El alquimista

A continuación, Lauren y Severus realizaron su ritual conjunto, también largo, en el que fueron conscientes de su relación a lo largo de los cinco años desde que se conocieron. ("Siempre ha sentido profundo amor por mí, sin decaer un ápice ni siquiera cuando tuvo contacto con el resto de sus amantes. Está incluso dispuesta, y lo siente desde que tuvo conocimiento de las convicciones de sus padres, a dar su vida por mí con tal de que no me pase nada malo. No merezco tal entrega.")

Cuando acabaron salieron de la cueva y se sentaron a la entrada, frente al mar.

-¿Qué hora es? – preguntó ella.

-Las ocho y media.

-¿A qué hora se pone el sol?

-Eres floja en Astronomía, ¿eh, Lauren? Siendo que te gusta tanto la naturaleza.

-Sí, la verdad es que sí.

-Sobre las diez.

-Buf… nos queda todavía hora y media, nos vamos a aburrir.

-Se me ocurren muchas cosas que podemos hacer para no aburrirnos.

-Se te ocurre una sola cosa, no me fastidies.

-Es cierto, puedes llamarlo una sola cosa, pero tiene muchas variaciones.

-Desde luego, contigo las tiene.

-No lo había hecho nunca como lo hemos hecho en la poza, los dos en pie. Me ha encantado, contigo puedo.

-Cierto, porque Lily y Deborah son más bajitas que tú.

-Por eso te digo que eres perfecta para mí. Para empezar, podríamos cenar, ya hace seis horas que comimos.

-Desde luego, me muero de hambre desde que nos hemos bañado. Bañarse da mucha hambre.

Ella tomó la mochila y comenzó a sacar comida.

-Cierto. Voy a contarte algo de cuando me bañaba en el río con Lily.

Comenzaron a comer. Sev le habló de cuando tenía trece años y al volver a casa de su baño matinal con Lily con la ropa mojada, en lugar de su madre con la comida en la mesa, pues ella no estaba porque no había llegado todavía de trabajar, quien lo esperaba era su padre para pegarle por haberse escapado y llegar mojado. Ambos habían dejado de comer y lloraban.

-Llegaba mojado porque no me quitaba la ropa para que Lily no me viera los moratones. Y después de la paliza me ponía a hacer el almuerzo para los tres.

Ella lo tomaba por los hombros y le acariciaba el rostro, mirándolo a los ojos.

-Severus, ¿le habías contado todo esto a alguien alguna vez?

-No, Lauren. Con los únicos que he hablado directamente del tema ha sido con Jack, Deborah y Anthony, el día que me probaron para La Guardia, y no lo hice con tanto detalle.

-Pues debes hacerlo. Las heridas no se cierran si las escondes, como hacías con los moratones. Para curar una herida debes exponerla al aire y al sol.

-Vaya… Pero no quiero hacer sufrir a las personas que me quieren. Mira cómo estás tú ahora, llorando como yo.

-Pero todas tus mujeres nos enteraremos algún día, cuando hagamos la Unión de las Almas contigo, y sin embargo eso no será curativo para ti, porque no te habrás desahogado. Debes hablar con nosotras para sanarte poco a poco. Como el agua del arroyo, arrastrar toda impureza, ya has adquirido el poder. ¿Desde qué edad te pegaba tu padre?

-Eso no quiero decírtelo, Lauren, vas a sufrir mucho.

-No es necesario que me lo digas, ya lo sospecho. Siendo la magia la razón por la que lo hacía y sabiendo que la manifestaste a los dos años, imagino que desde entonces.

-Yo no lo recuerdo, pero eso supongo.

-Ya hacía mucho que lo sabía, desde que me lo contaste, no es algo nuevo para mí. Por eso con Lily hablamos del tema, para desahogarnos entre nosotras. Ella también lo dedujo y lo sabe, no se lo conté yo.

-Vaya…

-A Jack, Deborah y Anthony sí se lo contaste, ¿verdad?

-Sí, a ellos sí.

-Ella hablaba con ellos también de eso mientras estuvo entrenando con La Guardia, y también con Cecile y Remus antes de entrar en contacto conmigo, ya lo sabemos todos.

-Vaya…

-Claro, Severus. ¿Por qué crees que cuidamos tanto de ti? Porque te hace mucha falta, eres muy frágil y no podemos permitirnos que te rompas, pues eres el mejor de todos nosotros, el alquimista. Sin ti ninguno seríamos lo que somos, nos has cambiado la vida.

-Vaya…

-También he hablado con Jack sobre ello, por iniciativa suya además. Se lo contó también a Valerie y Andrew e imagino que Deborah lo habrá hecho a Paul. Así que puedes hablar de ello con cualquiera, déjate sanar por todos, un poco por cada uno.

-Gracias por contármelo, Lauren.

-Claro, mi amor, no sabes lo avergonzada que estoy de haberme puesto así antes contigo. Nunca dejes de ser bueno, por favor, eres maravilloso.

-Gracias, Lauren, tú también.

Ella lo recostó contra su pecho y continuó acariciándolo, muy tierna.

-Anda, olvídate del tema, nos calmamos y seguimos cenando tranquilos. Por hoy ya nos llegan las emociones fuertes.

-Claro…

-Voy a probar si ha resultado mi ritual, mostrándote con detalle vivencias que recuerde contigo de cuando éramos pequeños, recuerda que yo me fijaba mucho en ti.

-Vale.

-Voy a enseñarte recuerdos con Lily, ¿quieres?

-Buf… no sé. Voy a ponerme nostálgico, la extraño mucho.

-Vale, entonces cosas conmigo, de cuando me sentaba a tu lado en clase y no me hacías caso.

-Eso tampoco me va a sentar bien. Muéstrame algo tuyo, simplemente, una excursión con tus padres y tus hermanos, en algún sitio bonito, así también conozco a tus padres, no sé cómo son.

-De acuerdo, voy a mostrarte cuando fuimos al bosque de Dean de acampada.

-¿Cuántos años tenías?

-Once. Fue el último verano antes de venir a Hogwarts.

-Vaya, justo antes de conocernos. Me va a encantar ver lo guapa que eras de pequeña.

-A mí no me vas a ver, yo no me veía a mí misma, pero sí mi cuerpo desnudito. Nos bañábamos desnuditos con mis hermanos en un estanque que hay.

-Vale, qué chulo.

Lauren le mostró en su mente imágenes de esa acampada, y Sev conoció por fin el aspecto de los padres de Lauren. Pronto estuvieron mejor y continuaron comiendo.

("Mis otros suegros. Los diseñadores de estrategias, qué felices se les ve, y pensar que pasaban horas educando en Artes Mentales a sus hijos y su vida entera relacionándose con Mortífagos. Qué personas más fuertes y capaces, por eso Lauren también es muy fuerte y capaz. Le puede a ratos la zozobra, porque se ha acostumbrado en exceso a guardarse las cosas para sí misma y disimular, pero en cuanto deja fluir sus emociones se recupera al instante, no se enquista. He de seguir ayudándola a que lo haga.

En cuanto me he abierto a hablarle de mis penurias me ha confesado lo que todo el mundo lleva meses ocultándome. Y no sólo eso, ha evitado que siga dándole vueltas al tema distrayéndome con algo bonito, como yo lo he hecho antes con ella. Qué monos son también sus hermanitos, mis cuñaditos, y ella desnudita, qué pena no verle la carita.

Cuánto bien me hace también, a su propia manera, diferente de la de Lily y Deborah.")

Cuando terminaron de comer, Lauren interrumpió las imágenes para preguntarle:

-¿Has tenido suficiente o quieres más? ¿Estás mejor?

-Sí, mucho mejor.

-Como no has dicho nada en todo el tiempo…

-Solamente estaba disfrutando, necesitaba un rato de sosiego. Me ha encantado conocer a tus padres y tus hermanos de pequeños, sois todos muy guapos y se os veía muy felices.

-Lo éramos, siempre lo hemos sido, hasta que mi hermano empezó el colegio, pero ahora tú nos has librado del problema.

-Me parece admirable que con la buena posición que tenéis no os dedicarais a daros vacaciones de lujo y lo hicierais de manera tan sencilla, casi a lo muggle, usando la magia sólo para lo estrictamente necesario.

-Claro, la vida sencilla es mucho más sana para el espíritu, como vivían las tribus primitivas, con pocas posesiones materiales. En nuestra mansión debemos disimular por nuestros familiares, pero cuando escapamos de vacaciones somos como realmente somos, gente sencilla.

-Qué envidia me das, qué crianza más sana has tenido.

-Sí, pero luego las pagué cuando llegué al colegio y me sentí fuera de lugar, porque el resto de sangre-puras no eran como yo, y se suponía que era con ellos con quienes debía relacionarme y no con el resto de la casa. Por algo me enamoré de ti de esa manera desde el principio, yo nunca tuve prejuicios.

-Podrían haberte contado su secreto mucho antes.

-Desde luego, me habría evitado todos los errores que cometí.

-¿Por qué no lo hicieron?

-Porque yo no me atrevía a contarles lo que realmente pensaba. Ya sabes, yo creía que ellos no eran como yo.

-Jo, Lauren... Vaya malentendido, qué mal debiste pasarlo tú también. Lo que te digo, has de aprender a abrirte. Tanto si me hubieras contado a mí lo que sentías como a tus padres, te habrías ahorrado muchas cosas de las que ahora te arrepientes.

-Tampoco creas que me arrepiento. Disfruté, a mi manera, ya te dije el otro día que si no me hubiera gustado hacérmelo con los maléficos no lo habría hecho y ya está. Era yo quien lo elegía, nadie me obligó.

-Cómo me enorgullezco de ti porque pienses así de ti misma. Eres libre y salvaje, como la naturaleza que tanto amas.

-Por supuesto, fiel a mí misma y sólo a mí misma. Siempre.

-Te admiro mucho, Lauren.

-Y yo a ti.

-No entiendo cómo siendo así tus padres no se separaron de sus familias cuando se casaron.

-Porque ellos no fueron fieles a sí mismos, prefirieron mantener su buena posición y vivir holgadamente. En aquel momento no era peligroso, faltaban más de diez años para que apareciera Voldemort.

-¿Y cómo se les ocurrió protegerse aprendiendo Artes Mentales?

-Primero surgió como una afición, y más adelante, por si las moscas.

-¿Y por qué no escaparon cuando ascendió Voldemort?

-¿Dónde, Severus? Yo ya estaba a punto de entrar en el colegio. No me daba tiempo de aprender otro idioma para educarme en otro país con escuela de magia.

-¿Ni en Estados Unidos?

-Buf… en Estados Unidos los brujos están fatal. Allí hubo mucha represión en el siglo diecisiete, tienen completamente prohibido relacionarse con los muggles.

-Vaya, no lo sabía.

-Además, siempre pensaron que tarde o temprano surgiría la oportunidad de actuar contra Voldemort desde su propio bando, por eso decidieron hacerse simpatizantes y acudir a las reuniones.

-Claro…

-Lo convirtieron en su objetivo en la vida, y ahora, gracias a ti, están cumpliéndolo, también les has cambiado la vida a ellos. Antes no te lo he dicho, pero ellos también están muy orgullosos de todo lo que estás haciendo.

-Me muero de ganas de conocerlos.

-Y ellos a ti. Cuando sea seguro.

-¿Les has contado que estás conmigo?

-No, porque les conté que estaba con Jack y prefiero explicarles en persona la Magia de la Luna. Pero ya deben olérselo, no son bobos.

-¿No es peligroso que les hables de todo lo que habláis por correo?

-Tenemos claves, nunca llamamos a las cosas por su nombre.

-Vaya… ¿Y no podríamos crear nosotros una para cartearnos en verano?

-Es complicado, Severus. Son mis padres quienes elaboran las nuestras. Nos llevaría tiempo y no tenemos mucho, prefiero emplearlo en disfrutar. Sólo son dos meses, se nos van a pasar en un vuelo.

-Está bien. Entonces, ¿vas a contarles a tus padres que estás conmigo?

-Por supuesto. En cuanto llegue en vacaciones es lo primero que pienso hacer. Voy a darles la mayor alegría de su vida.

-Bésame, preciosa.

-Buf… no, Severus, que nos liamos.

-¿Y no te apetece?

-Por supuesto que me apetece, pero estoy muy cansada.

-Claro, para ti son las dos de la madrugada. Deberías haber dormido un poco.

-Ya, un grave error.

-¿Quieres dormir un poco ahora? Todavía queda una hora para la puesta de sol. Te despierto cuando toque.

-Pena de la Reparadora.

-Pues sí, la próxima vez que vengamos voy a traer un frasco de cada una para que queden en el refugio, por si nos hace falta alguna vez.

-¿No te importa quedarte solo un rato?

-En absoluto.

-Puedes echarle un ojo a los libros sobre el Camino – ella los sacó de la mochila y se los dio - Toma.

-Wow, Lauren… estupendo, lo voy a pasar de muerte.

-Claro, yo ya los he leído y ahora lo recordaré todo. Así de vuelta podemos hablar del tema.

-Estupendo. Túmbate en el suelo y apoya la cabeza en mi pierna.

Lauren lo hizo, de costado, con la cara vuelta hacia él.

-¿Tienes frío? ¿Conjuro el calefactor?

-No es necesario, me da el sol en la espalda, estoy a gusto.

-¿Si te acaricio te molestaré para dormir?

-En absoluto.

Sev acarició a Lauren hasta que se durmió. A los cinco minutos comenzó a soñar que caminaba con los guerreros, cargados con mochilas, por el camino de los celtas. "Qué sueños más chulos tiene, en el fondo es una persona muy sana, es sólo que le sienta muy mal la soledad que se autoimpone en ocasiones. Qué bien que en vacaciones tiene a sus padres, seguro que va a estar muy bien en verano."

El sueño se interrumpió a los cinco minutos. "Ya duerme profundamente, voy a leer un rato. Comenzaré por el del 'Camino de las Estrellas' pues fue lo primero que existió."

Pasó cuarenta minutos leyendo y a las diez menos diez volvió a vincularse con Lauren. "Sigue durmiendo profundamente, sin soñar. Me da mucha pena despertarla, pero no podemos pasar la noche aquí. Quedaríamos molidos, el suelo es muy duro, apuro cinco minutos más."

A las diez menos cinco probó a despertarla hablándole en su mente, vinculado.

-Lauren, preciosa, el sol va a ponerse, no te pierdas el espectáculo.

Ella se agitó un poco, pero no se despertó. "Me ha oído. Luego se lo cuento." La sacudió suavemente por el hombro y le habló:

-Lauren, despierta, vas a perderte la puesta de sol.

"No se despierta, está en el sueño más profundo."

La sacudió un poco más bruscamente y le habló más alto.

-Lauren, tu puesta de sol, que te la pierdes.

Ella volvió la cara hacia él abriendo los ojos, todavía entre sueños.

-¿Dónde estamos, Severus? ¿Qué hago aquí?

Él rio.

-Pobre… estabas en el sueño más profundo. Te habría dejado dormir, pero si durmiéramos aquí acabaríamos molidos.

-Buf… estoy muy embotada.

-No te incorpores todavía. Aún le quedan unos minutos, espabila poco a poco.

-No, quiero mirar, cuando se aproxima al agua la estela es maravillosa - se giró del otro lado sin levantarse - Jo… así lo veo de lado, con lo a gusto que estoy.

Sev rio y le habló vinculado:

-Ven, siéntate entre mis piernas y te apoyas en mí.

-Te voy a aplastar.

-No digas tonterías, Lauren. Anda, hazlo.

Cambiaron de postura. Ella recostó la cabeza en el hombro de Sev, que la abrazaba por detrás y miraba por encima de su hombro. Disfrutaron de una hermosa puesta de sol, con el cielo totalmente despejado, en silencio. Cuando se ocultó totalmente en el mar, Lauren dijo:

-Qué pena que no haya ni una nube, lo realmente espectacular son los colores que toman al ocultarse el sol y cómo van cambiando.

-Desde luego. Quizá a la próxima tengamos más suerte. Escogeré un día después de los exámenes en que haya habido una puesta de sol así para nuestra última noche juntos antes del verano. Hoy es mejor que haya sido así, hemos de ponernos en marcha. Tenemos por lo menos una hora hasta el refugio, y si nos cae la noche podemos perdernos.

-Claro, vamos.

Recogieron rápidamente y se pusieron en marcha. Bajaron la cuesta corriendo, hasta la linde del bosque y el arroyo, y luego a buen paso atravesando la foresta. No se perdieron, en todas las bifurcaciones había postes indicadores hacia el refugio, indicado también en rúnico, por lo que ya no necesitaron el mapa ni el diccionario.

De camino comentaron lo que Severus llevaba leído sobre el 'Camino de las Estrellas' y también le mostró en su mente el breve sueño que ella había tenido. Llegaron al refugio en menos de una hora, todavía había luz en el cielo. Él propuso:

-¿Qué te parece si hoy dormimos en una cama? Tú estás muy cansada y yo bastante, nos conviene descansar bien.

-Claro, en el dormitorio en el que estuvimos el último día. Da al este, así nos despierta el sol por la mañana.

-Estupendo. Vamos entonces.

Subieron, se desvistieron y se metieron en la cama. Sev la abrazó y la besó. ("Ya estoy caliente, voy a ponerla.") Tomó la pierna de ella y la colocó sobre su cadera atrayéndola hacia sí, clavándose en ella.

-Lauren, no me dejes insatisfecho esta noche… - fingidamente apenado.

-Estoy reventada, Severus. Mañana, si nos despertamos temprano.

-Bueno…

("Ella no va a despertarse temprano, nuestro día ha sido de veintinueve horas. Nada, cuando se duerma me lo haré solo, qué remedio, así yo también dormiré como un tronco.

Y ahora que lo pienso, aunque no se despierte temprano, siempre podemos cambiarnos de dormitorio y echar atrás otra hora. Ah… entonces me reservo para mañana.") Se colocó en su postura habitual y ella lo abrazó por la espalda. ("Qué bien, incluso para dormir nos complementamos, los dos en nuestra postura.") Se durmieron a los cinco minutos, todavía vinculados. Soñaron lo mismo pero no lo recordaron.