Otro cap más largo, lo malo de los caps largo es que después de un rato entre editadas y correcciones, las palabras como que se cruzan y pude dejar errores. Discúlpenme por ellos.
¡Disfruten!
Capítulo 4
Perseguir a un niño soldado no estaba entre sus mejores ideas, pensó Brady disparándole a unos guerrilleros mientras corría a un árbol para cubrirse. Maldijo. Se esperaba hombres armados en el campamento, no que la pequeña rata mandara hombres a buscarla y dispararle.
¿Dónde rayos estaban Jonsy, Imogen, Jessie y la wakandiana?
Se tensó cuando un disparo atravesó el tronco y rápidamente corrió sin dejarle de disparar. Se agacho y rodo, cubriéndose con un grupo de arbustos.
Casi podía escuchar la voz de Jonsy diciéndole que era una bruta suicida y que ésta era la razón por la que rara vez iba al campo. Diciéndole que era demasiado visceral, impetuosa y desobediente como para estar a salvo en una misión.
Revisó su arma con una mueca. Ya casi no le quedaban balas. Comenzó a gatear y a ver a través de los arbustos. Los hombres se acercaban con las armas en alto. Sus rifles de asalto eran de un modelo muy sofisticado, como los salido de los catálogos de armas de Jonsy.
Tratando de hacer el menor ruido posible, Brady guardo su arma en su bota. Sacó sus porras eléctricas de su cinturón, las prendió y espero el momento justo para salir de los arbustos.
Uno, dos, tres…, contó. Varios pares de zapatos se vieron entre las hojas y ramas. Cuatro, cinco, seis… Se levantó de un saltó, sorprendiendo a un guerrillero, golpeándolo con las porras, haciéndolo gritar. Sus compañeros regresaron al escuchar el escándalo y trato de evitar sus disparos precipitándose antes a ellos e inmovilizándolos con la punta de la porra, atacando en puntos sensibles: garganta, entre pierna, en el corazón, en el estómago.
Agarró una de las armas, revisándola, sorprendiéndose de que tuviera el cargador lleno y ninguna bala en la recamara. Según recordaba, varias armas al usarse dejaban balas en la recamara y por eso era importante revisarlas, para evitar accidentes. ¿Alguna vez habrán usado el rifle o son muy buenos en el mantenimiento? El rifle se veía muy nuevo, como salido de la fábrica. Los hombres se removieron y los golpeó en la cabeza con la culata, mandándolos a dormir y se fue corriendo, volviendo en sus pasos y tratar de notar señales en la vegetación que le indicaran por donde habían venido los guerrilleros.
Cuando vio que había varios árboles con señas de a ver sido marcado con orines y vegetación muerta en el suelo, supo que estaba en el camino correcto.
Se escondió detrás de unos árboles cuando diviso un pequeño pueblo. Las chozas se veían viejas, como si hubiese sido abandonadas hace mucho tiempo.
Con varias miradas rápidas, trato de calcular cuántos hombres estaban en el campamento.
Parecían ser más de una docena. Tal vez 20.
Guardó las porras y agarro fuerte el arma, preparándola. Esperaba que alguien llegara antes de usarla o recibir un disparo.
Lentamente comenzó adentrarse al pueblo, ocultándose tras las chozas, observando. La mayoría de los hombres se encontraban en la choza del medio. ¿Estarían custodiando alguien o estaría su cabecilla? Una sensación cálida y esperanzada le inundó al pensar que quizás ahí estuviese Lee.
«Fantástico», pensó tesándose al sentir un arma en su nuca.
— Bado,
Levantó las manos, sintiéndose tonta por descuidarse. El arma fue arrebatada de sus manos, tirada al piso al igual que sus porras. Un nuevo golpe en su columna y palabras ansiosas que no entendía.
Lentamente, se comenzó a voltear. Cuando miro al guerrillero se sorprendió al ver a un adolescente con muchas cicatrices en la cara. Se veía tenso y agarraba mal el arma. Su dedo no estaba cerca del gastillo.
Sus ojos la recorrieron, el deseo se veía en su mirada oculta tras la tensión. Trató de no rechinar los dientes por la ira. ¿De verdad? ¿Su cuerpo? No sabía usar un arma, pero era pura hormona.
— Me perdí—le dijo con una sonrisa coqueta. No le entendía, pero se quedó viendo su rostro con interés—. Busco mi campamento.
Maldición, no tenía tiempo para tratar con un guerrillero hormonal. El arma se pegó a su pecho y el joven dio unos cuantos golpes a uno de sus senos, con mirada lasciva. ¡Ugh! Tomó el arma, enojada. El joven tuvo un segundo para sorprenderse antes de ser lanzado hacia atrás por un golpe en su pecho con el arma. Se hizo para atrás, trastabillando y levantó el arma hacia arriba justo en el segundo que un disparo salió al aire.
— Sabes, me debiste de a ver disparo en lugar de tocar mis pechos—quitándole el rifle para dispararle en el pecho.
¡Al diablo ser silenciosa!, seguro el disparo atraería a más guerrilleros. Justo lo que paso un segundo después.
«¡Genial! Descubierta por un acto libidinoso», pensó, irritada.
Los primeros en llegar fueron 4 hombres con rifles. Les disparo antes de que supieran que paso y un clic hueco comenzó a sonar. El rifle ya no tenía balas.
Agarró sus porras y una de las armas para salir de la choza, decidió salir del pueblo y rodear para poder acercarse más a su objetivo, cuando más aparecieron cuando había recorrido unos pocos metros, armados de machetes en lugar de rifles.
Le disparo a los que se iban acercando cuando el arma se atascó. Gimió de frustración y la tiro, agarrando sus porras, poniéndolas en el voltaje máximo y en su pequeña distracción, más hombres comenzaron a acercarse.
Definitivamente habían más de 20 en el pueblo.
— ¡Mierda!
Levantó otra vez las manos, en señal de rendición.
Los hombres apretaron los machetes, viéndose más seguros que con los rifles. Se puso de rodillas, con las manos arriba, pensando lo fácil que fue derribar a los primeros que se encontró en el pueblo. Estaba bajando sus armas cuando varios hombres cayeron con balas en la cabeza.
¡Puto Jonsy y su sentido de la oportunidad!
— Bueno, más vale temprano que tarde— dijo levantándose y comenzando a atacar a los hombres que se aproximaban.
Sus ataques eran ansiosos y poco calculados, haciendo fácil que las porras se incrustaran en su piel y soltaran los machetes.
— ¡Estás loca, Brady! —gritó a lo lejos Jessie.
— ¡Lo sé! —gritó haciéndose para atrás cuando un machetazo casi le pega en el hombro.
— ¡Y se te olvido el puto localizador! ¡Sabes lo importante que es! —le riñó Jessie y escucho como gruñía.
— ¡No tengo tiempo para tus regaños, Jessie! —exclamó mientras trataba de zafarse de un abrazo de oso. Pateó al hombre en el pie y le dio un cabezazo para que lo soltara. Enterró las porras a uno que venía cerca y un codazo en el estómago y una electrificada en la garganta al idiota de los abrazos en cuanto se volvió a acercar—. Pensé que lo tenía. ¿Cómo que encontraron si se me olvido el localizador?
— ¡Los cuerpos fueron migas de pan! No eres muy sutil, nena.
No, no lo era, se dijo mientras incapacitaba a un guerrillero que quería cortarle el cuello con el machete. Escuchó los gritos de la wakandiana muy cerca de ella, recordándole a los gritos de pelea de Xena, y el sonido de su lanza incrustándose en piel.
— ¡Ven aquí, Jess! —pidió enterrando las dos porras en el estómago de un guerrillero. Un disparo hizo caer al hombre, la sangre botando a su rostro como una extraña mascarilla—. ¡Ocupo camino libre para llegar al medio el pueblo!
Jessie llegó, repartiendo golpes con sus manoplas electrificadas y liberándole el camino para que pudiese moverse. Sus intentos de rodear y la pelea la habían alejado más de lo que pensó.
Pronto llegó a su destino; varios hombres rodeaban la choza con rifles en mano, sin intenciones de involucrarse en la pelea y… ¿nerviosos? Caminaban de un lugar a otro, mirando para todos lados y raspando el arma con el piso.
«¿Pero qué rayos…?»
Estaba a un par de metros cuando algo cayó a la tierra, levantando una nube de polvo. Se cubrió con el brazo los ojos unos segundos y al bajarlo la nube de polvo se estaba dispersando mostrando un ¿robot? Era grande, plateado y muy parecido a Iron man. ¡Máquina de Guerra!
Apenas pudo reaccionar cuando Máquina de Guerra levantó la mano y disparo a todos los guerrilleros que estaban custodiando la choza.
Guardó sus porras, sabiendo que sería inútil contra el hombre de hojalata y muy segura de que no le haría nada.
Los sonidos de pelea a lo lejos comenzaron a disminuir.
— ¿Y tú quién eres? —le preguntó.
— ¿No me reconoces? ¡Soy Carrie después del baile! —gritó, divisando a un guerrillero moviéndose atrás de hombre de metal.
— ¿Ca…? Con seriedad, ¿quién eres?
En lugar de responderle, sacó rápidamente su pistola de su bota, disparándole al guerrillero. Máquina de Guerra levantó su mano, con amago de dispararle.
— No quería que arruinaran tu bonito disfraz—comentó con las manos levantadas, para después guardar el arma en su bota—. Si me disculpas—camino hacia la choza, parando el paso cuando el héroe se puso frente a ella.
Lo miró mal. Iba a decirle algo cuando se dio cuenta que el ruido de pelea había acabado. Un silencio sepulcral inundó el lugar y el héroe pareció darse cuenta; la armadura comenzó a deslizarse, a contraerse en sí misma hasta que se fue y frente a ella apareció un hombre unos centímetros más bajo que ella, de tez oscura, una película ligera de pelo gris, tirantes brillantes en las piernas y un circulo brillante en medio del pecho.
Se le hizo familiar. Por las noticias sabía que el teniente coronel James Rhodes era Máquina de Guerra, pero se le hacía familiar de otro lado. Él también la veía con cierto reconocimiento en su mirada. ¿De dónde podrían conocerse? Ella no frecuentaba sedes militares ni conocía héroes. ¿Alguna fiesta en la que acompaño a su padre? Rara vez aceptaba ir a los eventos políticos por los comentarios burdos de la gente o la desaprobación al decirles que trabajaba para un grupo militar privado.
Pensar en las cosas que le decían las familias ricas y políticos; ¿cómo una chica tan rubia, tan delicada, alta, hermosa y… bueno, niña de oro, podía estar haciendo un trabajo así? Con su piel y cabellos dorados, sus ojos azules, rostro y cuerpo bonito parecía más un debutante de la liga Ivy buscando un marido con ambiciones políticas que una asalariada rentando con su mejor amiga un departamento y usando zapatos de menos de 50 dólares. La última que asistió fue hace un año, y se hartó tanto por los comentarios de su abducción y la desaprobación en los ojos de la gente al verla cariñosa con Lee, que se fue llamándolos malditos snobs.
— ¿Podrías moverte? No tengo tiempo para preguntas de un hombre de hojalata—dijo tratando de pasar a su lado, pero él se lo impidió poniéndose enfrente.
— No es seguro—replicó el héroe dando un paso atrás y sus manos en alto.
Brady casi podía sentir una vena pulsando en su frente—. ¡Muévete, gran hijo de puta, no ando de humor!
Rhodey se vio sorprendido por su pequeño ataque de ira.
— No vas a ir a ningún lado hasta que me digas quién eres y qué haces aquí—. Su expresión se puso seria, su postura más firme, su mirada dura y hubo un ligero levantamiento de su barbilla que le recordó mucho a los militares de alto rango que visitaban a su papá los domingos.
— Esto funciona con soldados, pero no conmigo—le comentó señalando su postura y Rhodey movió las comisuras de su boca como con molestia—. Entrare a la choza de ahí—señaló la choza a la espalda del él—. Y al salir, te respondo las preguntas. Por mientras, ¡sal de mi camino! —lo empujó y Rhodey casi se cae, por no esperar su movimiento.
Se enderezó, con toda la intensión de decirle algo cuando una voz les llamo la atención, haciéndoles voltear a un lado.
— No puedes culpar a Rhodey de impedir tu paso, es muy raro ver una civil en un pueblo rebelde.
Brady enarcó una ceja al ver al hombre que se acercaba. Era negro, con un parche en el ojo y expresión adusta. Lo acompañaba por una mujer de cabello castaño y ojos azules.
Entrecerró los ojos. Los conocía de las noticias. No recordaba sus nombres, pero eran parte de los Vengadores.
— No me veo como una civil—replicó mirando alrededor—. ¿Van a salir más Vengadores por aquí? Y si es así, ¿podría traer al rubio del martillo? Quisiera pedirle un autógrafo.
La mujer enarcó una ceja, nada impresionada por su sarcasmo.
— Que Thor estuviese aquí no es más impresionante que ver a la hija del senador Arthur Callahan en medio de un pueblo con rebeldes y armada—musitó el hombre señalando sus armas.
— ¿Qué? —escuchó decir a Rhodey—. ¿La hija del senador de Los Ángeles?
El del parche se cruzó de brazos. — ¿Tu padre sabe que estás aquí, niña?
Brady le regalo una sonrisa sarcástica a los nuevos visitantes y se encogió de hombros—. Mientras que me divierta y le llame una vez a la semana, no le importa que haga.
El hombre del parche la miro atentamente, haciéndola desesperarse. No tenía tiempo para esto. Necesitaba ir a la choza y ver si estaba Lee. La desesperación y la ignorancia eran como abejas picándole bajo la piel.
El del parche iba a decir algo, justo en el momento escucho a Jonsy gritar:
— ¡Brady Marie Callahan! —se encogió sin poder evitarlo, odiaba su nombre completo—. ¿Estás mal de la cabeza, niña? ¿Entrando así a un territorio enemigo? ¡Pudiste ver muerto! Si fueses mi hija, te pondría sobre mi rodilla hasta dejarte el culo rojo. Te juro, te juro que regresando a casa te pondré a limpiar todas las bodegas y estarás cuidándole la espalda a bobas niños ricos por un mes.
Jonsy, seguido de Jessie y la wakandiana, se pararon al observar que no estaba sola.
El del parche puso una cara totalmente sorprendida al ver a Jonsy y su compañera al ver a la wakandiana.
— ¿Fury?
— ¿Jonsy?
— Oh, Dios, esto se pone cada vez mejor—murmuró Jonsy levantándose su gorra y quitándose el sudor de la frente. Movió la correa de su rifle, nervioso. Apretó el auricular en su oreja con cierto nervio—. Tienes que venir aquí ahora mismo.
— Jonsy, tú… ¿qué haces aquí con una dora milaje? —miró a los que acaban de llegar, a Brady y después a todo el perímetro cercano—. ¿Qué haces con ellos aquí? —volvió a mirar por todos lados, como buscando algo— ¿Ella está aquí?
— Si Jonsy está aquí, yo estoy aquí, Nicholas—Brady busco a Imogen, al igual que el nombrado, cuyo cuerpo se tensó y dejo de verse tan serio. Su jefa salió del pasillo de unas chozas con un rifle muy parecido al de Jonsy en la espalda—. Es un gusto verte después de tantos años. Jamás creí que nos encontraríamos aquí después de Roma. Pero como siempre, tu equipo está evitando una misión del mío
— Imogen…—Fury parecía no saber que decir. Cerró los labios, apretándolos fuerte como si quisiera desaparecerlos. Brady estaba acostumbrada de ver esas reacciones con gente que veía conocía a Imogen, como si ella llegara y les robara el aire y toda capacidad de pensar.
Su jefa era toda una puta ama.
— ¿Su equipo? — murmuró Rhodey, moviéndose un poco—. ¿Imogen? ¿Cómo Imogen Swaan, la mujer del saco?
— Odio ese sobrenombre—le dijo Imogen con voz afilada y Brady casi se ríe al ver la cara del héroe.
Aprovechando la distracción, le hizo una seña a Jessie (quien asintió, limpiándose la sangre de su boca) y fue a la choza. Atrás de ella escuchaba las voces de sus jefes hablando con Fury.
Lo primero que vio al entrar a la choza, fue un lugar destruido por el abandono, con olor a orines, a un hombre amarrado en una silla en el fondo con una bolsa de tela sucia en la cabeza y el niño al que siguió apuntándole con un arma, temblando.
Suspiró, sintiéndose decepcionada. Otro doctor, probablemente. Se acercó lentamente al niño, que se hacía para atrás y levantaba el arma. El arma parecía pesar más que él.
Tomó la punta del arma con la mano, haciéndolo saltar.
— Vete—le ordenó suavemente.
El niño salió corriendo y ella negó, acercándose al hombre atado, dejo el arma en el piso para quitarle la bolsa de la cabeza al hombre, observándolo. ¿Estaría muerto?, pensó frustrada. ¿No podría encontrarse con su amiga en lugar de más hombres que resultaron ser secuestrado por los narobianos?
El hombre se quejó y comenzó a levantar la cara. Piel oscura, ojos oscuros, barba de candado y un montón de golpes. No era uno de los doctores. Se parecía a un vengador. Uno que volaba con alas de metal. ¿Cómo se llamada? ¿Halcón?
— Hmph—se quejó y su cara cayó, sin fuerza para sostenerla.
— ¡Hey! —le dijo agarrando su rostro y dándole unos pequeños golpes—. ¡Mírame! Mírame, por favor.
— ¿Tú quién eres? —le preguntó con voz demasiado rasposa, como si no hubiese hablado en días.
— No importa. Quiero que me mires—le indicó sosteniendo su rostro caliente. Tenía fiebre—. ¡Y no cierres los ojos!
— Hmph.
— Escúchame—humedeció sus labios secos—. ¿No has visto a una chica blanca con ojos avellana? Es como de mi edad y tiene el pelo de color azul…, no—se corrigió pensando en cómo tendría su pelo ahora por falta de retoque—. Su pelo debe de estar entre el castaño claro y un amarillo feo y seco.
Halcón la miró como sin entender.
— ¡Contesta! —chilló.
La siguió mirando, moviendo la cabeza como mareada y después de unos segundos le sonrió.
— ¿Estoy muerto y llegue al cielo? Eres hermosa, como un ángel o una diosa. Una diosa de oro y rubí.
— ¡Ugh, no es verdad! —lo soltó, consiguiéndose una queja.
Se movió y se dirigió a la entrada de la choza.
— ¿Dónde vas?
— Solo espera ahí—le dijo y salió, encontrándose con Imogen y Jonsy discutiendo acaloradamente con los héroes, al niño en los brazos de Rhodes, peleando por soltarse, y a la wakandiana y Jessie en una esquina, viendo la interacción como si siguieran un juego de ping pong.
Chifló para llamar la atención de todos.
— ¿A ustedes no se les perdió un vengador que usa alas de metal? —preguntó, limpiándose la cara con la manga de su camisa.
— ¿De qué hablas? — preguntó la ojiazul.
— Adentro hay un hombre—señaló su espalda—. Negro, barba de candado y malas frases de ligue. ¿No es de los suyos?
La mujer rápidamente fue hacia la choza, empujándola para poder entrar.
— ¡Es Sam! —anunció
— No hay nada aquí para nosotros, ¿podemos irnos? —preguntó Brady bajando las escaleras de la choza.
— Nadie se va de aquí hasta que expliques que andas haciendo aquí, Imogen—dijo Fury con tono de voz afilado y su único ojo regalándole una mirada dura.
Brady hizo una mueca al ver la cara de su jefa. Si las miradas mataran…
— Si te quisiera dar explicaciones, seguiría trabajando para ti—siseó Imogen—. Mi misión no tiene nada que ver con los Vengadores o un viejo director de una organización de defensa tratando de sentirse útil. ¡Vámonos!
Todos comenzaron a caminar fuera del pueblo (la wakandiana con una mirada inquisitiva), sin importarle los héroes detrás. Uno no hablaba, el otro estaba en la choza y Fury estaba en una guerra de miradas con Imogen, quien le sonrió sardónica unos momentos después y se alejó.
— Un gusto verte, Fury—dijo Jonsy dándole un movimiento de su gorra y siguiendo a su equipo.
Steve se movió como tratando de alejar la rara sensación que inundaba su cuerpo. Jadeó al sentir el ardor, sus músculos pulsar y su cabeza doler, mareándolo. Cerró los ojos, tomándose la cabeza con las manos como si eso le ayudara. Trató de hacer respiraciones profundas, pero se vio incapaz de respirar, como si la nariz la tuviese tapada. Dio largas bocanadas de aire con la boca; su pecho comenzó a doler, en sus oídos comenzó un chillido parecido a la interferencia de la televisión. Su piel se erizó del dolor y dio un grito de dolor sin poder evitarlo.
Fue consciente de la cercanía de Lennox, ella lo tocó y gimió más fuerte al sentir el contacto de su piel con la de él. La empujo y se removió adolorido. Volvió a sentir la cercanía de Lennox, tocándole suavemente el brazo y trató de decirle que se alejara, que su contacto le dolía, pero parecía a ver perdido la capacidad de hablar.
Su respiración comenzó a volverse errática, sus oídos sonaron, el dolor en su pecho se acrecentó. Su corazón parecía querer salir de su pecho. ¿Estaba teniendo un infarto?, se preguntó al mismo tiempo que percibía un sabor raro en la boca. ¿Qué le estaba pasando? Hace un minuto estaba bien, estaba descansando, tratando de pensar en un plan y de repente todo esto. Sus sentidos, su cuerpo, parecían estar haciendo una guerra contra él.
Sintió las manos de Lennox agarrándole la cara, moviéndola. Sus manos comenzaron a masajearle la cara, los ojos, después de unos segundos comprendió que quería que los abriera.
Lo hizo, encontrándose con una imagen algo borrosa de la joven. Parpadeó varias veces tratando de aclarar la imagen, pero sus ojos seguían acuosos y la imagen borrosa sin importar cuanto parpadeara. Su pecho se apretaba cada vez más, sus jadeos aumentaban y… parecía estar viviendo un infarto en medio de un ataque de pánico.
Cerró los ojos ante una nueva ola de dolor. Trató de alejarla, no soportando su contacto o cercanía, pero ella no lo permitió. Sus manos siguieron tocándolo con insistencia. Acariciando, masajeando y tratando de hacerle abrir los ojos. El dolor aumento hasta el punto que sintió quebrarse, y un segundo después sus oídos se destaparon, haciéndolo escuchar todo a su alrededor, la voz de Lennox diciéndole que lo mirara se amplifico hasta el punto de dolor, escucho los pasos de afuera, las risas de los guerrilleros; abrió los ojos, encontrándose con la imagen de Lennox, preocupada y fue consciente de toda la tierra en el aire, la brisa en su piel le quemó y comenzó a sentir ahogo.
— ¡Cap, Cap! —le gritó Lennox—. No te ahogues, no caigas en pánico, no dejes de mirarme. ¡CAP! —le gritó sin dejarle de tocar la cara—. ¡Mírame, por favor! Mírame a los ojos, a mi boca, mi pecho; ¡siente mis manos! ¡enfócate en mí! ¡respira conmigo, por favor! —le pidió, desesperada.
No sabía si eso me iba a funcionar, no estaba teniendo un ataque de pánico, pero comenzó a respirar siguiendo los movimientos que ella hacía con su pecho. Inhaló y exhaló con mucha dificultad. Su vista volvió a la normalidad y analizó con atención cada rasgo en su rostro, cada golpe o cosa que antes no había notado en su piel. Después de un rato, se dio cuenta que seguía su ritmo y más aire entraba a sus pulmones. Sus caricias se volvieron más suaves y fue capaz de notar la tensión en sus cuerpos mientras lo tocaba. Sus dedos se detuvieron un buen rato en su barba haciéndole cosquillas, distrayéndolo de pensar como su cuerpo se comportaba.
— Así es, muy bien, respira. No dejes de mirarme ni de respirar.
Ella se lo dijo varias veces hasta que de repente todo acabo. Las sensaciones se fueron, el dolor, la falta de respiración, sus sentidos multiplicados por mil, todo acabo, quedando una sensación de cansancio y un raro sabor en su boca.
—Ya... Ya estoy bien—le aseguró tomándole una de las manos en su cara como asegurándoselo con un ligero apretón amistoso, pero Lennox apartó las manos de su rostro en el segundo que sus dedos hicieron contacto con su piel.
Se cruzó de brazos, levantó sus rodillas y se agazapó.
Se veía confundida, sus ojos estaban cristalinos como si hubiese querido llorar y su pecho se movía inquieto— ¿Qué fue eso?
Steve negó. —No lo sé. De repente me sentí mal—explicó pasándose las manos por la cara. Se sentía abatido, cansado y peor que nunca. Nunca había sentido tan poco control de su cuerpo. Se sintió como encarcelado.
— Parecía un ataque de pánico. Sólo te faltaron las lágrimas y... ¿Tienes TETP?
Steve volvió a negar, tocándose el pecho, sintiendo vestigios del dolor—. No tengo estrés postraumático
Ella enarcó una ceja, sin creerle—. ¿Seguro? Tú único descanso después del 45 fueron 70 años de sueño criogénico y, desde entonces, puras batallas, conflictos y aguantar hombres con complejos de Dios. Pareces ser la persona adecuada para…
— Sí, estoy bastante seguro que no tengo TETP—cortó, no queriendo escuchar algo que Sam ya le había comentado poco después de regresar del chasquido. Lo busco en google por si acaso y estaba lejos de cumplir con todas las especificaciones.
Ella le dirigió una mirada extrañada, asintió humedeciendo sus labios. Se pasó las manos por la cara, cansada. Se hizo un poco para atrás al notar que estaban muy cerca. — Tal vez tengas razón. Es tu cuerpo, después de todo—respiró, y una mirada lejana se instaló en su rostro—. De niña vi el TETP de primera mano… tienes razón, no es. Sin embargo, si se veía como ataque de pánico.
— Parecía, ¿verdad? —musitó, tímido.
Parpadeó sorprendida por su admisión—. Lo trate como uno. ¿Qué fue eso? estabas… lo suficiente bien que alguien podría estar después de pelear contra 50 hombres y después te escuchó jadear y moverte desesperado. Me asustaste.
Steve tomo una gran bocanada de aire antes de responder—. Me sentía con dolor, ardor, mis músculos punzaban, mi corazón latía fuerte, me costaba respirar y... Mis oídos, ellos... —se detuvo al ver la cara de Lennox. Se veía concentrada mientras le explicaba lo que le paso, sin ningún rasgo de tensión por estar cerca de él y nada enojada. ¿No seguía enojada con él? Ya se había acostumbrado un poco a que le ayudara, aunque dijera que no debía de espera nada de ella, pero, no se lo esperaba tan rápido, menos la cercanía y mucho menos que le hablara tanto. Al darse cuenta de su pausa, ella lo miró como diciendo "sigue", y bajo su mirada, haciéndolo sentir un poco incómodo al saber que observaba su pecho. Se aclaró la garganta para otra vez hablar, cuando notó que el rostro de la chica se desencajaba, su boca estaba entre abierta y sus ojos se abrieron, perplejos—. ¿Qué?
— Tu pecho.
— ¿Mi…? —bajo la mirada, sorprendiéndose de que la piel alrededor de los círculos de metal estaba roja e inflamada y de alrededor salían líneas negras de varios centímetros, como si fuesen raíces.
Se tocó las marcas, sintiéndolas abultadas. Latían y dolían. Alejo sus manos y observó una vez más, dándose cuenta que eran sus venas marcadas, no simple líneas.
— ¿Son esas…?
— ¿Mis venas? —interrumpió y asintió. Hizo la cabeza para atrás, tratando de verse tranquilo.
— ¿Y lo dices tranquilo? —repitió Lennox y su voz hizo un raro chillido al final de la frase. Se removió—. No soy doctora, pero es seguro que las venas no deben de pintarse de negro. Estas cosas— la miró; señalaba los círculos—deben de estarte envenenando. ¿Cómo puedes verte tan tranquilo?
— No estoy tranquilo—replicó acomodándose otra vez con cierta dificultad—. Todo esto es nuevo para mí, odio no saber que le anda pasando a mi cuerpo, pero de nada me sirve mostrarme irascible u preocupado. Ocupo estar enfocado.
—¡¿Enfocado?! ¿Cómo puedes estar enfocado después de la mierda de horas que hemos tenido? —se dejó caer hacía atrás con un estruendo fuerte. Se cubrió la cara con las manos, se impulsó un poco para atrás y trato de gritar. Después gimió por el esfuerzo y bajo sus manos bruscamente—. ¡Lo siento, necesitaba gritar! Tienes razón, ¡lo sé! Pero… —se pasó las manos desesperada por el pelo—. Todo me anda sobrepasando. No es excusa, tú estás peor que yo. Te dispararon, te apalearon mientras yo andaba asustada como un cachorro, pero… Siento muchas cosas ahora mismo y necesitó gritar, necesitó llorar…—su voz se quebró y tomó muchas respiraciones profundas. Rió, incomoda—. Te juro que normalmente no soy así—le sonrió, tímida entre lágrimas negándose a derramarse—. ¿Te sientes mal?
Steve tuvo que pestañear varias veces para salir de su estupor. La miró con sorpresa y sospecha por como en unas horas vio más facetas de ella que en toda una semana—: Me siento adolorido, pero bien.
— Entonces, ¿qué? Esto fue de una vez. ¿Las marcas negras y todo lo que te acaba de pasar es algo de una vez? ¿El súper jugo te sanara?
— Más bien, creo que es alguna clase de efecto secundario del suero tratando de pelear con lo que sea que estas cosas hacen en mi cuerpo—explicó señalando los círculos—. Hace rato sentía como si estuvieran húmedos, quizás estén inyectándome alguna clase de veneno en mi sistema.
Lennox lo miró preocupada. — ¿Por qué no me dijiste?
— No me parecías quererme hablar—respondió con obviedad.
— Lo siento—musitó arrepentida y se cepilló el pelo de la cara hacía atrás—. No merecías que te gritara. Ni mis palabras ni la manera que te he tratado los últimos días. Quisiera poder justificarme, pero no puedo. Lo único que se me ocurre decir es que mis emociones me sobrepasaron después de tres meses encerrada y no suena buena excusa.
— Si… Estoy acostumbrado a que la gente lance sus frustraciones y amarguras contra mí, descuida—dijo sin poder evitar la amargura y el dolor en su voz.
Así había sido el último año, entre gente que los apoyaba y los culpaba. Escuchaba comentarios negativos cuando salía, en las noticias, en la radio, en el internet y el aceptaba la mayoría hasta que se dio cuenta que todo lo estaba afectando al punto de hacer hosco, frustrado y malhumorado. Después de un tiempo, prefirió salir al mínimo del complejo, desconectarse de los medios de comunicación, y se encerró en el gimnasio, en las misiones y en ver como estaba Bucky, para no pensar en todo lo que conllevaron los dos chasquidos.
— Nadie lo merece—replicó Lennox poniéndose aún lado de él. Le tomó una mano, algo insegura y se la apretó suavemente, reconfortándolo, pero rápido se apartó, incomoda. La volteó a ver, pero ella veía sus pies—. Tú no lo mereces. Eres un héroe.
— Depende de a quien le preguntes.
— ¿Lo dices por Ross y su campaña contra héroes?
— Entre otras cosas. Si te soy sincero, con o sin Ross, la gente siempre va a tener opiniones divididas sobre los héroes. Y aunque no merezca pagar las frustraciones de los demás, es difícil no pensarlo totalmente cuando es parte tu culpa que la gente se volviera polvo y desapareciera todo un año.
— Si lo dices por mi comentario, no quería herirte. Fueron palabras dichas mientras estaba siendo ridícula.
— No es tu comentario, es el comentario de las noticias, de la gente y de los gobiernos. —Lennox lo miró y a pesar de sus intentos de transmitirle tranquilidad, no la imitó. Se sintió enojado, defraudado, culpable y fuera de lugar, muy diferente a la confusión y preocupación de los últimos días. Tal vez era su turno de desbordar sus emociones.
Ella bufó. — Eres tan dramático.
— Eso me han dicho—murmuró, recordando que Peggy le decía lo mismo en sus visitas.
Lennox se volvió a mover, alejándose un poco de él. Las comisuras de su boca se movieron y abrió la boca tan rápido como la cerró. Quizás ya había pasado su momento de hablar, se dijo retirando un poco la gasa de su cadera para ver a herida. No sangraba, pero no parecía estar cicatrizando. Su cuerpo estaba demasiado lastimado internamente para sanar rápido, se dijo volviendo a asegurar la gasa.
Miró a la pared, como la luz poco a poco dejaba de ser tan fuerte en la habitación. El dolor poco a poco creció junto con el ardor en su piel, siendo más incómodo que insoportable.
Pensó en Sam, en cómo estaría, en sí lo estaban lastimando. No se perdonaría si Sam moría por una estupidez suya. Él se ofreció a la misión y las consecuencias debía de sufrirlas solo; su amigo solamente lo acompañaba para no cometer estupideces. La verdad, Natasha y Sam no había hecho otra cosa más que estarlo acompañando, ser comprensibles y cuidarle la espalda en su camino auto destructivo del último año. Pensar en cómo sus amigos lo cuidaban y se preocupaban por él mientras aún ellos mismo estaban tratando de resolver sus propios problemas le llenaba de una sensación cálida en el pecho. También le llenaba de culpa. Saliendo de esto, acompañaría a Sam a los grupos de autoayuda. No podía hacer lo mismo que Bucky, estar en Wakanda tratando de tener tranquilidad en los pueblos mientras Shuri y otros científicos estuvieras seguros que la sacudida de cerebro que Thanos y su orden oscura ocasionaron no trajeran todas las secuelas del lavado de cerebro de vuelta.
Necesitaba salir, necesitaba ir por Sam. Quizás descansar un par de horas le serviría; su cuerpo sanaría a pesar de que le confundiera y preocupara que el suero no sirviera como es debido y buscaría a alguien que le dijera donde estaba su amigo. Podía salir, solo una pequeña puerta y paredes viejas lo detenía. Casi podía escuchar la burla de Tony diciéndole que la fuerza del capi paleta se veía inútil ante una prisión tan rudimentaria.
— Casi te puedo escuchar pensar—musitó Lennox, sacándolo de sus pensamientos.
Parpadeó sorprendido. — ¿Qué?
Ella lo miró, las comisuras de su boca se estiraron como queriendo darle una pequeña sonrisa. — Piensas muy fuerte, cap. ¿Piensas en tu amigo? ¿O en toda esta mierda?
Steve enarcó una ceja, incrédulo. — ¿Hablas en serio?
— ¿Qué?
— Llevo días tratando de hablar contigo. De saber algo sobre Sam, sobre nuestros captores o de ti, sin conseguir nada. Tuve que callar y aceptar que me hablaras mal y me dijeras hasta el cansancio que no esperara nada de ti, ¿y ahora quieres hablar?
— Sé que es raro y no da mucha confianza mi cambio de actitud…—comenzó a decir pasándose las manos por la cara.
— Efectivamente, no da mucha confianza. Primero eres hermética, después pareces una víctima, toda rota, miedosa y llorosa. Y pasan dos días, y comienzas a ser un combo de preocupación, miedo, gritos y comunicación. Estás siendo habladora. No sé qué tratas de hacer, si volverme loco con tanto cambio o todo esto es un muy raro plan para hacerme alguna idea de ti, para después usarlo en mi contra.
— ¿Estás dando entender lo que yo creo? ¿Qué soy una clase de espía? —preguntó incrédula—. De verdad crees que después de todo lo que has visto los últimos tres días, mi miedo, mis heridas… de ver a Anwar, ¿puedo ser alguna clase de espía?
— No—admitió Steve con un suspiró—. Nadie puede fingir tan bien. Solo estoy muy molesto, harto y preocupado. Lo siento, pero realmente me está volviendo loco lo mucho que me confundes.
— Sí, le echo la culpa al encierro y a tratar de hacer lo que mi madre me dice que debo de hacer si estoy en una situación muy fea.
— ¿Cómo? —preguntó Steve confundido.
— Me preguntaste quien era Imogen Swaan. Aparte de mi madre adoptiva, es la dueña del grupo militar G7W. Yo trabajo para ella.
— Entonces, ¿si eres agente de campo?
— ¡Por Dios, no! Sería muy mala.
— Ya me di cuenta—dijo Steve sin poder evitar reír un poco. Quizás era la ansiedad o la pequeña histeria, quien sabe, pero se sintió bien reír.
— Soy ingeniera en informática—le contó—. Me hago cargo de todo lo referte a programas, computadoras y recolección de información. Y si bien tome algunas clases de defensa personal y uso de armas, Imogen nunca insistió que le pusiera empeño porque las posibilidades de que estuviera en campo o en un peligro real eran cero.
— Pero estás aquí.
— Sí, pero esto fue por algo muy diferente a una misión de campo.
Los siguientes minutos, Steve escuchó atentamente como Lennox le platicaba como terminó secuestrada por Anwar. Que vino con una ONG para ayudar a pueblos de Narobia, que los primeros días se le hizo muy rara la experiencia, pero terminó gustándole y que después de cuatro meses tranquilos, el pueblo donde estaba fue atacado. Ella luchó, trató de huir lo mejor que pudo, pero la capturaron cuando ayudó a un niño a huir de un guerrillero. Como la drogaron hasta traerla donde estaban y conoció a Anwar, que le dijo que todo estaría bien mientras le hiciera caso y hackeara los sistemas de Wakanda, Narobia y otros países para obtener algo de información. Le explicó que aceptó porque necesitaba sobrevivir. Eso le había enseñado su madre mientras crecía, que una situación de riesgo se resolvía no con músculos y valentía, sino con inteligencia y que a veces el egoísmo y la sumisión eran la mejor forma de ser inteligente y sobrevivir. A Steve le quedo claro que Lennox le tenía miedo a Anwar y a los guerrilleros y que eso fue también gran motivante para aceptar su propuesta y hackear los sistemas. Sentía culpa por hacerlo, pero se tranquilizaba diciéndose que no le daba todo a Anwar; al parecer, ella sabía que, si le daba todo de lleno al líder guerrillero, iba a morir antes de que siquiera su madre y su equipo estuviera cerca de los límites de Wakanda (y fue el mismo Anwar quien le dijo dónde estaban) y tampoco deseaba que muchas vidas se perdieran por su miedo e intentos egoístas de sobrevivir, así que le daba huesos para morder un rato para darse tiempo y como también trataba de mandar mensajes encriptados a Narobia y Wakanda de lo que estaba pasando, pero que hasta ahora parecía no servir o no los mandaba bien por la prisa en que hacía todo. También le comentó sobre Sam y como ellos eran los únicos aquí. Le dijo que lo más seguro es que estuviera en otro campamento. Y que lo más seguro era que los capturaron para obligarlos a ser guerrilleros, como la mayoría de la gente que secuestraron de otros pueblos. Hizo varias pausas y poco a poco su voz se escucha menos, seguro por todo lo que ha estado esforzando su voz. Le sorprendería que dentro de unas horas fuese capaz de hablar.
— Eres fuerte—le dijo después de varios minutos.
Ella negó con ojos cristalinos por el dolor y culpa que sentía por todo lo que había hecho los últimos tres meses—. Mi madre dice que se ocupa más fortaleza en dejar todas tus convicciones atrás para poder sobrevivir, que ser imprudente y luchar en una situación donde la balanza de poder no se inclina de tu lado, pero no creo que eso aplique a mi caso. Soy cobarde y miedosa.
— Yo no lo creo. Yo creo que tu madre dice eso por sabia y sabe que a veces se ocupa el miedo para sobrevivir o darte una buena perspectiva.
— Pero, ¿cómo dejar de sentir culpa, cap? Me digo que está bien, no le doy al diablo cosas grandes que podrían causar genocidios, pero hoy sé por fin que soy el medio a una venganza contra mi madre, cap. No voy pensar que eso me va a comprar más tiempo. No sobreestimo a Anwar; viste su cara, el tono de sus palabras. Mis días están contados y si cree saber que Imogen está aquí, la va a buscar, la encontrara y me va a lanzar a sus pies cortada en pedacitos solo para hacerla sufrir.
— Ahora tú estás siendo dramática. Estamos frente a un líder rebelde no un supervillano de película cuya única agenda es hacer sufrir a su archienemigo. No dudo que quiere hacer sufrir a tu madre, pero cortarte en pedacitos para ponerte frente a sus pies suena algo muy rebuscado.
— Quizás tienes razón, no es un villano de James Bond—tomó un profundo respiro—. Se sintió bien hablar. Lamento no poder darte buena información sobre tu amigo o decirte que solo estuviste en el lugar equivocado en el momento equivocado. Su acción fue buena al querer liberar ese pueblo de Cannan de los azanios, pero tuvieron la mala suerte que la agenda de Anwar tuviera la captura de esos guerrilleros ese día.
Steve hizo la cabeza para atrás, golpeándose suavemente con la pared—. Si… La verdad, es peor saber que mi amigo y yo somos las víctimas de las circunstancias y no tú.
— ¿Por qué? Te acabo de decir que prácticamente se me enseñó a dejar morir a todos los demás, a medio mundo si es necesario, con tal de sobrevivir, y en lugar de reñirme por eso, ¿te sientes mal por estar en medio de una retorcida venganza ajena a ti?
— ¿Por qué te reñiría por esto? No es tu culpa.
— No, pero todo lo que he hecho, todo lo que me enseñaron a hacer para sobrevivir va en contra de todo lo que el Capitán América significa. La nobleza, la valentía, la solidaridad, la libertad; el nunca rendirse, la moral, el amor a la nación, las ganas de ayudar…
— No tienes que decirme que significa el símbolo de mi traje, yo lo sé, pero muchas cosas que los museos y los programas sobre mí han dicho es exagerado. Defiendo muchas cosas y las cosas que defiendo, la libertad, la nobleza, la solidaridad, la valentía, el ayudar al débil, se pueden hacer de muchas maneras, no solo levantando la voz, las armas o luchar con puños. Lennox, no hay nada de malo en lo que has hecho. Sobrevives y a pesar del miedo o tu falta de preparación. Les das lo que quieres a los malos, pero también les das cebos y tratas de evitar que haya grandes pérdidas para los países cuya seguridad violas. Nunca te culpes por sobrevivir o la manera en lo haces. Usas tus propias armas y eso está bien. Malo sería que hicieras todo eso sin sentir absolutamente nada. Eres humana; está bien sentir culpa, miedo y aprensión. Y si quieres que te culpe, no lo haré. Al final de día, estoy vivo gracias a ti—trató de sonreírle—. Bien a la chiquilla que trato de fingir ser otra, ser egoísta y solo preocuparse por sí misma.
Lennox sorbió, como tratando de tragarse las lágrimas que sus palabras hicieron que se acumularan en sus ojos. Se talló los ojos y trató de devolverle la sonrisa.
— Eres bueno con las palabras. Deberías ser motivador oracional—hizo una pausa para respirar profundo y después agregó—: ¿Por qué es peor no ser el objetivo de un loco?
— Porque si Anwar me quisiera a mí o Sam, sería más fácil tratar de saber que quiere o provocarlo para que cometa errores. Pero quiere vengarse de tu madre, así que a lo mucho va a adelantar sus planes ahora que le dijiste que te está buscando. ¿De verdad crees que está aquí?
— Ella debió de comenzar a movilizar gente desde el momento que comenzó el ataque del pueblo—aseguró—. La conozco, ella no estuvo de acuerdo de que viniera a África, pero no me dijo nada, solo se aseguró que estuviera segura. Y, pocos días después de llegar a Narobia, note que había cámaras en el perímetro del pueblo y el hombre que nos traía suministros estaba demasiado ejercitado como para solo levantar cajas. No sé qué tan cerca este, pero no dudo que algo le indique pronto que Wakanda es un buen lugar para buscar. Quisiera mandarles un mensaje a ellos; estoy limitada a los sistemas que Anwar me piden hackear.
Steve asintió pensativo. — Y si estuvieran aquí, ¿crees que se reunirían con T'Challa?
— ¿Es el rey de Wakanda? —Steve asintió—. Quizás. Si Imogen quiere total libertad, pediría hablar con él. ¿Por qué? Tienes una mirada… ¿estás haciendo un plan?
— Si. ¿Puedes mandar un mensaje mucho más directo para Wakanda? ¿Quizás nuestras coordenadas? Dices que tienes varios programas en el usb, ¿tendrás algún programa localizador? ¿Uno que les indique de donde viene la información que mandas o donde va la que robas?
— No, ya lo intenté. Quise programar la dirección ip de este lugar entre los s.o.s pero no sirvió. Hace poco me di cuenta que la señal de este lugar proviene de varios satélites—comenzó a explicar con un tono de disculpa por derribar su plan— que transmiten la información entre varias antenas del mundo. La dirección se reescribe cada día y mandar esa información cada vez es un callejón sin…—se calló, frunciendo el ceño pensativamente—. A menos…
— ¿A menos que…?
— Hay una forma. Pero es poner mucha fe, cap. Las posibilidades de que todo se acomode para que funcione es uno en un billón, suponiendo que Anwar venga a buscarme pronto.
— Pero él tiene una costumbre. ¿Alguna vez ha pasado más de dos días sin sacarte? —Lennox negó—. Entonces creo que podemos tener un poco de fe. Qué tal si me explicas ese a menos.
— Qué bueno que están juntos y despiertos—murmuró Tony llegando al pequeño cuarto donde Natasha y Wanda descansaban. Las dos estaban sentadas en una cama mientras en la posterior estaba Clint, sorprendiendo por la manera en la que entró el genio a la habitación.
— Si vienes otra vez con esos comentarios tontos, mejor vete, porque no estoy de humor—le pidió Natasha y Tony la miró mal mientras cerraba la puerta.
— Tú sabes que todo fue un intento de hacerte descansar, viudita.
— Uno muy malo y que solo me puso furiosa—Natasha se masajeó la frente, cansada—. Vete, por favor, ya tuve mi dotación máxima de Tony Stark por el día.
— Me encanta cuando eres amorosa—dijo Tony con sarcasmo—. Pero esto es importante. T'Challa nos oculta algo.
— Lo sabemos—dijo Clint, cruzándose de brazos.
— ¿Lo saben?
— T'Challa lleva días de mal humor, Natasha y yo supusimos que tenía que ver con algo que anda pasando en Wakanda.
— No quisimos averiguar más porque no nos incumbe—agregó Natasha—. Si fuese algo relacionado con Steve y Sam, T'Challa nos lo hubiese dicho.
— ¿Y si no?
— No había ninguna razón para sospechar que no—replicó el arquero—. O que nos orillara a poner algún artefacto para espiarlo, como supongo que tu hiciste.
— Ustedes saben cómo trabajo, obviamente lo haría, no me gusta no saber. Y más si hay un problema justo en las mismas fechas de la desaparición de Steve y Sam. Es sospechoso, ¿verdad, Wanda?
— No me metas en esto—replicó Wanda, incomoda.
— Tony, por favor…—comenzó a decir Natasha.
— Hay un grupo militar en Wakanda buscando a una hacker que fue secuestrada por una célula rebelde de Narobia. Una hacker que ha sido arrestada más de una vez en su adolescencia por entrar a los sistemas de la fuerza área, el pentágono y la policía. Y que muy bien podría ser quien este entrando a los sistemas de Wakanda para robar información. De hecho, la primera vez que se dieron cuenta que alguien entró a robar información fue el mismo día que desaparecieron Sam y Steve.
— ¿Y eso cómo se relaciona con nuestro asunto? —preguntó Clint
— Pregúntale a Natasha que parece tener la misma idea que yo estoy teniendo—dijo el genio.
— Nat—la llamó suavemente Clint.
— Entiendo lo que quieres decir, Tony, es muy raro que todo eso pase al mismo tiempo que nosotros batallamos para encontrar a nuestros amigos, pero solo es una suposición hecha por la coincidencia de que el hacker entró el mismo día que ellos desaparecieron. Es básicamente nada.
— Puede ser, pero no puedo creer que estos hechos no estén relacionados.
— Tony—comenzó a decir Natasha cuando trato de hacer abierta.
— ¡Estamos ocupados! —grito Tony
— ¡Chicos, encontraron a Sam! —gritó Bruce del otro lado de la puerta.
Tony abrió la puerta bruscamente, haciendo casi caer al científico.
bado significa quieta.
