Mi madre escogió el nombre "Giyuu" para mí por contener, entre otros, el kanji de "coraje", porque ella y padre querían que su único hijo fuera un hombre ejemplar que pudiera afrontar siempre las situaciones con la frente en alto. Hasta este día no he podido hacerle honor, porque desde que me aparqué a un costado de la cafetería donde me dijiste que nos vieramos, llevo quien sabe cuantos minutos, buscando un simple impulso de valor que me haga bajar y tomar asiento delante de ti para que me digas por qué. La espera inútil y el deseo de saber ciertamente me están volviendo loco, tu mensaje de texto con una invitación no reveló mucha información.

¿Por qué no te dije que no? ¿Por qué no te dije que no quedaban palabras pendientes entre nosotros, que todo estaba dicho y hecho, y que me hicieras el favor de no volver a contactar conmigo? ¿Por qué no solamente bloquee tu número y ya? Doy una sonrisa ausente para mí mismo, pues ya sé la respuesta a mis preguntas.

No se puede engañar al corazón, ¿Verdad, Tanjiro? No después de tres años donde la melodía es la misma.

La última conversación que tuvimos antaño a que hicieras tus maletas fue más un ataque de reclamos tuyo que sigue muy fresco en mi mente pese al paso del tiempo. Te juro por Dios que mi intención no era hacerte más daño, sino darte mis felicitaciones porque fuera aprobada tu solicitud a tan buena universidad, tu esfuerzo estaba dando sus frutos y yo no cabía en mí mismo de orgullo por ese gran logro. Un paso significativo en tu vida de la que yo ya no era parte, pues así lo quise y hubiera sido un error si se me ocurriera dar un paso atrás a esas alturas.

Mi sentir fue resumido en un discurso practicado con la ayuda de mi hermana delante del espejo de su dormitorio, y me dispuse a emprender las dos cuadras que me separaban de mi casa tras unas palabras adicionales de despedida y buenos deseos.

—Eso no es justo —me di la vuelta a medias para preguntar con una mirada a qué te referías con eso, pero desde ese ángulo no me era posible ver más que tu espalda y hombros siendo sacudidos por temblores de una apenas suprimida emoción. De un momento a otro, te volviste como el restallido de un látigo y me quedé tan aturdido por el temible enojo en tus ojos que por poco no me hice para atrás para evitar ser alcanzado por uno de tus golpes de cabeza que dejan graves contusiones— ¡Eso no es justo! ¿Me oye? —subiste el volumen de tu voz, sin importarte el haber estado aún a mitad de la calle, donde tu familia y quizás tus vecinos pudieran oírnos— ¡Cómo se atreve a venir después de tanto tiempo sin dirigirme siquiera un saludo y decirme cosas tan bellas cuando sabe que estoy haciendo lo mejor que puedo para olvidarme de usted! —tu respiración eran soplos irregulares en mi cara mientras tratabas de normalizarla. Yo me había quedado sin habla, pues jamás te había visto tan disgustado conmigo en ninguna de nuestras vidas— Todo mi esfuerzo se acaba de ir a la basura, porque... —mi garganta se apretó dolorosamente a la vista de tus ojos de hermoso carmesí comenzando a llenarse de lágrimas—... Usted me buscó otra vez y me ilusioné, como un tonto, de que quizás quería tener otra oportunidad conmigo—cerraste los ojos y te vi negar enérgicamente con la cabeza—No quería creerlo, ¡Pero es un hombre cruel, Giyuu-san! ¡Y sería mucho mejor para mí si nunca nos hubieramos conocido!

Que un devastador ataque de Muzan me cortara de nuevo el brazo habría dolido menos. Se me encoje el corazón siempre que mis pensamientos derivan a aquellas palabras, que sé que tengo bien merecidas por mi egoísmo. Lo siento, Tanjiro, después de todo este tiempo no he podido adquirir la fortaleza para dejarte ir.

Me pregunto si el fin de esta cita es gritarme un poco más tu resentimiento, pero cual sea el motivo, tengo que entrar ahí y dar la cara, es lo menos que puedo hacer. Se me contrae el estómago por los nervios mientras salgo de mi coche y presiono el pequeño botón de la alarma para no quedar sin transporte por algún descerebrado ladrón. Mis padres me lo dieron de regalo cuando obtuve mi licencia de conducir y es muy valioso, sentimentalmente.

La temperatura cambia drásticamente cuando me adentro a la cafetería Parlev's, ya no necesito el abrigo para cubrirme del frío característico de la invernal estación, y me suelto los primeros botones para no acalorarme en exceso. Aunque mis gustos van más por lo salado, no me molesta el dulzor empalagoso que inevitablemente se percibe en el aire, hasta se me antoja comprar un Capuccino en la caja, pero no es eso a lo que vine.

Me estás esperando en la misma mesa de hace tres años, la que está situada casi en la ventana, más al centro. Se convirtió en nuestro punto de encuentro cuando quisiste conocer más de mí, aunque generalmente tú llevabas la conversación porque yo casi nunca sé qué decir. De aquellas tardes lejanas, sólo queda vivo en mis recuerdos mi mano envuelta en el calor de la tuya y mis problemas para pensar claramente cuando me mirabas con una sonrisa y ojos deslumbrantes de inmerecida adoración.

Estoy a sólo unos metros de ti y no te has dado cuenta aún, así que aprovecho la oportunidad para evaluar tu nuevo aspecto de joven universitario. Tu cabello burdeo creció y ahora es una coleta descuidada en la parte de atrás, la tez que solía ser un sano bronceado está descolorida, por el estrés de los estudios tal vez, y unas oscuras ojeras sobresalen en tu rostro taciturno mientras revuelves con una cuchara tu té. Eres como un fantasma de la persona que solías ser, ¿Qué fue lo que te sucedió, Tanjiro?

Justo cuando pienso eso, pareces volverte consciente de que eres observado y levantas los ojos en mi dirección, dejándome con los pies congelados en mi sitio. La sorpresa se asoma en tu mirada por un instante, luego me quedo perdidamente prendado de la sonrisa tentativa que me das.

—Giyuu-san —empleas un tono ligero, sin tener idea de cuanto había extrañado mi nombre en tu boca—Gracias por venir. Por favor, siéntese.

Una chica de delantal en la cintura y una libreta amarilla se aproxima a nuestra mesa cuando tomo el otro asiento con movimientos vacilantes.

—Buenos días, señor. ¿Va a ordenar algo? —me pregunta con una voz deferente, obligatoria en este trabajo. Mi respuesta es una sacudida de la cabeza, ella pone cara tímida al mirarte— ¿Qué hay de usted?

—Estoy bien, gracias. —la bondad pura de tu sonrisa tiene el efecto de hacer a las personas sonreír también, y la mesera no es una excepción. Sus mejillas se ponen visiblemente de un tono rosado más oscuro mientras dice un apenas claro "Permiso" y se marcha de forma precipitada para servir en otra mesa. Hay que ser un tonto para no ver que gusta de ti y que su número de teléfono va a estar anotado en la cuenta. Eso me despierta un feo sentimiento que me niego a reconocer.

Somos envueltos por un tenso lapso de silencio en el que tú soplas suavemente el vapor de tu té, das un prolongado sorbo y yo tengo la vista perdida en la nada, deseando que acabemos con esto cuanto antes para poder largarme de aquí.

— ¿Cómo ha estado, Giyuu-san? —me diriges la palabra finalmente.

—Bien. —te contesto, luego te apunto una mirada incierta— ¿Qué tal tú?

—Pues, yo muy bien... —sé que estás mintiendo por la mueca rara que no puedes evitar hacer, nunca se te ha dado bien, eres alguien demasiado sincero—... O así era hasta hace poco. —arrugo con levedad el entrecejo, estoy tentado a preguntar pero considerando la última vez, no creo que te vayas a tomar bien mi interés—Digame, ¿Sigue de profesor en la escuela?

—Sí.

— ¿Cómo son sus estudiantes? ¿Los tolera más que a nosotros o ya tiene a la segunda generación de Tanjiros e Inosukes? —esbozas el intento de una sonrisa, rodeando con ambas manos la taza.

—Son buenos. —cuadro mis hombros de forma vaga, tu sonrisa vacila por unos instantes.

—Um, ¿Cómo está Tsutako-san? —tu voz gana entusiasmo, mi hermana y tú se adoraron desde el primer momento— Vi en su perfil que está comprometida, ¡Me alegro mucho por ella! Espero que su prometido sea un hombre de bien que la trate...

—Tanjiro—corto tu intención de hacer charla trivial, lo que te toma por sorpresa— ¿De qué se trata todo esto? ¿Cual fue el motivo para citarme aquí?

Te cruzas de brazos y los apegas a tu pecho, como si fueran tu barrera protectora contra algo que te duele mucho, y te sale un suave suspiro en tanto miras a otro lado.

—Hace tres años, como casi todas las tardes desde que habíamos empezado una relación en secreto, yo fui a su... —tu pausa me da la sensación de que estás pensando con qué palabra seguir, como si hubiera alguna confusión en tu mente—... casa después de la escuela con el fin de que pasaramos la tarde juntos, viendo una película, en la cama, o simplemente durmiendo, a mí no me importaba cómo porque yo era el chico más feliz del mundo con sólo estar en la misma habitación que el hombre que me hacía querer decir "Lo amo" hasta quedarme mudo. —siento mis ojos aumentar de tamaño, la tristeza nubla tus facciones, acompañada de una sonrisa dulce en los bordes— ¿Es tan sorprendente? Lo amaba, Giyuu-san, de forma tan profunda que cuando me dijo que ya no deberíamos vernos, yo... Lloré todo el camino a casa, estaba inconsolable, ¿Sabe? Pero a la vez, todavía tan cegado de amor que le dije que podía contar conmigo, y esa misma noche, usted se apareció en mi habitación y dormimos juntos en mi cama una última vez. No fue hasta más tarde que me di cuenta que nunca me dijo por qué, ¿Cuál fue la razón para que terminara conmigo? ¿Fue mi forma de ser? ¿Fue algo que hice? ¿Algo que dije? ¿Es que él ama a alguien más?

Miro mi regazo con el ceño fruncido, más concretamente mis puños que tiemblan por la fuerza con que los estoy apretando, pero no digo nada mientras desentierras esa vieja culpa que me carcome por dentro.

«Eres un ser de lo más despreciable, Tomioka. No pudiste proteger a Tanjiro, la persona más importante para ti, rompiste la promesa que le hiciste y acabaste con su vida, luego tuviste el descaro de no recordarlo hasta que...»

—Ahora creo saber por qué —un toque de tu pie en mi pierna por debajo de la mesa me saca de mi silencioso auto-desprecio y levanto la cabeza, tú me alientas con una sonrisa gentil, no hay rastro de odio en ella—, pero quiero oírlo de usted primero.

Mis ojos se cierran al sentir las lágrimas picar en las comisuras. Dios, no puedo decirte la verdad, no quiero que me odies, Tanjiro.

—Estaba asustado. —digo con voz a punto de desmoronarse, no soy tan inquebrantable como pensaba.

— ¿Asustado de qué, Giyuu-san? —la tuya es suave como un susurro, se siente como si yo tuviera miedo del monstruo bajo mi cama y trataras de brindarme tranquilidad como si fuera uno de tus hermanos pequeños— ¿Que recordara?

Miro tan rápido hacia arriba que me da un tirón en el cuello.

— ¿Q-Qué? —mis ojos están bien abiertos por la impresión. Fuerte y claro, el sonido errático de mi corazón me retumba en los oídos— Tanjiro, ¿De qué estás..? —mi garganta ya no emite más sonidos.

—Tomioka Giyuu, el Pilar del Agua —me encojo con una mueca, oír ese título luego de un siglo es una bofetada en el rostro. Dios mío, no— Kamado Tanjiro, cazador de demonios que viaja con su hermana demonio, ¿Algo de eso le suena, Giyuu-san?

Me cuesta tragar mientras intento formar una frase completa fallidamente en un hilo de voz— ¿Cómo..? ¿Cuando..?

—Pues no sabría decirle cómo, no soy experto en esto de las reencarnaciones, pero sí cuando. Tuve el primer sueño esa última noche que pasamos juntos —tu cara enrojece con una expresión curiosa, ¿Qué acaba de pasar por tu mente? —, n-nada traumatico, sólo un recuerdo de mi infancia en el que Nezuko y yo jugabamos mientras Otousan nos observaba —el amor por tu familia se refleja en tu sonrisa—. Los únicos detalles confusos fueron la vestimenta y el paisaje, eran antiguos, como de otra época, y además de eso —parpadeas varias veces, tus ojos velados de pestañas se ponen llorosos—, el rostro de Otousan tenía un color enfermizo y los huesos marcados. Su enfermedad lo estaba consumiendo, en consecuencia, falleció. Si no fuera por eso, no le habría dado más vueltas a esos sueños, pero tenía la tristeza hundida en el pecho cuando desperté. Claro que eso no fue nada en comparación a cuando tuve la peor de las pesadillas —entonces te atragantas con un sollozo y las lágrimas comienzan a caer a raudales por tus mejillas, yo hago el amago de poner mi mano sobre la tuya, pero me acobardo al último minuto y la dejo de manera incómoda encima de la mesa—, mis hermanos pequeños y Okasan, su sangre teñía de rojo la nieve, y Nezuko se había convertido en demonio —inhalas con profundidad y te secas los ojos con el dorso de la mano—. Tan sólo me pude calmar cuando llamé a Nezuko por videollamada y pude ver por mí mismo que mi familia estaba sana y salva, porque sabía que todo eso había sido real. Desde ahí, sólo fue cuestión de tiempo para que recordara el resto, hasta la batalla final.

Cuando mi mente procesa ese último pedazo de información, mi cara se descompone por el dolor. Lo que más traté de evitar, lo que más temía que pasara desde que recuperé totalmente mis recuerdos, se ha hecho realidad gracias a mi egoísmo. Aguanto la respiración con los músculos tensos, anticipando la pregunta que se viene para mí.

— ¿Podría contarmelo? Quisiera escucharlo de usted.

Agacho la cabeza en señal de derrota, y doy un débil asentimiento. Aquí voy.

—No sé lo que hizo Muzan —comienzo, lento y cansino—, pero en un momento fuiste declarado sin pulso y al otro eras un demonio que atacaba a diestra y siniestra, no con la intención de devorar, sino de meramente asesinar. Yo era el único Pilar que quedaba de pie, así que di la orden de... —aprieto los párpados, la palabra es una gota amarga de veneno en mi lengua—... Matarte, antes de que tú hicieras lo mismo con uno de tus amigos.

Ya tengo las pestañas húmedas por las lágrimas que intento reprimir, no quiero seguir pero debo hacer un esfuerzo.

—Yo te asesiné —susurro con la voz rasgada, mi cara está retorcida en una mueca que evidencia el dolor que quedó grabado en mi alma el día en que acabé con tu vida, una muerte con la que siempre cargaré, más que ninguna—. Me aproveché de tu distracción por los Kakushi y fui con katana en mano hacia ti... —la imagen parece cobrar vida detrás de mis párpados, se me está haciendo cada vez más difícil recrearlo con palabras—... Y tú, te volteaste justo en ese instante, miraste directo a mis ojos y sonreíste, luego yo... —es imposible decirlo. Niego, escupiendo con desdén hacia mí mismo—... Yo pude haber hecho más. Tal vez hacer lo que tú con Nezuko mientras de alguna forma se creaba una nueva cura, pero no sólo la dejé sin su familia, sino que también me fui por el lado del cobarde y la dejé sola.

No es necesario que lo sepas, pero terminé de perder la cordura justo después de manchar mis manos con tu sangre y me atravesé el abdomen con la katana, cometí sepukku. Un tiempo antes de eso, en los días en que estabas realizando mi entrenamiento, me pediste que te hiciera el favor de cuidar a tu hermana en caso de que te ocurriera algo.

Te prometí que lo haría y aún así...

—Rompí la promesa —empuño las manos, y mientras mi ser completo es estremecido de manera incesante, me doy cuenta de que ya no lo puedo soportar más—. Lo siento, lo siento tanto, Tanjiro.

El brusco descenso de una sola lágrima por mi mejilla derecha es el heroíco liberador de sus compañeras, que se convierten en un llanto abrumador que en poco tiempo amenaza con no dejarme sacar la cabeza para evitar asfixiarme en el duelo de tu muerte, que aunque pasen miles de años seguirá siendo el mismo que es hoy, un dolor crudo que debo aceptar sin renuencia pues es mi condena a la más imperdonable de las acciones, en aquella u otra vida, y jamás, alguna queja saldrá de mí.

Una calidez instantánea perteneciente al tacto ajeno cubre mis dedos tendidos sobre el mantel color crema. Abro los ojos de golpe, sólo para quedarme mirando la fuente de ese calor, como si se tratara de un fantasma. Es tu mano, la derecha, más precisamente. Recuerdo que hubieron un par de noches, mientras dormías, que toqué la piel que en esta vida endureció por tu oficio de panadero y no por emplear una katana, y las uñas rosadas de cada dedo, que ahora yacen cortadas de manera prolija, seguramente por tu carrera de gastronomía, luego de revivir aquel momento en que ya no tenías más ese brazo. Es la misma que sobó mi cabello y a lo largo de mi espalda por una hora para asegurarme que la terrible pesadilla de tu muerte, había sido sólo eso. Pero yo sabía claramente que no, y el horror me embargó.

Para el día siguiente, mi decisión de ya no más estaba tomada. Sin embargo, dejar ir a alguien como tú es más fácil de decir que hacer, porque...

... Bueno, ya sabes lo que dicen. No se puede tapar el sol con un dedo.

Y Tanjiro, me cuesta tanto hacerlo contigo.

—Está bien llorar. —el sonido de tu voz me hace emerger de mi remembranza. Temeroso, me aventuro a dar un vistazo a la expresión de tu rostro, esperando ver odio y decepción, pero la imagen que me recibe es totalmente distinta. Tienes toda la cara embarrada con las lágrimas que no pudiste evitar soltar mientras te entregaba mi versión de los hechos.

Y tu mirada, noto para mí, sigue siendo tan amable como siempre, aún para quien no la merece.

—Giyuu-san ¿Puede recordar lo que decía la última carta que le mandé? ¿Cuando le confesé mis sentimientos?

—Claro. —murmuro, no muy seguro a donde lleva esto.

Tus labios se extienden en una pequeña sonrisa temblorosa que pone tus ojos brillosos. Mi aliento se corta con un respingo.

—Dios es bueno —afirmas, en un tono quedo pese a lo mucho que sé que está afectando—. Porque concedió mi deseo.

No, suplico en mi mente. No me mires así, Tanjiro ¿Dónde está la consecuencia de mis actos? ¿Dónde? ¿O ya olvidaste lo que tú mismo me dijiste la vez que Nezuko fue enviada a la dirección, porque unas chicas de su clase se habían metido con ella y jalaron su cabello cruelmente, haciéndola llorar? Que jamás serías capaz de perdonar a la persona, fuera quien fuera, que lastimara de cualquier forma a tu amada familia. Y lo que yo hice, Tanjiro... ¡Es simplemente imperdonable!

—Me dijo que rompió su promesa —yo bajo la mirada, continúas—. Pero debe saber que no lo odio por eso.

Rápidamente, te miro con los ojos ligeramente desorbitados, ¿Qué? Te veo pronunciar tu sonrisa hacia mí, y no puedo entender por qué lo sigues haciendo.

—Nezuko me contó lo mal que la pasó cuando nos perdió a los dos, pero que pudo reponerse porque tenía al resto de su familia con ella. Urokodaki-san, Zenitsu e Inosuke, Uzui-san y sus esposas, a Kanao. Hasta se casó con Sanemi-san. —por un momento, aparece una arruga en tu entrecejo que denota tu contrariedad por ese dato que desearías no haber conseguido— Vivió una vida feliz, y nunca se sintió sola.

— ¿Tu hermana recuerda?

Luego de asentir, me dejas saber también que: —Ella no lo resiente, Giyuu-san, mucho menos lo odia. Sinceramente, no veo por qué yo debería.

Un peso parece levantarse de mi pecho y siento que al fin puedo exhalar en paz el aire que tenía atrapado ahí. Pero, ¿Con eso se soluciona todo? ¿Estoy feliz ahora? Pues no, desde luego que no.

— ¿Qué estás diciendo, Tanjiro? —te reprendo, ocupando mi tono más severo de profesor de adolescentes para hacerte ver tu equivocación— ¿Te diste un golpe en la cabeza en estos tres años? ¿O es que de verdad se te olvidaron ya todas las veces que lloraste por mi culpa?

"¿Eres así de tonto o muy indulgente?" Tengo que morderme la lengua para no decir en alto.

— ¡Por supuesto que no! ¡La triste historia del primer amor jamás se olvida! —declaras con tanto ímpetu—. Pero si yo puedo hacer el intento de perdonarlo por haber roto mi corazón, ¡Entonces confío en que usted también puede!

Cuando lo único que hago es quedarme con la boca abierta, tú pones una sonrisita triunfante, muy satisfecho de ti mismo por haberme dejado sin palabras con las que rebatir.

—El tiempo pasa por nada —después de mover el asiento para atrás, te levantas de la mesa y sostienes mi mirada mientras te acercas hasta estar junto a mí, concluyendo—, porque nada ha cambiado, yo todavía lo amo.

Tu mano derecha se estira en dirección de mi cara y por algún tonto motivo, aprieto de forma instintiva los ojos, pero tú sólo quieres pasar el pulgar por el hueso de mi pómulo, para quitar una lágrima que recién había caído. La sangre se agolpa en la piel que acariciaste hace un segundo, y cuando un cosquilleo agradable se asienta en el centro de mi vientre, me estremezco sin poder evitarlo.

—Así que cuando eso pase, por favor llámeme, Giyuu-san. —tu susurro se transforma en el aire tibio que llega a la punta de mi nariz. —Porque estaré esperando a que lo haga.

Cuando ya no siento esa mano acunando mi mejilla, separo los párpados para mirarte de manera apropiada una última vez antes de que te marches.

—Tanjiro, ¿Puedes decirlo otra vez?

— ¿Mm? ¿Qué cosa?

—Que... Me amas.

Tienes todo el derecho de negarte a mi petición, pero no lo haces. En su lugar, mueves tus labios para esbozar una sonrisa embriagada de amor que hace que mi corazón detenga su función. No puedo despegar la mirada.

—Todavía pienso que la luna se ve hermosa, Giyuu-san. —agitas la mano en despedida, para entonces alejarte hacia la salida y esfumarte por ella, sin mirar por encima de tu hombro.

El eco de las palabras dichas en otra vida mientras me enseñabas un baile a media noche resuena en mis oídos como si hubiera sido apenas ayer.

"La luna se ve hermosa esta noche, ¿No lo cree, Giyuu-san?"

Sonrío casi de forma imperceptible para mí mismo.

Quizás sea hora de visitar a Tsutako nee-san para que me corte el cabello.