Bueno, tarde mucho en este capitulo.
No pensaba que fuese tan largo, pero comencéa escribir y no pude parar. Lo he revisado como 100 veces, corregido varias cosas y espero que no se me fuera algo.
Ya comienzan a salir más datos sobre que paso con Thanos y sobre quien son los personajes originales. Pero de todo un poco.
Acción y ser infantil va para todos lados.
¡Disfruten! Al final vienen las traducciones.
Capítulo 3
Steve miró como lentamente la luz comenzaba a entrar por la abertura de la pared, pensativo. Habían pasado dieciséis días desde que estaba encerrado; ocho, estuvo entrando y saliendo de la consciencia; seis se la paso tratando de saber de su compañera de encierro algo sobre Sam o sus captores, o saber quién es, pero solo pudo conseguir su nombre y alguna poca información de su estado. Y los últimos dos se había pasado vigilante, en completo silencio, alerta y mirando entre Lennox y la puerta.
Suspiró, sintiéndose cansado por todo. Por el suero, rara vez se sentía agitado o cansado; un par de minutos de descanso, un par de horas de sueño, es todo lo que necesitaba al día. Pero estaba cansado emocionalmente.
Fueron demasiadas cosas en última semana para procesar; en el último año.
El suero mejoró su inteligencia, su resistencia, velocidad, fuerza y durabilidad. Nada de esas cosas las sentía normales desde hace una semana. Desde las balas, las sentía menor. Su inteligencia estaba bien, pero en estos momentos no le servía de mucho si tenía pensamientos contradictorios y no sabía cómo hablarle a una joven que parecía estar lejos de su mundo. Podía hablar con agentes, podía hacer planes en segundos y enfrentarse a ejércitos, pero se veía incapaz de comprender su situación y a Lennox Grace.
En todo este tiempo, fue ignorado. Si veía guerrilleros, venían por Lennox, sin siquiera mirar otro punto del lugar. No sabía quién lo tenía o porque lo tenía. Supuso que eran los guerrilleros azanios por el tipo de armas y por las pocas palabras que escuchó decirles.
La confusión lo recorrió. ¿Por qué lo tenían encerrado si no querían hacerle algo, interrogarlo o torturarlo? Algo. Parecía que se olvidaban de que él estaba ahí hasta la hora de entregar los alimentos.
Solo les interesaba Lennox, pero, ¿por qué? Ella nunca le dijo porque se la llevaban y, aparte de lanzarla a la habitación con brusquedad, no había visto en ella señales de violencia hasta hace dos días; no tenía señales de desnutrición grave, hasta que él llegó y poco a poco comenzó a darse cuenta que su cuerpo cambiaba.
Al principio, creyó que ella podría ser una espía de los guerrilleros. Estuvo alerta esperando siempre algo, algún movimiento de ella o algo extraño, pero la joven se mostraba apartada.
Natasha en más de una ocasión le recalcó que su bondad y nobleza podría ser usada contra él en cualquier momento. En sus tiempos de ocio, ella le decía que si hubiese sido una espía en la segunda guerra mundial podría conseguir todo de él, hasta hacerlo atacar algún lugar, tan solo apelando a la lastima y a sus ganas de ayudar y a defender al débil.
Él solo se había sonreído, sabiendo que tenía razón.
Lo más lógico que haría un espía seria aprovecharse del agradecimiento por atenderlo, comenzar a mostrarse vulnerable y poco a poco tratar de ganarse su confianza hasta conseguir su objetivo.
Lennox, al contrario, no se aprovechó. Comenzó a ignorarlo, rara vez lo miraba y si le hablaba, su voz denotaba mal humor y le dirigía comentarios mordaces para hacerlo callar. No se levantaba de su tendido a menos que fuese necesario y su mirada se concentraba la mitad del tiempo en un punto lejano. Ni para mofarse de él o callarlo le dirigía la mirada.
Todo podría ser parte de un plan, pero, ¿por qué así? Con alguien como él, era más fácil apelar a la lastima, a la preocupación y sus ganas de ayudar. Y si bien se le hacía raro que no fue hasta hace dos días que vino lastimada, tampoco podía negar que su comportamiento de víctima de violación era demasiado genuino para ser una actuación. Aún parecía seguir conmocionada.
Su cabeza le decía que no baja la guardia, sus instintos que ella no era más que una víctima de las circunstancias. Ocupaba más información.
Casi podía escuchar la voz de Natasha diciéndole que no fuese tonto, que las espías pueden venir de todos los tamaños y formas. El buen confiado Rogers; si Lennox realmente fuera una espía, sabía hacer su trabajo.
Si no fuese una espía, ¿qué más podría ser?, se preguntó observándola. Desde hace dos días estaba acostada en las sabanas en posición fetal, abrazándose fuerte las piernas y dándole la espalda. Las pocas veces que se levantaba era para lavarse el cuerpo; dos o tres veces al día la veía levantarse, comenzar a desabotonar la camisa sin importarle que pudiera verla y, después desviar la vista o darle la espalda, escuchaba como restregaba su piel con fuerza. Terminaba, se acostaba.
Sino era un espía, su única función era ser violada hasta no quedar nada de ella, se dijo; pero esa explicación tampoco le convencía.
Ninguna explicación le convencía. Estaba en medio de un terreno muerto, donde su único plan era salir del agujero lo más pronto posible, llevarse a la joven y atrapar a alguien que le pudiera decir donde estaba Sam.
Sin darse cuenta, la luz del sol estaba en toda la habitación. ¿Cuánto tiempo había estado pensando?
Un ruido de pasos y gritos acercándose le llamaron la atención. Se escuchaban cerca de la puerta. Se levantó; Lennox aún estaba dormida, ajena al escándalo. Comenzó a acercarse a Lennox y un segundo después la puerta se abrió y varios hombres de tez oscura entraron, apenas alcanzo a ver a Lennox despertándose, sobresaltada, cuando los hombres se aproximaron a atacarlo.
El primero que llegó lo saco volando con una patada y derribó a tres más en su paso. Tomó el catre con las manos y lo uso para empujar y golpear a más hombres que se acercaban, mandándolos afuera de la habitación. Más entraron y uso el catre como su fuese su escudo. Traían armas en sus pernas, pero solo lo atacaban con cuchillos de cazador.
Escuchó a Lennox gritar y por el rabillo del ojo noto que estaba tratando de alejar a un hombre pateándolo en el estómago con una mala técnica y usaba sus codos para golpear a un hombre que la abrazo por detrás en el estómago, para después atacarlo con la jarra de agua.
En su distracción, un cuchillo atravesó el catre. Se hizo para atrás, dobló el catre atrapando a dos guerrilleros, a quienes golpeo chocando sus cabezas; para después patearlos, haciéndolos volar un par de metros hacia atrás, directo a más hombres que entraban a la habitación.
Otros entraron saltando sobre sus compañeros y el primero en llegar trató de lastimarlo con su cuchillo. Desvió sus ataques, lo sostuvo de las manos mientras pateaba a otro que se acercaba en el estómago y tomó el arma del que sostenía de su pernera y disparo a otros dos que se acercaba y al que tenía en el estómago.
Los hombres seguían llegando, no sabía hasta ahora cuantos había incapacitado. Peleaba con los que llegaban o los que se recuperaban y le daban pelea, sin problema deshaciéndose de ellos. Durante la pelea, mantuvo siempre un ojo en Lennox para ver si los hombres que se acercaban a ella no la había agarrado.
Se defendía. Había perdido la jarra, pero ahora traía el cuenco y tiraba golpes con él, pero por el sudor en su rostro y sus jadeos, ella no podría mantener mucho el ritmo.
Uno de los guerrilleros se lanzó a él y lo tomó en el aire, lanzándolo contra otros que apenas estaban entrando. Se puso a pelear cuerpo a cuerpo con otro, dándose puñetazos y patadas. Hasta ahora parecía ser el único que daba golpes más calculados, pero lo incapacito con un cabezazo y le robo su arma justo en el momento que Lennox gritó. Les disparó a unos cuantos hombres que se estaban acercando peligrosamente a él y, sin solar al guerrillero, se volteó para dispararle al hombre que sometía a Lennox contra la pared, su rostro rojo por la falta de aire y la presión de las manos del guerrillero en su cuello.
Ella cayó rápido al suelo, jadeando por aire.
— ¡Siéntate contra la pared y abraza tus piernas! —le gritó mientras incapacitaba al guerrillero en sus manos con un golpe con su cabeza, lo soltaba, y disparaba a otros que comenzaban a entrar.
El arma hizo algunos clics sordos al quedarse sin balas y golpeo a un guerrillero en la frente con ella, lo tomó de las solapas de la camisa y lo lanzó contra unos hombres que lo rodearon y se acercaban a la esquina donde estaba la joven.
Rápido, saltó hacia la vieja mesa de madera y la lanzó frente a Lennox, con las patas pegándose a la pared y la parte plana cubriéndole el cuerpo.
— ¡Mantén baja la cabeza! —le ordenó y ella hizo caso. Su respiración era errática y, antes de saltar hacia unos nuevos guerrilleros, vio cómo se apretaba fuertemente hacia abajo con miedo y su cuerpo temblaba.
Bien, no era espía. Nadie podía fingir el miedo o la evidente falta de condición y entrenamiento sin algo artificial en medio.
Incapacitó con varios golpes a unos 3 guerrilleros más antes de darse cuenta que no entraba ninguno más y los heridos aún conscientes luchaban por levantarse y respirar. ¿Cuántos ya había incapacitado? Por la poca cantidad de hombres caídos en el piso, varios debieron de huir. Al ver que nadie entraba ni lo atacaba, fue hacia Lennox aprovechando la oportunidad de escapar.
Se detuvo frente a la mesa al escuchar más pasos aproximarse por el pasillo; otros 5 hombres entraron. Dios, ¿acaso se mandaban algún mensaje para seguir viniendo?
Se precipitaron a él para atacarlo con cuchillos y sus manos. Uno de ellos logró tirarlo al piso, aventándose sobre él, pero rápido se volteó, zafándose de su agarre, le rompió la nariz pegándole con el codo y se levantó, dirigiéndose a pelear con los otros 4 cuando algo fue lanzando pecho y rápidamente —sin saber de dónde— unas bandas rodearon su pecho y brazos, dándole choques eléctricos.
Aún con eso tratando de incapacitarlo, se enfrentó a los otros 4 pateándolos y lanzándolos contra la pared. Por el rabillo del ojo noto que los hombres que pateó salían corriendo, pero no puso mucho cuidado a la acción, ya que el hombre que le rompió la nariz se levantó, con su cuchillo en mano y, aprovechando la incapacidad de sus brazos, le enterró el cuchillo en el vientre bajo, muy cerca del hueso de su cadera.
Steve rompió las bandas, tomo la mano del hombre antes de que sacara el cuchillo, apretó su mano para que la soltara y le rompió el brazo. Éste se dobló de dolor y, aprovechando su posición, el súper soldado uso su codo para golpearlo en la nuca y su rodilla para lastimarle el estómago. El hombre jadeó al sentir el aire fuera de su cuerpo y, en un amago de fuerza, trato de empujarlo con su cuerpo para tirarlo al piso, pero fue inútil. Steve lo tomó de la cintura y lo empujo lejos de él, lanzándolo varios metros lejos justo cerca de la puerta y casi al mismo tiempo, aparecieron nuevas bandas eléctricas rodeándole el torso y los brazos. Estaba a punto de romperlos, cuando fue consciente de que algo lo golpeaba en sus piernas; un segundo después, aparecieron bandas, haciéndolo caer y otras más aparecieron rodeándole el torso y el brazo. Parecía una momia mal envuelta.
Cuando cayó al suelo, se dio cuenta que en la puerta estaba un hombre de tez oscura con un viejo uniforme militar de color morado, gorro negro con alguna clase de medalla en medio y dos hombres con rifles de asalto a cada lado suyo.
Steve miró sorprendido al hombre. Por los movimientos de hombre; firmes, calculados y pacientes, no podía ser un guerrillero cualquiera. Tenía entrenamiento militar. Sus manos estaban tras su espalda y observaba toda la habitación, como armando lo que acababa de pasar.
Trató de romper sus ataduras, pero la electricidad le recorrió fuerte el cuerpo y tuvo que apretar los dientes para evitar gemir.
—lock yao juu na kulipa hakuna makini mpaka mimi kupata huko. —Uno de los hombres respondió con una frase casi gritada al hombre de uniforme y entró junto con más hombres (Steve no supo de donde salieron) para llevarse a los caídos.
En pocos segundos en el lugar solo quedaba el líder, Lennox, un soldado y él.
El hombre se acercó lentamente a él; la única vez que apartó sus ojos de él fue para mirar detrás de él; le dio una sonrisa ladeada. Por su mirada pasaban muchas emociones y ninguna le gustó.
— ¿Cuál es tu nombre? —le preguntó en inglés con un acento pesado.
Tensó su mandíbula, sin responderle.
No soportaría la mofa. Sabía quién era. Él poco anonimato que le quedaba después de la batalla contra Loki en Nueva York, terminó cuando se negó a firmar los acuerdos y evitó que Bucky fuese encerrado. Thaddeus Ross también se encargó con su campaña de desacreditación e intentos de promover leyes que prohibía a los héroes.
El hombre paso a su lado, dirigiéndose a Lennox. Steve rompió algunas de las bandas de sus brazos; en un rápido movimiento se puso de rodillas y tomo la mano del líder, evitando su paso.
El soldado en la puerta le disparo algo y otra docena de bandas le envolvieron; los choques se hicieron más rápidos, pero no lo soltó, quedando en una rara posición con su brazo extendido, envuelto con bandas electrificadas.
— No te acerques—le gruñó sin mostrar el dolor de la electricidad recorriéndole. De reojo miro a Lennox. Su cabeza apenas asomaba sobre la mesa.
El uniformado miró su mano apretando la suya con burla. Miró un segundo a su hombre en la puerta y la electricidad comenzó a recorrerle la columna y el pecho con gran fuerza y velocidad. Sintió su corazón latiendo a mil por hora, provocando dolor y soltó a hombre, cayendo de rodillas y apoyándose en su mano extendida para no caer en el suelo.
Comenzó a jadear y le costaba estar sobre sus rodillas. Trató de romper otra vez las bandas, pero por cada movimiento, la electricidad lo recorría más fuerte.
— Definitivamente americano—dijo el uniformado—. Los soldados americanos son los únicos que he visto ponerse de forma tan imprudente frente a personas que no conocen y enfrentarse a la autoridad sin miedo a represalias—dijo agachándose frente a él—. Me sorprendes. Te traje casi muerto y en menos de dos semanas ya te mueves. Y hoy incapacitas a 50 de mis hombres con las manos desnudas.
¿Fueron 50? Se sintieron menos.
Steve apretó los dientes y a pesar de dolor, siguió tratando de zafarse. Algunas bandas de sus piernas cedieron. Siguió esforzándose, pero se detuvo cuando una descarga fuerte le pegó en la espalda baja y sintió como si muchos pequeños dientes le mordían y varias zonas del cuerpo. La electricidad ahora vino más fuerte. Parecía que andaba por sus venas, burbujeando su sangre y saliendo por los poros de su piel.
El hombre lo obligo a mirarlo otra vez jalándole del pelo.
Traía guantes.
— Otra vez. ¿Cuál es tu nombre, soldado? Quiero saber quién es el soldado que acaba de incapacitar mis hombres. En su pequeña demostración de desobediencia, esperaba encontrarme dos cadáveres, no muchos hombres heridos. Les hiciste frente como ese súper soldado americano que usa mallas. ¿Eres de su tipo?
En medio de la bruma del dolor, Steve se dio cuenta que el hombre frente a él no sabía quién era. ¿Sería broma? ¿Una pieza de algún retorcido plan?
Un cuchillo de acero brillante fue puesto contra su cuello—. Responde, no volveré a preguntar.
Broma o no, decidió mentir por si con eso llegaba a conseguir alguna ventaja.
—Gi—calló al sentir una nueva ola de dolor. Había tanta electricidad saliendo de él en forma de pequeños rayos que parecía Thor. El cuchillo se apretó más, cortándolo. Puso todo su empeño para no tartamudear—Gilmore Hodge—respondió dándole el nombre del matón que lo torturaba durante su entrenamiento.
— Gilmore Hodge—repitió el hombre—. ¿Eres una clase de súper soldado, Hodge?
— No.
— ¿No? —repitió el hombre, como saboreando sus palabras—. ¿Por qué no te creo? Cuando te encontramos en la selva interrumpiendo una de mis misiones, no vestías como un simple soldado. No peleas con un simple soldado. ¿De dónde vienes? ¿Quién te ordeno estar en la selva y bajo que ordenes?
Steve trató de pensar en una mentira rápida. Piensa rápido, se dijo. No era fácil mentir con un cuchillo en su garganta y la electricidad pegándole en puntos específicos en su cuerpo.
Pudo detener con sus manos un ataque de Thanos, curarse de heridas rápido, sobrevivir al hielo durante 70 años y cumplir misiones solo sin siquiera sudar. ¿Y ahora no podía con la electricidad o inventar una mentira? ¿Qué pasaba con sus poderes? ¿Con él?
— ¡Venía a rescatarme! —gritó Lennox, de repente—.¡Ve- Ven-¡—volvió a tratar de decir pero su voz no salía.
Su voz salía apagada.
— ¿Venía a rescatarte? —repitió el hombre—. ¿Cómo es eso? Me dijiste que no lo conocías.
Lennox hizo un ruido con su garganta, como aclarándola.
— Mentí. Trabaja para Imogen Swaan—explicó, como costándole pronunciar la frase. Alargaba mucho las palabras, algunas sonaban más fuerte que otras y casi podía jurar que sentía dolor—. Es dueña de un grupo militar. Lo mando para buscarme y rescatarme.
— Imogen Swaan—gruñó el hombre soltándolo y apartando el cuchillo de su cuello—. Debí imaginarme que esa alaaniwe iba a mandar a alguien a buscarte.
El hombre fue hacia Lennox. Steve escuchó el ruido de la mesa siendo lanzada y el de piel chocando contra piel.
— ¡Si vuelves a mentirme dejare que todo el campamento te viole hasta desangrarte!
La amenaza causo un calor efervescente dentro de Steve. Ira. Se removió, tratando de romper las bandas una vez más.
El hombre volvió a acercarse a él. Una mano en el cabello, el cuchillo otra vez en su cuello. Su mirada ahora era salvaje y el cuchillo se apretaba con más fuerza.
— ¡Tus ordenes!
— Desmantelar el grupo, rescatar a Lennox Grace y llevarla a casa—mintió.
— ¿Desmantelar…? ¡Esa alaaniwe piensa que se enfrenta a unos simples rebeldes! —Alejó el cuchillo de su cuello y lo tiró al piso, cayendo de espaldas—. No sabe que soy yo quien tiene a su hija y a su soldado.
— Tampoco tú sabes a quien te enfrentas—espetó en el piso. Si no podía salir de esto solo, estaba seguro que sus amigos lo encontrarían tarde o temprano.
Un pie se apoyó en su cuello, aplastándole la tráquea.
— Se nota que trabajas para esa alaaniwe. Todos sus hombres son arrogantes y no guardan silencio—apretó más fuerte su pie y después lo soltó al darse cuenta que Steve se había soltado y levantaba su pie. Le pateó la cara con él otro y se alejó—. Disfruta el aire que te queda. Te dejare vivo para que la cuides, Gilmore Hodge. ¿Venias por ella? A partir de ahora debes de evitar que mis hombres desesperados, la violen y la maten antes de tiempo. Estarás vivo hasta que ella deba de ser una puta.
Pateó a Steve en las costillas antes de salir de la habitación; la puerta se cerró con un fuerte estruendo.
Lennox se acercó a él en cuanto se quedaron solos.
— Estoy bien—le aseguró, tratando de ver como estaba. Noto lágrimas en sus ojos, sus labios y el lado derecho de su frente sangraban; la sangre le corría hasta el cuello, donde estaba las marcas inflamadas, entre rojo y morada, de unas manos—. Te vas a lastimar, no me toques.
Le apartó las manos; se enderezó con algo de esfuerzo y comenzó a romper las bandas alrededor de sus piernas, torso y brazos. Le apartaba las manos a Lennox cada vez que trataba de ayudarlo.
Lanzó un suspiro de alivio al dejar de sentir la electricidad recorriéndole. Ahora sin la electricidad, era más consciente del dolor de sus demás heridas.
— Te ves jodido—replicó casi afónica.
Lo ayudó a enderezarse un poco y llevándolo cerca de la pared para que apoyara su espalda contra la superficie.
Steve miró a su alrededor antes de volver a mirarla a ella. La sangre llenaba el piso y algunas paredes. Las pocas cosas en la habitación se hallaban rotas.
Lo único que parecía no estar roto era la mesa.
— ¿Quién era ese?
— An… An… Anwar—respondió Lennox tocándose el cuello con una mueca. Lo dio una mirada, deteniéndose en su pecho.
Llevó sus manos a su pecho. Steve bajó su mirada al no sentir sus manos. Se sorprendió al ver varios círculos como del tamaño de una moneda de un dólar esparcidos en todo su torso. Debían de ser unos 10; tenían una piedra parecida al diamante azul en medio y su alrededor era plateado.
Ella trato de jalar el que tocaba. Su piel se rasgó, la sangre salió de alrededor del circulo y la electricidad otra vez le recorrió su interior. Tomó su muñeca suavemente para detener su movimiento.
— No—dijo, soltándola cuando la sintió tensarse.
Ella asintió. Miró su camisa ensangrentada, pensativa.
— Vo… Quédate. Yo…—tragó fuerte e hizo una mueca—. Curarte, ¿bien?
Iba a decirle que no era necesario; su sanación, por lo menos en lo físico, estaba bien, lo que parecía estar mal era su fuerza y su cabeza, pero ella se alejó, dándole la espalda antes de que hablara y comenzó a buscar cosas en la habitación.
Encontró el pequeño botiquín bajo algunas sabanas tiradas en una esquina.
Regresó, poniéndose de rodillas frente a él y abriendo el botiquín. Su ceño se frunció al ver adentro.
— ¿Qué pasa?
Ella negó y comenzó a remover dentro.
Sacó unas tijeras de botón y agarró una orilla de la camisa para empezar a recortar. Sus manos temblaban y tuvo que hacer varias pausas para poder recortar la tela. Él se movió y trato de ayudarla, pero detuvo sus movimientos al verla tensarse otra vez y dirigirle una mirada que comenzó con miedo y después frustración.
— ¿Estás bien?
Lennox abrió la boca, como sopesando sus palabras, bajo la mirada.
— Quieto. No… Mover.
Asintió comprendiendo sus palabras. No quería que se moviera. La observó, parecía estar haciendo un gran esfuerzo para estar cerca de él o curarlo.
Se movió una vez más, como tanteándola. Se tensó otra vez y su respiración se volvió pesada, pero no se alejó.
— Solo, déjame moverme para darte mejor acceso—explicó.
Ella asintió.
Minutos después, mientras dejaba a Lennox revisarlo y curarlo, no pudo dejar de observarla y sentirse mal por ella. Por las emociones que la joven desbordaba y por el trauma.
Ahora podía notar lo que no notó durante la pelea o sus días inconsciente. Ella no estaba acostumbrada a la sangre. Miraba su pecho ensangrentado y el lugar con horror.
— Esto es desesperante. No estamos más cerca de encontrar a Steve y a Sam que hace dos semanas—comentó Natasha mirando a los científicos wakandianos trabajando a través de un gran espejo doble vista.
Observó a Shuri, quien sonreía como el gato Cheshire ante hologramas de personajes de la cultura pop. Bufó molesta. Todos estaban desesperados por encontrar a sus amigos y la princesa parecía estar jugando.
— Sabíamos que iba a ser tardado, arañita—musitó Tony con voz cansada. Estaba acostado sobre un sillón, sus ojos cerrados y sus dedos pellizcándose el puente de la nariz—. Debe de ser muy difícil para ti no darte cuenta que está no es una de las misiones fáciles que te daba Fury, pero no aplastes los ánimos de los demás.
Natasha se volteó hacia Tony y lo miró mal.
Desde que llegaron a Wakanda, ninguno estaba de buen humor. En los últimos años las cosas habían estado difíciles. Todo el grupo se separó; Steve, Sam y ella estuvieron en la clandestinidad por dos años antes de que Thanos atacara. El año que pasaron tratando de recuperar a las personas que el chasquido desapareció no fue el mejor. Tony estuvo meses apartado mientras se recuperaba de la desnutrición y su tiempo en el espacio; cuando por fin estuvo en condiciones, las peleas entre el equipo no pararon. Fue hasta días antes de enfrentarse a Thanos que parecía que todo estaba más o menos bien.
Pudieron robar las gemas del infinito en una pequeña misión suicida. Pusieron las gemas en un guante hecho con tecnología Stark y usando a Bruce que en medio del dolor por el poder de las gemas y en medio de una transformación, pudo hacer un nuevo chasquido para traer a todos los perdidos.
Casi fue cómico ver a Hulk gruñendo y rompiendo el guante todo enojado después de casi un año de no aparecer.
Pocos minutos después del nuevo chasquido, Thanos apareció con todo su batallón y, en una batalla dura que incluyo a los antiguos héroes perdidos, Steve volvió a liderarlos y salieron victoriosos a pesar de las bajas.
Tony termino tan herido al enfrentarse a Thanos, que, de no ser por Thor y Steve, hubiese muerto en lugar de terminar con heridas que lo dejaron en cama meses.
Aun no se veía totalmente recuperado. Natasha sabía por Pepper que aún sufría dolores esporádicos que los médicos explicaron como resentimiento por las heridas y no se había deshecho completamente de los problemas de anemia causados por la desnutrición en el espacio.
A decir verdad, ninguno estaba completamente recuperados de las secuelas de la batalla. T'Challa y su hermana parecían los más cuerdos, trabajando, liderando a su país y equipo científico, respectivamente, y sin pensar en el chasquido mientras hacían sus programas de ayuda y relación mundial.
— Todos estamos faltos de sueño y preocupados—dijo Bruce tratando de evitar una posible pelea entre la espía y el genio, aunque estos solo se hacían una guerra de miradas infantil—. Hay que pensar positivo, Steve y Sam deben de estar vivos y los vamos a encontrar.
— Lamentablemente, después de que una persona lleva 72 horas desaparecidas las posibilidades de encontrarla son casi nulas—dijo Visión que estaba sentado en un sillón con Wanda a un lado.
— Vis…—lo regañó su pareja, sin embargo, la voz de Wanda no tenía tanta censura.
Parecía no creer que el androide estuviese vivo. Por suerte su cuerpo fue rescatado y, al ser un androide, pudieron conservarlo hasta que poder conseguir la piedra del infinito, regresarla a su frente y desactivarla hasta el punto de solo servir para que Visión estuviese vivo.
Según el último escaneo de Shuri, la piedra había perdido sus demás poderes. Y las demás las destruyeron en cuanto Visión volvió a respirar.
— Bien, después de esa información dudo que nuestro humor este mejor—dijo Clint levantándose de su asiento. Se masajeó la frente, cansado—. Iré a hablarle a mi esposa.
El arquero salió del cuarto que los científicos usaban para descansar.
T'Challa observó a sus visitas. Todos los vengadores, menos Thor que estaba ocupado con nueva Wakanda, habían venido para encontrar a Steve y Sam. Acaban de regresar de peinar una zona cercana a las montañas. En cuanto ellos llegaron, Maria, Rhodey y Fury se fueron como segundo grupo de búsqueda.
Bruce, Visión y Wanda se quedaron porque eran más fácil que ellos llamaran la atención, pero ayudaron a sus amigos desde la distancia. Bruce con ayuda de Visión y Shuri comenzaron en trabajar en un rastreador de rayos vita. Bruce explicó que Steve irradiaba algo de radiación vita y que, si lograba hacer los cálculos correctos para saber cuánto irradiaba, podrían encontrarlos. Claro, suponiendo que Steve y Sam estaban juntos.
Hasta ahora los cálculos no servían y el rastreador no encontraba nada.
— Debían de ir a descansar—les dijo T'Challa. Las perlas kimoyo brillaron ante una llamada entrando, pero la ignoró para hablar con sus amigos—. Llevan más de 12 horas despiertos. No les sirve nada estar aquí, esperando a que lleguen los demás para ver si encontraron algo.
— Nos van a decir lo que ya sabemos; no los encontraron—comentó Tony—. Quizás deberías dejar suelto al mapache de abajo para que encuentre a Steve. Parecen que tiene alguna clase de conexión con el capi-paleta.
— Y tú sabes que él no está apto para estar en campo. Los médicos no le han dado el alta, Tony—replicó Natasha.
— Ya no responde a las palabras mágicas, ¿no? ¡Está listo! Que aquellos golpes de la orden oscura le sacudieran otra vez el cerebro no significa nada, ya lleva un rato bien. Hay que sacarlo, que haga valer su amnistía y encuentre a Steve, lo pateamos un poco para preocuparnos y listo. Todos a casa con una canción del rey león de fondo.
— ¡Podrías no bromear y tomar esto en serio!
— ¡Basta ya, van a ser que aparezca Hulk! —los interrumpió Bruce, estresado—. Si van a seguir peleando, me regreso al laboratorio a trabajar en el rastreador.
El científico se fue enojado.
— Tiene razón, no pueden pelear—musitó Wanda—. T'Challa también tiene razón, debemos de descansar. Recuperar fuerzas y después seguir buscando.
— Ve a descansar, Wanda—dijo Natasha—. Que Visión ayude a Bruce en lo que descansas.
— Hay que descansar todos.
— Yo iré después.
Wanda parecía querer replicar, pero Visión le tomo la mano.
— Vamos, yo te llevare.
— Ahora solo quedamos 3—dijo Tony, mirando a Natasha mordaz—. ¿Quién será el siguiente en irse? ¿Quieres hablar de lo absurdo que se me hace que Steve no haya podido escapar? De Sam no me sorprendería tanto si está sin armamentos y rodeado, pero el capi-tonto puede enfrentarse a un ejército de 100 hombres sin ayuda. Podríamos hablar como es absurdo creer que está en estado M.I.A. O de como unos guerrilleros africanos tiene suficiente fuerza e ingenio para tener atrapados a dos héroes.
— No puedo aguantarte ahora mismo—murmuró la espía saliendo con un fuerte portazo.
— ¿Te sirve de algo hacerla enojar? —preguntó T'Challa después de un momento.
Tony se enderezó en el diván y se masajeó el cuello, como T'Challa lo hizo el día que se reunió con su visita inesperada.
— Ella iba a comenzar a hablar sobre cambiar el plan cuando necesita descansar. Todos lo necesitan. Es mejor que lo hagan antes de que estemos una hora hablando de planes que nos llevaran a decidir que el mejor plan es buscar a más azanios y peinar las zonas de Wakanda hasta encontrarlos o hasta que el rastreador sirva. No importa las correcciones al plan, seguimos buscando una aguja en un pajar.
— No crees que los encontraremos, ¿verdad?
— No lo sé. No mentí, se me hace extraño el estado M.I.A de Steve. Siendo objetivos, si él no ha tratado de escapar es que algo realmente malo le está pasando o está muerto. Pienso lo mismo con Sam. Y vuelvo a repetir, como unos guerrilleros azanios puede tenerlos atrapados. Son guerrilleros y hasta donde hemos podido averiguar, su grupo es demasiado pequeño, sin un líder especifico y muy susceptibles a zaquear por mujeres y comida.
— Y desaparecieron—completó T'Challa. En los últimos días había pensado lo mismo, pero como no había en África ningún villano de alto riesgo que pudiese tener interés en dos héroes, no le tomó atención.
— Quizás alguien los esté ayudando.
La expresión de T'Challa cambio a una entre incrédula y pensativa, mientras recordaba al otro grupo de guerrilleros cercanos.
¿Sería posible?¿Cuáles son las probabilidades de que dos hechos no relacionados se relacionen?
— ¿Qué pasa?
— Nada—dijo T'Challa—. Tal vez sea un grupo más organizado del que pensamos.
— Tal vez—murmuró Tony no muy convencido—.Pero bueno, voy a tener algo de fe. Si sobrevivieron a un titán loco, pueden sobrevivir a su situación actual.
T'Challa asintió y Tony se levantó, estirando sus músculos. Aunque no lo demostrara, estaba igual o más preocupado por sus compañeros. Más por Steve. A pesar de sus diferencias y lo que sintió por su traición, Steve era su amigo. Él le había enseñado más que nadie cosas sobre el honor, el compañerismo y heroísmo que nadie.
Le desesperaba como nadie, también. Terco hasta los huesos; tan comprensible que casi parecía un idiota, amable, ético, moral y tan aferrado a hacer lo correcto, aunque esto causara más consecuencias que beneficios.
Eran como el agua y el aceite. Buscaban el mismo fin por medios diferentes. Él entendía las cosas eso tardo mucho tiempo en aceptar que Bucky no fue más que una víctima de Hydra y dejar de sentirse traicionado por alguien que consideraba su amigo.
Él no se perdonaría si no encontraban a Steve y tenían su plática pendiente. Le devolvió el escudo como bandera de paz, lo acepto como líder de los Vengadores y le salvo la vida en la guerra contra Thanos, pero aún las palabras "te perdono" no salían de sus labios cuando Steve le decía lo siento o lo miraban con culpa después de comentar algo sobre Bucky.
Y si Natasha tenía razón, era mejor que lo hiciera antes de que Steve se metiera en una misión tan peligrosa que no podría salir vivo. La espía pensaba que la falta de apoyo del gobierno mientras se enfrentaban a Thanos, la persecución incesante de Ross antes y después del chasquido, la desconfianza que aún sentía diferentes gobiernos a él, a ver roto con Sharon, la muerte de Peggy y que Steve y él no hayan hablado aún de forma clara, causaron un descenso en picada para el súper soldado. Se auto castigaba. Castigo por no ser un buen amigo, por no a ver vivido una vida con su primer amor, por no poder dejar completamente el pasado, las guerras y los conflictos atrás; y tener una relación.
Estaba me medio de una ruleta rusa esperando la muerte y Sam terminó en medio de una vuelta, por ser buen amigo y estar para él.
— Me iré a descansar, me avisas cuando lleguen los demás, por favor.
T'Challa asintió, sin verlo, y Tony aprovecho sin distracción para poner un pequeño micrófono cerca de una escultura.
T'Challa ocultaba algo o había pensado en algo que no estaba compartiendo.
— ¡Esto es una jodida broma! —gritó una joven rubia yendo a patear a un árbol.
Le dio varias patadas al árbol sin importar el dolor en su pierna.
— Tranquilízate, Brady.
— ¡No me digas que me tranquilice, Jessie! —replicó Brady mirando a su compañero
Ella tenía esperanzas. Tres meses, tres putos meses buscando a Lennox y no estaban más cerca. Era el quinto templo que veían y no había nada más que arañas, serpientes y ruinas.
«En cuanto te vea, te matare Lee», pensó dándole una patada al árbol.
Jessie miró de forma comprensiva a su compañera. Por un minuto más, Brady siguió pateando el árbol sin importarle en dolor o la guerrera wakandiana estaba solo a algunos metros dejando de ponerle atención a Imogen y Jonsy para verlos a ellos.
¡Qué importa si la mira! Que vea su enojo, poco le importaba. Brady estaba tan frustrada que aceptaría pelear con wakandiana solo para quitarse un poco de frustración.
— Matare a Leslie. Por su culpa Lee está secuestrada.
— No su culpa y lo sabes—dijo Jessie y guardó silencio para analizar sus palabras. No quería hacer enojar más a Brady por una mala elección—. Mira, conocemos a Lennox, ella ya tenía planes de venir a África antes de toda la mierda de la abducción. Ella buscaba desconectarse y paz, así que no es culpa del Dr. Byrne.
— ¡Paz, mi culo! —dejo de patear el árbol y pateó unas rocas en su lugar—. Nos desconectamos un año enteró por la puta abducción. ¡Y ni siquiera debemos tener problemas con eso! Las implicaciones emocionales deberían de tenerlas los que se quedaron—Jessie la miró como diciéndole: "ni tú te lo crees". — ¡Está bien! Lo entiendo, hay mucha emoción y mucha gente mirándote con lastima, queriendo darte una palmada porque fuiste abducida por un gigante loco. Pero, si ocupaba desconectarse de todo, ¿por qué no lo hace como una persona normal emborrachándose?
Brady volvió a patear el árbol y Jessie fue hacía ella, tomándola de los hombros para llevarla lejos.
— A cariño, deja de estar enojada y pensando en esas cosas. Nada de esto ha sido fácil para nadie. La abducción, tratar de regresar a sus vidas, la gente que parece no dejarlas y ahora la desaparición de Lennox.
— Pero, ¿porque tuvo que pasar esto? ¿Porque tuvo que venirse a África en lugar de quedarse en casa?
— ¿Recuerdas lo que nos dijo el Dr. Byrne en la terapia de grupo? Lo mejor es buscar un sentido de normalidad, seguir con viejos planes si es posible y ella hace un año quería venirse a África. Y no se inscribió hace un año al grupo porque quería acostarse con el chico sexy que organizaba al grupo—agregó rápidamente Jessie al ver que ella iba a replicar.
— A veces es frustrante que sepas que diré.
— Hemos tenido está conversación 100 veces y siempre dices lo mismo.
— No han sido 100 veces—graznó cruzándose de brazos. — Le dije que no fuéramos al puto grupo de ayuda. Que no le hiciéramos caso a Leslie. Los psicólogos son idiotas.
Jessie enarcó una ceja.
— ¿Quieres que te recuerde que estuviste haciendo el último año?
— ¡No!
Brady sabía que estaba siendo infantil. En casi todo el año había estado estando enfrascada en el trabajo, igual que antes de la abducción por el gigante espacial. De hecho, Lee y ella había hecho todo con normalidad. Cada una enfrascada en sus trabajos, viendo series en netflix, salir a bares con Jessie buscando chicos o viendo a su amigo cocinar alguna delicia mexicana para ellas. O quejarse de sus ex parejas y de Jonsy. Todo estuvo igual, hacían todo lo posible para que las dos no sintieran culpa de dejar a Jessie, para que Lee no se sintiera mal por dejar a Imogen y Jonsy; y para que ella no pensara que regreso encontrándose con sus padres divorciados, su madre teniendo un nuevo pene rico cual chupar y su padre biológico estaba todas las semanas en las noticias con una campaña para aprobar una ley absurda.
Luego Imogen las obligo a ir a los grupos de autoayuda y después de unas cuantas sesiones, Lee se decide ir a África.
«No quiero quedarme con la espina», le había dicho. ¡Ugh! Definitivamente la iba a ahorcar. Ella le dijo que estaba loca y que nada bueno saldría, ahora solo esperaba que Lee siguiera viva para decirle "te lo dije".
— Espero que ella este bien. Espero que pueda estar lo suficiente bien para poder decirle "te lo dije".
— Lo harás.
— Ella estará bien, ¿verdad, Jessie?
— Sobrevivió a un padre alcohólico y violento, a las calles y a la crianza de Imogen y los intentos de Jonsy de ser una figura paterna, ¿crees que no tiene las armas para sobrevivir?
— Con ser criada con Imogen basta—musitó Brady con una mueca.
Imogen Swaan no era el epítome de la maternidad y la calidez. Era demasiado seca, privada, independiente, taciturna, analítica y a veces manipuladora como para pensar que quisiera amarrarse a la crianza de una niña de 10 años para evitar que cayera en el sistema.
Y, aun así, Lennox la amaba con locura y todos sabían que Imogen le devolvía, a su manera, el sentimiento.
«Imogen la crio con eso basta para que sobreviva», le dijo una voz en su cabeza.
Y sí. Imogen les enseño a todos que, en situaciones de secuestro, es mejor hacerse útil, ya sea ofrecer habilidades o abriéndose de piernas. Cualquier cosa es buena con tal de sobrevivir. Pero conocía a Lee y ella no sería la puta de nadie a menos que las cosas estuviesen realmente mal o sus habilidades en las computadoras no fuesen suficiente.
— La vamos a encontrar, le dirás te lo dije y llegando a casa les haré mi famoso pozole rojo.
— ¿En 8 días? —Brady bufó—. No creo que en 8 días se haga lo que no hemos podido en 3 meses.
— Sabes, nena, cada vez me haces más difícil ser el optimista en esta relación. Si no encontramos a Lee pronto, te voy a ahorcar.
Brady casi sonríe. — Me amas.
— Lamentablemente—murmuró Jessie entre dientes y le dio un codazo en las costillas.
Brady negó. Decidió saborear la tranquilidad que consiguió al hablar con Jessie. El moreno tenía una forma de hablar que te tranquilizaba. Él era siempre sensato, amable, bromista y parsimonioso. No tan arisco como los demás agentes y siempre dispuesto a dispuesto a darte un consejo, aunque no le fueses a hacer caso y tan protector y cálido que parecía un hermano mayor para ella y Lennox. Él era un osito de peluche, un cachorrito dulce en medio de dos locas. Como Jessie las aguantaba era aún un misterio.
Siguieron caminando, ahora en silencio. Solo caminaban y tomaban un respiro para no pensar en la situación de completa ignorancia en la que estaban. Caminaron hasta llegar a un pequeño rio donde tomaron agua con sus manos para refrescarse la cara.
A lo lejos escucharon que Imogen le gritaba a Jonsy sobre algo de volar un templo con C4.
— ¿Cuánto apuestas que Imogen mata a Jonsy antes de que encontremos a Lennox? —bromeó Jessie, tratando de hacerla sentir mejor haciendo una broma como las que hacía Lee.
No sirvió, peros sus intentos le llenaron de calidez el pecho.
— 300 a que solo le da un buen puñetazo en la nariz—respondió con un amago de sonrisa—. Y te puedo apostar otros 100 que Lee le va a dar gusto.
— Cierto. Quizás le pida a Imogen que le de otro golpe al enterarse que Jonsy volvió su oficina una macho cueva.
Unos minutos después de llegar al rio, un joven no más grande que un niño de 10 años, con la cara cubierta y un rifle de asalto, salió de unos matorrales y se detuvo cuando los vio.
Se congeló varios segundos y después salió corriendo, gritando.
— Ese niño tiene el mismo tipo de arma que los narobianos—dijo Brady y corrió por el rio, siguiendo el mismo camino que el niño.
— ¡Brady!
— ¡Llama a Imogen y a Jonsy!
Lennox puso alcohol en las heridas del rubio… No, Gilmore, se corrigió. Él dio un siseó por el ardor.
Maldición. No era doctora. Sus conocimientos en primeros auxilios no abarcaban más que los cursos que le dio la universidad durante alguna jornada de salud obligatoria y lo poco que aprendió de los doctores en su estadía en el pueblo.
La primera vez pudo sanarlo porque uno de los niños soldados la intercepto un día mientras regresaba a su celda después de a ver entrado a los sistemas de Wakanda y le dio unas hierbas dentro de un trapo sucio sin darle mayores explicaciones.
Lo que sea que le dio, sirvió para curar al rubio. Después de quitar las balas y desinfectar las heridas con agua jabonosa y alcohol, puso las hierbas debajo de gasa adhesiva y listo. Unos días después de ser básicamente su enfermera dándole ligeros lavados con un trapo y el hombre despierta, apretándole fuertemente las muñecas y dejándole moretones que persistían en su piel con un tono verdoso.
Pero ahora, solo lo limpiaba con algodón y bandas mojadas con algún antiséptico para dejar su pecho limpio. La suciedad no hará nada por sus heridas, pero no tenía otra camisa para darle y mucho menos agua para mantenerlas limpias en los siguientes días.
— ¿Qué tal se ve?
Lennox lo miró. Se había acostado en el piso con una sábana bajo a él. Ella hizo una mueca mientras tomaba del botiquín la última gasa adhesiva que quedaba para ponerla en la herida de su vientre bajo.
— Así de mal, ¿eh?
El rubio calló. No esperaba respuesta y ella lo agradecía. Le dolía demasiado la garganta para hablar con él.
En cuanto le corto la camisa, su pecho estaba morado y enrojecido por la cantidad de moretones. Mientras lo limpiaba, los moretones comenzaron a desaparecer y la sangre que pensaba que venían de más heridas hechas por los cuchillos de cazador, resultó que veían de algún otro lado. ¿De cuál? Tal vez de esos raros círculos de metal con el diamante azulado. Trato varias veces de quitarlos; con las manos y las tijeras, pero no cedían. De hecho, parecía que había una fina capa de cicatrización alrededor de ellos.
— Deberías checar tus heridas. Déjame ayudarte—le dijo tratando de levantarse, pero ella se tensó y el miedo le recorrió al pensar que sus manos la estarían tocando. Puso su mano en su pecho y negó.
Él se le quedo mirando. Parecía querer decirle algo, preguntarle porqué o algo así, pero pronto la comprensión inundó sus rasgos y se volvió a acostar.
Sintió alivio y volvió a respirar, sin ser consciente de que aguanto la respiración. Dios, ella tenía miedo y estaba tensa, pero no era algo raro. Desde que llegó la incertidumbre de lo que podría pasarle, le causaba eso, pero su intento de violación le atrajo recuerdos de una vieja experiencia, y ahora volvía a ser aquella niña temerosa de 8 años.
Lo observó para no recordar el pasado. Su rostro estaba manchado de sangre, pero no por primera vez, se le hizo familiar. Ojos azules, cabellos y barba rubia. Rasgos atractivos y cuerpo trabajado. Características que había visto un millón de veces en varios ex soldados que Imogen contrataba.
¿La sensación de familiaridad sería por que alguna vez entró a las oficinas de la empresa, ofreciendo sus servicios a Imogen y estuvo temporalmente, pasando sin pena ni gloria ante sus ojos? ¿Cómo saberlo? Su trabajo para el grupo no era tan grande como para conocer a todos los agentes. Era ingeniera técnica, por todos los cielos. Casi siempre estaba en su oficina tratando de arreglar los desperfectos que algún idiota o Jonsy hacían al equipo de cómputo, buscaba información o diseñaba programas.
La mayoría de la comunicación con los agentes las tenía por teléfono y correo. Por lo que a veces cuando se los topaba en el pasillo, estos se sorprendían de que fuese la mujer que les ayudaba tanto en misiones como si fuese una Penélope García o la miss Moneypenny. Sin embargo, no lo era y no tenía las claras ventajas de ellas al tener a Derek Morgan y a James Bond.
Agarró una gasa y la mojo todo lo que pudo con el poco alcohol que quedaba ara limpiarse la cara y el cuello.
La mejilla le dolía por el golpe de Anwar, el cuello por el intento de asfixia y podía jurar que el moretón de su mejilla izquierda estaba más grande y sus labios tan hinchados que parecía Kylie Jenner.
Cuando paso la gasa por su cuello se le hizo extraño no tener la memoria usb. Por sus trabajos esporádicos en empresas privadas, se había acostumbrado siempre traer un usb con diferentes códigos, programas y antivirus para poder trabajar en las máquinas de las empresas; siempre amarrado en su cuello o en su llavero. Se lo trajo a África por pura costumbre y en cuanto la capturaron, Anwar se lo quito del cuello.
Miró otra vez a Gilmore. No dejaba de mirarla, como pensativo.
Suspiró y miró como la sangre cubría varias partes del piso, sintiendo un malestar en su estómago.
No le temía a la sangre, pero saber lo que paso aquí para que la sangre estuviera la daba asco. Por eso no era agente de campo. Y por eso no le puso mucho empeño a las clases de defensa personal o a conseguir su licencia para portar armas.
Respiro profundamente. Por fin sabía porque Anwar la tenía. Él sabía que era hija de Imogen Swaan. Quería usarla para una venganza y n dudaba que de ahora en adelante empezaría la cuenta regresiva; sus días de vida estaban contados y solo esperaba que Imogen no tardara en encontrarla. Hasta ahora ser obediente y darle todo lo que quiere a Anwar sirvió para tener sus consideraciones, pero sus habilidades de hacker no le en cuanto le diera lo quiere y la otra opción…
Le recorrió un escalofrió al pensar en la otra opción. No, encontraría otra que no fuese ser una puta para los rebeldes. Primero se mata antes de dejar que la toquen.
Pensó otra vez en Anwar y en sus palabras. ¿Cómo supo que Imogen su mamá y su relación?
Imogen tenía muchos enemigos y esa fue la principal razón por la que no compartían apellido. Quería protegerla de posibles conexiones. Sin embargo, Imogen era tan buena en su trabajo que rara vez quedaban clavos sueltos que pudiesen poner en peligro a los miembros del G7W y sus familias. ¿Qué asunto pendiente tendrá con Anwar? Por la forma en que la odiaba, debieron de conocerse cuando Imogen todavía trabajaba en campo.
El odio en los ojos y voz de él fueron tales que le recordaban a uno de esos súper villanos de televisión «No te matare ni dejare que te violen si haces lo que digo». Le había dicho. Y hasta ahora lo había respetado. Su intento de violación de hace unos días solo fue un intento de un soldado desesperado por un culo y fue duramente castigado en cuanto uno de los guerrilleros la auxilió mientras otro le hablaba a Anwar. Un escalofrió le recorrió al recordar cómo frente a ella, Anwar le había arcando la nariz a su soldado por no obedecer sus órdenes de no tocarla y a los que la agarraban para que su compañero la violara, esperando su turno, les corto la mano que no usaban para el arma.
Le recorrió un escalofrió. Casi podía sentir las manos tocándola, desgarrándole la ropa y las piernas queriendo abrir las suyas. Se volvió a sentir sucia y sacudió la cabeza tratando de apartar las imágenes.
«No te metas por esos caminos, Lee», le dijo una voz que se parecía mucho a la de Jessie. «Sigue divagando, Lee, para que no pienses»
— ¿Quién es Imogen Swaan?
La voz de Gilmore la sobresalto.
— Lo siento por asustarte, solo… Gracias por mentir por mí.
Ella asintió y lo observo otra vez. No tenía cara de llamarse Gilmore—. No te llamas Gilmore, ¿verdad? —dijo con gran esfuerzo. Su voz salía tan suave que esperaba que los guardias de afuera no la escucharan. Dudaba que hablaran inglés, pero nunca se era suficiente precavido.
Precaución, ante todo, siempre le dijo Imogen. Bueno, no había obedecido tanto sus enseñas. Se volvió útil, soportando los golpes ocasionales, el encierro, la falta de higiene y luz del sol. Hacía casi todo lo que le pedía Anwar. Entraba a los sistemas de Wakanda y otros países, robando información y compartiendo otra sin que se diera cuenta el líder guerrillero. La primera vez tuvo miedo, pero rápido se dio cuenta que Anwar no sabía que los códigos que ponía en la computadora también compartían información.
Se arriesgaba. Pero, ¿qué era la vida sin algo de riesgo? Era el único riesgo que había corrido desde que llegó el rubio. Los golpes, ser amenazada con un arma, la poca comida, la suciedad y un agujero olvidado de la mano de Dios con olor a sangre, suciedad y humedad no era nada del otro mundo.
Paso los primeros 10 años de su vida con un padre alcohólico, encerrándose en el sótano o yendo a las calles para evitar sus golpes. Prácticamente regreso a casa.
— ¿Por qué mentiste por mí? —preguntó otra vez el hombre.
— No sé—respondió.
Realmente no sabía. Debía de hacer lo que siempre le dijo Imogen si algún día estaba en una situación de rehenes o secuestrada. Si había alguien más con ella, no debía de ser buena. Debía ser egoísta y solo pensar en su supervivencia. Imogen hubiese dejado morir al rubio sin duda alguna y no se hubiese arriesgado como ella a robar un botiquín de primeros auxilios.
Pero él también la defendió. Pudo golpear a los guerrilleros, acercarse a la puerta y huir, en lugar de eso se quedó en un solo lugar, buscando que no se acercaran a ella.
Podría ser una perra con él, pero no mal persona.
— No tienes cara de Gilmore, ¿cómo te llamas?
El rubio la miró, primero como sopesando sus palabras, analizándolas y después dudando.
— ¿No te parezco familiar?
— Sí, pero tienes una cara común.
Él asintió—. Acércate.
Dudando un poco, ella lo hizo. Debía querer susurrárselo.
Él abrió sus labios, pero no dijo nada. Parecía inseguro de hablar. Se tomó su tiempo antes de hablar.
— Steve Rogers.
¿Steve Rogers? ¿De dónde conocía ese nombre? Se alejó mirándolo, . Steve Rogers. Sonaba el nombre de algún militar de alto rango. Capitán o coronel.
«Capitán suena mejor», se dijo y de repente la sorpresa le inundo junto con imágenes de un héroe con escudo y traje azul. Capitán Steve Rogers. El Capitán América.
— ¡Puta madre! —gritó alejándose de él como si estar cerca le quemara.
— Lennox…
— ¡Ni te atrevas a levantarte! —le gritó sin importarle si su voz traspasaba las paredes o el dolor—. Tú eres… Tú hiciste…
Camino por toda la habitación y pateó una de las paredes, frustrada. El asco, el miedo y la tensión se fueron dando lugar al enojo.
— Con razón pudiste tu solo con tantos hombres. ¡Dios! Llegaste con pérdida de sangre y sobreviviste sin necesidad de transfusión. ¡Que pendeja soy!
— Len…
— ¡No me hables! —le gritó. El capitán estaba ahora sentado contra la pared. ¡Dios! Con razón sus heridas sanaban tan rápido mientras las curaba—. Pensé que eras más fuerte. Sigues atrapado aquí… me pudiste ver dicho, ¡Dios! Pudiste haberme ayudado a escapar, jodido hijo de perra, pero no, te guardas esa información hasta que volvieron a apalearte. ¡Jodido Dios! —pateó el botiquín tirando el poco contenido que quedaba.
— No podía sacarte antes por mis heridas—se excusó.
— ¡Ahora menos! Te pasaron quien sabe cuanta electricidad por tu jodido de tener un millón de heridas internas que sanar—se agarró el pelo con desesperación y luego las paso por la cara. Sabía que estaba siendo ridícula, no era culpa de Steve que no la reconociera o que no le dijera su nombre. Él no estaba obligado a decirle y ella no preguntó. Estaba siendo ridícula, pero todas sus emociones comenzaron a desbordarse en ella y el simple hecho que el héroe americano pudo haberla sacado, le hacía enojar, aunque sabía que sus heridas no se lo permitían. Pero ahorita no podía ser racional. Solo podía gritar su enojo—. Con todas las personas con las que puede estar atrapada, jamás pensé que estaría con uno de los jodidos héroes que me quito un año entero de mi vida. ¡Maldita sea!
Lennox lo miro enojada y pudo notar la cara de culpa del capitán. No sabía desde hace cuánto la tenía. Gruño y se alejó de él sentándose en una esquina alado de la puerta sin mirarlo.
¡Él era el jodido Capitán América! Dios. Su semana no mejoraba. Y ella pensaba que ser mujer en un campamento rebelde con puros hombres iba a ser lo más difícil.
lock yao juu na kulipa hakuna makini mpaka mimi kupata huko.- encierrenlos y no le den atención hasta que llegue.
alaaniwe-perra
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