Renuncia: todo de Kazuki Takahashi.

N/a: real talk, esto está horrible pero estuve todo este fin de semana pasado pensando en ello mientras jugaba Animal Crossing así que aquí está.

N/a(2): parte de una serie que comencé en ao3 «Contexto: Bakura Está de Regreso» porque honestamente en muchas ideas que tengo él está ahí pero no he pensado en cómo está ahí. YO SOLO QUIERO BONDING DE RYŌ Y BAKURA ¿OK?


diorama crossing


Honestamente, ni Ryō ni Bakura esperaban que algo así sucediera.

El tiempo que usan para «sanación» y «vinculación emocional» siempre es algo planeado en la intrincada agenda de ambos; Ryō tiene un trabajo de día, Bakura un trabajo de noche; es reducido solamente a ratos jugando Monster World y planeando campañas nuevas que—en un futuro—jugarían cuando alguien (aparte de Yūgi) quisiera unirse, no es lo ideal, pero tres es mejor que dos. Es el único pasatiempo que encontraron para compartir sin estar demasiado incómodos.

Bakura siempre comenta con algo amargura en su tono de voz que, aunque le gusta bastante tener estúpidos duelos; las campañas de RPG siempre son más entretenidas, más elaboradas, con mejor estrategia y con más imaginación.

«Son idiotas, yadonushi*. ¿Esperabas que fuera diferente?»

Ryō nunca le da la satisfacción de contestarle que cierta parte de sí mismo, quizá la que está muy acostumbrada a la actitud del espíritu en la sortija, está de acuerdo con él. Solo se mantiene en silencio y deja que eso sea su respuesta. Tal vez a todos les gusta más la simplicidad del duelo de monstruos. No hay que pensar en nada más que en la estrategia para el monte que se arma y se utiliza; tampoco se tiene que llenar hojas de personajes, pensar en alguna clase en que lo quieras desarrollar, en sus poderes y habilidades, en su apariencia física, en una historia que explique el comportamiento y motivaciones que tiene. La apariencia de los monstruos ya viene hecha por alguien más, sin un trasfondo, no se tiene que pensar—demasiado—.

Entender que tienen que pasar tiempo juntos para cerrar ciclos es complicado; evitar la tensión que vuela sobre sus cabezas como buitres hambrientos esperando a que se maten entre ellos para después devorarlos también lo es, hay demasiada historia que aún sangra entre ellos. Es por esto que reducen el tiempo tanto como les es posible, porque el peso en los hombros de ambos es inmenso. Hay siempre una excusa, incluso viviendo bajo el mismo techo.

Bakura no puede evitar ver como Ryō se toca la cicatriz en su mano izquierda, o se lleva la mano al pecho donde sabe que hay cinco cicatrices formando un círculo perfecto (lo sabe porque él también las tiene) cuando lo ve; es como si le causara una comezón fantasmal que se niega a desaparecer.

Ryō no puede evitar ver como los ojos de Bakura parecen oscurecerse cuando lo ve, cargados de fantasmas que agonizan entre el fuego y el oro, una eternidad vagando entre las sombras y una venganza que nunca pudo hacerse realidad.

Es por esto, que para ambos fue una sorpresa el tiempo que decidieron invertir juntos en «Animal Crossing».


Ryō ya tenía familiaridad con los juegos, antes había tenido un Game Cube donde jugó el título original y también un DS años después donde jugó el «Animal Crossing: New Leaf». Se había saltado por completo el del Wii porque no se había interesado demasiado en esa consola como para adquirirla, había muy pocos juegos que llamaban su atención; incluso con el «Animal Crossing: City Folk» en existencia.

En un inicio, a ambos les parecía incómodo el hecho de que el Switch solo les permitía tener una sola isla porque ambos esperaban tener una propia como era usual en títulos pasados (al menos esto comentó Ryō), Bakura maldecía este hecho más vocalmente que él. Era extraño que incluso en el juego tenían que compartir el mismo espacio.

Sus personajes no son idénticos. El de Ryō tiene el tono de piel más blanco y el cabello más claro que el juego puede proveer. Pero no había un corte de cabello que se pareciera al suyo—así que su personaje tiene el cabello lacio con flequillo recto, los ojos cafés. El de Bakura en cambio, tiene la piel acanelada, el cabello del mismo tono que el de Ryō pero más corto y despeinado, los ojos grises.

Ryō sabe que Bakura extraña verse como en antaño. Por alguna razón regresó como un reflejo de Ryō, todo en ellos fue bañado en la luz de la Luna. La única diferencia notable es la tonalidad gris en el borde de los irises de Bakura, y que ahora lleva el cabello por encima de los hombros tras una visita al peluquero.


La vida de ambos es como alguna de las historias que inventaban para las campañas, es lo que le cuentan a todos los que no fueron parte del fiasco de los Artículos del Milenio. La gente no tiene idea de lo que ocurrió, ni lo difícil que es todo ahora con todos esos años que llevan arrastrando como grilletes en los tobillos y una llave que se perdió hace mucho tiempo, dejándolos sin posibilidades de liberarse.

«Es una historia graciosa—» comienza Ryō siempre que le preguntan y Bakura guarda silencio con una mueca de molestia en el rostro, no lo detiene. «Nos separaron al nacer, suponemos que mi hermano fue secuestrado y hace algunos años nos reunimos de nuevo. La vida es así» y añade una risilla nerviosa que está muy bien ensayada a la historia, esperando que la gente no pregunte más porque es un tema que para cualquiera en la misma situación lo encontraría doloroso (suponiendo que fuera reai, por supuesto). Bakura siempre evita mirar a los ojos a todos los jodidos preguntones, resignado a ser el hermano gemelo de Ryō.

«¿Su nombre?» esto ahora es una pregunta común, pero la primera vez había causado un frío nervioso en el estómago de ambos, no tenían idea de qué contestar. No había pensado en ello, no hasta ese punto—creían que la gente entendería que no querían hablar por la expresión triste de Ryō y ceño fruncido de Bakura.

«¡Minkabh Bakura! ¿Creerían que creció en Egipto? Todo este tiempo tan cerca y tan lejos cuando p-papá estaba allá…» otra risilla nerviosa—que Bakura no sabe si es ensayada o no—. Ryō le dedica una mirada nerviosa que dura menos de un segundo, pero no pasa desapercibida para él.

«Significa justicia», añade Ryō. Y Bakura ignora de la mejor manera que puede el dolor que siente en el pecho al escucharlo. Él no es justo, él es un monstruo de tres mil y tantos años más que destruyó su vida y vendió su alma a la oscuridad para cumplir una vendetta. Si fuera a ser juzgado por las escalas de Ma'at esto se habría reflejado ahí y habría sido devorado por Ammit; él no es justo, nunca lo fue.


Comenzó con un pequeño gesto, un día mientras Bakura estaba en turno decidió diseñar un pequeño face paint en forma de la cicatriz que Bakura tenía bajo el ojo derecho cuando fue ell Rey de los Ladrones y le mandó una carta al personaje de Bakura en una hoja de papel rosa adornada con flores de cerezo—se había convertido en la favorita de Ryō luego de haberla obtenido durante el festival de la Flor de Cerezo que hubo en Abril, a falta de hojas con diseños de Halloween.

«hey bakura, hice algo para ti. espero te guste, aparece en la aplicación de diseños :)». Pagó las 200 campanas* que cuesta mandar una carta, y contiene la sonrisa de anticipación porque no quiere ilusionarse. La ansiedad hace que sienta comezón en las puntas de los dedos, obligándolo a hacer otras cosas para ocuparse durante el resto del día. Se dedicó a atrapar bichos y peces para juntar dinero para pagar su casa y el puente que había puesto en construcción, excavó solo la mitad de los fósiles para dejarle la otra mitad a Bakura y construyó una pequeña barda de cuerda para las flores que había plantado antes de ir a dormir.

Cuando Ryō despertó la mañana siguiente Bakura y él desayunaron juntos como es costumbre antes de que Bakura fuese a dormir para despertar a tiempo y empezar su turno, entre semana el único tiempo que pasan juntos es durante el desayuno. Bakura guardó silencio y Ryō no lo expresó, pero sientió un pequeño dolor en el pecho que le dificultó respirar.

No fue hasta que volvió del trabajo y entró a su sesión que vio una hoja verde al lado de su casa. Hizo que su personaje la recogiera y entró a la casi desierta casa de su personaje—no había encontrado artículos que le gustaran lo suficiente para decorar la casa con ellos—y decidió poner lo que sea que Bakura le había dejado, sabe que fue él porque ninguno de los NPCs del juego hacen algo similar. Los ojos le brillaron cuando la hoja verde se transformó en un esqueleto que inmediatamente usó para adornar la sala de su casa.

Desde ese momento, poco a poco entre los dos adornaron la pequeña isla. Bakura nunca lo dice pero le sorprende la armonía de sus ideas con respecto a lo que quieren hacer en la isla, debe ser por el tiempo que ya han pasado juntos—incluyendo el tiempo en que Bakura estaba en la sortija. Los fines de semana ahora los dedican a estar juntos—últimamente no prestan mucha atención a los RPGs, al menos no tanto como antes—porque están demasiado ocupados con la opción de terraforming* del juego. Se les había metido en la cabeza que podían construir un diorama, un laberinto, un lugar de entretenimiento para cuando alguien decidiera visitar su isla. Asumiendo que la gente que conocen va a hacerlo.

— Podríamos postearlo en Reddit, Bakura —sugiere Ryō en voz baja—. A la gente parece gustarle mucho este tipo de cosas, ah, construye aquí otro peñasco —le indica a Bakura con el dedo apuntando hacia pantalla de la televisión, Bakura es quien está jugando y a Ryō puede sentir la fuerza con la que su corazón palpita cada vez que ve el personaje de Bakura usando el face paint que había hecho para él. En verdad se parece a él, con una camiseta de color rojo en vez de la túnica y pantaloncillos cargo color khaki en vez del shenti que solía llevar.

— Sí —coincide Bakura—, pero no tengo ganas de escribir… —se queda en silencio unos minutos mientras construye el peñasco cuadro por cuadro, sin añadir algún comentario diciéndole a Ryō que publique las imagenes de la isla y la descripción en Reddit—. Quizá… —comienza— deberíamos hacer un canal en YouTube para ambos y… narrar historias con lo que construyamos, como lo hacemos en Monster World.

Ryō puede ver que Bakura está sonrojado, quizá la sugerencia no pasó por un filtro primero y no tiene idea de por qué no pudo contenerse de decirla. Puede sentir su propio rostro calentándose, sabe que sus mejillas están tan rojas como las de Bakura y la voz se le entrecorta un poco, entonces asiente para dar una respuesta.

— E-es una buena idea —lo primero que hace es ver hacia la pantalla, demasiado nervioso, pensando que si mantiene la mirada sobre Bakura sus sentimientos se van a desbordar. Porque no tiene idea qué es lo que siente por Bakura.

Bakura guarda silencio de nuevo, terminando de construir el peñasco. Tiene la nariz arrugada, el rostro pensativo. Ryō tiene una expresión similar y, probablemente, si se pudieran ver ambos al espejo se darían cuenta de lo idénticos que son.

» Creo que no me gusta como se ve esa pared ahí —suspira—, lo siento Bakura.

Bakura procede a utilizar la misma herramienta para, cuadro por cuadro, tirar el peñasco.

— ¿Qué nombre deberíamos usar? —pregunta de repente, tomando por sorpresa a Ryō.

— ¿A qué? No sé si podamos cambiar el nombre de la isla —comienza, confundido— pensé que te gustaba «Camp Crystal Lake*».

— No me refería a eso, yadonushi. Me refería… —baja la voz, avergonzado— al canal de YouTube… —carraspea, dedicándole una mirada de reojo unos segundos antes de voltear a ver la pantalla. El personaje de Bakura ahora corre hacia la tienda a vender un par de cosas.

— Oh —la boca de Ryō forma una perfecta y pequeña «o», luego una sonrisa mostrando los dientes que Bakura no ve porque se obliga a mantener los ojos en su personaje—, ¿qué te parece algo como… —las palabras se atoran en su garganta, lo que quería sugerir en un inicio era «Minkabh & Ryō» ó «Los gemelos Bakura», algo similar. Pero Ryō no piensa que sea correcto asumir que Bakura está de acuerdo con la falsa relación de hermanos que han tenido que tejer para las terceras personas que forman parte de sus vidas— uhm…

Se da cuenta que ahora Bakura lo mira, con un brillo extraño en los ojos. Ryō se pregunta si Bakura aún comparte un espacio mental y sabe lo que hay contenido en ellos porque puede ver en los una especie de esperanza o emoción ahí acumulada entre el café y el gris que él también está sintiendo. Brillante, brillante, brillante.

» M-Minkabh y Ryō… —murmura, las palabras solo para ser escuchadas por Bakura. Un secreto entre compañeros. De repente sus manos son sumamente interesantes de ver e ignora que los lagrimales comienzan a trabajar porque Ryō tiene una maestría en asumir primero lo más caótico de las situaciones. La ansiedad es una perra, como coloquialmente se expresa en ocasiones. Aprieta los ojos y un respiro tembloroso se le escapa de entre los labios, esperando escuchar un grito molesto de Bakura, una risa cruel y burlona, un comentario sarcástico.

Bakura aprieta los labios en una línea, hay un sonrojo evidente en su nariz y mejillas y le da las gracias a todos los Dioses que Ryō no puede verlo. Bakura también baja la mirada, observa sus dedos sobre los botones de los joysticks y como algunas partes del acabado mate ahora son brillantes por el uso contínuo. Inhala profundo en silencio, exhala lentamente, vuelve a inhalar, exhala, inhala, exhala—

— De acuerdo —la voz le suena extraña, muy lejana.

Ryō se mantiene en la misma posición. Petrificado, las palabras de Bakura como un hechizo que lo convirtieron en una estatua en una posición dramática, su mente divaga y piensa en la época Renacentista; poses dramáticas, ojos en eterno sufrimiento. Dos gotas cálidas caen sobre sus muslos.

— B-Bakura… —la voz le tiembla.

Bakura mantiene la mirada aún sobre el brillo en las orillas del control, siente como también se está ahogando en el sentimiento y deja de respirar. Piensa que si no respira, no va a llorar. No va a llorar, no va a llorar, no va a llorar. El nudo en su garganta duele, ignora el exceso de humedad en sus ojos y que todo comienza a verse borroso. Maldita sea.

— Mi… Min… —comienza, pero la voz se le entrecorta. Se aclara la garganta, esperando que el nudo se deshaga— Minkhab está… bien. Elegiste ese nombre para mí, ¿cierto?

Esto hace que Ryō por fin se mueva y voltee a verlo. Bakura piensa que el movimiento tan repentino podría haberle roto el cuello a Ryō con la velocidad y ese pensamiento lo hace tambalear y su pecho se comprime. Ryō tiene ahora los ojos enormes, cafés, brillantes con ilusión y lágrimas aún formándose. Bakura no sabe qué carajo hacer con como se siente, porque no entiende demasiado si hizo bien o mal. Y entonces Ryō ríe con fuerza y deja que su cuerpo se resbale, su espalda y cabeza ahora cuelgan fuera del descansabrasos del sillón de dos plazas que comparten para jugar. Ríe y llora más y Bakura está confundido pero la risa se le contagia, aunque la de él es una de nervios. ¿Por fin provocó que el otro enloqueciera?

» Yadonushi… —Bakura continúa llamándolo así, porque no se siente digno de llamarlo por su nombre. En el fondo de su corazón, siente un poquito de remordimiento por lo que le hizo a Ryō, el resto se puede ir al demonio para lo que le interesa. Estira la mano lentamente, con cautela, hasta tocar con la yema del dedo medio la rodilla de Ryō. Siente como un pequeño toque de electricidad invisible al contacto.

— Ryō —le corrige. Aún tiene la mitad del cuerpo colgando fuera del espacio del sillón, se empuja con las manos con torpeza hasta que su espalda toca el respaldo del sillón, respira profundamente para tranquilizarse y coloca la mano sobre la de Bakura. Es cálido, muy cálido—, llámame Ryō.

En los labios de Bakura se forma una sonrisa retorcida—acostumbrado a sonreír de esa manera en el pasado—pero gloriosa y Ryō la encuentra adorable, es algo de lo que ahora se aferra como se aferra a sus historias de terror, a los postres, al «Camp Crystal Lake» y ahora los planes a futuro.


Entonces los fines de semana se vuelven los favoritos de Ryō porque logra pasar tiempo con Bakura. Entre semana son los favoritos de Bakura—porque Bakura siente a pasos de bebé—cuando puede armar una búsqueda de tesoro en la isla para que Ryō encuentre los regalos que le consiguió para adornar, los atuendos y las nuevas DIY* que sabe que no ha adquirido.

Con el paso de las semanas, la isla se convierte en un diorama a escala, un laberinto con pintura de sangre en el suelo con la promesa de monstruos viviendo en las alcantarillas y cuerpos que han sido arrastrados a las tumbas que también forman parte de los adornos. Rosas negras, moradas y rojas adornan los caminos de las intrincadas construcciones. Ambos están orgullosos de la isla de terror que crearon, se escucha en el vídeo de inauguración donde muestran el inicio del recorrido de su isla.

«Hola, guls y fantasmas» suena la introducción del vídeo con la voz de ambos; luego una animación con murciélagos, truenos y pirámides al fondo, el ojo de Ra en la punta de la más alta.

«¡Bienvenidos al canal de Ryō y Minkhab! Si alguno quiere visitar nuestra isla mándenos un mensaje y les podemos dar un Dodo Code*» se escucha la voz de Ryō, una cancioncilla de fondo que suena sospechosamente como Spooky Scary Skeletons en versión 8bit.

«Quiero que sepan que lo armamos de manera en que puede ser modificado cada vez. Así que nadie va a tener la misma experiencia dos veces» la voz de Bakura es más profunda, tiene más fuerza. En el vídeo se ve su personaje en la entrada de la isla, utiliza la reacción de Smirking* para dar a entender su punto. Tanto tiempo armando dioramas para los RPGs les ha dado suficiente habilidad para darse el lujo de hacer cambios tácticos como este sin arruinar todo lo que está fijo ya en la isla como los puentes y pendientes.

«Visiten la isla, si se atreven».


Yadonushi es un término que Bakura suele utilizar mucho para referirse a Ryō durante la serie pero no se me ocurrió una palabra en español para explicarlo, significa «huésped» desde un contexto parasítico. Muy humorístico de Bakura referirse a sí mismo como un parásito.

Campanas o bells es como se llaman las monedas que se utilizan en Animal Crossing.

Terraforming es una opción en el juego de Animal Crossing: New Horizons para modificar la isla que viene por default. Te permite formar caminos, construir acantilados, lagos, ríos y cascadas.

Camp Crystal Lake es, para la gente que no le gustan las películas de terror o no ha visto Viernes 13, el campamento donde Jason Voorhees se ahogó de niño y donde ocurren los asesinatos durante la serie de films.

DIY en Animal Crossing son recetas que consigues en el juego para construir herramientas, adornos, muebles y más cosas.

Dodo Code es un código de cinco caracteres que un jugador le puede dar a otro para que visiten la isla directamente sin ser amigos en la aplicación del juego o en el Switch.

Smirking en el juego se coleccionan reacciones que los personajes poco a poco te van enseñando y puedes utilizar con tu personaje para expresarte.