La Reina y la princesa se sentaban frente a la mesa de una sala pequeña, más íntima y apropiada para poder hablar con discreción, en el despacho de la Reina. El capitán de la guardia y el mayordomo principal habían tomado asiento frente a ellas:
- En realidad, el motivo por el que os había mandado llamar dista mucho de ser una reunión pero la princesa ha tenido a bien añadir algo de sentido común a mi plan - comenzó a explicar Elsa. - Sabemos la identidad del intruso que allanó el castillo, asesinó a la criada y atacó a la princesa.
- ¿Lo habéis averiguado majestad? - saltó Kai de su asiento. Elsa negó ladeando la cabeza
- Le conocíamos - dijo Anna en un tono llano. - Vino expresamente a por mi por un motivo, era Kristoff.
- Pero ese muchacho ¿su alteza y él…?
- Rompimos hace ya varios dias - explicó Anna - Nunca acabó de entender que yo me debiera a mi reino y a mi familia. Siempre le ahogaron los celos y aquella noche, tras haber roto nuestra relación y más enfadado que nunca trató de…
- Lo recordamos alteza, no sigáis - le pidió Kai - ¿Pero cómo es que no nos contasteis esto, alteza?
- Porque solo Elsa sabía que yo ya no quería seguir junto a Kristoff y después de lo que pasó yo estaba aterrada, y él muerto. No quería que Elsa…
- Haberlo ocultado es natural, dado el agravio y el pánico -le tranquilizó el capitán - pero si se descubre ahora… los trolls no estarán contentos con ello.
- No debisteis ocultarlo, majestad - le dijo Kai con una sonrisa de comprensión - vos misma lo dijisteis, cualquiera hubiera defendido a su familia. Ahora debemos pensar en la forma de que esto no se descubra, de que caiga en el olvido…
- Exacto - dijo la Reina - solo lo sabréis vosotros y de ahora en adelante nadie más. Cuando todo este más calmado nos desharemos de la estatua y se acabó.
- Lamento no haber aclarado que era él desde el principio y haberos arrastrado a esto pero entended que solo me preocupa la paz de Arendelle y si se hubiera sabido… - explicó Anna. Había inseguridad en sus palabras ahora que compartían el secreto.
- Podeis estar tranquila, alteza - respondió Simons. - Es un feo asunto pero el culpable habría acabado en la horca como poco, y lo único por lo que Kai y yo velaremos será por vuestra seguridad.
Kai asintió y tras observar a la Reina unos instantes le sugirió que fuera a descansar de verdad, sin ocuparse de mas asuntos que dormir hasta el dia siguiente. La princesa se ocupó de que la sugerencia de Kai fuera un mandato absoluto y obligó a Elsa a encerrarse en su habitación sin compañía. Kai se apostó en la puerta del dormitorio de Elsa para asegurarse de que nadie se atreviera a tocar esa puerta hasta el dia siguiente y Anna y el capitan se aseguraron de no dejar rastro de su pequeña reunión en el despacho de su majestad donde Holse y Lars entraban con confianza para tratar asuntos de la corona.
- Capitán - llamó la princesa - ¿podría disponer de su tiempo unos minutos más?
- Por su puesto, alteza - respondió el capitán acabando de colocar las sillas.
- Vereis, voy a apelar a vuestro sentido del deber y a vuestro amor por el reino.
- Como gustéis
- No se si conocéis los detalles del poder que Elsa posee… - introdujo Anna. - Kai y Gerda llevan en este castillo más tiempo incluso que yo y se de antemano que nos conocen mejor que nosotras mismas, nos han visto crecer y saben por lo que hemos pasado.
- Os escucho
- La Reina mantuvo durante casi toda nuestra infancia sus poderes en secreto, se apartó de todos los habitantes del castillo para protegernos. Lo que podemos llamar amor verdadero hacia todos nosotros. Sacrificio - dijo Anna. - Todo salió a la luz el dia de la coronación, por supuesto, pero hasta que Elsa no comprendió que es ese amor que ella siente por todos nosotros lo único que puede descongelar lo que sus poderes congelen, no se atrevió a relacionarse ni conmigo ni con nadie. Incluso hoy en dia a veces rehuye de mi contacto por instinto.
- ¿Os preocupa la Reina?
-Desde el incidente las puntas de sus dedos han estado azules, ha intentado ocultármelo y cree que no me he dado cuenta pero me preocupa que el secreto, la investigación, las reuniones, las continuas peticiones de las Islas del Sur … me preocupa que todo se le venga encima de pronto y no pueda lidiar con ello. No esta hecha de hielo… - La princesa se dejó caer en la silla del escritorio de la Reina y apoyó su frente en su mano derecha. Anna sentía que toda su fantasía podía haberse hecho trizas de un dia para otro.
- Comprendo, alteza - dijo Simons. - Creo que se lo que debo hacer y es mejor que no sepais más. Si la Reina se ausentase durante la investigación que Holsen y Lars pretenden comenzar o faltase de pronto a las reuniones del consejo podrían plantearse preguntas incomodas así que vuestro deber es velar por que la Reina descanse y haga frente a todo lo que se plantee en los siguientes días. Respecto a vuestro secreto…
- Capitán ¿qué..
- Vos cuidad de que sean dias tranquilos para la Reina y vigilad de que sus dedos recuperen su tono habitual. Y cuando mañana bajeis a desayunar y os crucéis conmigo comprenderéis que ya no hay estatua por la que preocuparse.
- Pero Capitán eso mismo es lo que he tratado de impedir que hiciera Elsa esta noche
- Exacto, ahora la Reina y Kai están a salvo de esto y vos no sabéis lo que va a ocurrir. Si hubiese una investigación ni vos, ni la Reina Elsa, ni Kai os veríais obligados a mentir pues no sabréis la verdad jamás. Los días pasaran y al no hallar respuestas el asunto caerá en el olvido para siempre, como pretendíamos.
Anna estaba tan cansada que la salida que el capitán le ofrecía de pronto le parecía aceptable con tal de terminar el asunto. Ella solo quería tantearle, averiguar si él sería capaz de traicionar al reino o peor, a la reina. Pero ofrecerse a acabar con el escabroso tema que les tenía en vela era un acto sumamente magnánimo por su parte y Anna decidió confiar en él.
- En unos cuantos dias os llevareis a la Reina de viaje para que descanse, una guardia sencilla podría acompañaros. Y allí, lejos de todo, le relatareis esta conversación para que su mente pueda descansar por fin de esto. Respecto a Holsen y Lars, deberemos convencerlos de retrasar la investigación si es que finalmente quieren emprenderla.
Anna miraba al capitán aun sopesando todas sus propuestas. El capitan Simons, haciendo acopio de todo su valor se arrodilló junto a la silla en la que Anna reposaba para poder mirarla de frente:
- Por favor, princesa. Dejadme a mi el resto.
- Está bien - dijo Anna - de ahora en adelante no os preguntaré al respecto pero sabed que cuando Elsa se entere de esto habreis de responder ante ella y probablemente este enfadada.
El capitán sonrió:
- Aceptaré las consecuencias sabiendo que he impedido un problema mayor.
Anna asintió y salió del despacho en dirección a su dormitorio. Su cuerpo también le exigía descanso tras la reunión, las palabras del capitán, de Kai y de Elsa daban vueltas en su mente sin parar y la leve incertidumbre de haber hecho o no lo correcto al confiar en el capitán le levantaba un leve desasosiego. No sabía si sería capaz de dormir sin saber si Elsa estaria durmiendo o si estaría como ella, dando vueltas sobre todos sus pensamientos y dudas. Sin embargo en cuanto su cuerpo rozo las sabanas de su cama, sus parpados se cerraron y no pudo contener sus ganas de olvidarse de todo y entregarse al descanso.
A la mañana siguiente Gerda la sacaba de su sueño entre golpe y golpe de su puerta:
- Alteza, alteza despertad - decía el ama de llaves
- Sí…. Voy…
- Alteza, el desayuno se ha servido ya y la Reina espera por vuestra compañía en el comedor.
Los ojos de Anna se abrieron de pronto al hacer contacto con la realidad. El capitán había prometido que hoy Anna comprendería de alguna forma que ya no había que preocuparse por la identidad de la estatua. Debía bajar a desayunar y fingir en todo momento desentenderse del asunto como habían acordado.
- Oh Anna, buenos días - dijo una apacible Reina con el desayuno ya servido ante sí en la mesa.
- Buenos días - respondió la princesa - ¿Has podido descansar?
- Pues al principio creí que no iba a ser capaz pero pasados unos minutos de obligarme a permanecer en la cama, me dormí sin problemas.
- Oh, a mi me ocurrió lo mismo - comentó la princesa. - Estoy hambrienta
Disfrutaron del desayuno sin ningún sobresalto, cosa que ambas agradecieron profundamente. De pronto las dos cuestionaban a toda esa gente que dice aburrirse de la rutina y clama porque en su vida ocurran cosas interesantes. ¡Ojalá la rutina se apoderase de nuevo de sus vidas! Y entre el café y las tostadas, todo volvió a la normalidad. Kai avisó a la Reina de que Holsen y Lars la esperaban en su despacho, y Gerda dio recado a Anna de que requerían su presencia en los establos del castillo. Ambas se despidieron hasta la hora de la comida y prosiguieron con sus quehaceres habituales. De camino al establo Anna se cruzó con el capitán Simons, el cual, como era costumbre solo hizo una reverencia y prosiguió con su camino. Y el corazón de Anna se detuvo por un instante al darse cuenta de que el capitán sonreía levemente mientras realizaba su saludo. La princesa se sabía ahora a salvo, ocurriese lo que ocurriese la estatua ya no existía y no podría suponer ningún tipo de amenaza para Elsa.
En otra parte del castillo al mismo tiempo la Reina invitaba a sus acompañantes a tomar asiento frente a su escritorio mientras ella se acomodaba:
- ¿Han desayunado ya, caballeros? ¿Puedo ofrecerles algo?
- Gracias majestad, ya hemos desayunado - respondió Holsen - Oh, y aquí tiene, los papeles de transacción del nuevo corcel. Ya sabéis, el hermano de Perseo.
- Holsen, siempre tan atento - agradeció la Reina. - La princesa estará complacida, gracias.
- Majestad, aquí traigo un decreto del reino vecino de cancelar los aranceles durante su periodo de hambruna - dijo Lars, entrando en materia tan pronto le fue posible. - La guerra les ha pasado factura y os piden con humildad que no…
- Que no cobre impuestos mientras su pueblo pase hambre - completó Elsa.
- Así es, majestad.
- ¿Tenemos excedente de comida? Cosas básicas sobre la alimentación, ya me entendeis - preguntó la Reina.
- Hay bastante guardado de cara al invierno, majestad.
- ¿Creeis posible que organicemos una colecta en el pueblo que ayude a nuestro reino vecino? Además de cancelar los aranceles durante un par de años…
- Eso sería enormemente benevolo por vuestra parte, majestad.
La Reina Elsa sonrió ante el halago, aunque aun le sorprendia que la gente la creyera tan poco capaz de ser benevola solo por llevar corona. Que mal acostumbrado estaba el mundo a temer a los reyes.
- Esta bien, Anna y yo encabezaremos la colecta y a finales de semana podremos enviar cuanta comida hayamos sido capaces de recoger.
Holsen y Lars tomaron nota:
- ¿Alguna cosa más? - lo preguntó presintiendo que sus abogados iban a retomar el tema de la investigación. Pero se llevó una grata sorpresa:
- Nada más, majestad - dijo Holsen.
- Ah, bueno, ha llegado este agradecimiento de la casa Weselton y las Islas del sur por el regalo - comentó Lars extendiendo una nota a las manos de la Reina.
- El regalo de boda ¿qué escogisteis, Holsen? - dijo Elsa recogiendo el papel sin mirarlo.
- Les habeis regalado una preciosa reproducción a escala del buque insignia de las Islas del Sur con acabados en plata.
- Gracias por ocuparte - dijo la Reina - que lo usen para navegar hasta las islas del sur y no volver.
Holsen y Lars sonrieron ante el comentario y se despidieron de la reina.
- Nuestra siguiente reunión del consejo es dentro de dos semanas, creo que todos merecemos un descanso dado todo lo acontecido estos días. Así que os sugiero que si de no es de urgencia, descanséis vosotros también. Nos veremos dentro de dos semanas ¿está bien, caballeros?
Elsa estaba sorprendida ante la brevedad de la reunión, esperaba que ambos la tuvieran entretenida hasta el final de la mañana y sin embargo, ni si quiera era la hora de almorzar. Se sentía descansada y con fuerza para afrontar cualquir cosa pero la perspectiva de no dedicarse a nada más le hacía pensar en Anna y en todas las cosas que podrían hacer encerradas en el palacio de hielo, como habían comentado el dia anterior. La Reina se encontró de pronto a sí misma caminando hacia el establo, donde sospechaba que podría estar Anna ocupándose de todas sus nuevas adquisiciones equinas. Tal vez, si no hubiese nadie en los establos…
