Mi teléfono móvil emite su sonido característico de un mensaje entrante. Me sorbo débilmente la nariz y alargo el brazo hacia mi mesita de noche donde lo puse, con dos golpecitos del pulgar prendo la pantalla para averiguar quien puede ser a estas horas de la noche. El ver el remitente del mensaje me saca de mi estado lastimoso.

Giyuu-san: ¿Estás despierto?

— ¿Quién es, nii-chan? —Nezuko, mi fiel confidente y compañera de habitación, me mira con un dormilon ojo de muñeca abierto mientras se soba el otro con el dorso de la mano. Se había quedado dormida mientras intentaba aquietar mi lloriqueo por nuestro profesor de educación física con palmaditas reconfortantes en mi cabeza, y mi movimiento al sentarme en la cama la despertó de una forma no muy agradable.

— ¡Es Giyuu-san! —exclamo susurrante, con una sonrisa brillante automática que muy bien podría desafiar a un día soleado.

Yo: ¡Hola! Sí, jeje ¿Necesita algo, Giyuu-san?

El trío de puntitos que surge al instante me deja saber que está escribiendo otro texto para mí. Feliz de la vida me hago la ilusión de que estuvo atento a mi respuesta.

Giyuu-san: Esto es imprudente de mi parte, pero, ¿Puedo ir a verte?

No le doy más de una vuelta y sin cuestionar el motivo por el cual quiera visitarme tan de repente cuando ya no tenemos nada qué discutir, al menos en su punto de vista, redacto mi afirmación con dedos diestros y ansiosos por contar con la bendita oportunidad de poder yacer a su lado una última vez en esta vida. El baño de este piso queda al fondo del pasillo, junto a las habitaciones donde duermen mis padres y mis otros hermanos menores, así que voy allá de puntitas para lavar mi rostro y borrar toda evidencia que podría hacer que usted me haga preguntas al respecto, como mi nariz embarrada y el camino que recorrieron mis lágrimas ahora secas. Si soy optimista, el tono rojizo de mis ojos habrá vuelto a la normalidad para cuando usted llegue.

Una vez que retorno a nuestra alcoba de dos personas, advierto la mirada contemplativa de mi hermana en sus ojos de pétalos de rosas que tienen enamorado a media población de chicos de la escuela.

— ¿Nezuko? —cierro la puerta detrás mío con un clic suave, que diga su nombre la hace mirarme— ¿Todo está bien?

—Sí, nii-chan. —me contesta con su tono de voz normal, dulce y liviano como la tonada de una flauta, pero es visible para mí que algo está en sus pensamientos— Vendrá Tomioka-sensei, ¿No es así?

—Sí, estoy un poco nervioso ahora. —le confieso, a continuación muerdo la carne del interior de mi mejilla en un intento en vano de no seguir sonriendo— Querrá que conversemos de lo que pasó.

—Eso es... Bueno, nii-chan. —La forma en que se incorpora de la cama es de una elegancia natural que encaja en su personaje, viene del lado de nuestra mamá. Ella toma su par de almohadas de plumas y explica antes de que pueda preguntar —Voy a pasar la noche con los pequeños, tienen cosas de qué hablar y no quisiera incomodarlos con mi presencia.

— ¡Oh! Claro, gracias, Nezuko. —río brevemente y doy una amable caricia en su casco oscuro. —Buenas noches, que tengas dulces sueños.

Es su turno ahora, donde se supone que debe repetir mis palabras y besar mi mejilla cómo es tradición entre los hermanos Kamado antes de acostarnos, pero veo que las cejas de Nezuko están juntas con ligereza y sus labios se hallan apretados.

—Nii-chan. Hace unos minutos, tú estabas... Yo trataba de que dejaras de llorar por el profesor Tomioka.

—Sí. —un calor obvio se esparce por mi rostro por la imagen que pintaba previo a que usted me hablara. Yo debería consolar a mi hermanita cuando su corazón esté roto, no al revés, ¿Qué estaba pensando? —Lo siento tanto, Nezuko. Estoy tan arrepentido. Voy a procurar no volver a hacerlo, juro que te lo compensaré.

— ¡Sabes que no me refiero a eso! —clama y hace un apasionado gesto negativo con la cabeza, se adueña de mis manos y da un apretón. —Somos hermanos, siempre estaré aquí para ti, ten por seguro que puedes llorar en mi hombro cuando sea que lo necesites, pero me duele en el alma verte así. Sobre todo ahora, ¿Te diste cuenta? —me observa con atención y susurra, llevando sus puños apretados hacia su pecho— No cabes en ti de la felicidad, sólo porque él va a venir.

—Sí —se me sale una carcajada silenciosa y de corta duración, sin saber a donde quiere llegar con esto—, hasta yo me sorprendo, pero supongo que así es cuando uno está enamorado, Nezuko.

—Nii-chan. —su mirada de ojos rosados se torna suplicante. — ¿Olvidaste lo que Tomioka-sensei hizo? Puso fin a su relación.

El ruido de algo frágil que estalla en incontables pedazos es tan súbito que un estremecimiento me invade el cuerpo entero, y casi quiero preguntarle a ella si lo ha escuchado también, pero no, sólo yo lo oí, sólo yo puedo hacerlo.

—No. —sólo ahorro fuerza para un lamentable tono de susurro, la visión de mis manos temblorosas se distorsiona por las tibias lágrimas acumuladas en mis ojos. Es como si esos pedazos se hubieran incrustrado por todo el interior de mi pecho, y sangra—No lo he olvidado.

—Sólo... —Mi hermana menor se me lanza encima para envolverme como un niño desconsolado por una caída en sus brazos maternales, y besa la cima de mi cabeza pelirroja—... Sólo no quiero que vuelva a romper tu corazón.

*. *. *

Uno de los requisitos para ser el profesor de educación física es tener un cuerpo en buena forma y sobre todo saludable, por lo que usted escala, como si en otra vida hubiera sido un primate, sin hacer el más mínimo ruido y sin ningún esfuerzo, el árbol que da convenientemente hacia mi ventana abierta donde espero paciente a que dé el salto final y en caso de que no lo consiga a la primera, sujetarlo para prestarle mi ayuda. Solamente es una prevención, y sin embargo, como siempre, no hay necesidad en lo absoluto.

Cierro la ventana y las cortinas inmediatamente después de que esté todo metido en mi habitación. Luego de unos segundos en que le doy la espalda, inseguro de cómo proceder y atento a si por casualidad alguien ha despertado, los soplos de su aliento tocan la piel descubierta de mi nuca por mi pelo corto. He leído que el aliento es la voz del alma, y el suyo es cálido, tan cálido. Es gracioso, pero es lo que me da el valor para hacerle frente.

¿Qué puedo decir... De sus ojos? Esa pareja de orbes prominentes que cuida su lado vulnerable del mundo con una hipnótica capa de inexpresividad. Han sido tantas las veces que los he observado de cerca, que tengo memorizados los colores. La escasa luz es un afilado azul bebé, su ovalado iris es índigo, y la pupila no es negra como debería ser, sino de un azul tan oscuro como las profundidades del espacio sin estrellas ni sistema solar. Diría que los tonos se mezclan entre sí como tintas de acuarela en un lienzo, pero aquellas son de naturaleza suave, así que lo más correcto sería decir que su degradación es como gotas de tinta que son absorbidas y se expanden igual que una flor recién nacida en el papel pergamino.

Usted me devuelve la mirada de forma directa, puedo sentir que busca algo intensamente en la mía y no puedo evitar preguntarme qué será. Pero, ¿Puede verlo, Giyuu-san? ¿Puede ver el sincero "Te amo" que sin temor refleja? Yo podría tomar su dolor cómo mío, si sólo me dijera cual es.

—Tanjiro. —mi propio nombre convertido en un íntimo murmullo me produce una fuerte emoción en el pecho.

—Giyuu-san. —imito su tono, pero mi voz es medianamente un suspiro que destila reverencia.

—Tanjiro —su mirada se desvía de mí por el momento—, lamento ser tan egoísta, pero...

—Quédese aquí esta noche, Giyuu-san. —con gentileza, le ahorro la pena de pedirme ese favor, y ofrezco mi palma abierta en invitación—Sabe que puede, siempre será bienvenido donde yo esté.

La sorpresa ante mis palabras destella a través de la calma del azul de sus ojos, como una luz que parpadea en la oscuridad absoluta. Tras un momento en que su ceja se tensa con indecisión, usted asiente y me da su mano. Sin querer dejarlo ir jamás en esta vida ni en la siguiente, una pequeña sonrisa tira de mis labios y nos conduzco en silencio hasta la cama en la que duermo cada noche y que muere por tenerlo a usted arropado en mis brazos.

—Dejeme ir por su pijama. —voy a soltar su mano, pero esta ejerce presión en rechazo a la idea.

—En realidad... No tengo ganas de dormir con pijama hoy... —a través de nuestra conexión, puedo sentir el lenguaje vacilante de su cuerpo que trata de hacerme comprender lo que su nata timidez le impide decir de forma directa. Cuando lo hago, no puedo ocultar lo impresionado que estoy, ¡Esta es una de las últimas cosas que pensé que me pediría esta noche! —... Si eso está bien contigo.

Sé que debería responder con un rotundo no, que debería retractarme de lo que dije y pedir que se vaya de mi casa, pero... Es que vino todo el camino hasta acá y corre peligro a estas altas horas de la noche, y... Usted ya no tiene el derecho de hacerme el amor, Giyuu-san... Y sin embargo... No puedo engañar a mi corazón. Quiero ser suyo una vez más, más que nada.

Me dejo ser tomado por usted mientras caigo en su regazo en un compás sin prisa de sube y baja, mi columna está encorvada todo el tiempo por la alteración de mis nervios que dejan mi cuerpo totalmente lánguido, se enroscan los dedos de mis pies. Las infinitas sensaciones ensordecen mis sentidos, tengo dificultad para pensar, trato de recordar cómo se respira pero ellos no pueden hacer más que soltar suspiros. Giyuu, Giyuu, llaman. Sus labios que atrapan los míos no ayudan en la tarea tampoco, son como una adictiva morfina a mi dolor tanto físico cómo emocional, y hacen el trabajo de sofocar mis jadeos acalorados y gimoteos que no puedo aguantarme por más que lo intente.

Cuando usted me tuvo completamente despojado de mi ropa sobre la cama, ya no fue capaz de mantener sus manos para sí mismo y no quedó ni un trecho de mi piel ajeno a ellas. En este momento, Giyuu-san, está tan adentro de mí que puedo probar en carne propia el deseo cándido que guarda por mi cuerpo, es inútil tratar de esconderlo cuando estamos así.

Esta semana sin usted ha sido ciertamente una tortura, ¿Cómo pude sobrevivirla? Siento que voy a morir de amor, simplemente no sería lo mismo si mi corazón no gritara un "Te amo" en cada palpitar. Y todo es un borrón caliente mientras nos amamos durante horas, que parecen pasar demasiado rápido para mi gusto.

El cansancio finalmente lo vence a las dos de la mañana y ahora yace dormido con su cabeza reposada en mi pecho. Sé que mañana tengo escuela y que debería seguir su ejemplo, pero mi mente, contraria a mi cuerpo, está más despierta que nunca.

¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué siento remordimiento? Mientras se quede esta noche en mis brazos, yo debería ser muy feliz, ¿Verdad, Giyuu-san?

Las lágrimas se hacen presentes en mis ojos y tiembla mi labio inferior a causa de la tristeza.

¿Verdad?

Con mi mano pretendo ahogar cualquier ruido que quiera salir para no perturbar su sueño, pero no tiene caso cuando la sacudida propia de un sollozo hace que levante la cabeza con un respingo.

— ¿Tanjiro? —su voz suena pastosa y preocupada, su mano alcanza mi mejilla por la que se resbalan las pruebas visuales de mi llanto— Amor...

—No... Las cosas no volverán a ser como antes mañana, ¿O sí?

No contesta a mis palabras.

— ¡Por favor, hableme! —sollozo con más fuerza.

—Lo siento. —es todo lo que se limita a decir.

Debí saber que por su culpa volvería a sufrir esta noche. Por lo menos digame, por favor, cómo dejo de amarlo.

Digame...