Disclaimer: Bnha no me pertenece.

Mil gracias a todos los que dejaron review. Leerlos me anima mucho. Espero que disfruten este capítulo, que a decir verdad la historia va con un capítulo más, pero entre cosa y cosa, olvidaba actualizar. Lo siento mucho por eso.


El número uno

.

—Citas y más citas—


Izuku suspiró, adentrándose en la tienda que habían conseguido esconder lo bastante bien. Si bien era cierto que todos sabían de héroes y villanos, era indispensable que nadie más que los que se dedicaban a ello fueran quienes supieran sobre la distribución de los distintos centros para aparatos que lograban complementar y aprovechar los quirks de forma efectiva. Izuku no estaba muy seguro de otras tiendas, y suponía que la gran mayoría de sus ex compañeros tampoco, pero todos tenían completo conocimiento de la tienda de Hatsume. Ella se había encargado encarecidamente de ello.

—¡Izuku! —alzó la mano en señal de saludo cuando se fijó en él.

El joven le sonrió y la vio acercarse mucho, notablemente emocionada.

—¿Me necesitas, verdad?

—Llevas razón.

—Por supuesto, qué otra razón habría para que estuvieras aquí. Después de todo, fui de las mejores del departamento de apoyo en la academia, y lo seguiré siendo ahora —sonrió con un poco de arrogancia. A Izuku le hizo bien verla de nuevo, siempre que lo hacía y realmente estaba inestable, inseguro y un poco cansado, sentía que ella le traspasaba toda esa determinación y devoción para hacerlo bien y lograr ser el número uno.

Así como con los demás, Tenya, Ochako y Shouto, entre otros, había mantenido el contacto permanentemente con Mei. Sobre todo porque no era una chica fácil de ignorar, y ella no iba a permitir que nadie se atreviera a olvidarla. Era parte de hacer crecer el negocio.

—Eso mismo —le dedicó una sonrisa encantada.

—¿Entonces? Dime para qué soy buena.

—Es sobre el traje, lo destrocé de nuevo —suspiró apenado, levantando la maleta oscura que llevaba en una de las manos.

La chica rió.

—Eso es porque eres demasiado apasionado, Izuku —le guiñó el ojo al tiempo que cogía el maletín, tomándolo sorpresa y logrando que un sonrojo de vergüenza se instalara en sus mejillas.

—¿T-tú crees? —rió nervioso, no quería cambiar el tema tan repentinamente tampoco, probablemente sería un poco más incómodo.

A esas alturas ya debía estar acostumbrado a sus comentarios lanzados, pero aún así le seguían avergonzando un poco cada vez que soltaba uno.

—Bueno, ya sabes que esto toma un poco. No creo que quieras esperar —le dijo mientras abría el maletín sobre la superficie de vidrio —donde habían algunos aparatos interesantes pero que estaba seguro de que no serían útiles para One for All.

—Francamente no tengo nada que hacer, así que...

—¿Ni siquiera una cita?

Izuku sonrió forzosamente.

—No creo que haya alguien con quien pueda hacer eso —dijo con sinceridad, intentando que no sonara tan penoso y triste como él pensaba que era.

Mei lo miró por un momento, sin decir nada. Luego alargó la mano hasta unos pequeños lentes, que abrió y se puso con una sola mano.

—¿Y qué hay de tus ojeras? —preguntó sin dejar de inspeccionar meticulosamente el traje, aunque de todas formas no iba a ser un trabajo difícil, la ausencia de por lo menos dos extremidades y el gran orificio en el abdomen saltaban a la vista.

—Estoy un poco cansado.

—Un poco no parece creíble. Déjame preguntarte algo —pidió poniéndolo todo a un lado y cruzando los brazos sobre la superficie—. ¿Duermes siquiera, Izuku?

La sonrisa perspicaz de Hatsume le dijo que, efectivamente, no valía la pena negarlo. Siendo franco, con suerte podía dormir dos o tres horas todas las noches. Era agotador. Su mente se llenaba de cosas que muchas veces eran innecesarias, y aunque estaba dispuesto a todo para ser el número uno y que sabía que ese camino podía ser muy solitario, no podía evitar anhelar un poco de romanticismo en su vida. Sobre todo al ver a los chicos. Ochako, Kacchan, Shouto, Momo... Y no sólo ellos. Hasta donde sabía Kaminari y Jirou hasta tenían una hija, pero seguían cumpliendo sus deberes como héroes cuando podían.

Izuku sentía mucha envidia cuando pensaba en ellos. ¿Por qué debía ser tan complicado?
No podía evitar sentirse culpable cuando pensaba en esas cosas, cuando recordaba a All Might, cuando recordaba que cada día se sentía más agotado, con menos fuerzas en las piernas para levantarse y seguir luchando por estar en la cima, por ayudar y salvar a cientos de personas, tal como lo había hecho el símbolo de la paz.

Quería eso, lo deseaba con toda su alma. Pero también deseaba llenar ese pequeño vacío que lo hacía sentir tan deprimido. No habían citas, ni nadie que lo esperara en un día libre. Y prefería no visitar a su madre. Si bien era cierto que ella estaba encantada cuando la visitaba, y parecía más feliz que nunca, sabía que si se plantaba en ese estado frente a ella no lograría más que preocuparla. Las ojeras ya eran signo de que no estaba descansando bien, y quizás cuánta cosa que se manifestara en su cara lo delatara. Los ojos de una madre eran como rayos x, o quizás era parte de sus instintos.

—¿Qué dices de acompañarme a almorzar? —propuso de pronto— Sé ahora bien que me esperarás, y lo lamento por ti, pero necesito comer adecuadamente para tener energías.

La sonrisa de Mei le dijo que de todas formas no tenía opción. Después de todo, ella no era alguien que se rindiera fácilmente.

—Claro, me va bien. Yo tampoco he comido.

Mei sonrió, quitándose los guantes y sacudiendo un poco su ropa. Luego de cerrar el maletín lo guardó en un lugar seguro —no importaba qué tan escondido estuviera eso, prefería asegurarse— y fue hacia él. Izuku la miró sorprendido cuando lo cogió del brazo y lo llevó con ella a la salida.

—Hoy soy tu cita —rió con diversión.

La expresión del chico por supuesto no fue indiferente...

[ I ]

—¡Ochako, mira, mira!

Katsuki vio como Mina tomaba a su novia de la muñeca y la arrastraba a una tienda, un poco lejos de ellos.

—¡Oye! —bufó fastidiado, intentando restarle importancia. Eso... Era lo que hacían las chicas cuando iban de compras, ¿no?— Apresúrate.

Tomó a Kirishima de la muñeca, tal como había hecho Mina con Ochako, y comenzó a caminar en dirección hacia ellas.

Ciertamente, nunca había acompañado a Ochako como tal. Siempre que iban de compras él la dejaba ir sola y tranquila y se iba a mirar las tiendas de deporte o de videojuegos. Probaba algunos y de vez en vez compraba los que le agradaban. Era cierto que no solía usar la consola, pero cuando se cansaba un poco de ejercitar y de hacer todas las cosas en el departamento, a veces jugaba un rato. Si era completamente sincero consigo mismo, cuando no sabía nada de Ochako —soy Katsuki, el novio más independiente del mundo. Yaselepasará. Y una mierda— y estaba aburrido en sus días libres había usado más que nunca la consola, incluso por horas y horas. Y eso que sólo fueron dos semanas.

—Uhm, ¿Katsuki? —le habló, caminando a su lado a causa de la mano de su amigo— ¿Desde cuándo te emocionas tanto por entrar a una tienda de vestidos?

—No me emociono, estoy vigilando a tu novia ya que tú no eres capaz —gruñó.

Kirishima soltó una carcajada y recibió una mirada confundida, pero no por ello menos furiosa. Negó con la cabeza, restando importancia al asunto y zafándose de su agarre para por lo menos ir por cuenta propia.

—No creo que se trate de eso... ¿No vigilas a Ochako, o sí? —preguntó un poco temeroso por la posibilidad de que su respuesta fuera positiva.

Pero Katsuki frunció el ceño, haciendo una clara mueca de desagrado.

—Claro que no, que gilipollez. Pero tu oveja alienígena no es nada confiable —hizo referencia a Mina, sacando una sonrisa a su amigo por su forma de llamarla.

—Nunca has sido bueno en ello... —murmuró con diversión.

Él se disponía a soltarle un insulto, pero escucharon un grito de Ashido y los dos pusieron atención de inmediato. En segundos las habían encontrado y estaban con la chica frente a un probador abierto de par en par. Ella soltó otro grito de emoción, esta vez conteniéndose un poco, sin dejar de ver a Ochako que llevaba un vestido rosa bastante pegado.

—¡Te ves preciosa!

Katsuki suspiró.

—Ya tiene vestido y tú no necesitas más, venga, nos vamos.

Aunque Mina no estaba nada de acuerdo, es más, le hubiera hecho tragar ácido de no ser porque Uraraka era su amiga y no se asesinaba al novio de una amiga. Claro a menos que fuera por alguna razón en especial, porque había hecho algo muymuy malo.

Apretó la mandíbula. Restarle importancia a los vestidos era algo muymuy malo según ella.

—¡Tú no me vas a decir cuándo deje de necesitar más!

—No puedo creer que seas tan estúpida.

—No puedo creer que seas tan bestia —gruñó, acercándose de manera amenazadora. Katsuki lo único que movió fueron los músculos de la cara al fruncir aún más las cejas.

Antes de que de verdad Ashido se le lanzara encima —porque era perfectamente capaz y su novio lo sabía mejor que nadie— Kirishima la abrazó, alejándola de su amigo. Tardó unos segundos, pero finalmente ella encontró mejor ignorar al imbécil del cerebro explotado —una de las tantas formas que tuvo de llamarlo mentalmente, mientras sentía su sangre hervir— y seguir con lo suyo de buscar vestidos.

El rosado que Ochako se había puesto lo había pillado por ahí simplemente, en la entrada, le pareció lindo y la envió a ponérselo. Pero ella era capaz de rebuscar en donde fuera con tal de encontrar un vestido perfecto, no simplemente lindo.

Una hora y media más tarde buscando y buscando vestidos —Ashido, Ochako, y Kirishima había apoyado con un par—, Katsuki escuchó otro grito por parte de la mujer de los cuernos. Soltó un gruñido, sentado en un banquito a un lado de un espejo, justo después del último probador, el que Uraraka había estado usando.

Esta vez fue la misma Ashido quien lo llamó. Ante su negativa, más que nada porque la invitación venía de ella, Eijirou le sonrió.

—Si yo fuera tú lo haría.

Chasqueó la lengua y acabó por ponerse de pie. Miró a su novia de arriba a abajo una vez estuvo al lado de esos dos. Cuando le dirigió la mirada a Ashido supo que intencionadamente había elegido llamarlo por ese precisamente.

—Que creativa —entrecerró los ojos en su dirección—, rojo.

—Si, bueno, ya sabes, fiera —soltó con gracia—. A veces es bueno llevar algo del mismo color con tu pareja. Aunque en realidad es un poco más oscuro que tus ojos.

Katsuki rodó los ojos. No le veía importancia al detalle, Ochako se veía igual de bonita con cualquiera. Aunque debía aceptar que se veía de alguna manera... diferente. De una manera excesivamente positiva.

—Eso no es todo, ¿verdad?—mencionó Kirishima.

—Ochako, voltea.

—¿Qué, por qué? —la miró extrañada por su petición, pero Mina insistió.

Katsuki enarcó una ceja en dirección a Eijirou, pero él sólo le sonrió. Uraraka obedeció y se giró, dejando que vieran la gran abertura en su espalda que resaltaba sobre todo por una fina cadena que iba desde la unión en el cuello hasta su espalda baja. Justo en la mitad llevaba un par de pequeños adornos y luego se hacía mucho más delgada, imitando a un péndulo. Bakugou mantuvo la mirada fija, percibiendo con exagerada lentitud cómo se movía de lado a lado justo frente a su piel.

—Sabía que te gustaría —rió Ashido, provocando que gruñera por lo bajo—. Precisamente es el vestido perfecto que tenía en mente. Es sencillo y tiene algo que ayuda a resaltar.

Kirishima se cruzó de brazos, pensando en sus palabras.

—¿Y el tuyo?

La chica le dedicó una sonrisa coqueta mientras lo miraba fijamente. Inmediatamente entendió que su respuesta le iba a agradar bastante.

—El negro que me mostraste, claro —Le guiñó un ojo.

El pelirrojo asintió ante sus palabras con una expresión de satisfacción.

Por su lado, Ochako y Katsuki se miraban uno al otro. Ella le dedicaba una linda sonrisa, mientras que él no le quitaba la mirada de encima incluso ahora que volvía a estar de frente. La situación no mejoraba porque sencillamente le quedaba bien, aunque siendo sincero prefería a Ochako en ropas deportivas y el cabello tomado con desorden.

—Me veo bien, ¿no es cierto? —su sonrisa se volvió un poco perversa.

Claro que sí, lo conocía muy bien. A decir verdad Katsuki era bastante expresivo, ahora que era un poquito más tranquilo, más consciente y su novio, se notaba mucho más lo que pensaba en toda su cara.

—Supongo que sí, cara de ángel.

El ligero sonrojo en sus mejillas la hizo sonreír aún más, encantada.

[ II ]

—Tu madre debe ser encantadora, supongo que tienes de dónde salir —le sonrió.

Izuku asintió, carraspeando ligeramente, apenado porque Mei había cogido la mala costumbre de halagar un poco a la gente —solía decir que un cliente con el ego subidito equivalía a un cliente que regresaba— y siempre que lo veía le soltaba algo como eso. No le molestaba, pero era extraño estar con la mente llena de sus tonterías por semanas, y luego ir y recibir una dosis de halagos uno tras otro cuando visitaba su tienda para una u otra cosa.

—Sí, lo es... —suspiró, llevándose una papa a la boca.

—¿Y qué ocurrió con ella?

La pregunta y su tono un poco más serio repentinos lo sorprendieron. Cuando la miró directamente ella bebía de su gaseosa sin dejar de observarlo. De pronto pareció caer en cuenta de algo y habló inmediatamente después de alejarse el sorbete de los labios.

—Si quieres hablar de ello, claramente. No es que tengas que decirme nada, sabes, simplemente-.

Izuku sonrió dulcemente, soltando una breve risita.

—Claro —de pronto suspiró, viéndose desanimado de nuevo—. Mi madre es una mujer muy cariñosa y siempre se está preocupando por mí, incluso cuando no es realmente necesario. Es encantadora, como dices —volvió a carraspear, esta vez para aclarar un poco su voz que había perdido un poco de fuerza—. Y aunque se esfuerza por ocultarlo porque sabe que es complicado, sé que desearía que tuviera una novia a quien llevar y presentarle, a quien pueda confiarme, a quien le de... nietos, algún día...

Un sonrojo se instaló en sus mejillas cuando cayó en cuenta de lo vergonzoso que era todo lo que le estaba diciendo a Mei. Rió nerviosamente, bajando la mirada hasta la fuente plana rojiza y disponiéndose a restarle importancia a todo lo que le había soltado para cambiar de tema.

—No deberías preocuparte. Tenemos veintiséis, no somos viejos, ni moriremos de un día para otro —se encogió de hombros con una suave sonrisa.

—Somos héroes —para él parecía ser razón suficiente para morir.

—Por ello confío en que no morirás de un día para otro —dijo confiada, acomodándose en su silla y alargando la mano hasta su hamburguesa para quitarle el papel y empezar a comer.

Él se quedó mirándola un segundo, ya sin rastros de vergüenza en su rostro. Había comprendido a la perfección lo que quería decir.

—No te darás ni cuenta cuando consigas novia —aseguró—. Si es eso lo que quieres.

—Gracias, Mei —le sonrió, provocando que se detuviera cuando estaba a menos de cinco centímetros de darle un mordisco a su hamburguesa—. Por cierto, ¿siempre comes... esto?

Ella juntó un poco las cejas.

—Eso me parece, sí...

Esta vez Izuku frunció el ceño.

—Para la otra yo elegiré, esto es delicioso, pero no es nada saludable comerlo todos los días —dijo.

Hatsume pareció pensárselo un momento. No parecía agradarle la idea de cambiar eso, llevaba mucho tiempo haciéndolo y se había acostumbrado. Por supuesto, tenía claro que no le haría nada bien después de un tiempo.

Además le parecía la excusa perfecta, siendo franca le gustaba la presencia de Izuku, al fin y al cabo.

—Confío en que seas mi héroe y me salves del quirk destructivo de las malvadas hamburguesas, pero hoy dame oportunidad de despedirme —mencionó, cortando la distancia y dándole por fin un mordisco.

Él soltó una carcajada ante la ocurrencia de Mei, dedicándose a verla comer un segundo. Pronto decidió seguir comiendo también, más que nada para evitar incomodarla.

[ III ]

Kirishima ahogó una exclamación, mirando la puerta dentro de la tienda de antigüedades que solía pasar desapercibida a causa de su camuflaje en la pared y de la armadura que la tapaba con intención de dar a entender que no había nada.

—Bueno, es su hora de almuerzo —comentó Mina revisándose el reloj en la muñeca—. Aunque está por acabar.

—¿Sabes sus horarios? —preguntó el pelirrojo con curiosidad.

—Quizás porque todo el mundo debe comer a determinadas horas.

—Sabes a lo que me refiero —respondió a Katsuki, que no parecía nada interesado. Antes lo había estado, pero ya no. Había recapacitado. ¿Qué iba a poder necesitar?

Ochako soltó un grito de emoción, llamando la atención de los demás. Katsuki sobre todo se acercó, dando con un medallón puesto en un maniquí que llevaba también un vestido de época. Era plateado y tenía un trozo de coral rojo.

—Es precioso.

—Es sólo un collar.

La expresión de Ashido cayó.

—Y tú sólo un perro imbécil.

—¡Repite eso! —gruñó.

Unas risas provenientes de fuera que pronto se hicieron más claras, consiguieron la atención de al menos tres personas en el grupo. El par se detuvo al reparar en que había alguien más en la tienda.

—Hola chicos —sonrió Izuku.

Katsuki les dirigió la mirada también cuando escuchó su voz. Alzó una ceja, pero acabó por ignorarlos y se dedicó a echarle otra mirada al medallón.

—Ustedes...

Mina asestó un codazo en el costado de su novio, sabiendo a la perfección qué era lo que estaba pensando. Siendo sincera estaba segura de que a los tres se les había pasado por la cabeza, pero estaba segura de que Ochako no planeaba hacerlo notar y ella tampoco. Por mucha curiosidad que tuviera, era Izuku. Tampoco planeaba ponerlo nervioso.

—Es muy bueno verlos... a ustedes —sonrió Kirishima luego de tragarse sus quejas.

—Lo mismo digo —Mei le devolvió la sonrisa, aunque la suya dejaba en claro sus segundas intenciones sobre hacerles tragar sus aparatos en el primer segundo que pisaran su tienda. No podía decirse de otra forma—. ¿Quizás deberíamos pasar a los negocios, chicos? Hay más cosas interesantes que la última vez.

A su lado Izuku sonrió al tiempo que sacudía levemente la cabeza. Mei definitivamente había nacido para eso.

[ IV ]

Katsuki le echó una mirada a Ochako en completo silencio. En medio de la noche caminaban hacia el apartamento de ella. Incluso si era una de las mejores heroínas, no iba a permitir que regresara sola. Además según su amigo simplemente pasar tiempo junto al otro volvía a establecer esa complicidad y naturalidad entre ellos.

La vio mirar al cielo estrellado con una suave sonrisa y no se molestó en dejar de mirarla directamente.

—¿Ocurre algo? —preguntó mirándolo de reojo, sintiéndose perturbada. Perturbada en el sentido que era demasiado bueno para lo que pretendía Katsuki.

—Concéntrate en las putas estrellas.

—¿Qué?—alzó las cejas, extrañada— ¿Por qué?

Katsuki apretó levemente los labios, sintiendo sus mejillas calientes. Recordó todo lo que le había dicho Ochako esas veces que la había visitado con la intención de que cediera. No se caracterizaba precisamente por soltar las cosas que creía unas cursiladas, pero si la quería completamente de vuelta con él, durmiendo a su lado, simplemente estando ahí con su preciosa sonrisa idiota, entonces lo haría.

—Prefiero verlas a través de ti...

Ochako se detuvo. En consecuencia Katsuki también lo hizo, pero tuvo que sentir todo el peso del ambiente sobre su espalda. Normalmente se esperaría que una chica se derritiera y saltara sobre el encantador chico, ¡pero el ni era encantador ni Uraraka se movía, joder!

Sintió su ceja temblar y apretó la mandíbula, creyéndose a cada segundo que pasaba el ser más estúpido del maldito Universo. Ochako no apartaba la mirada, ni siquiera podía decir que estuviera parpadeando. Su ceño se frunció, de pronto comenzaba a sentirse muy fastidiado. No era posible que soltara tamaña tontería y ella se quedara como estatua, sin decir nada.

¿O quizás la había descompuesto?

—Katsuki...

Cuando la vio sonreír con las mejillas y nariz sonrojadas sintió que el aire le volvía y su frustración baja un poco. De todas formas seguía malditamente tenso.

Tenía la sensación de que ella deseaba decir algo, por lo que se quedó en silencio, pero después de unos segundos parecía que había decidido guardárselo. Sucedía que Ochako había escogido demostrárselo con algo más que palabras.

Así que, sin previo aviso, Katsuki sintió la mano de Uraraka rozando la suya con suavidad. Bajó la mirada hasta sus manos y sin detenerse a pensarlo entrelazó los dedos con los de ella con firmeza, apreciando aquel detalle que traducía como un avance.

Si hubiera sabido que decirle que a sus ojos era mucho mejor que el cielo lleno de estrellas, hubiera comenzado por ahí.

Pero en realidad Katsuki en ningún momento había podido dimensionar lo mucho que la necesitaba, ni siquiera se había acercado.

Y volvía a sentirse bien aún cuando solo se trataba de su suave mano contra la suya.