Disclaimer: Bnha no me pertenece.
Advertencias: post UA, por lo tanto son adultos; posible OoC.


El número uno

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—Se llama culpa y miedo de perderla—


Su decisión no duró mucho porque la madurez que había conseguido con el pasar de los años lo hizo recapacitar. Era un egoísta, y Ochako siempre le había soportado. Pensar en eso, analizar la situación y no dormir por una noche entera le habían aclarado la mente.

Se sentía como un bastardo sin corazón.

Vale que no era el ser más empático del planeta, pero había que tener dos dedos de frente para darse cuenta, con un demonio.

Ochako era una chica (porque gay no era y se había dado cuenta de esos dos detalles desde hace mucho tiempo), las chicas solían soñar con casarse con el amor de su vida y vivir felices para siempre. Su novia era como cualquier chica, no era una estúpida y era bastante fuerte en muchos sentidos, pero sí era sensible como la gran mayoría de ellas.

Katsuki por su parte no creía ser el amor de la vida de nadie. Era simple sentido común y no le afectaba pensarlo. ¿Quién en su sano juicio querría estar toda su vida con él? Aún así ella había parecido bastante afectada cuando se dio cuenta de que le estaba pidiendo casarse más por un deseo personal que por amor.

Entonces, probablemente significara que ella sí quería estar con él. Se habría ido, alejado, terminado con él hace tiempo si no fuera así, ¿verdad?

—¿La amas?

Sus mejillas se colorearon sin que lo quisiera y sus quejas llegaron de inmediato.

—¡Qué estupideces preguntas, perra!

—Venga, no puedes ir a buscarla si ni siquiera sabes si la amas. El ser más patoso amorosamente serás pero cualquiera se da cuenta cuando está enamorado, ¿cierto? —Aunque no lo hubiera querido ni esperado, Mina estaba perdiendo ya la paciencia.

Kirishima soltó una risa y se acercó a ellos.

—De Katsuki me espero lo que sea, menos que el no amarla lo detenga.

—Eso es cruel —murmuró la chica.

Katsuki palideció un poco al oír eso. Kirishima aseguraba que si no la amaba eso cambiaba nada, y hasta ahora había sido así, pensaba él. Por lo que tenía razón. Y Kirishima le había dicho que estaba enamorado en algún momento, entonces...

¿La amaba o no?

No lo sabía. La extrañaba, eso sí que sí. Amar no era un sentimiento que pegara mucho con él y sabía sus límites. Estaba seguro de que era perfectamente incapaz de averiguar si la amaba.

Pero él solía romper sus propios límites, ¿no? Era lo necesario para ser el número uno.

—¿Qué tal si piensas en esto como ser un héroe?

—¿Disculpa?

—¡Claro! Sonará muy duro, pero lo único que mueve tu trasero de forma efectiva es tu meta de ser el número uno —exclamó Mina—. Solo que ahora tu meta es Ochako, quien te espera en una cima imaginaría. Porque enamorado estás, y hasta las patas, pero eres tan estúpido que no te das cuenta.

—¡A quién llamas estúpido, zorra de mierda! —gritó hecho una furia.

Mina sonrió aún más.

—Si te has sonrojado —Hizo notar con algo parecido a la ternura—. No te preocupes que ya todos sabemos que la amas. Mi amiga Ochako es con la única mujer que podrías estar y ser feliz.

La chica se apartó una lágrima invisible de sus ojos, aparentando estar emocionada. Se agarró del brazo de Kirishima y lo miró con emoción.

—¿Puedo comenzar?

El pelirrojo dudó, pero finalmente asintió.

—Adelante.

—¡Yei! —Se dirigió a Katsuki— Ahora vamos a comprar un bonito ramo y serás el hombre perfecto, tu evolución enamorará más a Ochako de seguro.

Frunció el ceño, con todo eso que su ex compañera estaba soltando se hacía una idea de lo que estaba planeando. Él no estaba dispuesto, claro. Ahora que veía el recuperar a Ochako de otra forma (porque la analogía tenía sentido) iba a hacerlo a su manera.

—Ni creas que te haré caso —Soltó al tiempo que se disponía a irse.

—¡P-pero-!

-No te preocupes -Kirishima le puso una mano sobre el hombro mientras oía la puerta cerrarse-. Si algo sale mal probablemente lo veamos mañana o en dos días en la puerta otra vez.

Mina suspiró.

—¿Quieres ver una película? —dijo con ojitos de perro abandonado, pegándose a Kirishima.

Él se encogió de hombros haciendo el tonto, consciente de sus intenciones de conseguir acurrucarse entre sus brazos.

—Supongo que no me queda de otra...

—Oye —Mina le dio un golpe en el hombro—. Que cruel eres, Red Riot.

—Venga, lo siento. Te hago un masaje. ¿A que sí, pequeña? —La abrazó desde atrás por los hombros, pegando su mejilla a la rosácea de ella.

Mina dudó, sin embargo no por mucho.

[ I ]

Dar con Ochako era más que simple. Bastaba con ir a su apartamento, tocar la puerta y si no abría sentarse a esperar.

No se hacía ilusiones con el celular. Seguro que no le respondía.

Había escuchado que un accidente había alterado el orden en el tránsito. Nada preocupante, pero suponía que ella había ido en ayuda.

Pasaron un par de horas y ya estaba anocheciendo cuando ella llegó. Sus pasos resonaron llamando la atención de Katsuki, que tenía la cabeza hacia atrás.

Ella se detuvo al mismo tiempo que él la reconocía. Al parecer recibir su visita le echaba todos los ánimos abajo, supuso al ver su cara. Pero no quedaba de otra.

Ochako se encaminó hacia su puerta, ignorándolo por completo.

—Hey —gruñó poniéndose de pie—. Hay que hablar.

Pero ella estaba decidida a entrar y pensar en él como un efecto de mal gusto provocado por su imaginación.

—Uraraka.

La cerradura abrió y ella se alejó un paso para abrir la puerta.

—¡Uraraka!

Se disponía a entrar cuando una mano la tomó de la muñeca y la hizo apoyarse contra la puerta, que por suerte se trababa en cierto punto así que no se iba a caer.

—Estoy perdiendo la paciencia, mujer. Necesito saber que vas a regresar y ahora —dijo.

Ella frunció el ceño, claro que ahora era incapaz de ignorarlo o pensar en él como algo sin importancia.

No estaba enojada. Estaba dolida, y mucho. Habían sido años juntos y nada había cambiado en las ambiciones de Katsuki. No le pedía que renunciara a su meta de ser un héroe, pero ya que eran novios, aunque fuese desearía que la considerara en su vida como algo más importante que ganarle a Shouto y Deku.

Todo lo que hacía era tomar decisiones porque alguien, comúnmente esos dos, la habían tomado antes que él y eso era imperdonable, según Katsuki.
Para ella imperdonable era lo que estaba haciendo su novio. Lo amaba, daría su alma al peor demonio si fuera necesario sólo con tal de verlo saltar en la cima, ¿pero qué daría él por ella?

Hasta ahora había dado su tiempo, y ya que eran héroes era algo importante, pero ya no estaba segura de nada. El momento con Katsuki la había hecho sentir terrible y por el momento lo malo superaba a lo bueno.

Su pequeño sueño de alguna vez casarse con él se había ido al traste, ¿por qué pensaba en querer casarse con alguien así?

Bueno... Lo amaba. Y le dolía saber que tenía que dejar de verlo si eso iba a seguir así.

Aunque el muy desgraciado ahí estaba ahora, a saber por qué exactamente.

—¿Es en serio? —habló finalmente— ¿Acaso vas a obligarme a ir a tu casa?

Katsuki lo pensó un momento.

—¡Y lo meditas!

—¡Oye, basta! —Detuvo la mano femenina antes de que le diera un golpe en el hombro, a pesar de que no mucho daño le iba a hacer— Sé que no soy la persona más considerada, pero me estoy volviendo loco y me cuesta hacer mi trabajo si no sé que vas a regresar.

—¿Y qué quieres que haga? —Se zafó del agarre de sus dedos. A esa altura ya no iba a correr dentro para evitar tener una conversación con él.

Él pensó a consciencia en su pregunta. Básicamente quería que volviera a como antes. Que fuera a su casa, que vieran películas, entrenaran, comieran y durmieran juntos. Se sentía cómodo haciéndolo con ella después de tanto tiempo juntos. Pero no era tonto, ella estaba esperando algo de él, aunque no estaba seguro de qué era ese algo.

Y sobre todo quería que dejara de verle como si hubiera atropellado a posta a un perro y fuera el peor villano del mundo.

—¿Qué quieres tú que yo haga?

Ochako fue gratamente sorprendida al comprender sus palabras. Y de pronto ante la mirada de Katsuki se sintió indefensa. Decidió ser sincera, puesto que pedirle que reflexionara por su cuenta o que pensara a ver si lograba enterarse de lo que ella quería ni tenía sentido ni los iba a llevar a alguna parte.

—Sólo me gustaría que fueras más honesto y considerado conmigo. Me enamoré de ti por como eres y no planeo hacerte cambiar nada, pero sería agradable que pensaras en mí como tu novia —explicó jugando con sus dedos pero sin dejar de observarlo—, alguien al menos medianamente importante, si es que realmente me quieres.

Uraraka exhaló y ante la falta de respuesta de unos considerables minutos, volvió a hablar.

—¿Es demasiado para ti? —rió burlona.

Él chasqueó la lengua sintiendo sus mejillas calentarse un poco. Francamente su cerebro se había paralizado cuando ella dijo que estaba enamorada de él. De él, joder, le subía mucho su ego, confianza y autoestima. Pero por su parte, siempre se sentía tan bien a su lado y oír eso le hacía sentirse feliz. Todavía podía lograr que lo perdonara. Un estúpido es lo que había sido, la había hecho sentir mal incluso si no había sido a posta.

Luego de tantas veces que esos tres idiotas le dijeron que podía perderla o hablaban dando su relación por acabada, resultaba que había ganado un poco de miedo. Sobre todo miedo a que ella ya no lo quisiera.

Le importaba una mierda ser un amargado y volverse feo. Nada de eso era importante a la hora de salvar vidas y aunque más por paranoia, pensar en que ella no volvería había vuelto su día a día más difícil de sobrellevar. Por tanto necesitaba saber que Ochako volvería con su estúpida sonrisa, no importaba si en días, semanas o meses, mientras estuviera seguro de que regresaría.

—Puedo hacer lo que sea. Sólo dime que vas a regresar —pidió.

—Puedes hacer lo que sea...

—Sí.

—¿Lo que sea? —insistió.

—¡Sí, mujer!

Ochako sonrió enormemente. Casi que daba un poco de escalofríos, aunque en ese momento verla sonreír lo hizo sentir más que aliviado.

—¿Me acompañarás a la boda, entonces? —preguntó.

Gruñó una respuesta afirmativa.

—¿Dejarás tu complejo de inferioridad?

—¡No sé de qué mierda hablas, pero sí!

Ella hizo como que pensaba detenidamente en algo.

—¿Invitaremos a tus padres más seguido? —Sonaba bastante emocionada, todo lo contrario a como se sentía él con la idea. Más que nada al pensar en su madre.

—No.

—Dijiste que podías hacer lo que fuese.

—Soy héroe, no un puto mago.

—¡No necesitas serlo para traer a tu madre!

—¡Vale, está bien! —gritó desesperado— Está bien, pero no prometo nada.

—¡Yei! —Saltó.

—Ahora...

—Ahora nos vemos, mañana debo despertar hiper-mega temprano para ir a trabajar. No estaré en todo el día así que no te llamaré, claro —agitó su mano al tiempo que comenzaba a caminar dentro—. ¡Nos vemos!

Katsuki frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo? —Intentó llamar su atención para que se detuviera.

—Adiós, Katsuki —Sonrió.

—¡Oye!

Antes de que pudiera tomarla del brazo ella ya había cerrado la puerta frente a su nariz.

—Ni creas que te perdonaré tan fácil. Es bonito saber que estás dispuesto a lo que sea, pero esto no se arregla con palabras lindas —Informó desde dentro.

—¡Uraraka!

—Intenta no molestar mucho a mis vecinos, cariño.

El apodo amoroso lo hizo enfurecer más. Los detestaba, el único que usaba con ella de vez en cuando era cara de ángel y porque había evolucionado de cara redonda. Nada más. Y ella usaba esos apodos comunes y melosos con él cuando quería lograr algo por medio de fastidiarlo.

—¡Maldita idiota!

—Gracias, sigue así, vas por muy buen camino —soltó con ironía—. Que duermas bien.

Después de eso ella no respondió más. Él tampoco siguió insistiendo luego de la décima vez porque el enojo le ganaba y seguro que venían los vecinos de Uraraka a empeorarlo todo.

Soltó un suspiro y dio media vuelta para regresar a casa.

—Esa tonta —murmuró, pateando una pequeña piedrecilla que había en su camino.