. No había conseguido dormir pero la imagen de su hermana reposando tranquila y a salvo había conseguido relajar su mente y su espíritu. La Reina se había pasado la noche pensando y finalmente solo se le había ocurrido una solución para tamaño problema: ella misma despeñaría la estatua de Kristoff sin demasiados testigos, el capitán Simons y Kai serían suficientes. Una vez hecha pedazos ya nadie podría averiguar el secreto escondido tras el hielo y dado que Anna y Kristoff rompieron unos cuantos días atrás ya nadie en el castillo pensaría en el muchacho ni esperaría verlo de nuevo. Sí, era lo mejor, encargarse ella misma. Holsen y Lars solo retrasarían todo el asunto por el empeño de realizar una investigación; confiaría el reino a Holsen y Lars pero este pequeño secreto no, esto era mejor que no lo supiesen.

Elsa entró en la biblioteca huyendo de cualquier presencia del castillo. Necesitaba encontrar un mapa de las montañas del norte, uno específico que le revelase una buena ubicación desde la que arrojar la estatua. Pero la falta de sueño de los dos anteriores dias empezaba a hacerse notar, se sentía lenta y tenía la mente aletargada. Sus manos estaban frías y se le formaba una fina capa de escarcha en la punta de los dedos. La actitud general del castillo era taciturna. De pronto sintió que era una bomba de relojería a punto de explotar y destrozar todo al paso de su propia honda expansiva. Quería mantenerse oculta hasta asimilar lo ocurrido con calma y descansar, de pronto necesitó descansar más que cualquier otra cosa y al cerrar la puerta de la biblioteca tras su paso se dejó caer contra la madera. Vislumbró a Gerda en el interior de la biblioteca e hizo ademán de salir, ella buscaba soledad y supuso que el resto también quería meditar en paz.

- Majestad - llamó Gerda al ver de refilón su sombra alejarse. Elsa obedeció y detuvo sus pasos - Majestad, podéis disponer de la biblioteca- le explicó conteniendo las lágrimas y tratando de esquivarla al salir - disculpadme.

El dolor y el miedo aun hacían mella en el ama de llaves. La Reina sujetó la mano de Gerda al pasar por su lado:

- Gerda, siento mucho la pérdida de la muchacha - le dijo con toda la solemnidad que disponía en ese momento - si no me equivoco fueron muchos años de lealtad.

Y la seria ama de llaves cogió aire y asintió con vehemencia. La Reina no lo soportó más y se echó a llorar, Gerda la acogió en sus brazos como lo que era, una anciana abrazando a una joven que había criado y que ahora llevaba una inmensa carga sobre sus delgados hombros.

- Emmanuelle estaría feliz por el homenaje que se le ha realizado, majestad - la consoló Gerda.

- Gerda - lloró Elsa - tuve tanto miedo…

El llanto ahogaba las palabras y los pensamientos.

- Majestad, si no hubieseis llegado a tiempo la princesa…

- No llegué, no llegué - respondió Elsa. Si hubiese llegado a tiempo no habría víctimas

Gerda se quedó durante unos minutos más arrullando a la Reina junto a la puerta de la biblioteca. Y Elsa permaneció inmóvil dejándose abrazar hasta que recuperó la compostura:

- Disculpame, Gerda. Han sido unos días complicados…

El ama de llaves sonrió con ternura:

- Aunque lo parezca no estáis hecha de hielo, majestad, todos los sabemos.

Elsa se sonrió levemente y asintió para aceptar las palabras de su confiable ama de llaves. Gerda, que siempre había estado ahí desde que la Reina podía recordar. Tan duradera y fiel como el propio castillo de la casa real de Arendelle.

Sintiéndose más descansada solo por haber recibido el arrullo de su ama de llaves, la Reina retomó la tarea que tenía en mente: escribió un par de notas escuetas para su mayordomo y su capitán. Se las pasó a una de las doncellas que entraban y salían limpiando en la biblioteca. Ambos leales y fieles a Arendelle, harían lo que la Reina pidiese, podía estar tranquila. En las misivas no explicaba más que un punto de encuentro para evitarse engorrosas explicaciones que darían lugar a preguntas o quejas. Ya estaba reordenando los mapas de las montañas para dejarlo todo en su sitio cuando alguien acarició con suavidad su hombro por la espalda:

- Buenos días, mi Reina - dijo en su susurro la princesa

- Ah, Anna - suspiró la Reina - me has sobresaltado.

- Es culpa tuya por haber desaparecido esta mañana - resolvió la princesa.- Venía a buscarte para ir a desayunar.

- ¿Qué hora es? - Elsa comprendió lo desorientada que estaba y Anna también se dio cuenta.

- Es hora de desayunar pero ¿sabes? Creo que vamos a desayunar en tus aposentos y después voy a velar porque descanses hasta mañana

- Pero Anna eso es imposible, teng…

La princesa posó con suavidad su dedo índice en los labios de la Reina para silenciar toda esa incesante argumentación que la Reina iba a soltar y le sonrió con ternura. Elsa estaba agotada y no lo iba a reconocer así que no había otra forma de proceder más apropiada que obligarla a descansar. Pero mientras Anna arrastraba a la Reina de vuelta a su dormitorio Kai las interceptó con un cortés saludo y una reverencia breve:

- Majestad, Alteza

Elsa se dio cuenta de que ya había recibido su nota pues apretaba con fuerza algo en su mano izquierda mientras trataba de esconder el brazo con disimulo a su espalda

- Buenos días Kai - respondió Anna. Elsa le sonrió con confianza.

- He de informaros de que solicitan audiencia con urgencia en el patio

- ¿Con urgencia? ¿de quién se trata? - quiso saber Anna. La Reina se encontraba más bien indiferente.

Kai no supo muy bien como explicar su respuesta así que incitó a la princesa a que se asomase por la ventana y dirigiese su mirada hacia el patio

- Elsa - llamó Anna con cierto temor oculto en la voz - Ven, mira.

Y ahí, en el patio de su castillo, se encontraba lo único que podía sacar a la luz su oscuro secreto. Lo único que podría hacer preguntas incómodas y bien dirigidas hacia la verdad, lo único que podría reconocer a una persona dentro de una escultura de hielo: Los trolls. Gran Pabbie encabezaba el grupo y esperaba paciente observando las puertas del palacio. Los trolls que ayudaron a Anna cuando era pequeña y que la ayudaron de nuevo no hace mucho tiempo.

Lo primero era recomponerse delante de su mayordomo y fingir naturalidad:

- Venga, hablemos con ellos - dijo Elsa relajada - no tenemos nada que ocultar, Anna.

Ambas bajaron con calma por la escalera que daba a la entrada, sonriendo y saludando a cada persona con la que se cruzaban. Toda la plantilla del servicio se alegraba de que la princesa Anna tuviese mucho mejor aspecto. Elsa se sentía cansada pero sorprendentemente tranquila para lo que la estaba esperando en el patio. Anna en cambio estaba fingiendo encontrarse en una mañana alegre y relajada, lo que delataba que por dentro se la comía la ansiedad. Pabbie se acercó a ellas en cuanto las puertas del castillo se abrieron para dar paso a las hermanas.

- Pabbie - dijo Elsa encorvandose ligeramente para ofrecerle la mano en saludo

- Elsa, Anna - dijo el troll

- Gran Pabbie - Anna sonreía fingiendo estar complacida de verlo - ¿qué haces aquí? Nunca bajáis del bosque

El troll cogió a Anna de la mano también por el saludo pero con un cariz más íntimo, incluso se permitió el lujo de dar unos pasos alejando a Anna de su hermana para poder hablar con ella en más intimidad. Esto no se le escapó a Elsa pero era más apropiado dejarlo correr y no dar más motivos de sospecha puesto que era evidente que Pabbie ya recelaba de ella.

- Anna, querida - dijo Pabbie - estamos buscando a Kristoff, creímos que estaría en el pueblo o tal vez contigo

- No, Pabbie - Anna cogió aire - verás, él y yo ya no…

El troll negaba con la cabeza como si no entendiera lo que la princesa trataba de decir:

- Él y yo hace días que no somos… que no estamos… - Anna al final se armó de valor y lo dijo: - Kristoff y yo rompimos hace unos días y no he vuelto a saber él.

Gran Pabbie no se lo podía creer, echó un vistazo al rededor confirmando que Anna decía la verdad que el muchacho no estaba en el patio como solía estar y que Sven tampoco estaba amarrado en los establos, y entonces los ojos del troll se posaron en Elsa. La Reina se acercó a su hermana y al troll con una sonrisa cargada de empatia y preocupación.

- Pabbie lamento que estéis preocupados, pero nosotras no sabemos dónde está.

- Es tan difícil de creer, Kristoff estaba enamorado de verdad y de pronto ya no estáis juntos - el anciano troll suspiró - y no ha vuelto a casa.

- La última vez que le vi estaba muy enfadado pero Kristoff no es de los que hacen tonterías - dijo Anna tratando de calmarlo - estará con Sven en lo más profundo de algún bosque o en lo más alto de alguna montaña. Cuando se sienta mejor, volverá.

Anna había resuelto la complicada situación de una forma soberbia. Era una gran actriz y había tranquilizado el ánimo de Pabbie, sin embargo, en la mente de la Reina se había desatado la alarma porque había un cabo suelto que ninguna de las dos había tenido en cuenta: Sven.

- Pabbie si hay algo que nosotras podamos… - comenzó a decir Elsa de forma reconciliadora.

- No, majestad - interrumpió el troll - puede que tengáis razón y solo esté refugiándose en algún lugar remoto hasta encontrarse mejor.

Anna sonrió a Pabbie mientras este asentaba esa idea y se volvía con su gente.

Ninguna de las dos sabía que pensar. Pabbie se habia mostrado receloso con ellas sin ningún motivo aparente, con ellas no: con la Reina.

- ¿Qué piensas? - susurró Anna a Elsa mientras volvían al interior del palacio

- No sabría decirte pero ahora hay algo que me preocupa más que los trolls…

- Sven - completó Anna. La princesa también se había dado cuenta. - Vamos, aun tienes que desayunar y descansar - le dijo mientras estiraba de ella hacia las escaleras.

- Pero Anna tengo muchas cosas de las que ocuparme hoy

- ¿No pueden esperar?

Elsa la miró con esa profundidad de hielo capaz de atravesar muros de piedra.

- Entonces te ocuparás de esas cosas desde tu dormitorio y en mi compañía - le espetó Anna - Si no descansas, te pondrás enferma.

La princesa Anna había ganado la batalla y Elsa y ella habían acampado en el dormitorio de la Reina. Anna se había adueñado del escritorio y le leía en voz alta la correspondencia, las peticiones, las cartas formales… todo lo que podía ir dirigido a Elsa en un sobre lacrado. La reina mientras tanto paseaba de un lado a otro del dormitorio o se dejaba caer en la cama de vez en cuando y dictaba alguna que otra respuesta escueta.

- A ver, esta es de Holsen - dijo Anna mientras rasgaba el papel con el abrecartas - Mmm, sí. Dice que la yegua que alumbró a Perseo ha tenido otro potrillo de similares cualidades a nuestro semental.

- ¿Lo quieres en nuestros establos? - pregunto Elsa desde la cama.

- ¿Puedo tenerlo?

- Escribe "A la princesa Anna le placerá tan grata sorpresa de vuestra parte, Holsen. Haceos con el potro. Gracias, como siempre."

Anna siguió las instrucciones de la Reina y terminó por esconder la respuesta en un sobre y dejarlo cerrado.

- ¿Y asi de fácil es tenerlo todo, majestad? - dijo Anna con sorna mientras se acercaba al costado de la Reina en la cama. Se tumbó sobre ella para poder mirar su rostro de hielo sin que pudiera escaparse - Unas sencillas lineas en un trozo de papel y podemos tenerlo todo. ¿Si le digo a Holsen que me placería tener tu palacio de hielo también me lo conseguiría?

- No digas tonterías, Anna - le dijo Elsa sin apartar la mirada - el palacio puedo dártelo yo.

- ¿Podrías? - la princesa recostó su cabeza en el pecho de su hermana.

- Obviamente

- ¿Y podríamos irnos allí sin decírselo a nadie?

Elsa maceró unos instantes su respuesta. Evidentemente que podían pero ¿a qué venían esas ganas de huir tan de repente?

- Supongo que podríamos tomarnos unos días libres dado lo acontecido - respondió al final la Reina - tú, yo, un par de caballos para pasear, algo de comida, y una gran habitación de hielo en mi palacio. Sin puertas ni ventanas, sin escaleras que permitan a nadie subir hasta nosotras, impidiendo que nadie nos alcance.

Anna estrechó su abrazo sobrecogida por la descripción de Elsa.

- Me encantaría, Elsa

- Entonces no tengo más remedio que cumplir con tu deseo

Anna se incorporó sobre el torso de Elsa para besar con cariño y agradecimiento todo el amor y cuidado que la reina tenía con ella. Arendelle era un reino con suerte. Y para Elsa todo se volvió suave y placentero a través de ese beso. Pero una vez más la realidad interrumpió ese momento de dicha:

- Majestad - unos golpes a la puerta delataban a su mayordomo.

Cuando Elsa escuchó la voz de Kai cayó en la cuenta de que llevaba todo el día en su dormitorio con Anna. La luz del sol ya estaba escondiéndose y sabía que si Kai ya estaba en su puerta, el capitán Simons no tardaría en aparecer también.

- Sí, Kai - respondió la Reina aun atrapada por el cuerpo de Anna - dame un momento.

- ¿Qué ocurrirá ahora? - suspiró la princesa cansadamente mientras liberaba a la reina de su agarre

- Yo le mandé llamar - le explicó Elsa susurrando - él y el capitán van a ayudarme a deshacerme de cierta estatua que ha de desaparecer ya de nuestras vidas.

- ¿Vas a deshacerte de la estatua? ¿Tú sola? - cuestionó Anna sorprendida y asustada

- Me acompañarán a un risco de la montaña del norte que da con el mar oscuro, la lanzaré desde allí y el agua hará el resto.

- Pero si te ve algui…

- Yo soy la Reina, Anna - dijo Elsa - la máxima autoridad de Arendelle. Si me ve alguien como mucho me solicitarán alguna explicación y entonces ya me inventaré algo creíble.

- ¿De verdad es necesario que salgas en mitad de la noche para hacer eso?

- Cuanto menos tiempo este esa estatua en el castillo menos probabilidad de que alguien empiece a hacer preguntas incomodas.

- Espera, Elsa - dijo Anna de pronto, como si hubiese tenido una revelación - eso es, vamos a contarle a Kai y el capitán la verdad.

- Qu..

- Explicaré que quise guardar el secreto de su identidad para no complicar las cosas. Acabábamos de romper y él no estaba en sus cabales. Elsa, tu solo te viste arrastrada a esto, fui yo quien le llamó "intruso"delante de todos, deja que sea yo quien lo explique.

- Muy bien ¿les dirás que tu exnovio tuvo un ataque de celos por mi culpa?

- Sí, les diré la verdad - dijo Anna - les diré que rompimos justo cuando él quería avanzar más en la relación y yo no, y que cuando se coló en el castillo me buscaba a mi para hacernos daño porque sentía celos de nosotras. Sentía celos de que tuviera que prestar atención a los asuntos del reino y a mi hermana.

- Eso no bastará para apaciguar al reino o a los trolls, no entenderán porque lo guardamos en secreto, harán mas preguntas… Anna, maté a una persona.

- Una persona que intentaba herime - aclaró Anna. Tras un silencio cargado de culpa, la princesa prosiguió:

- Solo se lo vamos a explicar a Kai y a Simons - dijo Anna - Quizá a Holsen y Lars si los crees dignos de tanta confianza. Personas que nos ayuden a borrar el poco rastro que pudiera dejar Kristoff para que a nadie se le ocurra volver a pensar en ello, y cuando pase el tiempo y ni si quiera Gerda haya vuelto a pensar en esa dichosa estatua de hielo, cuando ya no sea sospechoso hacer algún movimiento, nos desharemos de ella.

- ¿Todo eso se te ha ocurrido a ti sola ahora mismo? - pregunto Elsa sorprendida por la estrategia que Anna se había sacado de la manga en unos pocos segundos.

- ¿Qué puedo decir? Tengo mis momentos, majestad - sonrió Anna coqueta.

- Deberías entrar a las reuniones del consejo con más frecuencia - comentó Elsa mientras se acercaba a abrir la puerta. El capitán Simons ya se encontraba allí, esperando en el umbral junto al mayordomo.

- Majestad, Alteza - ambos saludaron.

- Caballeros - saludó la Reina - acompañadnos al estudio.