Y ahi estaba la princesa. Elsa sentía el impulso de proclamarse dueña del cuerpo de Anna al verla así, distraida con sus propios deberes y sin saberse observada. Pero al mismo tiempo había una belleza natural en ella que obligaba a la reina a no acercarse y continuar observando desde lejos para no romper el hechizo. Anna, ataviada en su ropa de montar, estaba cepillando con ternura al nuevo corcel que habían recibido, justo al lado de Perseo estaba Aquiles, disfrutando de las caricias y de las palabras susurradas que la princesa le ofrecia. Los establos de Arendelle no eran grandes exactamente pero si lo bastante amplios como para que Elsa pudiese continuar observando a Anna sin ser detectada. Solo oía retazos de lo que la princesa le susurraba al caballo: "Espero que te guste tu nuevo hogar" y "yo me ocuparé de que no te falte nada".

- Es magnifica tratando con ellos ¿verdad? - le dijo sin previo aviso un muchacho a la Reina. Elsa, sorprendida por no haber advertido su presencia se sobresaltó.

- ¿Que? Eh - ¿Quien era ese muchacho? ¿y de dónde había salido? - Sí, sí, tiene muy buena mano para esto.

- ¡Oh, Elsa! - dijo Anna deshaciendo la magia del momento. - No sabía que estabas aquí ¿Has terminado?

El muchacho al oír el nombre de la Reina se asustó puesto que no sabía que se estaba dirigiendo a su real majestad.

- Acabo de terminar la reunión - dijo Elsa - venía a ver si te apetecía dar un paseo a caballo - improvisó olvidando sus verdaderos propósitos.

- ¡Por supuesto! - Anna irradiaba felicidad - Ven, deja que te presente a quien mima a nuestros caballos en mi ausencia

El muchacho se puso rigido al lado de la Reina:

- Este es Luca - explicó Anna - Luca, ella es mi hermana Elsa, la Reina de Arendelle.

El pobre chico buscaba un agujero en la tierra para poder esconderse. Había oído cosas acerca de la Reina que la convertían an una persona absolutamente rígida y severa. Y de hecho, su apariencia lo confirmaba.

- No pongais esa cara, mi buen criador de caballos. Estoy de acuerdo con vos, Anna es magnifica con el cuidado de nuestros corceles - Luca quería responder algo pero era incapaz de articular palabra - Pero si teneis a bien, la proxima vez que queraís dirigiros a mi, anunciad vuestra presencia.

El rostro de Anna reflejaba que no entendía la presentación de la reina y el de Luca seguía estático como si de pronto se le hubiese olvidado hablar, o incluso respirar, sin embargo, Elsa mostraba un semblante apacible para no amedrentar demasiado al muchacho.

- Como ordeneis, majestad. Si me disculpais… - dijo al fin el pobre muchacho alejándose de ellas para ensillar a las yeguas.

Anna cogió las riendas de ambas yeguas mientras Luca acababa de ensillarlas y se despidió del muchacho con una ligera sonrisa.

Una vez hubo comenzado el paseo Anna rompió el silencio establecido, debía encontrar la forma de explicarle a la Reina lo que había tramado con el capitán procurando que la reacción de Elsa no fuera desmesurada.

- Menuda forma de presentarte - sopló Anna - ¿Has visto el terror en sus ojos verdad?

- Se ha acercado a mi en los establos antes de que nos vieras y casi me da un infarto al oirle.

Anna no podía evitar reirse, acababa de descubir que a Elsa le gustaba mostrar su faceta hecha de hielo pero en el fondo solo era una persona normal, de las que se asustan.

- ¿De que te ries?

- De que le has asustado aproposito en venganza

El rostro de Elsa reflejaba un Evidentemente:

- No parece mal chico, la verdad - dijo la Reina - pero una muerte por infarto es lo que menos deseo en este momento

- Ah, claro - respondió Anna - ¿y qué es lo que la Reina desea en este momento?

- Oh pues ya que te interesas podríamos detener el paseo y descansar en aquella orilla - dijo la Reina con fingido desinterés señalando la orilla norte del fiordo, allí alejadas del castillo y cobijadas por el principio del bosque no habría nadie que pudiera interrumpir su pausa.

- Elsa tengo que contarte algo - dijo la princesa cuando la ocultación de la verdad ya empezaba a atragantarse en su garganta.

La Reina sonrió con paciencia al ver que sus intentos por cortejar a Anna se veían frustrados de nuevo:

- Te escucho - se sentó en la orilla del fiordo sin perder de vista a los caballos y le cedió toda su atención a la princesa

- Te advierto de que una vez empiece te vas a enfadar pero prometeme…

- Si empiezas con esa advertencia, Anna, no esperaras que prometa no enfadarme - interrumpió la Reina casi riendose.

- No, pero prometeme que no cogerás un caballo y volverás hecha una furia al castillo antes de que acabe de explicártelo todo.

La Reina sabía que cuando Anna suplicaba por algo le era imposible ignorarla asi que no le quedó más remedio que prometer con solemenidad que trataría de tomarse la noticia sin demasiado temperamento:

- Muy bien, eso me vale - aceptó Anna. - A ver, esta mañana he sabido con certeza que la estatua ha desaparecido a manos del capitán Simons.

Al principio Elsa no reaccionó, sino que se dedicó a analizar cada palabra que había pronunciado Anna intentando comprender todo el significado de la frase.

- ¿Qué?

- El capitán se ha desecho de la estatua de Kristoff con el fin de que nosotras no sepamos que ha pasado y estemos protegidas - volvió a explicar la princesa - si no sabemos nada, no podemos mentir.

Por primera vez enla vida la Reina Elsa se había quedado sin palabras

- Cuando acabó la reunión de anoche, hablé con el capitán y él se ofreció a hacer algo al respecto para protegerte.

- ¿Cómo hablaste con el capitán y el acabó ofreciendose en sacrificio?

- Elsa, tu primer instinto siempre ha sido y será protegerme. No compartir el problema el conmigo y no dejar que me enfrente sola a un peligro, no siempre y cuando puedas hacer algo por estupido o sacrificado que sea para ti pero que me mantenga protegida a mí. Siempre es así.

- Pero qué…

- Te encerraste en una habitación durante años en vez de hablar conmigo por temor a hacerme daño.

La reina se sentía ligeramente reprochada y respondió con su habitual gesto gélido.

- Me gustas así, mi terca hermana la Reina que esta dispuesta a protegerme ante lo que sea - le dijo Anna sujetando su barbilla para obligar a sus ojos a mirarla- pero tienes que permitir que te protejamos los demas de vez en cuando. Y como sabía que no ibas a ceder voluntariamente, acepté la propuesta del capitán.

- Vale - suspiró Elsa con resignación - aceptó que esta vez has tomado tú las riendas de la situación.

Anna le sonrió y se dejó caer sobre ella para abrazarla y sentir sus brazos alrededor.

- ¿Sabes, Anna? En realidad ha sido el momento perfecto

- ¿Perfecto?

- Esta mañana les di dos semanas de descanso a Holsen y Lars ante los recientes acontecimientos - explicó Elsa. - Si para cuando vuelvan quieren retomar el asunto de la investigación, encontrarán que no hay nada sobre lo que investigar.

- Elsa, le prometí al capitán que tardaría mas tiempo en decirtelo y que estaríamos de viaje en un lugar muy apartado y tranquilo pero no podía seguir ocultándotelo.

- No te preocupes, me comportaré con normalidad pero dejame decirte que me alegra que no soportes confabular contra mi.

- Oh - Anna de pronto exibía una sonrisa traviesa - lo único que puedo hacer contra vos, majestad, es esto.

Aprovechando que seguían abrazadas Anna se impulsó con fuerza y derribó el cuerpo de Elsa contra el suelo quedando sobre ella. Sujetó sus manos sobre la cabeza de la reina para dejarla inmovil y Elsa fingió que se sentía vulnerable:

- Menudo agravio - se quejaba la reina - debo advertirte que el castigo de tamaño ultraje es muy grave

- Te dejaré pensar en ello luego… - respondió Anna y la besó muy lentamente, disfrutando de su boca como si hiciera años que no se besaban.

Y curiosamente Elsa había hayando un escondido placer en esa fingida vulnerabilidad. Sentirse de pronto acorralada por Anna le estaba proporcionando un gozo hasta ahora inpensable para ella, la todopoderosa Reina de Arendelle. Anna seguía atacando a esa reina vulnerable con su suave y lento beso hasta que en la mente de Elsa se desdibujó la realidad y se formó la imagen de una Anna tremendamente dominante que se postraba sobre ella y el exigía obediencia. Antes de que Anna acabara con el beso la Reina empezó a notar que cierta humedad entre sus piernas delataba un deseo oculto en su mente. ¿Era posible que la persona más poderosa de Arendelle deseara de ponto que su hermana le arrebatase todo el poder? Sus propios pensamientos desitrajeron sus labios y Anna se dio cuenta en seguida de que Elsa estaba en otro mundo y no con ella.

- ¿Elsa?

- Sí

- ¿Qué ocurre?

- Oh, nada, nada - se disculpó la Reina - es que acabo de darme cuenta de que estamos al aire libre

- Ah claro - comprendió Anna. - Discúlpame, no había pensado en ello ¿prefieres que volvamos ya al castillo?

- Sí, volvamos.

Para calmar su mente y alejar los pensamientos que la confundían, la reina propuso un nuevo tema de conversación que distrajera a Anna:

- Tengo que contarte sobre la reunión de esta mañana

- Si hay algo que pueda hacer, dimelo - ofreció Anna mientras retomaban el camino a lomos de los corceles.

- Hemos en encabezar una colecta esta semana, unos cuantos días, para recoger excedente y ayudar a uno de nuestro reinos vecinos.

- ¿Qué le ha ocurrido?

- Holsen y Lars no han entrado en demasiados detalles pero me parece que tuvieron trifulcas con Weselton hace unos cuantos meses, antes del deshielo y la coronación y ahora pasan un periodo de hambruna - explicó Elsa con cierto tono de tristeza. - Me solicitaron cancelar los aranceles entre nuestro comercio pero he decidido además ayudar de forma activa.

- ¡Elsa! ¡Es maravilloso! - dijo Anna - Organizaremos la colecta e iremos tú y yo puerta por puerta si es necesario.

- Esa es la actitud esperaba de ti - aprobó la Reina - ¿cuento contigo entonces? ¿Te parece que lo organicemos todo desde los aposentos del Rey después de cenar?

- Entonces mañana empezamos con la colecta y cuando el envío esté listo podemos tomarnos unos días de descanso en el palacio de hielo

- ¿Vamos a ir de verdad? - preguntó Anna mientras buscaba un pijama apropiado para dormir con Elsa. En el fondo no creía que la Reina pudiese coger unas vacaciones propiamente dichas

- Podemos ir.

- Bueno, si nos vamos al finalizar la colecta podremos disfrutar varios dias de tu palacio y volver para cuando retornen tus consejeros.

- Es buena idea, quiero estar presente para amenizar el impacto

- ¿A qué impacto te refieres?

- A cuando descubran que misteriosamente la estatua de hielo ya no está en los calabozos del castillo.

Seguía preocupada por la dichosa estatua. Hasta que el asunto no estuviese resuelto Anna sabía que las puntas de los dedos de Elsa no recobrarían su tono de color normal. Era propio de la Reina no poder desligarse de un tema que no estaba completa y absolutamente zanjado, incluso cuando ese tema ya no se encontraba ni en el castillo.

- Olvida la estatua - pidió Anna con cierta súplica e invitándo a Elsa a entrar bajo las sábanas de su cama. - Ya no puede hacernos daño.

- ¿Y confias en Simons?

- ¿Tú no? Es la abnegación vestida de uniforme - respondió Anna. - Elsa, ven aquí, estás siendo suspicaz sin motivo - le dijo con suavidad mientras la abrazaba. - Deja que los demás cuiden de ti aunque solo sea una vez en la vida.

N/A: Disculpad el tiempo entre actualizaciones, a veces una quisiera no perder la inspiración cuando tiene tiempo libre y no recuperarla cuando es imposible ponerse a escribir. Muchisimas gracias por los comentarios, hacen muy feliz a la persona que escribe./p