Disclaimer: Bnha no me pertenece.
El número uno
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—Las cenas son problemáticas—
En pleno desayuno, mientras masticaba su tostada con huevos, Katsuki giró con lentitud casi temerosa su cabeza. No esperaría que su teléfono móvil sonara por ningún motivo, pero acabó siendo una sorpresa más que grata.
Ochako.
Ni siquiera un segundo se tardó en responder la llamada.
—Hey.
—Oh, Katsuki. No creí que... Olvídalo —Él enarcó una deja al oír un suspiro—. Tu madre llamó para invitarnos a cenar esta noche.
A medida que Ochako hablaba, la expresión de Katsuki había cambiado a una de completo desagrado.
—Creí que eran buenas noticias...
—Katsuki... No seas malo. Tu madre te ama y de ella sacaste el carácter, no debería pasarte siquiera por la cabeza llamarla bruja.
El tono dulce de Ochako casi nunca cambiaba, pero había aprendido a darse cuenta cuando lo estaba insultando, de alguna u otra manera.
—¿Disculpa...?
—Por supuesto, no pasa nada. Acepto tus disculpas.
—¡Sabes que no hablaba de eso!
—Pues debiste... Porque todavía estoy un poco enojada —Katsuki apretó la mandíbula, tampoco podía seguir siendo un imbécil tan enorme. Y Ochako le había pedido que fuera más bueno con su madre, cosa difícil si esa mujer era tan desesperante e intentaba ejercer su poder como madre aún en la actualidad—. Muy bien, espero con mucha fe que llegues pronto. No tardes. Cenaremos en mi departamento.
Katsuki no pudo decir alguna cosa más, porque Ochako terminó con la llamada, dejando totalmente en claro lo que esperaba de él.
Había descubierto muchas cosas a lo largo del tiempo junto a ella. Algunas de esas cosas eran que su mujer era fuerte, decidida, y el equilibrio perfecto de una joven amorosa y temible. Ciertamente, todavía podía darle una paliza y más aún cuando la había ayudado a entrenarse. Completamente a sabiendas y enamorado, Katsuki había criado a un cuervo.
Y estaba orgulloso del majestuoso cuervo que Ochako representaba.
Katsuki era consciente también de lo complicada que había sido esa relación, más que para él, para Ochako. No se miraba en menos ni nada, eso era estúpido, pero comprendía que era una versión mucho más mañosa que su madre. Y viéndolo así y como era realmente, no era capaz de soportarse a sí mismo. Probablemente si fuera capaz de tener dos posturas completamente opuestas al mismo tiempo en su cabeza, explotaría.
Entonces, viéndolo así, apreciaba el esfuerzo que Ochako siempre había puesto, porque con peleas y todo, hasta ese día nunca había estado dispuesta a soltarlo, lo sabía.
Katsuki chasqueó la lengua, dejando el pan sobre la encimera y alejándose para ir en busca de la ropa sucia que había acumulado desde mitad de semana.
Mientras recogía algunas cosas del baño y de la habitación, encontró un brasier de Ochako. Estaba tras el pequeño sofá que estaba en la esquina de su habitación, así que quizá habría estado ahí desde la última vez que ella estuvo en casa. La vez en que la cagó a proporciones magnas.
Por otro lado, a penas lo había utilizado, en cualquier caso. La única razón de lavarlo era que a esas alturas ya estaría con un poco de polvo o algo así.
Ordenó la habitación y luego, mientras se lavaba la ropa, se dedicó a hacer estiramientos. Movió sus brazos en círculos y los pies, y estuvo así un buen rato alternando entre varios ejercicios hasta que Denki lo llamó por teléfono. Supuso que lo habría conseguido de Eijiro.
—¡Hey, Katsuki!
—Sí, qué quieres -contestó con un claro tono de molestia.
—Ayer le propuse a Eijiro la idea de juntar nuevamente al equipo, así que te llamaba para saber qué te parecía la idea. Sé que no te gustan las fiestas, pero no pretendemos que sea nada exagerado —comentó con emoción en la voz. Katsuki, tal como decía Kaminari, no era un simpatizante de las fiestas, y a veces ni siquiera soportaba a esa banda de idiotas. Sin embargo, Katsuki había aprendido a considerarlos sus amigos desde muy jóvenes, y por una vez no le apetecía comportarse como un desgraciado con ellos. A veces era así, simplemente les hacía el gusto porque ellos lo habían soportado bastante también—. Además, personalmente, tampoco estoy para fiestas con reflectores y música fuerte. En cualquier caso, sé que no te sentirás obligado pero-.
—Vale.
—... ¿Qué?
—Iré.
Denki guardó silencio, y después de un rato decidió despedirse. Él también sabe muchas cosas de su amigo, y una es que a veces es mejor no cuestionar sus inesperadas decisiones.
—Que tengas un gran día, amigo. Llamaré pronto para concretar la fecha.
—Claro —murmuró Katsuki, alejando el móvil de su oreja y cortando en el proceso. Luego lo puso sobre la encimera.
En media hora la lavadora está lista y tiene que dejar de cortar vegetales para sacar la ropa y que estile un poco en el balcón. Eso son unos veinte minutos más y para entonces la comida del almuerzo ya está casi lista. Sólo debe esperar la carne.
Cuando van a ser las dos de la tarde, Katsuki sigue estirado en el sofá mientras cambia canales a cada momento. Sin embargo se devuelve cuando aparece la cara redonda de Ochako y suelta el mando a distancia sobre la otra parte del mueble porque no lo necesitará más.
Se trata de una entrevista a la que fue hace unos tres días, quizá un poco más. Se le nota que está algo incómoda y es normal, Ochako no era fan de esos tipos de programas. Lo único que se limitaban a hacer era intentar obtener información de la vida privada de los héroes y poco les importaba realmente lo que conllevaba ese trabajo. Todos creían que simplemente se trataba de salvar personas, pero no siempre era así. No siempre podía ser así.
—A todos nos surge la duda de por qué sigues todavía con el héroe Ground Zero —Él periodista sonríe y a Katsuki le dan unas enormes ganas de quemar el televisor justo donde se muestra su asquerosa careta—. Espero que entiendas la pregunta, Uravity. Después de todo Ground Zero siempre ha demostrado ser un héroe hostil y violento verbalmente. ¿Nunca ha causado problemas en su relación?
Si ese hombre supiera que a veces incluso Ochako supera su boca sucia. Aunque sabe perfectamente que es en parte su culpa, él le dio la pauta para comportarse así si deseaba.
—Por supuesto que no, en el fondo Ground Zero es un hombre maravilloso. Es cierto que siempre ha sido igual de mal hablado, pero también lo es que ha trabajado desde el momento que estuvimos estudiando juntos para remediarlo. Si Ground Zero se convirtiera totalmente, no sería más el hombre al que conocí. Estoy segura de que nadie desea eso.
—Vaya, es increíble oírlo de alguien con un carácter tan dulce.
Katsuki frunció el ceño. ¿Qué demonios tiene que ver una cosa con la otra? Si Ochako fuera una mujer que atropella perritos y luego se va, no significa que sea una persona terrible, y tampoco significa que por tanto no estaría con él por nada del mundo. A Katsuki le enoja, porque es tan obvio el enfoque que está buscando... Y está seguro de que Ochako ya lo notó en ese momento.
—Aunque muchas veces se ha visto este fenómeno. Dime, Uravity, ¿no crees que se trata de una intención de reparar lo malo? Ya sabes, conseguir domar a una bestia, volverla un gatito, volver bueno al chico malo.
Ve a Ochako fruncir el ceño, igual que él lo está frunciendo por tamaña estupidez que acaba de soltar.
—Disculpa... —dudó un segundo— ¿Cómo es tu nombre?
El periodista parece sorprendido, pero se limita a responder.
—Shiro...
—Verás, Shiro. Sucede que tu analogía está muy equivocada y resulta agresiva y ofensiva. Ya dije que mi intención nunca ha sido ni será cambiar algo de Ground Zero, cada avance que ha hecho como persona ha sido por cuenta propia. No soy su madre para verme en el derecho de decir lo mal que se está comportando, y no me interesaría estar con él si fuera para repararlo. Porque de partida no hay nada mal con él —dijo. Katsuki admira casi con emoción la expresión impresionada del tal Shiro, mientras come su almuerzo sin detenerse—. Si de eso se tratara, podría decir que tu actitud de una chica agradable solo busca a alguien enrabiado con todos para arreglarlo, es más horrible que cualquier otra cosa. Y dado lo erróneo que está, no es nada digno de mencionar con una sonrisa.
Shiro se ve obligado a actuar con rapidez y tiene dos opciones.
Disculparse delante de todos o...
—Bueno, estamos en una impresionante entrevista con la heroína Uravity, si quieres ver cómo acaba espera por nosotros, ya regresamos luego de una breve pausa comercial.
Escapar.
Katsuki se encuentra con que no queda ya comida en su plato y apaga el televisor. Son las dos y media de la tarde y debería ir pensando en darse una ducha.
Como de costumbre, la idea de cenar con su madre no le mueve nada el corazón, pero se lo prometió a Ochako, y realmente no quiere acabar como el estúpido periodista del programa. De cualquier manera, una vez al año no le hace mal a nadie.
[I]
—¡Ochako, tan radiante como siempre! —sonríe Mitsuki cuando entra y envuelve a la chica en un abrazo— Eres definitivamente una de las pocas cosas que extraño sobre mi hijo.
Y ahí comenzaban. Katsuki muerde fastidiado un trozo de apio de la cocina de Ochako, ni siquiera tuvo que preguntar si podía sacarlo porque sabe que a ella solo le gusta usarlo con las comidas de vez en cuando. No lo iba a necesitar.
Su padre viene tras su madre como siempre, nunca ha sopesado la idea de ser igual de enérgico porque no va para nada con su personalidad. Y comparado con su madre, él no goza de ser tan acaparador en cualquier sentido.
—Katsuki, saluda a tu madre.
A penas lo ve la expresión amable de Mitsuki deja de transmitir lo mismo y pasa a volverse amenazante con una habilidad que ha dominado con el pasar de los años.
—Espero no hayas aparcado tu escoba fuera, hay gente que quiere llegar a casa.
Mitsuki sonrió e intentó darle un golpe en la cabeza, pero Katsuki se apartó a tiempo. La expresión de su madre es amenazante y vuelve a intentar asestarle en la cabeza, pero de nuevo la evita. Finalmente Mitsuki ríe y pasa de largo, seguramente lo intentará golpear de nuevo cuando esté desprevenido, como una especie de venganza.
Su padre se puso frente a él y Katsuki, antes de que puediera hacer nada, siente sus brazos alrededor suyo. Tras el cabello de su padre, ve a Ochako cubrirse la boca y sabe que la situación le divierte. Siente su rostro cada vez más caliente y, a comparación de como lo haría con su madre, Katsuki se esfuerza por corresponder el gesto de Masaru.
—Es un gusto verte, Katsuki. Pasó un tiempo de que fuiste a casa, podrías ir más seguido, aunque comprendo que tienes tu propia vida —Su padre se apartó y le puso las manos en el rostro y luego en los hombros—. Además ser uno de los héroes más fuertes y populares conlleva muchas responsabilidades.
—Sí... —murmuró— Pasa, papá. Ve a la sala con mamá...
Masaru asintió y dejó a Katsuki con la mirada brillante de Ochako.
—Tu padre es maravilloso, siempre logra lo imposible —rió bajito con las mejillas sonrojadas.
—Cierra la boca.
—Pero Katsuki, no es algo malo. Es de hecho adorable que no puedas contra la personalidad de tu padre.
—Maldito viejo desesperante...
Ochako volvió a reír y comenzó a caminar hacia la sala. Una vez quedó al lado de Katsuki, puso una de sus manos en su mejilla y se levantó, apoyada por la punta de sus pies para darle un beso en los labios. Él siguió sonrojado y cuando intentó poner las manos —más bien una mano y su muñeca— en la cintura de Ochako, ésta justo se apartó y le dijo que lo esperaría en la cocina.
Katsuki boqueó, sin comprender lo que acababa de suceder. Después de unos segundos, volvió a reaccionar.
—Maldición... —murmuró, sintiendo sus manos picar por lo cerca que estuvo de tenerla solo un momento más entre sus brazos.
Katsuki dio dos mordiscos más al tallo de apio y lo terminó, sintiendo un sabor amargo en la boca que nada tiene que ver con la planta.
[...]
—Por cierto, Ochako... —comienza Mitsuki— Hoy vi tu entrevista en la televisión.
Ochako se queda petrificada en su asiento. El tema la toma desprevenida y hubiera querido que no saliera realmente en la mesa, considerando que fue igual que beberse un trago de aceite. Sin embargo su suegra no parece captar que no es el mejor momento, y si lo hace, intenta ignorarlo.
—Sé que fue un momento muy tenso, muy desagradable. Y no pretendo sacar un mal momento justo ahora, pero nunca te hemos agradecido lo suficiente por siempre estar con nuestro hijo —Katsuki rueda los ojos, sintiéndose más fastidiado que en cualquier otro momento de la tarde. Su madre claramente no podía no salir con sus tonterías—. Sabemos que su corazón está en buenas manos, Ochako, y sabemos que eres una mujer sincera y maravillosa. Yo conozco perfectamente a mi hijo, y créeme que está claro que eres importante en su vida —Ochako voltea hacia Katsuki, que frunce el ceño como lo haría un niño pequeño en medio de una rabieta, o más bien avergonzado.
—Ya basta, no es necesario.
—Cierra la boca, nadie está hablando por ti —Mitsuki replica al instante—. Esto es lo que tu padre y yo creemos, que eres un gran muchacho al que temíamos que la vida trataría mal por ser tan terco y agresivo.
Katsuki gruñe mientras se lleva una cucharada de arroz a la boca.
—Pero nos alegra que hayas encontrado a Ochako —Katsuki siente la mano de su madre sobre la suya y, considerando que no está siendo del todo una maldita bruja, le cuesta el hecho de apartar la mano o gritar como lo había hecho antes. Hoy en día, a pesar de que sigue encontrando que los dos son personas desesperantes, Katsuki piensa que puede hacer un esfuerzo si no le están regañando con bombos y platillos; cosa que solo hacía Mitsuki.
En realidad una parte de Katsuki sabe que lo necesita. Eso de saber que su madre no es simplemente una mujer mañosa que disfruta de regañarlo.
Su madre le mira con ojos llorosos y él, todavía con arroz en la boca, comienza a masticar más y más lento, sintiendo que hacerlo demasiado rápido daría una impresión de indiferencia.
—Eres nuestro único hijo, Katsuki. Y a pesar de que nuestros temperamentos siempre choquen, eso no quiere decir que algún día podría dejar de amarte o estar ahí para ti para apoyarte. No podríamos dejar de amarte por nada del mundo y estaremos, los dos, siempre para ti si lo necesitas.
Katsuki traga y mira a su padre y a Ochako. Ella por supuesto sonríe enternecida y seguro que en unos segundos más, si su madre sigue hablando así, se volverá una maldita magdalena. Su madre no es muy adepta a llorar, pero Katsuki puede incluso ver unas diminutas lágrimas en la orilla de su ojo. La ve caer y su mano se mueve sola, causando un ruido por dejar caer la cuchara en el plato y cuando se da cuenta todos lo miran en la mesa, aunque no con tanta sorpresa como se esperaría.
A pesar de sentirse ligeramente presionado, Katsuki sigue con su cometido aunque jamás se le hubiera pasado por la cabeza. En completo silencio, limpia la lágrima en la mejilla de su madre, que posterior a eso le sonríe cuando acaba y deja su mano unos segundos más.
La mejilla de su madre es tan cálida, pero ya no tan tersa como antes. Katsuki no recordaba haberla tocado desde que era pequeño, con a penas cinco años quizás, o diez, no lo sabe.
Finalmente aparta su mano y la devuelve a su cuchara para seguir comiendo.
—Sigue comiendo, Ochako ha mejorado cocinando. Está delicioso. No dejes que se enfríe —murmura, y sigue comiendo sin que le importe más lo que esté pensando su familia—. Tú también, papá.
Masaru sonríe cuando Katsuki lo mira momentáneamente.
—Por supuesto, hijo.
Ochako solo puede observar sintiendo una especie de alivio. Probablemente lo único que Katsuki necesitó siempre durante su adolescencia es que su madre se abriera un poquito más con él, siendo que normalmente las situaciones de conflicto eran a causa de ellos dos. Siente una sonrisa boba en sus labios y su pecho inmensamente cálido. No por el simple hecho de decir que su comida se ha vuelto deliciosa, Ochako se ha esforzado mucho y siempre supo lo que Katsuki pensaba de su comida, y siempre la opinión fue mejorando; sino porque le alegra ver que ellos puedan tener algún momento juntos.
Así que simplemente se dedica a comer cuando se da cuenta de que los tres son una familia, y hay cosas que deben ser solo de ellos. Lo que no sabía es que alguien se había fijado en ella.
—Ochako.
Levanta la mirada, encontrándose con Masaru y los otros dos que observan con cierta inquietud al oír al hombre.
—Eres parte de la familia, no te excluyas, ¿si?
Se le forma un nudo en la garganta y a penas puede tragar saliva. Siente sus mejillas calentarse al saberse pillada por Masaru y a causa de la vergüenza por ser puesta en evidencia. Él lo hace con la mejor de las intenciones, por supuesto, y Ochako en realidad agradece esa simple frase más de lo que podrían creer.
Cada día se esfuerza tanto en el trabajo, intentando encontrar una forma de entender a Katsuki y de ayudar en el trato con su madre. Todos los días llama a sus padres y todos los días oye a su madre diciendo que le apena mucho que siga dándoles una parte de su sueldo. Se esfuerza por salvar vidas y por subir en el ranking, porque no le apena ni le apenará jamás decir que es héroe por dinero. Aún así hay muchas cosas que ha descubierto en su camino, y una de ellas es que ha desarrollado un sincero amor por su deber, el amor por Katsuki, y a su vez hay muchas cosas que le han faltado, como el cariño de sus padres que no siempre puede ver y que, muy a penas, puede apaciguar con sus suegros.
Pero la idea de que sientan lo mismo que ella la conmueve, la hace sentir querida, que puede contar con ellos siempre que lo necesite. La hace sentir de la familia.
—Gracias, Masaru —murmura con una nueva sonrisa, llena de alivio, llena de dulzura.
Él asiente y, tal como había pedido Katsuki, se centra en la comida.
[II]
En medio de la sala, Katsuki se encuentra a Ochako sentada con la espalda apoyada en el sofá. Mira hacia la televisión, que se encontraba apagada, por cierto, y sabe por razones obvias que se encuentra perdida flotando en su cabeza.
Después de que sus padres se fueron, él lavó los platos y utensilios, ya que Ochako había cocinado. Y una vez acabó pensó que podrían charlar un momento mientras comían maní y quizá se cubrían con una manta. Pero probablemente era mucho pedir.
Katsuki decide finalmente intentarlo y sentarse a su lado, dejando el plato en la mesa, asegurándose de que lo único que se toque sean sus brazos. Por supuesto no porque así lo quiera, sino que por darle algo de espacio a Ochako en su trance y en absolutamente todo.
—Hoy me hizo feliz que tu padre me dijera que soy como de la familia —La escucha. Katsuki precisamente esperaba a que ella quisiera hablarle—. Luego me di cuenta de que no debería ocuparme tanto en la tuya, más bien debería centrarme en la mía.
Katsuki alza una ceja, confundido por el cambio de opinión.
—¿Por qué?
—Ya sabes. La última vez que los vi fue hace cuatro meses y he intentado apaciguar mi culpa llamando todos los días a alguno de ellos. No puedo pretender que con escucharlos todo quedará resuelto.
Ochako alarga la mano para coger un puñado de maní con una y sacar uno por uno con la otra.
—No seas estúpida. Todos los días trabajas y te matas intentando conseguir dinero para ellos y para ti —dice él, sin llegar a comprender la perspectiva de Ochako—. Tu padre ya consiguió trabajo hace tiempo y lo único que necesitan es para vivir día a día. No hay adolescente por la que pagar estudios, comida o ropa —Cuando ve el creciente enojo en sus ojos, Katsuki sabe que tiene que hacer que entienda su punto rápidamente—. Entiendo que quieras que ellos vivan cómodamente, pero precisamente estás ocupando más en ganar dinero para ellos que en dedicarles tiempo.
Katsuki sabe que no es la persona indicada para hablar de relaciones hijo-padre, pero él es completamente consciente de lo que hace y en realidad no le hace sentir mal huir de su madre. La relación entre ellos se volvió distante, y fue criado con cierta violencia en todo sentido. Su madre arreglaba todo con golpes en la cabeza que muchas veces dolían, y también a gritos, mientras que en su niñez lo habían tratado junto con su padre como un maldito rey.
Probablemente no era quién para hablar, pero al menos sabía cómo pensaba ella y cuál era su verdadero fallo.
—El punto es que seguramente ellos apreciarían mucho más verte antes que recibir dinero. No te estás centrando más en mis padres que en los tuyos, te centras en los tuyos desde un enfoque equivocado.
Katsuki se fija en que Ochako tiembla mientras procesa sus palabras en silencio, y se dispone a ponerse de pie para ir en busca de alguna manta para poder abrigarla. Sin embargo, siente la mano de Ochako envuelta en sus guantes rodear su brazo, por lo que vuelve a su lugar poniendo toda su atención sobre ella.
Sin decir nada, Ochako se inclina y lo toma desprevenido, abrazando su torso y restregando su mejilla por un momento en su pecho.
—Eres muy calentito —murmura Ochako con voz cansada—, contigo me basta.
Katsuki se acomoda y la rodea con sus brazos, esperando realmente poder ayudarla a subir su temperatura corporal. Pasan minutos en los que a Katsuki le da la sensación de que Ochako ha acabado por dormirse, así que comienza a pensar que sería mejor volver a su casa.
Cuando intenta separarse de Ochako —muy de mala gana—, descubre que no estaba dormida y que un día siempre podía mejorar un poquito más.
—Quédate, Katsuki —La escucha, su voz es calmada pero le da la sensación de que está cargada de cierta tristeza. Lo siente directamente en el pecho—. Te extraño.
E internamente agradece haber asistido a la maldita cena.
